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El caos mundial: ¿La ONU es una institución zombi?

ONU
Tiempo de lectura: 4 min.

Hace pocos días se llevó a cabo en Nueva York, la 81 Asamblea de las Naciones Unidas, evento que pasó casi desapercibido, a pesar de los aprietos que dibujan al mundo actual. Alrededor de cincuenta países no asistieron al encuentro y lideres importantes, entre ellos Xi Jinipin, Vladimir Putin, Friedrich Merz, Giorgia Meloni, Mahmud Abás, no se tomaron la molestia de viajar, prefirieron atender otros asuntos, quizá con razón, puesto que la institución anda de capa caída.

No obstante, las conversaciones de pasillo fueron numerosas y provechosas. Algunos gobiernos intercambiaron posiciones, negociaron acuerdos, identificaron aliados, fortalecieron convenios, logros que resultaban muy cuesta arriba en la reunión general.

I.

El propio Antonio Guterrez, actual secretario general de la organización, declaro que la ONU ha quedado desfasada, con relación a los cambios que empezaron a asomarse desde los inicios del Siglo XXI, muestra de lo que se ha descrito como una crisis civilizatoria y dejando en evidencia el agotamiento de los esquemas y normas que fundamentaron y guiaron su desempeño durante varias décadas. 

En su discurso, Guterrez señaló que las grietas se han convertido en abismo, refiriéndose al surgimiento de nuevos centros de influencia económica, política y tecnológica, equivalentes a una extraordinaria transferencia de poder desde los Gobiernos hacia un puñado de corporaciones privadas e individuos, cuyo dominio se extiende hacia todos los escenarios. 

Así las cosas, no sorprende que la ONU carezca de legitimidad. Está claro de que no da la talla frente a lo que está ocurriendo en el planeta azul, abrumado por la proliferación de los conflictos armados (el enfrentamiento de Rusia y Ucrania es, apenas, una de los más de cincuenta guerras en curso), el auge de gobiernos autoritarios, las migraciones, la pobreza y la desigualdad, los impactos cada vez más visibles del calentamiento global y, por si fuera poco, la incertidumbre que rodea a la inteligencia artificial. 

Pero, por ahora, la idea de su reforma es una quimera.  Cebe advertir, en este sentido, que cualquier avance hacia un cambio significativo está bloqueado por el poder de veto de los cinco miembros permanentes que integran el su Consejo de Seguridad, sin ninguna otra razón que no sea la de haber representado a los países que resultaron victoriosos en la Segunda Guerra Mundial. En suma, las reglas que la ONU está obligada a cumplir no tienen nada que ver con la realidad.

II.

Según analistas internacionales y teóricos de las relaciones internacionales, actualmente prevalece un sistema global que carece de gobierno. Al estar compuesta y dirigida por los Estados-nación, a la ONU le resulta muy cuesta arriba adaptarse a las reglas propias de la globalización. Como diría el sociólogo Ulrich Beck se ha convertido en una institución zombi, emergiendo de un contexto en donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Como lo reconoció el propio Guterrez, hay nuevos espacios donde hay poderes estatales, privados y globales que actúan seleccionando qué normas respetan, y cuáles ignoran. 

El Estado-nación soberano no encaja con los efectos generados por la globalización. Se sigue ignorando la interdependencia real del planeta sin tomar en cuenta que hoy en día todo pareciera ocurrir en todas partes. En la nueva realidad mundial los problemas son comunes y requieren soluciones comunes, implicando la "desterritorialización" de unos y otras.

En estas semanas hemos sido abrumados por el tema de la llamada Inteligencia Artificial, dominado por opiniones que asustan. El presidente de una de las empresas involucradas ha señalado, sin siquiera pestañear, que la IA podría acabar con todos los humanos hacia el año 2030. Otros concuerdan con la idea del exterminio, pero afortunadamente (perdón por el optimismo), nos cambian la fecha, aunque no la colocan demasiado lejos. 

Se ha abierto el debate en torno a si puede haber una inteligencia superior a la humana y que consecuencias traería. La integración del juicio humano en los sistemas de inteligencia artificial (IA) se ha establecido como una línea de investigación muy importante. 

III.

Hace poco más de un año, después de su salida del gabinete de Donald Trump, Elon Musk regresó a su gobierno como uno de los líderes del 'Proyecto Meridian', destinado a identificar las tecnologías y posibles escenarios de conflicto que pueden marcar las guerras de las próximas décadas, enfatizando la importancia de la IA. Peter Hegseth, el secretario de Seguridad de Estados Unidos, afirmó que el programa buscará "descubrir, desarrollar y desplegar las armas y los sistemas que nuestros hijos y nietos necesitarán a lo largo de sus vidas". 

Palmer Luckey, asesor del programa en cuestión, se identificó como un "enfermo" al que "no le quita el sueño fabricar instrumentos de violencia". Y añadió que las sociedades siempre han necesitado una clase guerrera que se sienta entusiasmada y motivada por ejercer violencia contra otros por fines nobles.  Las líneas anteriores están evolucionando (o involucionando, más bien, diría uno), hasta parecer una suerte de “doctrina” del gobierno norteamericano. En la misma tónica se encuentran las otras “grandes potencias”, ignorando la Carta de las Naciones Unidas, redactada después de la muerte de Hitler, en la que se hablaba de “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, reafirmar la dignidad de la persona humana y la igualdad de derechos de las naciones grandes, medianas y pequeñas”.

Muchos se preguntan, entonces, si no habrá más remedio que resignarse a que impere la ley de la fuerza y no la fuerza de la ley