Google me recuerda este periodo de nuestra historia:
"El Monagato (1847-1858) fue un periodo de la historia venezolana caracterizado por el gobierno hegemónico, nepotista y autocrático de los hermanos José Tadeo Monagas y José Gregorio Monagas".
No hay duda que hoy, a 180 años del Monagato, estamos gobernados por un Rodrigato, autocrático, hegemónico, pero totalmente tutelado por Washington. Los hermanitos Rodríguez, ambiciosos y sin escrúpulos, ejecutan su siniestro plan de permanencia mientras en Washington alaban su "great job" en la misión de trasladar el negro y viscoso botín hacia las refinerías y tanques norteamericanos.
Para nuestro infortunio, Washington no es más la capital de la otrora admirada democracia norteamericana, sino la sede de un gobierno autocrático, rocambolesco y neoimperialista al cual sólo le interesa exhibir un poder intimidante ante el resto del planeta. Y el éxito de la Operación Maduro del 3E es un trofeo que exhiben a los cuatro vientos
Ante esta realidad la oposición venezolana se encuentra de totalmente desorientada y desarticulada. Ni en sus peores pesadillas imaginó una "liberación de Venezuela" tan surrealista como la actual.
¿Quién iba a imaginar que a más de tres meses del 3E, Diosdado Cabello se estuviera burlando abiertamente de quienes piden elecciones libres, mientras amenaza a MCM con la cárcel por haber solicitado una invasión que fue la que, precisamente, colocó al Rodrigato en el poder?
En este momento la suerte de Venezuela está determinada por las ambiciones psicóticas del emperador anaranjado. Poco ha podido hacer Marco Rubio cuando, tibiamente sugiere que Venezuela debe enrumbarse hacia una democracia plena.
Ese grito ahogado pidiendo democracia que cada venezolano alberga actualmente en su pecho debe ser encausado por un gran movimiento nacional que permitan que esos millones de voces se unan en una sola. Solo así los centros de poder de USA, en este momento entretenidos por los insólitos acontecimientos de Irán y Oriente Medio, podrán impulsar los cambios necesarios en contra del pragmatismo imperial.
Eso es para mí, el gran reto de la oposición unida y articulada: hacer que nuestra voz se levante, que el mundo nos vea de nuevo. Solo así recuperaremos la esperanza que había resucitado con fuerza el 3 de Enero.