La vida intima de Fidel Castro y otros dictadores

En un programa de la TV del sur del estado de la  Florida se entrevistó hace varios años a un ex agente del servicio secreto cubano, quien realizó algunas confidencias sobre los excesos del ahora fallecido dictador Fidel Castro. Según el entrevistado las obligaciones de los funcionarios del servicio de protección del dictador cubano en las concentraciones públicas, no se limitaban solamente a las inherentes a la protección de su integridad personal. Adicionalmente a ello los miembros del cuerpo seguridad tenían la responsabilidad de localizar y obtener los favores o aquiescencias de jóvenes y no tan jóvenes  cubanas que asistían al evento, a fin de satisfacer los apetitos carnales del comandante y líder de la revolución.

En una oportunidad, según el entrevistado citado,  el comandante le puso la vista a la atractiva esposa de un científico cubano. A fin de eliminar obstáculos en el camino del sátrapa hacia el corazón y el resto de la humanidad de la dama, el científico de marras fue asignado a una misión cubana que tenía como propósito realizar estudios en el polo norte, lo que implicaba una larga estadía en la helada región. De esta manera al comandante le quedó el camino despejado para acompañar a la atribulada y solitaria señora en su temporal soledad, y convertirla en una de sus innumerables amantes. Con el paso del tiempo el cornudo científico regresó a la Habana y se enteró de los detalles del affair y en lugar de encolerizarse, se alegró del honor que se le había concedido, alentando a su esposa a continuar cediendo ante los embates amorosos del sátrapa. Demás está decir que fue ascendido a un cargo relevante en una de las instituciones científicas cubanas, siendo además condecorado con una de las medallas que concede el régimen a los cubanos que se distinguen por sus servicios a la revolución.     

Los excesos sexuales de los dictadores han sido documentados por escritores y testigos de diverso pelaje. El más explicito en este terreno fue el doctor personal de Mao Tse Tung, Li Zhisui, quien escribió un libro sobre la vida intima del líder chino; en el cual se señala que disponía de un harem personal, tal como lo hacen los jeques árabes. Tenía una especial predilección por las jóvenes, varias de las cuales lo acompañaban en las giras en tren que hacía por el amplio territorio de la Republica Popular China. Mientras el líder chino estaba dedicado a saciar sus apetitos carnales con las damas de sus harem personal millones de ciudadanos chinos morían de hambre por la escasez de alimentos generada por las acciones acometidas en el marco de la revolución que Mao impulsaba.  El caso de Mao Tse Tung es particularmente llamativo pues en el apogeo de su influencia impuso una vestimenta carente de adornos, que luego se haría popular entre sus seguidores a nivel mundial, la cual perseguía representar el ascetismo del líder chino como una de sus atributos más relevantes. Conocí hace varios años a uno de los líderes de una de las tantas corrientes maoístas a nivel local, que no solo asumió la vestimenta del líder chino sino que presumía de un autocontrol emocional que lo alejaba, según él, de la pasión y vehemencia que nos caracteriza a los locales. Toda una farsa similar a la del líder chino que la historia se encargaría de liquidar.

Retornando al ámbito latinoamericano uno de los casos que ha sido llevado a la ficción ha sido el del dictador dominicano “chapita” Trujillo. En su novela “La fiesta del chivo” Vargas Llosa describe los excesos sexuales del dictador dominicano. Al igual que en el caso cubano, una de las obligaciones de  los miembros del servicio de protección personal de “chapita” era obtener los favores de jóvenes dominicanas a fin de complacer los requerimientos del dictador. Una vez que ello  se lograba, todo el servicio de seguridad se dedicaba a organizar la logística del transporte del sátrapa a una de las mansiones dispuestas a lo largo de la geografía dominicana para facilitar los encuentros del dictador con la joven elegida. En la “Fiesta del chivo” se narra en detalle estas peripecias del dictador dominicano y como un grupo de conspiradores aprovecharon uno de estos desplazamientos para atentar con éxito contra la vida del anciano gobernante.

En el caso venezolano fueron muy divulgadas las aventuras sexuales del dictador Marcos Pérez Jiménez en la isla de La Orchila. A esta localidad, dotada de un puesto de la marina venezolana, los servicios de seguridad de la dictadura trasladaban a las afortunadas jóvenes, algunas de ellas  renombradas  “mises” ganadoras de concursos de belleza. En la estricta seguridad de la isla, custodiada por los miembros de la FAN venezolana, se  desarrollaban las orgias de Pérez Jiménez y su entorno intimo. A estos festines no solo asistían desafortunadas damas que no tenían donde caerse muertas, sino que también eran invitadas damiselas de la alta sociedad caraqueñas, cuyas familias estaba deseosas de fortalecer sus conexiones con el dictador y su entorno. Las aventuras de Pérez Jiménez en La Orchila fueron caricaturizadas por más de un periódico de la época democrática que mostraban al dictador en calzoncillos persiguiendo en una motocicleta a una dama con escasa vestimenta, a lo largo de una de las playas de la isla.    

El poder corrompe y el poder absoluto corrompe mucho más. La ausencia de libertades en los regímenes dictatoriales posibilita que los sátrapas de turno se sientan con el poder suficiente para disponer no solo de los bienes de los ciudadanos sino también de la vida de estos, llegando al extremo de inmiscuirse en su vida privada, acosando a hijas, esposas o a cualquier otro miembro de su familia no importando el estrato social al que pertenezcan. No hay libertad de prensa para denunciar sus desmanes, ni un sistema judicial independiente que proteja los derechos de los afectados.

Todas las dictadores recurren a la represión y a la propaganda para mantenerse en el poder, pero el extremo del cinismo se observa en los regímenes dictatoriales socialistas como el chino y el cubano donde la propaganda presenta a los dictadores como personajes con una vida ascética y abnegada dedicada a mejorar las condiciones de vida de sus pueblos, cuando en realidad se trata de tiranos comunes y corrientes que tienden a cometer los mismos abusos que los llevados a cabos por depravados como “chapita” Trujillo y Pérez Jiménez. Ahora con el fallecimiento de Fidel Castro veremos desfilar al lado de su féretro a las jóvenes prostituidas por el líder cubano y su equipo de seguridad. Después de ellas veremos a la  desconsolada esposa del científico llorando a raudales siguiendo un guión escrito por su alcahuete esposo. A continuación el cornudo marido lucirá descompuesto por la incertidumbre que le genera la muerte de su protector. Personajes que  son reflejo de una sociedad postrada ante los Castros y su camarilla, que ha perdido toda su dignidad después de más de cincuenta años de tiranía.                          

 Profesor UCV