Panorama incierto

Editorial

Estamos a apenas un mes del evento electoral concebido por el régimen para, en su decir, renovar autoridades locales y regionales. Pero, en la mayoría de los casos, por lo menos en lo que se refiere a los postulados por el PSUV, se trata de ratificar a muchos que han fracasado en sus gestiones, bien sea como gobernadores o protectores, que es el nombre que le dan al que manda y tiene los recursos cuando la gobernación no está en manos de uno de los suyos.

En las alcaldías ocurren situaciones similares, basta preguntarle a alguno de los pobladores de cualquier municipio del país, quién es su alcalde o sus concejales y lo que obtendrán es una boca abierta de la que no sale un nombre.

Del lado opositor proliferan candidatos sin que , hasta la fecha, haya sido posible seleccionar a uno solo que represente el cambio que la mayoría desea.

En el terreno de la observación internacional, si es que así puede denominarse el acuerdo suscrito entre el CNE y la UE, parece que la situación se está enredando, ya que para el régimen observación es mero acompañamiento el día del evento y, ciertamente, eso no implica emitir juicios sobre lo que ocurra o deje de ocurrir el día del acto.

Mientras eso ocurre, en México no ha habido humo blanco sobre las condiciones necesarias para que una elección sea libre y transparente.

Frente a estas turbias circunstancias no se observa en el ánimo colectivo un entusiasmo que se traduzca en una participación masiva en el evento novembrino. Más bien se podría decir que muchos están pensando al estilo de Hamlet, participar o no participar, he allí la cuestión.

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