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Opinión

A mi serie de comentarios sobre libros, las más de las veces novelas, la he titulado “alrededor de los libros”. Quería decir que mi intención no es permanecer fijado a la letra de un texto, sino escribir sobre asociaciones, recuerdos o analogías surgidas de la lectura. Pero creo que esta vez, al intentar escribir en torno a la novela La Hija de la Española, no voy a poder hacerlo. La razón: su autora, la venezolana Karina Sainz Borgo no concede la posibilidad de merodear fuera de su libro. Su lectura atrapa. Despiadadamente. Desde el comienzo hasta el final.

¿Cómo se puede lograr tal efecto en una novela a quien nadie podría caracterizar como “de suspenso”? ¿Cómo explicar que los llamados entendidos, entre ellos la inmensa mayoría de los críticos literarios de Europa, fueron cautivados hasta el punto que desde su aparición la novela ha sido traducida a todos los idiomas posibles? ¿El argumento? No: el argumento no puede ser. Es muy simple, incluso escueto:

Adelaida Falcón, maestra de profesión, ha muerto. Su hija del mismo nombre (38 años), al regresar del entierro de su madre, encuentra su casa ocupada por un grupo de mujeres gordas, vulgares y feas, las que reciben órdenes de una hampona chavista denominada La Mariscala. Todas con franelas rojas. Adelaida, después de haber sido maltratada por las usurpadoras intenta visitar a su vecina Aurora Peralta cuya madre era española. Allí encuentra a su amiga muerta. Entre sus papeles había una carta timbrada en la que se concedía a Aurora un pasaporte oficial español. Adelaida decide entonces usurpar la identidad de Aurora, única posibilidad para huir de ese infierno dantesco al que Los Hijos de la Revolución han convertido a su país: Venezuela.

Sin embargo, como los grandes novelistas, Karina Sainz Borgo trasciende al argumento de tal modo que lo importante no es lo que se cuenta sino el cómo se cuenta. Y así sabemos de una historia en donde es difícil, por no decir, imposible, separar a la narración de su narradora, esa distancia que la mayoría de los autores no logra salvar. Porque Sainz Borgo cuando escribe no solo escribe. De algún modo la sentimos al lado. Con una voz casi pegada en nuestros oídos.

Desde los tiempos cuando me sumí en la lectura de otra mujer víctima de la crueldad de una dictadura tan perversa como la chavo-madurista, la del tirano rumano Nicolás Ceaucescu, no había percibido tanta intensidad en una novela. Sin embargo, en un punto hay una diferencia entre Karina Sainz y Herta Müller. Quizás es la misma que existía entre la Rumania comunista y la Venezuela chavista. Es la siguiente: a diferencias de Herta, nacida en dictadura, Karina había conocido otros tiempos, los de la imperfecta democracia venezolana. Puede también que ese pasado democrático sea la razón que obliga a tantos venezolanos a vivir recordando lo que se perdió. Esa sensación de pérdida que a cada instante los acosa.”Perder se convirtió en un verbo igualador que los Hijos de la Revolución usaban en contra nuestra”. Perder la casa, el lenguaje, la libertad de caminar por las calles, y por cierto, perder la vida.

Adelaida tiene un pasado, una infancia a la que regresa intermitentemente. Tal vez es lo único que tiene, lo que nadie le ha podido arrebatar, pasado que es su refugio y, en cierto modo, su propia patria interior, su Ocumare, donde el río y el mar lo limpia todo. En sus momentos de mayor desesperación, aparece ese pasado que la salva. De pronto es el recuerdo de la harina marca P.A.N. O son las piloneras cantando al compás de los palos “puta tú y puta tu mai, io, io”. O es la tía barriendo aquel patio lleno de matas y árboles torcidos “tamarines, parchitas, mango, mamey, merey, mamón, ciruela de huesito, martinica, guanábama”

Desdichados los que no tienen un pasado que recordar. Desdichados los que como Los Hijos de la Revolución no pueden comparar ni diferenciar. Porque el pasado cuando se tiene, es la casa del ser, el lugar que ninguna Mariscala puede destruir ni saquear como lo hicieron con la casa de las dos Adelaidas, símbolo de la destrucción de una nación que hace recordar a las brutales “tierrúas” de la también excelente novela “Patria o Muerte” de Alberto Barrera Tiszka. Actores de una revolución sin pasado, o peor, con uno inventado según los caprichos de los que mandan más. Una revolución que al no tener pasado, tampoco tiene futuro. Solo un presente infernal sobre un país sin Dios ni ley donde el lumpen motorizado, pandillas armadas, para-militares o colectivos, hacen de las suyas librados a la pulsión de los deseos más primitivos.

Sí: librados. Otra diferencia entre los atroces mundos de Herta Müller y Karina Sainz. Mientras en la rumana el mal era un mal organizado sistemáticamente desde arriba, en la venezolana es un mal sin otro orden que el que disponen espontáneamente sus actores. Es el mal surgido de la libertad que les dió Chavez a su gente. Libertad de expropiar, robar, saquear, violar, asesinar, todo en nombre de una revolución a la que cada cual entiende según sus deseos más elementales. Si alguien quisiera saber hasta donde puede llegar la maldad humana cuando los seres son liberados de la ley, la novela de Karina Sainz Borgo sería un excelente ejemplo.

El mal en la novela de Sainz Borgo viene de arriba y de abajo a la vez. Lo atrapa y lo tritura todo. El malvado Diosdado Cabello dando con el mazo desde arriba es el equivalente de sus turbas robando, saqueando y matando, abajo. El grotesco Maduro bailando sobre un pueblo hambriento y desangrado equivale a las no menos grotescas saqueadoras moviéndose al ritmo atronador de un regatón: “túmba la casa mami, tumba la casa”. En breve: la diferencia entre el mundo de la Müller y el de la Sainz es que en el de la primera el mal es totalitario y en la segunda el mal es radical. Por si no se entiende: El mal totalitario es un mal sistematizado. El mal radical en cambio es un mal desbocado, un mal fuera de sí. Ninguno de esos males es banal.

¿Por qué si son diferentes comparo entonces a Herta con Karina? ¿Porque ambas son mujeres? En parte sí. Dejando de lado cualquier naturalismo, hay que aceptar que los modos de socialización masculina y femenina llevan en algunos casos, sobre todo en la narración literaria de situaciones límites, a describir la vida a partir de diferentes posiciones. Con cierto temor a generalizar me atrevería a afirmar que, tendencialmente, la descripción del mundo de lo íntimo es más preeminente entre escritoras que entre escritores. Como sea, el hecho es que Sainz Borgo describe en detalle los interiores del orden (en el caso del chavo-madurismo, del desorden) de ese mundo donde el solo hecho de “estar ahí” se ha convertido en un drama existencial. Un mundo ante el cual para sobrevivir hay que huir, ya sea hacia los patios interiores del ser, ya sea hacia otro país. La otra posibilidad es llegar a ser como ellos, los Hijos de la Revolución.

El odio fue la siembra del chavismo. Primero el odio de los de abajo hacia los de arriba el que pronto se convirtió en el de los arriba hacia los de abajo. Ese odio no tardaría en llegar a ser un odio transversal, odio a lo distinto, odio a lo diferente. Chávez y Maduro disociaron hasta tal punto a la nación que al final todos los vínculos que unen a los humanos entre sí, terminaron por desatircularse. “Los Hijos de la Revolución nos separaron a ambos lados de una línea” – escribe Karina- “El que se va y el que se queda. El de fiar y el sospechoso”. Podríamos agregar: los progres y los fachos, los escuálidos y los maburros, los supremacistas y los colaboracionistas, las beatas y la secta. Y pare de contar. Al final, los unos introyectan el mal del otro hasta lograr que la identidad del uno llega a ser la del otro. Peligro advertido por Adelaida en sí misma cuando siente nacer en ella sentimientos hasta entonces desconocidos: “Aquella noche quise tener garfios en las manos” (....) “En mí había cedido el odio. Se endurecía como una boñiga en mi vientre”.

En cierto modo, la huida de la falsa “hija de la española” fue en Adelaida la de sí misma, de lo que querían que ella fuera y de lo que ella no quería ser. Detrás de ella quedaba una nación destruida por dos gobiernos, y sus “hijos” convertidos en tropas invasoras del propio país, los de arriba saqueando en el estado, los de abajo saqueando en las calles. Una revolución que terminó siendo una orgía de la muerte, el reino viviente de las fuerzas del mal, desatadas en toda su intensidad.

Pasará el tiempo. Maduro tarde o temprano deberá irse. Ni él ni sus secuaces pertenecen a la civilización occidental. Tal vez Venezuela renacerá sobre la tierra arrasada y habrá agua, luz, medicinas, alimentos. No sería la primera vez en que después de un desastre como el vivido, una nación revive materialmente. El problema es otro: ¿Cuánto tiempo costará reparar los daños morales que deja detrás de sí el apocalipsis desencadenado por un grupo de forajidos apoderados del Estado y sus instituciones? ¿Cuántos años deberán pasar para que la población recupere su condición ciudadana? ¿Cuándo desaparecerá esa reguera de odio, indecencia y maldad que los hijos y padres de la revolución dejan detrás de sí, la herencia cultural de Chávez, Maduro, Cabello, los Rodríguez? ¿Cuándo en fin, Karina Sainz Borgo -escritora de talla mundial- será escuchada y leída en su propia tierra por esas nuevas generaciones que hoy crecen sin tener un pasado digno de recordar?

Polis

Abril 06, 2019

https://polisfmires.blogspot.com/2019/04/fernando-mires-una-novela-venez...

 7 min


De acuerdo al Diccionario Oxford, las crisis humanitarias involucran un sufrimiento humano generalizado y requieren de ayuda a gran escala. Cuando existe una crisis humanitaria, la vida normal deja de ser posible.

Bajo condiciones normales, las necesidades de un individuo pasan a ser la forma en que otros se ganan la vida. El sistema funciona porque cada una de sus partes apoya y a la vez recibe apoyo de las otras. Este círculo virtuoso constituye la clave de todas las formas de vida, se trate de microbios, animales, ecosistemas o sociedades humanas. Sin sangre oxigenada es imposible mover los músculos; sin músculos torácicos es imposible oxigenar la sangre. Los seres humanos no pueden sobrevivir sin alimentos, pero sin seres humanos no se puede producir alimentos.

En química, esto se llama autocatálisis, sistema en el que el todo se puede reproducir porque cada elemento es producto de una reacción y a la vez es un insumo o catalizador de otra, lo que hace que el todo sea autosostenible. En las sociedades humanas, financiar la seguridad y la infraestructura necesarias para la producción exige tributación, la cual solo es posible si, para empezar, existe producción que sea gravable. Todo quiebre en este ciclo autocatalítico –sea debido a una guerra o a un desastre natural, por ejemplo– rompe el círculo virtuoso. Ahora bien, la cantidad de tiempo que un ser humano puede sobrevivir sin agua, comida ni techo, suele ser demasiado corta en relación con el tiempo necesario para solucionar el problema. Esta es la esencia de una crisis humanitaria.

Venezuela, a causa de la mala administración, la opresión y la corrupción, ha padecido de un colapso catastrófico de tales proporciones que carece de las calorías, las proteínas o las medicinas necesarias para mantener a su población, de más de 30 millones de personas. En consecuencia, los venezolanos han estado abandonando su país en masa, mientras los que se quedan sufren un infierno.

Bajo estas circunstancias, la ayuda humanitaria, al proveer algunas de las necesidades que escasean, contribuye a que la gente sobreviva y pueda enfrentar otro día. Muchos países y organizaciones donantes han estado llenando bodegas en Cúcuta (Colombia), Pacaraima (Brasil), Curaçao y Puerto Rico con alimentos y medicinas que podrían salvar vidas, pero la dictadura de Nicolás Maduro ha prohibido su entrada. Si el gobierno hubiera permitido el ingreso de estos bienes, los voluntarios los habrían distribuido a escuelas, hospitales, iglesias y otras organizaciones sociales, ayudando así a mantener a la población hasta que se solucione el problema de fondo.

La ayuda humanitaria, de por sí, no puede reiniciar el proceso autocatalítico, pero puede facilitar la transición a un sistema autosostenible. Supongamos que Maduro ha sido reemplazado por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, de acuerdo a lo que dicta la constitución de Venezuela. Supongamos que con la ayuda de Estados Unidos, la Unión Europea y varios países latinoamericanos, la cantidad de alimentos y medicamentes disponibles en las fronteras terrestres y marítimas de Venezuela aumenta de manera considerable. ¿Cómo se los hace llegar a 30 millones de personas?

Una solución es contar con voluntarios que, de manera gratuita, los distribuyan a los necesitados. Pero, ¿cómo se puede saber quiénes son los necesitados y quiénes, entre ellos, ya han recibido ayuda? ¿Cómo y por cuánto tiempo podrán mantenerse a sí mismos los voluntarios? ¿Cómo se puede impedir que alimentos destinados a ser distribuidos gratuitamente sean vendidos para obtener dinero en efectivo o enviados de contrabando al extranjero por personas que participan en el esfuerzo, como lo han estado haciendo muchos de los secuaces de Maduro con los bienes subsidiados?

Una alternativa, que es contraria a la intuición, sería vender los alimentos y medicamentes donados a precios de mercado a quienes deseen ganarse la vida distribuyendo y vendiendo necesidades a los consumidores. Pero, ¿de qué manera podrán los necesitados adquirir alimentos si, por definición, son necesitados? Aquí es donde los mercados y la tecnología moderna acuden al rescate.

El dinero que se recaude a través de la venta de alimentos a los distribuidores puede ser transferido a los necesitados para permitirles que ellos mismos los adquieran. Cuando se tiene una cuenta bancaria y una tarjeta de débito, como es el caso de la mayoría de los venezolanos (gracias a la hiperinflación, que ha eliminado el valor del dinero en efectivo), distribuir el dinero se convierte en el simple proceso de abonar el efectivo en las cuentas bancarias de los beneficiarios seleccionados, lo cual es improbable que sea lo que demore la recuperación porque hacer esto toma menos tiempo que distribuir bienes. Lo difícil en este caso es coordinar la llegada del dinero a las cuentas bancarias de los consumidores con la llegada física de los productos a los puntos de venta: si llega demasiado pronto, se producirá una inflación; si llega demasiado tarde, los consumidores no obtendrán los productos a tiempo.

Este mecanismo ofrece varias ventajas evidentes frente a la distribución gratuita. Para empezar, puede emplear no solo a voluntarios temporales, sino a todos quienes estén dispuestos a ganarse la vida en la distribución y venta de bienes. En particular, aprovecha y revitaliza los canales de distribución que ha legado la historia, en lugar de intentar crear, a partir de cero, un mecanismo de distribución alternativo temporal, que ciertamente sería más lento, más pequeño, más caro y con menor penetración. Y si una ciudad recibe los productos y otra no, entonces los comerciantes tendrán un incentivo para practicar el arbitraje (comprar bienes donde abundan y venderlos donde escasean), equilibrando así la situación.

Aún más, un mercado para la ayuda humanitaria empoderaría a los beneficiarios al brindarles la oportunidad de decidir qué, dónde y cuándo adquirir lo que necesitan. Ya no tendrían que esperar a que alguien les entregue un paquete de ayuda predefinido, como lo hace actualmente el gobierno venezolano. Y el sistema crearía empleo, de modo que los participantes en el esfuerzo se ganarían la vida y dejarían de necesitar ayuda.

Además, dado que este sistema permite pasar de la importación de bienes finales, como alimentos enlatados, a productos que requieren ser procesados a nivel nacional –trigo para hacer harina, pan y pasta; alimentos balanceados para pollos, huevos y cerdos; semillas, fertilizantes y agroquímicos para la agricultura, y otros similares– pondrá en marcha la producción interna. A lo largo del tiempo, los canales de distribución podrán pasar de la compra y entrega de lo que se haya hecho disponible a través de la ayuda humanitaria, a adquirir en el mercado global lo que les parezca más apropiado. En lugar de proporcionar alimentos y medicinas, la ayuda consistiría en asegurar la disponibilidad de las divisas necesarias para importar lo que exija el mercado. La venta de esos dólares a los importadores proveería el efectivo para las transferencias directas destinadas a fortalecer el poder adquisitivo de los necesitados.

El papel de la ayuda humanitaria se asemeja al de la batería de un automóvil: ella hace funcionar los cilindros hasta que la secuencia de explosiones internas del motor se vuelve autosostenible y de paso recarga la batería. Esta tarea se facilita utilizando, más que reemplazando, los mercados tradicionales.

Marzo 25, 2019

Traducción de Ana María Velasco

Project Sybdicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/selling-humanitarian-aid-is...

 5 min


Carlos Pagni

Algo relevante ha cambiado en los últimos 10 días en el conflicto entre Estados Unidos y China. Y esa alteración tiene como escenario a América Latina. La disputa entre las dos potencias por influir en la región se había expresado hasta ahora como una tensión subterránea.

Sin embargo, hace dos viernes, el entredicho adquirió una dimensión institucional. El motivo explícito fue la divergencia entre Washington y Pekín frente a la crisis venezolana. Ese desencuentro determinó que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) suspendiera su asamblea anual, que se iba a celebrar entre el jueves y el domingo pasados en la ciudad china de Chengdú. Esa resolución fue liderada por los Estados Unidos, pero consiguió el apoyo de numerosos países que son receptores de caudalosas inversiones chinas. Un duelo entre poder y dinero.

El BID había elegido Chengdú para celebrar su 60º aniversario, que coincidía con una década de pertenencia de China a la institución. Esa preferencia provocó una reacción negativa de la Administración de Donald Trump, a pesar de que su representante en la institución no había objetado la sede. El 19 de diciembre pasado, el subsecretario para Asuntos Internacionales del Tesoro, David Malpass, dirigió una carta al presidente del Banco, el colombiano Luis Alberto Moreno, en la que manifestó: “Tengo serias reservas sobre el proceso del banco que condujo a esa decisión inicial, y no creo que la reunión de 2019 pueda ser tan exitosa en Pekín como lo sería si se celebrara en la región”.

Estados Unidos controla del 30% de las acciones de la institución. La oposición de Washington se volvió operativa un mes más tarde, con la colaboración del propio Moreno. El 23 de enero, el titular de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, se proclamó como presidente legítimo de su país. El Gobierno de Trump fue el primero en reconocerlo. Y un rato más tarde hizo lo mismo Moreno, mediante un tuit.Ningún organismo multilateral se había pronunciado sobre la querella venezolana. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no lo han hecho hasta ahora.

¿Moreno sabía que con su declaración estaba minando su asamblea de Chengdú? Porque la disputa de legitimidad entre Guaidó y Nicolás Maduro se trasladó al seno del BID. El 28 de febrero, Guaidó se dirigió al ministro de Hacienda argentino Nicolás Dujovne, en ejercicio de la asamblea de Gobernadores del banco, para informarle que había designado al economista Ricardo Hausmann como representante de su Gobierno. Hausmann es un reconocido profesor de la Universidad de Harvard, que podría ser ministro de Economía de Guaidó, si éste ejerciera el poder efectivo.

El nombramiento de Hausmann fue el punto de partida de un ajedrez frente al que China, que sigue reconociendo a Maduro, no sería indiferente. El 15 de marzo, la junta de Gobernadores del BID votó la expulsión del representante de Maduro, Oswaldo Pérez Cuevas, y reconoció a Hausmann como el delegado venezolano.Desde Pekín solicitaron que la silla de Venezuela permaneciera vacía en Chengdú. Pero las autoridades del banco insistieron en que el país estaría representado por Hausmann. China se negó a conceder la visa al economista. El primero en reaccionar fue el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, quien escribió en el periódico The Miami Herald que “los chinos están socavando el progreso del hemisferio hacia la democracia al negarse a otorgar un visado oficial a Ricardo Hausmann, la primera vez en la historia del banco que una nación anfitriona se niega a dejar entrar a un miembro”.

El BID respaldó a Hausmann y canceló la reunión de Chengdú. Todavía no se definió la nueva sede de la asamblea. La reacción de Pekín no fue lineal. El encargado de protestar no fue el Banco de China, titular formal de la representación ante el BID, sino el Ministerio de Relaciones Exteriores. Lo primero que se descartó es que los chinos abandonaran una institución a la que se incorporaron al cabo de 15 años de esfuerzo diplomático. Otra peculiaridad es que la queja, formulada en un comunicado extraoficial, no se dirigió a los que votaron la cancelación. El Gobierno de Xi Jinping atribuyó a“cierto país” haber boicoteado la reunión. A pesar de estas sutilezas, se abre una incógnita: ¿el BID seguirá siendo un instrumento de intervención financiera en la región para los chinos?¿O preferirán volcarse en la Corporación Andina de Fomento, otro banco de desarrollo en que los Estados Unidos no participan? El choque del BID incomoda a muchos países de la región que reciben inversiones de Pekín, pero tienen lazos poderosísimos con Washington. Esas naciones demostraron, a desgano, el estado del balance regional: el factor geopolítico prevaleció sobre el financiero. China ha invertido en América Latina, desde 2005, 150.000 millones de dólares. Pero, como dice el profesor de Georgetown Gonzalo Paz, la suspensión de la cumbre de Chengdú demostró que “poder mata billetera”.

El País

https://elpais.com/internacional/2019/04/02/argentina/1554157753_047809....

 3 min


En medio de la oscuridad nuestra de cada día, trato de hacer mía la consigna china, aquella de que toda crisis es una oportunidad. Así, en las noches, velita mediante, me dedico a leer, ya que no puedo ver partidos de futbol. He terminado dos novelas que iba leyendo en paralelo – mala idea, por cierto, porque en determinados momentos mezclaba los personajes – y me di a la tarea de desempolvar algunos de los archivos de mi computadora para revisar algunos textos que asoman los cambios que, de la mano de la Cuarta Revolución Industrial, están perfilando un mundo muy distinto, en el que la vida humana empieza a transcurrir de otras maneras en todos los aspectos.

Los derechos de los robots

Entre los archivos me encuentro con algunas notas que tomé hace algún tiempo a propósito de una novela de ciencia ficción, “¿Sueñan los Androides con ovejas eléctricas?”, escrita por Philip K. Dick, en la que se alude a las relaciones del ser humano con los robots. Y de allí he brincado a otros textos que se ocupan del asunto e indican que los robots no deben considerarse sólo como dispositivos mecánicos, sino como socios que interactúan con las personas. Así las cosas, veo un documento en el que el Comité del Parlamento Europeo para Asuntos Legales les otorga la condición de “personas electrónicas”. A partir de allí, se propone que "se pueda establecer que los robots autónomos más sofisticados tienen el estatus de personas electrónicas con derechos y obligaciones específicos, incluida la de hacer bueno cualquier daño que puedan causar". Y observo, igualmente, que ya existen unas cuantas iniciativas similares, en distintas partes del mundo.

De nuevo se demuestra, creo, que la llamada ciencia ficción no es ficción, sino pronóstico. Lo digo por lo anterior y también porque, a propósito de un brevísimo cuento, “El Círculo Vicioso”, escrito hace casi ochenta años, el célebre Isaac Asimov estableció sus conocidas tres leyes de la robótica (que en realidad fueron cuatro). Las mismas lucen como trasfondo de planteamientos que de alguna manera están cobrando forma actualmente a) Un robot no puede hacer daño a un ser humano ni directamente ni a través de su intervención. b) Un robot debe obedecer las órdenes que le den los seres humanos, a menos que las mismas entre en conflicto con el primer mandamiento. c) Un robot debe salvaguardar su propia existencia, a menos que su autodefensa se contradiga con el primer y el segundo mandamiento. Más adelante, el propio Asimov añadió una cuarta: d) Ningún robot puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.

Dentro de la misma línea de lo que vengo escribiendo, vale la pena mencionar, así mismo, que la Universidad Carnegie Mellon de Estados Unidos anunció un nuevo centro de estudios de la ética de la inteligencia artificial; que durante la presidencia del Presidente Obama, la Casa Blanca publicó un trabajo sobre el mismo tema y que varias de las empresas más grandes, incluyendo Facebook y Google, han anunciado una asociación para redactar un marco ético para la inteligencia artificial. Estas y otras muchas iniciativas se explican porque, de acuerdo a lo señalado en diversas publicaciones, las interrogantes son muchas: ¿cómo podemos garantizar que estos algoritmos estén diseñados de manera apropiada?, ¿Será necesario que un robot tenga algo equivalente a una Declaración de Derechos? ¿Debería permitirse a un Cyborg muy avanzado postularse para cargos políticos?

No es de extrañar, entonces, que se haya generalizado la idea de elaborar un conjunto de principios éticos orientados a regular las circunstancias que derivan de la creación y uso de los robots, implicando en ellas a sus fabricantes y usuarios y, como se ve, también a los propios robots.

El tema de los robots es apenas una muestra del intenso debate sobre las transformaciones tecno científicas de la época. Con igual interés se han suscitado discusiones sobre otros muchos tópicos, entre ellos la genética e, incluso la política, por sólo citar un par de ejemplos.

Mientras tanto …

me paseo por estas cosas, velita de por medio, como dije, y me viene a la mente Nicolás Maduro en una de sus más recientes cadenas, anunciándonos las medidas que ha tomado con el objetivo de enfrentar la situación de nuestra industria eléctrica, las que incluyen el cambio del Ministro Mota Domínguez, quien, dicho sea de paso, se retira de la escena sin que se le recuerde haber dado alguna explicación de lo sucedido, ni mucho menos haber hablado de un plan para salir del aprieto en el que nos metió el imperialismo norteamericano, según reza la explicación oficial, elaborada con apego a la teoría de las llamadas “verdades alternativas”

Así, mientras el planeta se mueve según códigos radicalmente distintos a los de antes, Nicolás Maduro no habla de cómo descifrarlos y hacerlos parte del futuro nacional, sino que nos ofrece un país como el de antes, en el que los bombillos prendían.

El Nacional, Miércoles 3 de marzo de 2019

 4 min


Daniel Eskibel

Una buena negociación política te permite alcanzar grandes logros. Por ejemplo:

Consolidar un triunfo

Avanzar y ganar nuevas posiciones

Mantener el statu-quo

Achicar pérdidas en una derrota

Sobrevivir políticamente

Como ves, cualquiera de estas finalidades puede decidir el destino de un partido político. Por eso tu rival prefiere que no conozcas los secretos que guían una negociación política exitosa.

Psicología de la negociación política en 10 puntos

Negociar tiene sus secretos, claro que sí. Dominarlos no te asegura nada, pero te da una ventaja importante en el punto de partida. Y esa ventaja tiene que ver con la psicología.

Ya sabes: como todo en materia política, también la negociación transcurre en la mente de seres humanos dialogando con otros seres humanos.

La psicología de la negociación política incluye 10 grandes puntos que debes tener siempre presentes:

Privacidad. Negociar implica un ir y venir de ideas, propuestas y situaciones que se van ajustando y corrigiendo. Implica marchas y contramarchas. Si eso toma estado público, el proceso se congela y se estanca. Por eso necesitas negociar en la más completa privacidad.

Paciencia. Los ansiosos y los apurados negocian mal, se equivocan mucho y dejan pasar oportunidades de oro. La paciencia es una virtud suprema en este plano. Y la disposición al esfuerzo, a invertir tiempo, inteligencia y trabajo durante todo el tiempo que sea necesario.

Hoja de ruta. Es simple: si no sabes hacia dónde vas, pues entonces nunca llegarás a ninguna parte. Tu ruta debe estar clara y firme, tus objetivos también. Nunca te sientes a negociar si antes no has negociado contigo mismo y con tus compañeros políticos.

Intereses. Detrás de las posiciones y las propuestas de cada negociador hay algo más importante aún: los intereses. Tienes que tener muy claro cuáles son los tuyos e identificar cuales son los de tu adversario. Porque al fin y al cabo se trata de satisfacer esos intereses (políticos, económicos, culturales, religiosos, de poder, personales). Y ambas partes necesitan encontrar un modo de hacerlo.

Pérdidas vs ganancias. Nunca olvides que ese negociador que está del otro lado de la mesa buscará, aún sin saberlo, evitar pérdidas. Y para evitar pérdidas pondrá mucho mayor esfuerzo que para lograr ganancias. Así funciona el cerebro humano y si lo sabes cuentas con ventaja extra.

Emociones. La negociación política no es un proceso puramente racional. Las emociones juegan un papel central que suele definir las situaciones. Por eso debes tener inteligencia emocional y nunca reaccionar impulsivamente. El que se enoja pierde. Y la calma puede ser tu principal carta de triunfo.

Empatía. A pesar de las diferencias políticas debes lograr un nivel básico de empatía con el negociador adversario como para poder trabajar en conjunto. No importa si el otro está en tus antípodas ideológicas. Tampoco importa si la historia entre ambas partes tuvo momentos duros y conflictivos. Lo que importa es que negociar es un trabajo entre dos partes, y para hacerlo bien ambas partes necesitan conectar positivamente con algo del otro.

Escenificación. El escenario físico donde se desarrolla la negociación nunca es completamente neutral. Tienes que considerar seriamente la escenificación, las características del lugar físico dónde se negocia. Y analizar las posibles influencias de ese lugar sobre los negociadores y sobre la opinión pública más tarde. Recuerda que los lugares hablan, al igual que las locaciones del cine o la televisión.

Comunicación no-verbal. Durante una negociación política hay palabras que van y vienen. Pero además hay comunicación no-verbal: posiciones corporales, desplazamientos, movimientos de brazos y manos, expresiones de la cara, sonrisas, muecas, micro expresiones, miradas, gestos…Esta comunicación no-verbal es decisiva, por eso debes perfeccionar tu lectura de la misma y también tu propia comunicación en ese plano.

¿Soluciones? Por definición las soluciones no existen y por eso no se encuentran nunca sino que se construyen en un proceso de trabajo. Ese proceso de trabajo es al que le llamamos justamente negociación. Nunca digas que no encontraron una solución porque no había nada que encontrar. En todo caso puedes decir que no pudieron o no supieron construir una solución.

La negociación política comienza cuando no hay soluciones a las discrepancias entre dos formaciones políticas. Es un trabajo colectivo de construcción de una solución que antes no existía. Y para eso te servirán de guía los 10 puntos anteriores.

Maquiavelo&Freud

https://maquiaveloyfreud.com/secretos-negociacion-politica/

 3 min


Ya no cabe duda que Venezuela está en emergencia. El colapso es total. El fracaso del régimen ya no da para más. Es evidente y todos lo padecemos, de manera que el acuerdo alcanzado entre la Cruz Roja Internacional con la AN y el presidente (E) Juan Guaidó, aceptado también por Maduro, es el inicio imparable del cambio urgente que reclama el país.

El informe de Michell Bachelet, Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, habla de una situación devastadora en Venezuela caracterizada por la paralización general de los servicios públicos (electricidad, agua, etc.), falta de alimentos, medicinas, violencia, violación sistemática de los derechos humanos, torturas, detenciones ilegales basadas en burdos montajes como la sufrida por el abogado y dirigente de VP, Roberto Marrero.

Bachelet, ex presidenta de Chile, es una persona vinculada a la izquierda, que hace un examen exhaustivo y objetivo de la dolorosa realidad que viven mas de 30 millones de venezolanos.

Quienes negaron la crisis cientos de veces hasta en la propia ONU, ahora, sobre decenas de cadáveres y el dolor de millones de personas, no les ha quedado más que aceptar la ayuda internacional impulsada y promovida por la Asamblea Nacional.

Debemos continuar con la presión a través de las protestas y reclamos en todos los rincones del país. No podemos acostumbrarnos al infierno en el que han convertido nuestro día a día. Tenemos que superar el retroceso que se nos ha impuesto por la incapacidad y la corrupción del régimen de Maduro. Es inaceptable la pasividad de la FAN frente a los colectivos violentos que con armas de fuego amenazan y atacan a la población civil que se manifiesta por sus derechos como se constató este domingo en las zonas populares de las principales ciudades del país, en especial Caracas.

La unidad entre los partidos políticos y la sociedad civil es vital para seguir avanzando hacia la realización de unas elecciones generales con todas las garantías democráticas, un nuevo CNE y la debida observación internacional.

Ya logramos abrir el canal humanitario, ahora, con la fuerza de todos, vamos a abrir el canal político y electoral para lograr un gobierno de reconciliación y unidad nacional.

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante

Web: www.carlostablante

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Luis Ugalde

Al ver que ninguna de las partes puede aniquilar a la otra se llega a la conclusión de que es mejor negociar la salida que matarse. Ahí ha llegado Venezuela y es claro que el régimen es incapaz de mejorar la gravísima situación. Está sentenciado de muerte, aunque pueda prolongar la agonía a un costo muy alto.

La conciencia y la Constitución (art. 350) nos mandan desconocer la tiranía que hoy está matando a la población y violando sus legítimos derechos y aspiraciones y estamos obligados a trabajar por el restablecimiento de la Constitución (art. 333) con elecciones democráticas libres y transparentes. La Constitución manda (art. 233) que, ante la falta absoluta de Presidente legítimamente elegido, el Presidente de la legítima Asamblea Nacional se encargue de la Presidencia de la Republica para conducir la transición que restaure la Constitución, al tiempo que frena la hiperinflación de muerte, busca de emergencia la ayuda humanitaria y promueve el renacer de la vida ciudadana y de la producción económico-social. Necesitamos un cambio urgente que desde ahora ponga todas las condiciones para un proceso electoral limpio (CNE nuevo, registro electoral, voto en el exterior, candidatos habilitados, modo de votar, testigos…).

Ya el “diálogo” burlado no volverá como una trampa para que el régimen pueda ganar tiempo, sino que necesitamos un extraordinario acuerdo para recrear el país. Cada día que pasa se agrava la situación y eleva los costos para quienes desesperados se aferran al poder y aumentan la represión criminal. Por el lado de la oposición se ha disipado la ilusión de una fácil salida, gracias a los marines o a soldados brasileños y colombianos, sacrificados para salvarnos. No queda más que la violencia interna impuesta con paramilitares criminales protegidos por las fuerzas armadas y la policía o la negociación con un gobierno de transición o la prolongación del caos y del régimen cadavérico que ya hiede. Una intervención armada externa tendría graves e impredecibles consecuencias y la llave para evitarla la tiene nuestra Fuerza Armada con sólo decidirse a cumplir su juramento y obligación constitucional de no imponer la tiranía sino defender a democracia.

Es lógico que los chavistas se pregunten por su futuro post-tiránico. La respuesta para millones tiene que ser que, al restablecer su Constitución, ellos tendrán los mismos derechos y garantías que los demás grupos sociales y partidos. En la oposición hay mucho sufrimiento y agravios que dejan profundas heridas con deseos de que los crímenes sean castigados y la rabia alimenta la furia de la revancha y el linchamiento. Por eso necesitamos un liderazgo extraordinario con la grandeza de Mandela con la mente centrada en la reconstrucción del país reconciliado, para sumar todas las fuerzas nacionales sanas y reducir el sabotaje del chavismo despojado del poder y con resentimiento y miedo. No hay renacer posible sin una gran renovación de espíritu nacional y amplia colaboración internacional, como en el post-nacismo, el post-apartheid o el post-el horror de la república cárcel que había tras el Muro de Berlín.

El creciente cerco nacional e internacional a la tiranía no cederá en su exigencia de derechos humanos, elecciones democráticas y cambio inmediato de modelo económico con un vuelco a la hiperinflación. La necesaria masiva ayuda internacional con préstamo de miles de millones de dólares y un flujo de inversiones productivas internacionales y nacionales, es impensable con Maduro aferrado al poder usurpado.

El Gobierno de transición es indispensable y urgente para encauzar de inmediato la salida de la tragedia socioeconómica y guiar la ruta productiva, al mismo tiempo que se ponen las condiciones para elecciones presidenciales libres y democráticas con garantías internacionales. SIN MADUR0.

Maduro ha demostrado que NI QUIERE NI PUEDE convocar a elecciones democráticas y limpias, ni restablecer la Constitución que Chávez proclamaba como la mejor del mundo. Maduro NI QUIERE NI PUEDE cambiar el antiproductivo modelo económico, ni frenar la hiperinflación ni promover la producción nacional. La salida del país pasa por la salida voluntaria u obligada de él.

¿Dónde quedan en ese gobierno de transición el chavismo y la Fuerza Armada? La FA está llamada a construir la transición y dar la decisiva colaboración para que Venezuela renazca con constitución y democracia. Por supuesto el núcleo corrupto militar debe salir. ¿Cómo? es parte de la negociación. ¿Por qué va a negociar la oposición? ¿Por qué la camarilla gubernamental? Todos lo tienen que hacer obligados por la realidad, porque el enfermo se muere. Hay que obligarlos demostrando que es la alternativa razonable y viable frente al conflicto armado sin capacidad de renacer nacional y de la costosísima prolongación indefinida de la agonía que se agrava. Tiene que haber justicia para los delitos graves. El doloroso y multitudinario grito del pueblo movilizado lo exige.

Es imposible renacer sin un amplio e inclusivo acuerdo con un plan nacional muy definido y con respaldo internacional. También para USA, Colombia, Brasil, UE, Rusia, China, el Grupo de Lima e incluso para México y Uruguay es el mejor camino. Y a Cuba se le puede hacer ver que también para ellos es la única salida. Lo necesario ahora es que cada grupo no se aferre a su fórmula, sino que todos coincidan en la única salida negociada y vean que es lo mejor y menos costoso también para ellos. Afortunadamente Guaidó vino con la mano abierta y no con el puño cerrado, obedeciendo a la Constitución para suplir a la falta de gobierno legítimamente elegido (art. 233).

Muchas de las aspiraciones de la población venezolana que apoyó a Chávez hoy son urgentes, legítimas, e irrenunciables, aunque traicionadas. Y muchas de las deformaciones y corrupciones de la democracia pre-chavista no deben volver para que en Venezuela seamos esforzados ciudadanos productores de un primaveral renacer nacional reconciliado e inclusivo.

Caracas, 29 de marzo de 2019

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