Quise comentar la navidad

Estos son días para hablar sobre la navidad, que es un sentimiento para los encuentros familiares y de amigos, de regalos y de relajamiento social, pero el señor Maduro se ha empeñado en complicarle la vida al venezolano de a pie y hacer muy triste estos días, que debieran ser de regocijo y complacencia.

Con presos políticos, sin dinero, escasez de todo y una galopante inflación que se come el salario del trabajador, nos resulta difícil hablar de navidad. Nunca un Gobierno fue tan pésimo en la historia republicana del país como el que padecemos ahora. Podríamos compararlo con el gobierno del Cabito en lo despiadado para tratar al adversario político y en las bufonadas para referirse a los Estados Unidos de Norteamérica.

Provocadores, pendencieros y desafiantes, pero suerte de leones de alfombras. Antes, el paludismo y la fiebre amarilla diezmaron a la población, hoy con Maduro todas las enfermedades tropicales, a pesar de haber sido erradicadas, han reaparecido por ausencia de políticas sanitarias y por la brutal escasez de medicinas.

El señor Maduro (me resisto a llamarlo presidente porque su lenguaje y su conducta política son nocivos al ejercicio de la primera magistratura de la Nación), tiene una gran responsabilidad en el deterioro de la calidad de vida,  la seguridad de los venezolanos y en el ejercicio abusivo del poder; a él corresponde la garantía de los derechos y libertades de sus conciudadanos, por ello no  se comprende  la abulia de la Asamblea Nacional para declarar el abandono del cargo y así mismo, concluir las investigaciones sobre la doble nacionalidad del señor Maduro,  impedimento que se traduce en actos jurídicos y políticos de efectos establecidos por la ley,  articulado al principio de legalidad, vale decir, la necesaria vinculación entre la actividad de la Administración y el ordenamiento jurídico de la Nación. Es lo que dispone la ley de leyes.

La lucha de este pueblo ha estado nuevamente, desde hace más de una década, dirigida a conquistar la libertad a que tienen derecho todos los ciudadanos que integran la sociedad venezolana, y esa libertad se comienza a conquistar, en términos democráticos y constitucionales,  con un cuerpo electoral escogido con arreglo a nuestra Carta Fundamental que garantice la igualdad, la confiabilidad, imparcialidad, transparencia  y eficiencia de los procesos electorales, sin embargo, nuevamente incurre la representación popular opositora en el desatino de no designar a tiempo a los dos nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral. La conseja popular nos dice que pareciera no ser cierto aquello de que en la MUD priva la unidad en las diferencias y que son más las diferencias y el interés que la unidad.

Consabido es que el Gobierno aún controla los demás poderes públicos, sin menoscabo de una cúpula militar comprometida con los beneficios derivados del gobierno, por ello había que extremar los esfuerzos para la sustitución de las dos rectoras militantes del PSUV, cuyos cargos vencieron el pasado 3 de diciembre y designar a personas de probada independencia política partidista.

Un viejo aforismo legal nos enseña que la buena fe se presume y la mala hay que probarla, por ello no me arriesgo a calificar la conducta de los parlamentarios inasistentes a la sesión que designaría a los nuevos rectores electorales, pero no hay duda, que frente a un Gobierno bellaco, aquella designación debía producirse al día siguiente. Esta indecisión y la pereza para anular la ilegal elección de los magistrados del TSJ, son dos tareas en las cuales la MUD ha salido reprobada y ha dejado a la mayoritaria opinión opositora en el limbo de sus aspiraciones. 

El silencio de la MUD ante la crisis monetaria que han sufrido los venezolanos en estos días es tambien insólito. Es navidad, pero la realidad es otra. El reclamo que se hace desde la sociedad civil no es pretensión inamistosa, es más bien la aspiración de ver una MUD que hable el mismo lenguaje del pueblo y haga un mismo esfuerzo en la acción y en la diligencia.

De modo que en la angustia que vivimos, la gente se pregunta cómo es que teniendo el 96% de los venezolanos dificultad para comprar comida y medicinas todos los días, que la inseguridad está a la vuelta de cada esquina, que la pobreza crítica ha crecido,  que la corrupción  desmedida e impune rompió los diques morales, que los ciudadanos se mueren por falta de medicinas y que cada día hay más venezolanos buscan comida en los pipotes de basura; que más del 65% pide que Maduro se vaya y sólo poco menos del 20% respalde su gestión, ese señor se mantenga aún  en el gobierno.

Hay que decirlo, somos demócratas, creemos que la MUD, es una plataforma de partidos políticos con válidos intereses electorales,- para luego de la salida del Gobierno-, pero no ha sido afortunada en la empresa de unificar las aspiraciones mayoritarias de la oposición, cuando sentíamos la debilidad del Gobierno. Hoy sentimos una chamusquina en el alma y un sentimiento exhausto para construir la unidad que queremos los venezolanos.

Es tiempo de navidad, pero la tristeza del país se refleja en la ausencia de gaitas y aguinaldos, de luces y arbolitos en las casas de nuestros pueblos y ciudades, tambien de incertidumbre ante el caos y la anarquía que se avecina

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