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Opinión

​José E. Rodríguez Rojas

El régimen de Maduro espera que la comunidad internacional le confiera el mismo tratamiento que le han dado al régimen cubano. Ciertamente la comunidad internacional, y la ONU en particular, han contribuido a legitimar al régimen cubano, dando por ciertas sus estadísticas que reflejan logros en educación y salud, que son parte de la propaganda del régimen. A pesar de la sistemática violación de los derechos humanos que se ha producido en la isla, Cuba forma parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Esta organización ha hecho caso omiso hasta el presente de las solicitudes de numerosas ONGs que plantean la necesidad de revisar la situación de los derechos humanos en la nación caribeña. La aspiración del régimen venezolano de prolongarse en el poder contando con la complicidad de la ONU no es infundada.

En las negociaciones que se llevaron a cabo en República Dominicana, Jorge Rodríguez declaró que ellos aspiraban a recibir el mismo tratamiento que la comunidad internacional le había conferido al régimen cubano desde sus inicios. En efecto, buena parte de la comunidad internacional contribuyó a legitimar al régimen cubano y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desempeñó un papel relevante en esta tarea. El sistema de Naciones Unidas se ha desarrollado cohabitando con los regímenes más despóticos del mundo, que violan sistemáticamente los derechos humanos, que la misma organización promulgó en sus inicios. Uno de ellos es Cuba, país donde el régimen castrista, durante el inicio de la revolución, llevó a cabo una carnicería. Según la directora del programa Archivo Cuba María Werlau, los casos de fusilamiento y ejecución extrajudicial para los primeros tres años y medio del régimen de los Castros, exceden la cifra total de muertos durante la dictadura de Pinochet.

Encarcelaron de por vida a uno de los dirigentes fundamentales de la revolución, Huber Matos, por el solo hecho de discrepar de la deriva comunista de la misma. Fue liberado después de veinte años de encarcelamiento por la presión internacional. No hay libertad de expresión ni medios independientes del gobierno, el cual controla la totalidad de los medios de comunicación masivos. Han encarcelado a muchos por el delito de disentir de la orientación socialista del régimen o protestar contra los Castros. Han intimidado a intelectuales simpatizantes del proceso revolucionario, obligándolos a realizar confesiones amañadas en la cual han admitido haber cometido delitos contra el Estado, una de las mayores transgresiones en la nación caribeña.

Han sometido a la población a un régimen de carencias sistemáticas en todo los órdenes de la vida: alimentos, electricidad, gasolina. Los cubanos tienen un ingreso medio que se ubica por debajo de la línea de pobreza internacional establecida por el Banco Mundial. La población no puede organizarse en partidos diferentes al Partido Comunista o en organizaciones sindicales independientes para demandar mejores ingresos, pues ello está prohibido y si presionan son reprimidos y encarcelados después de un juicio amañado a puertas cerradas.

A pesar del régimen de carencias que sufre la población, una buena parte de la intelectualidad de izquierda y países gobernados por simpatizantes de esta tendencia, han contribuido a crear una imagen de la nación caribeña como un enclave de bienestar. La ONU también ha coadyuvado a esta labor propagandística, presentando los logros en el sistema sanitario y de educación como un modelo a imitar. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) elabora un Índice de Desarrollo Humano (IDH) que considera los aspectos económicos a través del PIB per cápita y los logros en salud y escolaridad, recurriendo a la esperanza de vida y los años de escolaridad. El PNUD presenta a Cuba como un país con un IDH elevado debido a sus logros en materia de salud y escolaridad, que aparentemente compensan las carencias de la economía. Esto pudo ser cierto en sus inicios debido al subsidio soviético pero a lo largo del tiempo estos servicios se han deteriorado y el PNUD no lo refleja en su Índice, debido a que da por legítimas las prefabricadas estadísticas que genera la burocracia cubana. Sin embargo el consenso entre los analistas y conocedores de la realidad cubana es que ha ocurrido un sostenido deterioro de los servicios de salud y de educación como lo ha señalado la bloguera cubana Yoani Sánchez.

En el cuadro siguiente insertamos el IDH de Cuba y de varios países latinoamericanos. De acuerdo con estas cifras Cuba tiene un IDH superior al de los países latinoamericanos citados en el cuadro. Lo absurdo de las cifras del PNUD se refleja en el hecho de que Venezuela, en plena crisis humanitaria, tiene un IDH superior al de Colombia, Ecuador y Perú. Según esto los migrantes venezolanos tienen un comportamiento irracional, pues huyen despavoridos de un país con una economía pujante y con un sistema de salud y de educación modélico, a otros con un nivel de desarrollo humano inferior. El caso extremo es el de Colombia que aparece con un IDH 14 puntos por debajo del de Venezuela. La realidad es que el PNUD da por ciertas las estadísticas cubanas y venezolanas, que son parte de la propaganda de los regímenes autoritarios que los gobiernan y no pueden ser comparadas con las estadísticas de los países democráticos, que reflejan la realidad de sus carencias. Esto último es así, pues las instituciones generadoras de estadísticas están sometidas al escrutinio de las organizaciones de la sociedad civil y la prensa libre, en la dinámica normal de una sociedad democrática.

Cuadro 1. IDH de varios países latinoamericanos, año 2017.

IDH

País

0.777

Cuba

0,774

México

0.761

Venezuela

0,759

Brasil

0.752

Ecuador

0,750

Perú

0,747

Colombia

Fuente: PNUD

A pesar de la sistemática violación de los derechos humanos Cuba figura en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En diversas oportunidades numerosas ONGs se han dirigido al Consejo a fin de exigir un proyecto de resolución sobre la situación de los derechos humanos en Cuba. La más reciente fue este año, planteada por 75 organizaciones de derechos humanos de 35 países que abarcan África, Asia, Europa y las Américas. La coalición llamó la atención sobre la falta de elecciones libres y justas en el país, la situación de un régimen que ha posibilitado la permanencia de los militares en el poder por 60 años en contra de la voluntad del pueblo cubano. Además denunciaron la práctica cotidiana del gobierno de encarcelar a los opositores. La solicitud fue realizada por la dirigente política Rosa María Payá hija de un destacado dirigente de la oposición que murió en un accidente propiciado aparentemente por los esbirros del régimen. Hasta el presente no se ha producido ninguna decisión en torno a la solicitud realizada. El gobierno cubano ha respondido presentando la posición de una lista de ONGs oficialistas que son cajas de resonancia de la visión de la dictadura.

Profesor UCV

 5 min


La tarde del jueves 20 de junio, 26 ONG participaron en una reunión con la Alta Comisionada Michele Bachelet, quien estuvo por tres días en el país para constatar la situación de crisis humanitaria que vivimos los venezolanos. Entre otras, Acceso a la Justicia, Acción Solidaria, Cepaz, Codevida, Convite, IPYS, Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, Prepara Familia y Cáritas Venezuela, expusieron a Bachelet las dolorosas circunstancias que atraviesa el país desde sus ámbitos de acción y las exigencias de los activistas por la dignidad humana.

20 de estas intervenciones están registradas en el documento Peticiones de ONG al Alto Comisionado DDHH ONU durante su visita a Venezuela, que se ofrece a modo de consulta de un hecho histórico: un alto comisionado de la ONU constató de primera mano la emergencia humanitaria compleja que el gobierno se empeña en negar.

La visita de Bachelet puede entenderse como la culminación de un proceso que se inició en septiembre de 2018 cuando, durante una reunión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, se aprobó una resolución sobre Venezuela, con 23 votos a favor, en la que se exigía al gobierno venezolano que abriera sus puertas a la asistencia humanitaria, expresando preocupación por lo que se calificó como “graves violaciones de los derechos humanos en el contexto de una crisis política, económica, social y humanitaria”.

En el texto se solicitaba la colaboración de la Oficina del Alto Comisionado Derechos Humanos, así como la activación del resto de los mecanismos del Consejo. Se estableció que la Oficina del Alto Comisionado para los DDHH de la ONU elaborara un nuevo informe exhaustivo sobre la situación de derechos humanos en el país latinoamericano, para que fuera presentado ante el Consejo, a mediados de 2019, haciendo una actualización de forma oral en la sesión correspondiente a marzo de 2019.

Tras esta resolución la Alta Comisionada para la ONU de los DDHH, Michelle Bachelet pidió a las autoridades venezolanas que dejaran entrar al país a los investigadores de su equipo técnico, para poder recabar información in situ para la realización del tercer informe especial sobre la situación del país. En una entrevista con Noticias ONU, Michelle Bachelet, explicó que cuando se reunió con el canciller venezolano, Jorge Arreaza, en Ginebra le pidió “acceso al país” y le explicó que su oficina, con o sin resolución, tiene que monitorear y hacer un reporte sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela. Luego de esta solicitud se anunció que Nicolás Maduro permitiría que la propia Alta Comisionada visitara Venezuela. La anterior visita de un funcionario de esta envergadura, con competencias en materia de derechos humanos, ocurrió en el 2002 cuando el Secretario General de la OEA, César Gaviria, visitó Caracas tras la solicitud de la activación de la Carta Democrática Interamericana luego de los sucesos de abril de ese año.

Bachelet llegó a Venezuela el miércoles 19 de junio para una visita de 3 días al país. El jueves 20, en horas de la tarde, estuvo destinado el espacio de encuentro para las organizaciones de derechos humanos y diferentes grupos de víctimas. En el espacio de una hora 26 voceros tomaron la palabra para hacerle peticiones al Alto Comisionado.

Ver el documento de peticiones en el archivo anexo

 2 min


La respuesta a una pregunta tan general tendría que ser sí. Por supuesto que todo puede ocurrir, incluso aquello que consideramos poco probable.
Pero esto nos sirve poco para hacernos una idea sobre las probabilidades de ocurrencia de los hechos. Entonces voy a hacer algo riesgoso: describir lo que creo más probable, aunque sea sólo uno de los muchos escenarios posibles.

A diferencia de la visión de muchos colegas, mi opinión es que mientras más fuerte sea el deterioro, más primitiva sea la economía y más autocrático se vuelva el gobierno, la probabilidad de su permanencia en el poder se amplifica.

Pero, ¿cómo es posible que debilitando económicamente al país el gobierno pueda más bien afianzarse?

La primitivización, producida por el modelo intervencionista y controlador del chavismo, ha venido acompañada por un aumento del control social del gobierno y la amplificación de la dependencia de la población más pobre a ese mismo actor que la empobrece. Si bien la crisis es muy severa, las políticas sociales han crecido en términos de penetración. El programa de reparto de comida barata a través del sistema CLAP, controlada por el sector militar, llegó a atender al 73% de la población y el reparto de esas bolsas y cajas de comida está condicionada al “buen” comportamiento de la población. El fracaso de las acciones de protestas masivas contra a principios del año pasado tiene que ver mucho con la ausencia de participación de los estratos más pobres (y también masivos) y generaron frustración y desánimo, lo que hace más difícil la reedición de la protesta como pivote de la acción opositora.

EEUU presentó un conjunto de sanciones personales y generales, buscando presionar los cambios, mientras Europa amenaza con seguir el mismo camino de presión si no se llegan a acuerdos concretos en las negociaciones. El gobierno podría estar dispuesto a hacer cesiones de muchas cosas… menos de su cabeza.

Claro que las sanciones afectan al país y al gobierno. Es un absurdo decir que restringir las operaciones financieras de Pdvsa y el financiamiento del país no tiene impacto en la gente. No es necesario explicar qué buscan esas medidas. Parece obvio. Lo que sí deben explicar es por qué esas mismas acciones no funcionaron para sacar a los gobiernos sujetos a sanción en muchos países donde han sido utilizadas.

La tesis de que retar más al pueblo tiene el efecto equivalente a las banderillas en un toro y que la gente se rebelará para sacar por la fuerza al gobierno, además de chocar contra la evidencia empírica, parece olvidar un tema central del comportamiento humano. Bloquear al gobierno por supuesto lo empobrece a él y a los suyos. El problema es que empobrece aún más al resto de la gente y ahora con un nuevo culpable para explicar porqué estamos tan mal (probablemente olvidando que ya lo estaban).

Resulta que en esa primitivización, el gobierno es, el único capaz de conseguir algo de oxígeno de sus aliados. Y es además el único que tendrá algo que vender, aunque sean migajas.

¿Puede ser distinta esta historia? Claro. Si la acción internacional se convierte más bien en una fuerza que eleva el poder de negociación de la oposición y obliga al gobierno a buscar mecanismos de negociación política, que no comprometen su cabeza, pero si le presionan a abrir espacios para el rescate de la democracia a futuro y se plantean los mecanismos de reducción del costo de salida de ese gobierno, entonces, y sólo entonces, podríamos ver una luz al final del túnel.

¿Se recuerdan cuando escribí esto y me dijeron que estaba loco, porque en realidad todo estaba listo y había que enfriar los champañas?

luisvicenteleon@gmail.com

 3 min


Carlos Raúl Hernández

El 23 de junio confluyeron dos noticias. La derrota de Erdogan en Estambul y el fin de la visita de Michelle Bachelet a Venezuela. En las redes le habían insistido que viniera “a ver con sus propios ojos” la violación de DD.HH. Si uno ve algo no tiene que advertir que lo hace con los ojos, cosa implícita y menos, además, que es con los propios y no con ajenos. Su ausencia demostraba complicidad con el gobierno. Decidió hacerlo y una lluvia ahora de abajo hacia arriba develó que la complicidad la hizo venir. Karl Popper negaba seriedad científica al marxismo porque el mismo argumento da razón de un fenómeno y su opuesto.

Hipótesis esencial del materialismo histórico era la inevitable revolución en los países desarrollados, pero con las idénticas razones, retorcidas ad hoc, explica por qué solo ocurrió en un país atrasado, Rusia de 1917. Si viene es cómplice y si no también. Salvo gratas excepciones, demasiado en las redes sobre su visita fue tapa amarilla, mera impericia sobre protocolos de ONU y las multilaterales. Debía “denunciar” al gobierno, como si fuera operadora de un partido o una internacional de partidos y no de Naciones Unidas. A otros irritó el institucionalismo que obliga a un funcionario internacional.

Realzó a la oposición al indicar el débito de ambos contendores en la solución de la crisis, pero lo tomaron como afrenta. Retardado el despegue del avión de Bachelet por la tormenta de improperios, irrumpe la noticia del bofetón a Erdogan que trajo otro aquelarre. Turquía y Venezuela tienen lo que expertos llaman semidemocracia, semidictadura o autoritarismo competitivo, y abusos electorales parecidos. El 31 de marzo los opositores ganaron en Estambul con ventaja de 1% y el artero organismo electoral lo invalidó.

¡Acompañados tampoco!

Pero no se dedicaron a quejarse, a llamar a Trump, pedir golpes militares o urdir amenazas más ingenuas que creíbles. No lo declararon ilegítimo ni llovieron sobre mojado. No cerraron el camino del voto ni tuvieron la cachaza de fundar un frente abstencionista. Se aprietan faldas y pantalones, concurren a la reposición del proceso el 23 de junio para contarse otra vez y volvieron a ganar, ahora 9% arriba. Aquí corearon: “¡gran cosota!, Turquía es Europa y no hay una Tibisay”, haciéndose los locos frente a la brutal anulación.

Su conclusión: Lord Erdogan no es un dictador asiático sino un refinado caballero europeo, y Bachelet, no una Presidenta constitucional sino una roja zafia. Por eso nuestros activistas no celebran ni se interesan en aprender de lo ocurrido, sino en autojustificar sus chapuzas. Nuevo mantra higiénico del gato: pasar la página, mantener la división opositora y seguir la hegemonía interna irrepresentativa, torpe y desquiciada. Sin voluntad para absolver y sepultar cristianamente, nos atormentan cadáveres del abstencionismo, la alucinación y suicidas políticos, escondidos en el closet de 2002-03-05-14-16-17-18-19. No pueden a exorcizarlos.

Esa posesión diabólica sacrificó concejales, gobernadores, consejeros regionales, alcaldes, es decir, los partidos políticos. Celebrar a los turcos revive la gran burrada de 2018 que conectó los cables invertidos para no poder ganarle a nadie, ni con cincuenta países y EEUU que equivalen a cincuenta más. ¡Solos no podemos pero acompañados tampoco! Mientras la epidemia social revolucionaria cómodamente destruye, contamina, descompone, tales demócratas celebran con lógica comunista, que “se agudizan las contradicciones”. De la cubanización nacerá la libertad.

Noticias de ninguna parte

Mercedes Malavé escribe que “hasta un niño de doce años sabe que abstenerse es claudicar”. La desmadrada abstención abandonó los dirigentes locales al hambre, el desamparo. No bastaba y ahora ponen en jaque la A.N. Meten el casco y el gobierno nos despedaza, ni bien ni mal vamos a ninguna parte, y no habrá salvador acuerdo en Oslo mientras insistan. Desplomados el golpe y la invasión 23F y 30A, veremos nuevas chifladuras y apuestas desmelenadas. Desesperado por Atenea, Hefesto se abalanza para tomarla por la fuerza y aunque la diosa virgen se resiste, no pudo evitar que el apasionado herrero mojara sus piernas.

Ella se secó con un pedazo de lana y de él nació Erichtonio el primer rey de Atenas. La nueva aberración también es mitológica: la feliz criatura nacerá de la hambruna revolucionaria en ciernes y su acelerador, el embargo económico. Caminamos sin ruta en la diáspora, la miseria creciente y el autoritarismo, la cubanización hija de quienes la denuncian y un trapo. En tanto, como en todas las revoluciones, la nomenclatura va en aviones privados, deglute exquisiteces y cata buenos vinos, mientras la población apenas sobrevive.

Los cubanos aprendieron a hacer carne mechada e infusiones de conchas de plátano para sustituir el café, cuando por ventura coinciden agua y gas o electricidad, como cuenta Jesús Díaz en Dime algo sobre Cuba. En las calles habaneras sestean corroídos automóviles de los 60s cuando el comandante mandó a parar la historia. Bajo paredes cancerosas, cloacas que corren por el canto de la acera medra gente en bermuda, franela y sandalias, descompuestos, deshumanizados por el ocio y la miseria como figuras de Bacon. Al fondo el cínico y tenebroso son de Carlos Puebla: “¡aquí, aquí/esperando la invasión!”.

@CarlosRaulHer

 4 min


La discusión acerca del proceso de “transición” en Venezuela está, a mi entender, en un contexto equivocado. La “transición” en Venezuela no se dará porque sea “justa”, “razonable”, “conveniente”; porque sea un paso “natural” en la salida de un régimen de oprobio y en la búsqueda de la reconciliación de los habitantes de un país, polarizados y enfrentados. En otras palabras, la “transición” en Venezuela se tiene que dar –desde mi punto de vista, que creo que comparten muchos– porque ninguno de los dos grupos en liza está en capacidad de acabar con el otro. Es tan simple y pragmático como eso. No queda más remedio, para encontrar una salida, que ir a una etapa de “transición”. Veamos, sin edulcorantes y con toda crudeza esta situación.

Hay una larga lista de desafueros por parte de la dictadura y de reclamos que hacer al régimen chavista/madurista; no voy a caer en elaborar una larga y penosa lista de todas las razones para salir de esta dictadura, las doy por conocidas; lo importante es tomar conciencia de que todo eso que estamos pensando, y mucho más, lo ha hecho el régimen durante más de 20 años, en los que ha destruido el país, pero no ha logrado acabar con la oposición y en esto radica nuestra fuerza, ni nos hemos rendido ni nos han dominado.

Por parte de quienes nos oponemos al régimen, –a través de procesos electorales, referendos, consultas populares, movilizaciones masivas, protestas callejeras por cientos y miles, intentos de sublevación cívica o militar, o cívico militar, o llamando la atención de la comunidad internacional sobre nuestra desgracia y penurias y solicitando su activo apoyo y ayuda–, hemos hecho varios intentos para desalojarlos del poder, sin lograrlo tampoco.

En síntesis, el régimen controla todas las palancas y resortes del poder: la administración pública; el efímero, insuficiente, pero jugoso, presupuesto; la mayoría de las gobernaciones y alcaldías y todos los mecanismos de represión y no ha podido acallar a la oposición. Por su parte, como he dicho, la oposición ha pretendido –sin una fuerza física similar, con la sola fuerza de la calle, de la verdad y de la razón–, desalojarlo del poder y tampoco ha podido. Está demostrado que no es una tarea fácil, doblegar el uno al otro, de allí que tengamos que convenir en un proceso de “transición” por el cual se desaloje del poder a la actual dictadura.

Para el régimen, aunque es el que controla el territorio, ya solo le es posible mantenerse en el poder por la fuerza; con casi el 90% de la población y gran parte de la comunidad internacional en contra, el país se le ha hecho ingobernable; no tiene ninguna viabilidad política bajo su control, por eso debe cederlo, aunque la oposición no tiene forma de arrebatárselo de las manos por ninguna vía institucional o de fuerza.

Solo la renuncia voluntaria o la intervención de una fuerza militar, interna o externa, podría lograr desalojar del poder a la mafia enquistada en él y abrir un compás para la “transición” de la que se ha hablado. Ese es el terreno en el que hay que colocar las cosas, pues no tiene sentido hacer comparaciones inverosímiles con ninguna situación en otro país, en otra latitud, que pueden ser parecidas, pero no son comparables.

Sentada de esta manera la base de la discusión, podemos ver otras aristas del tema. Obviamente hay que ponerse de acuerdo con quienes dejarán el poder, sobre la forma que esto ocurrirá y los plazos. Eso será lo que llamaríamos la “transición” y desde luego, no parece realista pensar que quien tiene todo el poder y la fuerza física para mantenerlo, lo va a entregar sin más y se va a “retirar” dejando el terreno libre y despejado, exponiéndose además muchos de sus personeros a ir a la cárcel, al exilio y entregar sus fortunas seguramente mal habidas. Por el contrario, es obvio que algunos –o muchos– personajes que ahora están en el poder, se querrán mantener en él. Esa es la particular complejidad de este problema en Venezuela, seguir negándose a verlo de esa manera es vivir engañados, o peor aún, tratar de engañar a otros.

El chavismo, que controla todo el poder, en todo el país, no desaparecerá, no se esfumará cuando el actual usurpador deje la presidencia y al día siguiente de finalizada la usurpación no vamos a tener un gobierno democrático, similar al de Suiza, Alemania o los EEUU; restos del poder corrupto de hoy y su influencia permanecerán en los intersticios de la sociedad: en ministerios, empresas públicas, gobernaciones, alcaldías, en la propia AN, es algo inevitable; precisamente por eso se necesita una “transición”, mientras se abre paso nuevamente la democracia y el estado de derecho. De allí que tenga que darse entonces un proceso de “negociación” –otra palabra maldita– para acordar los términos de esa “transición”. Desde luego, y disculpen la ironía y el sarcasmo, lo mejor sería que este proceso de “negociación” se diera entre la oposición y la Superiora General de la orden de las Carmelitas Descalzas de Venezuela, que es una magnifica persona, pero desafortunadamente la negociación se tendrá que dar con los representantes de la actual dictadura militar. Sí, militar, no olvidemos eso.

De nada servirá “retorcerse” en el piso porque se va a negociar con “delincuentes y maleantes”, porque esa es la realidad: se negocia con quienes tienen el poder en Venezuela y no hay fuerza nacional –y parece que tampoco internacional– que pueda hacer que las cosas sucedan de otra forma. Claro, hay la opción de no hacerlo, de no hacer nada, de cruzarnos de brazos y esperar que el país se termine de derrumbar por completo y que se vayan varios millones más de venezolanos a ver si al final de todo, los sustentadores del régimen, no habiendo más que expoliar, se cansan y se retiran. No creo que sea esa una perspectiva aceptable.

La alternativa es negociar, firmemente, sin temor ni vergüenza y sin hacer concesiones, tomando el tiempo y en el espacio que sea necesario y, simultáneamente, manteniendo la presión interna e internacional, hasta asfixiar a la dictadura; si la comunidad internacional no presiona fuertemente, con medidas severas y amenazas creíbles, al tiempo que nosotros mantenemos la presión de calle, no vamos a lograr nada con una negociación, sería ir a un matadero sin opción. El apoyo internacional es crucial, pero no a posteriori, como paso en República Dominicana, que se limitaron a desconocer el gobierno salido de las elecciones del 20M de 2018, después de consumado el irrito proceso.

Mantener la movilización interna es la parte más compleja, sobre todo por la presión de opositores “radicales”, internos y en el exterior, que desde posiciones ideológicas y la distancia lo ven todo muy sencillo y empujan por salidas que internamente muy pocos están dispuestos a seguir, e internacionalmente, nadie. Se constituyen en un enjambre de la antipolítica que, en redes sociales, con sus abejas y reinas, trabajan incesantemente.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 5 min


Antonio Pita

La aguanté durante un rato, hasta que no pude más y le dije que su marido no gobernaba con los votos del pueblo, sino con la imposición de una victoria. A la gorda no le gustó ni medio". La "gorda" era Carmen Polo, la esposa de Franco. La autora de la frase es Eva Perón, la totémica Evita, esposa del presidente argentino Juan Domingo Perón (1946-1974). La anécdota, acontecida durante la visita a España de la primera dama argentina en 1947, aparece en Del fascismo al populismo en la historia (Taurus), el ensayo recién publicado del historiador argentino Federico Finchelstein, e ilustra una de sus tesis centrales: que el populismo hunde sus raíces en el fascismo, pero el primero es intrínsecamente democrático.

"No hay fascismo sin dictadura ni populismo sin elecciones. Y esto no es una definición teórica, sino que tiene que ver con una experiencia de democratización histórica que surge sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial y va llegando a otros países. No hay dictadores populistas. Cuando deja de haber elecciones reales, deberíamos hablar de dictadura, no de populismo", explica en una entrevista Finchelstein (Buenos Aires, 1975), profesor de Historia en la New School for Social Research y en el Eugene Lang College de Nueva York, y autor de varias obras sobre fascismo, populismo y el Holocausto.

Para presentar su libro este viernes en la Casa América de Madrid, Finchelstein ha cruzado el Atlántico en sentido inverso al que hace ocho décadas lo hicieron las ideas. Tras la Segunda Guerra Mundial, con una Europa abriendo los ojos al alcance del horror nazi, y África y Asia mayoritariamente inmersos en el colonialismo o con un partido único autoritario, América Latina era la cuna natural de esa "reformulación" del fascismo que es el populismo, argumenta. "Era el único lugar donde los fascismos no habían perdido la legitimidad y había un marco democrático. No hay nada especial en América Latina en este sentido", puntualiza. Primero fue el peronismo, en 1946. Poco después, el régimen de Getúlio Vargas (1951) en Brasil. Ambos recorrieron un camino similar: llegar al poder desde la dictadura y destruirla desde dentro para crear una democracia". "El fascismo, en los casos más paradigmáticos, que son Alemania e Italia, llega al poder a través de la democracia y crea en una dictadura. El populismo hace lo contrario", señala sobre sus inicios.

La situación se volvió más compleja en las siguientes décadas, con populismos en distintos continentes —tanto de izquierdas como de derechas— articulados en torno a los mismos elementos: la identificación entre líder y pueblo, el culto cuasirreligioso al dirigente, la sustitución de las categorías ideológicas clásicas por la dicotomía entre los de arriba y los de abajo ("mis grasitas", como los llamaba Evita), el menosprecio por los opositores y la prensa crítica... Finchelstein cita los casos, con modelos neoliberales, de Carlos Menem, en Argentina; de Silvio Berlusconi, en Italia; o de Fernando Affonso Collor de Mello, de Brasil. O, desde la izquierda o con impronta social, de los Kirchner, de nuevo en Argentina, o de Hugo Chávez en Venezuela. Sin embargo, opina el experto, "lo que había de populismo en Venezuela se ha perdido y estamos hablando de formas que están más cerca de una dictadura".

En algunos casos, el populismo ha supuesto a la vez "una ampliación y una limitación de derechos". Un "paquete", en palabras del experto, por el que "los pobres son menos pobres y los ricos menos ricos", pero el líder "es el único dueño de la verdad y aquellos que no están de acuerdo pasan a estar definidos no solo como opositores políticos, sino también como el anti pueblo. Esto suena muy fascista porque tiene orígenes fascistas", añade.

Trump y Bolsonaro, una tendencia que preocupa

Por el libro circula con frecuencia el nombre de Donald Trump como ejemplo de una tendencia que preocupa a Finchelstein: la emergencia de "un nuevo populismo que combina el neoliberalismo con resabios fascistas". "No es una vuelta de tuerca ni un círculo completo, pero si bien la historia del populismo, por izquierda o por derecha, siempre fue la idea de reformular la democracia en términos autoritarios sin volver a la tradición fascista, estos nuevos populistas hacen un intento explícito de volver a elementos centrales de la tradición fascista: racismo, violencia política y, en casos como el de Bolsonaro y Trump, elogios teóricos de la dictadura". El presidente brasileño es, añade, "uno de los populistas más cercanos al fascismo que he visto".

El racismo ha sido precisamente una de las diferencias entre los populismos de izquierda y los de derecha. Los primeros "tienen una visión de pueblo que es autoritaria, pero que permite ser aceptado si uno está de acuerdo. En los de derecha, el pueblo está también construido por cosas que uno no decide, como el color de la piel".

Finchelstein recurre a su país para ejemplificar como el populismo es más un continente que un contenido, una especie de cajón en el que caben distintas categorías, como los hinchas de un equipo de fútbol que mantienen su fidelidad aunque cambie el entrenador y el estilo de juego. O, como dijo recientemente su líder sindical Hugo Moyano: "Los peronistas somos así, un día decimos una cosa y después otra".

"El caso de Argentina es casi esquizofrénico", sentencia el experto. "El peronismo ha sido el vehículo para distintas expresiones de democracia autoritaria: de ultraizquierda; nacionalista y popular, como el kirchnerismo; liberal, como Menem...". Su fortaleza, décadas después, es indiscutible. Para las elecciones de octubre, el presidente Mauricio Macri —al que Finchelstein define como "populismo light"— ha elegido a un peronista conservador como número dos. Su principal rival es una lista peronista con Cristina Fernández de Kirchner como aspirante a vicepresidenta. La tercera candidatura también es peronista. "Prácticamente no hay ningún programa. Se nos pide que confiemos en un personaje en el otro. En las propuestas de las tres candidaturas no aparece un tema tan central como la despenalización del aborto", lamenta.

Historiador

29 de junio de 2019

El País

https://elpais.com/cultura/2019/06/27/actualidad/1561664077_032428.html

 4 min


Luis Ugalde

Me refiero a Maduro. Se aferra al poder y acelera la agonía de Venezuela con más miseria y muertos. No hay argumentos que permitan pensar que el desastre puede mejorar con este régimen; prolongar la agonía no es “ganar tiempo”, sino destruir millones de vidas.

La salida incluye elecciones libres y justas con todas las garantías internacionales. Venezuela tiene una constitución elaborada en su momento por la mayoría chavista y hoy violada sistemáticamente por el chavo-madurismo. Elecciones libres y respeto a los derechos humanos y la constitución son dos irrenunciables puntos de encuentro (nacional e internacional) para la recuperación y reconstrucción de un país reconciliado. Pero Maduro ni quiere ni puede aceptarlas y dice que se puede discutir todo menos su usurpada presidencia hasta el 2025.

Es difícil encontrar civiles y militares no corruptos medianamente informados que no consideren una locura trágica la prolongación de este régimen por seis años más y la voluntad de perpetuarse totalitariamente. Es necesario que también en el mundo todas las fuerzas de presión con alguna autoridad moral rechacen esta realidad inhumana. Según los expertos las elecciones libres no podrán ser antes de diciembre de este año, pues se requiere habilitar candidatos y partidos, liberar presos y exiliados, cambiar el CNE, renovar el Registro Electoral, garantizar el voto de millones de exiliados y la libertad de los testigos, eliminar la usurpadora ANC “supraconstitucional”…

Cambio de régimen ya. Pero sería un gravísimo error y una cruel tortura contra toda la población que los dirigentes de Venezuela y el mundo se olvidasen o aplazaran el cambio inmediato del modelo económico-social reinante. La población -incluso los chavistas y los militares no corruptos que son la mayoría- sabe que el trabajo, la empresa productiva, la educación, las instituciones y los servicios públicos más esenciales… agonizan. Urge un cambio de modelo económico con freno a la hiperinflación, garantías y estímulo a la inversión y la producción y un “plan Marshall” inmediato con masiva ayuda humanitaria internacional, refinanciamiento de la deuda desbocada, con años de gracia e inversión de decenas de miles de millones de dólares. Esto no puede esperar hasta el 2020 con el nuevo gobierno electo. Es obvio que Maduro desde el poder “ni quiere ni puede” cambiar su “socialismo del Siglo XXI” y carece de toda confianza interna y externa para la reconstrucción y para recibir el apoyo internacional masivo y activar la inversión privada multimillonaria, sin los cuales Venezuela no tiene vida. Maduro ni quiere ni puede.

Venezuela entera y los líderes del mundo no pueden perder tiempo prolongando esta cruel agonía. Urge combinar con más eficacia la presión interna y externa y la negociación para lograr la salida de Maduro con la garantía de un gobierno de transición con programa, libres elecciones con condiciones y cambio inmediato de modelo, garantías jurídicas y reinstitucionalización constitucional. Gobierno de transición y elecciones donde el chavismo responsable participe de modo significativo y con pleno derecho.

Hay avances hacia el gran consenso. EE.UU ya pone en primer lugar las elecciones, también la Unión Europea y el Grupo de Lima. Los intereses de China y Rusia no están en mantener este régimen de creciente ruina económica. Al régimen cubano que tiene secuestrado a nuestro país hay que hacerle ver con hechos que le conviene más aceptar el cambio en Venezuela. Hace falta más unidad en los demócratas y mayor presión hasta ver que la salida de Maduro les beneficia más que su permanencia usurpadora.

Avances. En el prediálogo de Noruega (no ha habido diálogo) ocurrió algo muy importante, los representantes de Guaidó expresaron de manera clara y firme que la salida de Maduro es condición irrenunciable para que se inicie la negociación, pues su permanencia usurpadora significa más muerte y violación de derechos humanos. Me imagino que del lado del régimen se defendió como indispensable la permanencia de Maduro en el poder hasta el 2025. Obviamente, esta claridad de posiciones enfrentadas impidió el inicio de un falso diálogo como los del pasado. El régimen anunció que continuará la negociación y Guaidó dijo con claridad que por ahora no puede iniciarse. Luego en Suecia, en Washington y en múltiples instancias se apoya el “diálogo de Noruega”, que solo será verdadero si todos los amigos de la democracia y los DDHH en Venezuela entienden y defienden que Maduro y su equipo es dictadura y anticambio. Urge la presión para la salida negociada de Maduro y Gobierno (¿Junta de Gobierno?) de transición con claras y definidas líneas para el cambio inmediato del suicida modelo económico social y la inmediata preparación de las condiciones para unas elecciones libres y justas. Es clave la negociación sobre el papel y las garantías de las fuerzas armadas en esta transición.

Me cuesta aceptar que haya “políticos” tan ingenuos que crean que Trump va a enviar sus marines para salvarnos o que la ONU va a enviar a su Comisionado de Derechos Humanos para plantarse ante Maduro, llamarle usurpador y criminal y exigir su renuncia inmediata. Lamentablemente hay quienes parecen apostar a este imposible y tachan de vendido al presidente encargado Guaidó si no entra en ese juego. Es importante que Bachelet haya venido como enviada de la ONU, llamando protocolarmente presidente a Maduro. Su visita ha ayudado mucho para hacer más visible la tragedia de Venezuela, la persecución y la tortura política y el grave y masivo deterioro humanitario. Que el mundo y la propia ONU entiendan que esas no son acusaciones de opositores radicales carentes de objetividad, sino que aquí hay dictadura de muerte y no un "socialismo humanitario". Por la forma en que se dieron los encuentros y las evidencias y el comunicado final, esperamos que esta visita y sus consecuencias contribuyan más para que todos los países decisivos (incluso China y Rusia) sumen esfuerzos y aceleren la presión para la salida del usurpador y de un gobierno unitario de transición con la tarea muy precisa de cambiar el modelo de muerte impuesto por el régimen y preparar las elecciones democráticas. Todo esto exige de la dirigencia venezolana (trabajadores, vecinos, empresarios, iglesias partidos políticos, ONG, academias…) un propósito superior claro y unitario respetando la gran pluralidad de sus identidades y tareas específicas. Se trata de salvar cuanto antes el barco que, con la actual tripulación y rumbo, se hunde sin remedio.

Caracas, jueves 27 de junio de 2019.

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