Viaje de caridad

Crónicas burguesas

“Uno que señala tus defectos

no es necesariamente tu enemigo;

el que siempre te felicita

no es necesariamente tu amigo”

Proverbio chino

Mañana llega el Presidente Joe Biden a la capital de la Europa unida, Bruselas, que por encima de todo sigue dependiendo en mucho de lo que Estados Unidos piense, estime, quiera, haga. El objeto de la visita, y de reunirse con las principales figuras europeas, es de doble cara.

Una cara preocupada, generosa, con las arrugas de la vida y del esfuerzo, la destinada a los refugiados, los miles que ya ha producido la tragedia ucraniana, y ésos no son los únicos refugiados, de África llegan decenas todos los días a España e Italia.

La otra cara es rígida, firme, como la de John Wayne antes de enfrentarse a unos indios o con Liberty Valance, cara de una vez más la idea de un cuerpo militar multilateral de paz. Una forma de decir colaboramos pero no nos metemos en eso. Habría que preguntarse cuál sería el presupuesto que saldría de los ahorros europeos y especialmente de los impuestos de los American citizens, y qué ha pasado con los Cascos Azules de la ONU. En un mundo atiborrado de ejércitos dispuestos a derrochar, como el ruso, y de compañías de mercenarios militares, ¿no es posible mantener unos eficientes Cascos Azules de la ONU?

El jueves el Presidente Biden –no sabemos aunque lo suponemos si en la misma ciudad, aunque podría dar un saltico a la espléndida Berlín- se reunirá con el Consejo Europeo, es decir, con el poder ejecutivo de los estados unidos de Europa y líderes europeos de primera importancia, en un encuentro convocado por Berlín, en el cual discutirán dos temas contrapuestos. Uno, el de un presupuesto y estructura comunes –siempre es cuestión de presupuesto y quién pone los reales- para disponer un programa de medidas humanitarias en beneficio de los refugiados ucranianos, regados por toda Europa pero especialmente en Polonia, que está siendo para los migrantes ucranianos lo que Colombia para los migrantes venezolanos.

El otro tema es definir nuevas sanciones para seguir presionando a Vladimir Putin y sus cómplices rusos. En estos momentos, con sus bancos atados y echados del sistema de intercomunicación de movimientos de dinero, numerosas empresas idas del país y su economía ya mediocre, mas los gastos infernales de una guerra que puede que le gane a Ucrania pero tiene aplastantemente perdida con el mundo, Vladimir Putin sabe que está entre el linchamiento popular y el humillante desprestigio de los demasiados muertos y destrucción para tan siniestro resultado. Y si matan a Zerensky por expresa comisión o en cualquier bombardeo, el panorama será peor, con Putin al infierno y Volodimir a los altares.

El viernes será el gran cierre emocional de esta gira bideniana a Europa, pues el Air Force One dará el salto a Polonia, el país más comprometido y generoso con los migrantes ucranianos, donde Biden se informará de la ayuda a los refugiados y lo que necesita Polonia para sostenerlo y llevarlo adelante. Después, el sábado, information room en Washington.