Sin legitimidad democrática ni una Fuerza Armada que proteja a los ciudadanos en lugar de reprimirlos, Venezuela no tendrá lugar en la nueva arquitectura de seguridad hemisférica.
La salida del Alto Mando militar venezolano no es una reforma, sino un relevo dentro de una transición aún frágil. Los nuevos mandos no representan un cambio estructural, sino una generación encargada de contener la crisis y entregar el poder sin ruptura.