Los economistas hemos venido insistiendo en la imperiosidad que tiene para Venezuela sanear sus instituciones para poder acceder a significativos préstamos de los organismos multilaterales.
A pesar del apoyo abrumador que los venezolanos dimos a la “extracción” del dictador Maduro y su esposa el 3 de enero, nos encontramos, hoy, ante expectativas poco claras, que generan confusión e incertidumbre. Uno se pregunta dónde nos encontramos en el ansiado proceso de transición a la democracia.
El destino de Venezuela y, en particular, sus posibilidades de transitar hacia un régimen democrático en el futuro próximo dependen de cómo evolucionará la interacción entre las tres agendas en juego: la de Donald Trump para con el país; la del chavismo remanente en la figura de Delcy Rodríguez, a quien deja en el poder; y la de la oposición democrática mayoritaria.
.... descabezar esta estructura de complicidades en absoluto asegura que haya cambiado, salvo que, desde su interior, hayan decidido traicionar a Maduro para librarse de tan nefasta carga.
Considerar la intervención de Trump con tales parámetros sólo procedería de culminar con la restitución efectiva, sin cortapisas, de la soberanía popular.
El otorgamiento del Nóbel de la Paz a María Corina Machado la semana pasada, su extendida visibilidad a nivel mundial y el apoyo de influyentes líderes de diversos países ha vuelto a arrimar a la lucha por la libertad y la justicia en Venezuela al centro de la atención mundial.
El fascismo sólo entiende la lucha política como una guerra. En su ideario no tiene cabida la búsqueda de consensos para aprobar políticas por medio de la negociación. Sus adversarios no son tales sino enemigos, contra quienes se exacerban las pasiones para asegurar su derrota en cualquier contienda, sea política, social o de calle.
No conozco el detalle del juramento que tomó al asumir su rango de oficial en la FANB. Supongo que incluye, de rigor, un juramento de lealtad a la Patria y a la Constitución, como el compromiso de defender la soberanía nacional.
En un reciente artículo me referí a la racha interminable de fracasos de Nicolás Maduro al frente del Estado venezolano. Dejé sin respuesta la pregunta obligada: ¿cómo se mantiene todavía en el poder?