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Opinión

Marino J González

La hiperinflación está aquí. No se habla de otra cosa. El aumento de los precios adquiere características nunca padecidas por los venezolanos. La creencia o intención del gobierno de que podía hacer olvidar la situación con cualquier anuncio distractor, ya no la cree nadie. Lo cierto del caso es que las previsiones del FMI, reportadas en abril de 2016, es decir, hace 18 meses, se han concretado con toda su intensidad. Especialmente porque se inicia la hiperinflación con una contracción económica de casi cuatro años de evolución. Es decir, el país entra en una nueva fase de destrucción económica, la más grande que puede padecer una sociedad, en las peores condiciones.

De acuerdo con los investigadores de la Universidad Johns Hopkins, Steve Hanke y Nicholas Krus, la de Venezuela es la hiperinflación número 57 documentada en el mundo. Es la segunda hiperinflación del siglo XXI, después de la Zimbabwe entre 2007 y 2008. Además, es la segunda hiperinflación de un país de la OPEP, pero es la primera en un país de esta organización sin guerra civil. Por otra parte, es la primera hiperinflación en América Latina desde la sufrida por Perú en 1990. En otras palabras, esto es un desastre descomunal. Es indudable que la hiperinflación dividirá en dos la historia reciente del país.

Ya entrando entonces en esta nueva etapa, con la hiperinflación en cada esquina donde los venezolanos vayan a comprar algo, y en la total desprotección producida por la inmensa negligencia del gobierno, quizás sea bueno preguntarse cuánto tiempo puede durar. Especialmente cuando sabemos que cada día que pase es destrucción del ingreso, de la capacidad de compra de las familias, de hambre, de pérdida de protección en los servicios públicos. La hiperinflación va a trastocar la vida cotidiana de los venezolanos, en toda su extensión.

Para conocer la posible duración de los episodios de hiperinflación, se puede examinar lo que ha sucedido con los anteriores procesos. El promedio de duración de los 56 episodios previos es 11 meses. La minoría de los episodios son de la menor duración posible, esto es, un mes. Más de la mitad de los episodios duran al menos tres meses. Casi la mitad de los episodios han durado al menos un año, teniendo casos extremos como los de Nicaragua (57 meses), y de Azerbaiyán y Ucrania, casi 36 meses en ambos países.

Todo lo anterior indica que si no existe la voluntad del gobierno para modificar esta situación, como es el caso de Venezuela, no queda duda de que la debacle hiperinflacionaria puede ser inmensa. Fundamentalmente porque la pretensión del actual gobierno no es resolver la hiperinflación, sino realizar unas elecciones que lo relegitimen. Pero eso no será necesariamente para emprender un programa de transformación económica. Nada de eso. De manera que, lamentablemente, lo que queda de 2017, y muy probablemente el año 2018, serán una etapa trágica para la vida de los venezolanos. La hiperinflación será el adversario más temible de todos los días. Sobre eso no habla el gobierno, por razones obvias. Los actores políticos y sociales apenas comienzan a apreciar la profundidad de la crisis hiperinflacionaria. Casi dos años después de que estaba en el horizonte. La historia determinará las responsabilidades de la tragedia que está destruyendo los medios de intercambios de los venezolanos. Keynes tenía mucha razón cuando dijo hace casi un siglo que la destrucción de la moneda es la mayor afectación de las sociedades.

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Jesús Elorza G.

Se encontraban un grupo de jóvenes en su rutina diaria de jugar al baloncesto, cuando fueron interrumpidos por la información que vociferaba uno de ellos: Se enteraron, Greivis Vásquez es el jugador mejor pagado de la NBA.

-Tú lo que estas es loco…..respondieron los presentes. Stephen Curry de los Golden State Warriors hoy por hoy es el jugador mejor pagado con un salario de aproximadamente 34 millones de dólares por temporada. LeBron James de los Cavaliers es el segundo con 33 millones anuales y Paul Millsap del equipo Denver Nuggets ocupa la tercera posición con un contrato de 31 millones de dólares por año. Entre los diez jugadores mejor pagados del baloncesto profesional de los Estados Unidos no está el jugador que tú dices…..nos estas cayendo a muelas.

No vale, respondió el informante. Les juro que la información es cierta.

-Explícate o justifica lo que estás diciendo perro cobero.

Lo que pasa pana, es que lo de ustedes es puro drible y canasta y no se enteran de lo que ocurre en otras partes. Déjenme decirles, que recientemente un militar con rango de Mayor General que fue Ministro del Poder Popular para la Alimentación, afirmó en una entrevista exclusiva publicada por el diario El Nacional que: “el Tesorero de la Republica Erick Malpica Flores, pidió cancelar al basquetbolista Greivis Vásquez 18 millones de dólares que se le debía”.

Bueno mis panas, lo señalado por ese general, sin lugar a dudas, coloca a ese jugador en la cúspide como el mejor pagado de la “Asociación Nacional de los Bolichicos o Boliburgueses” (NBA por sus siglas en ingles). Quien pude imaginarse, un pago de dieciocho millones en una sola jugada. Claro, hay que entender que este basquebolista tiene un “Agente” o padrino de alto rango. Nada más y nada menos que el Tesorero de la Republica. Y además, sobrino de Cilia la esposita de Nicolás. Con esos fiadores, quien se va a negar a pagarle…..quien lo haga esta destituido, preso o con el mosquero en la boca.

Ah, se me olvidaba decirles, que el pelotero Carlos Guillen también forma parte de los mejores pagados en la Asociación Nacional de Boliburgueses” (NBA) con el negocio de la carne y su agente-padrino de alto rango, ocupa la vicepresidencia del país.

Como ustedes solo hablan el lenguaje del baloncesto, me voy a permitir explicarles esta jugada de los bolichitos en sus propios términos: Greivis entró a la cancha y en dos pases con su agente realizaron un Quiebre Rápido para cobrar los billuyos. En la defensa, el jugador y su agente se especializaron en el robo de pelotas….pero pelotas de real. Sus desplazamientos por los ministerios, lo realizaban sin ningún problema gracias a las “Cortinas” que le hacían los funcionarios. Los árbitros (Fiscalía y Jueces) siempre están mirando para otro lado, solo acusan y condenan a los jugadores de oposición que denuncien las malas jugadas.

Para que todo quede en familia, la madrina del equipo es la Primera Combatiente y el salto entre dos lo hace Nicolás. En las gradas solo se permite la entrada gratis a todos aquellos que tengan el Carnet de la Patria.

Los jóvenes que estaban en la cancha, no podían creer lo que estaba diciendo el compañero y al final decidieron incorporarse a la lucha democrática para enfrentar la corrupción y contribuir en la construcción de una Venezuela Libre. Su primera decisión fue la de bautizar a su equipo con el nombre de “Resistencia” y denunciar a los jugadores mejor pagados de la NBA.

Al ver y sentir el impacto negativo sobre su persona por las declaraciones del general, Greivis decidió jugar en los dos tableros. Acto seguido, grabó una cuña para la televisión al lado de Lorenzo Mendoza e iniciar una campaña por toda América, apoyando a un sobrino de este para el cargo de Director General de la Federación Internacional de Baloncesto para el área americana……seguro está en la búsqueda de otros millones de dólares, dijo uno de los jóvenes.

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Asdrúbal Aguiar

Su compatriota de la izquierda, Isabel Allende, afirmaba que “el exilado mira hacia el pasado, lamiéndose las heridas”, en una suerte de descripción sobre la tragedia de quienes son vomitados por la injusticia y arrancados de su lar natural, obligándoselos incluso a perder la memoria de pertenecer a algo; con lo que solo queda reconcomio, recuerdo de lo perdido y que no volverá, y al término tristeza, abulia, que es eso, en efecto, la muerte civil y ciudadana.

Fernando Mires, a quien no conozco y leo de modo eventual sus artículos, sufre su exilio durante la dictadura chilena de Augusto Pinochet en Alemania, que es como viajar a otro planeta, distante; si bien su patria de origen, en lo particular, mixtura su población con emigrantes, cuando en 1846 le abre sus puertas a más de 6.000 familias de la entonces Confederación germana. Y allí, entre lejanía y cercanía, rehace su biografía, como lo sugiere.

Cierto es que cada exiliado vive o mira su tragedia desde una óptica personal, habiendo quienes hasta asumen la postura extrema de la mujer desengañada: ¡Si te he visto, no te recuerdo!

Pero es injusta, mezquina, producto de un criterio liviano que mal habla de su alegada formación intelectual y quizás adobado por compromisos nacidos de la razón práctica, la afirmación de Mires en cuanto al exilio venezolano actual, al que busca aconsejar. “La política de y en el exilio, no existe”, escribe en su Twitter. Al término, por ende, intenta prosternar el esfuerzo que hacen centenares de miles de mis compatriotas, víctimas de la narcodictadura que dirige Nicolás Maduro, para cercarlo y ponerle término final. Más nada vale esto, según él. “Las decisiones de la dirigencia opositora en el exilio no influyen en la situación de Venezuela”, ajusta, y opone su experiencia personal.

El caso es que la verificación de su sentencia parte de premisas equivocadas, imposibles de extrapolar desde el siglo XX hasta el siglo XXI, cuando se hacen líquidas las fronteras y las informaciones, e incluso, el propio manejo del poder social y político contemporáneo. Olvida, además, que Cicerón recuerda que solo hay destierro “allí donde no hay lugar para la virtud”.

Habla, al efecto, del fracaso del exilio cubano, como si acaso hubiese sido rendidor en la lucha contra el ostracismo impuesto a los cubanos por la satrapía de los Castro la tarea de los líderes opositores internos; de quienes queda, en buena hora, es el caso de Rosa María Paya y de Yoani Sánchez, lo mismo que dejan sus compatriotas de la denostada Miami: el ejemplo, el coraje, la virtud.

Lo peor es que Mires, al decir cuanto dijo, pasa por alto circunstancias cruciales del proceso chileno que lo purga hacia el exilio. Allí hubo una dinámica endógena propia, es innegable. Que Pinochet desprecia la influencia internacional, tanto que tuvo la osadía de mandar a asesinar a Orlando Letelier en Washington, es también verdad. A mí, como embajador venezolano me espeta en 1980: ¡Nada me importa lo que piensen ustedes afuera, sino lo que piensan de mí los chilenos, adentro! Él, el general, sí despreciaba al exilio.

Entre tanto, sin embargo, Fernando Matthei, miembro de la Junta, desde Diego Portales ya me señalaba sobre sus conversaciones con la democracia cristiana bávara, pues le importaba el exterior. Enviaba mensajes a líderes en el exilio y a opositores en lo interno, para hacerles ver que se acercaba el final del régimen militar y para urgirles sobre la necesidad de una fórmula que permitiese no devolverles el poder a los responsables de la tragedia que todos ellos vivieran durante casi dos décadas.

Tengo presentes, en mi mente, los esfuerzos emblemáticos, encomiables, llenos de angustia existencial y de coraje en el compromiso, dignos de emular, que hacían Jaime Castillo (democristiano) y Aniceto Rodríguez (socialistas) desde Caracas, para abrirle camino fértil al regreso chileno sobre la senda de su experiencia histórica, la de la libertad en democracia. A buen seguro que reprocharían lo que ahora, cómodamente, sostiene Mires, para ralentizar la fuerza de la protesta internacional de los exilados venezolanos contra la narcodictadura de Maduro que toma cuerpo.

Dos enseñanzas, máximas de la experiencia, deberían ser apreciadas por el columnista a distancia, una que el Chile de Pinochet no es la Venezuela de Maduro. La Fuerza Armada chilena jamás pierde su vigor institucional ni se colude con el crimen del narcotráfico y la corrupción desembozada. Y tanto conserva su textura que ayuda a la transición y no impide su éxito. Hay esfuerzos de negociación entre la oposición y la dictadura, mediados por la Iglesia, pero no llegan a nada; hasta que la Iglesia se convence de que lo importante era hacer dialogar a los opositores, con vistas al porvenir, incluidos los de afuera, los exilados.

Imagino que Mires nada sabe de Plan País, que reúne a todos los venezolanos que estudian en las mejores universidades americanas para sostener sus tareas de construcción de la Venezuela a la que tienen derecho y a la que esperan volver; preocupados, sí, por la opinión que de ellos y la comprensión que de sus dolores íntimos puedan tener quienes se quedaron en el país. Su opinión, su mala opinión del exilio, en nada ayuda al respecto.

correoaustral@gmail.com

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Alberto Hernández

1.-

Tengo sobre mis rodillas el pesado tomo del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, mi muy fiel “mata burro”, como decían algunos viejos maestros de la otrora escuela venezolana, la que nos enseñó a usar ese libraco en el que a veces nos ahogamos y otras salimos ilesos. Y que me desmienta desde su lejanía mi querido profesor Manuel Bermúdez, quien también hacía lujo de estas costumbres lingüísticas.

Pues bien, con el recuerdo y el dolor (por los ausentes y por los que siempre estarán frente a nuestros ojos) de tener que repasar de nuevo las grietas de este país, resuelvo consultarlo para sacarme de dudas y establecer un contacto afectivo con quienes tienen asuntos pendientes con los significados y usos del bello idioma español, tan caro a nuestros orígenes, aunque algunos renieguen de él y se crean chinos.

Pues bien, vuelvo y digo, la Política (con mayúscula) es, según nuestro gran libro: “Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. // Actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.// Cortesía y buen modo de portarse.// Por extensión, arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado”.

De la cursilería (con minúscula) explaya: “Acto o cosa cursi. // Conjunto o reunión de cursis”. También se puede decir “cursería”. Cursi: “Dícese de la persona que presume de fina y elegante sin serlo// Aplícase a lo que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridículo y de mal gusto. // Dícese de los artistas y escritores, o de sus obras, cuando en vano pretenden mostrar refinamiento expresivo o sentimientos elevados”.

Y ahora Odio (siempre con mayúscula porque hace mucho daño): “Antipatía y aversión hacia alguna cosa o persona cuyo mal se desea”.

2.-

Tres palabras que hoy están de moda, pero no sólo de moda sino que se aplican con toda su crudeza y fuerza, como para desmoronar conductas y acabar con la vida de una persona o de un país. La política, es bien sabido, es la realización de los asuntos del Estado. Es decir, construir un estado para que funcione. Un estado se construye con política, con inteligencia, con las habilidades de los seres humanos. Para que pueda haber equilibrio social, económico y cultural. Es decir, la política arropa todos esos aspectos. Recordemos a los griegos, quienes nos dotaron de las herramientas que hoy conforman el mundo Occidental. Sin ahondar, para no confundir a quienes dicen que la lectura hace daño a los ojos y a la mente.

De la cursilería, sálvanos señor. Suele aparecer producto del azucaramiento de muchos espíritus livianos, muy sensibles a cualquier motivación superficial. O por algún rasgo de ignorancia. La cursilería abunda en nuestro acontecer por los discursos que se han entronizado en nuestro ser colectivo. La política ha caído en esa trampa. De modo que política y cursilería muchas veces se dan la mano y pasean felices por todo el estamento nacional.

3.-

El odio, esa cosa purulenta que crece en el espíritu humano, sólo humano, porque los tigres ni las moscas odian. Odian los humanos. Porque el odio es un acto de inteligencia. Se elabora la tesis y sobre ella se aposenta el sentimiento aversivo. El instinto no crea el odio, lo disipa. La inteligencia acapara los sentimientos, los amontona, los hace una masa y allí se concentra el odio, como podría concentrarse la alegría, el amor, las ganas de comer chocolate o de acostarse con una mujer o un hombre.

No es preciso devanarse los sesos para entender que estamos metidos en un verdadero problema, porque la política (con minúscula), la que suele ser apostillada como “politiquería”, anda amigada con el odio. Cuando se junta el poder, en este caso esa política, y el odio, las familias o los países (total, son una familia) entran en crisis en conflictos. Aparece la violencia que es la sustitución de la Política. El odio se hace presente. Y los regímenes que lo sembraron no lo pueden controlar o detener, como no pueden controlar o detener las distorsiones de la economía. Inventan, en consecuencia, leyes inútiles e ilegales para tratar de contener el desbocamiento de la brutalidad provocada por la “política” de quien gobierna o dice gobernar.

Queda a un ladito la cursilería porque es tan inane que quien no sepa leer o entender la ética, la estética o la política, se dedica a decir sandeces, mientras el mundo afectivo se les viene encima.

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Tim, el muchacho del barrio La Dolorita de Petare convertido en estilista del concurso Señorita Venezuela que terminó siendo un agente encubierto de una operación de inteligencia montada por la CIA, el FBI y la DEA, es uno de los protagonistas de la última novela de la excelente periodista y escritora Ibeyise Pacheco.

Las Muñecas de la Corona es un retrato del entramado de corrupción y degradación moral de la casta gobernante que en nombre de los pobres convirtió al país en un gran casino donde unos pocos hacen sus apuestas y siempre ganan, usando el dinero de todo un pueblo condenado a la miseria, el hambre, las enfermedades y la violencia.

Ibeyise Pacheco es una periodista que desde sus inicios se ha destacado por ser acuciosa en sus investigaciones y por narrar con destreza y valentía los crímenes perpetrados por la élite, ya sea politica, militar, policial, religiosa, empresarial o académica. Su anterior novela, Sangre en el Diván, tuvo un gran impacto social al publicar los detalles del asesinato cometido por un encumbrado académico, ex rector universitario, ex candidato presidencial y siquiatra de Hugo Chávez.

Como ya es usual con las informaciones que exponen la trama corrupta y degenerada que se adueñó del Estado, la censura está tratando de evitar que los venezolanos descubran los entretelones de un certamen que degeneró en una palanca para utilizar la belleza como instrumento de influencia y facilitación de relaciones y negociados en las altas esferas del poder en Venezuela.

La Barbie, o Rita Blanco en la novela, es una ex miss que logra relacionarse sentimentalmente con el Presidente y a partir de allí, asociada con el Tesorero de la nación, Alejandro Andrade y algunos seudo banqueros y operadores, amasa una fortuna en los turbios negocios financieros en base al diferencial cambiario.

En la lectura de la novela, los venezolanos encontrarán otros reconocibles perfiles de los responsables del gran saqueo que ha sufrido el país.

Exhibir lo robado se convirtió en una obsesión para los funcionarios corruptos, familiares, testaferros y aliados. No bastaban los carros de las marcas más lujosas, ni las mansiones y los aviones privados. Entre los símbolos de estatus de la nueva casta venezolana corrupta, también denominada boliburguesa, figura en lugar destacado la visión machista de la mujer como objeto. Se trata de algunas misses y modelos, las nuevas glamorosas parejas de los integrantes de esta red delictiva, convertidas en amantes o a veces en segundas y hasta terceras esposas, que son exhibidas como especie de trofeos obtenidos por haber alcanzado un supuesto éxito social al convertirse en multimillonarios.

Para llegar a ellas, no han realizado mayores esfuerzos. Más que buscarlas, se las han ofrecido. Los certámenes de belleza han sido la veta de donde ha surgido la mayoría de estas mujeres-trofeo que hoy disfrutan de los millones robados a la nación por sus parejas.

Los organizadores de los certámenes se las han servido en bandeja de plata, seguramente no de forma gratuita. Se trata de jóvenes que ven en los miembros de la casta, el trampolín a una nueva vida de comodidad y lujos alejada de la pobreza y la violencia que ha instaurado en Venezuela el mal llamado socialismo del siglo XXI.

El deseo de impresionar a los otros es innato en el ser humano. En el caso de los corruptos, la necesidad de reconocimiento es mayor aún debido precisamente al origen oscuro y pecaminoso de su fortuna.

Romel Bustamante, principal protagonista del libro de Ibéyise, organizador y promotor del certamen de belleza en Venezuela y ahora en Miami, vinculado a una poderosa cadena televisiva, se convirtió en el proveedor del portafolio de misses para la casta gobernante, utilizado para concretar negocios con el Estado delincuente. Un ejemplo es la ostentosa vida de Diego Salazar, primo hermano del ex presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez y sus oscuros y multimillonarios negociados en base a la renta petrolera.

En Las Muñecas de la Corona, Ibeyise Pacheco describe en detalle situaciones y personajes en un relato sin desperdicio que no podemos dejar de leer si queremos comprender cómo se instauró la cleptocracia que desgobierna en Venezuela, principal causa de la falta de libertad y de los males que estamos padeciendo.

14 de noviembre de 2017

www.carlostablante.com

@TablanteOficial

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 3 min


Maxim Ross

La muy particular encrucijada que enfrentamos en los inicios de 2017 y lo que se espera para 2018, después de haber experimentado todos los métodos constitucionales que pudieran resolver el conflicto político, obligan una serie reflexión sobre lo que pueda venir, principalmente para evaluar hasta donde es posible la viabilidad de un cambio político o, por el contrario, la permanencia del gobierno hasta el 2018 o, quizás más allá de esa fecha.

En ese sentido, este articulo está orientado a discutir que fortalezas o debilidades tiene ese cambio en un masivo respaldo popular, el cual, como es comprensible es el más difícil de obtener, inclusive con todo y las graves dificultades económicas y sociales que sufre la población, especialmente la de menores recursos y más necesitada.

Entonces, cabe la pregunta de ¿Hasta dónde ese pueblo, con todo y lo que indican las encuestas del apoyo que se supone le da al “cambio político”, será capaz de expresar su respaldo a esta medida públicamente? ¿Hasta dónde será capaz de levantar la voz y protestar enérgicamente en su favor? En ese sentido, propongo responder esa pregunta hurgando en algunos factores históricos que pueden darnos una pista, en una dirección u otra. Por esa razón apelo otra vez al título del famoso libro de Von Hayek “El camino de la servidumbre”1, en el cual defiende rigurosamente el peligro que corría Alemania frente a Hitler, pero además realiza un severo juicio sobre las posibilidades democráticas del socialismo, en particular el basado en las doctrinas marxistas.

Apelo a este ensayo porque ilustra muy claramente como un pueblo puede ser sometido fácilmente a los dictámenes de gobiernos totalitarios, eliminando las fuerzas que les permiten resistirlos. Este, a mi juicio, puede ser el caso de la sociedad venezolana, cuyas específicas características podrían comprometer un cambio de esa naturaleza.

¿Puede una sociedad rebelarse por sí misma?

A juzgar por varias experiencias históricas eso no es posible, a menos que exista una “idea fuerza” o un liderazgo que movilice la población. Si se examinan los casos ocurridos modernamente encontramos que las sociedades que cambiaron el curso de los acontecimientos tuvieron líderes y propuestas que permitieron movilizar amplias capas de la sociedad, aun cuando pueden encontrarse casos de “rebeliones” más espontaneas o menos dirigidas, pero lo que interesa no es dirimir estas opciones, aunque dicen que más se producen por la presencia de un liderazgo que sabe recoger las insatisfacciones sociales, que por reacción espontánea.

Lo que realmente interesa es indagar en qué medida la población venezolana, repito la de menos recursos, la que hace las “colas”, la que ha perdido su capacidad adquisitiva, la que no consigue medicinas o alimentos básicos, está en capacidad y posición de rebelarse realmente frente a la situación que impone el gobierno.

La sumisión tiene largo tiempo.

Mucho se ha dicho y escrito sobre el efecto nocivo que ha tenido la presencia del petróleo en la vida de la sociedad venezolana, el cual, a pesar de los beneficios que sin duda ha traído, deja una estela de conformismo, de pasividad y de dependencia, que lleva a una excesiva paralización para reclamar sus reivindicaciones y ello motivado, en mi opinión, no solo por el efecto “renta petrolera”, que permite vivir de ella sin necesidad, al menos aparente, de otras fuentes económicas, sino porque ella permitió desarrollar un Estado nacional sumamente poderoso que apabulla todo intento de expresarse.

Si a ello se agrega la circunstancia de que los particos políticos venezolanos sucumbieron a una severa crisis de representatividad y de ausencia de propuestas doctrinarias, incluyendo el caso del partido que domina en el gobierno, el PSUV, entonces el circulo vicioso de la inacción se cierra peligrosamente. Un país donde las fuerzas productivas de la sociedad fueron siempre hipotecadas al Estado y donde este domina plenamente la vida económica, la sociedad civil nunca tiene “fuerzas propias” que le den autonomía e independencia, repercute en la ausencia de una democracia efectivamente activa, participativa y representativa.

A ello se agrega que los partidos políticos se organizaron en base a idearios “socialistas” que dieron sustento a ese Estado “fuerte”, pero que además se conformaron mediante pactos y acuerdos en los que poco participaron los intereses genuinos de la sociedad civil. Por esas razones el pueblo venezolano puede estar histórica y peligrosamente atado a una línea de conducta que lo imposibilite a reaccionar y rebelarse contra este o cualquier situación global que lo perjudique.

Esa desigualdad de fuerzas explica razonablemente porque los venezolanos pudieran ser más pasivos que otras sociedades, a la hora de enfrentarse ante el infortunio que han creado distintos gobiernos. La lógica de una relación como esta hace que el enfrentamiento sea explosivo, como lo fue el 27 de febrero, con el “Caracazo”, pero no con un patrón de reacción colectiva que tenga consistencia y organicidad, que de pautas de alguna posibilidad de reacción. Ese temor persiste en el seno de este ensayo.

¿Posibilidad de un cambio político?

Si esto fuera así, las posibilidades de un “cambio político” en Venezuela se verían, como se dijo antes, seriamente comprometidas y nos podríamos ver frente a un escenario donde la “servidumbre o la sumisión” se hagan permanentes. La pregunta es, entonces: ¿Puede este escenario ser superado? ¿De qué podría depender?

Desde luego la respuesta viene por el lado del liderazgo, porque, como se dijo, las sociedades “no se rebelan” solas y, está, la venezolana difícilmente lo hará, dados los determinantes señalados. En este caso, las exigencias de liderazgo para un “cambio político” son notablemente mayores que los requeridos en otras sociedades con mayores grados de autonomía e independencia.

La historia nos dice que esas “rebeliones” se producen cuando a la sociedad se le proponen ideas o propuestas de alta envergadura que tengan enorme conexión con lo que ella sufre. Estaría demás poner ejemplos que dan luz al respecto. En Venezuela un Betancourt, un Villalba y un Chávez supieron interpretar esos sentimientos y esa relación y lograron “arrastrar” grandes movimientos sociales detrás de ellos. Esa es la lección, nos guste o no en sus lados positivos o negativos. ¿Entonces se le está proponiendo a la sociedad venezolana, esa adormecida y seducida, algún proyecto de similar calibre y envergadura?, o ¿esta nuestra oposición encerrada en un conflicto que poco o nada tiene que ver con las imperiosas necesidades de la gente?

¿La “guerra” entre el TSJ, la Asamblea o el “dialogo” pueden ser suficientes detonadores de una masiva reacción social? La respuesta es un contundente NO. No parece posible que quienes hacen “colas” y sufren el impacto del caos general que se ha creado en Venezuela se sientan representados en ese “conflicto”. Muy por el contrario pareciera contraproducente seguir focalizándose solamente en él. Luego, las posibilidades de un “cambio político” en Venezuela van a depender de que ese salto se produzca y alguien, o algo sustantivo, le sea propuesto a esa sociedad atrapada entre el miedo, el subsidio, la propaganda, la intimidación, la compra de conciencias y el “bozal de arepa”.

Esa condición pareciera indispensable para que la sociedad “le ponga el oído” a una opción distinta a la que nos gobierna. De lo contrario podríamos, como he defendido, estar condenados, como dijo Hayek en su tiempo a un “camino de la servidumbre” y a la sumisión permanente, como ha sido el caso de los pocos países que no consiguieron la fórmula secreta para desprenderse de los regímenes totalitarios, como lo son Cuba, Corea del Norte y sus variantes “ligeras” China, Vietnam, Cambodia y otros menos fáciles de identificar.

La “gente” tiene que identificar una salida, una solución para sus problemas, una propuesta creíble y confiable.

¿Cuál propuesta?

El tema es que no se trata de una cualquiera, sino de una que realmente toque el fondo del problema, esto es la superación de la forma en la que el petróleo modela la economía y la sociedad venezolanas, hasta subyugarlas a sus poderosas fuerzas, a sabiendas de que no es “culpa natural del petróleo”2, pero sí de la forma en que los distintos gobiernos lo manejaron haciéndonos completamente dependientes de él y sus ingresos. Supone superar el “estatismo”, el centralismo, el “Presidencialismo” y el gran déficit democrático que, por ejemplo, explica la debilidad de nuestra Asamblea frente al Poder Ejecutivo y el presidente.

En el fondo, no es otra cosa que la expresión de los distintos “socialismos” que orientaron a Venezuela en toda su vida contemporánea y, donde ningún partido político. fue capaz de escaparse de ellos en cualquiera de sus versiones, cristiana, marxista o keynesiana.

De lo que se trata es de presentarle a Venezuela una propuesta que genuinamente le permita liberarse de todas esas fuerzas “represivas” que la conformaron modernamente. Solo si una propuesta de ese calibre “sale a la luz”, entonces habrá posibilidades de un “cambio político”, pero: ¿Esta alguno de los partidos adversos al gobierno en esa capacidad? Sus manifestaciones, hasta ahora, se parecen, más que menos a las del PSUV, por lo cual esa masiva, seducida, adormecida sociedad de gente sin recursos, a la que aludo, difícilmente pueda captar alguna diferencia entre unos y otros. Y allí quien tiene todas las de ganar es el gobierno con todo el aparato que maneja.

Consecuencia y conclusión: para romper el modelo de “servidumbre y sumisión” hace falta algo muy distinto a lo que tenemos, mucho más audaz y que no se ve en el panorama político quien pueda proponerlo. En el mundo de la sociedad civil, en especial en su campo intelectual y profesional, en las Universidades y Centros de Estudios, estos caminos han sido propuestos, sin conseguir suficiente eco en los principales partidos. Quizás un mejor encuentro entre esos dos mundos pueda producir algo que los venezolanos compren con confianza y credibilidad, tal que puedan distinguir claramente que se trata de su liberación del modelo que, sin darse cuenta, los ha subyugado por largo tiempo.

1“The road to serfdom” F. A .Hayek. London, 1944

2 Me refiero a versiones tipo el “Excremento del diablo”

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Luis Ugalde

⁠⁠⁠⁠⁠Hoy tenemos mucha oscuridad con pocas luces y moral. Estamos frente al abismo con algunas necesidades políticas de vida o muerte para lograr un futuro democrático de esperanza. Nombraré algunas.

Venezuela necesita:

  1. Salir de este régimen con su modelo político y económico ruinoso y empezar de inmediato a superar la acelerada y espantosa crisis social, política y económica.
  2. Un consenso con gran unidad en torno a la manera de parar la ruina económica productora de miseria social, y poner las condiciones que promuevan las inversiones nacionales e internacionales indispensables para la recuperación y reactivación de miles de empresas productivas.
  3. Retomar la Constitución y los derechos humanos consagrados en ella, como punto de encuentro y base para activar las virtudes ciudadanas y valores solidarios.
  4. Que predomine una Fuerza Armada decidida a respaldar el restablecimiento de la Constitución y su democracia frente a la dictadura.
  5. Un gobierno de transición de unidad nacional con el fin de preparar las bases y condiciones indispensables para la elección de un gobierno democrático de reconstrucción. O un presidente electo para la “salvación nacional”, que trascienda a los partidos, pero con apoyo y compromiso de estos con un gobierno que responda a la emergencia social.
  6. Apoyo internacional excepcional, como lo requieren los países luego de una devastadora guerra o de un terremoto de destrucción masiva.
  7. 7Una movilización interna e internacional en torno a la ayuda humanitaria indispensable e inmediata para el logro de comida y medicinas de primera necesidad.
  8. Una nueva esperanza nacional con movilización de conciencias y grupos descentralizados, sacando cada uno lo mejor de sí, rompiendo exclusiones y tendiendo puentes que activen la solidaridad reconstructora.

Ante necesidades tan evidentes, nadie que piense en el bien de Venezuela entera, debiera estar en desacuerdo. Pero la política no se puede contentar con enumerar las necesidades, su responsabilidad es hacer que lo necesario se haga posible y convertir lo posible en realidad.

En el paso de lo necesario a lo posible nos encontramos con que los actores sociopolíticos están exigidos por otras necesidades e intereses propios.

Intereses propios:

  1. Los maduristas dan prioridad de vida o muerte a la imposición y perpetuación de su poder absoluto.
  2. Varios líderes de la oposición sienten que ha de ser él y más nadie quien presida el cambio, con apoyo de los demás.
  3. Los empresarios parecen demasiado agobiados y dedicados a salvar lo suyo.
  4. Mucha de la población frustrada y sufriente parece estar pensando en sobrevivir agachando la cabeza o en escaparse del país.

Pero contra toda apariencia la derrota puede ser una buena cura contra la ceguera y nos puede volver a la sensatez y unión.

Necesitamos producir signos radicales de conciencia democrática que, tomando en serio las necesidades básicas del país, sean capaces de convertirlas en metas de acción y proponer, por ejemplo, que otro -y no yo- sea el próximo presidente. “Yo y mi grupo” no pueden ganar y menos gobernar solos y reconstruir el país.

El gobierno está demasiado cegado blandiendo sus tramposos triunfos electorales que le impiden caer en la cuenta de su espantosa e irremediable derrota económico-social: La miseria social, el cerco internacional y el sufrimiento de la población lo atrapan.

Está acabado pero busca someter por resignación y miedo. Concentrado y obsesionado en la erradicación de la Asamblea Nacional y en la legitimación de la anticonstitucional y dictatorial Asamblea Constituyente; no como una institución más, sino como el poder supremo supraconstitucional que puede eliminar todo lo que no se someta y se arrodille. Que los resultados electorales solo sean válidos si reciben la bendición de la dictatorial Constituyente.

Ante esta dramática realidad, es absolutamente necesaria la unión básica en el país, con decidido apoyo internacional de los gobiernos democráticos, que no se conseguirá sin una unidad política interna trascendente y sólida donde los intereses particulares estén sometidos al esfuerzo excepcional para la salvación nacional

Nota.- Es necesario presionar en todos los frentes. La negociación con acompañamiento internacional será buena si se exigen las condiciones democráticas (que el régimen no quiere) para la próxima elección presidencial y restablecimiento de la constitución. El régimen ha demostrado que puede producir o violentar cualquier resultado, por eso los mayores partidos políticos y agrupaciones se niegan a acudir a las inmediatas elecciones tramposas de alcaldes. Por otra parte muchos demócratas están horrorizados ante la alternativa de entregar su alcaldía con más de 80% población opositora. Esto llevará en la práctica a una especie de conducta dual:

  1. Unos no votarán y deberán concentrar esfuerzos en levantar con fuerza nacional e internacional una bandera que exige condiciones para las elecciones presidenciales y para el cambio de régimen.
  2. Otros irán a votar con la movilización local descentralizada de la sociedad civil.

Inevitablemente ocurrirán las dos cosas incluso en un mismo partido. Lo importante es no caer en acusaciones después de la votación que impidan formar una unidad mayor para el indispensable gobierno de salvación nacional.

Caracas, martes 14 de noviembre de 2017

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