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Imprescindible socialdemocracia

Democracia
Tiempo de lectura: 2 min.

Desde la caída del muro de Berlín, nunca la socialdemocracia europea había bajado tanto en las urnas ni había visto cuestionada como en este momento su credibilidad. Pero a la vez nunca ha sido tan necesaria como ideología política que fue artífice, junto a la democracia cristiana y el liberalismo, de la unidad europea, ahora amenazada por fuerzas radicales dispuestas a destruir el legado de 80 años de proyecto común. Ante el ataque extremista a los derechos individuales, el incremento de las desi¬gualdades y el reparto del mundo entre superpotencias depredadoras, toma especial relieve la respuesta que la socialdemocracia ha ofrecido históricamente, y que debe estar en condiciones de ofrecer hoy y en el futuro: la lucha contra la desigualdad, la defensa de los más vulnerables y la construcción de la UE como un espacio de derecho, democracia y libertad.

A pesar de los fracasos electorales, la pérdida de poder real y el descrédito en las últimas décadas de algunos líderes y siglas, las ideas no han perdido vigencia. En Alemania, los sondeos sitúan al SPD en torno al 10% de intención de voto. En Francia, el PS ha cedido el liderazgo de la izquierda al populista Jean-Luc Mélenchon. En España, los casos judiciales acechan al PSOE y al Gobierno. Casi siete de cada 10 ciudadanos de la UE vivían a principios de este siglo en países gobernados por el centroizquierda; hoy son uno de cada 10.

En un proceso paralelo, ha avanzado la extrema derecha en países como Alemania, Francia o el Reino Unido, donde ha pescado en el caladero tradicional de los partidos socialistas, unas clases populares golpeadas por las desigualdades que han ido abandonando el voto de izquierdas en favor de las opciones radicales. Algunas causas del declive tienen que ver con la desconexión con este electorado, pero también con graves errores éticos de algunos líderes, como Gerhard Schröder, convertido en lobista de Putin, o Tony Blair, promotor de la guerra de Irak. Igualmente, las democracias asisten a la aceleración de la desinformación y la normalización de los discursos de odio, aceptados por algunas derechas tradicionales. Las causas de esta evolución van más allá, y evidencian las deficientes respuestas políticas de las formaciones moderadas, no solo las socialdemócratas sino también las democristianas, ante el cambio de época.

Nadie sabe adónde nos conducen estos tiempos, pero sí sabemos del valor, más allá de dirigentes y siglas concretas, de las ideas de supervisión y regulación del libre mercado, una protección social robusta, un Estado de derecho con separación de poderes, un orden internacional regido por reglas, el feminismo y el rechazo a la xenofobia. Son principios que contribuyeron al periodo de mayor prosperidad, paz y estabilidad en Europa, y su pervivencia exige instituciones y partidos sólidos para defenderlos. Ahora, en la era de Trump, Putin y sus amigos europeos, el mayor error sería entonar precipitadamente el réquiem por los valores que conformaron nuestras democracias. Es justo lo contrario. Ante la deriva polarizadora y extremista, la socialdemocracia es más necesaria que nunca.

https://elpais.com/opinion/2026-06-15/imprescindible-socialdemocracia.html