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Opinión

Juan Gonzalo Aguilar

#loquequepaquesesepa

Ayer sábado 28 de abril 2018, en Maracay se llevó a cabo un acto de singular importancia por su agenda y por los actores que intervinieron en el mismo; se trató de la culminación de 10 conversatorios bajos los auspicios de la Fundación Raúl Leoni en la Escuela de Formación de Técnicos Electorales y cuyo director es el ex gobernador del Estado Aragua, profesor Antonio Aranguren.

El acto con asistencia plena de 100 invitados, se desarrolló con la moderación de la periodista Amira Mucci quien, con su acostumbrada sapiencia y timbrada voz, supo colocar en cada palabra el acento para que el auditorio disfrutara de su presencia y rol asignado: "Aprender a escucharnos, aprender a respetarnos" fueron sus palabras de entrada y miren que tanta falta hace dicha recomendación en estos instantes. Cinco personalidades antecedieron al orador invitado:

Antonio Aranguren como Presidente de la Fundación Raúl Leoni y Director de la Escuela de FTE dio las palabras de bienvenida y expuso las conclusiones de los conversatorio anteriores los cuales fueron los siguientes:

(1) La Unidad como valor fundamental para enfrentar al régimen

(2) La necesidad de organizar las fuerzas del sector opositor

(3) Las propuestas al pueblo venezolano por parte de la oposición para rescatar al país.

La Dra. Zuleima Siso en representación de Conexión Ciudadana informó acerca de los avances en la configuración del Frente Amplio Regional, así como también sobre el trabajo que realiza el equipo de abogados a favor de la defensa de los DDHH de los presos políticos del Estado Aragua, la respectiva ubicación y trato de todos y cada uno de ellos en los centros de reclusión.

El Dr. Perkins Rocha miembro de “Soy Venezuela”, expuso brevemente sobre la necesidad de reconstruir la unidad política de las fuerzas contrarias al régimen en torno a la tolerancia y al respeto en la disidencia, con plena aceptación de las divergencias, coexistiendo tácticamente todas las múltiples ideas que hacen vida en la oposición. Es necesario reconstruir un marco de entendimiento entre todos los ciudadanos que si bien, participan de distintas facciones y grupos, persiguen el mismo objetivo: rescatar a Venezuela de manos de la dictadura. Para ello la táctica, debe ser la unidad; la estrategia, la reinstitucionalizacion de la disidencia; y el fin inmediato, el inicio de una transición que desmonte el actual régimen y lo sustituya en un futuro, por un sistema democrático”.

El Visionario Lester López, Secretario Ejecutivo de Aragua en Red explicó la iniciativa de llevar ante la Asamblea Nacional por parte de dicha organización, una propuesta de negociación pública entre gobierno y oposición que recoge dos aspectos:

1. Un plan (no una ley) de emergencia financiera con ayuda internacional para comenzar a estabilizar la moneda y la economía nacional.

2. Como contraparte, la AN propondrá al régimen un nuevo cronograma electoral, suspendiendo el fraudulento actual, dejando para julio la elección de los diputados regionales, para septiembre los concejales municipales y en noviembre las presidenciales las cuales incluirían un referendo para aprobar la supuesta constitución que está redactando la fraudulenta ANC, y con lo cual cesaría en sus funciones ese mismo día.

Jorge Mirabal Jefe de Campaña de Henri Falcón en Aragua, saludó la iniciativa de la Fundación Raúl Leoni y describió las razones por la cual se asumió el reto de participar en el proceso electoral más allá de las condiciones y las desventajas que tenía el candidato en dicha contienda, respetaba la decisión de la MUD pero a la vez la exhortó a la rectificación, agradeció el esfuerzo de la comunidad internacional, pero afirmó que el problema nos correspondía a los venezolanos, un 80% de electores no podían cometer la equivocación de permitir que Maduro profundice la ya agónica situación del país y eso era lo que ocurriría si el electorado no abandonaba la abstención como estrategia para derrotar a la dictadura.

Américo Martín: Orador invitado, escritor, abogado, luchador social, político de la vieja guardia, formó parte de los jóvenes que arriesgaron su vida en la lucha contra la dictadura del General Pérez Jiménez: "Su intervención fue por demás académica en cuanto a los hechos históricos de la lucha por la democracia, hasta el beso del General en Jefe López Contreras al cadáver del General Gómez salió a relucir, el G4 cuando Pérez Jiménez - Rómulo - Caldera - Jóvito y Pompeyo y muchas anécdotas más, al final dos elementos entrelazados, transición y no votar:

En la transición es imperante tomar conciencia de la necesidad de la negociación a costa del sacrificio de lo material si fuese necesario con tal de recuperar la democracia en Venezuela y aquí se une la parte de no votar para reforzar su punto de vista de la transición; no votar implica que Maduro pasa a ser un presidente con ilegitimidad de origen y como tal no podrá ser reconocido en las instancias internacionales, así como que todos sus actos son nulos, esto, según Martín, lo obligaría a una dimisión negociada, donde el Presidente de transición sería el actual Presidente de la Asamblea Nacional, quien llamaría a las elecciones según lo establecido en la Constitución. Incluye en la negociación, nuevo CNE, reafirmación del TSJ en el exilio, la Fiscal Ortega Díaz, seguirá en su cargo, los militares en cargos públicos a sus cuarteles.

El "a ver si entiendo" de mi parte se refería a este segmento de lo dicho por Américo, y en verdad no entendí nada, sin querer prejuzgar, creo que como siempre pasa, la edad doblega los ímpetus de los guerreros, aquel que arriesgó todo porque hubieran elecciones en el 52, hoy prefiere caminar en sana paz, volver a la salida negociada, considerando que al quedar deslegitimado, Maduro quedaría obligado a renunciar.

Aún me pregunto, ¿eso fue lo que escuché? O mis pensamientos divagaban por el extraño mundo de Subuso.

Consultaré con otros asistentes, porque no quiero asumir yo solo lo que aquí escribo.

Foto Roberto "Chino"Sánchez"

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Alfredo Maldonado Dubuc

Si creen ustedes que los enemigos del Gobierno son personas como María Corina Machado, Antonio Ledezma, la Asamblea Nacional y especialmente los multihabladores e incansables viajeros de la MUD, permítanme sacarlos de su error. Esos no son enemigos. Son adversarios, opositores por terquedad, enfrentados porque no les han dado chance, como quieran ustedes llamarlos, algunos como Machado adversarios por conciencia, pero no son enemigos serios ni peligrosos, no tumban gobiernos en general ni a éste en particular.

Los enemigos son otros, los que van destruyendo al Gobierno no están en esa llamada oposición sino en otra que se oculta, se disfraza arteramente en este desastroso y patético carnaval comunista venezolano.

Como virus de algunas enfermedades lentas pero destructivas, permanecen subrepticiamente, hacen ruido pero no suenan, hablan pero no se escuchan porque se funden en el sonido ambiental, se ponen sus chaquetas tricolores o las guayaberas rojas y no destacan dentro de la parafernalia socialista, mientras van royendo con extraordinaria eficiencia como esos moluscos bivalvos curiosamente llamados “bromas” que se aferran a los cascos de madera de los barcos, hoy en día artesanales, y se van comiendo la madera abriendo así auténticos túneles hasta que finalmente entra tanta agua a la nave que se hunde.

Esos terribles moluscos –“bromas”, vaya nombre- llamados teredos, están comiéndose la madera de este Gobierno y el capitán en Miraflores no parece tener idea no sólo de qué hacer, sino ni siquiera de que existan.

Son esos que tanto si roban como si nó –dejo esas especulaciones a otros opinadores más osados- hacen o, aún peor, no hacen, y dejan sin electricidad todos los días a los zulianos, o sin agua a Caracas, Valencia y otras capitales. No necesito decir nombres, todos los conocemos y ellos mismos se identifican para reconocer los graves problemas pero nunca para asumir las culpas.

Ésas las tienen siempre saboteadores que jamás son atrapados, extranjeros que dificultan o no traen los equipos necesarios, imperialistas perversos que quieren robarse el petróleo, el oro, las diversas minerías del país incluyendo esa nueva minería que no es de la tierra sino de computadoras que manejan la nueva ficción oficial de las criptomonedas.

Son siempre obedientes empleados e interesados cómplices del Presidente de Estados Unidos, de las implacables y codiciosas multinacionales, de una cosa abstracta e indefinible, pero como Dios presente en todas partes llamada por los castristas, los chavistas y maduristas, y por el comunismo internacional al cual se dedican a hacer fracasar donde llega, “derecha burguesa”, o “burguesía de derecha” o simple y confianzudamente “la derecha”.

Pero la realidad, la verdad verdadera, son los terendos criollos vestidos de rojo, los que se alimentan de la madera del Estado con el simple recurso de no hacer nada o de hacer todo lo que esté equivocado. Y son eficientes. Están hundiendo aceleradamente el barco petrolero, ya hundieron el metalúrgico, el de la seguridad de los ciudadanos, el de la alimentación básica, las medicinas y la tranquilidad de los ciudadanos. Y, claro, los de los servicios de electricidad y de agua.

Están en todas partes, pueden ser jefazos incapaces de resolver las grandes carencias, o modestos funcionarios que cobran comisiones a los pocos que regresan al país para que puedan pasar las medicinas que traen para sus familiares. Pueden ser civiles enchaquetados o militares que han confundido la función de las armas y no las usan para defender sino para agredir. O civiles armados que para defender al Gobierno agreden y enfurecen a los ciudadanos.

Y si el capitán de la flota cuyos barcos se están hundiendo uno tras otro, no sabe lo que está pasando, o lo sabe pero no tiene ni iniciativa ni ideas para quitar los terendos de los cascos, entonces debe dimitir, dejarle el mando a otro.

Lo acaba de hacer Raúl Castro, con una diferencia importante. El barco cubano no se está hundiendo, se hundió hace décadas, aunque sus oficiales sigan gritando, en medio del Caribe, que ellos no están hundidos, que lo que pasa es que bajo las aguas se vive mejor.

Abril 28, 2018

Publicado en: Opinión. La Patilla

 3 min


Andrés Velasco

En Lake Wobegon, el ficticio pueblo estadounidense creado por Garrison Keillor, todos los niños tienen inteligencia por sobre el promedio. La vida imita al arte, no solo en Estados Unidos –y no solo en el caso de los pequeños–. En encuesta tras encuesta, en países tanto ricos como pobres, la gente dice sentirse satisfecha con su vida familiar, contenta con su barrio, y optimista sobre su futuro personal. Pero estas mismas personas informan a los encuestadores que su país y el mundo se están yendo directamente al diablo.

Al parecer, los adultos también llevan vidas que siempre están por sobre el promedio.

Consideremos algunos ejemplos. Según la encuesta Eurobarómetro, alrededor del 60% de las personas predice que su situación laboral continuará sin cambios, mientras que el 20% espera que mejore. Sin embargo, la mayoría de la gente sistemáticamente espera que la situación económica de su país se deteriore o permanezca igual. Las expectativas sobre el futuro individual varían muy poco a través del tiempo, mientras que las expectativas acerca de la situación económica nacional empeoran con las recesiones y mejoran con los auges, como cabría esperar.

Este fenómeno no es exclusivamente europeo. La encuesta CEP, el sondeo de opinión de mayor prestigio en Chile, ha hecho preguntas semejantes desde 2004, y sus resultados son igualmente desconcertantes. El porcentaje de personas que dicen sentirse satisfechas con su situación económica personal siempre es mayor que el porcentaje de quienes están satisfechos con el estado de la economía nacional. Y la brecha entre los dos indicadores se ha acentuado de manera rápida desde 2010.

El desconcierto no se limita a la economía. Bjørn Lomborg informa que en muchos países, el porcentaje de pesimistas sobre el estado del medio ambiente a nivel mundial es mucho más alto que el de los pesimistas acerca de la situación ambiental local o nacional. Las preguntas que se hacen en los sondeos con respecto al nivel de pobreza, al consumo de drogas o a la prevalencia de la delincuencia, arrojan los mismos resultados.

El fenómeno se encuentra tan difundido, que Max Roser, economista de la Universidad de Oxford, le ha puesto nombre: "optimismo local y pesimismo nacional". ¿Cómo se explica?

Empezando con Aristóteles, muchos filósofos han sostenido que el ser humano se desarrolla mejor cuando forma parte de una comunidad unida, en la que prevalecen fuertes normas de virtud cívica. Pero según Jean-Jacques Rousseau, el primer crítico del capitalismo, los mercados promueven la codicia, hacen que dichos vínculos se rompan, y distancian al hombre de sus congéneres. Por lo tanto, no sorprende que cuando una persona mira más allá de su realidad inmediata, no le gusta lo que ve. La satisfacción individual y la sensación de que la sociedad es hostil pueden coexistir, y, de hecho, lo hacen.

Los sociólogos clásicos llegaron a conclusiones parecidas. La modernización arrancó a las personas de sus comunidades integradas y tradicionales, y las arrojó en la anonimidad de las ciudades que se industrializaban –la base de la famosa distinción que hizo Ferdinand Tönnies entre Gemeinschaft y Gesellschaft–. Incluso cuando los individuos prosperan, tienden a sentirse alienados de la sociedad en general y pesimistas a su respecto, sufriendo lo que Émile Durkheim llamó anomie.

Por último, pero no por ello menos importante, varios psicólogos y neurocientistas –Tali Sharot de University College London es la más conocida– afirman que el cerebro humano está pre programado para el optimismo. El truco es que este condicionamiento innato no se aplica al futuro de la patria ni del planeta, sino solamente al personal, de modo que es natural que se produzca una disparidad.

Todas estas son ideas que invitan a la reflexión; y que probablemente contienen más que algo de verdad. Pero si uno cree que la brecha entre el optimismo individual y el pesimismo nacional va en aumento –y así es– entonces debe señalar factores de cambio recientes a los que pueda obedecer dicho aumento. Ni la anomie a la que condujo la modernización ni los prejuicios psicológicos internalizados pueden hacerlo, dado que han existido durante mucho tiempo.

Un indicio proviene de la observación que, según revelan algunos estudios, la brecha es mayor entre quienes han tenido mayor exposición a los medios informativos. Y los medios –ciertamente los sociales– tienden a hacer más hincapié en lo sombrío y lo sangriento que en lo alegre y lo sublime. Las noticias buenas no son noticias, suelen murmurar los ejecutivos de los medios. Y con solo un minuto en Twitter o en las noticias del cable se confirma el antiguo adagio: "Si hay sangre, hay audiencia".

Sumemos a esto un segundo prejuicio psicológico que ocupa a los neurocientistas: puesto que nuestra especie ha evolucionado para defenderse del peligro, tendemos a ser más sensibles ante las malas noticias. Reaccionamos con mayor intensidad frente a fotografías de niños famélicos que a informes sobre el alza de los niveles de nutrición en África. Y, desde luego, tendemos a recordar esas horribles imágenes durante mucho más tiempo.

Alguien que comprende todo esto desde hace mucho, es Donald Trump. Recordemos el discurso que pronunció en la Convención del Partido Republicano, en el que se describió una nación plagada de "pobreza y violencia en el interior, guerra y destrucción en el exterior". Esto fue la misma noche en que ridiculizó el legado de Hillary Clinton diciendo que era de "muerte, destrucción y debilidad".

"Un poco de hipérbole nunca está demás", explica Trump en su libro The Art of the Deal [El arte de la negociación], y con ello concuerdan sus homólogos populistas. Puede que ni Viktor Orbán de Hungría ni Nicolás Maduro de Venezuela hayan leído a Rousseau ni hojeado el último estudio de neurociencia, pero los dos captan lo esencial: da igual lo que sugiera la experiencia diaria de una persona en su hogar o en su trabajo; basta con que repitan que las elites empresariales o los inmigrantes o los extranjeros están empeorando las cosas –y mucho– para que tarde o temprano el electorado les crea.

Esta es una de las razones por las que el populismo es tan peligroso –y por las que incluso lugares idílicos como Lake Wobegon no son inmunes a él–.

Apr 27, 2018

https://www.project-syndicate.org/commentary/local-optimism-global-pessi...

 4 min


Lluís Bassets

Empoderamiento es la palabra, el concepto. Extraño hasta hace poco para el castellano que se habla en España, aunque al final, tal como ha explicado Álex Grijelmo en estas mismas páginas (Empoderar toma el poder, 20-11-2016), ha sido recuperado incluso por el diccionario de la RAE. La novedad de hace algo más de 10 años es el nuevo poder democrático que proporcionan, entre otras cosas, las tecnologías digitales de comunicación y especialmente las redes sociales, es decir, el empoderamiento digital.

Se trataba de una revolución democratizadora, la aparición de un nuevo medio o forma de comunicación, como ha sucedido en otras ocasiones a lo largo de la historia, aunque en este caso pretendía liquidar la mediación, la representación, y conducía a la utopía populista de una comunicación sin interferencias de las élites, ni siquiera las intelectuales y periodísticas.

El momento álgido de este espejismo se produce en la confluencia de dos fenómenos fascinantes, como son Wikileaks, la máquina de filtración de secretos organizada por Julian Assange, y la caída de los dictadores de Túnez y de Egipto en un lapso de apenas dos meses, es decir, Tahrir y la revolución del jazmín, entre el otoño y el invierno de 2010-2011.

Wikileaks publicó entonces los despachos del Departamento de Estado, su mayor filtración hasta aquel momento, que dejó a la diplomacia de Estados Unidos al pie de los caballos con la revelación de una panoplia de secretos de los poderosos de todo el mundo, dictadores especialmente, desvelados en las comunicaciones secretas escritas por cónsules y embajadores de Washington. Ambos fenómenos, la primavera árabe y Wikileaks, dibujan un mundo utópico donde los Gobiernos se ven forzados a practicar la máxima transparencia y los ciudadanos tienen en sus manos los instrumentos para derrocar a los dictadores.

El espejismo duró muy poco. Las revueltas derivaron en la toma del poder por los islamistas, con sus ideas populistas, su machismo insoportable, su autoritarismo teocrático, su condescendencia con la violencia y sus conceptos excluyentes de la democracia. Y a continuación, en Egipto llegaron los militares, que liquidaron sin contemplaciones la incipiente democracia.

Otra filtración, la de Edward Snowden en 2013, con la información clasificada de las escuchas de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), abrió los ojos a muchos de los fascinados seguidores de Wikileaks sobre el nuevo mundo de control y vigilancia al que nos enfrentamos. Descubrimos entonces que la utopía de la transparencia se había convertido gracias a los metadata, el data mining y la inteligencia artificial en la distopía del control total por un Gran Hermano que controla nuestra vida privada, capaz incluso de prever nuestras decisiones futuras.

Esta dualidad o ambigüedad de las tecnologías no es una novedad. Toda tecnología suele tener un potencial liberador y otro potencial de signo distinto como instrumento de manipulación y de control. El problema con la inteligencia artificial es que la cara oscura es tan novedosa que por el momento parece superar de largo a la cara liberadora y dibuja la distopía de una sociedad sin libertad, en la que la deliberación y la toma de decisiones individuales y colectivas llega a correr a cargo de las máquinas.

Faltaba todavía la última oleada de escándalos. De una parte, la interferencia rusa en la campaña electoral de Estados Unidos y probablemente en otras campañas electorales y en otros escenarios de crisis política, como el Brexit; una forma de guerra cibernética en la que se usan los medios convencionales, como Russia Today o la agencia Sputnik y las redes sociales, con profusión de bots, perfiles fake y fake news, y el auxilio inestimable de Julian Assange y su Wikileaks. De la otra, el uso de los datos de 87 millones de perfiles de Facebook por parte de Cambridge Analytica, una empresa de big data y psicopolítica al servicio de la campaña de Trump.

El temor del siglo XX, expresado en la novela 1984, de George Orwell, era un Gobierno, el de la Unión Soviética o EE UU concretamente, convertido en el Gran Hermano que todo lo sabe y controla, pero resulta que cuando esto adquiere visos de realidad, ya en siglo XXI, es en forma de una multinacional digital, una empresa privada. En buena lógica, su objetivo no es el control político e ideológico, sino el negocio: controlarnos para monetizarnos.

Mientras utilizábamos las redes sociales como forma de empoderamiento, las grandes multinacionales tecnológicas (Google, Amazon, Facebook y Apple, las gafa) se apoderaban subrepticiamente de todos nuestros datos para explotarlos comercialmente e incluso políticamente. Cuando nos creíamos ciudadanos, resulta que éramos clientes, y cuando ya tomamos conciencia resignada de clientes, resulta que somos una mera mercancía, materia prima aportada voluntariamente al comercio de datos de nuestras vidas privadas.

El monstruo frío que era el Estado para Friedrich Nietzsche queda superado en frialdad y en poder por unas multinacionales tecnológicas que solo buscan el beneficio para sus accionistas. Con sus monopolios de facto, han destruido el modelo industrial del periodismo tradicional, estrechamente asociado a las democracias parlamentarias y liberales. Con el acceso gratuito, han aniquilado el valor de los contenidos periodísticos y de los derechos de autor y han despojado de publicidad a los medios de comunicación convencionales. Gracias a los paraísos fiscales y a la globalización, han eludido la fiscalidad propia de los Estados de bienestar europeos. Y con el big data, finalmente, están utilizando a los usuarios, sus datos privados, su intimidad, sus sentimientos, sus gustos, sus contactos y amigos como materia prima de su negocio, hasta el punto de que pueden venderla a los enemigos de la democracia.

Democracia liberal

Nada más preocupante, por tanto, que la colusión entre estas tecnológicas y los servicios secretos rusos, y además con los hackers libertarios y Wikileaks de por medio. Primero, por la asimetría entre las democracias liberales, con división de poderes, control judicial, libertades públicas y medios de comunicación independientes; y los regímenes autoritarios e iliberales, en los que los medios, periodistas y ONG occidentales deben someterse a controles y censuras de un poder arbitrario, con frecuencia secreto, y en todos los casos fuera de cualquier escrutinio por parte de los Parlamentos, la justicia o los medios de comunicación. Y luego por la erosión que producen estas interferencias en el funcionamiento y en el modelo de los sistemas de democracia liberal, que no otro es el objetivo que persiguen las autocracias en su competencia por demostrar su superioridad a la hora de gestionar sociedades capitalistas pero sin libertades.

El acoso digital, los comportamientos violentos o abusivos, las infinitas formas de comunicación y de conducta patológicas que están surgiendo en las redes sociales pertenecen al nuevo universo de control y de poder afilado o incisivo (sharp power), concepto acuñado para describir las prácticas de estos novísimos autoritarismos. Insultarnos unos a otros en las redes, acosarnos y maltratarnos es parte de una cultura bélica de baja intensidad en la que es el público mismo quien lo suministra todo, el odio, los mensajes, las víctimas, los héroes... Cuando entramos en este juego, no nos estamos empoderando, sino que, sin saberlo, estamos entrenándonos y a la vez participando en el nuevo mundo de las guerras híbridas, en las que siempre lleva ventaja quien no tiene controles democráticos ni límites jurídicos a su poder.

Madrid 28 ABR 2018

El País

https://elpais.com/internacional/2018/04/27/actualidad/1524845669_625059...

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Siempre habrá abstención. Siempre la ha habido y ella nunca había pedido condiciones. Simplemente en todo proceso electoral aparece y cumple su cometido estadístico, sin exigir nada a cambio y sin protagonismo alguno, a no ser, su porcentaje de abstención tradicional y predecible.

El abstencionismo que exige condiciones para dejar de ser abstencionista, ese que se pregona cómodamente desde el teclado de un celular, una computadora o desde un frio micrófono por el clima apretado de un país que te acoge como "exiliado" político. Ese abstencionismo elitésco y vanguardista, que lleva la democracia en los labios y el abstencionismo colaboracionista en el corazón, será derrotado por las masas hambrientas de hambre y libertad.

Ese abstencionismo colaboracionista que hoy amenaza darse con la misma piedra, que se consiguió en las parlamentarias del 2005, será pulverizado por el pueblo llano que nunca ha puesto condiciones en su vía electoral. Ese abstencionismo autoritario y cupular, impuesto por las duras direcciones partidistas a sus militantes, también será derrotado.

Aquí el abstencionismo colaboracionista fundamentado en el ataque contra quienes han enarbolado las banderas de la participación y arguyen que ejercer el derecho al voto es colaboracionismo con el régimen. Ese abstencionismo que sin verse ni siquiera su medio ombligo colaboracionista, alimentado por la estrategia madurista de promover la desconfianza y el desencanto en el acto electoral. Ese abstencionismo colaboracionista será derrotado.

El abstencionismo colaboracionista será derrotado, porque a los “jefes” políticos que lo aúpan, defienden y pregonan hasta el cansancio, su canoa abstencionista, comienza hacer aguas y sus cientos de miles de activistas se montaran en la cresta de la ola electoral, convencidos de que ante el dilema de tener que escoger entre la reelección de Maduro, la abstención o la participación electoral, lo correcto será salir a votar y acabar con esta pesadilla de saqueo y corrupción que está destruyendo al país.

El abstencionismo colaboracionista corre el riesgo de ser el gran derrotado en esta refriega por el poder. Lo saben, lo susurran en privado en sus conciliábulos colaboracionistas, no lo dicen en público, pero en privado andan arrepentidos por no poder echarse pa atrás en sus dislates estratégicos. Saben que si Nicolás Maduro sale derrotado como efecto saldrá, la comunidad internacional hará un giro de 360 grados a favor del candidato victorioso.

Ese abstencionismo colaboracionista tiene los días contados. Mientras más se aproxima el 20 de mayo más intenso es el sudor frio que corre por sus espaldas. Ese abstencionismo colaboracionista después del día “D” quedará como pajarito en grama: sin argumentos, sin militancia y sin credibilidad alguna.

Este abstencionismo colaboracionista está consciente del daño que puede infligir a la opción de cambio, pero ya no les importa, están resteados con su hilaridad abstencionista, prefieren a Maduro gobernando 6 años más a que gane Henri Falcón. Eso los hará colaboracionistas, y ese remoquete de traidor, no se lo ha podido quitar ni Judas en 2018 años, después de haber decidido ser colaboracionista.

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En las actuales circunstancias políticas, muchos vislumbran que cada vez está más cerca el fin del presente régimen de gobierno, mayoritariamente rechazado por la inmensa mayoría de los venezolanos y cada vez más acorralado a nivel internacional, con amplios sectores de la sociedad civil más activados que nunca para salir de esta pesadilla.

Sin embargo, muchos siguen pensando en irse del país, en la emigración como solución a sus conflictos existenciales y crisis personales. En la Venezuela de la diáspora migratoria, no se trata simplemente de decidir si irse del país o quedarse; en el fondo, se trata más bien de un problema de sobrevivencia. No es una cuestión de justificar o condenar a quien se va del país. Se trata, más bien, de intentar entender mejor el fenómeno migratorio que sufre Venezuela.

Este problema es tan serio que se ha llegado a estimar que aproximadamente el 10 % de los venezolanos ya ha emigrado y la tendencia es al aumento; en los próximos tres años, si se mantiene esta tendencia, se espera que el porcentaje pueda llegar al 15% o aun más. Estos emigrantes, que son en su mayoría jóvenes con formación y experiencia en diversos campos del conocimiento y la actividad laboral, constituyen un drenaje incalculable de capital humano muy difícil de reemplazar.

Desde el punto de vista personal, el dilema inicial puede surgir al intentar tratar de decidir cómo y dónde se tendrían más probabilidades, no solo de sobrevivir, sino de vivir con un grado aceptable de normalidad; sin tener que estar diariamente en búsqueda de satisfacer las necesidades básicas del ser humano, y lamentar que no se nos respeten los derechos ciudadanos, para tener, en definitiva, una razonable confianza en un futuro mejor. Lo más común es que se vea a la emigración con mirada de esperanza, como una posibilidad de salida por razones de necesidad.

Si tu salud, o la de un familiar cercano, depende de tener a tiempo y en cantidades suficientes la medicina o el tratamiento médico necesario. Si debes decidir entre vivir en la miseria y al borde del hambre o tener una oportunidad de alimentarte bien y no enflaquecer hasta caer en la desnutrición. También si se ha tenido actividad política y se ha participado en protestas u otras actividades en contra del actual régimen de gobierno, públicas o no; si por ello te haces políticamente incómodo y, por lo tanto, sujeto a la represión y posible encarcelamiento y tortura. Finalmente, incluso, si se plantea como una cuestión de decidir entre el desequilibrio psicológico y la tranquilidad y la salud mental. Aunque podría también tratarse, simplemente, de buscar un nivel de seguridad personal y calidad de vida aceptables. En todas estas circunstancias, los deseos de emigrar se pueden hacer presentes, y muchas veces llegan a concretarse.

Es también pertinente recordar la enorme importancia de las transferencias de dinero desde el exterior; muchos salen del país para poder ayudar a mantener a los familiares que se quedan, aprovechando la ventaja de la tasa de cambio debido a la gran devaluación del bolívar. Un estudio de Datanálisis al respecto indica que el 6% de las familias del país se benefician de estas transferencias; en un año es posible que lleguen al 10%.

En todo caso, el ser humano, ante condiciones de vida negativas y desfavorables, busca cambiar su situación y evitar así un futuro francamente adverso. Se trata de decidir cómo sobrevivir en medio de la más profunda crisis económica que ha tenido el país, con una gran inestabilidad social e inconformidad popular, amén del creciente estado de ingobernabilidad que cada vez nos acerca más al caos social. Hay que tratar de comprender la situación, tanto de los que deciden quedarse como de los que deciden emigrar, ponerse en el lugar del otro, considerar sus circunstancias de vida, motivos y razones, necesidades y esperanzas.

¿Quién cree que pueda ser el juez del compatriota que se queda o de aquel que se va? A fin de cuentas, cada quien puede elegir como desea vivir. En las actuales condiciones de la generalidad de los venezolanos, para muchos es necesario, incluso llega a ser urgente, decidir si quedarse o irse del país.

Profesor UCV
felipeedmundo@gmail.com

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Con voz propia

Cuando en la Chicago del año 1886 luchaban por “Las Tres ocho” (8 horas de trabajo, 8 para vivir, 8 de descanso), en Venezuela se celebraba el primer Congreso Obrero Venezolano. Se trataba de “directa contribución a gestación de la clase obrera”, expresó Eloy Torres, pionero de nuestro sindicalismo en su libro La Huelga. Antonio Guzmán Blanco, el Gran Autócrata Civilizador, Ilustre Americano, Regenerador y Pacificador, iniciaba el 27 de febrero su tercer y último período presidencial.

El ahora mandatario Nicolás Maduro, impugnado por ser tenido colombiano y la Constitución exige única nacionalidad venezolana, se autodefine hijo de Chávez, castro comunista. Entre 1986 y 1987 curso en la escuela cubana de formación de cuadros políticos "Ñico López" en la Habana. En 1991 se desempeñó como conductor de autobús del Metro de Caracas y se ganó fama de reposero. Allí formó parte del sindicato.

La Venezuela obrera planteó jornada de 8 horas en Ley del Trabajo de 1936. En 1917 la de Talleres y Establecimientos Públicos, la fijaba de 9 horas.

Sostenida la lucha de trabajadores en conquista de reivindicaciones y de la Democracia.

La voz de la Iglesia orientadora como lo hace hoy “sacudió conciencia nacional y encendió primera chispa de subversión” -reseñó Gabriel García Márquez entonces en ejercicio del reporterismo en Caracas, al referir Carta Pastoral del 1ro de mayo 1957, cuya elaboración atribuyen al padre Feliciano González, futuro Obispo de Maracay y que el Arzobispo de Caracas Monseñor Rafael Arias Blanco, ordenó leer en Parroquias.

“Estamos viviendo situaciones dramáticas: ¡Nunca antes habíamos visto tantos hermanos nuestros hurgar en la basura en búsqueda de comida!... Ante la desesperanza reinante, exhortamos a todos a lograr puntos de encuentro para un proyecto común de país” –reflejo de la narco dictadura de ahora.

Tal encíclica, motivó la unidad y fue paso firme hacia el 23 de Enero de 1958.

Al mes de divulgada los partidos ajenos al protagonismo electorero: Unión Republicana Democrática, Comunista, Acción Democrática y Copei constituían Junta Patriótica, presidida por el periodista Fabricio Ojeda. El 21 de enero 1958 se dio huelga convocada por ese órgano.

Volviendo al 1ro de mayo 1886, unos 200 mil trabajadores iniciaron huelga en Chicago por las 8 horas.

A finales de mes sectores patronales estadounidenses accedieron a otorgarla. Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo.

La histórica lucha que se tornó violenta y represiva causó numerosas víctimas. 5 obreros condenados a muerte; 2 a cadena perpetua: Samuel Fielden (inglés); Michael Schwab (alemán), un tercero: Oscar Neebe (estadounidense) a quince años de trabajos forzados.

De los cinco mártires de ese movimiento tres fueron periodistas: el estadounidense Albert Parsons; los alemanes Adolf Fischer y August Vincent Theodore Spies y el tipógrafo George Engel. Carpintero fue el último: Louis Lingg, también alemán.

Carpintero fue San José y la Iglesia celebra 1º de mayo la Fiesta del Obrero, patrono de trabajadores. La instituyó en 1955 el Siervo de Dios, Papa Pío XII, en el Vaticano. De allí la denominación citada Pastoral.

Un año antes cardenal Antonio Caggiano, por cierto argentino, como actual Papa Francisco, cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, vicario castrense y primer obispo de Rosario, legado pontificio al II Congreso Eucarístico Bolivariano, planteó en sesión celebrada en su honor en Concejo de Caracas:

Venezuela “tiene tanta riqueza que podría enriquecer a todos, sin que haya miseria y pobreza, porque hay dinero para que no haya miseria”.

Al MARGEN. Llamado a gobiernos a impulsar libertad de prensa y proteger a periodistas hizo António Guterres, Sec. General de ONU: promover prensa libre es defender derecho a la verdad. Acceso a información y elecciones, primer temas del Día Mundial, este 3 de mayo.

jordanalberto18@yahoo.com

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