Pasar al contenido principal

Opinión

El Referendo Revocatorio encierra la siguiente paradoja política: la recolección de las manifestaciones de voluntad del 20% de los electores va a ser tan fulminante como su convocatoria final. Es por eso que el debate sobre la fecha del revocatorio —aunque relevante— no será necesariamente el factor definitivo. Y todos los eventos que lo anteceden son tan importantes políticamente como su consumación.

Aunque avance lentamente, el referendo va dejando secuelas que son cada vez más determinantes. Es como una bola de nieve que va creciendo con el tiempo. La marcha del 1 de septiembre pareciera reflejar un punto sin retorno y lo que sucedió en Villa Rosa demuestra un efecto de esa misma bola de nieve que ya alcanza a los estratos más bajos de la población.

Si el chavismo hubiese querido detener el referendo a través del Tribunal Supremo de Justicia ya lo hubiese hecho. Es precisamente lo que el “madurismo” hubiese querido sentenciar hace meses, pero que curiosamente no ha podido materializar. Ha sido mas fácil para el gobierno disolver (en la práctica) a la Asamblea Nacional, a través de la Sala Constitucional, que impedir definitivamente los avances procedimentales para su convocatoria.

Las razones son evidentes: el referendo tiene amplio apoyo entre todos los venezolanos, ha sido bien encauzado políticamente por la oposición y tiene simpatizantes dentro del mismo chavismo y del mundo militar.

En estos momentos tan delicados, el país está unido en torno al Referendo Revocatorio y la inminente necesidad de estabilizar la economía. Mas de 85% de los venezolanos quiere un referendo, según las encuestas más serias del país. La población se aferra a esta esperanza, incluso si implica aguardar con penurias para ver cumplida su materialización. Ese mismo 85% de la población reconoce que el desabastecimiento y la inflación son los principales problemas nacionales, incluso superando el tema de la inseguridad. La gente entiende que el cambio económico implica una transformación política que debe tener un carácter tanto pacífico como electoral. Este fue el principal mensaje detrás de la masiva movilización ciudadana del 1-S.

¿Qué puede pasar después de tener el 20% de las voluntades?

Una vez que se hayan reunido las voluntades, tanto el Presidente como su anillo de poder más cercano van a quedar políticamente aislados. Con una economía en ruinas, es imposible que Maduro gane alguna consulta. Y la verdad es que el debate sobre los tecnicismos que rodean la forma de recoger manifestaciones de voluntad es algo que quedará como material para un buen seminario sobre reglas electorales. Pero lo cierto es que a estas alturas tienen poca relevancia política. Sin importar qué tipo de reglas bizantinas sean seleccionadas (seguramente regulaciones absurdas, como a las que nos tiene acostumbrado el CNE), la meta del 20% va a ser superada y reflejará una mayoría abrumadora.

El “madurismo” anticipa, por lo tanto, que no puede impedir la recolección de las manifestaciones de voluntad y que tampoco puede ganar el referendo. Y por eso reacciona con tanta vehemencia. Su única tabla de salvación es una confrontación violenta que permita justificar la suspensión del proceso. Pero ese evento no lo quiere nadie: ni la oposición, ni el mismo chavismo y mucho menos los militares. Tampoco lo quiere la sociedad en su conjunto.

A estas alturas todos los actores relevantes sospechan un desenlace. Lo que se desconoce es cuál va a ser su modalidad. El Presidente Maduro, una vez que la oposición haya recogido el 20% a finales de octubre, apostará a la abstención. Tratará de convencer a su propia militancia de que, si bien no puede ganar el referendo, puede impedir que la oposición consiga suficientes votos para revocarlo. Pero el chavismo luce agotado después de una resistencia fútil y es muy probable que lo abandonen públicamente. Maduro pasará a ser una apuesta sin sentido alguno para el PSUV y para sus satélites organizacionales.

Y en caso que el chavismo continúe resistiendo incondicionalmente, el PSUV corre un riesgo real de dividirse ante la negativa de encarar la magnitud de un crisis política y económica sin precedentes.

¿Y qué puede pasar con el chavismo y los militares?

El chavismo tratará de contener las aguas crecidas hasta comienzos del próximo año —quizás con algún tipo de apoyo militar— y pretenderá controlar un proceso de cambio de gobierno para impulsar una renovación de su propio liderazgo, preferiblemente sin activar ningún proceso electoral. La fórmula sería la renuncia del Presidente a comienzos del 2017 (antes de la realización del referendo). Y eso tendría como corolario el nombramiento de un vicepresidente que satisfaga los intereses de grupos muy diversos.

Bajo estas circunstancias, el chavismo aceptaría la necesidad de articular un nuevo programa económico, buscaría renovar el liderazgo de su partido e intentaría rescatar simbólicamente un legado revolucionario y un capital político que ha sido dilapidado por la peor gestión que haya experimentado el país en su historia republicana.

Es una apuesta que luce complicada, pero no es una propuesta desquiciada.

Los militares enfrentan una encrucijada similar. Las Fuerzas Armadas han venido, deliberadamente, tomando el control de todas las esferas de gobierno para lograr dos objetivos: el primero, aumentar su poder de negociación con cualquiera de los factores políticos (sean chavistas, maduristas u opositores) para poder garantizar así su continuidad histórica y minimizar los daños colaterales que un proceso de cambio pueda producir; el segundo, los militares (en especial los más institucionales) buscan quedar en una posición de poder que les permita definir la modalidad del proceso de cambio que experimentaremos en los próximos meses.Y esa modalidad no es única, sino más bien múltiple y perfectamente puede mutar en el tiempo.

El país puede desviarse por distintos senderos o incluso cruzarse nuevamente. Y todos estos caminos llevan a resultados muy diferentes.

Estamos entrando en un delta turbulento.

¿Cuáles son esos cambios que pueden venir?

Una de las tantas modalidades de cambio puede implicar un control directo del sistema político y económico por parte de las mismas Fuerzas Armadas, sin ningún tipo de intermediación política una vez que tomen control de la vicepresidencia y, posteriormente, de la presidencia. Todo esto por vía constitucional. Otra modalidad supone una renovación del chavismo con apoyo militar, sin necesariamente permitir una apertura democrática hacia la oposición. Tampoco es descartable que los militares decidan sacrificar al chavismo y precipiten el Referendo Revocatorio, así como unas elecciones presidenciales. Y, finalmente, existe un escenario en el cual los militares pueden convertirse en un factor determinante para impulsar un acuerdo amplio entre el chavismo y la oposición para restaurar tanto la democracia como el estado de derecho.

Es difícil anticipar qué opción prefieren los verdeoliva. Lo cierto es que las Fuerzas Armadas se han convertido en el actor silente que va a mover el país por un sendero u otro. Y es indudable que las condiciones objetivas (tanto políticas como sociales) influirán en su decisión, pues su principal objetivo será preservar la institución, así como todos (sí: todos) sus privilegios.

No en vano, el expresidente Ramón J. Velásquez, quien además era un gran historiador, hablaba del partido histórico: es imposible contabilizar y entender cualitativamente los cambios políticos venezolanos sin tomar en cuenta la influencia de esta institución tan particular.

¿Cómo se percibirían estos escenarios?

La primera modalidad de cambio es internacionalmente inaceptable, pero tampoco es inverosímil: tenemos como muestra a Egipto con Al-Sisi. La segunda supone un relanzamiento de una coalición cívico-militar chavista bajo un presidente interino, quien asumiría después de enero de 2017 pero que continuaría cercando a la oposición y al Parlamento nacional. Y la última consiste en que sean los mismos militares quienes obliguen —bajo la cooperación internacional— a un proceso de negociación entre chavismo y oposición que culmine con un gobierno de cohabitación dirigido por una figura de consenso con perfil chavista. Este gobierno conllevaría a la restauración de la Asamblea Nacional, a la elección de gobernadores y alcaldes y, muy posiblemente también incluiría una profunda reforma constitucional. Esta última modalidad de cambio implica el otorgamiento de garantías mutuas a todos los actores políticos relevantes.

Frente a esta realidad, la oposición tiene una sola posibilidad: continuar ejerciendo presión a través de la movilización social para acelerar la velocidad del referendo e incrementar, simultáneamente, su poder de negociación frente al chavismo y la esfera militar. Después del 1 de septiembre, la oposición logró romper con la idea que era un actor que podía ser manipulado por los factores disidentes chavistas para activar el referendo y que podría ser ignorado posteriormente durante el proceso de cambio al posponer su realización hasta el año entrante. Para el chavismo no madurista, pareciera evidente que la oposición es una fuerza plural que no sólo tiene una gran fuerza electoral —con control de la Asamblea Nacional— sino que también comienza a ser un factor de poder que es fundamental para poder estabilizar el país.

¿Cuáles son los escenarios que abre la oposición?

De modo que la movilización social abre dos escenarios potenciales para la oposición. El primer escenario es uno en el que, gracias a la presión de calle, se logra adelantar el Referendo Revocatorio antes de fin de año y se precipita una nueva elección presidencial que sin duda alguna ganarán cómodamente. El otro escenario conlleva a que esa misma presión social obligue a los militares a forzar al chavismo a aceptar la mediación internacional (bajo otras condiciones) para convenir los nuevos términos políticos y constitucionales de una convivencia democrática que provea garantías mutuas entre las partes.

El primer escenario implica un colapso del chavismo como consecuencia de la movilización popular. El segundo es lo que en ciencia política conocemos como un cambio por “extricación”: implica una negociación para lograr concesiones por parte de quienes tienen un control absoluto sobre el ejercicio del poder a cambio de protecciones institucionales. De hecho, estas concesiones muchas veces implican aceptar mecanismos no democráticos para proteger a quienes ceden espacios de poder a cambio del restablecimiento de derechos políticos y civiles.

Aunque el revocatorio no haya ocurrido aún, sus consecuencias comienzan a ser notorias: el cambio en Venezuela es inevitable pero su direccionalidad es incierta. Existen múltiples modalidades que pueden activarse una vez que se recojan las manifestaciones de voluntad y que son modalidades que pueden ir mutando con el paso de los meses. Uno de esos tantos caminos puede implicar un proceso con las características democráticas que muchos deseamos pero también pueden abrirse otros senderos mucho más sombríos.

Ciertamente, una oposición movilizada y con una gran fuerza electoral aumenta considerablemente los probabilidades de un cambio que precipite un proceso de negociación creíble tanto con el chavismo como con el mundo militar. Un chavismo descontento y dispuesto a abrir un diálogo creíble también ayuda en este mismo sentido. Eso sería lo mejor para Venezuela. Pero lo que sí es cierto es que ya estamos en una coyuntura histórica definitiva y la forma cómo el liderazgo chavista, militar, pero también opositor, afronten políticamente el conflicto actual marcará la vida del país durante las próximas décadas: para bien o para mal.

Artículo extraido del portal de Prodavinci 13/09/16

 8 min


Estos son nuevos tiempos para el derecho, de notable avance por lo que respecta a la salvaguarda eficaz de bienes jurídicos que contribuyen a una sociedad más justa. En ella, el derecho penal cumple con su papel de última ratio o último instrumento al que se recurre cuando no queda otro remedio, todo ello con la idea de preservar los principios fundamentales que procuran evitar los riesgos de la arbitrariedad.

Bien podemos decir que vivimos una época de imprevisibles disparates penales, cuyo simple enunciado podría ser el contenido de un curso de ampliación que ilustre los absurdos a los que se puede llegar con evidente riesgo para el bien más preciado después de la vida, como lo es la libertad.

Los profesores de derecho penal tenemos ahora un amplísimo elenco de ejemplos de horrores penales que ameritarían impedir la graduación como abogados de sus perpetradores.

Hay principios básicos o elementales en derecho penal que hoy nadie pone en duda. Se trata del principio de legalidad que exige que solo se puede castigar por hechos precisos descritos en la ley, sin que pueda aplicarse una norma penal a una conducta no prevista y, si estuviera descrita, dejar a un lado la sanción si existe una causa de justificación, de inculpabilidad u otra norma que excluya la responsabilidad penal.

Resulta absurdo, incomprensible, inaudito que se prive de la libertad a un ciudadano por un hecho intranscendente o no contemplado en la ley, como paso primero y elemental para someter a proceso a un ciudadano, lo cual debe ser evaluado por quien tiene el monopolio del ejercicio de la acción penal, esto es, por el Ministerio Público.

El problema no es simplemente académico, ni complejo.

En Venezuela, hace unos días, un ciudadano quedó privado de su libertad por haber hecho volar un “dron” y tal comportamiento ha sido calificado como de “favorecimiento bélico”, lo que supone que se haya incurrido en un delito grave, de traición a la patria, según el artículo 140 del Código Penal, supuesto que implica un atentado contra la soberanía, la independencia, integridad y seguridad exterior de la nación, para no abundar en muchas palabras.

Ahora bien, ese artículo 140, introducido en forma disparatada en la reforma de 2005 para sancionar a SÚMATE, ya no puede llamarse “favorecimiento bélico” porque se eliminó la referencia a favorecer al adversario en tiempo de guerra y, por otra parte, resulta un disparate aceptar que hacer volar un “dron” para captar las imágenes de una manifestación pueda ser calificado como traición a la patria, ya que si ello fuese así, portar una cámara de fotografía, llevar un celular o cualquier otra conducta inocua y legítima podrá ser calificada como un delito de tal naturaleza, considerando que cualesquiera de estas conductas podría, según la interpretación absurda de la norma, ser calificada como de aparato tecnológico o apoyo logístico.

Por lo demás, es tan grueso el error y tan grave y absurda la interpretación que la propia Fiscalía, sin la cual no puede sostenerse la acción penal, no estuvo de acuerdo con tamaño exabrupto según el artículo reformado que, inclusive, fue impugnado por el Fiscal Isaías Rodríguez ante el TSJ, por lo cual ese proceso, con el dictamen de la juez, tendría que contar con un fiscal “ad hoc” que –me imagino– será designado por el Gobierno “traicionado”, como salida para proseguir el proceso.

No hay palabras supuestamente adecuadas para calificar lo ocurrido, pero no se trata de un asunto académico, sino que un ciudadano –Alejandro Puglia–, está preso por el descomunal disparate, siendo así que los presos deberían ser los que ordenaron su encarcelamiento.

Hoy en día, en nuestras cárceles, hay presos incomunicados, aislados, sometidos a tratos crueles por “asociaciones para delinquir” que no son tales, por supuesta legitimación de capitales con siembras de falsas evidencias, por enviar un “tuit” considerado ofensivo a los sentimientos de la colectividad, por “crear zozobra” en una sociedad angustiada por la irresponsabilidad del gobierno, por discursos políticos propios de una sociedad democrática o “lo que sea” bajo indicación del poder, dado que se ofendería la conciencia o la “ética” revolucionaria”. Condenados a estudiar y a reparar las ofensas a las víctimas de tales desmanes deberían ser los autores y partícipes en tan graves horrores penales.

aas@arteagasanchez.com

El Nacional, 12 de septiembre de 2016

http://www.el-nacional.com/opinion/Volar-dron-delito_0_918508259.html

 3 min


Las administraciones públicas harían bien en cultivar la tradición cooperativista española

La denominada "economía social" dispone de una importancia relevante en muchas economías avanzadas. Cooperativas o sociedades laborales son dos de las formas que adoptan esas organizaciones (o empresas propiamente dichas) que añaden a los objetivos propios del sector en el que actúan la satisfacción de objetivos de carácter social, distintos a la simple maximización del beneficio de las sociedades mercantiles al uso. El conjunto supera las 42.000 organizaciones en nuestro país, con una facturación agregada considerable, de 52.000 millones de euros, y más de 2,2 millones de puestos de trabajos directos e indirectos.

Dentro de esa diversidad institucional, son las cooperativas de distinta naturaleza las que disponen de una mayor peso económico. También las que han sufrido los rigores de la crisis, pero no más que el resto del sistema empresarial. Y, en todo caso, en las respuestas a la crisis también han prevalecido esos objetivos sociales diferenciales, con reducciones de empleo relativamente menores y con una distribución de los costes del ajuste menos asimétrica que en las empresas convencionales. Quizás porque en esas empresas de la economía social la solidaridad tiene un valor distinto. Quizás también porque sintonizan en mucha mayor medida con esa tendencia en las formas de "economía colaborativa" que están emergiendo de la mano de la extensión de las tecnologías de la información y de la comunicación.

A pesar de la crisis, en sectores importantes de nuestra economía se identifican empresas cooperativas que disponen de una mayor tradición que muchas empresas competidoras. El ejemplo que sigue siendo válido, constituyendo una referencia internacional, es el caso de las cooperativas de Mondragón, un grupo de 113 sociedades que conforman todo un sistema, ampliamente integrado en su funcionamiento, pero con un grado de diversificación sectorial que también garantiza su resistencia a los avatares del ciclo económico o directamente a crisis como la reciente. En 2015 la facturación conjunta del grupo alcanzó los 11.400 millones de euros, algo por encima del año anterior.

Menor dispersión salarial y participación de los empleados en la toma de decisiones son rasgos que caracterizan a ese tipo de empresas de la economía social. Además del sector industrial es en el sector primario donde el censo de cooperativas es mayor, incluidas las de naturaleza financiera. Son estas, las cooperativas de crédito, las que a pesar de la severidad de la crisis han garantizado una cierta defensa de la inclusión financiera. La importancia relativa sobre el conjunto del sistema financiero apenas supera el 3%, pero su vinculación al territorio y a la economía local ha sido compatible con la supervivencia, aun cuando el sector también asiste a un proceso de consolidación similar al de otras entidades. Dentro de ellas, las cooperativas profesionales, en especial las de crédito, satisfacen ampliamente las exigencias de sus asociados, con tecnología equivalente a las de las grandes entidades bancarias. También en el sector de seguros, las mutualidades contribuyen a esa amortiguación de algunas consecuencias de la crisis.

Sintonía con las nuevas formas de economía colaborativa, mayor transparencia y participación en la toma de decisiones, y peso económico menos dañado por la crisis, son algunas de las consideraciones que el Parlamento Europeo ha tenido en cuenta a la hora de conceder mayor protagonismo a ese tipo de instituciones en la formulación de algunas políticas. Las autoridades españolas harían bien en aprovechar la tradición asentada en nuestro país y cuidar la supervivencia exitosa de esos sectores. No tanto protegiéndolos frente a la competencia, sino estimulando su eficiencia y evitando penalizaciones, en particular de naturaleza fiscal. El capitalismo necesita de especies diversas, y las empresas de la economía social, las cooperativas, pueden mejorar el comportamiento del conjunto de la fauna empresarial, con mayores grados de identificación con el propio sistema económico y la generación de prosperidad.

El País

4 de septiembre de 2016

 3 min


“El peor analfabeto es el analfabeto político. Él no oye, no habla ni participa en los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas dependen de las decisiones políticas...”_

*Bertolt Brecht*

De nuevo en el tapete el tema de la anti política partidista… Tomo al dedillo lo anotado por el buen amigo Julio Castillo en su reciente columna: “Esgrimida por algunos dirigentes de la “sociedad civil” ungidos, por cierto, por ellos mismos de tal carácter de dirigentes. Normalmente no son elegidos por ninguna asamblea, ni se someten a primarias, ni a la consulta de sus seguidores para ostentar el grado de cabecillas de sus organizaciones...En una ocasión señalamos aquí como De Gaulle, de Gasperi, Cincinato, Cromwel, fueron sacados de sus retiros voluntarios para hacerle frente a una situación de crisis. Pues bien. ¿Cómo puede hacerse política exitosa en Venezuela y Carabobo, sin la experiencia de gente como Víctor León. Sin lo que sabe Diego Borges en materia electoral, o Carlos Aguilera en movilización o Chucho Ganem, Antonio Ecarri, Henrique Salas, Ely Yepez, Pérez Silva, Santafe en política?

Expuesto de tal manera, echo mano a diversas notas para intentar ubicar puntos de reencuentro, concordancia y necesario entendimiento, pues acá lo que se ha evidenciado desde hace mucho tiempo, es la falta de confianza hacia los Partido Políticos; el por qué nos llevaría a un largo, pesado e innecesario análisis que no aportarían mayor claridad a la deliberación que ahora nos ocupa…y menos aún poner en tela de juicio a los De Gaulle, Cincinato, o Cromwel de nuestro terruño en su trayectoria por ese duro y arduo camino de la política.

Así pues que tratemos de ubicarnos, para buscar esa necesaria conexión que nos permita recorrer cuanto sea menester, los unos con los otros, o como el estribillo dominical “juntos como hermanos”, en el rescate de nuestro carajeado país. Y nunca olvidemos que nuestros verdaderos adversarios están en Miraflores y en el Capitolio...no en nuestras redes sociales.

El asunto tiene sus años, pues hace más de tres lustros uno de los arrepentidos “Frankesteins” se preguntaba – refiriéndose a la Sociedad Civil… ¿Y con qué se come esto?... Por aquellos años, el padre Arturo Sosa tallaba esas lapidarias observaciones: "Una sociedad democrática requiere un sistema político en el que las organizaciones partidistas ocupen su papel de reunir intereses coincidentes, convertirlos en proyecto político y propuestas programáticas de gobierno por los que luchen cotidianamente. No hacemos, por tanto, un discurso anti-partido ni aceptamos el malintencionado esfuerzo de reducir las alternativas de futuro a la aceptación de estos populistas cogollizados con algunos retoques o alguna forma de autoritarismo más o menos militarizado. Una sociedad civil, sujeto de un sistema político democrático, complejamente organizada, tiene que expresarse -entre sus muchas formas- políticamente a través de organizaciones partidistas que correspondan a esa complejidad adquirida y representen el camino hacia un futuro más profundamente democrático, requisitos que no cumplen los actuales partidos, cuyo momento histórico pasó..."

Luego, es entonces necesario considerar que el propósito de la sociedad civil no reside en conquistar el poder, sino influir en la actuación del gobierno y de los actores políticos, con la lógica pretensión de buscar un espacio para las asociaciones cívicas en el cual converjan la paz, el respeto a los derechos humanos, el orden y la solidaridad. La sociedad civil no es enemiga de nadie, pero sí un juez muy pendiente de la rendición de cuentas. Es fundamental que la sociedad civil se revigorice, se manifieste y se ubique en la dirección de lo que se avizora como una ardua lucha; puesto que es evidente que ni el régimen inepto que padecemos ni los inoperantes partidos políticos cuentan con la debida autoridad moral para revitalizar el maltrecho civismo de nuestro país. Por tal razón, recae en la sociedad civil la tarea de liderar -sin infiltrados ni adláteres- la transformación socio-política local y nacional.

Y como siempre surge la pregunta ¿Y los líderes? Pues de ella misma saldrán, ella misma les irá creando; pues es un hecho que a la sociedad civil no se le puede detener; no se le puede ignorar, y no se le puede cooptar.

Los partidos políticos tienen que organizar el trabajo territorial, no en el sentido tradicional, de que para la configuración de mi lista para las elecciones voy a integrar a un líder local, porque eso es cooptación, eso es sacar a una persona sin que haya tenido una competencia real.

Ya se han dado los pasos decisivos, al diferenciarse de la sociedad política, a la que no pretende sustituir, pero sí regenerar. La Sociedad Civil está consciente de mantener y apoyar a los partidos políticos, solamente que el funcionamiento actual de éstos no corresponde con sus expectativas.

Para que vuelvan a tener vigencia, tienen que refundarse, que reconstruirse radicalmente, algo que parece muy difícil pero no imposible. Tienen que aceptar el resultado de sus mismos diagnósticos, que arroja un evidente rechazo. Tienen que adecuarse a la realidad sin auto-engaños, lo que pudiese inferirse como dejar ese único "objetivo estratégico" de la victoria electoral.

Los viejos jabillos partidarios impedían ver el bosque al igual que a los frondosos arbustos de la sociedad civil.

Ahora bien, las organizaciones de la sociedad civil tienen que responder rigurosamente al preguntarse qué democracia quieren, tienen que saber qué rol político quieren y cuál rol le dan a los partidos, o si seguirán esperando a que se destrocen para sustituirlos; pero siempre considerando que la crisis política, desde la perspectiva de la acción política no es responsabilidad de unos o de otros, sino que es responsabilidad de todos. Se hace impostergable llegar a un acuerdo con todos los actores para saber cómo se articulan representación y participación. ¿Es que aún hay quien lo dude? De la política depende todo, y no es cuestión de la MUD, ni de las “cuadraturas”; o de tal o cual Partido que se fractura o se transforma; ni de estrategias, tácticas, encuestas, campañas; no, eso es política electoral. La mayoría de los ciudadanos aún no se siente atraída por los partidos, pero esta misma ciudadanía se encuentra fascinada por la acción política: discute, se enerva, participa en ella como nunca antes, está pendiente de cada intervención de nuestros Diputados; los colegios y universidades visitan a la Asamblea Nacional como hace más de tres lustros visitaban las instalaciones de PDVSA; busca información confiable a propósito de la Enmienda, del Revocatorio, o de la Constituyente.

Es evidente que lo que rechaza la ciudadanía no es la política en sí misma, sino a cuantos han pretendido convertir en una exclusividad suya aquello de "representar y dirigir al ciudadano", apoderándose de su libertad de opinión y utilizándola para su propio beneficio. Ni el Estado, ni un partido político deben definir y, menos aún, decretar lo que es verdadero o bueno para el ciudadano. Así tan sólo actúan los regímenes totalitarios.

*PD:* Y de corazón, no pretendo buscar, sonsacar, o evangelizar nuevos seguidores a nuestra causa, el *PEO* (Partido de Escuálidos Organizados) pues si de tantas organizaciones políticas con trayectoria, militancia, constancia y prestancia, *solo cuatro (4) son las decisorias en el seguro porvenir de nuestra Nación*, _*pues flaco favor le haríamos a nuestra golpeada democracia.*_

 5 min


Así como en el mundo existe el Movimiento de Países No Alineados, en Venezuela hay dirigentes y pequeñas organizaciones políticas que se declaran no alineadas con la MUD, ni con el régimen. Como simple ciudadano no experto en asuntos internacionales, siempre tuve la percepción de que el grupo de dirigentes que crearon el Movimiento de Países No Alineados tenían cuatro motivos no excluyentes: 1- Sacar provecho tanto de Estados Unidos como de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), 2- Disimular su simpatía por uno de los dos para poder actuar de ¨testaferros¨ , 3-Evitar la ¨raya¨ de que los encasillaran como capitalistas o como comunistas y 4- Lograr respaldo internacional para perpetuarse en el poder. La Yugoslavia de Tito quizá cae en el primer grupo, la Cuba de Fidel en el segundo y en el cuarto. ¿Dónde se ubican nuestros no alineados?

Cuando se trata de democracia versus totalitarismos es imperdonable no tomar partido. ¿Acaso era preferible un mundo controlado por los soviéticos? Entre el comunismo de la URSS y la democracia norteamericana no debería haber existido duda de con quién alinearse, aunque sin aceptar algunas intervenciones de los estadounidenses, tales como la de Vietnam y su apoyo a dictaduras como las de Pérez Jiménez, Somoza y Trujillo. Los dictadores Tito, Nkrumah, Sukarno y Nasser fueron de los primeros en impulsar el movimiento de no alineados y la Cuba castristas, satélite de la URSS, se les unió en 1961.

Hoy, después de la caída del Muro de Berlín y del fin de la Guerra Fría, este movimiento pasó de ser considerado acomodaticio a ser visualizado como un dinosaurio que no tiene razón de ser. En Europa solo Bielorrusia y Azerbaiyan son miembros. En América Latina no son miembros Brasil, México, Argentina, Costa Rica ni Uruguay. A Venezuela la incorporó Carlos Andrés Pérez en su afán de promoverse. Un artículo del embajador Eduardo Soto ilustra claramente el papel actual de Cuba y el interés de Maduro en promover la Cumbre en Margarita.

En cuanto a la política local, aquí se declaran no alineados varios dirigentes de organizaciones que representan a muy pocos, así como algunos independientes. Están en su derecho y muchos actúan de buena fe. Sin embargo parecen no estar conscientes de que estamos ante un régimen totalitario, como bien evidencia Gustavo Tarre Briceño en su reciente artículo titulado ¨La Dictadura¨ y Allan Brewer-Carías en la segunda edición actualizada de su libro¨ Dictadura judicial y perversión del estado de derecho¨. A estas alturas nadie puede engañarse y por lo tanto es necesario cerrar filas alrededor de quien tiene mayor representatividad, en este caso la MUD, aunque podamos no estar de acuerdo con algunas de sus actuaciones.

Hasta el presente, la MUD ha mantenido su exigencia de que el referendo revocatorio tiene que realizarse este año. Por lo tanto, nadie debe ¨comer casquillo¨ de que hay negociaciones tras bastidores, sin descartar que algún personaje, por cuenta propia, esté actuando en sentido contrario. No hay espacio para los no alineados ¡Referendo revocatorio del presidente de facto y elecciones regionales en el 2016!

Como en botica:

En su Boletín mensual del día de ayer, la OPEP reportó que Venezuela informó que su producción de petróleo sigue cayendo. Al 16 de agosto fue de solo 2.328.000 barriles por día, mientras que el promedio del 2015 fue de 2.654.000 barriles por día. Ocupamos el sexto lugar entre los países de la OPEP. Antes éramos el número uno. ¿Qué tiene que decir Eulogio Del Pino y su inepta directiva ante cifras suministradas por ellos mismos? La Organización Mundial de la Salud declaró que Sri Lanka erradicó el paludismo. Venezuela, pionera en la lucha contra este flagelo en el siglo pasado, registro 126.000 casos entre enero y julio de este año y los números siguen aumentado ¨a paso de vencederos¨. Lafoto de Rodríguez Zapatero y de Maduro parecieran burlas al pueblo venezolano. ¿De qué se reían? ¿Del vulgar chiste de Maduro sobre su dieta?¿ De sus obstáculos para que el referendo no se realice este año?¿De los presos políticos? Menos mal que Felipe González está muy por encima de Rodríguez Zapatero. El general Motta Domínguez continúa mintiendo con sus declaraciones de que las interrupciones del servicio eléctrico fueron por sabotaje. Más de 12.000 jubilados y pensionados que residen en el exterior no reciben lo que por derecho les corresponde ¡No más prisioneros políticos, ni ­­exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Francisco Russo Betancourt

Rueda de prensa semanal

El asunto que nos concita en esta ocasión, lo constituye el proceso de judicialización utilizado por el gobierno para perseguir y encarcelar a sus opositores, y en el caso nuestro, al Alcalde del Municipio Mario Briceño Iragorry, Delson Guárate, que en nuestra opinión presenta dos aristas que debemos denunciar desde la sociedad civil; por una parte, su detención judicial sin que mediara una orden de comparecencia ni auto de detención previo, según se afirma en los medios de la Alcaldía, e igualmente, el grosero allanamiento a su vivienda sin que, según, se presentara la respectiva orden suscrita por un Juez ni la presencia de testigos escogidos en el sitio delo allanamiento.

Hoy el Alcalde se encuentra detenido en el Helicoide, en Caracas, convertida en La Rotunda del socialismo del siglo 21, cárcel de presos políticos, que como antaño se le recuerda como lugar de reclusión de los oponentes de la dictadura gomecista a quienes se les colocaba grillos de 80 kilos en los pies, en esta, con poca diferencia, la tortura es psicológica, amén de pruebas preconstituidas para el enjuiciamiento de los opositores.

Lo cierto es que ahora se ha instaurado en el país, lo que se ha dado en llamar el fenómeno de la judicialización de la política, que no es otra cosa que el protagonismo de jueces para amedrentar y encarcelar a la disidencia política.

A Delson se le cobra haberle ganado al gobierno la Alcaldía de Mario Briceño Iragorry, antes bastión oficial, y por ello no han cejado en negarles recursos e impedirle la gestión en materia ambiental y con ello el boicot para la eliminación de la basura. Es un ridículo argumento para ordenar su detención.

La otra arista u otra cara del asunto, lo constituye la sustitución temporal del Alcalde electo democráticamente, que algunos pretenden se declare absoluta. La ley Orgánica del Poder Público Municipal, es como su naturaleza lo indica, una ley que desarrolla principios constitucionales, por lo cual, la sociedad civil del Municipio debe estar pendiente que violentar los mecanismos de sustitución legal del Alcalde equivale a violar flagrantemente la Constitución Nacional Bolivariana; lo que queremos señalar, es que la pretendida revolución no puede estar por encima de la Constitución, algo así como que la razón de la fuerza no puede ser superior a la fuerza de la razón.

Que se le bajen los humos a quienes festejan desde ya una designación contraria a la legislación.

Debemos precisar y aclararle a la comunidad que la designación definitiva de un nuevo Alcalde pasa por la declaratoria de ausencia absoluta del Alcalde detenido cautelarmente y para ello debe cumplirse con alguno de los cinco presupuestos legales que establece la ley, a saber: muerte del Alcalde, su renuncia, la declaratoria de incapacidad física o mental certificada por una junta médica, el revocatorio de su mandato y, finalmente, que en su contra se dicté una sentencia definitivamente firme, es decir, que contra ella no proceda ningún recurso de apelación ni tampoco de Casación. Nada de ello ha ocurrido y por eso alertamos a la sociedad civil que debe oponerse a una declaratoria de ausencia absoluta sin cumplir los extremos que dice la Ley, ni tampoco admitir la realización de juicios sumarios penales contra quienes adversan democráticamente al gobierno, como ha ocurrido arbitrariamente en otros casos.

Digo esto, porque la detención judicial de un Alcalde, conforme a la ley Orgánica del Poder Público Municipal, constituye a la luz de la más excelsa doctrina penal, una medida preventiva de privación de su libertad, mientras se tramita el juicio y se dicta la sentencia definitiva, de modo que el Concejo Municipal sólo tiene la potestad de designar para que supla provisoriamente la ausencia del Alcalde, a un funcionario de alto nivel de la dirección ejecutiva de esa Alcaldía y no otro funcionario o personaje, mientras se resuelve su situación judicial y permanezca detenido; en consecuencia, invocamos la primacía de la ley como principio fundamental de derecho público, que es lo mismo que el respeto al principio de legalidad, dicho en forma coloquial, que el Estado y el gobierno tienen que someterse a la Constitución.

Finalmente llamamos al gobierno a respetar la ley, y a la comunidad de Mario Briceño Iragorry a defender la legitimidad del proceso de designación del Alcalde interino mientras se tramite en esta jurisdicción y bajo la tutela de su juez natural, el proceso contra el Alcalde Guárate.

Maracay, 9 de septiembre de 2016

 3 min


José Vicente Carrasquero

Los profetas del desastre de finales del siglo XX venezolano teníamos razón. No podíamos esperar de Hugo Chávez otra cosa que la conducción del país a los peores momentos de su historia. No se podía confiar que quien había participado en las mortales comiquitas militares de 1992 y dispensado una visita a Fidel Castro apenas salió de la cárcel tuviese intenciones de apegarse a la reglas democráticas.

De hecho, sus primeras actuaciones en la arena política venezolana fueron totalmente antisistema, buscando por la vía de la abstención la argumentación para una revuelta que diera al traste con el sistema democrático. Convencido por algunos amigos y otros oportunistas, decidió participar en las elecciones en momentos en que el continuo ataque de los medios de comunicación y otros intereses inconfesables habían socavado la base de confianza de los venezolanos en los actores políticos del momento.

Me cansé de oír decir a gente dispuesta a votar por Chávez que peor de lo que ya estábamos era imposible. Se me cayó la lengua usando el ejemplo de Chile y de otros países que habían sucumbido a los cantos de sirenas de los socialistas disfrazados de demócratas. Lamentablemente el tiempo me dio la razón.

Venezuela ha caído a la terrible categoría de territorio en disputa. Es un país que no tiene gobierno sino una comparsa que simula dirigir el estado mientras que en realidad conducen una cantidad de negocios que los hacen inmensamente ricos. Para colmo de males, introdujeron en Venezuela dos enfermedades de difícil erradicación: la guerrilla colombiana y el tráfico de drogas.

El chavismo hizo realidad el sueño de Pablo Emilio Escobar Gaviria. Puso a disposición del narco negocio todos los instrumentos que un estado puede brindar. Desde la infraestructura de aeropuertos, carreteras, autopistas, ríos y mares hasta la participación de las fuerzas policiales y militares directamente en el negocio. Ni hablar de los jueces.
Es así como Venezuela no es la sombra de lo que era en 1998. No éramos un país rico, pero se había hecho un esfuerzo gigantesco para corregir todos los errores de los populismos que gobernaron el país desde 1958. A pesar del bajo precio del petróleo, el cambio era libre y eso permitía que los venezolanos disfrutaran de bienes suficientes para satisfacer las necesidades de la población.

Un caudillo, grandilocuente, excelente comunicador y con mucho carisma nos retrotrajo a finales del siglo XIX. Obnubilado por la cantidad de recursos que entraban por el precio anormal del oro negro, pensó que tenía a Dios cogido por las barbas. Desató un ataque de expropiaciones y expoliaciones que nos tienen literalmente en la ruina. Regaló dinero a manos llenas a otros países. Dio combustible para calefacciones a barrios del país más rico del planeta. Construyó carreteras, escuelas y hospitales pero, en otros países.

Emborrachado por un poder que nadie le cuestionaba Hugo Chávez nos deja este legado que hoy sufrimos los venezolanos y que representa una vergüenza universal. Aunque parezca chistoso, tiene que darnos pena que la prensa argentina reseñara que la selección de ese país vino a jugar con la Vinotinto apertrechada de artículos de higiene personal y papel higiénico para evitarse inconvenientes.

Da vergüenza y un inmenso dolor leer reportajes diarios de niños que mueren de hambre o que sufren de desnutrición crónica. Un inmenso pesar que no haya manera de tratar niños con cáncer y ni siquiera la posibilidad de darles calidad de vida para que puedan morir con el menor dolor posible.

Vergüenza debe darle a los chavistas que cientos de miles de hogares venezolanos llore la pérdida de un ser querido a manos de un hampa desbordada mientras la policía y quienes la dirigen están más ocupadas persiguiendo políticos y tratando de sabotear las marchas legítimas del pueblo venezolano.

Vergüenza causa un chavismo que ve a los organismos de seguridad del estado dirigidos por un señor que fue delatado como participante en narcotráfico por otros militares venezolanos capturados en el exterior. Además, su cuñado, del que no se pueda decir que haya aprobado más allá del sexto grado sino fuese por el hecho de que llegó a general, dirige el órgano de represión de la dictadura. Dedicado a inventar fábulas de golpe de estado y crear expedientes a personas inocentes para meterlas a la cárcel. Estos dos individuos son parte de esa vergüenza que es el chavismo en este momento.

Una de las banderas electorales de Chávez fue el referéndum revocatorio del mandato a los funcionarios electos. Hasta él mismo, a pesar de las trampas y violaciones de derechos cometidos, se sometió a ese proceso. Sus vergonzantes herederos, que se llenan la boca diciendo ser sus hijos, hacen toda clase de trampas e ilegalidades para impedir que se realice la consulta popular.

Después de haber recibido entradas de dinero que montan más del doble de la sumatoria de los ingresos de los gobiernos desde 1830 a 1998, nos encontramos en la vergonzosa situación de no tener moneda. Y no la tenemos porque no se puede cambiar.

La vergüenza chavista se ve en el exterior con ancianos que llevan más de quince meses sin recibir sus jubilaciones o pensiones. Con estudiantes que deben dormir en la calle cual indigentes porque el gobierno les niega sus recursos. El muy mentiroso y vergonzoso Jesús Farías llegó a decir que se les había otorgado el dinero que les correspondía.

Esta vergüenza que es el chavismo tiene muchísimas dimensiones que apuntan a un país tristemente reducido a la categoría de territorio en disputa. La penetración de la guerrilla colombiana, la conformación de fuerzas insurgentes, la libre circulación de contrabandistas de todo tipo, la presencia del narcotráfico y de las bandas criminales hablan de una soberanía vergonzosamente ultrajada por la política de un individuo que no tenía a Venezuela como un sueño sino como un instrumento al servicio de la exportación de la revolución cubana.

Es hoy muy difícil encontrar a alguien que le reconozca a Chávez algún avance del país. Y es porque hoy nos encontramos en unos niveles de miseria y atraso que solo se explican a través de la perfidia de esta vergüenza llamada chavismo. Continuaré.

Sep 8, 2016 5:30 pm
Publicado en: La patilla.com

 4 min