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Riesgos economicos y politicos de la Venezuela petrolera ([1]).  Parte I

petroleo
Tiempo de lectura: 6 min.

 Por el camino que vamos, y por las noticias que se originan adentro y afuera, todo parece indicar que el quid pro quo de una modificación en el sistema de sanciones será económico y no político, en especial por la insistente defensa de las inmensas ventajas que le reportaría a Venezuela una inyección de capitales extranjeros en la industria petrolera. Sin lugar a dudas, obtener millares de millones de dólares para rehacer la tragedia de PDVSA y elevar la producción del crudo y el valor de las exportaciones, tienen una repercusión indudable en la depauperada economía y la sociedad venezolana. 

                                            Los beneficios.

En ese sentido, hay personas que están defendiendo los beneficios de una nueva apertura petrolera, pero focalizándose en “una sola cara de la moneda” y no en la otra. Desde luego el PIB global aumentará y el per cápita también. Al gobierno le ingresará más dinero y PDVSA, quizás, vuelva a convertirse en el emporio que fue. Algunos grandes capitales criollos se beneficiarán por una menor o mayor apertura a participar, dependiendo de que se modifique o no la legislación vigente. 

Sin embargo, un esquema de esas características, la alianza entre capital petrolero internacional y el Estado venezolano, que en buena medida repite nuestra historia pasada, nuestra Venezuela Petrolera, tiene estas ventajas, pero tiene riesgos importantes que deben ser considerados, cuando el petróleo se vuelva a convertir en el único sostén de toda la economía como fue hasta ahora.

                                    El petróleo como único sostén.

Estaría demás argumentar sobre este punto, porque todos sabemos la importancia y el peso que ha tenido en Venezuela, en especial como nuestro único proveedor de divisas, cual es su rasgo particular y el más relevante a los fines de estas notas. Sirvió, prácticamente solo, de soporte de nuestro país en los años que van de los 30s hasta los 50s, poniéndolo a crecer a tasas insospechadas. Luego, las reformas iniciadas en los 60s cambiaron en algo esa dependencia, en tanto que se creó una primera base industrial que, si bien tuvo un peso mayor en la estructura económica,  no logró  el impulso necesario para sustituirlo como el gran proveedor de divisas. A final de cuentas, las exportaciones y los ingresos petroleros siempre representaron un porcentaje elevado del total, el cual podría colocarse en un promedio del orden del 90% en todos los años. El aumento de los precios internacionales a mediados de los 70s reprodujo la Venezuela enteramente petrolera y el país se acostumbró a vivir con ingresos crecientes y extraordinarios, hasta que estalla la crisis de los años 80s, con las consabidas repercusiones económicas y políticas que tuvo.

 No aprendimos la lección y lo volvimos a colocar en el centro de nuestro universo y nunca pudimos sustituirlo por otra fuente de riqueza similar, especialmente porque cuanta crisis aparecía y exigía un cambio fundamental en la estructura económica, “apertura tras  apertura” resolvían la coyuntura. Tiempo después, tampoco aprendimos la lección cuando el gobierno que se inicia en 1999 lo hizo el vértice del bienestar, para luego culminar en los aprietos que vivimos hoy. 

Pareciera entonces, obvio y evidente que la economía del petróleo como único sostén[2] tiene un patrón de conducta que debemos examinar y no repetir. Su típica característica de hacernos mono-productores y mono-exportadores nos hace excesivamente dependientes del “oro negro” y de los riesgos que su explotación implica. ¿Será necesario repasar la película de la Venezuela petrolera de todos estos años para no darnos cuenta de los riesgos que contiene si volvemos a repetirla? 

                                    RIESGOS ECONÓMICOS.

                                    La volatilidad de los precios.

El primer riesgo que enfrentamos deriva de la característica volatilidad de los precios internacionales, cuando esta se manifiesta en forma incontrolada, como ha sido en la mayoría de los casos y a pesar de los esfuerzos de control y estabilidad iniciados en el seno de la OPEP. Para fines estrictamente ilustrativos presentamos las gráficas siguientes[3], las  que se explican por si solas y muestran ese fenómeno en el largo plazo.

Como puede observarse, tanto el precio de referencia europeo (Brent) como el norteamericano (WTI) revelan una clarísima evidencia de volatilidad la cual, como es bien conocido, no solo deriva de alteraciones en el mercado, sino que proviene de cambios en la coyuntura política, tal como ha sido en varias oportunidades y resulta en la actualidad.   

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                                            Los riesgos cambiarios.

El segundo tipo de riesgo se presenta en ámbito de balanza de pagos internacional, esto es en el precio de la divisa y de dos maneras distintas. En primer lugar, está el hecho de que, cuando la oferta de divisas se reduce, la respuesta de tendencia es a devaluar la moneda local, esto es el bolívar, lo cual ya es suficiente razón para evitarlo por sus nocivos efectos. Devaluar la moneda, como la palabra misma lo indica, expresa una debilidad intrínseca de la economía y, por consiguiente, una pérdida de ingreso real y de bienestar.

En segundo lugar, a ello se suma que, en las épocas de auge y de aumento de la oferta de divisas la tasa de cambio tiende a fortalecerse y reduce las posibilidades competitivas de otras actividades[4], por lo que se incurre en el particular dilema de devaluar en favor de aquellas para fomentarlas, pero reduciendo, por consecuencia, el ingreso real y el poder de compra de la población. Obviamente, ello implica un efecto empobrecedor generalizado. La raíz de ambos problemas estriba en permitir y promover que se mantenga una única fuente proveedora de divisas, tan inestable e incierta como la petrolera.

                                            El riesgo fiscal.

Si acaso no convence el argumento anterior, no olvidemos que, si el petróleo es la principal fuente de ingresos del Estado, y estos se reducen, la devaluación termina siendo el factor clave de equilibrio fiscal  y cuanto déficit se presenta la manera más sencilla de solventarlo es depreciar el bolívar. Luego, cuando los ingresos aumentan la tendencia al gasto es creciente, se afianzan compromisos gubernamentales, el gasto público se hace inflexible y la lógica salida es, otra vez, la devaluación[5]

Por otra parte, es de hacer notar, que los administradores del Estado se han acostumbrado a estas medidas sin control alguno. La experiencia nos dice que ese camino es contraproducente y que termina en graves crisis fiscales que culminan en serios problemas sociales, como los que se viven hoy día. Un Estado, cuya fuente casi única de ingresos es petrolera, no es capaz de mantener el ritmo de gasto de la sociedad y esta termina cargando con los costos de una política de esa naturaleza.
 

[1] Este artículo fue publicado en su forma corta por primera vez en los medios nacionales y fue especialmente ampliado para nuestra Revista.

[2] Hay quienes piensan que la “era petrolera” ya culminó y  que la situación de PDVSA así lo comprueba, pero muy lejos estamos de ese fin porque el petróleo sigue estando allí...

[3]Los gráficos fueron tomados de la pág. web MegatrendsLLc y solo pretende recordar a los lectores como fluctúa el precio del crudo en los mercados internacionales.

[4] Es la llamada “enfermedad holandesa”, la que solo tuvo validez en Venezuela cuando los aranceles se redujeron y dejaron de ser guías principales de las actividades económicas. 

[5]Obviamente, el endeudamiento es una posibilidad que requiere apoyo legislativo, pero no la devaluación.