Las cifras electorales

En escrito anterior hablé sobre la falsedad de las cifras suministradas por el CNE. Cité mecanismos de los cuales se vale el gobierno para torcer la voluntad del elector. No los cité todos, no hablé del soborno, de la compra de votos, del uso y abuso de los recursos públicos, del grosero ventajismo y de la casi indefensión a la que sometieron a los electores. Si lo hubiese hecho el escrito se hace muy extenso y la idea es no cansar a quien nos lee. Todos sabemos que estas "cosas" y muchas más estuvieron presentes en el proceso, dentro de una gran confabulación de todos los órganos del Poder Público (excepción de la Asamblea Nacional) que incondicional y servilmente se aliaron para la trampa y el fraude.

El CNE es de los organismos del Estado de más baja -casi ninguna- credibilidad. El país sospecha y con sobrada razón que todo lo que viene de allí está contaminado con el germen de la falsedad y la trampa. Pero esto que anunció la noche del pasado domingo veinte de este mes no tiene parangón, ofende nuestra inteligencia, poca o alta, al presumirnos débiles mentales o distraídos.

Si dejamos volar nuestra imaginación y pensamos en unas elecciones limpias e higiénicas, Maduro sacaría menos de la mitad, tal vez mucho menos, de los  votos que el CNE le adjudica. Basta consultar la opinión de cualquier paisano que nos topemos en la vía sobre Maduro, para percatarnos el altísimo nivel de rechazo que tiene. Creo que en los últimos sesenta años ningún Presidente había estado tan en el foso de aceptación como lo está este señor.

Cualquier consideración que se haga partiendo de las cifras dadas por el CNE carece de objetividad y veracidad y sus conclusiones son falsas, puesto que se parte de hechos irreales.

Sin embargo aceptemos que Maduro sacó cuatro millones de votos, siendo bastante generoso en la especulación, esto significa que dieciséis millones quinientos mil lo hicieron en contra o se abstuvieron, no pasivamente si no expresando su indignación y rechazo.

Estamos pues con un Presidente sin calor popular, sin aceptación del venezolano y sostenido exclusivamente por esta macabra estructura montada por los Poderes Públicos (repito excepción A.N.) confabulados desde las tinieblas para el usufructo del poder con el único propósito de satisfacer sus ansias personales.

Este es un barco que flota en espumas. Es una figura de barro que en la primera lluvia se derrumba. Ellos saben de la soledad en que se encuentran y eso los hace más atrevidos y peligrosos. Saben que la aparente voluntad a su favor es forjada y forzada y nunca el árbol ha dado frutos buenos y frescos cuando la semilla ha sido sembrada en tierra inadecuada.

Dijo Luis Emilio Rondón, rector del CNE, " Maduro no alcanzó ni los tres millones de votos, muy a pesar de todas las irregularidades, por lo cual es totalmente ilegal... No reconozco en lo absoluto el evento del pasado domingo veinte de mayo".

No solo el país desaprueba este desparpajo, también más de un centenar de países del mundo han anunciado que no reconocen los resultados de estas elecciones. Hasta ahora solo nueve de los casi doscientos países de la tierra reconocen los resultados, entre ellos China, Turquía, Siria, Cuba, Bolivia, Rusia y Nicaragua. Estos países se caracterizan unos por dictaduras feroces , otros por perseguir y aniquilar la disidencia, algunos por el uso de armas químicas contra la población civil y otros o todos por el empeño de seguir ordeñando  la vaca venezolana, que aunque le quede muy poco que dar saben que tiene reservas probadas a las que aspiran llegar.

No tienen amigos, los que dicen serlo lo son por temor o en búsqueda de prebendas. Aún tienen la consideración de gente cuyo estado de necesidad es tal que en ellos prospera la amenaza y la extorsión, a ellas hay que entenderlas aunque no la justifiquemos. También están rodeados de piltrafas buscadores de beneficios personales a quienes para nada le importa el interés del país y se asocian con jerarcas gubernamentales para amasar fortuna mal habida.

Debemos estar pendiente, de un momento a otro se pueden presentar situaciones populares de rebeldía, protesta y enfrentamiento que si no estamos atentos y encaminamos por vías civilizadas pueden generar consecuencias muy lamentables y algunas pueden llegar a ser insuperables.

Tenemos el insoslayable deber de refrescar nuestros bríos y voluntad para atender con éxito la responsabilidad de oposición que nos corresponde. La UNIDAD es el mejor bálsamo de refrescamiento.