Luchando por la libertad

El espíritu libertario es una de las razones fundamentales de nuestra vida y, por consiguiente, de la historia. Este segundo aspecto ha sido ampliamente desarrollado en la vasta y compleja obra de Friedrich Hegel y son varios los filósofos que siguen esa línea. Adicionalmente, nuestra vivencia cotidiana lo está reafirmando constantemente, los venezolanos llevamos varios años tratando de retomar la libertad, restablecer la democracia y lograr el respeto de los derechos humanos y, además, son varios los pueblos del mundo que comparten esta lucha. Con optimismo pudiéramos asumir que al final la libertad se impone, pero el camino para alcanzarla es muy duro y, al creer que hemos llegado al objetivo, su estabilidad es muy frágil.

En estos momentos el espíritu libertario está avanzando con fortaleza en Argelia y Sudan ya han salido Adelaziz Buteflika y Omar al Bashir respectivamente; también está efervescente en Venezuela y Nicaragua y latente en Cuba. En estos países de la región lograr la salida se presenta complicado pues, entre otros, los conflictos se han internacionalizado profundamente, entrando en la geopolítica mundial; por lo tanto, la construcción de las soluciones implica una compleja negociación entre las potencias.

En efecto, en estos momentos, el caso venezolano representa una potencial ficha en las negociaciones entre China y Estados Unidos, que avanzan en la construcción de un gran acuerdo comercial y, como pudimos observar recientemente, ya ha sido objeto de consideración con Rusia, en la reunión efectuada en Roma entre Elliott Abrams y el vicecanciller ruso Sergei Ryabkov. Por otra parte, la Unión Europea ha creado el Grupo de Contacto para trabajar en una salida pacífica y electoral. Por otra parte, una posible sorpresa sería que la dictadura cubana, que ejerce un enorme control en la toma de decisiones venezolanas, también utilice el caso venezolano para negociar con las potencias y evitar un nuevo periodo especial, que en esta oportunidad podría resultar devastador.

Otro elemento que torna compleja la salida en los países de la región, tiene que ver con el impacto de la ideología. El izquierdismo populista y el manipulador culto a la personalidad en estos países, por una parte, cercenan la capacidad de pensar de sus seguidores; pero también le permite ganar apoyos mecánicos irresponsables. Movimientos radicales, como el Foro de San Pablo, se anota un nuevo fracaso al respaldar los procesos autoritarios que violan de los derechos humanos, solo por el hecho de utilizar la franquicia revolucionaria de la “dictadura del proletariado”, cuando en realidad constituyen una élite que busca perpetuarse en el poder, con un falso y manipulador discurso humanista orientado a captar ingenuos.

También se suma en lo intrincado de la salida de los países de la región, la diversidad de negocios no transparentes que sostienen el autoritarismo; en particular, el narcotráfico, pero son diversos los negocios ilícitos que promueven las cúpulas en el poder y contribuyen a radicalizar sus posiciones. En consecuencia, presionar para lograr la salida implica, entre otras, sanciones innovadoras, que puedan incidir directamente en la cúpula en el poder, afectando sus negocios, sus vinculaciones y testaferros; y minimizando las consecuencias sociales. Naturalmente el poder siempre manipulará la situación y presentará las sanciones como “el ataque imperialista contra el pueblo soberano”, más aún si tiene una hegemonía comunicacional y logra repetir mil veces un falso discurso. Adicionalmente, la formulación de incentivos para propiciar la negociación de la salida también exige de creatividad y una dura aceptación. No se trata de promover impunidad, pero lograr la salida es necesaria ante la pesadilla del autoritarismo.

La lucha por la libertad exige de un enorme esfuerzo que incluye, entre otros, mucha coordinación. Resulta fundamental la unidad de las fuerzas que desarrollan el trabajo titánico por la libertad y su articulación con la comunidad democrática mundial, que respalda la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Las divisiones, las agendas personales, el protagonismo individual solo benéfica al poder y debilitan la lucha. También conviene tener presente que es estratégico trabajar en varios escenarios, pues “todas las opciones deben estar en la mesa”, pero se debe propiciar su articulación, que todos los escenarios se complementen.

En el caso venezolano resulta conveniente en estos momentos que también trabajemos con la propuesta europea del Grupo de Contacto, que debería articular los esfuerzos del Grupo de Lima, los Estados Unidos, el Vaticano y nuestra oposición democrática. Con este ambicioso grupo bien articulado se puede trabajar con flexibilidad y creatividad, entre otros, en las sanciones, en los incentivos y en el escenario de los países aliados al autoritarismo, específicamente Rusia, China e incluso Cuba, para propiciar respaldos para una salida pacífica y electoral.