Un Estado criminal que perdura

Algunos comunicadores sociales y políticos plantean una visión en la cual responsabilizan a los líderes de la oposición por el estado de minusvalía de la misma. Esto implica un error de perspectiva pues no toma en consideración los factores fundamentales que han llevado a la disidencia política interna a su lamentable estado, los cuales están relacionados con la política de terror instrumentada por el régimen de Maduro, que ha decidido convertirse en un Estado criminal para perpetuarse en el poder, a pesar del desastre económico y social generado.

Algunos comunicadores sociales, como los que laboran en los medios propiedad de Raúl Gorrín (Globovisión), presentan a la oposición política como postrada y desarticulada debido fundamentalmente a los errores de sus dirigentes. Esta visión es reproducida por algunos políticos no oficialistas que con frecuencia son invitados a los programas de entrevistas de la televisora de Gorrín, los cuales enfatizan los intereses y ambiciones personales de los líderes de la disidencia que impiden una mayor cooperación y un acuerdo unitario. Si bien es evidente el estado de postración y desarticulación de la oposición, atribuirlo a los errores de sus líderes es, no solo injusto, sino un error de perspectiva, pues no señala las causas fundamentales que han generado esta situación.

Una visión más acertada de las causas que han generado la postración y desarticulación de la disidencia política interna la desarrolla la revista The Economist, en un artículo publicado en una  edición reciente. El planteamiento del semanario inglés es que el caso del gobierno de Maduro es extraño porque se trata de un régimen que provoca un colapso económico (hiperinflación, empobrecimiento, fuerte endeudamiento externo) y perdura. Los electores, en condiciones normales, no votan por un gobierno que los somete a una inflación desbocada y a penurias de todo tipo.

A pesar de que no cuenta con el apoyo de los electores, el régimen perdura porque ha tomado medidas para evitar o bloquear cualquier iniciativa que lo desplace del poder. En ese sentido, ha optado por convertirse en un Estado criminal que ha instrumentado una política de terror contra todos aquellos que osen discrepar de las políticas de su régimen y amenacen su permanencia en el poder. Los principales partidos de oposición han sido ilegalizados, sus líderes están en la cárcel, en el exilio o sometidos a intimidación. La tortura a los prisioneros es algo común. La Asamblea Nacional ha sido reducida a una ONG impotente. Los espías cubanos que protegen al régimen han desmantelado varios golpes de estado este año. Docenas de militares están en la cárcel.

El acuerdo de cooperación entre el gobierno de Hugo Chávez y el régimen de Fidel Castro iniciado hace varios años ha rendido sus frutos, pues Venezuela y Cuba se parecen en varios aspectos. La oposición venezolana comienza a asemejarse en su estado de postración y división interna a los grupos disidentes cubanos. Otra semejanza con el régimen cubano es como el gobierno de Maduro  ha tratado de subordinar a la población mediante raciones alimenticias (bolsas Clap) a cambio de lealtad política. Al lado de ello, en ambos países, una parte minoritaria de la población recibe remesas de sus familiares en el exterior conformando una sociedad con enormes desigualdades. Sin embargo, a diferencia del cubano el régimen de Maduro es un Estado criminal que cobija una madeja de pillos que contrabandean gasolina, cocaína y explotan oro en el sur de Venezuela, generando un ecocidio de enormes proporciones.    

La gestión del gobierno de Maduro ha generado un colapso económico nacional el cual debería haber ocasionado su caída, pero debido a la política del terror que ha instrumentado, con apoyo del régimen cubano, ha logrado perdurar en el tiempo. Ha contado para ello con la complicidad de algunas personalidades como Rodríguez Zapatero y el nuevo gobierno de Pedro Sánchez que insisten en nuevas negociaciones como salida, a conciencia de que estas probablemente lleven a una mayor división del frente opositor. El único propósito del gobierno es atornillarse en el poder y perpetuarse en el mismo. No le importa si los venezolanos emigran o se quedan, si pasan hambre, si apoyan al régimen o lo rechazan. Si la presión de la comunidad internacional no se intensifica todo evidencia que continuará en el poder a pesar del desastre económico que ha generado.

Nota: Este escrito está basado fundamentalmente n una traducción libre del artículo: The Economist. “A strangely durable ganster state”. 13 de diciembre 2018.   

Profesor UCV