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Opinión

En la oposición hay una pública, y en ocasiones, ruda discusión sobre la forma de participar en las próximas elecciones presidenciales. Unos, desde una trinchera, plantean ir a troche y moche a elecciones, mientras que otros, en otra fosa, plantean lo contrario: abstenerse. Esto es un craso error, porque las dos opciones pueden ser un gran barranco para todo el país, o por el contrario, podría y debería ser transformado en parte del camino para salir del estalinismo gobernante. Veamos algunos posibles escenarios.

En el primer caso, que es seguir tal como estamos hoy, con unos actores políticos que votan en las condiciones electorales actuales, mientras que otros no lo hacen y continúan cuestionando a los que “cohabitan con el régimen”, estaríamos ante el peor escenario, porque esa dicotomía le da el triunfo al régimen, mientras que ambos bandos salen con tremenda derrota, aunque ambos culpándose como en el pasado reciente. Es menester señalar que la razón por la cual hoy el pueblo opositor anda confundido, frustrado y desmovilizado se debe a esa división y descalificación mutua.

En un segundo escenario en el que todas las fuerzas acuerden participar en el sufragio, incluyendo a los que hoy lo niegan, un supuesto que parece negado, existiría la posibilidad de ganarle al gobierno actual por el alto rechazo que tiene en la población, el 80 % según dicen las encuestas. Pero también existe la posibilidad de que el régimen haga trampa, por no querer entregar el poder y por ser claramente antidemocrático. Para este escamoteo contaría con la participación activa de la oficina electoral del régimen. Qué duda cabe.

En una tercera eventualidad, en la que toda la oposición decida no acudir al evento comicial presidencial, incluyendo a los que hoy llaman a votar de todas / todas, el ente electoral también tendría aquiescencia perruna y participaría camuflando la baja participación electoral del pueblo venezolano, y veríamos muchos centros nucleados en un solo espacio geográfico aglomerando a la gente. Podemos imaginar fácilmente a la red de medios públicos y a Telesur en los centros electorales concentrados, pero ni de broma pasarían por los desolados, la mayoría. Ya en las elecciones fraudulentas de la asamblea nacional constituyente nos dieron claras muestras de lo que son capaces, donde la participación fue muy baja, pero el “escenario del crimen” fue modificado.

Hay una cuarta opción, votando o absteniéndose, pero en la que el evento electoral adquiere una importancia estratégica para desnudar al régimen, repito con participación o no, para lo cual hay que desarrollar una febril actividad antes, durante y después del día de elecciones. Previamente exigiendo condiciones electorales constantemente, demostrar el uso de bienes públicos, el desequilibrio durante la campaña, la parcialización del ente electoral y anunciando la ilegitimidad del mandón escogido. Durante la votación demostrar la cuantía de la asistencia al evento electoral, sacar a la luz los abusos de los uniformados, los colectivos y de los funcionarios electorales, y si se participa tener las pruebas del triunfo en la mano, es decir las actas de votación. Inmediatamente después del evento electoral, demostrar el fraude, denunciando de manera conjunta y masiva el desconocimiento de la voluntad del pueblo. No como ocurrió con Andrés Velázquez que estaba como ánima sola reclamando la gobernación que fue robada.

Este último escenario, votando o no, requiere la construcción de una Unidad Superior, es decir, el consenso entre los actores políticos, incluyendo al chavismo disidente, y a la sociedad civil organizada, con grandeza y sin mezquindades, de lo que no estoy seguro. Requiere la movilización y la protesta pacífica del pueblo alrededor de los hechos político/electorales, pero sobre todo sobre lo social, vinculándose con el sufrimiento del pueblo; un “Pacto de Gobernabilidad” que sea el sendero por el cual transitará el nuevo gobierno democrático y que implica el relanzamiento del país, las oportunidades para el progreso de todos y el encuentro entre los venezolanos; un líder único y unitario, que motive y genere esperanzas en este pueblo tan golpeado; y los requisitos de toda campaña, se vote o no: estrategia, discurso y acciones unitarias.

Es posible derrotar al socialismo estalinista gobernante

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Maxim Ross

La situación de la principal industria venezolana y de su empresa gestora no puede ser más crítica. Es muy posible que no exista un precedente similar en nuestra historia petrolera, incluyendo la excepción de la crisis política del 2003, pues efectivamente hubo momentos en que la empresa dejo declinar la producción sensiblemente, pero nunca se produjeron una serie de acontecimientos parecidos a la situación actual. El hecho de que se presenten, simultáneamente, fallas financieras, operativas, gerenciales y directivas debe llamarnos la atención, porque podría decirse que PDVSA “sufre una crisis sistémica”, aunque prefiero no calificarla de esa manera.

Su situación no es producto de una mezcla de circunstancias atribuibles al mercado petrolero, o a la inercia natural de manejo de ese negocio, sino el resultado de un conjunto de ideas y de políticas expresamente diseñadas[1], que la han llevado a donde se encuentra ahora. Por ello creo erróneo enfocarla desde esta perspectiva porque, como he defendido en un artículo anterior[2], no responde a ese modelo de análisis y, por consecuencia, tampoco las soluciones que se vienen proponiendo.

Sugiero que el tema sea analizado desde dos terrenos diferentes. Por una parte y desde luego, porque es consecuencia de las decisiones adoptadas por la llamada “revolución bolivariana” y, por la otra, por el tipo de ideas y de doctrinas que han privado para manejar nuestra industria petrolera, las cuales, a mi juicio, tienen mucho más importancia que la que le atribuimos. ¡Son esas ideas las que la han llevado hasta allí!

El “enfoque bolivariano”

Si se comienza por decir que “el mérito” no es importante en el manejo de una empresa o de una institución, comience Ud. a preguntarse a que destino puede conducirla. Si a ello le agrega que tiene que estar al servicio del “desarrollo nacional” le pone un apellido de tan alta generalidad que cualquier cosa puede caber dentro de él. Si además, dice, expresamente, que tiene que estar al “servicio del pueblo” cierra el circuito de lo que puede y pudo venir. Si, luego, le atribuye facultades geopolíticas, soluciones “planetarias” y la pone al servicio de la necesidad de mantener un gobierno en el poder, se podrá entender, sin siquiera poner un numero por delante, porque llego hasta allí.

Si luego se dice que es “roja rojita”, se despiden ¡20.000 personas! por un conflicto político que destruye toda la gerencia y el conocimiento acumulado durante años y ahora resulta que sus principales directivos e ideólogos están siendo perseguidos y señalados por actos de corrupción, es fácil entender cómo se encuentra. Si se le añade el apellido que está en la ruta del Socialismo del Siglo XXI, que es una empresa “antiimperialista” y que es una herramienta de cambio del orden internacional no nos puede extrañar la gravedad de su enfermedad.

El “enfoque bolivariano” en números.

Para que no se crea que aquellas “ideas” quedaron en la retórica los números respaldan que se convirtieron en una realidad. Por ejemplo, un expreso, pero no declarado abiertamente, abandono de nuestro principal mercado, el más rentable, casi seguro, cercano, accesible, menos competido y mejor pagador lleva a la situación de caja que enfrenta la empresa. Si se le suma la supuestamente filantrópica política de “petróleo barato y financiado a largo plazo” para el Caribe y otros países, se explica la magnitud del déficit, pero también ¡unos cuantos votos donde se necesiten![3]

Si luego se abandona, también expresamente, la política de conseguir mercados, mediante inversiones fuera de Venezuela, tales que el crudo venezolano se consolide en mercados de alto valor, perdimos regiones consumidoras de gran beneficio. Conquistar el mercado europeo, americano, japonés u otro por esta vía parecía obra del “sentido común”.

Sumemos lo que no se invirtió en mantener la capacidad productiva, fuese en exploración explotación, comercialización o refinación y poner sumas impensables al “servicio del pueblo” al convertir PDVSA en un “Estado paralelo”, haciendo casas, “sembrando el petróleo”, etc., etc. La inmensa cifra de más de US$ 100.000 millones dedicados a “Gastos de Desarrollo Social” da una idea de cómo se transgredieron las normas básicas de su crecimiento. Allí está la explicación de porqué perdimos ¡1.000.000 de barriles diarios en producción! y estemos comprando derivados en el exterior.[4]

Para cerrar la confirmación de estas “ideas” en números véanse los datos financieros y de deuda: De unos US$ 3,5 mil millones de deuda financiera en 1999, esta fue llevada a cerca de US$ 45 mil millones en el 2007, razón por la cual su servicio grava severamente sus resultados financieros y estén afectando tan sensiblemente su situación y la de Venezuela. Atrasos reiterados con sus principales proveedores, cerrar con la política de expropiaciones sucesivas y culminar en demandas internacionales en su contra va diciendo lo que le fue sucediendo.

Ideas que están detrás.

Sin embargo, soy de la opinión de que la situación de PDVSA tiene otros orígenes más profundos y derivados de las ideas y del campo de doctrina que ha dominado el negocio petrolero en Venezuela. Cuando nos colocamos en ellos se originan paradigmas y dilemas irreconciliables que guiaron la industria y que han llevado a posiciones “pendulares”. Saltos de una a otra conducta. El ejemplo de la crítica a la apertura petrolera de mediados de los 90 al “cierre” posterior es muy claro en ese sentido. Examinemos de qué se trata.

¿Cerrar los grifos?

Quizás nos extrañe traer estos conceptos a nuestro tiempo pero, aunque simbólicos se han mantenido hasta hoy. Desde que Perez Alfonzo la puso en boga no hemos dejado de clamar por “controlar la producción” para defender los precios internacionales del crudo. De allí al paradigma OPEP un solo paso, pero tenemos unos 50 años debatiendo si nos vamos o nos quedamos allí. Si bien ha privado la tesis de permanecer dentro de la organización, muchos de los mercados perdidos se deben a la consigna: “Mas producción y vender más” es “regalar nuestro precioso recurso” En ese debate se ha mantenido la industria con el resultado que tenemos hoy.

¡La defensa de los precios!

No se puede negar que, en este mundo de los grandes poderes jugar a ser uno tiene sentido y más si se está coaligado. El dilema de “salirse o no de la OPEP” no es la única opción para defender los precios. Se gana poder de decisión creciendo y ganando posiciones de mercado. Mejor ejemplo que el de Estados Unidos, Rusia y Saudí Arabia no hay. ¡Todos ganan terreno y mercados. Nosotros no! Al unir esta tesis con aquella de no “venderle al imperialismo” completamos el circuito de nuestra “potencia petrolera” Venezuela, pionera de la OPEP, no tiene hoy “ni voz, ni voto” en sus grandes decisiones.

Desde que se creó la OPEP hasta ahora esta ha sido la casi única, por no decir “única” política consistente que hemos sostenido, lo cual podría considerarse un logro si no fuera porque deja a la industria (y al país) totalmente dependientes de los altibajos del mercado internacional y su gran componente geopolítico. Volatilidad en los precios o caídas seculares explican bastante la situación de la empresa. De un barril en US$ 140 a uno en US$ 35 da cuenta del resultado. Detrás de ella: ¡la consistencia de esa política!

Se ha dicho que es una “herejía” refutar la política de defensa de los precios por otra de desarrollo de inversiones y conquista de mercados, pero seguramente estaría PDVSA en otra posición de haber realizado este giro a tiempo. Imagínese la posición de mercado que se habría obtenido. Quizás una opción más equilibrada y menos extrema de estos dos idearios sería un buen corolario para nuestro tiempo.

De la Apertura a Fundapatria.

Si Perez Alfonzo reviviera sentiría la gran satisfacción de “ver su sueño coronado” en esa esclarecida fundación, porque la necesidad nos llevó al otro extremo. La “traición” había sido consumada: regalado el crudo, convenida la “regalía” y la entrega al extranjero de la “preciosa Faja”. Había que revertir plenamente ese modelo y de allí a la PDVSA propietaria, la del 60% en todo el negocio y la salida de las grandes firmas[5]. Nosotros, de nuevo “dueños de nuestro crudo” y de nuestra “renta”.

La raíz del problema: ¿renta petrolera?

Desde hace mucho tiempo venimos repitiendo la aseveración y la leyenda de la “renta y del rentismo” y no nos hemos puesto a pensar cuanta validez tiene esta visión y como puede haber influido en la situación de PDVSA. Hemos dado por sentado que petróleo y renta son “una y la misma cosa” y quedamos entrampados y marcados por esa tesis, tanto que tiene defensores de alto calibre técnico, científico y político.

¿Qué tal si, por un momento nos detenemos a pensar cuanta validez tiene esa tesis? Porque, si no fuera así y el excedente petrolero fuera algo más que renta o, casi todo no renta, la perspectiva sobre el tema cambiaría radicalmente[6]. Si, como cualquier otra actividad económica produce beneficios, salarios y renta, entonces ese edificio pierde su principal fundación. Todo el andamiaje ideológico y político que se ha montado sobre el “reclamo y el reparto de la renta” en Venezuela podría cuestionarse rigurosamente

PDVSA ha sido víctima de él y está en el medio de ese conflicto porque es ella, y solo ella, quien provee los recursos a “reclamar y repartir” y sobre ella recaen todas las presiones para tomar una parte de la “tajada”. Esa “gallina de los huevos de oro” tiene que proveerlo todo porque la “renta” nos pertenece. Hay que “capturarla” en los mercados internacionales, apropiarla y conducirla al mejor destino nacional. Es lo que se ha hecho en todos estos años y allí están los resultados

De allí a la necesidad de defender eso ¡que es nuestro!, que proviene de nuestro suelo soberano y ¿Quién más que el Estado pueda hacerlo?, digno representante de los intereses nacionales. Toda la estructura institucional y constitucional venezolana está montada sobre esta tesis. La extrapolación venezolana fue y ha sido llevada hasta el límite, donde nacionalismo, soberanía, dependencia y todas esas consignas están edificadas en esa tesis. Luego: ¿Quién mejor para defenderla?

“El Estado soy yo”

Todo el circuito de razonamiento que propongo no tiene otra intención que convencer a mis lectores de que el “tema PDVSA” va más allá de los números operativos, financieros y comerciales que, si bien son ciertos, son consecuencia de una visión petrolera que ha marcado la vida y conducta de la industria. Cuando digo lo del título y le atribuyo esta conocida frase, lo que quiero decir es que, detrás de ella, se esconde esa pervertida manera en que se manejó el petróleo en Venezuela. Pervertida por dejar en manos de un solo ente, el monopolio estatal, el destino de toda la sociedad venezolana, sin que esta tenga la más mínima posibilidad de intervenir en su dirección. Si “a ver vamos” este modelo de gestión no parece ser muy exitoso.

PDVSA ha sido y sigue siendo la misma “caja negra” que caracterizó la industria desde sus inicios hasta hoy. De “enclave externo” paso a “enclave interno” y, por más intentos que se han hecho para “democratizarla” siempre queda en manos de quien gane las elecciones presidenciales, porque allí es donde está la perversión.

El hecho de que el Presidente de la Republica que elegimos, cada 4 años, cada 6 o ahora indefinidamente, sea el dueño y señor de la empresa, como único accionista decisivo de una Asamblea que nadie nombro, ni escogió, indica el grado de la aberración a la que se ha llegado. Mientras Venezuela siga pensando el tema petrolero de esta manera, apegada a consignas simplistas y anacrónicas, siempre resueltas en los extremos del “péndulo” a PDVSA le sucederá mañana (si llega) lo mismo que hoy.

No se trata de “sanear” las cuentas, de pagar la deuda, actualizar los equipos, producir más o seguir en el Comité de Monitoreo de la OPEP. Tampoco de colocar un hombre honesto al frente de ella. NO. Es cuestión de evaluar sincera y honestamente las ideas que hemos practicado a lo largo de estos años y revisar el formato de decisiones inmaduras que llevaron a PDVSA hasta allí.

[1] Ciertamente se podría decir que “erróneas políticas conducen a una crisis”, pero ese no es el caso como se verá.

[2] Ver “No estamos en una crisis”

[3] No olvidemos que esa política ya tenía precedentes en el Acuerdo de San Jose, pero con la prudencia necesaria para no comprometer la vida de la empresa.

[4] Puede entenderse que estos loables propósitos sean producto de los objetivos sociales (llamados de responsabilidad social empresarial) que están practicando las firmas privadas y estatales en el mundo de hoy, pero muy seguramente lo están haciendo resguardando, y no poniendo en peligro. la solvencia y la existencia misma de la empresa. PDVSA es un único caso se estas experiencias.

[5] Después, algo después, la realidad condujo a “flexibilizar” la formula y, si mantener ese %, pero entregando la Gerencia, el control de las operaciones y el sistema de servicios conexos.

[6] Al momento de escribir estas notas desarrollo un ensayo sobre el tema que pronto saldrá a publicación.

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Oscar Tenreiro

Ayer 2 de Febrero hablé en la Universidad Politécnica de Alicante, tal como lo había hecho en la Politécnica de Valencia insistiendo en la indisoluble relación entre nuestra disciplina y el contexto, el cual definí en el caso venezolano como hostil. Al final se me acercaron dos estudiantes, ella de San Cristóbal, él de Caracas, y tal vez porque me parecieron mis nietos o por lo que acababa de decir sobre recuperar nuestro futuro, los abracé y pensé por un momento, emocionado, en tantos de los míos que, como a ellos, se les ha arrebatado su país. Horas después, de nuevo en casa de mi hija, me entero de los últimos acontecimientos (la prisión de Aristeguieta, cuyo sobrino es de mi familia, su hermano Adolfo, fallecido, mi amigo) y llego a algún artículo que hablando de eso insiste en la tarea absurda y negativa –inquinas personales o mezquindad– en hablar horrores de la MUD, hoy afectada por un descrédito que es el mayor triunfo que ha logrado la Dictadura, alimentado, no por los comprensibles errores de la MUD, sino por la estupidez de los iracundos y sabihondos.

Y negándome a situarme en 2018 como en 1958, voy a lo mío: la urgencia de centrarse en la participación en las elecciones chimbas convocadas por el Régimen, el peor error que han cometido. Ordeno mis razones:

  1. Comencemos con la situación catastrófica que estamos viviendo. ¿Es posible pensar que alguien que no sea enchufado o ideologizado –grupos de la población que no suman demasiado en números– va a votar a favor de un gobierno que ha sido el responsable del caos? No lo creo, la gente no es tonta: tenemos puesta la mesa para derrotar al gobierno.
  2. Estamos todos claros, y el gobierno lo sabe, que las elecciones son ilegales. El que gane de la oposición–esto es muy importante– no puede aspirar a quedar como Presidente. Primero las artimañas dictatoriales y el miedo de la camarilla no se lo permitiría y segundo porque él deberá saber que no es Presidente constitucional y que su papel será de líder conductor hacia el enfrentamiento civil que tendrá que ser definitivo, elecciones ganadas en mano, con la camarilla gobernante, incluida su falsa constituyente, para alejarlos del Poder. Ya veremos lo que ocurrirá. Los militares democráticos tendrán –la catástrofe la conocen ellos– una oportunidad clara para decir su palabra. Tendrán ante ellos los resultados electorales –actas en nuestro poder– presencia de calle y presión internacional, y resultará obvio, y las cosas obvias terminan imponiéndose, que la Asamblea Nacional verdaderamente legal intervenga para establecer los procesos jurídicos –nuevo CNE. nuevo Tribunal Supremo– que conduzcan hacia unas elecciones constitucionales con participación garantizada y democrática, sin privilegios, del chavismo. Y la oposición deberá elegir en primarias sin inhabilitados su candidato, quien podrá ser, o no, el líder que compitió en estas elecciones chimbas.
  3. ¿Porqué creo que lo que acabo de decir será posible? En primer término porque la catástrofe hará con seguridad que se caliente la calle (tanto durante la campaña electoral como con un triunfo) y se haga sentir, si no en marchas –que siempre terminan en fallidos traslados dentro de la ciudad– sí en concentraciones presididas por nuestro líder, primero como candidato, luego triunfante, líder coyuntural (razón por la que debemos aceptar a quien elija el cogollo) y además porque no es tan fácil, en clima post electoral y en definitiva bajo la cercana y tensa mirada internacional, reprimir con éxito una o varias grandes concentraciones (las marchas, cerrándoles simplemente el paso, son mucho más vulnerables y se disuelven por sí mismas). Un líder, sea quien sea, hablará por nosotros y contribuirá a unirnos hablando claro, duramente como lo necesitamos todos, porque dura es la tragedia que nos afecta.
  4. Todo lo anterior sólo será posible en la medida en que en lugar de refugiarnos vía Internet en redes sociales que como se ha dicho ya bastante por todo el mundo, respecto a las cuestiones político-electorales se revelan muy manipulables (en Francia estudian penalizar las noticias falsas en tiempos de elecciones), lo que debemos es hacer campaña directa, promover reuniones, acercarnos a los votantes CLAP y los del desvalido mundo rural, para lograr una presencia masiva tanto en el voto como en el control del voto, hasta ahora dejado sólo a los partidos.

La lucha es pues por ir a votar para convertir estas elecciones chimbas en un paso esencial para el desmontaje de la camarilla, lo cual también interesa al chavismo democrático

Termino diciendo algunas cosas sobre quien soy, por ejemplo que no estoy afiliado a ningún partido, soy un profesional, un profesor si se quiere; luego, que culpo de muy poco a quienes han hecho política contra el Régimen, es más, los admiro y apoyo; que no creo en militares sino en personas, y mucho menos en golpes militares; pienso, eso sí, que ellos están obligados a respetar la Constitución vigente y no obedecerle a ninguna camarilla; aclaro que no sueño, ni en broma, con marines o cascos azules; no pertenezco a ninguna mafia; no vivo en Miami ni me interesa comprar un apartamento en ninguna parte del mundo y aún menos allí, porque, entre otras cosas, estoy arruinado como el país y dependo de mis hijos; y la última, no soy, ni me interesa ser, una persona pública; soy uno más del montón que no quiere dictaduras en el Poder y reivindico la historia de mi país para decirlo.

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La definición de exilio es: “pena que consiste en expulsar o hacer salir a una persona de un país o de un territorio”. Nunca tan bien dicho, el exilio es una pena, en la plenitud de los sentidos de la palabra, un torcimiento del destino contra la voluntad del que se va, dejando un vacío en el alma que perdurará por siempre. Nadie quiere alejarse de su casa, de sus afectos, de sus sabores, en definitiva, de todo aquello que le es familiar, que marca su manera de pertenecer a esa patria mayor que es la humanidad. Si además, el exilio se produce en lugares con condiciones climáticas adversas –que para un venezolano es todo aquello que esté más arriba del Cabo de San Román y más al sur del nacimiento del río Ararí– la vida se nos vuelve gris porque el frío duele. Alejar a un venezolano de su tierra, fue siempre uno de los castigos predilectos de nuestros dictadores. Lo que llamaban “pena de extrañamiento”. Otra palabra, esta última, también significativa, porque es “la acción o resultado de extrañar y extrañarse”, es decir añorar lo que eras y sorprendente de lo nuevo a lo que habrás de adaptarte.

Los artistas venezolanos, cada vez más, vamos a donde están nuestros paisanos a llevarles el pedazo del país que cada uno de nosotros ha sabido transformar en arte según los dones que hemos recibido. Eso que antes hacían solo los consagrados de nuestra tierra frente a las multitudes que los seguían por el mundo, lo hacemos artistas más modestos, en teatros más grandes o pequeños, para llegar a ese creciente número de venezolanos que por las razones conocidas ha tenido que mudarse de destino. Lugares cercanos y cálidos como Panamá, remotos y fríos como Stavanger en Noruega; desde la lluviosa Escocia, hasta la lejana Australia; en Estados Unidos –naturalmente– en esa sucursal caraqueña que es Miami y en la remota Utah; por el resto del continente americano podríamos repasar el Himno a las Américas, que en todos los países hay venezolanos. Quién se podría haber imaginado que viviríamos en el desierto, en Dubái, en Japón o en Moscú; que transitar las calles de Madrid y encontrar paisanos en sus aceras, en las tiendas o en los taxis sería algo común. Hay una verdadera diáspora: esparcidos andamos por el mundo como si la misteriosa lotería de la maldad nos hubiese separado a propósito, para sumar a nuestra división adentro, nuestra separación fuera.

La nostalgia del exiliado la percibimos los artistas con mayor claridad: como nuestros paisanos nos conocen por la calle y nos paran, llevamos una azarosa estadística de ausencias y dolores, de dificultades, apuros y llantos. También de éxitos fundados en el talento, en el ingenio, en el saber y en el esfuerzo. De todo hay en inmenso exilio venezolano: desde el que reproduce mañas y ancestrales vicios, hasta el que se afana de una manera que jamás imaginó en casa, con una fuerza interior que nunca creyó tener. Estos, para alegría de nuestro gentilicio, constituyen la inmensa mayoría. El venezolano del exilio es honesto, trabajador, estudioso, prudente, ahorrativo y –sobre todo– portador de esa sabia humildad que quien se aleja de su patria conoce bien, tragando grueso a veces, dejando pasar inhóspitos comentarios otras tantas y haciendo de fontanero con su título de ingeniero “cum laude”, debidamente apostillado, guardado en el armario de su casa.

El mundo se ha ido llenado de venezolanos de éxito. No solo porque muchos han triunfado en honestos negocios construidos con sacrificio, con suerte o con ambas, sino también por el éxito cotidiano, con el que más frecuentemente –para mi agrado– trabo contacto: el de sacar adelante una familia, el de ayudar de mil maneras desde la distancia, haciendo algo por los que se quedaron y la pasan mal. Me refiero al éxito de la bondad que hallo en los corazones de la gente de mi tierra y me conmueven cuando abrazo a un muchacho helado que hace “delivery” en una bicicleta bajo la nieve de Madrid y me pide una foto que me enaltece por posar al lado de su coraje.

Vuelvo a casa cargado con las alegrías y los dolores de mi gente, con su generosidad y su bondad infinita, sus sueños de vuelta y su esperanza inexpropiable. Una chica del sistema toca el violín y sale corriendo a otro trabajo luego de acompañar al joven cantante que nos abre la presentación, venezolano también. Un humorista que se fue a Tenerife me dice que sería un honor presentarme y se luce, otro en Espinho hace magia en el escenario y también para vivir. Un paisano que comenzó de camarero tiene su propio restaurante en Bizkaia, siendo dueño sigue de mesonero porque él aprendió a servir. Empanadas en Madeira, arepas en Madrid, cachapas en Bilbao, nuestra cocina toma el mundo y aunque los de allá los llamen “palitos rellenos de queso”, nuestros tequeños son inconfundibles. Da gusto ver a los gringos que salen de ver Piaf hacer comentarios en inglés sobre lo maravillosa que es Mariaca en inglés; en Viena un médico que da conferencias por el mundo para salvar corazones; en Deusto el padre Mikel de Viana da cursos a los que quisiera asistir en Caracas; Ramírez triunfa en Hollywood, en todas partes la gente del petróleo hace proezas y estudiantes nuestros brillando en las universidades del mundo. La lista es larga y el espacio breve. Mientras unos insisten en hundirnos, el alma venezolana, dentro y fuera insiste en salir a flote, en mostrar que somos de una madera insumergible, madera fina.

Sé que esto también pasará y que esa diáspora volverá para ayudar a la reconstrucción.

En este duro momento, por esas inexplicables circunstancias del azar vino a la memoria el poema que Borges escribe “para a una versión del I King”:

“El porvenir es tan irrevocable

como el rígido ayer. No hay una cosa

que no sea una letra silenciosa

de la eterna escritura indescifrable

cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja

de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida

es la senda futura y recorrida.

Nada nos dice adiós. Nada nos deja.

No te rindas. La ergástula es oscura,

la firme trama es de incesante hierro,

pero en algún recodo de tu encierro

puede haber un descuido, una hendidura.

El camino es fatal como la flecha

pero en las grietas está Dios, que acecha”.

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Antonio José de Sucre fue uno de los héroes de la independencia latinoamericana más laureado y admirado en su tiempo. Venezolano y Cumanés a carta cabal, gran amigo de Bolívar, no en balde, el libertador ante su caída en Berruecos lo lloró y lo llamó el Abel de nuestra América. Amante de las letras, se afanaba por escribir todo lo que soñaba y convertía en realidad.

En su libro “De mi propia mano” veremos cómo en su corta, pero intensa vida, Sucre va desde cadete en 1808 hasta General en Jefe, Comandante General y Gran Mariscal en 1824, incluyendo ministro de Marina y Guerra en 1820. Fue Gobernador de la antigua Guayana y Comandante General del Bajo Orinoco en 1817 hasta presidente fundador de la República de Bolivia en 1826.

En el Poder Legislativo fue Diputado en 1819, Senador por el departamento de Orinoco en 1822, y presidente del Congreso Grancolombiano en 1830. En la diplomacia, Sucre de veinticinco años fue Comisionado para concertar el Armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra en 1820; plenipotenciario extraordinario ante Quito en 1821; lleva facultades totales diplomáticas y de fuerza de Colombia al Perú en 1823, y se le expide credencial amplia para tratar con los gobiernos de Chile y Buenos Aires.

En la rama judicial fundó e instaló la Corte Suprema de Justicia en Cuenca 1822 y la Corte Superior de Justicia Boliviana de 1826. Por último, para redondear su eximia personalidad, en la esfera máxima de la cultura se ocupa de las universidades de Bolivia en 1825, y aunque no fue periodista auspicia y funda órganos de prensa.

En esta Venezuela del siglo XXI debemos reivindicar no solo el patriotismo de nuestros libertadores. Hoy más que nunca habrá que insistir en el llamado a construir el futuro de la patria buena, forjada con los valores de ciudadanía y libertad traídos a estas tierras por venezolanos como Antonio José de Sucre.

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Luis Manuel Esculpi

Las formas ya no importan. Los obsesiona la conservación del poder. Convocan elecciones sin intenciones de realizar un proceso pulcro. Ayer el CNE -como siempre- cumpliendo instrucciones, debe haber fijado fecha. Sí en anteriores no tuvieron que recurrir a la trampa más descarada, ahora sin el menor recato la emplean, es la única manera de asegurarse no perder. Ya no sólo inhabilitan candidatos competitivos, también organizaciones políticas. Pretenden vender la idea de una normalidad y una paz inexistente.

La crisis económica y social les estalla por todas partes, aliviarla y superarla implicaría un cambio sustancial en la política, que no están en disposición de emprender. Ella no se puede ni siquiera mitigar con las aisladas decisiones que adoptan. El invento de los bonos periódicos pretenden ser paliativos pero ni siquiera cumplen ese cometido. El aferrarse a viejas y fracasadas fórmulas les impide cambiar el rumbo y virar en una dirección distinta, están incapacitados para hacerlo, mientras tanto la economía continúa deteriorándose con sus inevitables consecuencias en la vida de los venezolanos.

La situación es verdaderamente dramática tal como se manifestó en el Foro de la Fundación Espacio Abierto realizado el pasado sábado titulado: Hambre, desnutrición y salud, que con la participación del diputado Omar Barboza Presidente de la Asamblea Nacional, la Doctora Susana Rafalli nutricionista y asesora del programa humanitario de Cáritas y el internista y ex ministro de Sanidad el Doctor José Félix Oletta.

La Dra. Raffali expresó que el trabajo de asistencia está centrado en “menores de cinco años y que en nuestro país alcanza la cifra alarmante del 15% de esa población” lo que nos sitúa al borde de declarar la emergencia de acuerdo a lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS); estamos colocados “en la triste posición de tener el peor desempeño alimentario de la región: de dos millones de latinoamericanos que ingresaron a la categoría de sub alimentados en los últimos tres años, un millón ochocientos mil son venezolanos”. Solo estos dos datos suministrados por la especialista, en su interesante y dramática exposición debieran constituir motivo suficiente para conmover a los jerarcas del gobierno, y disponerse a abrir el canal humanitario que ha sido solicitado por distintas organizaciones nacionales e internacionales.

El Doctor Oletta denunció que se ocultan la información sobre 72 enfermedades de notificación obligatoria. Afirmó: “dependemos en un 90% de medicina importadas, la disponibilidad de hipertensivos, antibióticos y sicotrópicos alcanza apenas un 2%. Hay un millón y medio de niños sin vacunar o con vacunas incompletas”.
El Diputado Omar Barboza manifestó la intención del órgano que preside de promover una Alianza Nacional para la Solidaridad Humanitaria con la finalidad de estimular y apoyar a las instituciones que hacen esfuerzos para aliviar la crisis y buscan soluciones de fondo a la gravísima problemática planteada.

En esta oportunidad he considerado conveniente destacar algunos aspectos puntuales de las ponencias en un Foro de la Fundación Espacio Abierto, con la finalidad de destacar la inmensa distancia existente entre el discurso y las preocupaciones del gobierno con la realidad. Lo alarmante de las cifras que revelan un gran retroceso en materia de nutrición y salud, con los índices que alguna vez poseímos en ambos renglones

El encuentro del sábado fue una pequeña muestra de la existencia en el país de profesionales especializados, de una gran sensibilidad social, con dedicación y sentido solidario a estudiar y proponer soluciones en el corto, mediano y largo plazo en todas las áreas del conocimiento, dispuestos a dar su contribución para salir de la crisis.

Lamentablemente el gobierno actual -tal como describimos inicialmente- anda por otros senderos y no está disponible para oír las voces autorizadas y hacerle frente a la terrible situación que confrontamos. De allí se desprende la necesidad de trabajar para alcanzar el cambio político.

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Felix Arellano

La gravedad de la situación venezolana, que se incrementa progresivamente, con profundas consecuencias sociales, económicas y políticas, incluso para los países de la región, sigue representando un reto para la institucionalidad internacional, para sus normativas, particularmente en lo relativo a derechos humanos y defensa de la democracia; para el sistema multilateral y para las tendencias que promueven la democratización y humanización de la dinámica global. Lo novedoso de la situación nos está permitiendo observar debilidades y limitaciones, pero también ideas e iniciativas que pueden contribuir a perfeccionar el ordenamiento vigente.

Uno de los primeros retos tiene que ver con la institucionalidad hemisférica, en particular la Organización de Estados Americanos (OEA) y las Cartas Democráticas vigentes tanto en la OEA, como en el Mercosur. En el caso de la OEA, si bien contamos con la valentía del Secretario General el Sr. Luis Almagro, que pese a los obstáculos, decidió utilizar las prerrogativas que le ofrece la Carta en su Artículo 20 y activar su aplicación; luego, nos encontramos con los rigores de la realidad. Por una parte, un sistema de votación que confiere un peso determinante a los gobiernos de las islas del Caribe anglosajón que, actuando en grupo, se constituye en la práctica en un veto.

La actuación en bloque del Caribe en la OEA tiene historia y el gobierno bolivariano la ha sabido capitalizar con una política asistencialista efectiva, que tiene como programa estrella a Petrocaribe. Frente a la poderosa chequera petrolera bolivariana, no siempre transparentes, no resulta fácil para la oposición democrática venezolana lograr apoyos; empero, debemos reconocer que con el tiempo la unidad caribeña se ha debilitado.

Otra limitación que se ha apreciado en la aplicación de las Cartas Democráticas en el hemisferio, es la nula participación de los afectados por la violación de los derechos humanos, quienes deberían tener espacios definidos y protegidos para la denuncia y su defensa. En el caso venezolano, el Secretario Almagro ha promovido la formación de paneles que recibieron a los denunciantes, empero, son un mecanismo sin efectividad jurídica, que debería ser incorporado en los cambios futuros a promover.

En el caso del Mercosur, los gobiernos no han logrado la disposición para profundizar en la diversidad de sanciones previstas en el segundo Protocolo de Ushuaia, seguramente por las contradicciones que sobre el tema venezolano caracterizan al gobierno uruguayo. Ahora bien, ante la agudización de la situación venezolana, seguramente los países del Grupo de Lima se puedan ver obligados a recurrir a mecanismos de sanción como los previstos en la Carta Democrática del Mercosur.

Otro de los retos que plantea el caso venezolano lo representa la Corte Penal Internacional (CPI). La presentación de varias demandas, fundamentalmente por delitos de lesa humanidad, contra el gobierno bolivariano, que no se procesan está desvelando las debilidades y contradicciones de la Corte, incluso, algunos manejos oscuros.

En este contexto, uno de los problemas son las complicaciones burocráticas, el poder del Fiscal de la Corte y de la Sala de Cuestiones Preliminares para iniciar cualquier investigación. Se sabe que fueron varias las demandas que desestimó el exfiscal Luis Moreno Ocampo, sobre quien circula información de manejos oscuros de recursos y, actualmente, la Fiscal Sra. Fatou Bensouda, parece que ha engavetado otras.

Adicionalmente, crecen los rumores sobre presuntas contribuciones financieras especiales, de gobiernos denunciados, al presupuesto de la Corte. También se aprecia la nula capacidad de acción de los afectados ante la institución, para presentar sus denuncias y defensa.

Otro reto latente tiene que ver con la aspiración del gobierno bolivariano de lograr una mayor internacionalización geopolítica del problema, buscando un apoyo más contundente de China y Rusia, incluso la utilización de sus vetos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero también encontramos hechos estimulantes como la creación del Grupo de Lima y la extraordinaria labor de coordinación de la comunidad internacional ante la crisis venezolana, como se puede apreciar, entre otros, por las sanciones adoptadas por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. En este momento, luego que el gobierno bolivariano está “pateando” la mesa de negociación en República Dominicana, todo parece indicar que las sanciones se incrementaran.

La decidida y coherente actuación de la comunidad internacional en la defensa de los derechos humanos y la institucionalidad democrática en Venezuela, representa una oportunidad para avanzar, con iniciativas organizadas desde la sociedad civil, en una mayor democratización y humanización de las relaciones internacionales.

felixarellano50@gmail.com

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