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Los chamos de La Guaira y el mundial de fútbol

libertad
Tiempo de lectura: 2 min.

Resulta difícil decir algo que no se haya dicho sobre la tragedia que hace algunos días zarandeó diversos lugares del país, concentrado sus peores consecuencias en La Guaira. Quiero referirme, entonces, y aunque al lector le parezca extraño, a la Copa Mundial de Fútbol.

Se trata de un evento que capta la atención a lo largo y ancho del planeta, dando lugar una emoción compartida por varios los millones de personas, pendientes de ver los partidos, buscando “driblar” la realidad que los circunda, ejerciendo su derecho a la evasión, no importa que este no se encuentre registrado en las declaraciones de la ONU.

El fútbol consigue un milagro que la política, la economía o la religión solo alcanzan de vez en cuando. Convierte a millones de desconocidos en una misma voz durante noventa minutos. Como dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “El fútbol es la única religión que no tiene ateos”, aunque algunos equivocados, esto lo digo yo, que empecé a chutar el balón desde los cuatro años, lo han calificado como “el opio de los pueblos”.

En esta ocasión el evento ha sido llevado a cabo bajo la influencia de los intereses personales de Donald Trump y de su compadre Gianni Infantino, este último presidente de la FIFA, quienes han buscado sacar provecho del acontecimiento. En este sentido han conseguido infringir algunas normas con el propósito de favorecer a determinadas selecciones, logrando, incluso, que se echaran para atrás ciertas decisiones tomadas por los árbitros y sembrando sospechas razonables respecto a la imparcialidad de estos al favorecer a determinadas selecciones, lo cual se hizo evidente en el triunfo de Argentina sobre Egipto.

En medio de la catástrofe generada por el sismo en La Guaira, hay chamos que buscan los sitios en donde la internet aún funcione, con el fin de poder ver los partidos y, ante la ausencia de nuestra Vinotinto, se arropan bajo el color de otras camisetas, particularmente la de algunos países latinoamericanos o, con frecuencia, la de los equipos más débiles, alegrándose o lamentándose por el resultado, ambas emociones suscitadas por los misterios que esconde el balón, ajenos a la desventura que los arropa. 

Impresiona que, como parte de la ayuda humanitaria, además de medicinas, alimento o ropa, también se soliciten balones.

Harina de otro costal

Todo indica que el gobierno interino impuesto por Donald Trump no soluciona nuestra crisis. Su decisión, que ha sido concebida particularmente desde una perspectiva geopolítica, busca ser un remedio administrativo que nos lleve a una transición que, por ahora, esta dibujada por la incertidumbre. Resulta obvio que su mayor interés está puesto sobre los recursos petroleros.

Ojalá que la reciente tragedia, enfrentada por la sociedad venezolana desde una gran solidaridad, ponga fin a la otra tragedia, la política, que, a diferencia del sismo, no es motivada por una rebelión que emerge desde la capa de la tierra, sino por la polarización que hemos padecido desde hace más de dos décadas, tiempo durante el que no ha habido forma ni manera de suscribir un pacto nacional que apunte hacia el logro de objetivos comunes y sirva para tramitar nuestras diferencias.

Como bien lo escribió la filósofa Hanna Arendt la política, “…es una necesidad ineludible para la vida humana, tanto individual como social”. Hay, por tanto, que asumir la condición humana desde su pluralidad y diversidad.