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Opinión

La presión internacional tiene acorralado al régimen. Lo obligó a implorar la realización de nuevas sesiones de diálogo para intentar algunos acuerdos que convenzan a los principales países democráticos de no aplicar medidas económicas en contra, ni sanciones a sus personeros. Esta presión fue un logro de las heroicas acciones de calle y de las gestiones de la MUD.

Los gobiernos democráticos han dejado claro que aquí no hay democracia, que hay presos políticos, que se violan los derechos humanos, que hay escasez de todo tipo, que no reconocen a la constituyente espuria, que deben realizarse las elecciones pautadas en la Constitución y que es necesario un diálogo serio.

Sin embargo, no han declarado que Maduro debe renunciar. Tampoco que debe haber un acuerdo de transición, ni que se debe adelantar la elección presidencial. Desde luego que lo deseable es la salida de Maduro a muy corto plazo, ya que de lo contrario se profundizará la crisis económica y el dictador continuará violando los derechos humanos con el apoyo de los generales Padrino López, Gustavo González López, Néstor Reverol, Juan Francisco Romero Figueroa y Sergio Rivero Marcano, y con la aquiescencia de los comandantes del Ejército, Marina y Aviación, cuyos titulares son Jesús Suárez Chourio, Edglis Herrera Balza e Iván Hidalgo Terán, respectivamente, y de los magistrados del TSJ. .

La MUD ha declarado que su estrategia es “presión de calle, negociación política, presión internacional y participación electoral”. Ante la feroz represión, la protesta de calle necesariamente se tenía que apaciguar, aunque en algún momento volverá a tomar cuerpo. La presión internacional ha sido posible por la labor realizada por Julio Borges y Freddy Guevara y las eficientes reuniones sostenidas en el exterior por Lilian Tintori de López, Mitzi Capriles de Ledezma, Diego Arria y Tamara Sujú. Desde luego, el apoyo de Almagro y las acciones de calle fueron determinantes.

Conversar con un enemigo inescrupuloso no es un delito. Cierto que a la dictadura le conviene ganar tiempo y bajar la presión internacional, pero a los demócratas también nos conviene negociar porque con la constituyente, el apoyo de la fuerza armada y del TSJ, Maduro puede tomar las medidas que le dé la gana. En estos momentos solo la presión internacional y una buena negociación podrían limitar su radio de acción.

Julio Borges y Luis Florido fueron muy claros al sostener que el encuentro en República Dominicana fue “solo fue una reunión exploratoria y que no habrá negociación si no hay garantías de fiel cumplimiento de lo que se acuerde”. La MUD emitió un comunicado en el que plantea “Cronograma de implantación de los acuerdos con garantías y acompañamiento internacional, renovación equilibrada del CNE, cronograma electoral sin inhabilitados, con fechas precisas, incluyendo la elección presidencial, y una calificada observación internacional, liberación de presos políticos, retorno de exiliados, cese de la persecución política, normalización constitucional del país, inmediata atención a la emergencia humanitaria y un referendo aprobatorio de cualquier acuerdo que surgiese de un eventual proceso de negociación”.

Si se logra lo planteado por la MUD sería un éxito extraordinario. Desde luego si llega a realizarse la negociación seguramente habrá que aceptar que Maduro termine su período. ¿Terrible? Sí, pero es lo menos malo que puede ocurrir. Jorge Rodríguez insiste en que la MUD reconozca a la constituyente espuria, pero esperemos que esto se rechace de plano por razones obvias. El no reconocimiento de la misma por numerosos países es nuestro punto fuerte. Si se inicia una negociación, sería deseable incluir algunas caras nuevas. Con razón o sin ella, Rosales y Timoteo tienen mucho rechazo.

Nuevamente llamamos a la reflexión a los ciudadanos bien intencionados que predican que hay que sustituir a la MUD. No deben magnificar sus yerros y minimizar sus logros. Las primarias fueron un éxito, a pesar de los lunares de Aragua, Amazonas y Yaracuy. En todo grupo hay ovejas negras. ¿Sería pertinente que en esos Estados haya dos candidatos para el 15 de octubre y quien obtenga menos votos tenga la sanción moral del pueblo por causar la pérdida de la gobernación? Las regionales no son un escollo para la salida de Maduro, sino un paso más para desplazarlo.

Como (había) en botica: Falleció el concejal por Guasdualito Carlos Andrés García, quien estaba ilegalmente preso en el Sebin. Primero Justicia denunció que el régimen no permitió la debida atención médica. En su boletín de setiembre, la OPEP informó que la producción de Venezuela cayó a 1.918.000 barriles por día (b/d), es decir 1.349.000 b/d menos que en el 2001 y 241.000 b/d menos que el año pasado. En varios Estados hay escasez de gasolina y de gas doméstico. Lamentamos el fallecimiento del geólogo Alexis Cabrera, miembro de Gente del Petróleo y de Unapetrol. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Ángel Oropeza

La gravedad de la situación del país nos debe obligar a todos a abandonar, aunque sea por momentos, la estrechez de miras –esa que no va más allá de cálculos mezquinos de intereses particulares– para levantar la vista y prepararnos para los escenarios que se nos avecinan.

Si intentamos un ejercicio, solo con fines didácticos, de separar sus elementos principales, el escenario por venir en las próximas semanas se presenta con las siguientes características.

En primer lugar, la crisis económica y social será con mayor fuerza la gran protagonista, producto de la estupidez del gobierno en insistir con medidas que solo agravan tanto los problemas macroeconómicos como la tragedia cotidiana de los venezolanos. A esto se suman sus dificultades para conseguir financiamiento externo, debido a su tozudez en querer imponer una ilegítima “constituyente” que no es reconocida ni fuera ni dentro del país.

En segundo lugar, se avecina el reforzamiento de una nueva estrategia de contención represiva, a través de la espuria ANC, con la excusa cínica de la defensa de la soberanía, y por medio de la cual se piensa perseguir y castigar con la amenaza de “traición a la patria” cualquier señalamiento a la corrupción de la oligarquía madurocabellista o cualquier acción orientada a la superación de las penurias de los venezolanos. Esta contención represiva se expresará, adicionalmente y de manera particular, a propósito de las elecciones regionales del 15 de octubre, mediante intentos de inhabilitación de candidatos, eliminación discriminada de centros, corrupción electoral generalizada e imposición de condiciones ilegales para obstruir la expresión popular de cambio.

Un tercer elemento del escenario que se nos aproxima es un seguro aumento de la conflictividad social (acompañado o no de protestas masivas), producto del inevitable agravamiento de la crisis económica, más las razones estacionales propias del último trimestre del año, principalmente el reinicio de las actividades estudiantiles y el aumento de las necesidades de consumo.

Frente a esto, veremos a un régimen limitado solo a correr la arruga, incapaz de resolver ninguno de los problemas de los venezolanos, y que va a privilegiar mantenerse en el poder antes de generar gobernabilidad. De hecho, el gobierno es tan débil que solo está allí, aferrado con las uñas al poder, escondido detrás de una tanqueta, pero sin controlar ningún proceso económico o social. Se mantiene en el poder y reprime, pero ya no gobierna.

Ante la segura agudización de la crisis, y la pérdida progresiva de su ya endeble respaldo popular, el régimen intentará una estrategia de radicalización y represión selectiva con fines disuasivos, que le permita “protegerse” de eventuales compromisos que se vería obligado a negociar con la oposición, producto de la enorme presión externa que la Mesa de la Unidad ha logrado construir sobre la dictadura.

Como todo escenario, y más en uno de equilibrio inestable como el que se aproxima, existen elementos condicionantes que inciden en su evolución y desarrollo. En nuestro caso, hay cinco variables claves: el resultado de las elecciones regionales del 15 de octubre, el fortalecimiento de la relación MUD-país, el estado de las tensiones internas en las estructuras de apoyo del régimen (especialmente la estructura militar), los efectos de la presión internacional sobre la conducta del gobierno y la viabilidad de una negociación MUD-régimen sobre la realización de elecciones presidenciales y la construcción de una solución política a la crisis.

Cada uno de estos cinco condicionantes claves constituye a su vez un área específica donde la Mesa de la Unidad y el país deben desarrollar una estrategia inteligente y sistemática de incidencia. En la medida en que nuestras acciones afecten o repercutan favorablemente en estas cinco variables claves, el difícil escenario que se nos viene podrá ser enfrentado con el éxito necesario para convertirlo en el preludio de eventos que nos acerquen a la meta del cambio político. Ese es el reto.

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Tras cuatro meses de intensas protestas la pregunta que ahora muchos se hacen es ¿Por qué se “enfrió” la calle? En política es conveniente aclarar los acontecimientos, tratar de explicarlos, aunque sea con hipótesis, porque una correcta interpretación de los hechos ayuda a evitar que se cometan los mismos errores en el futuro, aunque eso no siempre es posible.

No fue que se dejo de hacer convocatorias a actividades de “calle”, como algunos señalan, culpando de ello a la MUD. Entre el 16 de julio y el 13 de agosto se realizaron más de 10 convocatorias, cada dos días, a diversos eventos por parte de la MUD –que por cierto es la única que convocaba, organizaba y se responsabilizaba por cualquier tipo de evento– que fueron languideciendo, hasta desaparecer.

Avanzo entonces mi hipótesis señalando lo que para mí es obvio: La calle se enfrió porque no estaba suficientemente caliente. Tal como ocurrió 2002/2003 y en el 2014, cuando también vimos manifestaciones “masivas”, las grandes concentraciones, sobre todo en Caracas y otras grandes ciudades, se realizaban solo en ciertos sectores, geográficos y sociales, de clase media o media baja y ciertas zonas de las ciudades, pero en el área central y en áreas populares la vida transcurría con cierta “normalidad”; en 2017 fue igual, aunque es cierto que vimos –hablo solo de Caracas– algunas manifestaciones importantes y actividades de calle significativas en sectores populares del oeste y del centro de la ciudad.

Eso no quiere decir que no exista apoyo popular a la oposición, como anhela y pretende señalar la dictadura, simplemente significa que ese apoyo busca manifestarse de otra manera. Esa es la lectura política que tenemos que hacer y que algunos se niegan a ello, porque deja muy mal parada la idea pro abstención o contra la participación electoral. Me explico.

De los procesos de manifestaciones y paros de 2003/2004, que igualmente fueron mermando, “salimos” con un evento masivo de recolección de firmas –el llamado “firmado”– para lograr el RR del 15 de agosto de 2004, del cual salimos derrotados, gritando un fraude que nunca pudimos probar y con la inercia de una política que resultó inoportuna e inmanejable ya que apelar a esa política del fraude sin resolverlo, sin tener una respuesta alternativa y contundente, trajo graves consecuencias en desmotivación que aun pagamos. Pero ya sabemos lo poco propensos que somos a admitir los errores que cometemos.

Tras la llamada “salida” o manifestaciones de “calle” en el año 2014, se inicio un proceso de discusión que concluyó en un proceso de primarias para elegir los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional, elección que se realizó en 2015 y en la cual obtuvimos la mayoría de los votos y 2/3 de los diputados.

Del proceso de protestas de 2017 “salimos” con el plebiscito del 16 de julio en el cual recogimos más de 7 millones de firmas, legales, mostrables, que todo el mundo vio en las calles y no como en el “fraude” masivo del 30 de julio para la elección de la inconstitucional ANC.

Cuando se convoca un “trancazo” o cierre de calles, participan cientos, escasamente miles de personas. Cuando se convocan “manifestaciones” o “marchas”, participan cientos de miles. Cuando se convocan eventos electorales o parecidos, participan millones de personas. El análisis de estos procesos a mi me dice que la gente está dispuesta a participar masivamente en eventos en los cuales se pueda expresar pero que le garanticen una cierta seguridad. Otras actividades de mayor riesgo y acción quedan para las “elites”; no en balde los pensadores de principios del siglo pasado decían que la política la practican las minorías, el “control” de la política es el que debemos hacer las mayorías, papel al que muchas veces hemos renunciado.

@Ismael_Perez

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No quise escribir este texto cuando -en el 2016- el video llegó a mis manos. Fastidiado por las necias discusiones entre “izquierdosos” y “cinéfilos” a la que había dado lugar el filme (no solo en Chile) no habría podido decir lo que quería decir. Después de Cannes, escribir sobre ella habría parecido adulatorio, si no oportunista. Dejé entonces pasar el tiempo y luego vinieron otros temas, otros problemas y la idea de escribir sobre el filme me fue abandonando. Hasta hace poco.

Últimamente he dedicado a perder mi tiempo gozando los poemas póstumos de Pablo Neruda. Otro Neruda, como afirma Jorge Edwards: un Neruda si no maduro, reflexivo ante los ojos de la muerte que lo mira. Un Neruda sin épica ni furor, metafísico, sin delirios ni espantos, casi filosófico. “El hombre que va hacia la muerte” (Heidegger) hace más sabio al hombre cuando el hombre sabe que va hacia la muerte. Pero sobre ese tema escribiré otro día.

El hecho es que leyendo y tratando de entender al último Neruda, acudí al Neruda de Larraín, digamos al Neruda del medio, no al joven melancólico de la pensión de la calle Maruri, pero sí al cuarentón (Luis Gnecco) quien, como tantos, tocados por la romántica de la guerra civil española, llegó al comunismo, al peor de todos: al de Stalin.

El de Chile, quizás valga anotar, era a la vez otro comunismo: un comunismo a la chilena, es decir, superficial, poco serio. O para ser más justo, a la latinoamericana. Baste recordar el filme sobre Frida Kahlo, Naturaleza Viva (dirigida por Paul Leduc) en donde nos es presentado al pintor Diego Rivera, secretario general del PC, profesando con los suyos un comunismo más etílico que el alcohol. El comunismo de los intelectuales y artistas parisinos no le iba a la zaga. El comunismo, en fin, no solo fue una ideología de dominación estatal. Tampoco fue solo el medio que encontraron los sindicatos de trabajadores para adquirir formato político en algunos países, entre ellos, Chile. Fue también una moda de la burguesía intelectual de la izquierda occidental.

El único comunismo serio de ese tiempo era el del Gulag. Pero Chile estaba muy lejos. En el culo del mundo.

“Tu país no es serio”, dijo una vez el escritor ruso Ylia Ehremburg a Neruda. Y es (era) cierto. Los chilenos de entonces, al menos los políticos, usaban gomina y no eran serios. El comunismo de los comunistas chilenos, sobre todo el de sus intelectuales (hubo un tiempo en que ser comunista e intelectual eran sinónimos), no era tomado en serio ni por los comunistas. Más bien se trataba de cultivar un mito o, si se prefiere, una forma exclusiva (y exclusivista) de ser. Y así fue cuando Larraín, al comenzar la película hizo enfocar el virtuoso lente de Sergio Amstrong en una fiesta de intelectuales comunistas con Neruda disfrazado de Lawrence de Arabia, “chacoteando” con su poema 20; muy a “la chilena”.

Eran otros tiempos aquellos. Senadores y diputados discutían a muerte, o hacían como que lo hacían. Y después en los lavabos la discusión continuaba, o simplemente hablaban de otras cosas. Larraín no inventó nada al presentarnos esas imágenes político-urinarias. Muchas decisiones históricas, alianzas, pactos decisivos, fueron tomados en Chile con la pichula al aire como comentó una vez ese cronista de la política criolla a quien casi todo Chile escuchaba: Luis Hernández Párker.

Cierto: algunos comunistas lo pasaron muy mal en Pisagua. Pero fue un tiempo corto, solo destinado a cumplir formalmente el dictamen de Truman, quien con su “ni un paso atrás” trazó una raya –la de la guerra fría- que llegó hasta el polo sur. Pero no hubo torturas infrahumanas, ni maltratos, ni violaciones, ni asesinatos a granel. Aunque si seguimos el ritmo de la película de Larraín, todo eso ya estaba latente.

Genial idea la de Larraín al hacer aparecer al tenientucho Augusto Pinochet como custodio de las prisiones de Pisagua. Como diciéndonos: lo del 73 no vino de la nada. El 73 fue el resultado de un largo proceso de gestación cuartelera. Pero eso no lo podía saber nadie a fines de los años cuarenta. El senador-poeta Neruda, tampoco.

La conversación entre Neruda y el ex presidente liberal-populista de Chile Arturo Alessandri Palma (Jaime Vadell), sentados ambos a la salida de los lavabos del Congreso, si no existió, pudo haber sido posible. Eso es al fin lo que importa. Alessandri podía conversar con un senador comunista.

Un hijo de Alessandri Palma, Jorge, fue, además, el primer presidente gay de Chile, y tal vez de Latinoamérica, y quien sabe si del mundo. El mismo quien, cuando fue presidente, caminaba a pie desde su departamento de la calle Philips, número 16, con su portadocumentos bajo el brazo, hasta llegar a la Casa de la Moneda a ejercer su trabajo, como cualquier oficinista.

No, no idealizo: la de Chile no era una democracia ideal. Aunque a veces, a pesar de sus horrendas injusticias sociales, parecía serlo. Olaf Palme, el sueco, también iba a ejercer su trabajo de mandatario, sin custodia; y en bicicleta. Pero un día lo mataron. Alessandri, Jorge, el chileno, el conservador, el gay. “el paleta”, en cambio, murió en su cama a diferencia de su padre Arturo, quien, según cuentan las buenas lenguas, murió en un prostíbulo (el de “la turca Yusuf”, para ser más preciso.) No sé si era el mismo que frecuentaba Neruda, pero pudo haberlo sido.

Pablo Larraín se hizo informar. El retrato de fines de los cuarenta es casi perfecto. Lo sé, lo llevo grabado desde mi primera infancia. Las vestimentas, los sombreros con cinta, y esos bigotillos afirulados a lo leo marini que le endilgó al mexicano Gael García, todo eso realizado con la más pulcra exactitud. Hasta el peinado de Delia del Carril (Mercedes Morán) la mujer de Neruda, me hizo recordar a una tía que se peinaba igualito. Pero, naturalmente, Larraín quería avanzar más allá de una presentación documental. El centro de la película, digamos, su segunda dimensión, reside en la trama. Una trama nada de chilena; mas bien, universal.

La trama surge de una relación interpersonal: la del policía perseguidor y el poeta perseguido. En sí no es novedosa. Desde Crimen y Castigo de Dostoyevski es y será materia de muchos krimis. La identificación tortuosa del psicópata con el comisario ha sido llevada hoy por el noruego Jo Nesbø al nivel de la maestría. La encontramos, además, en diversos filmes. La figura del policía Peluchonneau, hijo no reconocido de un gran policía fundacional, hace recordar al perseguidor de La Muerte y la Doncella (nada menos que Ben Kingsley) filmada por Roman Polanski de acuerdo a la pieza teatral de Ariel Dorfman. La diferencia es que en la película de Larraín, el perseguido juega con el perseguidor, dejando pistas, poemas, fragmentos de una novela no escrita. Hasta que llega el momento en el cual los roles comienzan a invertirse: el perseguidor pasa a ser víctima del poeta.

Los diálogos destinados a realizar ese proceso de inversión son méritos literarios del guionista Guillermo Calderón. La gradualidad de la conversión del perseguidor en un objeto nerudiano encuentra siempre los tonos adecuados. Como a lo largo de toda la película, donde la historia se conjuga perfectamente con su simbología.

La historia: la verdad es que el gobierno de Gabriel González Videla (1946-1952) necesitaba perseguir a Neruda. Pero también es cierto que no le convenía apresarlo. La idea era declararlo prófugo, mas no recluso. ¿Qué habría hecho González Videla con Neruda en prisión, ante el clamor de todo el mundo democrático exigiendo su libertad? Si el presidente hubiera querido apresar a Neruda, habría enviado un comando en su búsqueda y no a un solitario y acomplejado detective. González Videla no quería hacerse problemas. El era mediocre, pero no era Pinochet.

Así, el dictum de Marx fue cumplido en Chile exactamente al revés: la historia se repite: primero como comedia, después como tragedia.

La simbología: el perseguidor es derrotado por la palabra escrita del poeta. El poder de la palabra, sobre todo si esta palabra es poética, puede derrotar a los regímenes más arbitrarios, parece decirnos Larraín. Efectivamente, cuando un campesino asestó el golpe de gracia en la nuca del pobre Peluchonneau, este ya estaba muerto en vida, derrotado por la palabra del poeta. Naturalmente, algo así solo puede ocurrir en las películas. En la realidad suele suceder exactamente lo contrario.

En cierto modo, Larraín, a través de Neruda, realizó el oculto deseo de cada artista: el de cambiar la realidad con su arte. Pero –y aquí entramos a otra dimensión del filme- Neruda estaba lejos de ser un superhombre. Más bien era todo lo contrario. Neruda, el hombre, el mismo que llegó con sus palabras hasta las alturas del Machu Pichu, fue mostrado por Larraín con todas sus bajuras. Humano, demasiado humano, diría Nietzsche.

Para seguir con Nietzsche: nada de lo que fuera humano era ajeno a Neruda. Hecho cuya presentación fílmica escandalizó a sus hagiógrafos. No era fiel a sus mujeres, algo egoísta, pagado de sí mismo, bueno para el trago, comilón, libidinoso y putero como el que más. En esa presentación del Neruda de carne y hueso, Larraín fue despiadado, casi cruel. No obstante, Neruda parece solo confirmar una regla: La de la distancia que existe entre el artista creador y el hombre que lo cobija. Sobre ese tema se ha escrito mucho.

Hace algunos días terminé de leer la excelente y detallada biografía sobre Richard Wagner, escrita por Walter Hansen. Wagner: un pillastre, avaro, chismoso, conspirador, y para remacharla, antisemita. Su música, definitivamente, no tiene nada que ver con la persona que fue. En Wagner, como suele ser corriente, habitaban dos seres: uno muy materialista; otro, profundamente espiritual. Del mismo modo, si recordamos a Miloš Forman en su película Amadeus, la distancia entre el músico celestial y el Mozart cotidiano (en la película, un verdadero retrasado mental) es abismante. Podríamos llenar páginas citando ejemplos parecidos. No viene al caso. ¿O sí era el caso de Neruda? A primera vista, sí. Pero para quienes nos hemos ocupado –aunque sea un poco- con la obra nerudiana, no.

No: la poesía de Neruda, a diferencias de la música de Mozart o de Wagner, era y es de este mundo. Por cierto, también es, la suya, una poesía del más allá. Pero el más allá nerudiano viene siempre del más acá. Ahí reside precisamente la grandiosidad de su poesía. Lo que en tantos creadores es una escisión, constituía en Neruda una unidad. Quiero decir, su poesía es metafísica, física e intrafísica a la vez. Pero dejemos que nos lo explique el mismo poeta. En su libro póstumo, Elegía (XX) escribió:

Yo, precador de todo régimen

con comedores de regiones remotas

turcomanos, kirghisis, caucásicos pastores,

me determino cantor y carnívoro,

me alborozan los cuerpos y la música.

la alegría profunda del estómago,

la voz de los sonámbulos violines.

A confesión de parte, relevo de pruebas. Así era Neruda. Así era su poesía. Radicalmente material y radicalmente espiritual. La poesía de Neruda viene y vive de este mundo, está en cada cosa, en lo más profundo de la materia, en los códigos de las aguas, en la concha marina de las hembras, en las algas prehistóricas y en el pan de cada día, en sus amores elementales y en sus terribles odios.

Pablo Neruda fue un prodigio chileno. Pablo Larraín parece que será otro prodigio chileno. Porque hacer tres películas en un año (El Club, Neruda, Jackie) y que las tres sean nominadas o premiadas en los más encumbrados festivales del mundo, no lo hace cualquiera. Debe ser un record mundial.

Quizás Larraín como Neruda vive la vida cotidiana y el arte al mismo tiempo. Quizás por eso logró entender tan bien a su personaje. Quizás por eso le habló a Neruda de tú a tú, de Pablo a Pablo. Quizás por eso le habló de hombre a hombre, como dijo en la película el cantante de boleros, un gay que besó en la boca a Neruda cuando este, más borracho que una cuba vivía una escena tan almodovariana que hizo deshacerse en elogios al propio Almodóvar.

Neruda era un hombre lleno de amor y vida. Hay una momento, seguramente inventado por Larraín, que lo retrata de cuerpo entero. Ocurrió en Valparaíso. Neruda, el fugitivo, incapaz de permanecer en el encierro, salió a vagar por las calles del puerto. Una joven mendiga se acercó y le pidió dinero. Neruda le dijo: “No tengo nada que darte”. Y luego, la abrazó, largamente. Después le regaló su abrigo. Por supuesto, cerca había un fotógrafo y al día siguiente apareció en todos los diarios.

El amor en Neruda no era un amor ideológico. El suyo –este es uno de los aspectos poco estudiados de su poesía- era un amor casi religioso, neo-testamentario, simple amor al prójimo, o al ser porque simplemente es. Naturalmente, Pablo Larraín no podía dar cuenta de esa capacidad de amar, pero logró intuirla y, lo que es mejor todavía, logró transmitir sus intuiciones.

En fin, una gran película. Creo que eso basta. Por ahora. Lo que sigue es poesía.

septiembre 16, 2017

https://polisfmires.blogspot.com/2017/09/fernando-mires-el-pablo-neruda-...(POLIS)

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Jesús A. Jiménez Peraza

Durante la presente semana estuvo nuevamente sobre el tapete de la política nacional, el tema del diálogo. Por supuesto, estoy plenamente de acuerdo con el intento, porque su antípoda es la guerra o confrontación que ningún ser humano puede querer. Pero en nuestro caso concreto, algunas circunstancias deben variar para que sea fructífero. Creo que los fracasos anteriores evidencian la necesidad de atender por lo menos los siguientes aspectos: en primer lugar, las partes deben estar convencidas que es un mecanismo necesario, como en efecto es, para la consecución del fin principal de reimpulsar a Venezuela y sacarla del estado deplorable en el cual se encuentra. La mezquina motivación de cada una de las partes debe ser considerada como secundaria.

Todos los problemas, incluidos los que aparentemente son imposibles se resolver, pueden serlo a través del diálogo. En algún escrito anterior he hecho la siguiente referencia sobre un pasaje en el libro del científico Stephen Hawking (“Breve historia de mi vida”) quien recuerda como Adolph Hitler y sir Winston Churchill acordaron no bombardearse recíprocamente las ciudades de Oxford y Cambridge, en Inglaterra, ni Gotinga y Heidelberg, en Alemania, a pesar de las marcadas diferencias entre ambos líderes y lo cruento de la II Guerra Mundial, para preservar los tesoros artísticos en ambas ciudades eminentemente universitarias. No es posible entonces que los polos en los cuales está separada políticamente Venezuela, no sean capaces de acordar puntos en discordia para salvar a un país que les es común.

En segundo lugar, el árbitro y los representantes de las partes. El primero debe ser imparcial y en lo posible con entrenamiento suficiente para moderar, con posibilidades de éxito, en el conflicto. El presidente Danilo Molina de República Dominicana y el expresidente español José Luís Rodríguez Zapatero, no parecen generar confianza en una de las partes y ello dificulta un feliz resultado. En el mundo y en el país, existen centros especializados en conciliación y arbitraje, que manejan métodos y técnicas apropiadas, a los cuales pudiéramos recurrir.

En cuanto a los mandatarios o representantes de las partes, es decir, del gobierno y la oposición venezolanos, tengo la impresión que están agotadas sus aportaciones. El Dr. Jorge Rodríguez señaló por televisión que “he asistido a más de cien reuniones relacionadas con el diálogo”, significa entonces que tiene pocas posibilidades de conseguir un acuerdo porque sus argumentos ya son repetitivos e improductivos, por razones elementales de desgaste. En cuanto a los voceros de la Mesa de la Unidad, aunque no cuestiono su legitimidad como representantes del sector opositor, me parece que también están agotados por sus constantes intervenciones en ese sentido y propician que el gobierno se limite a cuestionar sus actuaciones personales en otros escenarios, lo que desmejora las posibilidades de coronar acuerdos. Incluso a algunos les oí decir que se reunirán con el presidente dominicano, no con los representantes del gobierno venezolano lo que implica que no tienen mayor interés en dialogar, faltando la condición básica que señalé en primer término. Quizás pudiera probarse con otros personajes representativos de una oposición ampliada.

En tercer lugar, la agenda. El gobierno aparentemente busca reconocimiento internacional como país democrático y el cumplimiento de su período, mientras la oposición pretende acortarlo, el desmontaje de la Asamblea Nacional Constituyente y la libertad de los presos políticos. Todos estos ítems son en extremo importantes como objeto de la conciliación, pero debe anteponerse la satisfacción de las necesidades primarias de provisión de alimentación y medicamentos para la población. El abastecimiento de productos básicos ha de ser la prioridad y, en la sobremesa, se desarrollan los demás temas. Esto es elemental, seguro estoy que un acuerdo de partes en este sentido facilitaría la creación de canales internos y externos para traer alimentos y medicinas, que obviamente aligeran la pesada carga que soporta en la actualidad el pueblo venezolano. Dios proteja a Venezuela!

jesusjimenezperaza@gmail.com

@jesusajimenezp

16/09/2017

 3 min


Benigno Alarcón

Carta del director

El pasado domingo 10 de los corrientes se celebró una elección primaria en la que la oposición escogió a sus candidatos a la elección de gobernadores que, supuestamente, tendrá lugar el próximo 15 de octubre. Como era de esperarse, fue un proceso que la mayoría del país ignoró, al igual que ha sucedido con otros llamados hechos tras la materialización de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente el pasado 30 de julio.

Si bien es cierto que la participación en una primaria no es un buen predictor de cuántos votarán en la elección regional, el estado de ánimo generalizado y las razones de una mayoría opositora hoy pasiva, no es algo que pueda cambiarse fácilmente en un mes. Ello tiene potenciales repercusiones en la elección regional que no pueden ignorarse y que el régimen bien conoce y tratará de aprovechar.

Desde la secuencia iniciada por Chávez tras su elección en 1998, seguida del referéndum para nombrar la asamblea constituyente, le elección de los constituyentes y la aprobación de la nueva Constitución en 1999, cerrando con las nuevas elecciones generales del 2000, el acomodo del calendario electoral para generar una cascada electoral favorable ha sido una estrategia exitosa a la que el régimen ha recurrido. Una y otra vez ha aprovechado el efecto desmovilizador que tienen determinadas batallas, que hábilmente, se posicionan desde el Gobierno como grandes derrotas para la oposición.

Hoy en día, el rechazo al Gobierno de Maduro da a la oposición un margen suficientemente amplio como para ganar cualquier elección –aún con niveles de participación significativamente bajos– pero en la medida en que la participación sea más baja también lo será el margen de votos que el régimen necesitaría para –tomando ventaja del control del Estado– imponerse de manera fraudulenta en una elección.

Es en el ámbito de este razonamiento que es importante responder a la pregunta: ¿Cómo las elecciones regionales ayudan o perjudican a la oposición? Para responder, corresponde primero tener claro cuál es el objetivo de la oposición, si todo el liderazgo de oposición está alineado con tal objetivo, o si, por el contrario, existen objetivos mutuamente excluyentes. Dejando a un lado cualquier cálculo individual, egoísta, de algún actor que pretenda priorizar sus objetivos –personales o de partido– sobre los de la mayoría del país, la realidad es que la gran mayoría del electorado y del liderazgo tienen como propósito lograr un cambio de gobierno. Esa es condición sine qua non para emprender el cambio de rumbo político, social y económico, sin el cual no hay futuro posible.

Si el propósito es el de producir una transición política, la elección regional, para que sea útil, debe estar enmarcada en una estrategia diseñada a tal fin. De no ser así, la elección regional perjudicaría el objetivo de producir el cambio.

Al contrario de lo que algunos creen, los regímenes autoritarios celebran elecciones y, en muchas ocasiones, con más frecuencia que las democracias. En un primer momento, como sucedió cuando Chávez gozaba de sus mayores niveles de apoyo popular, se celebraban elecciones competitivas de manera continua y en todos los niveles para colocar todo el aparato estatal en manos de sus aliados políticos. Posteriormente, al perderse la mayoría del apoyo electoral –como sucede hoy con Maduro– el voto se ejerce con menor frecuencia. Se manipulan tanto los tiempos como sus condiciones, haciendo las elecciones menos frecuentes, menos libres y menos competitivas, sobre todo en el caso de cualquier consulta nacional que ponga en peligro el control del Estado, como sucedió con el revocatorio y la elección de la asamblea constituyente. Es así como los regímenes híbridos, al volverse menos competitivos, van mutando hacia autoritarismos hegemónicos de partido único, o donde los partidos “legales” son solo los cooptados por el régimen para exhibir una decoración “democrática”. Para ellos se mantienen espacios subnacionales de competencia electoral, como en estados y municipios. El régimen busca así alimentar una dinámica clientelar-competitiva en la cual partidos de gobierno y oposición compiten en un microjuego por espacios y recursos, controlados y limitados por el régimen, que no implican una amenaza para el control del gobierno central.

En este sentido, si las elecciones regionales sirven para dividir, alimentado las apetencias individuales al profundizar un dilema de prisionero en el que la no cooperación se convierte en el equilibrio entre partidos y actores de la oposición –que priorizan sus estrategias individuales sobre la búsqueda de un consenso unitario, neutralizándose unas a otras en la fantasía de que quien tenga la minoría mayor podrá ser gobierno– el régimen habrá impuesto su estrategia para escoger a la oposición contra la cual competirá en el futuro, y podría terminar siendo la minoría mayor entre una oposición mayoritaria, pero fragmentada y desmovilizada.

Si, por el contrario, la oposición retoma el camino de la Unidad, haciendo de cada candidato a la regional una candidatura unitaria y no del partido X, Y o Z; si se entiende esta elección regional como una oportunidad para reforzar la maquinaria unitaria de cara a un proceso de transición política bajo una estrategia que sume y multiplique –no una que divida y reste, y que hoy pareciera no existir–, entonces la oposición habrá hecho buen uso de este proceso y comenzaremos, no solo a ver la luz al final del túnel, sino a tener el túnel que nos llevaría a ella.

Politika Ucab

Caracas, 15 de septiembre de 2017

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La historia se repite, dice la conseja popular. Según argumentan los propios vecinos, es la tercera vez que ocurre similar situación en Valle Verde; y seguramente no faltarán quienes lo justifiquen diciendo que es un fenómeno natural, o que son los designios del Señor, o cualquier otra cosa. Adjudicar la responsabilidad a la naturaleza es relativo, no olvidemos que la naturaleza, el ambiente, ha sido afectada y trastornada por los efectos de un irracional modo de producción llamado capitalismo que no respeta ni a la naturaleza ni al ambiente. Pero además, los mismos vecinos reclaman la falta de atención de las autoridades en materia de prevención de desastres; entre ellas, la limpieza y mantenimiento requerido por la quebrada.

La señora muere ahogada y sus familiares estuvieron a punto de perecer del mismo modo (salvados gracias a la valentía de unos jóvenes) no solo por la inclemencia del "fenómeno natural"; sino porque tenían su humilde vivienda en un lugar donde no está permitido por las leyes construirlas; porque los encargados de hacerlas cumplir se hicieron de la vista gorda y no les proveyeron nunca del techo digno que la constitución le otorga como derecho a todos los venezolanos, y encarga al gobierno de garantizar su cumplimiento; sin embargo, la tan cacareada Gran Misión Vivienda Venezuela nunca los incluyó en la lista de "beneficiados".

Aunque ninguna indemnización logrará sustituir la vida perdida, la constitución vigente, la misma que quieren cambiar los usurpadores "constituyentistas", obliga al Estado a resarcir los daños causados a los ciudadanos por culpa de las fallas cometidas por sus funcionarios. Además de la pérdida de la vida de esta señora, las viviendas y vehículos de otros vecinos resultaron seriamente afectados; por tanto, los funcionarios de la administración pública nacional, regional y municipal con "competencia" (o mejor dicho, incompetencia) en la materia, deben asumir su responsabilidad ante estos hechos

Las lluvias no solo han "afectado" a 120 familias en MBI; las lluvias nos han "afectado" a todos los que vivimos en este municipio, entre otras razones, porque las autoridades nacionales, regionales y municipales con "competencia" en la materia, no realizaron a tiempo las obras de prevención necesarias para evitar la magnitud de la tragedia que hemos sufrido. Si a las consecuencias de las lluvias sumamos los efectos de los promontorios de basura acumulada y los botes de aguas negras que encontramos en distintos lugares del municipio, llegamos a la conclusión de que el ESTADO DE INSALUBRIDAD ha continuado existiendo a pesar del secuestro del legítimo alcalde y la usurpación de su cargo.

Después de ocurrida la tragedia, la gobernadora inspecciona con el "diente pelao". ¿Será que el dolor ajeno le causa risa? Ella es una de las responsables directas de esta tragedia. Ella debió inspeccionar y ordenar la realización de las obras de prevención requeridas con antelación; sin embargo, viene ahora a pasearse sobre los escombros del desastre dizque natural.

La tragedia de Valle Verde tiene responsables directos e indirectos. De igual manera, existen órganos encargados de investigar y determinar culpabilidades. Los mariobricenses esperamos que tales hechos no se cubran con el silencio cómplice y el manto de la impunidad.

Exigimos al Concejo Municipal una investigación exhaustiva, un pronunciamiento público y las medidas sancionatorias a los funcionarios involucrados. De igual manera esperamos que los concejales de la "oposición" emitan pública opinión al respecto y rompan con los votos de silencio que han mantenido hasta ahora.

Concejal MBI

El Limón, Aragua, 14 de septiembre 2017

Foto: @barbaramanuel. El Pitazo

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