Venezuela es la nueva Zimbabwe de Trump

Hago un alto en la edición de mi último libro, para referirme al despropósito que vivimos. Como lo he dicho hasta el agotamiento, no se trata de lo que pensemos o deseemos que ocurra, cuenta lo que piensa el adversario y en este caso los regímenes de Cuba y Venezuela van a aguantarlo todo a la espera del resultado del 3 de noviembre, mientras apuestan por que los “estados batalla” den el ansiado triunfo a Joe Biden y porque el descongelamiento con Cuba traiga algún coletazo a Venezuela. El resto es mentira o autoengaño, simple propaganda política de los vendedores de espejismos o para el Sur de la Florida.

Gracias a Dios no ocurrió lo que no pocos pronosticaban, una plaga que desbastaría al país y que a falta de planes y estrategias políticas, traerían la libertad y la democracia. Tampoco le resultó a los que vaticinaban tormentas perfectas y que todo se saliera de control. Será una anécdota de las muchas que quedarán para la historia del catastrofismo suicida, “Ahora sin su canal de TV favorito”, “ahora que la economía colapsó, la gente saldrá”, “ahora que no tenemos comida, la gente saldrá”, “ahora sin agua”, “ahora sin medicinas”, “sin electricidad”, “ahora sin gasolina”.

Nicolás Maduro, ha respondido al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegurando que, si bien no quieren guerra ni ningún tipo de acto violento, tampoco temen "combatir con las armas en la mano para defender la paz" y la integridad del país. By Europapress.tv | Esther Piccolino

Escribo estas líneas luego de encender mi televisor y ver que ya no podré ver la única señal de la que disponía. Mientras en los demás países liberan los canales de pago o hacen ofertas, en el mío AT&T decidió marcharse en plena pandemia, como si no necesitáramos la mínima ayuda, con millones de niños y ancianos recluidos en sus casas y sin internet en el 80% de los hogares. De hecho, no es que suspendieron operaciones, es que despidieron y liquidaron al personal, cerrando a piedra y lodo las operaciones, dejando claro que no volverán.

Y eso es lo que pocos entienden, todo lo que se va de Venezuela no vuelve, como no volverá la electricidad y el agua estable, como no volverá la comida, ni las medicinas a precios asequibles y como es evidente que no volverá la gasolina como antes y es lo que la mayoría parece no entender, cada cosa que se va de Venezuela, arrodilla y debilita al que se queda resistiendo un poco más y lo hace dependiente de lo poco que hay, pero sobre todo y como en Zimbabue o Cuba, dependientes de quien lo reparte.

Y es en el espejo de Zimbabue donde debemos vernos, el razonamiento suicida de muchos que expresan “ya es hora de que no tengamos nada, para que cambie todo”, como una especie de último “sacrificio por la libertad” demuestra su ineficacia porque los mugabes del mundo siempre tendrán algo de petróleo y si se acaba tendrán diamantes y oro, y si se acaba le venderán a lo que queda de la clase media la poca gasolina en dólares, y si se acaba concentrarán miles de millones de dólares en remesas y ayuda internacional.

Porque el pegamento de los regímenes de esta naturaleza, no es otro que el espíritu de supervivencia de quienes lo sobreviven.

En contraposición los que ya perdieron su futuro, los que perdieron su trabajo estable, la estabilidad del agua, de la luz, los que perdieron el internet y el teléfono, los que hoy ya no tienen siquiera televisión y su día a día transcurre buscando una pimpina de gasolina, dos veces más cara que en Miami, pronto estarán haciendo lo propio buscando una bicicleta “porque hay que sobrevivir”. Mientras que Irán, Cuba y Zimbabwe siempre tendrán a sus “grandes hermanos” chinos, rusos y variopintos revolucionarios que los han ayudado a sortear las sanciones y les dicen en el oído: “aguanten que todo cambiara en noviembre”.

En otras palabras quienes sí tendrán gasolina, quienes sí tendrán dólares, medicinas y comida, internet y televisión son los mugabes del mundo y sus seguidores. Los acólitos de las sanciones económicas deben entender que no había en Mugabe una concepción de Estado, o mejor dicho el Estado era él y los suyos, por eso repartió al país por sectores al partido, a los militares y a sus seguidores, fue el pueblo zimbabuense el que se quedó sin nada y el régimen hasta el sol de hoy fue y es el más beneficiado de las sanciones, porque mientras menos tiene el pueblo, más poder tiene quien reparte las pocas sobras.

De allí que Venezuela al final de este año perderá nada menos que el 112% de su economía y muy pocos lo entenderán, lo que en la práctica, de acuerdo al Banco Mundial, deja a mi país con la mitad de la economía de Cuba a finales de 2020. Se dice fácil pero al final de este año un cubano de a pie será económicamente y en términos per cápita, mucho más rico que un venezolano, cuyos ingresos serán iguales que los de un habitante de Zimbabwe.

A finales de este año, Venezuela termina en la lista de países pobres, con lo que queda de la clase media sorteando su destino tras una gasolina dolarizada, sin mucha agua corriente en sus cañerías, sin mucha luz en sus tomacorrientes, sin internet y ahora sin televisión. Se cumple el pronóstico del presidente George W. Bush quien en sus memorias explicaba que no veía a Hugo Chávez como a un nuevo Fidel Castro, más bien acotaba que a su juicio se trataría de un nuevo Robert Mugabe, que iba a terminar por dejar a Venezuela en la ruina más absoluta.

El equipo de Bush sostenía lo que a mi juicio era lo correcto, que no había que aislar a Venezuela y mucho menos darle excusas a los regímenes latinoamericanos y que colapsaran por sí solos sin corresponsabilizar a los estadounidenses, el equipo de Obama sostuvo lo mismo y que la implosión del sistema por mérito propio fuera el que trajera los cambios, así como una apertura con Cuba.

El presidente Trump cambió esa postura y trajo al mismo equipo y políticas de Reagan y corren el riesgo, de que en la mente del venezolano de a pie, sean corresponsabilizados junto con la oposición del drama venezolano, porque la oposición ya no tiene medios ni televisión, y los que no se quedaron sin televisión, medios y radio son sus adversarios que harán fiesta con el primer barco detenido por gasolina, mientras apuestan a noviembre.

Ya no urjo, la verdad que les imploro de nuevo a repensar el tema de las sanciones económicas y buscar ayuda urgente y verdadera para los venezolanos. La teoría suicida de que cuando se acabe todo habrá un cambio no ha funcionado en ningún país salvo para arrodillar a quienes resistían y terminar de expulsar a las clases productivas. Venezuela necesita urgentemente que los recursos lleguen en forma de insumos para el campo, materias primas, repuestos y medicinas, además de estímulo económico frente a la ausencia absoluta de respaldo y atención a la Venezuela que resiste, porque acabar con la resiliencia de los venezolanos, es terminar de enterrar a la República de Venezuela.

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article242913701.html