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Opinión

Michael Spence

HONG KONG – Hay una serie de preguntas recurrentes que nos hacen a los economistas, que son importantes para las decisiones de empresas, individuos e instituciones en áreas como la inversión, la educación, el empleo y sus expectativas en cuanto a políticas futuras. En la mayoría de los casos, no tienen una respuesta definitiva. Pero con la suficiente información, uno puede discernir tendencias respecto de las economías, los mercados y la tecnología, y formular predicciones razonables.

En los países desarrollados, es probable que 2017 sea recordado como un período de marcado contraste, en el que muchas economías experimentaron una aceleración del crecimiento acompañada por fragmentación política, polarización y tensión, tanto en el plano interno cuanto en el internacional. Es improbable que el desempeño económico futuro sea inmune a las fuerzas políticas y sociales centrífugas, pero hasta ahora, los mercados y las economías consiguieron restar importancia al desorden político, y el riesgo de retrocesos sustanciales en lo inmediato parece relativamente pequeño.

La única excepción es el Reino Unido, que enfrenta ahora un complicado y divisivo proceso de salida de la Unión Europea. En otro lugar de Europa, a la seriamente debilitada canciller de Alemania, Angela Merkel, le está costando armar un gobierno de coalición. Nada de esto es bueno para el RU o el resto de Europa, que necesita desesperadamente que Francia y Alemania trabajen juntas para reformar la UE.

La posibilidad de que un endurecimiento de la política monetaria provoque alteraciones ha concitado mucha atención. Pero dada la mejora del desempeño económico en los países desarrollados, no parece probable que la reversión gradual de una política monetaria ultraflexible afecte seriamente los valores de los activos. Tal vez esté cerca una muy esperada convergencia ascendente de los fundamentos económicos que valide las valuaciones del mercado.

En Asia, el presidente chino Xi Jinping está en una posición más fuerte que nunca, lo que hace previsible una gestión eficaz de los desequilibrios y un crecimiento más basado en el consumo y la innovación. La India, por su parte, parece capaz de sostener el ímpetu del crecimiento y las reformas. Conforme estas economías crezcan, otras las seguirán en toda la región y fuera de ella.

En cuanto a la tecnología, especialmente la digital, todo indica que China y Estados Unidos dominarán por muchos años, ya que ambos siguen financiando la investigación básica y obtienen grandes beneficios de la comercialización de innovaciones. Ambos países también albergan las principales plataformas para la interacción económica y social, que resultan beneficiadas por efectos de red, anulación de disparidades informativas y, quizá lo más importante, aplicaciones y herramientas de inteligencia artificial que usan y generan conjuntos inmensos de datos valiosos.

Estas plataformas no son sólo lucrativas por sí mismas; también producen una variedad de oportunidades relacionadas para la creación de nuevos modelos de negocios, en ellas y en torno de ellas, por ejemplo, en publicidad, logística y finanzas. Por eso, las economías que carecen de tales plataformas, como la UE, están en desventaja. Incluso América Latina tiene un importante jugador innovador propio en comercio electrónico (Mercado Libre) y un sistema de pago digital (Mercado Pago).

En sistemas de pago móvil, China está en la delantera. Gran parte de la población del país pasó directo del efectivo al pago móvil (saltándose cheques y tarjetas de crédito), y los sistemas son sólidos.

Hace unas semanas, en ocasión del Día del Soltero (una celebración anual orientada al consumo juvenil, que se ha convertido en el mayor acontecimiento de compras del mundo), la principal plataforma de pago electrónico de China, Alipay, llegó a procesar 256 000 pagos por segundo, usando una sólida arquitectura de computación en la nube. Esta plataforma también ofrece un campo enorme para la extensión de servicios financieros (desde evaluaciones crediticias hasta gestión de activos y provisión de seguros), y está muy avanzada su expansión a otros países asiáticos mediante acuerdos de asociación.

En los próximos años, también será necesario que las economías desarrolladas y en desarrollo se esfuercen por lograr modelos de crecimiento más inclusivos. En esto anticipo que los gobiernos nacionales podrán dejar que sean las empresas, los gobiernos subnacionales, los sindicatos y las organizaciones educativas y sin fines de lucro los que tomen la iniciativa para impulsar el progreso, especialmente en lugares afectados por la fragmentación y el rechazo al establishment político.

Fragmentación que probablemente se intensificará. Todo indica que la automatización sostendrá, e incluso acelerará, cambios en la demanda de mano de obra, en áreas que van de la producción fabril y la logística a la medicina y el derecho, mientras que la adaptación de la oferta será mucho más lenta. En consecuencia, incluso si los trabajadores reciben más apoyo para atravesar las transiciones estructurales (mediante ingresos complementarios y posibilidades de capacitación para desempeñar otras tareas), es probable que crezcan los desequilibrios del mercado laboral, lo que agudizará la desigualdad y contribuirá a una mayor polarización política y social.

Sin embargo, hay motivos para un cauto optimismo. Para empezar, subsiste un amplio consenso en todas las economías desarrolladas y emergentes respecto de la conveniencia de mantener una economía global relativamente abierta.

La excepción notable es EE. UU., aunque todavía no está claro si el gobierno del presidente Donald Trump realmente pretende retirarse de la cooperación internacional o simplemente se está posicionando para renegociar condiciones más favorables a su país. Lo que sí parece claro, al menos por ahora, es que no puede esperarse que EE. UU. actúe como principal patrocinador y arquitecto del cambiante sistema global de reglas para la gestión equitativa de la interdependencia.

La situación es similar en relación con la mitigación del cambio climático. EE. UU. es ahora el único país que no está comprometido con el acuerdo de París (que se sostuvo, pese a la retirada del gobierno de Trump). Incluso dentro de EE. UU., numerosas ciudades, estados y empresas, así como una variedad de organizaciones civiles, han dado señales de compromiso creíble con el cumplimiento de las obligaciones del país de cara al clima (con o sin el gobierno federal).

Sin embargo, el mundo todavía tiene mucho camino que recorrer, ya que su dependencia del carbón sigue siendo alta. El Financial Times informa que la India alcanzará su máxima demanda de carbón en unos diez años, con un crecimiento modesto entre ahora y entonces. Existe la posibilidad de que una reducción más veloz del costo de las energías no contaminantes mejore esta realidad, pero el mundo todavía está a años de distancia de un crecimiento negativo de las emisiones de dióxido de carbono.

Todo esto hace pensar que la economía global se enfrentará a serios desafíos en los meses y años venideros. Y acecha la amenaza de un alto endeudamiento que intranquiliza a los mercados y aumenta la vulnerabilidad del sistema a perturbaciones desestabilizantes. Pero el escenario de base en el corto plazo parece ser de continuidad. El poder y la influencia económicos seguirán desplazándose hacia Oriente, sin cambios súbitos en los patrones de empleo, ingresos y polarización política y social, ante todo en los países desarrollados, y sin convulsiones obvias en el horizonte.

Traducción: Esteban Flamini

Nov 28, 2017

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 5 min


No es menester insistir en la tragedia por la que estamos pasando para enfatizar la imperiosa necesidad de cambiar el gobierno en 2018. Las evidencias son demasiado contundentes, tanto de nuestras vidas personales como por informaciones recibidas a diario sobre muertes por hambre y/o por no conseguir medicamentos, del deterioro de los servicios públicos, la hiperinflación y el desabastecimiento, sin mencionar los arrebatos despóticos del presidente contra los venezolanos. Lamentablemente, este calvario habrá de agudizarse el año venidero si no conquistamos un significativo cambio político.

Los que hoy ocupan el poder les importa un bledo la suerte de sus compatriotas, más si esta interfiere con el régimen de expoliación que usufructúan. Y liberar a las fuerzas productivas de los controles que hoy la asfixian, unificar el tipo de cambio y asegurar las garantías de un Estado de Derecho implican, precisamente, desmantelar los mecanismos por medio de los cuales depredan al país. A la oligarquía militar-civil no le interesa, por ende, concertar salidas a la presente situación con fuerzas opositoras. En prosecución de sus intereses reprime y se cae a embustes con la idiotez de una “guerra económica” para echarle la culpa a otros de sus desmanes. Es la naturaleza del fascismo.

Pero el año que viene es electoral. Si bien la oligarquía ha dado muestras fehacientes de que los mandatos constitucionales no la atan –incumplieron el cronograma para la elección de gobernadores, de los consejos legislativos, alcaldes y concejales, desconocen a la Asamblea Nacional, violan los derechos humanos--, su aislamiento en el plano internacional y la agudización de la crisis interna elevan el costo político de suspender una elección presidencial. Su previsible realización constituye, por tanto, una oportunidad decisiva para el cambio deseado, que no debe ser desaprovechada.

Perspectivas electorales

Claudio Fermín, en un artículo que ha circulado profusamente por las redes, tiene razón matemática al argumentar que el voto oficialista, con todas las trampas y marramuncias que han podido aplicar en comicios recientes, alcanzó un techo que no pasa de 6 millones. Si hay 19 millones inscritos en el registro electoral, quedarían más de 13 millones de venezolanos para derrotar a Maduro o a quien lo reemplace. Pero tal análisis deja por fuera aspectos centrales que no pueden menospreciarse:

1. Lograr que buena parte de esos 13 millones voten por el candidato democrático implica reducir sustancialmente la abstención con un candidato (unitario) que entusiasme y acordar condiciones para los comicios que inspiren confianza;

2. Al fascismo puede ocurrírsele nuevas trampas para reducir aún más el voto democrático o, simplemente, no reconocer un resultado adverso.

Condicionantes del voto democrático

Hoy se aprecia desconfianza en el liderazgo de la MUD por no haber podido (o sabido) forjar, a partir de las movilizaciones de calle, una participación exitosa en las elecciones a gobernadores y/o por haberse dejado trampear, quizás por excesiva confianza en el triunfo (no se preparó suficientemente la maquinaria de testigos). No veo pertinente en estos momentos entrar a discutir sobre quiénes recaen las mayores responsabilidades de esta frustración. Pero debe señalarse que, de no superarse este distanciamiento con el liderazgo democrático, será difícil una participación electoral exitosa en 2018. Con ello habríamos desperdiciado quizás la mejor oportunidad para derrotar contundentemente a la oligarquía militar civil. Para recuperar esta confianza, inciden varios elementos:

1) Destaca, en primer lugar, lograr condiciones para la realización de elecciones pulcras, que reflejen fielmente la voluntad popular. Las elecciones para gobernadores revelaron las descaradas trampas cometidas por el fascismo: voto asistido, voto múltiple, mudanza de centros electorales donde la oposición es mayoría, violencia contra votantes, intimidación o expulsión –por la fuerza-- de testigos opositores, control del voto a través del “carrusel” con carnés de la patria, cuando no la manipulación abierta del resultado, negando las auditorías de rigor.

2) Las candidaturas con capacidad de galvanizar en torno suyo al electorado opositor en una contienda presidencial han sido inhabilitadas: Leopoldo López, Enrique Capriles, Antonio Ledezma. Ni Ramos Allup ni Borges reúnen las condiciones para una victoria. Si bien siempre hay la posibilidad de un “outsider” que ocupe ese papel, hay poco tiempo para construir una imagen que garantice el triunfo. ¿Lorenzo Mendoza? Posiblemente, pero no creo que esté dispuesto a correr ese riesgo y, ser un empresario exitoso no es, lamentablemente, una credencial reconocida por todos en este país.

3) El fascismo, a través de su fraudulenta anc está empeñado en ilegalizar a los principales partidos de oposición: Voluntad Popular, Primero Justicia y Acción Democrática, alegando su negativa a participar en las elecciones para alcalde.

La naturaleza del poder al que nos oponemos

“Conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo y en cien batallas nunca serás derrotado" -Sun Tzu, circa 500 ac. El mayor desacierto del liderazgo opositor ha sido no entender a cabalidad lo que significa el fascismo maduro-chavista. Más allá de sus clichés comunistoides, no tiene proyecto societario alguno. Lo que persigue es la acumulación incesante de poder para cogerse el país. Tal empeño no reconoce freno moral, legal, político ni idiosincrático: carece absolutamente de escrúpulos para proseguir sus fines. Muchos pensábamos --me incluyo-- que Maduro no desconocería tan groseramente el ordenamiento constitucional al seguir adelante con su farsa de anc, ya que representaría un suicidio político.

Pero la oligarquía militar civil necesitaba de un aldabonazo final para reclamar su propiedad definitiva --exclusiva y excluyente-- sobre el país. Tenía que cortar todo vestigio de soberanía popular eliminando de hecho a la Asamblea Nacional. No bastó que el tsj espurio confiscara sus funciones y aprobara las sentencias 155 y 156, por lo que no quedó más remedio que jugárselas completo con la patraña de la anc. Aunque se echó encima la opinión internacional, con todo y sanciones, le quedó un arma --el embeleco “constituyente”— que legitima, a los ojos de su secta de secuaces, la eliminación del último apego a la soberanía popular que interfería con sus designios. Expropiaron al pueblo de todo derecho constitucional y republicano a decidir sobre los destinos de la nación, sin preocuparse por guardar las formas. La oligarquía de enchufados y militares consolidó, así, su “título de propiedad” sobre Venezuela. Y para disfrutarlo y arrostrárnoslo en la cara, obliga a que todo pase por la constituyente fraudulenta: la convocatoria a elecciones, la juramentación de los electos, la aprobación del presupuesto, la libertad de los presos políticos, la inhabilitación de partidos políticos, “leyes” absurdas y pare usted de contar.

Y uno se pregunta: con este fuero absolutista auto-asignado, ¿Se respetará la voluntad de los venezolanos? ¿Podemos esperar elecciones justas? ¿Podrá arrebátesele el poder a las mafias?

Implicaciones

Para poder “cobrar” el apoyo mayoritario y abrirles a los venezolanos salidas a la presente tragedia, el equipo negociador de la MUD tiene que exigir, como condición sine qua non para participar en la elección presidencial y, por ende, legitimarla, que sea eliminada la anc y se levanten las inhabilitaciones. No es aceptable ninguna fórmula de convivencia con la farsa constituyente. Reconocer la propiedad de la mafia sobre el país a través de tal patraña invita a que no sean respetadas las condiciones para unos comicios pulcros. ¿Y la correlación de fuerza permite que impongamos tal condición? ¿Es realista este reclamo?

Las principales fortalezas con que cuentan las fuerzas democráticas son:

1) El rechazo del régimen por parte de la gran mayoría de los venezolanos;

2) El apego por el ordenamiento constitucional y su defensa; y

3) El apoyo de la comunidad internacional democrática.

Insistir en la condición propuesta capitaliza estas fortalezas. Permitir que nos contrabandeen la anc tramposa las debilita. No hay garantía alguna de poder generar la confianza necesaria para que la gente salga masivamente a votar si permanece la anc. Que se respeten las normas legales que rigen el proceso depende de que sea eliminada. El apoyo internacional, hasta ahora (aceptablemente) militante –piénsese en el Grupo de Lima—seguramente se enfriaría si nos transamos por menos.

¿Y qué hacer si el fascismo rechaza entregar su “título de propiedad”? Simple. Gritar a los cuatro vientos que el régimen no quiere comprometerse con unas elecciones pulcras y anunciar que, bajo tales condiciones, no participaremos. Es decir, hay que jugárselas completa, sustrayéndole toda legitimidad a unos comicios diseñados para que Maduro gane. El país y la opinión internacional nos apoyarán si sabemos transmitir con claridad y firmeza esta decisión. Esta negativa a participar puede desatar mayores persecuciones, riesgo que debemos correr para fortalecer las opciones democráticas. Si bien los militares fascistas no tienen escrúpulos para reprimir, intuyo que, en estos momentos, no es para ellos lo más aconsejable, dado el escrutinio a que están sometidos por observadores internacionales. La liberación parcial de presos políticos sería un intento de “suavizar” su mala imagen.

No se trata de una postura inflexible por “principista”. Obviamente, en toda negociación es menester ceder algo. Pero hay que estar claro en qué y en qué no. Con la anc, el fascismo cruzó el Rubicón. Con ello no se puede convivir, porque es enterrar a la República y a la soberanía popular que la sustenta. Se puede acordar la aprobación del presupuesto y de operaciones de crédito público del gobierno, siempre y cuando sea reconocida y respetada en sus atribuciones la Asamblea Nacional; se puede interceder ante gobiernos amigos para que se levanten las sanciones si el régimen termina por liberar todos los presos políticos y acuerda la inspección, in situ, de organizaciones defensoras de derechos humanos; se puede ofrecer garantías de que, en un eventual gobierno de transición, no habrá persecución de chavo-maduristas por razones políticas e, incluso, acordar la participación de personeros oficialistas para asegurar que ello sea así. Pero no se puede entregar el país a una banda de mafiosos que asegurarán su destrucción y, con ello, la esclavización progresiva de los venezolanos.

Negociar desde una posición de fuerza

Negociemos desde una posición de fuerza. Los resultados electorales recientes han producido una alegría de tísico en Maduro y su combo, pero en nada han aliviado la precariedad de su situación. Ya comienzan a estallar protestas y saqueos por la situación de hambre e hiperinflación, PdVSA colapsa y escasea el combustible, no hay cómo mantener las prácticas populistas, las sanciones asfixian los negocios turbios de las mafias, facciones de ésta se pelean entre sí por un botín que decrece. No son señales de fortaleza. No le demos el respiro de un mecanismo fraudulento que confisca al país para su usufructo y compromete toda posibilidad de superar el presente desastre, para bien de los venezolanos.

Por supuesto que el liderazgo opositor tampoco se encuentra en sus mejores momentos. Pero debemos confiar en que, con una conducción certera, firme y consecuente, éste puede elevarse por encima de estas dificultades y conquistar de nuevo la confianza y apoyo que antes tuvo. Falta incluir, en esta argumentación, la necesidad de un proyecto alternativo claro y creíble al de la oligarquía militarista, que movilice a la gente, pero ello tendrá que esperar por otra entrega.

No queda más que transmitir mis deseos para que, unidos, labremos en 2018 esa Venezuela mejor que todos nos merecemos. ¡Si se puede! ¡Que sea de verdad un Feliz Año!

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

 8 min


I.

Cerramos el año con las vicisitudes del pernil decembrino, muestra de un país atascado, buena metáfora, ciertamente, de lo que es hoy en día. Representación de un país que no produce casi nada, incluso casi nada de lo que alguna vez produjo. Que importa casi todo de manera ineficiente y corrupta a través del Estado y que lo distribuye supeditándolo, carnet mediante, a la adhesión política, bajo el manto de ciertas políticas públicas que vulneran la dignidad de las personas. Es, así mismo, la metáfora del chavismo convertido en rémora luego de haber sido una gran esperanza, regentado por una élite sin otra idea entre ceja y ceja que no sea la de preservarse en el poder, usufructuándolo.

II.

Comenzando el año, el nuevo calendario trae consigo el rito de pensar en los tiempos que nos vendrán. Puestos en la faena, asusta pensar el futuro venezolano desde el episodio del pernil. El país se encuentra asfixiado por el corto plazo, con dificultades hasta para llevar a cabo lo que en el béisbol llaman las jugadas de rutina, esas jugadas cuya posibilidad de realización debe darse por descontada. Somos un país que no tiene cómo mirar más allá del lunes que viene, Que carece, así pues, de un libreto viable y acordado acerca de su destino deseable.

El Gobierno llena este vacío asomando un futuro basado en un relato épico, redactado a su manera, extraído de nuestra historia del Siglo XIX, a la que le suma un menú de ideas inspiradas en el socialismo del Siglo XX, el que se hizo trizas con la caída del muro de Berlín, fuertemente cuestionado sobre todo desde el propio campo de la izquierda. A partir de estas dos fuentes, cada una evocación a su manera del pasado, el país deriva la imagen oficial del futuro. Es un futuro obsoleto, dice uno, constatando que Venezuela no lleva el paso que marcan los tiempos que corren.

III.

Mientras tanto, el Siglo XXI sigue obrando, hasta casi cumplir sus primeras dos décadas, asomando los códigos que explican y orientan su evolución y dejando ver transformaciones muy gruesas que aluden a los cimientos mismos sobre los que se asienta la vida, tanto social como personal, de los seres humanos, asociadas a enormes desafíos desde el punto de vista político, económico, social, ético. Frente a ello Venezuela no encara otra opción, reitero, que represente algo distinto a desenvolverse en clave urgencia y como si el control de la inflación representara nuestro mejor destino posible, dejando para quien sabe cuándo la tarea de construir una mirada compartida de la sociedad, en donde todos encuentren su sitio y todos piensen que pueden llegar.

No sé si exagero, pero a través de su gobierno, el país se planta ante el futuro mirando hacia atrás. Quino, el padre de Mafalda diría que, así, seguimos construyendo la destrucción del futuro. La propia Mafalda se vería en la necesidad de recordarnos que el futuro queda hacia adelante.

El Nacional, miércoles 3 de enero de 2018

 2 min


La crisis de Venezuela está pasando, inexorablemente, de ser catastrófica a ser inimaginable. El nivel de miseria, sufrimiento humano y destrucción ha llegado a un punto en que la comunidad internacional debe repensar cómo puede ayudar.

Hace dos años, advertí que en Venezuela se avecinaba una hambruna similar al Holomodor de Ucrania entre 1932 y1933. El 17 de diciembre, The New York Times publicó en su portada fotografías de este desastre, provocado por el hombre.

En julio, describí la calamidad económica sin precedentes por la que atraviesa Venezuela y documenté el colapso en la producción, los ingresos, y los niveles de vida y salud. Probablemente, la estadística más reveladora que cité fue que el sueldo mínimo (el que en Venezuela gana el trabajador mediano), medido en la caloría más barata disponible, había caído de 52.854 calorías diarias en mayo de 2012 a tan solo 7.005 en mayo de 2017, completamente insuficiente para alimentar a una familia de cinco personas.

Desde entonces, la situación ha empeorado de manera drástica. Para el mes de noviembre, el sueldo mínimo se había desplomado a apenas 2.740 calorías diarias. Y la escasez de proteínas es todavía más aguda. El abastecimiento de carne de cualquier tipo es tan reducido, que el precio de un kilo en el mercado equivale a más de una semana de trabajo remunerado al sueldo mínimo.

Las condiciones de salud también han decaído, como consecuencia de las deficiencias nutricionales y de que el gobierno decidió no proveer fórmula para lactantes, vacunas contra enfermedades infecciosas, medicamentos para quienes están en tratamiento por SIDA, cáncer, diálisis y trasplante, y también los suministros generales de los hospitales. Desde el 1 de agosto, el valor del dólar ha añadido un cero, y desde septiembre, la inflación ha estado por encima del 50% al mes.

De acuerdo a la OPEP, desde mayo la producción de petróleo ha declinado el 16%, una reducción de más de 350.000 barriles al día. Para detener este declive, el gobierno del presidente Nicolás Maduro no ha tenido mejor idea que arrestar a alrededor de 60 ejecutivos de PDVSA, la empresa petrolera estatal, y nombrar a un general de la Guardia Nacional sin experiencia en la industria para conducir sus operaciones.

En lugar de tomar medidas para poner fin a esta crisis humanitaria, el gobierno la está usando para consolidar su control político. Rechaza los ofrecimientos de asistencia internacional, al tiempo que, para sofocar las manifestaciones, invierte sus recursos en adquirir sistemas de control de disturbios de grado militar fabricados en China.

Muchos observadores externos creen que el gobierno perderá poder a medida que la economía siga empeorando. Sin embargo, la oposición política organizada está hoy en una posición de mayor debilidad que en julio, a pesar de la crisis y del masivo apoyo diplomático internacional. Desde entonces, el gobierno ha instalado una Asamblea Constituyente inconstitucional con plenos poderes, ha cancelado el registro electoral de los tres principales partidos de oposición, ha destituido a alcaldes y diputados legítimamente elegidos, y se ha robado tres elecciones. 1

Dado que todas las soluciones son imprácticas, inviables o inaceptables, la mayoría de los venezolanos anhelan alguna forma de deus ex machina que los salve de esta tragedia. Lo mejor sería poder convocar elecciones libres y justas para llegar a tener un nuevo gobierno. Este es el Plan A de la oposición venezolana organizada en torno a Mesa de la Unidad Democrática, y es lo que se busca en las conversaciones que se están realizando en la República Dominicana.

No obstante, es un desafío a la credulidad pensar que un régimen dispuesto a matar de hambre a millones de personas para mantenerse en el poder, va a ceder ese poder en elecciones libres. En la década de 1940 en Europa Oriental, los regímenes estalinistas consolidaron su poder pese a sufrir derrotas electorales. El hecho de que el gobierno de Maduro se haya robado tres elecciones tan solo en 2017, y que haya bloqueado la participación electoral de tres de los partidos con los cuales está negociando en República Dominicana, de nuevo a pesar de una atención diplomática internacional masiva, sugiere que el éxito es improbable.

La idea de un golpe militar para restaurar el orden constitucional agrada menos a muchos políticos democráticos porque temen que después los soldados no regresen a sus cuarteles. Por lo demás, el régimen de Maduro ya es una dictadura militar, con oficiales a cargo de muchas agencias gubernamentales. Los oficiales de alto rango de las fuerzas armadas son esencialmente corruptos, habiendo participado durante años en actividades de contrabando, delitos cambiarios y en las compras públicas, narcotráfico y muertes extrajudiciales que, en términos per cápita, son tres veces más prevalentes que en Las Filipinas de Rodrigo Duterte. Un número importante de altos oficiales decentes han estado renunciando a las fuerzas armadas.

Las sanciones focalizadas en individuos, que administra la Office of Foreign Assets Control (OFAC) de Estados Unidos, están incomodando a muchos de los bandidos que gobiernan Venezuela. No obstante, en el mejor de los casos son muy lentas, pues para el tiempo que rindan el efecto deseado se habrán producido decenas de miles de muertes evitables y se habrán ido al exterior millones de nuevos refugiados venezolanos. Y, en el peor de los casos, nunca surtirán efecto. Al fin y al cabo, sanciones como estas no han conducido a un cambio de régimen en Rusia, Corea del Norte, ni Irán.

Esto nos deja con una posible intervención militar internacional, solución que asusta a la mayoría de los gobiernos latinoamericanos a causa de la historia de agresiones contra sus intereses soberanos, especialmente en México y Centroamérica. Pero es posible que estas no sean las analogías históricas correctas. Después de todo, Simón Bolívar pasó a ser llamado el Libertador de Venezuela gracias a la invasión de 1814 organizada y financiada por la vecina Nueva Granada (hoy Colombia). Entre 1940 y 1944, Francia, Bélgica y los Países Bajos no lograron liberarse de un régimen opresivo sin una acción militar internacional.

La implicación es clara. A medida que la situación en Venezuela se torna inimaginable, sus posibles soluciones se acercan a lo inconcebible. La Asamblea Nacional debidamente elegida hace dos años, en la cual la oposición tiene una mayoría de dos tercios, ha sido despojada de todo su poder de manera inconstitucional por una Corte Suprema nombrada inconstitucionalmente. Y las fuerzas armadas han empleado ilegítimamente su poder para reprimir las protestas y obligar a exiliarse a muchos líderes, entre ellos los jueces de la Corte Suprema que la Asamblea Nacional nombró en julio.

Si se trata de soluciones, por qué no considerar la siguiente: la Asamblea Nacional podría destituir a Maduro y al narcotraficante de su vicepresidente, Tareck El Aissami, sancionado por la OFAC y a quien el gobierno estadounidense le ha embargado más de US$ 500 millones. Dado este vacío de poder, la Asamblea, nombraría de forma constitucional a un nuevo gobierno, el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945. Más cerca de casa, esto sería semejante a la liberación de Panamá de la opresión de Manuel Noriega por parte de Estados Unidos, la que marcó el inicio de su democracia y del crecimiento económico más rápido de América Latina.

De acuerdo al derecho internacional, nada de esto requeriría la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (que Rusia y China podrían vetar), puesto que la fuerza militar sería invitada por un gobierno legítimo en busca de apoyo para defender la constitución de su país. La existencia de una opción como esta incluso podría mejorar la probabilidad de que las negociaciones que se están llevando a cabo en la República Dominicana lleguen a un resultado exitoso.

El colapso de Venezuela es contrario al interés nacional de la mayoría de los países. Y las condiciones imperantes en el país constituyen un delito de lesa humanidad al que se debe poner fin por razones morales. El fracaso de la Operación Market Garden en septiembre de 1944, inmortalizado en el libro y el film "Un puente lejano", se tradujo en la hambruna del invierno 1944-1945 en los Países Bajos. La hambruna en la Venezuela de hoy ya es peor que esa. ¿Cuántas vidas más serán destrozadas antes de que arribe la salvación?

Project Syndicate

Enero 2, 2018

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 6 min


La situación política da margen para ser optimistas. La dictadura finalizará a más tardar a fines del 2018. Ya Maduro no podrá permanecer en el poder, incluso si sigue contando con el apoyo del general Padrino López y de los magistrados sumisos del TSJ. Evidentemente el mandado no está hecho. Todo dependerá de la actuación de la oposición.

Del lado de los totalitarios se produjo un hecho inesperado cuando la Fiscal Luisa Ortega hizo graves denuncias y el usurpador Tarek Saab, siguiendo instrucciones de Maduro, decidió acusar de corrupción a 69 gerentes de Pdvsa, incluyendo a su presidente, al ministro de Energía y Petróleo y, recientemente, a Bernard Mommer, la eminencia gris detrás de Alí Rodríguez y de Rafael Ramírez. Considerando la importancia de Pdvsa, de que los acusados son todos rojos confesos y que fueron designados en esos altos cargos por Chávez y Maduro, sin duda que este hecho tendrá repercusiones entre los “revolucionarios”.

Caben especulaciones sobre el por qué Mirallores decidió dar ese paso. ¿Luchas entre mafias por el botín de Pdvsa? Puede ser. ¿Medida para intentar persuadir a sus pocos seguidores de que el gobierno no tolera la corrupción? Muy probable. Entendamos que el régimen se está ahogando y requiere una medida efectista para intentar disminuir el rechazo por parte de la población. Pocos se pueden tragar el cuento de que Saab es un santo adalid en contra de la corrupción. Desde hace años varias organizaciones y personalidades han denunciado el saqueo de Pdvsa y, sin embargo, los señalados siguieron haciendo de las suyas. Ahora, la desesperación los obligó a echar al foso a varios de los consentidos. Seguramente vendrán otros, pero ello no será suficiente para desviar la atención sobre la responsabilidad de Maduro, de sus ministros, del Contralor y de los magistrados del TSJ.

Por otra parte, la gente está hastiada de los problemas de escasez y del alto costo de la vida. La protesta es general y no hay general que pueda contenerla. Las excusas de sabotaje y de guerra económica para intentar justificar la falta de gasolina, de diesel, aceites lubricantes gas de bombonas son no solo embustes, sino ridículas. Todos conocen que antes Venezuela exportaba combustibles y productos refinados. La producción de cerdos y de aves abastecía la demanda interna. Es patético que Maduro diga que venían “dos grandes barcos cargados de perniles, pero que Portugal los saboteó”. ¿Qué pensará al respecto Alberto Cudemus, el rojo productor de cochinos, quien en el 2015 declaró que las importaciones de pernil no representaban ni el 5% de lo que se producía en el país?

La mesa está servida por el propio régimen para propiciar su salida. El empujón final tiene que darlo la oposición. El comunicado de Fin de Año de la Unidad Democrática es esperanzador. A la par de los logros en materia de apoyo exterior, reconoce que “la Unidad incurrió en errores y omisiones graves, que es necesario reconocer con humildad y objetividad”. Entre ellos, menciona la falla comunicacional, subestimar la estrategia de control electoral del régimen, sobreestimación de la capacidad organizativa de la Unidad, no lograr posición unitaria en las elecciones de alcaldes y no acompañar al pueblo en sus quejas.

En el mencionado Comunicado, se comprometen a “a acompañar, interpretar y tratar de resolver las necesidades actuales y urgentes de las familias que sufren por esta terrible crisis humanitaria, reforzar la unidad interna y con el país, escogencia de un candidato presidencial unitario junto con una propuesta igualmente unitaria de acciones concretas de gobierno, seguir explorando vías de negociación con respaldo internacional e insistir en las banderas de que haya elecciones libres y transparentes, que se libere a la Asamblea Nacional, que suelten a todos los presos políticos y que haya comida para que la gente no muera de hambre”.

Consideramos que el Comunicado es impecable. Lamentablemente, aparece suscrito en forma un tanto anónima. Aspiramos que todos los actores políticos del sector democrático lo firmen y que no se convierta en letra muerta. Si lo practican estamos seguros de que el régimen habrá llegado a su fin. Caso contrario el pueblo no perdonará otro engaño. El 2018 será muy difícil desde el punto de vista de la economía. Los venezolanos tendrán dificultades para sobrevivir, el régimen no rectificará, pero se visualiza una solución, siempre y cuando la oposición cumpla lo prometido en su Comunicado del 29 de diciembre del 2017.

Como (había) en botica:

Rafael Ramírez, acusado de corrupción por sus compañeros revolucionarios, ahora alega que durante doce años advirtió de los errores que se estaban cometiendo y que en Venezuela se viola la Constitución al condenar por TV y no presumir la inocencia. ¿Acaso él no practicó y avaló esos procedimientos, ofreciendo sacar a carajazos de Pdvsa a quien no fuese rojo-rojito? ¿Por qué en una oficina pequeña de Pdvsa en Viena el jefe era Mommer y también trabajaba su esposa, igualmente acusada de corrupta? Mommer mató la Orimulsión y muchos dicen que fue por “intereses creados”. El valiente sindicalista Iván Freites tuvo que salir del país porque el régimen pretendía apresarlo por sus denuncias sobre el grave deterioro de las refinerías.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Miguel Rodríguez Torres

El año que finaliza queda para nuestra historia como el más duro que nos ha tocado vivir a las generaciones presentes. Venezuela termina el 2017 signada por una crisis que aún marca con fuego la dimensión espiritual, política, económica y social de la República.

En lo *espiritual* tenemos una sociedad dividida, desmotivada, con miedo, desmovilizada y manipulada por el hambre y la desesperación, llena de resentimientos que la corroen y que a cada intento de romper la inercia fenoménica termina en frustración.

En lo *político* estamos atrapados entre quienes juegan con la miseria y los que aspiran poner las manos en el botín para disfrutar de él. Políticos que promueven la guerra y no el diálogo fructífero que pone los intereses nacionales y del pueblo por encima de los de su partido o facción. En esa estrategia perversa, que va en varias direcciones, ninguno se reconoce ni se respeta, actitud con la que alimentan el aplastamiento espiritual y moral de la sociedad.

La *economía* venezolana, está entregada a un neoliberalismo desordenado y desarticulado que la dolariza engañosamente. El pueblo debe entender que sin poner el aparato productivo a funcionar a toda máquina, eliminar el control cambiario, redimensionar al Estado y sacudir la institucionalidad para ponerla al servicio transparente de la gente no habrá manera de salir del laberinto.

Todo esto desemboca en la grave crisis social que se traduce en pobreza, pobreza espiritual, intelectual, material y la peor de todas sus formas: pobreza de actitud, esa que hace que se vote por un candidato que no nos gusta, a cambio de dádivas. Esa actitud que entrega la libertad y la democracia a cambio de cualquier mendrugo dejado caer por los importadores de turno.

Ahora toca dar inicio al 2018 con un gran Desafío De Todos: romper esa realidad donde más del 80% de los venezolanos rechaza al actual gobierno por razones diversas y NO hay manera de salir de la tormenta sin cambiar al capitán del barco.

En las diversas alternativas electorales estudiadas, solo una se perfila como capaz de vencer y abrir los cauces a una robusta democracia participativa:

El primer paso es EL CONSENSO. Entender y hacer entender que se requiere de un candidato único, que nazca del consenso, y que necesariamente no esté afiliado a ningún partido de los tradicionales en la política venezolana. Ese candidato debe recorrer el país con apoyo de todo aquel que quiera un cambio sustancial de la realidad y organizar una maquinaria eficiente y valiente para la defensa del voto. Las primarias solo pondrían todo en bandeja de plata para que repita el actual gobierno. Por eso es el consenso, motivador, movilizador, el que puede darle jaque electoral al PSUV.

El Segundo paso es LA ORGANIZACIÓN. Logrado el consenso debe organizarse un equipo de gobierno incluyente, un gabinete de concertación nacional donde estén representados todos los sectores del país. Lograr eso garantizaría la gobernabilidad necesaria en los tiempos post Maduro que no serán nada fácil.

El tercer paso es el diseño de un plan que garantice la GOBERNABILIDAD: Quizás lo más complejo, gobernar con las condiciones que deje el actual gobierno: 20 gobernadores, 300 alcaldes, TSJ, CNE, una espada de Damocles como la ANC y una Fuerza Armada con serias interrogantes. Superar eso requerirá gran consenso, amplio diálogo nacional de alto nivel, reconocimiento de cada actor político y de todas las instituciones que conforman el poder nacional y la disolución de una ANC que usurpa permanentemente los espacios del resto de los poderes y que no ha resuelto absolutamente nada de lo que en campaña ofreció. Además se haría necesaria la elección de miembros del CNE que garantice transparencia en los procesos electorales que habrá que realizar en la gran jornada de democratización. Paralelamente debemos aplicar medidas económicas que permitan recuperar la confianza y abrir nuestros mercados al mundo globalizado.

En este escenario PDVSA debe ser relanzada y remoralizada entendiendo que es el motor fundamental de todo plan económico que se pretenda aplicar en Venezuela y la puerta para iniciar negociaciones con socios estratégicos que en un nuevo ambiente de honestidad y confianza puedan ayudar a la refinanciación de la deuda y lograr la captación de recursos frescos necesarios para impulsar la economía nacional. La alianza estrecha y sincera con el sector agropecuario y agro industrial debe ser prioridad para producir lo que nos comemos si de verdad queremos izar la bandera de la soberanía.

La seguridad ciudadana debe ser un tema de abordaje INMEDIATO. Siendo un problema profundamente social, cada paso que demos en la solución de la crisis debe sumar a la seguridad de los ciudadanos. Debemos aplicar un plan nacional de seguridad muy amplio, desde conceptos integradores y con la asignación de los recursos necesarios. Este plan será parte del soporte para el relanzamiento de la economía. La atención a los núcleos más duros de pobreza extrema debe ser igualmente una prioridad dado el incremento estadístico de tales espacios en los últimos tres años.

Resumir todo lo que ha de hacerse para la renovación de Venezuela resulta difícil, sin embargo éste ejercicio nos permite reconocer que salir de la crisis se logrará a través del consenso y del compromiso con la reconciliación en torno al sueño de prosperidad, orden, justicia, seguridad y paz verdadera.

No es un imposible, ni es una complejidad que supera nuestras capacidades. Requiere voluntad, amor a Venezuela y una actitud correcta y propositiva de líderes valientes, capaces de dejar de lado sus aspiraciones personales para asumir el Desafío de Todos y para Todos. De lograrlo los venezolanos podremos decir ¡FELIZ AÑO 2018!

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Arichuna Silva Romero

«—Pero entonces, ¿qué te consuela?

—La certeza de mi libertad interior —respondió Maurice tras un instante de reflexión—, que es un bien precioso e inalterable, y de que conservarlo o perderlo sólo depende de mí. De que las pasiones llevadas hasta el extremo, como ahora, acaban por apagarse. De que lo que tenido un comienzo tendrá un final. En una palabra, de que las catástrofes pasan y hay que procurar no pasar antes de ellas, eso es todo. Así que lo primero es vivir: Primum vivire. Día a día. Vivir, esperar, confiar.»

Irène Némirovsky (1903-1942) / Suite Francesa (2004)

I

A mediados del mes de junio de 1942, Irène Némirovsky, debió haber escrito muy rápido las últimas líneas de su trabajo ambicioso: Suite Francesa. Proyecto, que a la postre, quedaría inconcluso. Pues, un presentimiento le decía que le quedaba poco tiempo de vida. Su condición de judía, ya estaba bajo el control de los operarios del sistema de exterminio nazi.

De su vida, podemos reseñar, que fue toda una tribulación. En ella sola, se encarnaron, los más funestos actos malvados que se pudieron cometer a un ser humano, y que, apartando el método extremo del holocausto que se empleó en otrora; en la contemporaneidad que se vive, muchos de ellos se siguen practicando abiertamente o sutilmente, a través de otros métodos según sea el caso y bajo los auspicio de la democracia. Y es que todo, obedece a esa palabra medular que no termina de ser digerida por ciertos seres humanos: Intolerancia.

En este orden de ideas, qué diferencia existe, entre la estrella amarilla y negra que portaba Irène como una más, de los miles de judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial; y las etiquetas verbales de “escuálido” o “apátrida” que desde el régimen chavista-madurista se impusieron a una parte de la sociedad venezolana. Del mismo modo, cómo apreciar el éxodo que sufrió esa afamada escritora, siendo niña, tras huir con su familia de Kiev; al llegar la revolución bolchevique en 1917, por el sólo hecho que poseían una inmensa fortuna. Y lo que observamos en Venezuela, en relación al éxodo masivo de venezolanos por causa de un régimen militarista-totalitarista, que le cerró las puertas de su bienestar y progreso. Pero, no sigamos abriendo más las grietas que poseemos, las cuales son de dominio público.

Dejemos, que sean las notas de Irène Némirovsky, las que nos retraten la situación de Francia luego de la invasión nazi. En ellas veremos cómo plasmó, la actitud «aborrecible» (como la describió) de una parte de los ciudadanos franceses ante la derrota y el colaboracionismo. Muy comparable, con la situación de desazón y decaimiento que impera la Venezuela de estos últimos dieciocho años. La República que fue llamada a refundarse a partir de 1999, por todos. Donde el miedo, la cobardía, la traición, la aceptación de la humillación, la persecución y las masacres han estado a la Orden del Día.

Males, que Irène vivió día a día, esperando confiadamente que su catástrofe pasara —y esto, a pesar—, de que no tenía ninguna ilusión sobre su propio destino. El 13 de julio de 1942, los gendarmes franceses llamaron a su puerta y la detuvieron y, posteriormente, la enviaron a Auschwitz, donde murió asesinada el 17 de agosto. Su esposo Michel Epstein, lo deportaron tres meses después y también fue muerto en Auschwitz el 6 de noviembre. Por su parte, y gracias a la Divina Providencia y a la diligencia de la tutora que estaba a cargo de sus dos hijas, las niñas pudieron sobrevivir.

Recordemos seguidamente estas notas, para el presente que vivimos:

II

«¡Dios mío! ¿Qué me hace este país? Ya que me rechaza, considerémoslo fríamente, observémoslo mientras pierde su honor y la vida. Y los otros, ¿qué son para mí? Los imperios mueren. Nada tiene importancia. Se mire desde el punto de vista místico o desde el punto de vista personal, es los mismo. Conservemos la cabeza fría. Endurezcamos el corazón. Esperemos.

1942. Los franceses estaban cansados de la República como de una vieja esposa. Para ellos, la dictadura era una cana al aire, una infidelidad. Lo que querían era engañar a su mujer, no asesinarla. Ahora que ven muerta a su República, su libertad, lloran.

Todo lo que se hace en Francia en cierta clase social desde hace unos años no tiene más que un móvil: el miedo. Ha llevado a la guerra, la derrota y la paz actual. El francés de esa casta no siente odio hacia nadie; no siente ni celos ni ambición frustrada, ni auténtico deseo de revancha. Está muerto de miedo. ¿Quién le hará menos daño (no en el futuro, en abstracto, sino ahora mismo y en forma de patadas en el culo y bofetadas)? ¿Los alemanes? ¿Los ingleses? ¿Los rusos? Los alemanes le han pegado, pero el correctivo está olvidado, y los alemanes pueden defenderlo. Por eso está «Por los alemanes». En el colegio, el alumno más débil prefiere la opresión de uno solo a la libertad; el tirano lo humilla, pero prohíbe a los otros que le birlen las canicas y le peguen. Si se libra del tirano, está solo, abandonado en medio de todos.

III

Hay un abismo entre esa casta, que es la de nuestros dirigentes actuales, y el resto de la nación. Los otros franceses, como poseen menos, temen menos. Como la cobardía no les ahoga en el alma los buenos sentimientos (patriotismo, amor a la libertad, etc.), éstos pueden nacer. Ciertamente, entre el pueblo se han amasado muchas fortunas en los últimos tiempos, pero son fortunas en dinero devaluado, que no se pueden transformar en bienes reales, tierras, joyas, oro, etc. Nuestro carnicero, que ha ganado quinientos mil francos de una moneda cuya cotización en el extranjero (exactamente cero) conoce, le tiene menos aprecios que un Péricand a sus propiedades, un Corbin¹ a su banco, etc. El mundo está cada vez más dividido entre los que poseen y los que no poseen. Los primeros no quieren soltar nada y los segundos quieren cogerlo todo. ¿Quién ganará?

Los hombres más odiados de Francia en 1942: Philippe Henriot² y Pierre Laval. El primero como el tigre, el segundo como la hiena. Alrededor del uno se percibe el olor a sangre fría y alrededor del otro, el hedor a carroña.

Quieren hacernos creer que vivimos en una época comunitaria en la que el individuo debe perecer para que la sociedad viva, y no queremos ver que es la sociedad la que perece para que vivan los tiranos.

Esta época que se cree «comunitaria» es más individualista que la del Renacimiento o la de los grandes señores feudales. Todo ocurre como si en el mundo hubiera una suma de libertad y poder compartida tan pronto entre millones como entre uno solo y millones. «Tomad mis sobras», dicen los dictadores. De modo que no me vengan con el espíritu comunitario. Estoy dispuesto a morir, pero como francés y como racional quiero entender por qué muero, y yo, Jean-Marie Michaud³, muero por P. Henriot, P. Laval y otros señores, del mismo modo que un pollo al que matan para servirlo en la mesa de esos traidores. Y yo sostengo que el pollo vale más que los que se lo comerán. Sé que soy más inteligente, mejor, más valioso a los ojos del bien, que los susodichos. Ellos tienen la fuerza, pero una fuerza temporal e ilusoria. Se la quitará el tiempo, una derrota, un capricho del destino, la enfermedad (como ocurrió en el caso de Napoleón)… Y la gente se quedará boquiabierta: «¿Cómo? —dirá—. ¿Y esto era lo que nos hacía temblar?» Tengo auténtico espíritu comunitario si defiendo mi parte y la de todos contra la voracidad. El individuo no tiene valor si no siente a los otros hombres. Pero que sean «los otros hombres», no «un hombre». La dictadura se funda en esa confusión.

Napoleón sólo desea la grandeza de Francia, dice, pero le grita a Metternich: «la vida de millones de hombres me importa un comino».

Hitler: «No lucho por mí, sino por Europa» (empezó diciendo «no lucho por el pueblo alemán». Piensa como Napoleón: «la vida y la muerte de millones de hombres me importan un comino».

  1. Personajes de Suite francesa.
  2. Diputado católico por la Gironde, Philippe Henriot (1889-1944) fue uno de los propagandistas más escuchados y más eficaces del régimen de Vichy. Miembro de la Milicia desde su creación en 1943, a principios de 1944 entró en el gobierno presidido por Pierre Laval, en cuyo seno propugnó la colaboración a ultranza. Murió a manos de la Resistencia en junio de 1944.
  3. Personaje de la novela.

MSc. Arichuna Silva Romero

@asiromantis

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