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Momento de sumar para la sociedad venezolana

duda y lupa
Tiempo de lectura: 8 min.

Lo del terremoto del 24 de junio debería llamarnos a una gran reflexión como venezolanos, porque las vidas, damnificados, casas, escuelas, hospitales destruidos nos obligan a la tarea urgente y prioritaria de reconstrucción de los daños de los lugares más afectados, pero inmediatamente, sin esperar demasiado, debemos aprovechar el momento para utilizar esta coyuntura y poner la mira en una perspectiva de mayor aliento fundada en nuestra responsabilidad  con lo que le ha venido pasando en Venezuela. 

                                   LO QUE LE SUCEDIÓ A VENEZUELA

No es esta la misma historia que siempre nos contamos, en la que acusamos a Chávez, a los políticos, al petróleo, a la “poli crisis”, etc., etc. No, porque en esta introducimos un valor que debería cambiarnos la visión: el hecho de que todos nos olvidamos y abandonamos a Venezuela. Nos concentramos en nosotros mismos. Estudiando, dando clases, haciendo negocios, pintando, haciendo teatro, cuidando la casa, los niños o dentro de los cuarteles. 

Toda una gama de indiferencia, de omisión, individualismo y descuido que nos alejaba de la calamidad social, política, institucional que veníamos acumulando. Venezuela se venía hundiendo y no intervenimos como la sociedad que es responsable de ella. Les entregamos el país a los políticos para que lo manejaran, no de ahora, desde hace bastante tiempo y allí están los resultados. Grave error que tiene perdidas incalculables para toda la sociedad.

La prosperidad fundada en el petróleo se esfumó, no porque los precios del crudo se fueran al suelo, sino porque seres humanos en función de gobierno la destruyeron. PDVSA colapsó frente a “nuestros propios ojos”, con ella todo el aparato estatal y nada hicimos. Alarmantes índices de pobreza y desigualdad social no nos llamaron a actuar y descansamos en un Estado que ya no tenía nada que dar.

La posibilidad de escoger gobernantes, esa democracia incipiente y defectuosa que logramos armar, se nos fue “de las manos” de los partidos políticos que nos gobernaron y le abrimos la puerta a un militarismo que regresó violentando todas nuestras instituciones civiles. Nuestras Fuerzas Armadas le dieron el soporte fáctico a un solo partido político para alcanzar y mantenerse en el poder. Imposibilitados para destronarlo pedimos ayuda externa y ahora pagamos las consecuencias de un tutelaje y un gobierno interino que lejos están de representarnos. 

                                   LA SOCIEDAD CIVIL FRENTE A LA TRAGEDIA  

Primero que nada. Nos compete diseñar una respuesta inmediata para encauzar la Reconstrucción de los daños ocasionados por el terremoto. Demos una respuesta colectiva distinta al pasado y no dejemos todo en manos del Estado. Asociémonos y articulemos las instituciones que tenemos, en especial donde están las mejores capacidades, la experiencia, las ventajas comparativas, la ética y la rigurosidad académica para emprenderla.

Se ha propuesto crear, inmediatamente, un Consorcio, una Agencia Interuniversitaria para enfrentar de conjunto la tragedia en todas sus formas: humanas, materiales, psicológicas, sociales, etc. Una Agencia constituida por las principales Universidades venezolanas y apoyada en una gran alianza con los Empresarios, los Colegios y Academias Profesionales. indispensable hacerla del conocimiento de la Comunidad Internacional y de los organismos multilaterales para canalizar y concentrar su apoyo técnico y financiero y recibir ayuda sin condiciones impuestas desde afuera. 

Aprovechemos este doloroso presente, al que nos estaría obligando la naturaleza, para desarrollar un vínculo estratégico con nuestro futuro, como sociedad, como país. al que nos estaría obligando la naturaleza. Una ruta convergente entre la sociedad civil y la sociedad militar venezolanas.   

                                    ¿Qué QUIERE VENEZUELA?                      

Venezuela quiere encuentro, acuerdos, confianza en sus instituciones para recuperar su autonomía como Nación y una senda de paz duradera y de prosperidad sostenibles. 

INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA.

Recobrar el manejo y el destino de nuestro país es absolutamente indispensable para lograr los demás objetivos, de tal modo que debemos identificar en manos de quien está la solución y no vemos otro lugar distinto al de nuestras Fuerzas Armadas. En primer lugar, porque Constitucionalmente les corresponde la defensa de nuestra independencia y soberanía, tal como lo expresara Bolívar en Angostura:[1]

             “Amando lo más útil, animada de lo más justo, y aspirando a lo más perfecto al separarse Venezuela de la Nación Española, ha recobrado su Independencia, su Libertad, su Igualdad, su Soberanía Nacional.”

En segundo lugar, las Fuerzas Armadas han sido soporte de gobiernos déspotas y autocráticos, pero también de gobiernos democráticos. Años de militarismo fueron seguidos de civilismo y este momento sería una gloriosa oportunidad para darle un respaldo decidido a una democracia plena y al ejercicio de la soberanía popular. Si queremos evitar que estos acontecimientos políticos se repitan, hemos de aprender a blindar la democracia ante el militarismo y defenderla de sus enemigos tal como lo expuso Bolívar en Angostura:

            “La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los Gobiernos Democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo Ciudadano el Poder” 

          “Por lo mismo que ninguna forma de Gobierno es tan débil como la Democrática, su estructura debe ser de la mayor solidez, y sus instituciones consultarse para la estabilidad.

          “Debemos confesarlo; los más de los hombres desconocen sus verdaderos intereses, y constantemente procuran asaltarlos en las manos de sus depositarios: el individuo pugna contra la masa, y la masa contra la autoridad. Por tanto, es preciso que en todos los gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido y desarme al ofensor”.

Sumadas todas esas reflexiones del Libertador en apoyo de la democracia nos queda la gran tarea de ponernos de acuerdo en ese mundo sórdido que es el de la política.          

 UN ACUERDO POLITICO

Imaginen Ustedes una declaración y un mandato de esa categoría y calibre para nuestro mundo político. Un mandato que debería obligarlos a sentarse en la MESA VENEZUELA, no en la impuesta desde afuera y acordada con el interinato, para elegir un nueva Asamblea Nacional que nos represente a todos y, con ella, poner en juego el orden democrático, eligiendo un nuevo CNE para ir a presidenciales y un nuevo TSJ para reconstruir todas nuestras instituciones políticas.     

Como puede constatarse la solución puede estar en manos venezolanas y, de hacerlo podríamos darnos el lujo de agradecer y dar por terminada la ayuda política externa, en especial la de los Estados Unidos. 

Imprescindible es, para sostener la democracia, alcanzar una senda de prosperidad económica que podamos sostener en el tiempo, que no dependa del fluctuar petrolero y podamos desarrollar con entera autonomía.

                                               UN ACUERDO ECONOMICO

Proponemos diseñar un Programa de Prosperidad Económica Sostenible de largo aliento, que parta del mundo Interuniversitario e Interempresarial, que tome en cuenta la ventaja petrolera que hoy tenemos y que fortalezca decisivamente a la Economía Privada no Petrolera y su columna vertebral provenga de las vocaciones competitivas regionales[2]. Un Programa cuyo principal objetivo sea devolverle el bienestar y calidad de vida al pueblo venezolano.

Un Programa, cuyas líneas maestras bien podrían ser diseñadas por 4 o 5 de nuestro mejores Economistas y alimentado por las recomendaciones y propuestas de las asociaciones empresariales: Fedecámaras, Fedeagro, Fedenaga, Conindustria, Consecomercio y sus bases regionales.

                                                UN ACUERDO CIVIL

Comenzamos estas notas reclamándonos haber abandonado a Venezuela y exigiéndonos una conducta activa de participación en la cuestión publica como sociedad civil. Aprovechemos esta oportunidad que trágicamente nos presenta la naturaleza para repensarnos como la sociedad y actuante que rearma ese país con el que siempre hemos soñado. Es la hora de articular propósitos generales y de crear la institucionalidad civil[3] que nos permita opinar, intervenir y hacerle seguimiento a quienes entregamos el poder político.

Tomemos como referencia la palabra de Bolívar:

          “Por tanto, es preciso que en todos los gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido y desarme al ofensor”.

Tomemos todos partido por Venezuela y no la dejemos solo en manos de los partidos políticos, de las Fuerzas Armadas y menos de un gobierno extranjero. 
 

[1] (Bolívar, Simón, Discurso de Angostura, “En ideas de un espíritu visionario “, Monte Ávila Editores, Caracas, 1990, página 55 a 62). Cortesia de un ensayo del Dr. Juan Garrido Rovira

[2] El “granero” de Portuguesa y Barinas, el “turismo” de nuestras playas, el “ganado” del Sur del Lago, la “metalurgia” de Guayana, la “industria”, que aún nos queda, los “cultivos” del Táchira o de los Altos Mirandinos, los “servicios y la tecnología” que hemos logrado crear y el talento de nuestro pueblo, el que se quedó y el que se ha ido. 

[3]  El Dr. García Pelayo propuso una vez crear una “Cámara Cívica”