El riesgo social
La primera manifestación de este riesgo es la que hemos comentado, ya que toda devaluación afecta el ingreso real de la población, aunque este podría corregirse si otros factores de riqueza lo compensaran, pero no ha sido así en nuestro caso[2]. La segunda consiste en que la relación entre la tasa de cambio y la inflación es extremadamente inflexible y que devaluar la empuja al alza y otra vez tenemos un efecto de deterioro del ingreso real, especialmente en los sectores más vulnerables. Estaría demás insistir en la gravedad de un impacto como este en la situación social, el que termina en sus efectos estructurales en el más largo plazo con los elevados índices de pobreza que registra nuestro país. Niveles impensables en contraste con la magnitud de los ingresos petroleros percibidos.
Si después de 100 años de explotación petrolera exhibimos una población del orden de 15 millones o más personas en esas condiciones y viviendo precariamente alrededor de nuestras principales ciudades. ¿No será esta suficiente razón para evitar una política del petróleo como único sostén? Bien sabemos que el petróleo genera bienestar, pero también que produce miseria, ¿Por qué?
El riesgo del Estado propietario
Porque para mantener ese Estado es necesario exprimir al resto de la sociedad sea, como hemos indicado, devaluando para mantener el Fisco a expensas de ella o, si esta medida no fuese suficiente, elevando los impuestos internos o finalmente apelando al endeudamiento, cuyas consecuencias son de todos conocidas. Por tanto, si algo hay que revisar es el formato del Estado como único administrador y dueño del recurso petrolero, a juzgar por los trágicos resultados, económicos, sociales, políticos e institucionales en que estamos envueltos.
La economía en ruinas, la petrolera igualmente. Instituciones desarmadas y desequilibradamente compuestas. La Pobreza como gran resultado. Un Estado que no puede cumplir con sus compromisos básicos. Un Poder Ejecutivo excesivamente poderoso e influyente. Son estos los riesgos de haberle delegado todo al Estado propietario. Si vamos en dirección de mantener ese “status quo” bien vale la pena reconsiderar cambios en esa modalidad de gestión del país.
Los riesgos políticos
Probablemente bastaría con considerar los riesgos económicos para revisar la política del petróleo como único sostén, pero resulta que también hay riesgos en otros ámbitos que podemos atribuirle.
Petróleo y partidos políticos
En primer lugar, del formato de propiedad del petróleo se desarrolla una conexión ampliamente conveniente al liderazgo político, tal que le permite manejar el país sin tener que depender de los ingresos de los venezolanos, de la economía interna, de la opinión pública y del resto de la sociedad civil, como ha sido hasta hoy. La frase “Partidocracia y Petróleo” revela esta conducta y se suma a una ecuación que se agrava exponencialmente si, gracias a ese formato de apropiación, se crean las condiciones para que se imponga y consolide un partido único en el poder.
Pérdida del poder político
El segundo de los riesgos políticos consiste en que, cualquier intento de salir de ese esquema de excesiva dependencia del petróleo, choca con demasiados obstáculos e intereses porque, acostumbrados a vivir de él, tanto los partidos políticos como toda la sociedad civil, los cambios requieren de un altísimo nivel de consenso político difícilmente de construir, porque precisamente el ingreso petrolero socava las bases instituciones de mediación política[3]. Cuando ese consenso no existe, no se logra o no se promueve, el poder político se debilita, como bien registra nuestra historia.
El riesgo de deterioro democrático
Defender que nuestra democracia perdió eficacia gubernativa y representativa no es una novedad para los venezolanos y varios estudios así lo comprueban[4], pero atribuir este riesgo al tema petróleo quizás sea algo menos explícito y discutido porque, en general lo explicamos como un cambio que se genera en el estricto campo político. Diferencias entre los partidos democráticos, pérdida del consenso que se originó con el Pacto de Punto Fijo, deficiencias del sistema electoral, pérdida de confianza de los venezolanos en los partidos, etc., etc. hasta todas ellas intentan explicar el fenómeno.
No obstante, en nuestra opinión el hecho del dominio del petróleo como único sostén del país, tiene que ver con ese deterioro porque, como bien lo demuestra la experiencia, cada crisis de pérdida de ingresos provocaba una alteración del orden social, de tal magnitud y profundidad que terminaba causando daños al orden democrático. Una consistente y reiterativa política de devaluación de la moneda, para sobrevivir en los peores momentos de crisis, generó el principal detonante de empobrecimiento generalizado de la población. Como esta causalidad no es tan explícita para la sociedad, esta termina atribuyéndola a una democracia que no responde a sus necesidades y expectativas. Obviamente, en los peores momentos pierde toda la confianza en ella.
El riesgo geopolítico internacional
Pero, de todos los riesgos políticos el más significativo de ellos es que el petróleo, como nuestro único sostén, conduce a una extrema dependencia de la coyuntura económica internacional lo cual ya sería bastante decir, pero lo peor es que coloca al país demasiado vinculado a los juegos de la geopolítica internacional y termina girando alrededor de los intereses de los grandes poderes mundiales, llámense americanos, rusos o chinos o cualesquiera. Venezuela, gracias a ello, ha estado excesivamente condicionada a esos poderes. Tanto es así que ahora, de lo único que se habla, es si se mantienen o se eliminan las conocidas sanciones, pendiendo del “hilo” de específicos intereses internacionales. Por supuesto, no estamos pensando en una Venezuela autárquica en estos tiempos, pero sí en una que pueda gozar de una mayor autonomía frente a ellos.
Algunas conclusiones
Narrados estos hechos, nos permitimos llegar a algunas conclusiones. La primera: siendo que el petróleo va a seguir allí por largo tiempo y que los pronósticos de su peso en el consumo mundial así lo indican[5], tenemos que evitar esa condición de “único sostén” a que hemos aludido y desarrollar una economía elevadamente diversificada en la producción de divisas, la cual, específicamente, aumentaría el grado de autonomía económico y político de la Venezuela contemporánea.
La segunda: no se puede continuar con el guion de una economía petrolera y otra no petrolera, pues la primera tiene que integrarse y fortalece a la segunda, de manera tal de reducir al máximo los riesgos descritos. La tercera: como debe parecer obvio, es que se debe modificar la estructura del Estado Propietario y hacer a los venezolanos realmente dueños de su principal industria. Quizás así, se pueda dirigir al petróleo en dirección del interés de toda la sociedad y no solo de algunos. En tal sentido, ofrecemos unas reflexiones sobre un enfoque y una propuesta distinta de explotación de ese producto.
[1] Este artículo fue publicado en su forma corta por primera vez en los medios nacionales y fue especialmente ampliado para nuestra Revista.
[2] En el caso venezolano, como se puede comprobar en cualquier periodo, ninguna política de subsidios, subvenciones o salario mínimo ha sido suficientemente compensadora.
[3] Referencia al conocido estudio del IESA “Una ilusión de armonía” que discute y comprueba eficientemente esta tesis.
[4] Véase artículo publicado en la Revista de Integración Nacional Año 2, No.2
[5] Publicaciones de BP, Shell, Exxon, IEA etc.