Universidad, petróleo y futuro

La Universidad y el Petróleo son los fundamentos de la Venezuela moderna, en un caso porque fue su base intelectual y política y en el otro porque fue su base material. Las vicisitudes de estos dos elementos sustanciales han marcado nuestra historia, en un caso desde sus inicios pre-republicanos y en el otro en el turbulento Siglo XX. Estos dos pilares han sido sometidos a la más brutal devastación.

No resulta exagerado acompañar el juicio del historiador y cronista de la Universidad Central Alberto Navas Blanco, según el cual “la República de Venezuela es hija de la Universidad”, no sólo porque el Acta de la Independencia fue firmada en su Capilla, sino porque las elites intelectuales de la Independencia salieron de su seno, hombres como Juan German Roscio, Abogado y profesor, redactor del Acta de Independencia,  Francisco de Miranda y su Hermano, José de Sata y Bussy, Gabriel Lindo, quien fuera una de sus autoridades, Felipe Fermín Paul, José María Vargas, Don Andrés Bello, entre muchos otros que no es posible citar en este breve artículo. Así como también, su primer Presidente Cristóbal de Mendoza y Hurtado, a quien le siguieron en la Venezuela Independiente hombres tan ilustres como el Pdte. Dr. José María Vargas, quien jugara un papel tan fundamental en la refundación de la Universidad realizada por el Libertador Simón Bolívar en 1827, el Gral. Antonio Guzmán Blanco, Juan Pablo Rojas Paul, Raimundo Andueza Palacios, José Gil Fortoul. En la era democrática con el nacimiento de la República Civil son notables Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Ramón J. Velásquez, (Alberto Navas, Presidentes ucevistas, Asamblea Nacional).

La cultura venezolana es hija de sus Universidades de donde se produjo el intercambio y transferencia y asimilación de saberes entre la nación y el mundo, fue el crisol para la formación de los conocimientos científicos que fueron el soporte para la formación de los profesionales que hoy por la desgracia de la emigración forzosa el mundo reconoce por su excelente formación en médicos, ingenieros, químicos, economistas administradores, arquitectos; así como también en sus humanistas, artistas, escritores y poetas.

En el caso del petróleo, no fue hasta su aparición en el siglo XX, que las ideas de modernidad que se incubaron en la República y que alcanzaron su punto crítico en la Constitución de 1870, obtuvieron un soporte material para su concreción en tanto que constituyó el necesario lazo del país con el mercado mundial, cubriendo una de las grandes carencias de la República emergente en 1830.

Fue a partir de la economía petrolera que se construyó en un tiempo histórico breve un país urbano moderno y una de las democracias más avanzadas de América Latina. Se logró erradicar todas las endemias y epidemias que el socialismo en el siglo xxi trajo de regreso en pleno Siglo XXI: tuberculosis, mal de Chagas, malaria, fiebre amarilla y así siguiendo. El sistema sanitario de agua, la infraestructura física más moderna del subcontinente, unos de los pocos países en el mundo con sistema eléctrico integrado nacional. Y porque no decirlo, el sistema universitario más amplio que permitió al país alcanzar índices envidiables de profesionalización que le permitió a la sociedad disfrutar de una alta movilidad e igualdad social.

Repensar la Universidad y la Industria Petrolera es fundamental para la reconstrucción de la República Democrática que todos deseamos. Pero esto no puede verse como un simple regreso al pasado, un simple remake. La Venezuela que el castro-chavo-madurismo destruyo hasta sus cimientos no va a regresar. Debemos tomar del pasado-presente y la expectativa de futuro que genera la experiencia para reconstruir no para repetir.

Hoy sobre todo la comunidad de petroleros y de economistas republicanos y liberales viene dando una importantísima discusión sobre las posibilidades de la industria petrolera del futuro, conscientes de que la destrucción realizada por el chavismo de PDVSA (como emblema de la industria) es irreversible y que es importante repensar el petróleo con la óptica del Siglo XXI, donde las fuentes de energía se han diversificado y los combustibles fósiles parecen perder importancia y sus valoraciones culturales son indexadas por los problemas ambientales y las ideologías conservacionistas que tienen una importancia insoslayables.

Desde hace algún tiempo se viene produciendo una discusión sobre las posibilidades de reconstrucción de la industria petrolera tanto a nivel institucional en la Asamblea Nacional como en otros espacios intelectuales y políticos –se reflejan al menos parcialmente en el Plan País-, los economistas han perfilado propuestas sobre las posibilidades de la nueva industria petrolera. Empero, la discusión sobre las universidades es casi inexistente, o peor aún, existe en un nivel muy adjetivo. Es decir, en las universidades se discuten aspectos que son, qué duda cabe muy importantes, los salarios, la seguridad social, la destrucción institucional interna, pero en el marco de las reglas actuales donde esa discusión no va a encontrar resolución alguna, sino que nos mantendrá empantanados en un verdadero callejón sin salida. Los universitarios debemos dar un debate sobre la Universidad misma como institución, sobre sus posibilidades de reconstrucción futura, porque en las condiciones actuales de destrucción nacional se impone la búsqueda de un nuevo sistema de educación superior que sea capaz de acompañar un cambio en el país de contribuir en la reconstrucción nacional. No obstante, el pensamiento predominante pareciera ser que, en algún momento, con un cambio del régimen la Universidad podrá retomar el curso de la universidad autónoma y democrática. Pienso que esta actitud está muy extraviada. Si queremos tener una Universidad que le sirva a un País democrático, es decir, que sea el eje del pensamiento científico y de saberes culturales de este siglo que pueda ser el soporte real de la investigación y la docencia, debemos imitar el ejemplo de la comunidad de los profesionales del petróleo y de los economistas y comenzar a pensarla como una nueva institución que renazca de las cenizas de la devastación castro-chavismo-madurista bajo la óptica de que ella no puede esperar que el estado la reconstruya, ella debe pensarse desde su seno, porque de esta manera pensará al país y puede la Universidad ser factor de cultura y de integración Nacional.