Noris Aguirre se convirtió en la primera mujer en presidir la Bolsa de Valores de Caracas el 16 de abril de 1993 y hasta el momento es la única. Un año más tarde decidió cortar con ese cargo al asumir la presidencia del Fondo de Protección Social de los Depósitos Bancarios (Fogade) en medio de la peor crisis financiera que hasta el momento ha afrontado Venezuela a inicios del segundo gobierno de Rafael Caldera.
En más de 30 años, el corro bursátil caraqueño ha sido fiel reflejo de lo que ha sido Venezuela desde los años 90 del siglo XX y ha afrontado el sombreado brillo de los caballeros que han estado al frente de la Bolsa desde 1994.
Ella haciendo gala de su precisa memoria, los documentos que preserva, que incluye la hemerografía que conserva en su relación con la prensa económica especializada, decidió escribir el libro “Desde el corazón de las finanzas. Relatos sobre el valor de no ponerse límites”.
El relato se centra en la trayectoria de una profesional apasionada por el mercado de capitales, incluyendo su vivencia en Fogade en medio del colapso de un tercio de la banca venezolana.
-¿Por qué ese título?
-El corazón de las finanzas es porque desde que yo entré a la Comisión Nacional de Valores mi vida profesional ha sido en el campo de las finanzas, mercados de capitales, la banca comercial y después la banca extranjera. Yo no puedo reinventarme y eso es lo que siempre dije cuando llegó la época que la gente decía que se reinventaba. Yo no podía y tuve el privilegio de que pude seguir trabajando en lo que a mí me gusta y lo que estudié.
En cuanto al subtítulo, es un mensaje para las mujeres y también para los jóvenes en general. En el caso de las mujeres es porque pienso que no tienen que ponerse techo y todo parte de los objetivos que se planteen, lo que quieren hacer con su vida profesional a corto, mediano y largo plazo. También hay que ser humilde para reconocer errores, tener paciencia para estudiar y subir cada escalón; y hablo de los jóvenes en general, porque siempre me ha gustado trabajar con gente joven.
-Alguien diría que usted está incurriendo en lo que llaman hoy día “edadismo” por querer solo trabajar con jóvenes y no con la gente con más edad o trayectoria
-Yo nunca he sentido eso. Tampoco tuve problemas para relacionarme en el mundo de los hombres como fue al principio la bolsa y pude llegar donde llegué. Si uno es bueno trabajando, se quiere ascender y progresar, eso se puede dar con todo gusto y eso me tocó sobre todo en el Citibank donde había gente que estaba llegando con masters.
En los años 90 del siglo pasado fue la época de oro del mercado de capitales, la banca extranjera y la llegada de inversionistas extranjeros en Venezuela. Para mí fue muy importante porque todos los estudiantes que salían de algún master en Estados Unidos iban al Citibank en Caracas porque querían entrar en el mercado de capitales.
Más bien yo tenía que escoger y me siento muy orgullosa del equipo que se armó en el Citibank con gente que hoy en día está trabajando en sitios muy importantes y tengo relaciones con ellos.
La crisis financiera de 1994 y 1995
-Usted fue la primera mujer -y hasta ahora la única- en presidir la Bolsa de Valores de Caracas; y también fue la primera mujer en tener esa posición en todas las bolsas de valores del mundo. ¿No le parece que su periodo de gestión fue como muy corto y truncó ese proceso en el mercado de capitales para irse a Fogade?
-Hubo gente que me tocó la fibra sensible. Yo soy muy pro país y entonces me decían que no podía quedarme aquí en una campana de cristal, mientras que el país se caía a pedazos. Yo sabía que iba a truncar mi carrera para hacer lo que yo quería, porque habíamos empezado muy bien, pero llegó la crisis bancaria y me tocó lidiar con ella el primer año. Lo hice sabiendo que estaba acabando una época y que ya yo no podría pertenecer más al mercado de capitales.
-Pero entra a Fogade justo cuando Ruth de Krivoy generó un caos por la renuncia al Banco Central de Venezuela.
-Yo entré a Fogade el 26 de abril de 1994 y dije que se debía evitar que Ruth de Krivoy renunciara al Banco Central de Venezuela porque íbamos a tener un zaperoco como efectivamente ocurrió. La doctora Krivoy renunció al día siguiente y se fue de la peor manera que se puede ir alguien de un cargo, pero fue ella la que firmó el contrato de los auxilios financieros y después fui yo quien tuvo que llamar a los mejores abogados y contadores para saber si lo que se había aprobado era un contrato de venta por retracto o un préstamo con garantía porque esos recursos de los auxilios iban con cargo al presupuesto de la Nación.
-¿Por qué el presidente Rafael Caldera no le ofreció presidir el Banco Central?
-No tengo las condiciones para ir a la presidencia del Banco Central.
-En cambio asumió la responsabilidad de presidir Fogade y eso me lleva a preguntarle: ¿Qué sabía usted de la crisis financiera antes de que ocurriera la intervención del Banco Latino?
-Yo sabía de la situación de los bancos. Estaba en la bolsa y tenía contacto con todo el sistema bancario y sabía lo que estaba pasando.
-¿Ese 16 de enero de 1994, no se sorprendió cuando ocurrió la intervención del Latino?
-No me agarró desprevenida y sabía desde julio de 1993 que el problema no era solamente el Banco Latino.
-Ese año el Latino pagaba tasas de interés en ahorro superiores a 70% y eso era inviable desde todo punto de vista.
-La mayoría de las personas no recuperaron ese capital. Eso es lo triste. Yo sabía lo que estaba pasando en el sistema.
–El exministro de Hacienda, Pedro Rosas Bravo, en el libro “La crisis bancaria 1993-1994: El Banco Latino: Anatomía de una muerte inducida” ya parte de una motivación -si se quiere política- para ordenar la intervención.
-La muerte inducida me tiene hasta aquí. (Hace un movimiento con el brazo derecho y se lleva la mano a la cabeza). Pedro Rosas Bravo fue ministro de Hacienda del señor Carlos Andrés Pérez. Era un hombre serio, conocedor del mundo financiero y una de las primeras cosas que hizo cuando estuvo en ese cargo fue llamarme cuando yo era directora de la Bolsa de Valores y me dijo que el gobierno quería una ley de mercado de capitales completa, bien hecha y que buscara a abogados especialistas para redactar una nueva ley para ir a Washington.
Pedro Mezquita y Carlos Nevett se fueron conmigo. Estuvimos un mes trabajando con la SEC (Comisión de Valores de los Estados Unidos) junto con el Banco Mundial y otras organizaciones. Trajimos un proyecto de ley, pero lamentablemente los acontecimientos políticos del gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1992 y 1993 liquidaron ese proyecto. Cuento esto porque lamenté que no pude hablar con él porque murió y no le pregunté por qué se prestó para hacer ese libro.
Eso que afirmó no es gratis. Eso tiene mucho dinero por delante y lo tendrán los herederos. Esto lo digo con todo mi conocimiento.
-¿Quiere decir que la intervención del Latino era irremediable y rechaza que se haya dicho que fue una “vendetta” (venganza) del presidente Rafael Caldera? Le hago esta pregunta porque también se ha dicho que ese banco estuvo favorecido por el hecho de que Pedro Tinoco fue presidente del Banco Central en el gobierno de Carlos Andrés Pérez.
-Yo ahí no quiero hablar mucho, pero sí puedo decir que la banca sabía y conocía que se debía modificar el sistema y que estaba en problemas de solvencia. No todos los bancos, pero la gran mayoría tenía problemas de solvencia. Los problemas de liquidez se resuelven muy fácil, pero los problemas de solvencia se solventan metiéndose la mano en el bolsillo por parte de los dueños de los bancos y eso nunca lo hicieron.
El problema era que el Banco Latino estaba en la peor crisis que había tenido Venezuela y se iba a llevar por delante a muchos bancos. Eso lo sabían todas las autoridades. Por ejemplo, en el caso del Banco de Maracaibo, estaba con el Banco Latino y tenían acciones, era parte del capital del Banco Latino. Lo mismo ocurría con el Banco Barinas.
Yo una vez le pregunté a Juan Domingo Cordero: ¿Por qué tú tienes que ser director de banco si tú tienes tu vida hecha en la bolsa? ¿Para salir después corriendo de este país? Los mismos banqueros sabían lo que les venía. Entonces me van a decir a mí que fue una vendetta del presidente Rafael Caldera. ¡Por favor!
-Dentro de tantas cosas que se dijeron se mencionó el hecho que el presidente Caldera estaba molesto por el viraje que tuvo Pedro Tinoco, quien había sido uno de sus colaboradores en su primer gobierno y después fue “Carlosandresista” y por eso las especulaciones políticas.
-Eso no tenía nada que ver, eso es otra cosa.
-En todo caso, ¿sí hubo manejos irregulares de la banca que llevaron a esa crisis?
-Totalmente y para entenderlo, Gustavo Rossen es el mejor para el conocimiento de todo el organigrama de empresas que tenía el Banco Latino para beneficio propio.
-Leyendo su libro diera la impresión que la situación se agravó en marzo del 1994, cuando el entonces Congreso aprobó la Ley de Protección al Depositante que elevó la protección de los ahorros de un millón a cuatro millones de bolívares.
-Eso se hizo sin análisis de ningún tipo. Eso costó dinero porque eso no se ha debido hacer por el daño que se le hizo al país y lo que le costó al país esa crisis. Estamos hablando de casi el 20% del producto interno bruto.
-Diera la impresión que también hubo impericia por parte de la Superintendencia de Bancos porque menciona que retrasaba la decisión de intervención y mantenía la política de auxilios financieros en casos como los bancos Venezuela y Consolidado.
-Desde el primer día yo hablé con el doctor Julio Sosa, quien era el ministro de Hacienda. Todos sabíamos cómo era el problema de la Superintendencia. No desde ese momento, sino antes porque no había ni una computadora, no había información y la poca información que tenían era la que pasaban los bancos de acuerdo con la ley y la que el Banco Central de Venezuela quería pasar. El personal de la superintendencia ganaba muy poco y en otras instituciones ganaban mucho más. ¿Qué sucedió? Que cuando llegábamos a un banco y decíamos que debíamos hacer una inspección y la terminábamos, encontrábamos que ese banco tenía todos los problemas de morosidad.
-¿No había capacidad de supervisión de la Superintendencia?
-No la había. ¿Entonces qué hice? Logré que me dieran la autorización de traer una cantidad de gente ad honorem, porque no cobraban nada, que conocía de balance de bancos; y que en el término de la distancia me dieran una opinión y ahí salen los casos de los bancos Venezuela y Consolidado.
-Diera la impresión que muchas veces estuvo en desacuerdo con las decisiones que tomó la Junta de Emergencia Financiera.
-Con la Junta de Emergencia no tanto, pero yo creo que mi principal desacuerdo fue al momento de intervenir a los bancos. La Junta de Emergencia se creó una vez que logramos la intervención de los bancos el 8 de junio de 1994. Entre mayo y junio hay muchos feriados bancarios y teníamos ya todo listo para intervenir a los bancos que no tenían solución, y que el único que no estaba en esa situación y siempre lo digo era el caso de Fivenca.
Íbamos a intervenir la semana anterior al 8 de junio y el superintendente de bancos, Tesalio Cadenas, se desapareció y yo brava dije: “Hay que botar a Tesalio Cadenas”. Yo siempre he sido muy clara en mis cosas. También se lo dije a Tesalio: “¿Cómo es posible que tú no hayas permitido ni siquiera la intervención sino ya liquidar esos bancos?”. Eso nos hubiera ahorrado muchísimo en gastos necios y superfluos, porque los liquidadores siempre entran para quedarse y nunca les gusta liquidar un banco porque ganan mucho dinero.
-¿Por qué costó tanto eliminar la política de los auxilios?
-Yo fui quien dije que hasta ahí llegaban.
-Se lo pregunto porque se dieron los auxilios a ocho bancos después del Latino, y después vinieron otros.
-Yo no participé en eso. Yo nada más otorgué 504.000 millones de bolívares con todas las notas para que se viera cuál fue mi actitud frente a eso. Desde el primer día, yo quería eliminar los auxilios. Yo sabía el problema que había en el país porque nos afectaba también en el mercado de capitales.
En marzo de 1994 empezaron unos rumores de que me iban a nombrar presidenta de Fogade, y yo respondía: “Yo nada que ver con la banca porque se me ha olvidado”, pero un día me llamó el doctor Julio Sosa, yo le dije que yo estaba en la Bolsa de Valores y también se lo manifesté al presidente Caldera.
También dije con respecto a la crisis bancaria que había que hacerlo de manera diferente y que se debía poner a alguien por encima de los tres funcionarios que estaban manejando la crisis. Propuse que nombraran a un grupo que supiera de bancos y luego me informaron que no aceptaron lo que propuse, pero me insistieron que yo tenía que ayudar.
Para mí fue muy difícil aceptar. Mi hijo, que tenía 19 años, me lloraba casi cuando me que pedía que no aceptara y me decía: “No aceptes porque te van a poner presa”.
-Al final del libro menciona que tuvo que afrontar una serie de juicios.
-Totalmente hasta finales de 1997.
-Le preguntaba sobre los auxilios financieros porque el país se endeudó en 7.000 millones de dólares y solo se recuperó 1.000 millones de dólares al cierre de su gestión en Fogade.
-Aproximadamente. Yo logré hacer toda la documentación para una recuperadora de activos y para que no quedara en Fogade la venta de los mismos como se hace en Estados Unidos cuando se liquidan los bancos.
-Pero señala que no hubo la recuperación de activos y más bien dice que todo terminó en una fiesta de adjudicación de activos.
-Es así. Eso fue lo que pasó. Empezaron a repartir todos los edificios y toda la gente del gobierno se llenó de edificios.
Las obras de artes
-Hay una parte del libro que se refiere a las obras de arte que formaban parte de los activos de los bancos intervenidos ¿Qué pasó en ese caso? ¿Por qué dice que fue un proceso complicado? Usted deja a los lectores en suspenso con el tema de las obras de arte.
-Había mucho ruido con el tema de las obras de arte.
-Dicen que detrás de esas obras de arte estuvo Sofia Imber para llevárselas al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.
–Yo nunca oí eso. Quizás fueron rumores, pero nunca los escuché. Los bancos que tenían importante colección de obras de arte eran el Banco de Maracaibo, que contaba con una muy buena colección de arte popular y además a mí me gustaba. Yo tenía arte popular en mi casa y conocía a los artistas populares y eso se le entregó en comodato al Centro de Arte Lya Bermúdez.
El Banco de Maracaibo también tenía la mejor colección de monedas que había de este país y había un señor que había avaluado esa colección. Él estaba vivo y lo que se decidió fue que volviera a hacer un avalúo para después entregar en comodato esa colección de monedas al Banco Central.
-¿Qué ocurrió con el resto de las obras?
-¿Se la cogieron? ¿No se la cogieron? No sabemos en qué terminó eso. El otro caso era el del Banco Consolidado tenía muy buenas obras y en el momento de la intervención tenía una exposición con la colección de grabados en blanco y negro de Francisco de Goya. Estamos hablando de obras que eran propiedad del Consolidado, que habían comprado hacía tiempo. Eso lo manejó Rita Salvestrini, quien fue directora del Centro Cultural Consolidado. Cuando yo le pedí el inventario de todas las obras, ella me dijo que no había inventario. Fue difícil hablar con ella. Fue entonces cuando recurrí a María Corina Borja, y a Axel Stein, quien se ofreció ayudarnos gratuitamente porque nos conocía.
En ese momento salió un artículo de Rafael Poleo diciendo que yo quería cogerme las obras y llevármelas a Estados Unidos. Puro bla, bla, bla. Entonces Axel me dijo que no podía meterse en líos y que no podría seguir ayudándome. Otro que tenía obras buenas era el Banco Metropolitano, del Grupo Confinanzas, que muchas se las llevaron. Los demás bancos no creo que hayan tenido muchas obras de arte. A lo mejor el Banco Construcción tuvo algunos cuadros, que también se los llevaron.
-¿Quiénes se llevaron las obras?
-Los mismos banqueros.
Los edificios de los bancos, la crisis inconclusa
-¿Diera la impresión que hay aspectos de la crisis financiera de hace más de 30 años que no está concluida si vemos lo que ha pasado con los inmuebles que le quedaron al Estado, como el caso de la Torre de David del Grupo Confinanzas?
-Legalmente sí está acabada. Cuando entró Hugo Chávez lo que hizo en Fogade fue que todos los inmuebles y edificaciones se pasaron a una famosa inmobiliaria que constituyó el gobierno y ahí es donde se perdió la traza.
-Se lo preguntaba porque esos inmuebles se hubieran podido vender en vez de ser edificios de organismos.
-Eso era lo que se pretendía con la recuperadora de activos.
-¿Ese plan de la recuperadora hubiera podido solventar parte de lo que se entregó en auxilios financieros?
-En poco tiempo. Teníamos inventariado el 90% de todo.
-¿Diría que triunfó la fiesta de adjudicación por encima de la recuperación de activos?
-Claro, eso fue lo que ocurrió. Todo el mundo lo sabe. Se regalaron o se cogieron lo que sea o se adjudicaron, se asignaron edificios y todavía hay activos por ahí que están ahora en esa compañía que el gobierno de Chávez fundó.
-¿Esos activos podrían salir nuevamente a la venta porque siguen siendo del Estado?
-Es muy difícil. A mí me llamaron recientemente porque querían saber si unos activos todavía estaban en manos de Fogade o no. La verdad es que ya nada está en manos de Fogade, que ni siquiera pudo liberar hipotecas porque no tenía ni presidente ni abogado y la gente quería que le liberaran las hipotecas porque todos esos créditos hipotecarios cayeron en manos de Fogade.
-En el libro señala que un aspecto que agudizó la crisis financiera fue la falta de competencia por el retraso en la entrada de la banca extranjera y vimos como el gobierno del presidente Chávez revirtió esa presencia. ¿En la actualidad urge nuevamente que Venezuela tenga banca extranjera?
-No sé si urge es la palabra, pero aquí no va a entrar un bolívar mientras que no se arreglen las cosas, porque se necesitan todos los millones del mundo.
-¿Qué debería ocurrir con la banca venezolana?
-Es que la banca venezolana no tiene capacidad ni para otorgar un piche crédito de 2 millones de dólares de PDVSA. Hay que reconstituirla. El gobierno, a través del Banco Central, está haciendo muy mal las cosas por lo que pasó en julio con el tipo de cambio, que lo manejaron solo cuatro bancos cuando todos los bancos tienen sus clientes que necesitan divisas. En Venezuela casi 50% de la banca está en manos del sector público. Otro problema que tenemos es que debemos ponernos al día con las deudas que se tienen e igual ocurre con las obligaciones que se tienen con los organismos multilaterales.
-Para qué se reconstituya la banca venezolana, ¿se requiere que vuelvan bancos extranjeros?
-Los bancos extranjeros van a entrar a Venezuela de mil amores el día que haya seguridad jurídica. Hasta el momento no han entrado las grandes petroleras. Se habla mucho de conversión de deuda en inversión, pero eso solo lo hicimos la gente de mi generación. Yo hice mucho eso en el Citibank, pero los jóvenes que están hoy día en la banca venezolana y toda esta gente nueva nunca han hecho eso.
-¿Cómo percibe el mercado de capitales actual?
-Tiene sus productos.
-Pero sigue siendo un mercado muy pequeño si se compara con lo que fue.
-En Venezuela se necesita más capital y más empresas que puedan salir a la bolsa. Ahora hay algo muy interesante con los casos de Ridery, Yummy e incluso de Cashea, que tienen en sus manos la forma para atraer la inversión extranjera que ayude a los inversionistas ángeles, es decir, captar ese capital que necesitan. Yo creo que las empresas necesitan utilizar más la Bolsa de Valores de Caracas.
-¿Por qué en Venezuela ha costado avanzar con la democratización del capital que tanto se menciona como beneficio de la Bolsa de Valores?
-Eso se lo tienes que preguntar a los políticos y a los empresarios. Los primeros que no quieren la democratización del capital son los políticos y las empresas, aunque no todas. Creo que eso está cambiando. Lo que nosotros logramos en los años 90 no se volverá a repetir a menos que se trabajé muy duro. Nosotros logramos que varias empresas fueran al mercado de capitales con acciones y las llevamos después internacionalmente.
La mujer en el mercado bursátil
-¿Por qué cree que cuesta tanto que una mujer vuelva a ser presidenta de la Bolsa de Valores? ¿Persiste un tema de discriminación o es que la mujer venezolana se ha vuelto cómoda y le da flojera asumir esa responsabilidad?
-No, no creo que sea eso. Yo traté con una persona, pero antes de todo esto. La verdad es que no puedo decir qué pasa, pero en otras áreas hay mujeres en cargos directivos en las empresas e industrias. Hay algunas en la misma banca.
-¿En el tiempo que usted fue presidenta de la Bolsa de Valores sintió que la discriminaban?
-Nunca. Yo no sentí discriminación para nada. Yo llegué al Citibank, que es cuando cambia mi carrera profesional. Yo estaba en la banca comercial porque no había mercado de capitales, el cual se acaba cuando se dejan de emitir cédulas hipotecarias. Yo me voy al Citibank precisamente porque me ofrecen la posibilidad de que el mercado de capitales funcione, progrese y se puedan llevar las empresas.
Yo estaba pasando de una banca familiar y dije: “Dios mío, yo me voy a meter en un banco extranjero que no sé cómo es”. Logré adaptarme a eso, y me gustaba la forma de operar de ellos. Yo me siento muy feliz de haber trabajado en el Citibank y creo que he sido la única persona que pedía permiso en Nueva York para hacer cosas. El Citibank no garantizaba emisiones en ninguna parte de Latinoamérica, creo que había hecho una en Brasil nada más. Bueno, lo cierto fue que yo logré que me dieran el permiso para garantizar la emisión de acciones de Sudamtex, y fue un éxito. Ese año la Bolsa rindió casi el 400%, o sea que logramos hacer cosas interesantes para desarrollar el mercado.