Tenemos que atrevernos y volvernos a atrever

La señora que nos hace el servicio en la casa dos veces a la semana, fue notificada por mi mujer de hacer ahora el trabajo una vez semanal, en virtud de la dificultad económica que nos impide erogar una suma de dinero que compromete mensualmente nuestra economía familiar. La señora nos contesta, que esta notificación le ha sido comentada en otros hogares donde acudía semanalmente a prestar el servicio interno.  Y no es para menos, el último estudio de opinión nacional realizado por Datanalisis, arrojó como primer problema de los venezolanos el desabastecimiento de alimentos, y el segundo, es el alto costo de la vida.

Estas son dos necesidades sentidas, dicho de otro modo, son los dos problemas personales más significativos de los venezolanos, y parecieran no estar en los proyectos del gobierno ni tampoco, lo más grave, en los propósitos de lucha política de la plataforma electoral que dirige a la oposición. Estas dos necesidades revelan el hambre y la miseria que padece la gran mayoría de los treinta millones de venezolanos, incluida la clase media y profesional.  

Mientras tanto, el gobierno se preocupa por llevar los restos de un venezolano que creyó en la utopía revolucionaria, sin haber sido revolucionario, y esto lo digo del modo más respetuoso, sin pizca de ánimo en  molestar su memoria. El gobierno sigue empeñado, ejecutiva y arbitrariamente, en convertir el santuario de la patria en una suerte del paseo de la fama, al estilo de las placas que se colocan en una calle de Hollywood para el reconocimiento de sus actores preferidos. Al Panteón Nacional llega hoy, desde El Agachado, un personaje que fue asaltante de caminos en esas montoneras que cubrieron el centro del país en el año 1847, hasta venezolanos ilustres, sin duda, pero que por la naturaleza del monumento sólo deben guardarse las cenizas de nuestros libertadores y los que hubieron prestado servicios eminentes a la República, siempre previa aprobación del parlamento nacional. También, más importante que las necesidades sentidas de los venezolanos, es la creación del Comando Anti-golpe para lo cual designó al exgobernador del Estado Aragua.  Las funciones atribuidas por Decreto, según los personajes que la integran, parece ser la persecución a la disidencia.

Es la nueva SN de los años 50, o la vieja y conocida Gestapo de la Alemania nazi dirigida por Reinhard Heydrich, hasta su muerte en el atentado en Praga en el año 1942. Ya actúa, le arrebataron el pasaporte al diputado Luis Florido, impidieron la salida al exterior al diputado William Dávila, detuvieron nuevamente al General Raúl Isaías Baduel, golpearon a diputados que protestaban pacíficamente ante el CNE e igualmente a quien proteste por la falta de alimentos o reclame derechos políticos.

El Comando que la gente quiere del gobierno es aquel que le permita llevar con su trabajo, los tres golpes diarios para su familia, el desayuno, el almuerzo y la cena.

No hay duda, tenemos un Estado forajido, porque está gobernado por grupos o individuos que no respetan los derechos humanos, que convierten al Derecho en una farsa (TSJ dixit), que desconocen las normas de convivencia política y maltrata al adversario político, que el comportamiento de sus integrantes no es propio de estadistas porque actúan con superchería, en tanto la respuesta opositora es como si se tratara de un gobierno democrático. No le arrebatamos ni siquiera un afiche al gobierno.

La dirigencia de oposición sigue sin dar pie con bola en la búsqueda de un proyecto político que no repita los errores y evite la desconfianza y el aburrimiento de los electores. Que vaya más allá de la plataforma electoral. Los partidos continúan encerrados en sus claustros, entretenidos en resolver el asunto de su legalización para actuar en la eventual convocatoria a elecciones regionales y municipales y la candidatura presidencial.  Cada quien en su soliloquio. A veces cuesta recordarlo, pero para ir al rescate de la democracia operan fuerzas más urgentes que la legalización de un grupo político. Tenemos que atrevernos y volvernos a atrever, tenemos que atrevernos siempre. Para ello no hay que ser alquimista.

Insisto, por las calles de nuestros pueblos y ciudades, la  hambruna en el país se agrava y no es cuento de caminos. Las largas colas ante cualquier bodega o supermercado y bajo un sol que quema la piel, así lo refleja. A quién importa. La falta de comida y los altos precios para comprarla, la colocan como la principal necesidad de nuestros compatriotas;  los estratos más bajos de la población presentan mayores problemas respecto a la administración de sus ingresos y la capacidad para adquirir alimentos, cada día más costosos, de allí entonces que la desnutrición sea ahora un problema que ataca a los niños y ancianos que concluye con la muerte, como está ocurriendo en distintos centros hospitalarios públicos  y que la esperanza de vida al nacer se haya reducido.

Este es un asunto que compete a la responsabilidad del gobierno y en especial, al presidente de la República quien tiene la obligación constitucional de formular el Plan Nacional de Desarrollo de la Nación. No hay ni ha habido Plan Nacional de Desarrollo, que sirva de base y provea los lineamientos estratégicos de las políticas públicas para el crecimiento y tranquilidad de sus conciudadanos. Ese  plan nunca se ha presentado a la Asamblea Nacional, ni al comienzo de su mandato ni en ninguna de sus comparecencias ante la Asamblea Nacional. Es un plan que incluye asuntos políticos, económicos, sociales, así como la seguridad del país, para el buen funcionamiento del Estado. No es entonces, el plan bufo de la patria ni tampoco la chapucería del carnet de la patria. Cuando se desconocen estos asuntos y se comienza por desconocer la voluntad del soberano que eligió a sus representantes en la Asamblea Nacional, se comienza a instalar el Estado forajido. Esto lo tenemos hace tiempo y la falta de comida y dinero para comprarla tambien está en el día a día de todos los venezolanos.  

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