Isaac Newton y la devaluación del Bolívar

Un dólar en 1998, cuando gana las elecciones Chávez, valía Bs 565. Ese mismo dólar equivalía al día 23/1/21 a Bs 1.635.000,oo.

Ahora bien, recordemos que a lo largo de los últimos años a nuestro torturado signo monetario le han quitado 8 ceros. De forma que sin ni siquiera contemplar otros factores, ese mismo dólar de 1998 equivale hoy a la impronunciable cantidad de Bs 163.500.000.000.000,oo.

Sin embargo, fuera del maquillaje de la eliminación de ceros, no se han tomado ninguna de las medidas razonables que aconseja la ciencia económica o la política monetaria para frenar la absurda devastación de la moneda. Nuevamente nos encontramos ante la increíble realidad de que es imposible que funcione la contabilidad de ninguna empresa con tantos dígitos.

Tal es la situación que Sary Levy -Doctora en Economía, Individuo de Número de la Academia de Ciencias Económicas, ex Decana de la Facultad de Economía de la Universidad Central de Central de Venezuela y miembro del Comité Académico de CEDICE- estima que la situación ya es inmanejable y prevé que nuevamente habrá que quitarle 6 ceros más a nuestra ya casi inexistente moneda, con lo cual el mismo dólar que como antes se dijo equivalía a Bs 565 en 1998, pasaría a valer Bs 16.350.000.000.000.000.000,oo; es decir DIECISEIS TRILLONES TRESCIENTOS CINCUENTA MIL BILLONES DE BOLÍVARES de los de 1998 (latinos, no anglosajones), sin contar con la pérdida adicional de valor de la moneda hasta la fecha en que se produzca la eventual medida que prevé la Dra Levy. ¡¡¡ Qué barbaridad !!! Tal cifra no cabe en la cabeza de nadie.

Padecemos, por supuesto, la mayor hiperinflación del planeta. Según el FMI la mayor inflación del mundo en el 2020 la tuvo Venezuela con 6.500% y la segunda mayor la sufrió Sudán con 103%, país africano que se encuentra sumido en una guerra. ¡Vaya diferencia!

¿Cómo empezó esta locura? Empezó con el famoso “millardito de Chávez”. ¿Recuerdan? Haciendo gala de una ignorancia supina, en el 2004 solicitó un “millardito de dólares de las reservas” para financiar al sector agrícola, y aunque al principio el Directorio del BCV se negó, en 2005 la Asamblea Nacional (de mayoría oficialista) y el Gobierno acordaron cambiar el destino del aporte petrolero y crear un nuevo mecanismo de financiamiento de programas, lo que condujo a modificar la Ley del Banco Central.

En la práctica eliminaron nada más y nada menos que la autonomía del Banco Central de Venezuela que prohibía al organismo supeditarse a las directrices financieras del Ejecutivo y más concretamente le prohibía financiar el gasto público.

¿Por qué se contemplaba tal prohibición en la ley? Pues bien la razón la estamos viviendo dramáticamente hoy en día. Cuando los Bancos Centrales emiten dinero sin respaldo (antes lo llamábamos inorgánico) para financiar el gasto de los gobiernos, la consecuencia inevitable es la pérdida de valor de la moneda. Y por supuesto eso contradice palmariamente y de manera expresa el objeto del BCV establecido en el Art 5 de su Ley Orgánica, el cual reza:

“Artículo 5. El objetivo fundamental del Banco Central de Venezuela es lograr la estabilidad de precios y preservar el valor de la moneda”.

No contento con el fenomenal aumento de los precios petroleros que se vivía para aquella época, Hugo Chávez destrozó uno de los fundamentos básicos de la ciencia económica para obligar al BCV a imprimir todo el dinero que a él se le ocurriese para financiar su insaciable apetito de gasto populista.

Y por supuesto, los genios del TSJ y la mayoría oficialista de la AN, arrodillados ante su suprema voluntad, modificaron la Ley Orgánica del BCV para complacerlo.

Vano intento. Es como si se les hubiera ocurrido la idiotez de derogar la Ley de la Gravedad de Isaac Newton.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

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