La señora Delcy Rodríguez habló en la ONU de renacimiento. Asumimos que no se refirió a un renacimiento similar al del siglo XV que permitió a Europa salir del oscurantismo de la Edad Media, aunque hoy algunos estudiosos dicen que ese oscurantismo no fue tal. Lo que no admite duda es que en Venezuela hay más horas de oscuridad que en los Polos durante los meses de invierno, por lo que debemos asumir que se refirió a su propio renacimiento. Pasó de ser perseguida por quien llamaba “el imperio satánico”, a ser la consentida del mismo. ¿Quién es realmente Delcy Rodríguez?
Los demócratas la calificamos de usurpadora y violadora de los derechos humanos. Los chavistas le dicen la traidora. Para los damnificados de La Guaira es la desentendida. Para el presidente Trump es la cómplice necesaria. Para la admirada Anne Applebaum, ella y Trump están al frente de dos cleptocracias que colaboran para beneficiar a personas cercanas a ambos gobiernos. No falta quienes la llaman la resentida, por considerar que tiene un trauma por la muerte de su padre, torturado hace cincuenta años mientras estaba preso para sacarle información sobre el secuestro del industrial estadounidense Niehous. Sin duda que este repudiable asesinato traumatiza a cualquier hijo. Ella misma reconoció que lo que hacía “era nuestra venganza”. Su hermano, el siquiatra Jorge, no pudo tratarla porque también devino en paciente.
Identificación por exclusión: Solo a título de ejemplo, podemos citar que su caso no es similar al de Bernabé Gutiérrez, quien brincó la talanquera hacia el lado del régimen para que le asignaran la tarjeta de Acción Democrática. Tampoco el del engominado egocéntrico Hermann Escarrá, quien brincó la talanquera porque no podía descollar entre excelentes constitucionalistas demócratas como Brewer-Carías, Gustavo Tarre y Gerardo Blyde y, en cambio, es una estrella dentro del mediocre grupo de abogados del régimen. Delcy no se vendió como Enrique Ochoa Antich y Timoteo Zambrano, quienes cambiaron de bando para disfrutar de la embajada en Suiza y en España, respectivamente.
Los motivos de Delcy: Con su cara de yo no fui, quiere aparentar ser más una víctima que una victimaria. No es tonta. Está consciente de que en una elección libre no gana ni compitiendo sola. Abjuró de su prédica antiimperialista. Ahora sonríe a Trump, al Jefe del Comando Sur que capturó a Maduro y a los directores del FBI y de la DEA. No solo se pasó con armas y bagajes al equipo que siempre consideró su enemigo, sino que generosamente le regaló parte de nuestro petróleo y del oro. Repudió a Diaz Canel, a Ortega y a los ayatolas. También, al menos de palabra, marca distancia con la guerrilla colombiana y el narcotráfico.
Algunos dicen que acepta que Trump la humille con la esperanza de que en noviembre pierda la mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes, y así disminuya la presión sobre su régimen de facto. Sin embargo, esa no pareciera ser su opción favorita. Trump y ella se sienten confortables haciendo negocios, pero cabe preguntar para qué quiere más dinero. Mientras permanece en Miraflores pierde aceleradamente el poco apoyo que le queda de los suyos y no podrá resolver los principales problemas que afectan a la población. Políticamente está chamuscada.
Quizá su tozudez en no dejar el poder sea por temor a que Trump, se la lleve como a Maduro por impedirle seguir con los negocios de ambos. También que su entorno corrupto y violador de derechos humanos la amenace si intenta abandonarlos. Es decir, si escapa del sartén, cae en la olla.
Conclusión: Delcy no se apropió de la presidencia por ceder un sencillo plato de lentejas, sino por entregar nuestra soberanía, parte de nuestro petróleo y del oro. Con el debido respeto por la Biblia, Jacob se apropió indebidamente de la primogenitura y la ejerció durante su vida. Delcy se adueñó temporalmente de la primera magistratura y siempre tendrá el estigma de haber entregado lo que le pertenece a la nación venezolana.
Como (había) en botica:
La distinguida abogada Rocío San Miguel permaneció casi dos años detenida por señalamiento, realizado por el entonces Fiscal General Tarek William Saab, de traición a la patria, conspiración, terrorismo y asociación para delinquir. El juez Carlos Liendo llevó el caso y ordenó su privación de libertad a principios del 2024. Ahora, la jueza Alejandra Romero la absolvió. Este es uno de los cientos de atropellos realizados por fiscales y jueces, siguiendo órdenes de Chávez, Maduro y de Delcy Rodríguez.
Según el Foro Penal Venezolano, todavía hay 324 presos políticos. Por cierto, este mes de octubre se inicia en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, la audiencia por la masacre del 11 de abril del 2002, responsabilidad de Hugo Chávez. Freddy Bernal y los generales de la Guardia Nacional Belisario Landis y Eugenio Gutiérrez deben ser investigados.
¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!
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