Reinventar el Estado

Una revisión de la literatura política de los años 80 en Venezuela, nos muestra un importante debate sobre dos temas centrales de la democracia: la vigencia del modelo político y la necesidad de reformar el Estado, paradójicamente al mismo tiempo que se daba inicio al fenómeno de la antipolítica, una moda que tuvo mucha repercusión en la democracia latinoamericana.

Los escándalos de corrupción, la crisis económica y la decadencia en la discusión política dentro los partidos, opacaron en gran medida el debate que sobre los cambios en las estructuras políticas debían hacerse. Los medios de comunicación privilegiaron la denuncia y las acusaciones que entre los partidos se generó, por sobre la promoción de los cambios que se requerían en el país, o alrededor de las propuestas que en todos los sectores se hacían sobre las nuevas fórmulas de gobierno y desarrollo.

En los años 80 se generaron varias iniciativas para acometer las reformas políticas y económicas que ameritaba el nuevo país que había surgido luego de 25 años de democracia. Cinco gobiernos civiles, electos por el pueblo, en medio de la más libre alternabilidad democrática habían creado un nuevo perfil social del venezolano. Ya los modelos políticos y las fórmulas económicas comenzaban a quedar pequeños y a convertirse en camisas de fuerza para el crecimiento que en todos los sectores y regiones se estaba generando. La conclusión de los estudiosos de las ciencias sociales, principalmente los historiadores, politólogos y economistas, era que habían que acometer urgentemente la renovación del pacto político y social, por una parte, y por la otra organizar la reforma del Estado, un Estado que en buena medida era el mismo que había sido organizado por Román Cárdenas en la época de Juan Vicente Gómez, para una Venezuela rural y monoproductora y que había sido relativamente modernizada con base a los planes de desarrollo de los primeros gobiernos de la democracia.

Los propios planes transformación social de los partidos políticos, acompañados de la bonanza fiscal, habían dado origen a nuevos sectores productivos y a nuevos emprendimientos que iban más allá de los mismos planes de desarrollo económico ideado por los partidos.

Entre esas iniciativas de transformación, estuvieron en primer lugar, la creación de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), la que a su vez creó los capítulos regionales de esa comisión para estudiar a fondo las realidades locales y poder ofrecer soluciones adecuadas a sus propias realidades. Se creó igualmente la Comisión Bicameral para la reforma de la Constitución de 1961, así como numerosos grupos de estudio, tanto en el sector académico y el sector empresarial, como fue el caso del Grupo Roraima, en los que de manera regular se hacían planteamientos de reforma que debían acometerse, para darle al país el reimpulso necesario para entrar en una nueva era política social y económica.

Todos estos estudios tocaban tres temas fundamentales, como causa de alguno de los males del país: el presidencialismo, el rentismo y la centralización del poder en Caracas. Los académicos y profesores de las universidades nacionales, junto con las comisiones de reforma tanto del ejecutivo como del poder judicial y del poder legislativo, como los grupos empresariales, formularon propuestas de cambio para atacar esos tres problemas. Venezuela estaba nuevamente a la cabeza de los procesos de transformación social en Latinoamérica. No fueron pocos los países de Latinoamérica, que nuevamente enviaban comisiones de estudio a Venezuela para copiar la experiencia de cómo se acometía la reforma del Estado sin pasar por una constituyente.

Fueron numerosísimos los congresos, simposios, conferencias y jornadas sobre las reformas que requería Venezuela, y que se realizaron en todo el país y por todos los ámbitos. Los estudios se hicieron, los pactos se firmaron, algunas leyes como la de elección de Alcaldes y Gobernadores se aprobaron, pero los intereses políticos y económicos contrarios a las reformas, dieron al traste con ese proceso. Han pasado más de 30 años desde el viernes negro, primer aldabonazo a la puerta de las élites políticas, económicas y sociales, que indicaba la urgencia de cambiar el modelo de desarrollo económico y social.

El sobresalto militarista echó por tierras esos esfuerzos que nunca serán tardíos por más que las circunstancias históricas se le sean adversas. El pasado 09 de marzo, la Universidad de Carabobo, inauguró la Cátedra Rectoral Ramón J. Velásquez, para la Descentralización y el Federalismo. La clase magistral estuvo a cargo de Germán Carrera Damas, quien recordó a los presentes las advertencias que desde la COPRE hizo en el año 1988, sobre el peligro militarista que podía aquejar al país, si no se acometías las reformas urgente reformas políticas planteadas en aquel entonces. La misión de la cátedra, es retomar los estudios y los debates inherentes a la reforma del Estado.

Los mismos tres temas singuen presentes como graves problemas del Estado venezolano, más agravados y sobrepasados por un problema mayor que es el militarismo. El reto sigue en las manos de las élites, de los partidos políticos, de los grupos económicos y de los líderes de los diferentes sectores de la sociedad.

28/03/2017   

El estímulo

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