Un compromiso de todos

Editorial

Es alarmante, y al mismo tiempo angustioso, comprobar que la mayoría de las personas del país, tanto opositores como neutrales o prochavistas, más que apostar aseguran que las conversaciones entre el régimen y la oposición en México son inútiles y no llevarán a nada en beneficio del país.

Se fijan en detalles que resaltan, desconfían de todo lo que supuestamente se está hablando, desconfían de cada integrante de cada parte representada allí. Es impresionante.

No importa lo que declaren o dejen de informar, no importan sus silencios que no son tomados como discreción diplomática, sino como secretos culpables o rechazo a informar. Consideran que la presencia de Holanda es inferior que la de Rusia por el tamaño y hacen cálculos diversos de fechas electorales o medidas a tomar por cualquiera de los dos sectores para presionar al otro o ponerle una trampa. 

Esas personas en realidad apuestan contra el país. No presionan por soluciones, sino por la profundización de las diferencias. No toman en cuenta que el primer elemento de los participantes en un diálogo es la paciencia y el segundo la voluntad de negociar, es decir, de ceder a cambio de lo que se exige, y que lo esencial es lograr resultados positivos para el país en cuyo nombre ambas partes conversan.

No hay que esperar resultados inmediatos, ni siquiera de cara a unas elecciones regionales cuestionables per se. Hay que esperar resultados que beneficien al país, y eso no tiene fecha en el calendario pero sí una ruta en el patriotismo. No se dialoga y negocia a favor de una facción ,sino de todo un país.

Y que ninguna de las dos partes puede, a estas alturas, desembarazarse del compromiso. Abandonar la mesa es ser irresponsable y perdedor. Sentarse el tiempo que sea necesario, que no se mide en días ni meses sino en logros, es labor de país.

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