En lo personal siempre me pareció que la solución a la larga crisis política venezolana debía ser mediante una salida pacífica y negociada, pero no ha sido posible; desgraciadamente nuestro liderazgo político, el de un lado y el del otro, no ha estado a la altura de las circunstancias. Ante la situación planteada en la noche del tres de enero no tenemos sino conjeturas. La confusión es muy grande, no sabemos si lo sucedido será para bien, para mal o más bien para todo lo contrario.
Sin embargo, deseo ser optimista y creer en que “la vida te da sorpresas”, como dijo Rubén Blades, el filósofo de la salsa.
- La “extracción”
Sorpresivamente se abrió una puerta que no es la que muchos pensaban y tal vez no deseaban, pero a lo mejor nos termina ayudando, aunque vale la pena advertir, sin embargo, que el escepticismo es lícito y necesario en estas circunstancias, tan contaminadas por dudas de todo tipo que, desde luego, también contaminan estas líneas que yo escribo.
Donald Trump es quien ha abierto la cerradura, oxidada desde hace más de dos décadas. Pero, ojo, no lo hace por nosotros, y no soy yo quien lo dice, sino él mismo, sin mayores tapujos.
El suyo es un liderazgo desatado que solo se orienta bajo “mi moral”. En efecto, saltándose a la torera todas las normas legales, ordenó que se llevara a cabo una operación de “extracción” (según se dice ahora, como si se tratara de actividades mineras), para llevarse presos, bombazos mediante, al presidente Nicolas Maduro y a su esposa Cilia Flores, hospedados en el Fuerte Tiuna. Se trato de una acción rodeada de sombras que quien sabe su algún día alcancen a disiparse.
II. El MAGA
Sin desearlo, nuestro país ha entrado a formar parte del MAGA, es decir en la visión de lo que deben ser los Estados Unidos en el mundo actual. Y siendo parte de América Latina, definida como una zona de enorme interés para Estados Unidos, en la reciente aprobación del Decreto de Seguridad Nacional, Trump ha reactivad la doctrina Monroe, la cual define suscintamente a la región, como el “patrio trasero” de los norteamericanos.
III. María Corina (por ahora no)
Pocas horas después de la operación llevada a cabo el 3 de enero en Fuerte Tiuna, Trump avisó que comenzaría un proceso de transición pacífico y ordenado, bajo su control, y dejando claro, por si acaso no se había entendido bien, el mismo no tenía un carácter humanitario, sino que formaba parte de una estrategia dibujada desde el punto de vista de la conveniencia norteamericana.
En función de lo anteriormente señalado, “sugirió” que se designara a Delcy Rodríguez como Presidenta interina, advirtiendo que su gestión estaría bajo su lupa y avisando que “Si no se porta bien, daremos un segundo golpe”. Su misión es, dijo, fomentar un proceso de cambio, evitando un vacío de poder.
Así las cosas, la Asamblea Nacional la juramentó, haciendo a un lado a María Corina Machado, demorando su nombramiento como Presidenta para el momento en que la sociedad estuviera más estable y, según ordenes de Trump, fuera elegida mediante elecciones para presidir un nuevo gobierno, iniciando de esta forma la era del poschavismo. En la reciente visita a la Casa Blanca, evaluada como desacertada por muchos de sus partidarios, Trump mantuvo su decisión, no obstante haber recibido como regalo el Premio Nobel de la Paz, hecho que las autoridades de Noruega reprocharon severamente.
La Presidenta interina se encuentra al tanto de los innumerables y graves problemas que hereda. Ha ocupado importantes cargos, principalmente a lo largo del gobierno de Nicolás Maduro, entre ellos el de manejar la industria petrolera, mostrándose como una gerente eficaz y pragmática. Adicionalmente ha conseguido establecer vínculos sólidos y provechosos con diversos sectores económicos del país, incluidas empresas privadas.
En los pocos días que lleva en el cargo, no ha tenido más remedio que valerse del lenguaje chavista, girando en torno al bolivarianismo patriótico y revolucionario, protestando frente el “injerencismo imperialista” e, incluso, publicando un decreto en el que ordenaba la detención de cualquier ciudadano “que apoye o promueva el ataque armado de Estados Unidos” y promulgado la declaración del “Estado de conmoción nacional”. Todo ello con la finalidad de guardar las necesarias “apariencias ideológicas”, aunque es obvio que en la práctica hay una clara desideologización del gobierno, ya no promete un futuro.
Simultáneamente ha tenido acercamientos con importantes funcionarios norteamericanos, informándoles que ha comenzado las diligencias necesarias para reabrir su embajada en Caracas y en el mismo tono cordial ha realizado encuentros con algunos representantes de la Unión Europea y hace pocos recibió en Miraflores a una delegación de los Emiratos Árabes.
IV. La geopolítica es el nombre del juego
Diversos informes señalan que actualmente los gobiernos autoritarios (incluidos muchos que celebran elecciones, como Estados Unidos y Venezuela), representan juntos más del 70 por ciento de la población mundial. Entre esos gobiernos, los de las naciones poderosas buscan influir en la política más allá de sus propias fronteras, valiéndose de su poder económico, militar, y tecnológico.
Dentro de este marco la gestión de Trump se ha desplegado a lo largo de dos ejes, el económico y el geopolítico. En el caso venezolano busca controlar el petróleo y las llamadas tierras raras y excluir a China de su explotación.
Las confrontaciones geopolíticas se cuentan como el principal factor de riesgo para a desencadenar una crisis mundial este año, de acuerdo con el último Informe de Riesgos Globales, elaborado por el Foro Económico Global
En vista de lo anterior, la caída de Maduro no puede verse sino como el fermento de las tensiones geopolíticas actuales, donde el poder hemisférico, la competencia entre grandes potencias y la estabilidad regional se cruzan, dejando una estela de severas consecuencias.
En este momento los grandes poderes, son Estados Unidos, Rusia y China, cada uno con sus zonas de influencia, y cuyas acciones ocurren al margen, de las condiciones que pauta el derecho internacional. Cabe señalar que algunos estudios añaden al poder supranacional formado por grandes consorcios, también supranacionales, que controlan el desarrollo de las nuevas tecnologías del siglo XXI.
En suma, como lo definió la Presidenta interina, el país se encuentra en un “nuevo momento político”, dibujado, digo yo, por desafíos que la sociedad venezolana debe saber encarar, con perseverancia, a través de las distintas organizaciones que la constituyen.