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Opinión

Venezuela colapsó. ¿Quién podrá reconstruir lo que destruyeron los descendientes de Atila, el huno, y de Genserico, el vándalo? No se trata de hiperbolizar la catástrofe. Casi todas las dictaduras han exhibido algunos logros. La de Maduro solo arrasó con lo existente. Un nuevo gobierno tendrá una labor ciclópea. No podrá poner parches, sino iniciar de cero. Su equipo tendrá que ser conocedor del tema específico que corresponda, además de novedoso, apartado de viejos paradigmas y dispuesto a enfrentar críticas severas y resistencia por parte de las viudas del presente e incluso de algunas del pasado.

El primer reto será inspirar confianza, disminuir la inflación y lograr la paz laboral. Esto último será complejo, ya que los trabajadores de todos los sectores reclamarán aumentos para poder subsistir. Será difícil evitar las protestas, las cuales serán aupadas por los rojos. Además, ¿cómo reaccionarán muchos trabajadores del sector público que tendrán que ser despedidos porque están en exceso o no tienen las calificaciones mínimas ? ¿Cómo impedir que las protestas se vuelvan violentas, sin recurrir al uso excesivo de la fuerza y en la repudiable violación de los derechos humanos?

Las empresas del Estado están quebradas. Será difícil enderezar las otrora grandes empresas del petróleo, hierro, aluminio , petroquímica y energía eléctrica. Es inevitable discutir cómo se pueden recuperar. Hay dos opciones: 1- Mediante un cambio de gerencia, disminución del número de trabajadores e inyección de recursos financieros para darles mantenimiento, modernizarlas y aumentar la producción. En este caso, el nuevo gobierno tendría que endeudarse o sacrificar recursos que deberían ser destinados a educación, salud y servicios básicos. Esta opción tiene el riesgo de que otro gobierno las vuelva a utilizar como instrumento de proselitismo político. 2- Mediante su privatización, para lo cual habrá que vencer la resistencia interna de los trabajadores y de parte del sector político que todavía piensa que lo privado es pecado.

En los casos de la industria petrolera y de la petroquímica hay la ventaja de que existen empresas mixtas, por lo que el proceso de recuperación se debe facilitar. Es inevitable que el Estado venda sus acciones a los socios existentes y permita la creación de otras empresas privadas. Ello sería lo menos traumático y permitiría aumentar la producción y productividad con relativa rapidez. Debemos recalcar que la privatización nunca fue planteada en el pasado, ni es lo que particularmente hubiésemos deseado. La misma es el resultado de la injerencia política en el manejo del negocio.

En el caso petrolero, sería deseable que regresaran las empresas Exxon- Mobil y Conoco-Phillips, las cuales tienen tecnología, recursos humanos y músculo financiero. No será fácil convencerlas y previamente habrá que solventar las demandas. Los rojos no aceptan que quien debe tiene que pagar. Cometieron la estulticia e irresponsabilidad de violar lo acordado y ahora enfrentan consecuencias no deseables.

La agricultura debe ser prioritaria. El medio rural está devastado. Muchos han abandonado el campo por estar azotados por la delincuencia y las invasiones. Hay que ofrecer seguridad personal y jurídica, además de precios justos. Será necesario brindarle gran apoyo a los centros de investigación y de asistencia técnica. Igualmente se debe proceder con el sector industrial. El turístico deberá esperar hasta mejorar la seguridad.

Para que la recuperación sea sustentable hay que apuntalar a nuestras universidades, las cuales han sido maltratadas exprofeso. Hay que evaluar la calidad académica de las universidades no autónomas y aceptar que no es la masificación, sino la calidad de los graduados, la que nos permitirá ser competitivos. Hoy, los profesionales de la diáspora son reconocidos, pero nuestros recursos humanos se deteriorarán si no hay mayor apoyo a la educación preescolar, básica, diversificada, técnica y universitaria.

Falcón no podrá vencer el ventajismo y las trampas de la narcodictadura, tampoco convencerá a millones de votantes de que participen en la farsa de este domingo. Votar es el peor error que se puede cometer. Falcón puede ser un factor importante si se retira. De no hacerlo prolongará la estada de Maduro en MIraflores, ya que contribuirá a que la abstención no sea tan contundente y que el CNE asigne impúdicamente los votos. No queda otra que profundizar la crisis para salir de Maduro. Posteriormente, la resolución de los múltiples problemas tomará tiempo y solo se logrará si se firma un acuerdo político que incluya a disidentes del régimen que no sean corruptos, ni violadores de derechos humanos.

Como (había) en botica:

Según memorando que circula, Amalio Domínguez, gerente de recursos humanos de la División Boyacá de Pdvsa, ordenó a los trabajadores votar por el “proceso revolucionario”.

El paramilitar Freddy Bernal y el alcalde de Rubio Ángel Márquez deben ser investigados por el asesinato por la policía nacional del ganadero Manuel Tarazona en Táchira.

Felicitaciones a Rafael Cadenas por el premio Reina Sofía de poesía.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Es obvio que el régimen prepara un mega fraude para el 20 de mayo, solamente comparable con el cometido para suplir la ausencia de votantes el 31 de julio de 2017, cuando eligieron inconstitucionalmente y con trampa a la mal llamada asamblea nacional constituyente (en minúsculas).

El fraude, cual río caudaloso, tiene muchos afluentes que lo nutren y engrosan. Uno de ellos y quizás el más repugnante, es la actitud de los candidatos distintos a Maduro, que se prestan a seguir el juego de la MUD/FA, de aparentar ser opositores para arrastrar votantes hasta las urnas para ser fotografiados, con el ánimo de justificar gráficamente la millonaria votación del candidato ganador, que desde ahora todos conocen.

No menos odiosa es la actitud de políticos de la vieja escuela, como Eduardo Fernández y Claudio Fermín, quienes pretenden hacernos creer que estas votaciones se darán dentro de un ambiente democrático y que cada voto será adjudicado con decencia. Ellos y otros de similar catadura, se hacen los pendejos al obviar que la convocatoria es producto de una seguidilla de violaciones a la Constitución y a los principios democráticos y que quien acuda a votar estará reconociendo y legitimando a la ANC, que es, según el comunismo imperante, el más alto e ilimitable poder del Estado.

De allí que, aun cuando Tibisay declarara ganador a un «oponente» de Maduro, la omnipotente ANC podría declarar el Estado comunista, anular los resultados electorales o cometer cualquier otra tropelía para conservar el ejercicio efectivo del poder. Por ello, cuando hemos afirmado en el twitter que todo voto es por Maduro, lo hacemos desde esta perspectiva, desde la obviedad de que un tirano no llama a elecciones para perderlas, como tampoco las mafias, engolosinadas con el poder, van a colaborar de alguna forma con quien les resulte sospechoso de ser sastres de trajes color naranja.

El régimen tiene a Tibisay y a un Registro Electoral Permanente que maneja a su antojo; el Plan República operará bajo el mando del nada imparcial Vladimir Padrino López; los cuerpos de seguridad del Estado y las bandas armadas mal llamadas «colectivos», estarán prestos para sofocar cualquier protesta ciudadana; el régimen utilizará todas las herramientas y el poder del Estado para movilizar forzadamente a millones de empleados y a usufructuarios de bolsas CLAP y amenazará los más débiles y asustadizos para arrancarles el voto.

Por tanto, asistir a unas votaciones en estas condiciones de inconstitucionalidad, ilegalidad y ventajismo es un acto de complicidad, una repulsiva venta de conciencia o la manifestación de una dolencia psicológica conocida como síndrome de Estocolmo.

Un bromista inteligente escribió: «Ya los resultados están listos, solo faltan las votaciones»; coincido, pero en serio, con el guasón. Cualquier resultado que salga de la boca de Tibisay Lucena, será beneficioso para las mafias que detentan el poder, pues aun cuando declarara ganador a Bertucci o a Falcón, esa no sería la expresión de los votantes, sino de algún oscuro acuerdo que aseguraría la impunidad de los delitos y la protección de las fortunas originadas en el desfalco de los dineros públicos.

Pero el chavismo, que controla todos los hilos del poder, tiene un serio problema: inventa votos, pero no puede inventar gente, tan necesaria para las fotografías que harían rodar por el mundo a través de embajadas y consulados, como prueba del carácter legítimo de la elección. El circo requiere con urgencia unos cuantos payasos, pues circo sin payasos no es circo.

Por eso es que el régimen llama, casi con desespero, a votar, aunque sea en su contra. No necesita votos, porque de eso se encarga Tibisay y asociados, pero es capaz de cualquier esfuerzo para tener unas cuantas colas que muestren el «entusiasmo electoral del pueblo».

Por ello, modestamente someto a tu consideración una propuesta: el día de la marramuncia electoral no salgas de tu casa ni para comprar pan, pues desertizar las calles puede tener un efecto internacional incalculable. ¡Calles desiertas el 20M, debe ser la consigna!

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Con voz propia

Masacre, que procede del francés massacre es definida por diccionario de la Real Academia Española como matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida. "Matanza salvaje de personas", la califica María Moliner en su Diccionario de uso del español el “más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana”, según Gabriel García Márquez, para quien es “más de dos veces más largo que el de la RAE, y -a mi juicio- más de dos veces mejor”.

Concepto masacre se relaciona con asesinato masivo, homicidio con alevosía y el genocidio. Este se ha extendido a partir de la sanción de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, por las Naciones Unidas, en 1948. Se aplica cuando existe una desigualdad de poder entre víctimas y victimarios, y los asesinatos son crueles, alevosos e innecesarios. Un sinónimo inglés es butchery, "carnicería". El sacerdote brasileño Leonardo Boff relaciona la masacre con la cobardía.

En América tiene emblema en Escuela Santa María de Iquique en Chile. El 21 de diciembre 1907, el general Roberto Silva Renard ordenó a su tropa hacer fuego en contra de la multitud y más de 200 cadáveres quedaron tendidos en la Plaza Montt y unos 400 heridos fueron trasladados a hospitales, de quienes más de noventa murieron el mismo día.

Tan oficialmente reconocido está en Venezuela que Nicolás Maduro advirtió en rueda de prensa que “vendrán tiempos de masacre si el sistema político se acaba por cualquier motivo”.

Programa Venezolano de Educación en Derechos Humanos (Provea) en los últimos 15 años (2003-2018), contabiliza 10 masacres por fuerza pública que cometió 177 asesinatos. Inicia el análisis con la matanza por la Guardia Nacional de 7 reclusos del Internado Judicial de Vista Hermosa, en el estado Bolívar y culmina en el 2008 con la masacre del 15 de enero, provocada en El Junquito con el asesinato después de entregase del piloto e inspector del CICPC y otros seis rebeldes. El jefe del “colectivo” y otro paramilitar, completaron las 8 muertes.

Agreguemos el seguimiento de los genocidios en 2018. El 05 de febrero fueron aniquilados 11 integrantes de una banda delictiva en urbanización Mata de Coco de Ocumare del Tuy (Miranda).

El día 11 del mismo mes 17 hombres y una mujer fueron asesinados durante un operativo de la 51 Brigada de Infantería de Selva del Ejército en la mina una aurífera Cicapra de Guasipati, de Bolívar.

La madrugada del 27 de febrero el Cicpc localizó en una vivienda de El Valle, Caracas, los cadáveres de cinco hombres maniatados de pies y manos y amordazados asesinados con tiros en la frente.

El 28 de marzo una tragedia en Valencia por motín provocó incendio en los calabozos de la Comandancia General de la Policía de Carabobo. Al menos 78 fueron muertos por quemaduras, asfixia y traumatismos generalizados, reseña el diario El Universal. Repercusión internacional generó la masacre que fue publicada en la portada del diario The New York Times.

Otra incursión en las minas Cicapra se realizó el 8 mayo, esta vez del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, produjo 20 muertos.

"Se acabó el malandreo. Ahora vamos a coordinar con el Gobierno para que esto se quede con nosotros", asegura dijeron los que tomaron las minas, el periodista Germán Dam, en reporte en la red social.

Mientras fundamentadas investigaciones dan cuenta de 177 muertos en diez masacres producidas en 15 años, en solo 90 días del 2018 las estadísticas contabilizan 132 víctimas de cinco genocidios. Es la profundización de la dictadura militar que hace práctica la matanza salvaje de las personas.

Al MARGEN.- La marcación de la línea roja de Nicolás Maduro en Maracay la ciudad militar, es una pequeña muestra de la movilización de los buses rojos para traslado de seguidores de todo el país. ¿Cuánto costó el desplazamiento a Táchira, Zulia, Nueva Esparta?

jordanalberto18@yahoo.com

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Transparencia Venezuela

Al menos 29.974 millones de dólares contrató el Gobierno revolucionario con Odebrecht

Transparencia Venezuela revela hallazgos sobre la dimensión de los negocios con Odebrecht y los pobres resultados para el país y la sociedad venezolana, luego de cinco años de documentación y procesamiento de datos oficiales extraídos de gacetas, informes de Memoria y Cuenta de ministerios, documentos de la Procuraduría General de la República, Registro Nacional de Contratistas, créditos adicionales e inspecciones judiciales.

La dimensión de los negocios entre el Gobierno de Venezuela y Odebrecht, la constructora brasileña que es el centro del mayor hecho de corrupción del que se sepa en América Latina, es colosal, incluso sin tener la información completa, porque el secreto parece ser el gran acuerdo entre los protagonistas de este desfalco. Transparencia Venezuela adelantó una investigación durante cinco años y presenta públicamente los hallazgos que obtuvo sobre esta gigantesca operación que desangró al país.

Esta organización determinó que el monto de 20 de los 40 contratos que se sabe fueron suscritos con la brasilera, supera la cantidad de 29.974 millones de dólares, así como también que los pagos que se hicieron en 18 de estos contratos, totalizan 13.266 millones de dólares.

Para entender la magnitud de los recursos pactados entre el Gobierno de Venezuela y Odebrecht, se puede recurrir a un solo ejemplo: la nueva etapa del canal de Panamá, una de las obras de ingeniería más importantes del continente, costó 5.000 millones de dólares. Es decir, que con lo comprometido por los 20 contratos, se pudieran hacer seis canales de Panamá.

Toda la información está disponible al público en un sitio exclusivo de Odebrecht en la web transparencia.org.ve, en el que se muestra el análisis de un total de 33 obras y 40 contratos que nuestra organización logró identificar, suscritos entre algunos ministerios- o entes adscritos a ellos- y Odebrecht.

Un total de 36 de los 40 contratos o extensiones de contratos se firmaron durante la gestión de Hugo Chávez, es decir, entre 1999 y 2012, mientras que otros cuatro contratos fueron suscritos en 2013, con Nicolás Maduro en la presidencia.

Transparencia Venezuela obtuvo copia de nueve contratos – no así de sus extensiones – que fueron digitalizados y analizados con detenimiento para ser entregados a la consideración de la opinión pública, con el objeto de arrojar luces sobre esta operación que costó tanto a la nación, dejando a millones de venezolanos sin los servicios y beneficios prometidos, pues 11 de las obras de mayor envergadura quedaron inconclusas.

Durante un lustro, el equipo de investigación de Transparencia Venezuela ha presentado formalmente cientos de solicitudes de información ante organismos del Estado, ha revisado gacetas oficiales, informes de gestión de entes públicos, hecho seguimiento a investigaciones periodísticas, así como demandas judiciales y ha logrado obtener copias de algunos contratos.

Nuestra organización ofrece en este nuevo sitio, los listados de las obras y los contratos descubiertos hasta ahora, así como el avance físico de cada una, de acuerdo con datos oficiales. También está el análisis comparado entre los pagos efectuados y el avance físico de las obras registrado hasta abril de 2017; el monto de cada contrato al inicio y algunos de sus incrementos; el listado de responsables de los contratos por ministerio o ente adscrito y por Odebrecht; el total de los montos de los contratos comparado con los pagos que hemos comprobado; la información de los pagos de los contratos realizados por anticipo y otros pagos y, finalmente, algunos créditos adicionales que se aprobaron para el pago de las obras asignadas a Odebrecht.

La modificación de los contratos: “el mecanismo” del desfalco

En los negocios con Odebrecht los contratos contemplan pagos en bolívares y dólares, pero en casos como el del Metrocable Petare Sur, Metrocable Antímano y el Metro Caracas- Guarenas- Guatire se establecen desembolsos también en euros.

Con la información disponible de algunas obras, Transparencia Venezuela determinó que las modificaciones de los contratos, o adendas, elevaron los montos comprometidos por la nación de una manera sustancial, si se toma en cuenta el precio acordado al inicio de la obra y el monto estimado para 2017. Todas las obras de Odebrecht extendieron su fecha de culminación, pero no existe evidencia que explique semejantes aumentos.

Según expertos en contratos, es aquí donde se encuentra la mayor distorsión y un posible mecanismo de corrupción en los acuerdos con Odebrecht.

Del análisis de los montos de 20 contratos a los que tuvo acceso nuestra organización, saltan cifras extraordinarias que contrastan con las necesidades que viven los venezolanos en medio de una crisis humanitaria sin precedentes. Esos contratos involucran los siguientes montos: Bs. 147.951.312.790,18, US$ 5.718.795.329,73 y € 670.450.027,93.

Al llevar esos montos a dólares, sumando las tres cifras a un cambio de Bs. 6,3/$ y de € 1,15/$ (por las fechas de los contratos), se llega al descomunal monto de US$ 29.974.148.225,37.

Nuestra organización también determinó que solo en 18 obras el monto pagado es de US$ 13.266.250.260,91.

Es una cifra calculada al cambio arriba referido, que surge de los siguientes montos cancelados: Bs. 77.664.475.211,54, US$ 698.273.973,29 y € 208.940.704.

Estas altas sumas contrastan con los pobres resultados ofrecidos por el Gobierno y la empresa Odebrecht. Un ejemplo de ello es el subterráneo en la capital del país. 12 años después que Hugo Chávez colocara la primera piedra de la Línea 5 del Metro de Caracas, en noviembre de 2006, la primera etapa está inconclusa y es un monumento a la corrupción.

De acuerdo con nuestra investigación esta obra presenta un avance físico equivalente a 62%; la segunda fase Metro de Caracas Línea 5 (Miranda II) apenas un avance de 6%, mientras que el proyecto de repotenciación de trenes, apenas un 3%.

Fuera de Brasil, el caso de Venezuela es el más escandaloso y donde la empresa pagó más sobornos. La estrecha relación ideológica entre los presidentes Lula Da Silva y Chávez, fue terreno fértil para los negocios. Si Odebrecht aplicó en Venezuela el mismo esquema que en el resto de América Latina, nuestra organización estima sobornos a funcionarios del gobierno mayores a 1.300 millones dólares, muy por encima de los 98 millones de dólares que declararon antiguos empleados de Odebrecht ante la Corte de Nueva York en 2015.

Otra cosa caracteriza el caso Venezuela: no hay responsables. La Contraloría General de la República no ha publicado nada, tampoco conocemos que hubiere iniciado investigaciones o solicitado al Ministerio Público iniciarlas. La Fiscalía General de la República bajo la dirección de Tarek William Saab, por demás activa en el caso contra la PDVSA de Ramírez, guarda silencio sobre Odebrecht.

De acuerdo con la investigación adelantada por Transparencia Venezuela sobre los datos disponibles, la República tendría por cancelar aún a la empresa brasilera más de 16.000 millones de dólares, calculados a un cambio de Bs. 6,3/$ y de € 1,15/$.

13 mayo 2018.-

http://transparencia.org.ve/odebrecht/

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La conseja política de los últimos días y el deseo de todos con cuantos se converse en la calle, ha girado en torno a la renuncia de Henry Falcón a la candidatura presidencial. Analicemos esta posibilidad.

Los objetivos de la candidatura de Falcón deben ser múltiples y solo él los conoce realmente. Pero, simplificando las cosas y alejándonos de suposiciones o ficciones, se puede asumir que Falcón persigue uno de dos objetivos: Ganar las elecciones y convertirse en presidente, pues desde luego esa es la finalidad de todo político; o bien, perdiendo en un honroso segundo lugar, convertirse en una referencia de la oposición venezolana.

Que Falcón se alce con el triunfo electoral el 20M, para cumplir el primer objetivo señalado, es una quimera. Primero, porque no es cierto lo que él señala que está compitiendo en condiciones similares de oportunidades anteriores y que es posible su triunfo contando con la ventaja del alto nivel de rechazo que tiene el actual gobierno.

Algo muy significativo ha cambiado que elimina eso de las condiciones electorales similares. El fraude electoral siempre ha estado presente –quizás con la excepción del fraude electrónico, del que no hay pruebas sólidas–, pero desde lo ocurrido con la elección del Gobernador del Estado Bolívar en 2017, cuando se alteraron manualmente las actas de votación para arrebatar el triunfo a Andrés Velásquez, la dictadura demostró que está dispuesta a todo con tal de mantenerse en el poder.

Aunque no se llegara al extremo de la alteración de actas, porque una supuesta avalancha de votos por Falcón cerraría esta posibilidad, tal avalancha no va a ocurrir. Ciertamente el rechazo al actual gobierno es muy alto, más del 70% conservadoramente hablando, pero ese factor está presente desde hace tiempo y nada indica que ese rechazo se haya convertido en voto opositor. Lo que históricamente sí ha aumentado el voto opositor ha sido la disminución de la abstención y todos los estudios de opinión indican que la falta de participación electoral el 20M va a ser considerable, más del 45%, si es que no es mayor, y ya el 45% es suficiente para que la dictadura imponga su solido 32% de electores que aun en las peores condiciones ha obtenido, como se evidencia en los tres últimos procesos electorales.

Ese 32% de votos por la dictadura significan más de 6 millones de votos; sí a los 20 millones de votantes le restamos ese número y le restamos el 45%, como mínimo, de no participación, quedan menos de 5 millones para repartir entre Falcón y los demás candidatos. Pero además algunos ya hablan incluso de una “sorpresa” electoral el 20M, que no sería la avalancha de votos que Falcón espera, sino su probable desplazamiento al tercer lugar, por la “magia” electoral de la dictadura en aquellas mesas y centros sin la debida vigilancia, con lo que asestarían de paso otro importante golpe a la oposición democrática.

Después de las parlamentarias del 2015 la dictadura hizo su juego: designó inconstitucionalmente el TSJ; anuló la AN con ese TSJ; impidió la realización del Revocatorio; estableció una ilegal y fraudulenta ANC; sacó del juego a los partidos políticos más importantes; inhabilitó, apresó o envió al exilio a los líderes opositores más significativos; adelantó las fechas de las elecciones y desplegó todos sus recursos populistas para eliminar los votos nulos del 2015 y recuperar su votación en las elecciones de 2017. Todas acciones ilegales e inconstitucionales, por algo es una dictadura, a las que se suma la represión, la violencia, la persecución y el uso de la fuerza. Desplazar, ahora, electoralmente a la oposición a un tercer lugar, no es un objetivo descartable de la dictadura.

La oposición por su parte se condujo erráticamente con las acciones de la AN, no supo explicar adecuadamente ni dar contenido a los frustrantes intentos de diálogo en República Dominicana, no supo aprovechar las movilizaciones populares de 2016 y la masiva recolección de firmas de 2017, ni pudo cuidar adecuadamente su triunfo electoral de 2015, preparándose mejor para los procesos electorales de 2017, llegando a la debacle de no participar en las elecciones de alcaldes, en donde su participación electoral cayo al 12% desde el 40% que había obtenido en las parlamentarias de 2015; y no hace falta insistir en los análisis que se han hecho sobre lo negativo que ha sido para la oposición y el país los procesos de abstención electoral en 2017.

Con el cuadro anterior, es evidente que se impone un proceso de reconstrucción de la fuerza mayoritaria opositora si queremos salir de esta dictadura. Para ese proceso de reconstrucción, convertirse en la referencia de la oposición, como pienso es uno de los objetivos de Falcón, tiene sus aristas. Supongo que Falcón no quiere ser la referencia opositora de la dictadura; pero si lo que quiere es ser referencia para la oposición y jugar un papel importante en la reconstrucción de ésta, después del 20M, mantenerse en la “carrera” presidencial es un obstáculo.

No solo porque rompe con la estrategia de la unidad, errada o no, de no participar en un proceso que no reúne las mínimas condiciones democráticas, señalado incluso por muchos países; sino porque está recibiendo el rechazo de un considerable grupo de opositores, partidos, organizaciones y dirigentes que consideran a la unidad como una pre condición política para enfrentarse a la dictadura.

La renuncia de Falcón a la candidatura, denunciando un proceso electoral que no reúne las condiciones democráticas mínimas, ni siquiera las que él acepto y pactó, convertiría a Falcón de villano en héroe, en referencia para toda la oposición, y el país, no solo de los que lo apoyan, sino que reduciría el rechazo de los que plantean no participar. Sería además un golpe muy duro para la dictadura, la dejaría con poco margen de maniobra y podría incluso obligarla a suspender las elecciones y negociar una salida política con la oposición.

Los números no dan para Henry Falcón; su renuncia seria cambiar un posible tercer lugar, en el proceso electoral del 20M, para convertirse en una referencia opositora innegable, nacional e internacionalmente; como lo fue Alejandro Toledo en Perú, en mayo del año 2000, cuando renunció a la segunda vuelta electoral y sumió en el caos a la dictadura de Alberto Fujimori, quien seis meses más tarde pidió asilo en Japón y desde allí renuncio a la presidencia.

@Ismael_Perez

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Elias Pino Iturrieta

La disgregación de la fuerzas opositoras y el empeño continuista del gobierno han aconsejado la necesidad de evitar discusiones sobre la marcha de los negocios públicos. Si los partidos no están en su mejor momento y la dictadura marcha sin pausa hacia el continuismo, se dice, mejor es esperar tiempos menos comprometidos para la discusión. En una situación de debilidad, también se afirma, lo mejor es pensar con calma antes de hablar para que no se profundicen los abismos de la precariedad intrínseca de las banderías y de la distancia entre las líderes y los ciudadanos. Pero, ¿esos consejos son en realidad prudentes y certeros? ¿Convienen tales precauciones?

La verdad es otra. No es cierto que se hayan desarrollado agrias disputas entre los dirigentes de la oposición en torno a la campaña electoral. Ciertamente se han tomado posiciones opuestas del todo sobre votar y no votar el 20 de mayo, pero no se han dirimido con el énfasis que muchos les han atribuido.

Los voceros de la MUD han mantenido una presencia cautelosa, sin pelearse con el grupo de figuras que se fueron con Falcón a luchar en las presidenciales. Sus intervenciones ante los medios han estado orientadas por el equilibrio, sin llegar al terreno de los insultos o de las descalificaciones personales. Si han afilado flechas y lanzas para atacarse, ha sido en reuniones privadas que apenas han trascendido.

Falcón y sus seguidores han hecho lo propio, sin extralimitarse en el ataque de los antiguos compañeros que llamaron a la abstención. Piden votos sin apabullar a quienes se niegan a darlo, con la insistencia propia de una campaña que depende de presentarse ante las máquinas del CNE, o de no presentarse, pero sin exagerar a la hora de responsabilizar de su probable derrota, si de veras sucede, a los que vienen anunciando de antemano un fraude de grandes proporciones.

Si así marcha la contienda de los opositores, es decir, si de veras no existe tal contienda, o se ha ocultado con sabiduría, los temores por la existencia de una diatriba de quienes debían ser hermanos, o amigos íntimos, no pasa de ser una búsqueda de la aguja en el pajar. Pero no se trata de una situación ideal, de algo que parece sensato y debe permanecer, sino, más bien, de la negación de un conflicto que se debería tratar con mayor seriedad. Es evidente la existencia de posiciones irreconciliables sobre el evento electoral, pero también destaca el empeño de disfrazarla con la tela de las buenas maneras.

Las reacciones violentas de parte y parte existen y se calientan cada vez más, pero no salen del zaguán de las habitaciones políticas. El horno de los cocineros principales cada vez se calienta más, pero la comida que ponen en el mostrador llega tibia y blanda, disponible para todos los estómagos.

Como está implícito en su nombre, una república reclama discusiones públicas, solicita una lucha por la verdad que se debe llevar a cabo sin ocultamientos ante el parecer de la ciudadanía. Nadie pide que todo se ventile desde el principio ante la vista de la sociedad; nadie pide, por ejemplo, que el Frente Amplio y la gente de Falcón se reúnan en un estadio de beisbol para debatir sus conductas frente a las gradas repletas, ante centenares de árbitros entusiastas e irresponsables que pueblan las tribunas, especialmente cuando la situación es intrincada y merece pausada reflexión, pero la prolongación indefinida de las querellas de los conventículos no conduce a metas constructivas. No solo porque tapa la realidad, sino también porque transmite la sensación de una falta de ideas, o de coraje, que apenas puede servir para profundizar situaciones de inercia que solo se pueden superar con el auxilio de vanguardias activas que se manifiesten con propiedad sobre los problemas más acuciantes.

El escrutinio del 20 de mayo hará que la discusión salga de la cueva. No solo para ver cómo se hace con los mudos de la víspera, o con los medialengua, sino especialmente para ver cómo se sale del entuerto de una dictadura que, de tanto callar sus adversarios, de tanto preferir los modales, de tantos tientos y miramientos, ha salido lisa del debate. Lo que suceda después de la jornada electoral, o de cómo juzgue la sociedad sus resultados, conducirá a controversias sin prólogo que se deben llevar hasta sus últimas consecuencias.

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Maxim Ross

No vayan a creer mis lectores que me voy a referir en estas notas al repetitivo tema de todas las miserias que ha creado la “revolución bolivariana” en nuestro país, pero si quizás a uno que creo ha sido poco tratado y debatido, cual es el de la “miseria de las ideas”, no solo las que lleva consigo la propia ideología conductora del “proceso”, sino de las que han faltado del lado de quienes la adversan y, a veces, es oportuno recordar una breve historia de ellas, tales que pueden ayudar a comprender mejor de que se trata esta “revolución” que, como muchos han señalado y ahora lo hacen sus propios defensores, poco tiene de un autentico cambio y mas de otra manera de hacerse de la riqueza de Venezuela.

Mucho se ha escrito en este mundo para entender en algo la historia del conocimiento en la humanidad y algo pudo aportar la filosofía para esa comprensión, desde ideas tan clásicas como aquella de “solo se que no se nada”, atribuida a Sócrates hasta la concienzuda investigación de Aristóteles y Platón para situarnos en un formato mas riguroso y sistemático de comprensión. Pasan los años y en una escala de avanzada llegamos a nuestros días con la igualmente clásica dialéctica hegeliana, al “Imperativo Categórico” kantiano, al descubrimiento de la razón cartesiano y así y así, hasta que ese intento fabuloso de querer entender que cosa somos fue fulminado drásticamente por las luminosas ideas de Carlos Marx.

Miseria de la filosofía.

Se trataba, nada mas y nada menos, de desmontar el aparato construido sigilosamente durante siglos del vinculo entre las ideas, la razón y la realidad. Aristóteles y Platón, de un solo plumazo desaparecerían en la pluma de Marx puesto que el materialismo histórico no podía admitir ninguna otra cosa que la historia explicada por la lucha de clases. Esa ley inexpugnable del determinismo arrasaría con cuanto concepto, idea o razón se atravesase. Pero eso no bastó: la dialéctica hegeliana sería puesta al revés y la tesis, la antítesis y la síntesis no se darían sino en el terreno del materialismo y el determinismo. Nada, ni nadie tendría incumbencia sobre el final de la historia. La “batalla” contra la filosofía había sido ganada. No quedaba nada por explicar.

Una clase contra otra nos daría la pauta de como progresó o no la humanidad. Guerra, conflictos, batallas todos explicados por esa ley inmutable que daría con el fin de la historia y cuyo desenlace sería el surgimiento del socialismo, cuando la clase explotada venciera a la explotadora y se alcanzara el reino aquel donde habrían desaparecido todas ellas. El ser humano alienado de las ideas que no eran las suyas habría sido liberado.

Menos mal que a alguien se le ocurrió que esa argumentación debía ser refutada y fue Karl (otro Karl) Popper quien se dio a cargo de la tarea.

Miseria del historicismo.

Pocos trabajos pueden ser tan cortos y tan sustantivos como este desarrollo de Popper contra el determinismo histórico, el historicismo, cuyo comienzo esta en poner en duda si puede construirse una ley de la historia y, mas todavía, si de ella se puede prescribir o predecir. Muy lejos del enfoque marxista le da un respiro a la Filosofía al regresar al campo donde las ideas y la realidad alguna relación tienen, no dialéctica, por cierto, sino en dirección a explicar sucesos y acontecimientos en esa mezcla de la inteligencia y la realidad que son los conceptos, las teorías y las leyes que no se vuelven inmutables.

Detrás queda la lucha de clases como único determinante de la historia cuando otras “pequeñas” esferas del conocimiento, de la voluntad operan para explicar los fenómenos. La unilateralidad materialista desaparece para dar paso a lo multidimensional que, aunque mas complicado, es mas cercano a la vida real.

Pues bien, nada de eso ha sido asimilado por el marxismo criollo, que sigue apegado al determinismo en un país donde, inclusive, se puede poner en seria duda aquello de la lucha de clases con el petróleo insertado en el medio entre capitalistas y proletarios. Tanto es así que todavía la “revolución” no consigue “patente de corso” de ninguna de las clases sociales. Por esa razón esta batalla que se libra en Venezuela bien puede ser llamada:

Miseria de la revolución.

En general las “revoluciones”, todas, todas, terminan causando miseria, porque, como es lógico, su único objetivo es destruir el orden establecido. Así pasó con la francesa, la rusa, la china, la mejicana, la cubana y, por supuesto, la venezolana. La lógica de este suceso es inevitable pues, si su mandato es ir contra la monarquía, el orden feudal o el capitalismo no queda otra alternativa que abatirlos, a la fuerza o por “cuotas” como ha sido aquí. Por esa razón, todas esas cosas que nos suceden día a día, la falta de comida, de medicinas, de agua, de luz, de transporte, todas ellas, decía son producto de esa lógica destructiva. No hay otra explicación.

Todos esos males y carencias se sintetizan en una sola palabra: miseria, porque resulta que en ese combate contra el orden establecido la “revolución” se lleva por delante todas las fuerzas productivas pre existentes, es decir, las que crean bienes y servicios, las que producen, las que invierten, las que prestan dinero, etc., etc., con el fin de sustituirlas por aquellas del “nuevo orden”, las comunas, los consejos productivos, los “koljoses”, las granjas colectivas, las cuales a final de cuentas han sido y son incapaces de sustituir las primeras, ergo, el resultado es una repentina o progresiva miseria.

Algunas revoluciones se dieron cuenta de ello a tiempo y otras no y el resultado está a la vista: para evitar o evadir la miseria tuvieron que apelar al orden precedente, en el caso de las mas modernas, al orden capitalista. La China, en primer lugar, seguida por Vietnam, Laos, Camboya, hasta Corea del Norte o Cuba, poco a poco van por ese camino, eso sí resguardando el poder para el partido comunista del lugar. El caso contrario fue el de la Unión Soviética, la que muy tarde se dio cuenta y se desmoronó de un solo golpe.

La pregunta es que hará la venezolana y que camino va a tomar después de estas elecciones, si el “soviético” o el “chino”, de lo que depende que tengamos mas miseria o, quizás, una rectificación que la atenúe o la revierta, pero, en todo caso la miseria de la revolución no está en los hechos materiales, sino en la mente, en la cabeza de sus líderes. Su grado de inteligencia, su obsesión ideológica o su apego al materialismo histórico serán determinantes a la hora de escoger un camino u otro.

Como dijimos antes, depende de que se imponga en Venezuela la “miseria de la filosofía” sobre la “miseria del historicismo”. Desde luego, seria mucho mas conveniente y preferible que no estemos en ese dilema y que se imponga el orden y el cambio que supere esa vieja dicotomía, esto es el regreso al capitalismo, a la libertad, al bienestar y a la democracia ajustadas y superadas por esta triste experiencia que no dudo en llamar “miseria de la revolución”

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