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Opinión

El Frente Amplio es una versión disfrazada de la MUD o quizás peor. El sectarismo y la ceguera política de los partidos AD UNT PJ Y VP los mantiene unidos, tan solo en el cómo evitar que los sin partidos, y eso que llaman sociedad civil, puedan asumir un liderazgo distinto a sus mezquinos intereses.

La abstención agazapada y la poca autocrítica por los errores del pasado, está llevando a esta nueva iniciativa al inmovilismo absoluto, una vez que, al no dejar bien claro la decisión, de que todo su accionar debería llevarlos al hecho electoral, no producen motivación alguna en la base social opositora.

La gente desea votar, pero desde el Frente Amplio, solo dejan como alternativa no votar, hasta que se les cumpla con el 100% de todas las condiciones exigidas. Así se irá a la repetición de viejos errores, aun no revisados y superados en profundidad.

El camino hacia la victoria es la participación electoral y la unidad total. La unidad real en el Frente Amplio y la unidad con el sector que resolvió participar para exigir mejores condiciones.

Henri Falcón y el Frente Amplio deben darle la oportunidad al mundo opositor, para salir de este marasmo donde se encuentra, para así salvar al país de la tragedia que significará la reelección de Nicolás Maduro.

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación política número 135

El candidato que se presenta como opositor al candidato del hambre (hay que darle el crédito a eso) en unión con los otros dos partidos que lo acompañan, se están jugando el futuro con su participación en el fraudulento proceso electoral convocado por el régimen bajo la premisa de que si no se obtienen las condiciones electorales firmadas en el CNE, se retirarían de la contienda, lo que suena bastante razonable dada las circunstancias.

Sin embargo, como que para que no tardaran mucho tiempo en tomar la decisión de retirarse, diferentes voceros de la ONU ya han manifestado que la observación y acompañamiento electoral no sería posible por, considerar ellos, no existen garantía mínimas y haber sido convocado el proceso de manera inconstitucional. Pero el oriundo de Nirgua tomó un avión y fue a la sede de la ONU a entrevistarse con su Secretario General para que apoyara la observación, entrevista que no ocurrió sino con un subsecretario adjunto de asuntos latinoamericanos (o algo así) a quién finalmente le solicitó que “al menos enviaran a alguien” para que analizara la situación electoral en el país, olvidando que la ONU tiene una representación acreditada en Venezuela que conoce perfectamente lo que ocurre, no solo electoralmente, sino la crisis generalizada que nos agobia.

Para reafirmar su disposición de retirarse de la carrera presidencial que va a perder sin dudas, mientras llega el enviado solicitado a la ONU para que le diga que no existen las condiciones electorales mínimas para unas elecciones libres, justas y transparentes, anuncia que comenzará su periplo electoral por el oriente del país, o sea, que la participación va, como dice el mandamás o candidato del hambre llueve, truene y relampaguee.

Al fin y al cabo, en elecciones anteriores la ONU no ha estado presente, y con esas condiciones se ganaron las parlamentarias de Dic2015, gobernaciones y alcaldía en periodos anteriores. Pero eso es un error de apreciación bastante grande porque las condiciones no son las mismas, sino que han empeorado notablemente.

En diciembre del 2015, las elecciones fueron convocadas en el tiempo establecido por la ley electoral (seis meses antes), con un registro electoral casi actualizado y la diáspora de electores en el exterior aun no marcaba una mayor diferencia en el computo presidencial, que no era el caso por ser elecciones parlamentarias; también participaron todos los partidos políticos de la oposición y de los simpatizantes del régimen, la oposición tuvo la oportunidad de utilizar una tarjeta única, la de la “manito”, que al final fue lo que marcó la diferencia y finalmente se garantizó una maquinaria electoral con testigo en casi el 100% de la mesas electorales, entre otras cosas.

Las condiciones actuales son notablemente distintas, además de adelantadas sin ningún tipo de sustento constitucional, no se ha respetado el periodo mínimo de seis meses establecido por la ley electoral; el registro electoral no se ha actualizado desde el 2015, salvo con pequeños lapsos de inscripciones de nuevos votantes, pero en el exterior ha sido nulo el procedimiento cuando se ha producido una diáspora de posibles electores opositores estimados en más de dos millones de votantes; casi todos los partidos y candidatos opositores han sido inhabilitados y la tarjeta de la MUD eliminada; en días pasados el CNE decidió que los partidos que no inscribieron candidatos presidenciales no pueden inscribir candidatos a los Concejos Legislativos ni a los Consejos Municipales; en el 2015 no migraron masivamente votantes de sus sitios tradicionales de votación y obligaron a votar en instalaciones militares, ni existía el carnet de la patria y los claps como mecanismos de coacción electoral, tampoco el CNE se atrevía a cambiar descaradamente los números electorales como lo hizo con el proceso fraudulento constituyente o robarse, simplemente, el triunfo electoral del candidato opositor como ocurrió en el estado Bolívar, aun cuando el candidato vencedor, actas en mano, demostró que era el ganador. En definitiva, no son las mismas condiciones.

Pero el candidato opositor, a menos que opte por la decisión de chacumbele, puede aún salir con bien de la calle sin salida donde se encuentra, solo tiene que pasearse por la posibilidad de renunciar a la candidatura y dejar solo al candidato del hambre para ver cual organismo o institución internacional lo va a legitimar. Aún está a tiempo.

@lesterllopezo 18/03/18

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En Venezuela estamos familiarizados con la enfermedad holandesa. Se llama así a los efectos causados por un incremento en los ingresos externos de una economía que sobrevalua la moneda nacional y altera la asignación de recursos entre los sectores productivos, favoreciendo a los que hacen bienes no transables[1] (que no son importables ni exportables) por encima de los productores de bienes transables –que son comercializables tras fronteras—. Ante la mayor demanda resultante, los bienes no transables suben de precio, pues su oferta en el corto plazo es inelástica ya que no se puede aumentar inmediatamente la cantidad producida. Ello hace más rentable su elaboración. Pero los bienes transables no pueden aumentar de precio por la competencia de los bienes importados. En su producción inciden, además, muchos bienes no transables –construcción, servicios, mano de obra-- que ahora son más caros. Su estructura de costos se infla, por tanto, perjudicando su competitividad y rentabilidad. Ello incentiva la reasignación de recursos hacia sectores productores de bienes no transables, que ahora son más lucrativos. El país pierde el efecto dinamizador de la industria y la agricultura.

Analistas criollos han argumentado que el comportamiento antes mencionado debió haberse llamado enfermedad venezolana, pues aquí fue donde por vez primer se pusieron claramente de manifiesto las distorsiones que causó la captación de importantes rentas internacionales por la exportación de crudo. Ello fue bien documentado por Alberto Adriani, Arturo Uslar Pietri pero, sobre todo, por José Antonio Mayobre, en las décadas de los treinta y cuarenta del siglo pasado. Venezuela ha experimentado este fenómeno cada vez que han aumentado sus ingresos petroleros. Todos recuerdan, por ejemplo, cómo el boom petrolero durante el primer gobierno de CAP disparó el precio de los apartamentos. Sin embargo, fue con base en la experiencia vivida por Holanda en los años ’60, cuando ese país se convirtió en importante exportador de gas, que los economistas Corden y Neary modelaron este comportamiento y lo bautizaron con el nombre con el que se conoce mundialmente.

Para los fines del presente artículo, es importante señalar que uno de los servicios no transables de mayor relevancia es el suministrado por la mano de obra. Por tanto, la enfermedad holandesa se manifestaba en Venezuela en salarios que tendían a ser más altos que los de países similares de América Latina. Tomando en cuenta la productividad laboral, el factor trabajo no era competitivo, pues sus relativamente elevadas remuneraciones hacían que el costo laboral unitario fuera muy alto. No obstante, las condiciones de vida de los trabajadores eran mejores que las de muchas naciones, atrayendo gran cantidad de inmigrantes. Sectores transables como la agricultura y la manufactura no podían exportar, pero crecieron produciendo para el mercado doméstico protegidos detrás de altas barreras arancelarias y cuantitativas que hacían prohibitivas a muchas importaciones.

Lo insólito hoy es que, a pesar de seguir siendo un país petrolero que capta rentas internacionales por la venta de crudo en el extranjero, vivimos el fenómeno contrario. Propongo nombrarlo Enfermedad Maduresa en atención a su causante principal. Ante la caída en los precios del crudo a finales de 2014 Nicolás Maduro prefirió poner todo el peso del ajuste sobre los hombros de las clases asalariadas en vez de procurar condiciones para que la economía pudiese sobreponerse a tal adversidad: saneando las cuentas públicas y eliminando la emisión de dinero sin respaldo para contener la inflación; liberando las fuerzas productivas de los absurdos controles y regulaciones para poder sustituir importaciones y generar ingresos exportando; unificando el tipo de cambio en torno a sus valores de equilibrio para eliminar la asfixia externa que ahoga a la economía; y negociando un importante financiamiento con los organismos multilaterales para facilitar estos cambios. Pero no, Maduro optó más bien por acentuar las distorsiones que veníamos padeciendo, provocando en pocos años la hiperinflación que hoy empobrece dramáticamente a los venezolanos.

Durante 2017, por ejemplo, la emisión de dinero sin respaldo aumentó más de 20 veces y el sector público culminó con un déficit cercano al 20% del PIB. Al priorizar el pago de la abultada deuda externa contraída por su antecesor, Hugo Chávez, redujo significativamente las importaciones, agravando los problemas de escasez que ya venía plagando a la economía debido a los absurdos controles de precio. La reducida disponibilidad de dólares por exportación de petróleo fue reservada para uso público, obligando al sector privado a comprar divisas en el único mercado alternativo disponible, el llamado “paralelo”. La presión sobre éste ha disparado la cotización del dólar ahí, el cual se ha convertido en referencia obligada de precios por la necesidad de reponer los inventarios de bienes e insumos importados.

Cual Rey Midas al revés, quien ocupa la silla presidencial engendró esta Enfermedad Maduresa, caracterizada por una devaluación estrepitosa del bolívar, una hiperinflación que ronda en el 80% mensual y los salarios más bajos de América Latina. A la tasa DICOM del 9 de marzo, el salario mínimo integral (salario mínimo + bono de alimentación) es de apenas $32,7 mensual. A la tasa paralela es aún cinco veces menor. En Colombia el salario mínimo equivale a unos $270, similar al de Brasil, mientras que en Argentina es de $544. Cabe señalar que, durante el último año del gobierno de Caldera, cuando el precio de exportación de crudo promedió $10 el barril, este salario superaba los $300. El barril de exportación ahora está cerca de los $60. A pesar del deterioro de la productividad en el país, la caída del salario real ha sido mucho mayor y hoy el costo laboral unitario es ínfimo. Lamentablemente, ello no atrae inversiones que pudieran generar empleo productivo para elevar rápidamente estos salarios, debido a los controles, regulaciones y falta de garantías jurídicas en Venezuela.

En vez de la ola de inmigrantes de antes que venían en busca de mejores condiciones de vida, evidenciamos el triste y cruel espectáculo de miles de venezolanos huyendo a diario en busca de oportunidades más allá de nuestras fronteras para poder alimentar a sus familias. De las distorsiones de la enfermedad holandesa que, no obstante, se reflejaban en trabajadores bien remunerados, caímos en el extremo opuesto: el auto proclamado Presidente Obrero, con su obstinación por mantener sus políticas equivocadas, proteger a los poderosos intereses que se lucran de los controles y de otros mecanismos de intervención en la economía, y pagar como sea la deuda externa, ha convertido al trabajador venezolano en el más miserable del hemisferio.

La tragedia que vivimos no representa ninguna fatalidad y los economistas hemos señalado reiteradamente las vías para su superación. Lo que hemos denominado Enfermedad Maduresa es infligida adrede sobre los venezolanos y pende sobre ellos cual espada de Damocles, hasta que logremos un cambio de políticas … y de políticos.

Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas

humgarl@gmail.com

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José Rosario Delgado

Si en algo se ha caracterizado y destacado el gobierno chavomadurista durante estos 26 años (la tragedia arrancó aquel aciago día 4 de febrero de 1992) es en lo aguajero de su discurso y en lo ridículo de sus posiciones en torno de los asuntos internos y externos del país, creyendo o jurando que la gente es pendeja porque calla ante todas las mentiras que día tras día repiten los capitostes del régimen y sus acólitos anónimos o conocidos.

En lo interno no nos queda nada, nadita de nada, de aquello que se expropió en varios actos y que muchos aplaudieron, vitorearon y celebraron en cadena nacional de radio y televisión embriagados por la manu militari del enfermo difunto eterno, prevalido del poder que le fue entregado por pusilánimes funcionarios seducidos por las prebendas que, tal vez, podrían obtener una vez que se instalara el vandálico y aberrado régimen.

Asimismo, en lo externo, las representaciones diplomáticas de entonces se sintieron persuadidas por la repartición millonarios contratos y estrafalarios regalos, lo que les hizo coquetear con el energúmeno payaso mandatario para no quedarse fuera de la rebatiña de agasajos y canonjías ellos ni sus agazapados jefes, esperando ser favorecidos con recursos mineros y petroleros, tomando en cuenta que allí hay negocios y no amigos.

Un vicepresidente aguajero y torpe como ningún otro cataloga de “potencia” al país que acabó con su pujante y próspera industria petrolera, pero asegura, delante de supuestos inversores foráneos, que Venezuela producirá café y cacao, “como éramos antes” (sic), convencido de que los hambrientos y quebrantados venezolanos estamos chupándonos el dedo ante la grave crisis humanitaria que padecemos.

El aguajero ministro gorgojito se agarra del sistema comunicacional del Estado por todo el tiempo que le da su enfermiza gana para denunciar el “fraude electoral” en Colombia sin mencionar las trampas que aquí en Venezuela arman él y sus “pelelas” del cne con el fin de impedir a toda costa la participación del liderazgo de la mayoritaria y verdadera oposición en las venideras elecciones en una digna y decente igualdad de condiciones.

Las pelelas, con su cara ajada, salen a repetir el guión que gorgojito les dibuja, salen con su adornado y maquillado aguaje a decir que tenemos el mejor sistema electoral, lo cual puede ser verdad pero también tenemos la peor rectoría eleccionaria del planeta, lo cual no es garantía de pulcritud sino la más abyecta entelequia que país alguno pudiera conocer en toda su historia.

La forma del aguaje como gobierno, por ahora, la redondea, y no podría ser otro, el aguajero mayor, que piensa y cree que con bonos trimestrales de 700 bolívares a una ínfima parte de los menesterosos que mayoritariamente pululan en calles y callejones del país que fue, esperando limosnas para adquirir medicamentos y comprar comida que nunca llegan, mientras los más capaces ponen pies y sueños en polvorosa porque ya no aguantan…

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Vuelve al tapete el problema del suministro de fertilizantes para el ciclo agrícola de secano 2018, el cual es al mismo tiempo el problema del suministro insuficiente de todos los insumos básicos para la agricultura, que es el mismo problema del suministro de alimentos para la población de un país que se alimenta de la basura.

La incapacidad del régimen para apoyar la producción agrícola nacional, queda manifestada año tras año en todos los obstáculos que va colocando a los productores para la obtención de sus insumos, y en los actuales momentos, se suma el problema para la comercialización de los pocos productos que logran salir del campo, que quieren ser confiscados por autoridades regionales para su repartición demagógica.

A esta incapacidad se une ahora la burla, cuando el militar que está al frente del ministerio de agricultura dice que la producción agrícola aumentó 67% el año pasado y hay comida de sobra, y cuando el vicepresidente dice “tenemos que cesar las importaciones. Las divisas que se daban para importar maíz, arroz, azúcar, soya, etc, serán destinadas para potenciar la producción nacional. En los próximos meses Venezuela debe ser autosuficiente en estos rubros”.

Al lado de esta alharaca gubernamental, aparecen hoy dos informaciones en relación a los fertilizantes y la agricultura venezolana. Una por el ingeniero agrónomo y productor agrícola Ramón Elías Bolotín señalando que en el ciclo de norte-verano que termina con el inicio del ciclo de lluvias, los cultivos se sembraron sin fertilizantes y en girasol hubo una caída de 40% en los rendimientos. La otra, por Carlos O. Albornoz, Presidente de FEDENAGA, quien advierte que “sin fertilizantes no hay siembra”…….. Esta situación me llevó a recordar algunas cifras que he trazado en anteriores oportunidades en relación a este tema, y que creo vale la pena repetir, para que nuestra realidad, para el ciclo agrícola de secano que comienza a mediados de abril (dentro de un mes), se pueda apreciar con mayor claridad. Veamos:

Supongamos que queremos hacer realidad el sueño del vicepresidente de la república de que en los próximos meses Venezuela debe ser autosuficiente en los rubros maíz, arroz, azúcar, soya, etc. Para ello, debemos sembrar inmediatamente, comenzando en abril, unos 4 millones de hectáreas con esos y otros cultivos. Si se van a sembrar 4 millones de hectáreas, aplicando un promedio de 0,4 toneladas de fertilizantes por hectárea, se requieren 1,6 millones de toneladas de fertilizante NPK. Si además se deben aplicar 200 kg de fertilizante nitrogenado adicional, se requieren 800.000 toneladas de nitrogenado que es generalmente urea. Por lo tanto, en total se requieren 2,4 millones de toneladas (2.400.000 toneladas) de fertilizantes para atender 4 millones de hectáreas.

Durante los pasados años se ha distribuido en el país alrededor de 800.000 toneladas anuales de fertilizantes, de las cuales 40% ha correspondido a productos importados y 60% productos provenientes de nuestra industria, principalmente urea. Como esta tendencia no va a variar ya que la industria de fertilizantes no ha mejorado en estos últimos años, la producción nacional de fertilizantes seguirá siendo 60% de 800.000 toneladas o 480.000 toneladas. Quiere decir que para 4 millones de hectáreas se debe importar 1.920.000 toneladas (2.400.000 – 480.000).

Esa cantidad de fertilizantes no aparece por arte de magia en las fincas nacionales, el producto tiene que negociarse en los mercados internacionales, luego es preciso contratar los barcos para traerlo y después distribuirlo en todo el país. Para movilizar esa cantidad de fertilizante se necesitan más de 63.700 viajes de gandolas, ya que cada una puede transportar 30 toneladas. Si durante el tiempo que dure la distribución de los fertilizantes por todo el país cada gandola puede realizar 10 viajes, habría que disponer de unas 6.500 gandolas en buenas condiciones.

Creo que finaliza el ciclo de lluvias de este año y no se ha terminado de negociar ese fertilizante, mucho menos se habrá contratado los fletes para traerlo a puertos venezolanos y menos aún se habrá contratado y organizado las gandolas para toda esa movilización. La situación se hace más crítica si tomamos en cuenta que para esos 4 millones de hectáreas se requiere, como mínimo, disponer de unos 10 millones de unidades (kg o litros) de herbicidas y unos 5 millones de litros de insecticidas, todo eso sin incluir los millones de kilos de semillas. Por eso digo nuevamente, que para el 2018 estamos ante el mismo cuento de todos estos funestos años que ha tenido la agricultura venezolana.

Con esta improvisación gubernamental no se puede llegar a ninguna parte. Programas agrícolas serios tienen que ser elaborados en todas sus instancias por personas que conozcan de la materia, no por estos paracaidistas que han estado volando de un ministerio a otro durante las últimas dos décadas, como si estas dependencias oficiales fuesen centros sociales, campos deportivos o cuarteles. Ante la pretensión de querer que en los próximos meses Venezuela sea autosuficiente en el suministro de alimentos para la población, y ante la incapacidad manifiesta del régimen para apoyar la agricultura nacional, podemos decir que estamos pasando de la incapacidad a la burla en esta materia.

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

En Amazon está a la venta el libro del autor: “Fertilidad de suelos y su manejo en la agricultura venezolana”. Tiene información muy útil para mejorar la práctica de fertilización de los cultivos, con miras a una mayor productividad y a un mejor trato a los suelos y al ambiente en general, https:/www.amazon.com/dp/1973818078/

Marzo de 2018.

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

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Con voz propia

Debilidad y/o ausencia del liderazgo ante crisis humanitaria a la cual somete a Venezuela la dictadura militarista, es suplida por instituciones democráticas del mundo. Estas subsanan errores sistemáticos de una desacertada MUD que controlaba un 4G (AD, IJ, UNT, VP) y daba prioridad a intereses grupales. Indicamos esos factores exteriores, angustiados por el desorden de la narco corrupción, causa de la hambruna e incremento de muertes debidas a falta de medicinas en un rico país en diáspora:

Naciones Unidas (ONU), que forman 193 Estados con funciones de mantener paz, seguridad, derechos humanos (DDHH) y distribuir ayuda humanitaria. Para su Secretario General António Guterres, la situación de Venezuela es de gran de preocupación.

Unión Europea (UE) integrada por 28 Estados que se atribuyen la obligación de gobiernos democráticos. Destacan las naciones fundadoras: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos (federación de 12 provincias).

Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo origen remontan al Congreso de Panamá convocado por Simón Bolívar en 1826. Cuenta 35 miembros y confiable defensor de nuestro territorio es su secretario general Luis Almagro.

Grupo de Lima, una instancia multilateral establecida el 8 de agosto 2017 en la capital peruana, donde se reunieron 17 países con el objetivo de buscar salida a la crisis de Venezuela. Suscribieron documento 16 puntos entre los cuales condenan ruptura del orden democrático; desconocen la fraudulenta Constituyente y actos que emanen de ella y dan pleno respaldo a la Asamblea Nacional, democráticamente electa.

Rechazan violación sistemática de DDHH y la represión. Conceden apoyo a la exiliada Fiscal General Luisa Ortega Díaz. Expresan seria preocupación por la crisis humanitaria; condenan al régimen por no permitir ingreso de alimentos y medicinas y piden continuar aplicación de la Carta Democrática Interamericana. Afirman que ahora la situación ha empeorado y ratificaron la esperanza de la apertura del dialogo formal que conduzca al restablecimiento del orden la democracia.

Se suma a los comentados factores la Corte Penal Internacional que anunció examinar fuerza excesiva de órganos de seguridad en manifestaciones y encarcelamientos.

Para mayor pavor del régimen sobresale la acción de EEUU, que junto a Canadá y España, están vigilantes de la actuación que aquí resiste el pueblo venezolano.

Entre tanto la Oposición apela a la política frentista que pareciera conducir a la mala práctica de los "focos" que promovía la lucha guerrillera. Sin ni siquiera practicar un Frente Amplio Nacional, cifran esperanzas en otro de Liberación para salir del caos.

"Crear dos, tres, muchos Vietnam", fue la famosa consigna del Che Guevara en alusión a la guerra de guerrillas.

Mientras el FALN se presentaba en la ONU de Caracas para pedirle no participar en las inconstitucionales elecciones, el impuesto candidato presidencial Henry Falcón, acompañado de altos personeros del régimen lo hacía en la sede de Nueva York, para pedir asistencia a dichos comicios.

Un liderazgo opositor crea confusión. La gobernadora del Táchira, Laidy Gómez (AD), quien lideró a sus compañeros mandatarios de Mérida, Nueva Esparta y Anzoátegui, en avalar Constituyente, ahora llama ir al proceso electoral. La misma tendencia de Mérida, participar en comicios municipales y legislativos y en Nueva Esparta se estaría negociando con la Avanzada Progresista para postular candidatos.

Ojalá se imponga criterio de máxima figura ADeca, Ramos Allup de no hacer postulaciones en írrito proceso.

Información y comunicación debe ser la acción para rescatar confianza y salir del desgobierno causante del caos.

Al MARGEN. En Aragua en el marco del neo gobernador, pretenden eliminar la exoneración a estudiantes y la tercera edad costo del pasaje en los buses “rojos rojitos”. Pero el coraje priva en la mayoría y se niegan a acatar.

jordanalberto18@yahoo.com.

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Alberto Hernández

Crónicas del Olvido

1.-

No sabemos cuántos son, pero sí hemos memorizado sus nombres. Sus apellidos. Asfalto-infierno, cuerpos caídos, sangre, banderas, gritos, disparos, patrullas, cruces rojas y verdes. Cruces, cementerios en la memoria, pero más que camposantos, calles, calles, cuerpos tirados en las calles. Cuerpos vivos que se enferman luego de cruzar un río enfermo. Cuerpos muertos en todo el mapa nacional. En toda la tierra seca, húmeda, silenciosa, llorosa. Cuerpos, cuerpos, nombres y apellidos de muchachos y muchachas, de adultos y niños, viejos y nombres, apellidos, cuerpos caídos, tumbas con flores. Sepulcros con ángeles. Pero más que todo, calles, calles, marchas, nombres, apellidos, escolares, universitarios, trabajadores, desempleados, muertos, muchos muertos, muchos nombres, muchos apellidos, muchas bazucas contra un grupo de jóvenes alzados, masacrados, ajusticiados, muchos nosotros muertos en un libro que encoge el ánimo, en un libro que Golcar Rojas ha escrito para que sepamos que la tristeza también es nuestra muerte: “Obituarios de un no-país” (2017).

Es un libro cementerio. Un libro de epitafios. Un libro donde la poesía se despoja y se convierte en heridas, disparos en la frente, en el pecho, en los costados, en el vientre, en los ojos, en las piernas, en el alma de un país que ya no es. En un país que fue y ahora es un llanto mundial.

2.-

Sí sabemos cuántos son. Y tenemos sus nombres y son versos, poemas. Son nombres y apellidos que recorren la memoria de quienes también pierden la memoria, porque el dolor no necesita palabras ni recuerdos. El dolor es la misma palabra, el mismo silencio que perdura mientras la bala cruza el aire y se incrusta en la frente. O en el pecho. O una granada explota en la cabeza de un muchacho parado en una esquina. Y otro que es quemado porque una bomba revienta ante sus ojos. Y aquel que vemos caer luego de un terrible golpe de agua que le hace fracturar el cráneo contra el asfalto. Y el niño que no llega a la casa luego de hacer el mandado. Y el que llevaba una bandera y fue impedido de contar las estrellas. Poemas, muerte, mensajes en la lápida, lágrimas sobre un montón de tierra.

El mapa es una tumba abierta.

Son muchos, tantos que nos aprendimos de memoria el olvido de sabernos vivos. Son tantos los muertos, los asesinados por quienes visten de verde, de policías, de jinetes del apocalipsis en motos desde las que disparan sus armas procuradas por los mismos verdes y rojos, por quienes luego acusan a las víctimas de ser culpables de sus propias muertes.

3.-

“…el rimo de la matanza” encuentra sentido en la danza macabra de quien ordena disparar, de quien desde la camisa verde, desde la guayabera de lujo, desde sus bigotes, desde su hechicería ideológica, disfruta de los denarios que el poco país produce. Dientes manchados de petróleo, lengua de sangre. Mirada bífida y viperina. Y “Es que la bala de esos días era mucho más rápida que mi pluma”, confiesa Golcar Rojas. Son tantos los muertos, tantos los obituarios, tantos los epitafios.

El mapa es una tumba que habla.

Aquí están todos los nombres, pero también los que faltan, todos los apellidos, todo el santoral, todos los ángeles de alas abiertas del país, todos los dolores y colores, todos los gritos y ruidos producidos por los lamentos, también los chirridos de los criminales. Ese ajuste de cuentas, esa venganza de una familia que ahora tiene como campo de tiro el cuerpo de miles de nombres y apellidos.

Una lista interminable. Hay muertos que hablan. Otros no tienen palabras. Son poemas mudos. Son poemas ocultos entre la maleza de la inocencia. E inclusive, entre la cizaña de quienes disfrutan con patear la cara de una muchacha flaca. Aquella imagen en la que una mujer militar golpea con su casco a una inerme enferma en Valencia.

Y entonces el país, el no-país nos recorre en su geografía: Caracas, Mérida, Valera, Barinas, Valencia, Cumaná, San Cristóbal, Maracaibo, San Felipe, Ciudad Bolívar, Maracay. Todo el país tomado por asalto por salvajes en dos ruedas. Por criminales que se ocultan tras mastodontes de hierro y desde allí disparan mientras los muchachos se cubren con escudos de cartón.

El mapa es un cañón contra los ciudadanos.

Las imágenes se convierten en poemas desnudos. Poemas de piel helada. Poemas muertos también con toda la vida de todos los muertos. Poemas que no son poemas. Poemas que son más que poemas porque se vierten poesía en la sangre coagulada, en lo que no quieren leer los culpables. Y en la sangre que no quieren ver los escrupulosos. Poesía en cueros. Poesía en músculo rasgado. Poesía con bala de plomo. Poesía agujero en la frente. Poesía dolor y arrechera. Poesía sin palabras. Poesía vientre abierto. Poesía para leer y marcar en las paredes. Poesía con nombres y apellidos. Poesía tributo. Poesía homenaje. Poesía para despojarnos del odio y darnos a celebrar la vida.

4.-

Hay cifras que abortan. Hay cifras que recorren el espinazo de la ira: 15.890 jóvenes asesinados de diversas maneras. Y “Los hospitales son los campos de concentración de la revolución”.

Imágenes, voces que nos llaman. Nombres y apellidos. Dolores que llegan y se instalan en algún lugar del espíritu, en los ojos de esos niños que reposan inermes a la orilla de una acera mientras un policía los mira con desdén. Mientras el arma aún humea. Mientras el escudo golpea la nuca de la mujer. Mientras unos barrigones masacran a un anciano en La Isabelica, estado Carabobo. Mientras un grupo de guardias de la monarquía acorrala a un joven con deficiencias mentales en el Oriente de Venezuela.

Y así lo dice la herida que Golcar Rojas nos entrega:

“La noche nos cayó encima/ Un manto pesado y oscuro”.

Y esa misma sombra que es diaria abre la boca para morder los pasos de los que caen:

“La noche se negó a marcharse”.

Nombres y apellidos acosados por las sombras, por los murciélagos del poder, por los payasos de la burocracia, por los saltimbanquis de los ministerios, por las insignias de quienes llevan más medallas que un mariscal ruso. Todos esos son los creadores de estas noches interminables.

“A mediodía la noche seguía oscura” y “En un luto por goteo”.

5.-

A esta hora aciaga, a esta hora cuando el poema obliga a seguir trazando nombres y apellidos, “Seguimos contando muertos”. Para ellos, para los que se dicen portadores del amor “Somos sus enemigos”. Ellos, los verde/oliva se visten de colgajos para enarbolar el miedo en las esquinas.

Son tantos que no termino de contarlos. Son tantos los muertos que no alcanzan los poemas. Son tantos los epitafios que recurrimos a todas las voces para pronunciar los epitafios. Pero sí, hay tiempo y habrá para dejar sus nombres y apellidos en la memoria, así olvidemos.

Los muertos también pasarán sus cuentas. Los muertos saben de estadísticas.

Ya llegará la hora de que la noche regrese a sus orígenes.

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