Venezuela posible: Reglas para reconstruir un país
Durante años hemos discutido la crisis en sus síntomas, inflación, migración, colapso de los servicios, sin detenernos en lo esencial: la ausencia de normas que se cumplan y se hagan cumplir. Un país no se reconstruye desde la improvisación, sino desde instituciones que generen confianza.
La experiencia internacional es clara. Países devastados, como Alemania y Japón en 1945, no comenzaron por repartir riqueza, sino por restablecer reglas. La confianza fue el punto de partida. Y sin confianza, no hay inversión, ni crecimiento sostenido, ni estabilidad posible.
Hoy comienzan a aparecer iniciativas que buscan reactivar sectores clave de la economía venezolana. Pero mientras estas se desarrollen al margen de la transparencia y sin garantías jurídicas, seguirán siendo esfuerzos parciales. Pueden generar actividad, pero no desarrollo.
La verdadera oportunidad de Venezuela no está en lo que ocurre ahora, sino en lo que podría ocurrir si el país logra reinstitucionalizarse. Eso implica, como mínimo, justicia independiente, árbitro electoral creíble y normas estables que no dependan de la coyuntura.
Pero hay un elemento que articula todo lo anterior: la legitimidad.
Nada de esto será sostenible si no surge de un mandato claro de la sociedad. La reinstitucionalización no puede imponerse; debe construirse sobre bases legítimas.
Eso solo es posible si el país es conducido hacia elecciones libres, transparentes y verificables, en las que el eje de la discusión no sea la coyuntura, sino el modelo de país. Elecciones donde las propuestas se midan por su capacidad de reconstruir instituciones, restablecer reglas y generar confianza.
Sin ese punto de partida, cualquier avance será parcial y reversible. Con él, en cambio, se abre la posibilidad de un cambio real.
Porque la diferencia entre un país que sobrevive y uno que progresa no está en lo que tiene, sino en las reglas que decide respetar.
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