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Opinión

Jesús Elorza G.

Arrechisísimos, se encontraban los miembros de los colectivos armados de La Piedrita, los Tupamaros y Alexis Vive, por la reciente Ley contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente.

-¿Se volvió loca la camarada Delcy? Preguntó uno de los comandantes.

- ¿Qué es lo que buscan con esa ley? ….que nos callemos la boca frente a los golpistas de la derecha,...no me jodan, dijo el comisario político de la Brigada de Milicianos del 23 de Enero.

- Ay papá, esa tipa como que se pasó pa los contras, señaló el jefe de los motorizados,

Realmente estamos frente a una grave distorsión del proceso revolucionario, manifestó Valentín Santana, Jefe Supremo de La Piedrita. Nosotros, los verdaderos revolucionarios, somos fieles a las enseñanzas de nuestro Máximo y Único Líder, el Difunto Eterno. Quien, desde hace mucho tiempo nos ha guiado en lo que debe ser nuestra irreductible posición frente a los enemigos de la revolución. Recordemos, que su primera enseñanza fue la de decirnos “Que iba a freír en aceite hirviendo la cabeza de los adecos”

A partir de ese momento, sus enseñanzas se fueron multiplicando exponencialmente. En cada discurso, en cada entrevista o en cada intervención pública o privada lanzaba uno o varios calificativos contra la derecha reaccionaria. Vienen a mi memoria algunos de ellos: Moribunda, escuálidos, golpistas, pitiyanquis, arrastrados, aprátidas, pagados por la CIA, delincuentes, hijos de papá, analfabetas, cachorros de los Estados Unidos, peones del imperio, váyanse pal carajo yanquis de mierda, con el bate que me regaló Sammy Sosa le voy a caer a batazos, frijolito, etc, etc, etc.

- Valentín, no te olvides de aquella famosa frase “Métanse su victoria de mierda por el culo”, grito uno de los presentes.

-Así es camarada. Por eso no entiendo cómo nos van a venir ahora con esa posición moralista desde la constituyente. Recuerdo también, como el pana Tascón contribuyó al deslinde e incentivación del rechazo a los contrarrevolucionarios con su Lista. Y en la confrontación con la iglesia, no titubeo nuestro Líder en calificar a la oligarquía eclesiástica como demonios, entupidos y vagabundos.

Más que una ley que pretenda callarnos, debemos hacer nuestro el pensamiento del Che Guevara “EL odio revolucionario como factor de lucha, es el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo”.

Honremos este pensamiento y fortalezcamos nuestro odio revolucionario.

-Aplausos y vivas …llenaron el recinto.

- Valentín, dijo un representante de las Fuerzas Bolivarianas de Liberación Nacional, yo le agregaría un pensamiento de Mao Tse Tung que leí en uno de sus libros rojos “Concentra tu odio y aprieta el gatillo”

Vale camarada, lo debemos imponer como lema de la Guardia Nacional.

Con el tiempo, nuestro glosario de odio revolucionario fue enriquecido por nuestros camaradas Rafael Ramírez con su famosa expresión Rojo-Rojito, La Fosforito con su típica expresión hijo de puta y coño de madre y no podía faltar el camarada Nicolás con su calificativo de Mariconson.

Por todo ello, camaradas, si queremos honrar nuestro acervo cultural, propongo que marchemos unidos hacia la Asamblea Nacional Constituyente para exigir de la derogatoria inmediata de ese instrumento legal que pretende ponernos una mordaza.

Digámosle NO a ese adefesio jurídico.

Voceando la consigna “Delcy, tu ley No pasará”, marchó la manifestación hacia la sede de la asamblea.

Megáfono en mano, Delcy salió para atender el reclamo de los manifestantes: Camaradas y camarados, creo que hay una ligera confusión en la interpretación de lo aprobado. Es nuestro deber revolucionario, defender por encima de todo a nuestra revolución. No cabe, en nuestro proceso ninguna crítica proveniente de la derecha reaccionaria, no podemos permitir manifestaciones de odio contrarrevolucionario. Nuestro norte es la construcción de la sociedad revolucionaria y el Hombre Nuevo con pensamiento único. Con esta normativa, de la Ley contra el odio se consagra un arma de retaliación política contra la disidencia de los oligarcas imperialistas de la derecha, y solo se garantiza la libre expresión de pensamiento único.

Finalmente, quiero decirles que con esta revolucionaria normativa jurídica, hemos fortalecido nuestro odio de clase, nuestro odio revolucionario y nuestra consigna es y será por siempre “Aquí no se permite hablar mal de la revolución socialista del Siglo XXI”

Los colectivos se retiraron alegres y contentos a celebrar con las cajas Clap de ron que le suministraron en la asamblea.

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Bien, nos encontramos en las semanas finales del año 2017 y a días para la celebración de las elecciones municipales. En esta ocasión, un sector político de la MUD (Acción Democrática, Vanguardia Popular y Primero Justicia) ha decidido no participar en estos comicios. Por otro lado, independientes y miembros de otras agrupaciones políticas han inscrito sus nombres como candidatos a presidir alcaldías en algunas regiones del país. En fin, el sector democrático, no ha asumido una posición unitaria en relación a estos sufragios. Ante esta circunstancia, no sería una sorpresa que el oficialismo gane la mayoría de las alcaldías del país.

En otros artículos he intentado reflexionar sobre la dificultad de los sectores políticos democráticos para leer en forma apropiada la presente coyuntura política. Sin ánimo de exagerar, en los pasados comicios, este sector se auto impregnó de una exagerada confianza. Se esperaba que la desastrosa situación económica y social que padecen los venezolanos actuara como catalizador de la voluntad del voto contrario al oficialismo. Circunstancia esta que operó como obstáculo para evaluar correctamente la capacidad operativa y fraudulenta del sector oficialista. Salvo algunas excepciones (Táchira, una de ellas) la campaña electoral se llevó a cabo en los términos tradicionales que han caracterizado estos eventos electorales. Su narrativa estuvo impregnada de un cierto racionalismo ingenuo que no alcanzó a tocar el corazón de los electores. Por ejemplo, el alto nivel de abstención pudiera ser explicado, parcialmente, como una conducta de sectores decepcionados que no fueron interpelados apropiadamente por la propaganda de los candidatos democráticos.

Desde luego, la situación descrita es mucho más compleja. Existen otros eventos que ayudan a comprender estos resultados. Sin embargo, en esta ocasión me voy a detener en una de estas variables que se ubica en el centro de un razonamiento que podría dar cuenta de lo acontecido y lo que está por acontecer electoralmente. Me refiero a una sobrevaloración de las circunstancias de naturaleza económica. Lo que habitualmente, en la jerga académica, se denomina reduccionismo económico. En forma breve, podemos definir esta opción como un criterio o formulación política que concede al factor económico primacía sobre los de cualquier otra índole. Irónicamente, esta desviación generalmente es observada en la conducta política de actores de procedencia marxista.

En fin, la dirección política de la oposición otorgó un alto valor a las circunstancias económicas que caracterizan la actual situación del país. Se esperaba que la combinación de inflación, alto costo de la vida, depreciación del salario, deterioro de la calidad de vida, delincuencia, corrupción, entre otras variables, conformaran un contexto favorable a las invocaciones políticas del sector opositor. En consonancia a este precepto, su narrativa electoral se posó sobre este supuesto y no abordó en forma apropiada las condiciones de naturaleza subjetiva y las particularidades de naturaleza regional. En otras palabras, no fue “mercadeada” apropiadamente la oferta electoral en el plano subjetivo. Es apropiado señalar que esta explicación requeriría ser enriquecida por otras variables que juegan en la dilucidación de lo acontecido en las pasadas elecciones. En un próximo escrito abordaremos esas circunstancias.

En el año 2018 se producirá las elecciones presidenciales. Las recientes experiencias electorales deberían verse como un aviso de lo que no se debe hacer en el plano electoral. Es imprescindible que la dirección política democrática haga un esfuerzo de autocrítica y revise los criterios sobre los cuales se conformó la pasada unidad.

Un punto de partida podría ser despojarse de la tentación economicista. Entender que la crisis por sí sola no va a producir los cambios de subjetividad que se requiere para alcanzar la victoria en las presidenciales. Es imperativo, entonces, construir una narrativa alterna a la oficialista que interpele emocionalmente a los ciudadanos. La combinación de crisis económica y la subjetividad apropiada, a mi juicio, constituye la llave adecuada para poner fin definitivo a este desastre del socialismo del siglo XXI.

La política, sin duda alguna, es así.

http://autonomiaspoliticas.blogspot.com/2017/11/construir-una-nueva-narr...ón+y+Autonomías+Políticas%29

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Lluís Bassets

China está ya lista para convertirse en la primera superpotencia del mundo, a mitad del siglo XXI. Tiene la voluntad y cuenta con las condiciones para hacerlo, especialmente aportadas por las debilidades de las superpotencias que podían competir con ella, EE UU y la UE, corroídas ambas por la crisis de la democracia liberal y el resurgimiento fragmentador de los nacionalismos populistas. Y también tiene al líder acorde para este objetivo, el presidente Xi Jinping, al que el congreso quinquenal comunista le ha dado un segundo mandato reforzado para emprender tal tarea.

No es fácil descifrar las señales que emite la magna y secretista reunión cada cinco años de más de 2.000 delegados del Partido Comunista de China. Ni una sola de sus decisiones y debates se celebran a la luz del día, es una organización que cultiva obsesivamente la uniformidad y la opacidad y tiene auténtica alergia al pluralismo. Todo hay que deducirlo de la interpretación de los discursos, de los nombramientos e incluso de las imágenes y gestos de los dirigentes.

La conclusión unánime de los observadores del 19º Congreso que se ha celebrado entre los días 18 y 24 de octubre es que el actual líder, Xi Jinping, se ha convertido en el hombre más poderoso de China desde los tiempos de Mao Zedong, el fundador de la República Popular. Tres son los cargos señeros que acumula el líder chino: la secretaría general del partido, que es la que se dilucida en los congresos; y luego la presidencia de la República y la presidencia de la Comisión Militar, equivalente esta última a la categoría de comandante en jefe militar del presidente de los EE UU. Los antecesores de Xi también los ocupaban, pero siempre estuvieron sujetos al equilibrio entre facciones internas y a la idea de dirección colegiada, que implantó Deng Xiaoping como reacción al culto a la personalidad y a las arbitrariedades de Mao Zedong, sobre todo durante la Revolución Cultural.

Xi Jinping anula la dirección colegiada y la modestia en política exterior impuestas por Deng Xiaoping

Los signos del inmenso y excepcional poder de Xi son abundantes, pero destacan dos. De una parte, se ha inscrito su nombre en la definición constitucional del pensamiento oficial, algo que no había sucedido en vida de ningún otro dirigente que no fuera Mao. De la otra, ha quedado interrumpido el ritual oficioso de la sucesión generacional cada diez años, que obligaba a designar ahora a los dos sucesores de la sexta generación —futuros presidente y primer ministro— para su nombramiento en 2022 en el 20º Congreso, de forma que Xi podrá perpetuarse en el poder, como solo hicieron Deng Xiaoping y Mao, terminando así con la idea de dirección colegial y del equilibrio entre facciones que ha funcionado en las dos últimas décadas con los presidentes Jiang Zemin y Hu Jintao.

La equiparación con Mao es la forma, es decir, el simbolismo y el folclore. No quiere decir que no sea inquietante, a la vista del terrible balance del maoísmo. Pero más lo es el contenido de la elevación a la máxima categoría del nuevo dirigente chino, canonizado en vida como el tercer emperador del imperio rojo. Después del fundador Mao y del reformador capitalista Deng, llega el emperador que quiere convertir a China en el nuevo imperio del centro, ahora global y no meramente asiático como lo fue hasta hace 200 años, y por tanto en la superpotencia global del siglo XXI.

Siendo el fundador Mao un emperador que se creía filósofo, todos sus sucesores se han visto obligados a fingir una vocación filosófica mediante una palabrería similar a la de su antecesor. El pensamiento o teoría de Deng, que abrió el país al mundo y al capitalismo, se inscribió en los principios del partido en 1997, diez años después de su muerte. Las ideas de Jiang Zemin y de Hu Jintao, consideradas menores, han merecido también su elevación a doctrina oficial pero sin mencionar el nombre, al final de sus respectivos mandatos. Xi, en cambio, recibe tal honor nominalmente, en vida y en el ejercicio del poder, como Mao.

El origen de esta operación ideológica se halla en el marxismo-leninismo, la denominación elegida por Stalin a la muerte de Lenin para convertir la doctrina política oficial y a su autor en las piezas de una construcción dogmática de una religión de Estado obligatoria y única. Mao Zedong fue todavía más audaz e inscribió su propio pensamiento en la doctrina oficial como marxismo-leninismo-maoísmo y, en buena lógica con el culto a su personalidad implantado ya en vida bajo sus órdenes, cuando murió su cadáver fue embalsamado e instalado en la plaza de Tiananmen al igual que el de Lenin fue instalado por Stalin en la plaza Roja.

El pensamiento de Xi Jinping ahora sacralizado se define como “el socialismo con características chinas para una nueva era”, y contiene en su nombre la teoría de Deng Xiaping de adaptación del mercado al socialismo, pero también la idea de una era inaugural con el horizonte para mitad del siglo XXI de una China convertida en superpotencia, incluso en el plano militar. Es el regreso en plenitud del imperio, una vez superadas las humillaciones de la época colonial y alcanzada la prosperidad que permite competir en el mundo.

Al contrario de las expectativas de hace una década, el capitalismo chino no tiene cita con la democracia liberal en un futuro cercano

En política exterior, significa el anuncio de una acción cada vez más agresiva, aunque se siga presentando como un ascenso pacífico. Taiwan está ya en la diana para los próximos años, con el fin de completar la soñada unificación china. La lengua de vaca del mar del Sur de la China, una extensa zona marítima lindante con seis países y con 200 arrecifes y peñascos donde Pekín construye puertos y aeropuertos, cuenta también como si fuera el patio trasero chino, al igual que lo fueron Centroamérica y las Antillas para Estados Unidos. En realidad, China ha construido ya su propia Doctrina Monroe (América para los americanos) por la que exige tratar bilateralmente a sus vecinos y sin interferencias ajenas al continente.

Con el emperador Xi se aclaran definitivamente tres ambigüedades que rodeaban la vía china desde el ascenso de Deng Xiaoping hasta ahora. El crecimiento económico y el mercado no conducirán a la democracia. El partido comunista no soltará jamás el control sobre la sociedad, permitiendo el pluralismo político y religioso. China no aceptará plenamente el derecho y el orden multilaterales internacionales, sino que intentará organizar en torno a su centralidad un orden internacional propio y paralelo, a semejanza o imitación de lo que ha hecho Estados Unidos en el siglo XX.

El modelo de Mao era la Unión Soviética de Stalin, que actuaba de espejo y de rival competitivo. Y no exactamente por el maxismo-leninismo, sino por la capacidad de construir un imperio mediante la dictadura de un partido fuertemente disciplinado. En su filosofía de la historia, China asciende cuando la autoridad central controla el país y se fragmenta y entra en decadencia cuando hay pluralismo y disputas civiles. Para los actuales dirigentes chinos, la República Popular es una Unión Soviética que ha triunfado.

El gran estudioso del maoísmo que fue Simon Leys ya caracterizó al pensamiento de Mao como una “mezcla de marxismo mal digerido y de taoísmo brumoso”. El pensamiento de Xi nada tiene de socialista ni de marxista, aunque mucho de confucianismo. Pretende ser en todo caso una doctrina imperial camuflada y la alternativa autoritaria y nacionalista a la democracia y al cosmopolitismo liberales de los países capitalistas.

El País. ideas

https://elpais.com/internacional/2017/10/27/actualidad/1509121825_145594.html

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No tienen el poder, por lo que no pueden decir “El Estado soy yo”, como vociferó Luis XIV, según anécdota poco sustentada. Por ello, unos se limitan a predicar “la oposición soy yo”, los demás son colaboracionistas; otros se considerarían verdadera oposición y descalifican a los demás por no ser militantes de un partido o por percibirlos extremistas. En tiempos difíciles, quienes pretenden fungir como dirigentes o como orientadores deberían tener la sensatez de deponer sus intereses, en unos casos, o de mitigar su fanatismo y prepotencia, en otros.

Esta característica no es exclusiva de los venezolanos. La historia narra casos de luchas internas entre dirigentes, aún cuando la situación que enfrentan amerita unir esfuerzos. Uno de ellos fue la confrontación en el exilio entre los generales De Gaulle y Giraud, mientras Francia estaba ocupada por los nazis y Hitler se paseaba victorioso por Europa. Al respecto Churchill comentó “se odian más entre ellos que a los alemanes”.

Cada quien tiene derecho a expresar sus ideas, pero es pertinente ser más comedidos. ¿Es sensato y justo, por ejemplo, descalificar a Yon Goicoechea porque decidió lanzar su candidatura a la alcaldía de El Hatillo? ¿No sería más constructivo decir que no se está de acuerdo con esa decisión y por lo tanto no votarán por él? ¿Qué se gana con descalificar a un joven que lo que ha hecho es sufrir prisión y desear seguir luchando?

¿Es tan difícil entender que votar o no hacerlo es una decisión, buena o mala, que generalmente se toma de buena fe pensando que es la mejor manera de enfrentar al totalitarismo? Votando hemos tenido éxitos, aunque poco después la dictadura haya desconocido competencias, encarcelado a alcaldes y anulado a la Asamblea Nacional, pero a un elevado costo político a nivel internacional. También hemos tenido fracasos como el reciente del 15O, básicamente por fraude cometido por el régimen y, parcialmente, por descuidos nuestros.

Lo mismo es válido para la negociación. Es tan poco racional descalificar a quien considera que una negociación es necesaria, como desacreditar a quien la rechaza. Todo depende del objetivo que se persigue, de lo que se acepte y de las garantías de cumplimiento. Cuando el mariscal Petain, el almirante Darlan y el general Giraud negociaron el armisticio con Hitler no lo hicieron por antipatriotas, sino por pensar que el ejército alemán era tan poderoso que seguir combatiendo era un mal mayor. Se equivocaron. Inevitablemente toda Francia quedó bajo el yugo nazi. Darlan y Giraud se percataron a tiempo y al final apoyaron la causa aliada. Petain se plegó a los nazis y sufrió las consecuencias. Esa negociación fue un fracaso, pero otras han sido exitosas.

En esa II Guerra Mundial, mientras los nazis ocupaban países y asesinaban judíos, Suecia y Suiza, países neutrales y democráticos, negociaban con Alemania materiales estratégicos. En esa época Cordel Hull, Secretario de Estado de Roosvelt, aceptaba que Tacho Somoza, el dictador de Nicaragua, era un hdp pero alegó que “era nuestro hdp”. Cuando Curazao y Trinidad eran dependientes de las democráticas Holanda e Inglaterra, respectivamente, Pérez Jiménez logró que mi padre fuese expulsado de esas islas. En el caso de Trinidad también fueron desalojados Jóvito Villalba, Droz Blanco y Vicente Gamboa. Afortunadamente, hoy la defensa de los derechos humanos no tiene fronteras y los países democráticos tienen pocas simpatías por las dictaduras.

Parte de la oposición aceptó acudir a una nueva negociación, siempre y cuando asistan como acompañantes cancilleres de países democráticos. Esta vez cuenta con respaldo internacional, lo cual es una ventaja. Sin embargo, comparece debilitada por la reciente derrota y por la división interna. El régimen acude fortalecido por una parte, pero debilitado por la necesidad de refinanciamiento de la deuda y por las sanciones internacionales de Estados Unidos, Canadá y de los 28 países de la Unión Europea. ¿Qué se podrá lograr? Lo máximo sería que se disolviera la Constituyente, pleno reconocimiento de la Asamblea Nacional, cambio del CNE y del TSJ, libertad de presos políticos y canal humanitario. Lo mínimo aceptable sería que los rojos limiten las atribuciones de la Constituyente, designación de un nuevo CNE, libertad de los presos políticos y canal humanitario ¿Vale la pena ir a esa negociación? Sí, siempre y cuando nuestros representantes no se dejen engatusar.

Predicar que debemos hacer cumplir el “mandato” del 16J, sin tener cómo son solo buenos deseos. Otras opciones son posibles, pero se perciben poco probables. Para salir del régimen la oposición no puede ser fulano o zutano, tenemos que ser todos. Para alcanzarlo quizá lo apropiado es lograr una buena negociación y reconstruir la unidad alrededor de un candidato independiente.

Como (había) en botica: Según Boletín de la OPEP del día de ayer, la producción de crudo de Venezuela es de 1.863.000 barriles por día, un 5.7% del total de esa organización. “Infatigables” es un libro que está próximo a circular. Víctor José López( El Vito) no se limita a referir las luchas por la libertad en las que participaron familiares de él y de su primo Leopoldo, otro infatigable, sino que en forma amena nos pasea por muchos sucesos de fines del siglo XIX hasta la fecha. Lo disfruté y aprendí.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Ángel Oropeza

En un estudio realizado por el psicólogo norteamericano Sherif y sus colegas, se hizo una dramática demostración de cómo se pueden generar de manera artificial prejuicios y desconfianza en grupos que, de manera natural, no los tenían.

Los investigadores enviaron niños de 11 años de edad a un campamento de verano. Una vez allí, fueron divididos en dos grupos. Durante una semana, ambos grupos vivieron y jugaron juntos. En esta fase, los niños desarrollaron rápidamente un fuerte apego a sus grupos. Eligieron nombres para sus equipos (“Serpientes” y “Águilas”) y los grabaron en sus franelas, e hicieron banderas con los símbolos de sus grupos.

En este punto comenzó la segunda fase del experimento. A los chicos de cada grupo se les dijo que realizarían una serie de competencias “suma cero”, donde el triunfo de uno únicamente es posible si el otro es eliminado. El equipo vencedor recibiría un trofeo, y sus miembros obtendrían valiosos premios. A medida que los chicos competían, aumentó la tensión entre los grupos. Al principio se limitaron a mofas e insultos verbales, pero pronto se produjo una escalada hacia acciones más directas. Por ejemplo, las Águilas quemaron la bandera de las Serpientes. Al día siguiente, las Serpientes contratacaron invadiendo la cabaña del rival, volcando camas y llevándose efectos personales. Entretanto, los dos grupos se increpaban entre sí tachando a sus contrarios de “traidores”, “cobardes” y “vendidos”. En poco tiempo, cada grupo mostró hacia el otro los elementos básicos de un fuerte y artificial prejuicio.

Por suerte, la historia tuvo un feliz desenlace. En la fase final del estudio, se alteraron intencionalmente las condiciones, a tal punto que los grupos se vieron en la necesidad de trabajar juntos para obtener objetivos superiores (metas deseadas por ambos grupos), lo que produjo drásticos cambios. Después de que los chicos trabajaron en equipo para restablecer el suministro de agua –previamente saboteado por los investigadores–, tuvieron que juntar sus ahorros para alquilar una película y repararon entre todos el camión en el que salían de paseo, se desvanecieron progresivamente las tensiones entre grupos.

La psicología social ha comprobado cómo los regímenes fascistas y militaristas de dominación manejan desde hace mucho tiempo la utilidad de la generación artificial de prejuicios y desconfianza. Porque la forma más fácil de dominar a un adversario es dividiéndolo y haciendo que se enfrente entre sí, que crea que el enemigo a vencer no es quien lo domina sino quien está a su lado sufriendo también la dominación. No solo su fuerza se reduce a la mitad, sino que el enfrentamiento intencionalmente fabricado entre sectores artificialmente en pugna permite que la energía social de reacción e indignación ante tanto sufrimiento no se dirija hacia el verdadero responsable, que es el gobierno, sino que convenientemente se desvíe hacia otros compatriotas o grupos que al final también son víctimas de las mismas tragedias.

Que esta estrategia de generar desconfianza y división con fines de dominio lo haga la clase política instalada en el poder es perfectamente explicable. Lo que no se entiende es que quienes se les oponen se sigan prestando a ese juego perverso, que es la base de sustentación del modelo de dominación fascista.

Desmontar la creada –y muy bien reforzada desde el gobierno– arquitectura de prejuicios y desconfianza entre quienes nos oponemos al régimen es hoy una de las tareas más urgentes por emprender. Y esa labor comienza por reconocer que sin unidad lo único seguro que nos espera son seis años más de Maduro en el poder. Lo trágico es que eso puede perfectamente ocurrir no por la fortaleza ni por el respaldo popular al régimen, sino porque quienes le adversamos no sepamos ponernos de acuerdo para postergar nuestros discrepancias hasta después de superada la dictadura. El problema es que, si esta continúa, ya ninguna de nuestras diferencias importará, porque simplemente estaremos todos condenados a desaparecer.

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Por fin, después de ocupar uno de los primeros lugares entre los países más violentos del mundo, una denominada ley constitucional, que no es ley, ni es constitucional, “declara a la República Bolivariana de Venezuela como territorio de paz, contrario a la violencia en todos sus formas y manifestaciones” (artículo 3) y habiendo aparecido en Gaceta Oficial N° 41274, de fecha 8-11-2017, si alguien no acatare estos dispositivos que consagran la tolerancia, la convivencia pacífica y la prohibición de la violencia, dispone el instrumento que “quien públicamente o mediante cualquier medio apto para su difusión pública fomente, promueva o incite al odio, la discriminación o la violencia contra una persona o conjunto de personas en razón de su pertenencia real o presunta a determinado grupo social, étnico, religioso, político, de orientación sexual, de identidad de género, de expresión de género o cualquier otro motivo discriminatorio, será sancionado con prisión de diez a veinte años sin perjuicio de la responsabilidad civil y disciplinaria por los daños causados” (artículo 20).

En definitiva, pues, por obra de un acto “constituyente”, emanado de una asamblea que no fue convocada por el pueblo, habríamos alcanzado el fin anhelado de la “paz”.

Sin embargo, se ha olvidado un pequeño detalle: sin justicia no hay paz y para que aquella se imponga se requiere de hombres honestos e incorruptibles que apliquen el derecho según las exigencias de la ley, obedeciendo a los mandatos de su conciencia.

Este parapeto constituyente no es ninguna novedad en su contenido. Disposiciones sancionatorias vigentes como la instigación al odio o a la desobediencia de las leyes, de modo que alteren la tranquilidad pública, han llevado a la cárcel a cientos de venezolanos que simplemente han expresado sus posiciones adversas al gobierno, habiendo sido señalados por ellos como traidores a la patria, escuálidos, vendidos al imperialismo y como merecedores de celdas ya dispuestas en los antros penitenciarios venezolanos, en cuya entrada se podría leer como en el Dante: “Los que entráis aquí, abandonad toda esperanza”.

Esta pretendida “ley”, sencillamente, contiene disposiciones de censura y amenaza para cualquier disidente, dejando a salvo a los turiferarios del régimen, promotores de la paz y la concordia, lo cual, precisamente, no aparece en los innumerables programas de las televisoras oficiales que exhiben videos que exponen al desprecio público a los adversarios políticos.

Sin duda, el decreto de paz y condena de la violencia se ha olvidado de las madres que pierden a sus hijos en el mar de la impunidad que reina en el país y no toma en cuenta la agresión institucional “permanente y flagrante” contra una población que sufre las carencias de medicinas y alimentos, hundida en la desesperanza o en la conformidad del ciudadano más humilde que solo espera la dádiva de una bolsa de comida o un bono navideño de consolación para despertar al otro día en la cola madrugadora que se satisface con “lo que llegue”.

La paz no se decreta, ni las leyes sirven a tal fin. La paz es el fruto más preciado de una sociedad que transita o se enrumba por el camino del derecho y de la justicia, de la mano de conductores expertos que no se atrincheran detrás del poder para el logro de beneficios personales o de grupo.

Esta “ley” no acabará con la siembra de odio que ha tratado de prender en nuestro noble pueblo, que sigue siendo tolerante, afable, de buen corazón y abierto a los sentimientos de solidaridad y amistad; pero sí sumará nuevas víctimas de un sistema violento, que no soporta el disentimiento y que se ensaña y mantiene en cárceles de odio a quienes, simplemente, han hecho profesión pública de sus convicciones democráticas consideradas como “intenciones criminales” de oposición al régimen.

aas@arteagasanchez.com

@ArteagaSanchez

El Nacional

13 de noviembre de 2017

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Los economistas hemos venido alertando desde hace tiempo que, de no rectificar, las políticas del gobierno conducirían a la hiperinflación. Lamentablemente, se ha cumplido este pronóstico: hoy está con nosotros este flagelo y la proyección para el año 2017, tomando en cuenta la inflación de los últimos meses, arroja una cifra que probablemente superará el 1.400%.

Es menester señalar, para desgracia de los venezolanos, que similar comportamiento en los precios preludió los altísimos niveles de hiperinflación -de varios miles o incluso de millones por ciento- que sufrieron Bolivia, Perú y Argentina en los años ‘80, Chile, cuando Allende, Zimbabue recientemente y Hungría entre agosto, 1945 y julio, 1946, la mayor registrada a nivel mundial.

Sin embargo, el país está a tiempo de evitar tan trágico desenlace si se toman las medidas apropiadas. Éstas se comprenderán mejor si examinamos los elementos que expresan la dinámica inflacionaria:

  • Crecimiento desorbitado de dinero sin respaldo para financiar sector público;
  • Abultados y sostenidos déficits del sector público
  • Pérdida de confianza en el bolívar como depositario de valor;
  • Colapso sector externo y alza desmedida del dólar negro;
  • Indexación creciente de precios y remuneraciones.

Un resumen

El Índice Precios Nacional al Consumidor (IPNC), en los últimos dos años (calculado por la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional), viene “jalonado” al alza por el incremento de la liquidez, el financiamiento monetario (“inorgánico”) del gasto público y la subida del dólar “paralelo”; estos últimos especialmente durante 2016 y 2017. Para 2017 el registro es hasta el cierre de octubre, pero la inflación se proyecta para todo el año, pudiendo superar 1.400%.

Las consecuencias de la hiperinflación a la que estamos entrando son trágicas. En primer lugar, está el empobrecimiento acelerado de la población, cuyas remuneraciones se quedan cada vez más rezagadas con respecto al alza de precios. De manera que, mientras persista el gobierno en mantener sus políticas, se incrementará el hambre, la desnutrición y, con ella, la vulnerabilidad frente a enfermedades de todo tipo. Con la escasez y el precio sideral de los medicamentos (en comparación con los sueldos en bolívares), es de prever un número creciente de muertes que no tendrían por qué ocurrir.

Luego está la incertidumbre que causa la hiperinflación sobre la actividad privada, acentuando la imprevisibilidad e inseguridad que se derivan de la falta de garantías. Se hace muy riesgoso el cálculo económico que debe orientar las decisiones de compra, la contratación de empleados, la inversión y la fijación de los precios de venta, afectando de manera desigual a distintas empresas dependiendo de su tamaño y ramo de actividad. Esta ausencia de previsibilidad estimula la especulación a expensas de la actividad productiva, y redunda en mayor desempleo y presión hacia la baja de los salarios reales.

Soluciones

Parar cuanto antes el desarrollo de la hiperinflación es un imperativo vital para los venezolanos. Para ello es menester desactivar los motores inflacionarios examinados en estas páginas. En primer lugar, terminar con la impresión de dinero sin respaldo por parte del BCV, lo que implica sanear y equilibrar las cuentas fiscales, y aumentar la eficiencia de la gestión pública. Ello debe acompañarse con la unificación del tipo de cambio, auxiliado por un generoso financiamiento externo, que permita su rápida estabilización a niveles muy por debajo de la cotización del dólar paralelo, lo que tumbará los precios de una gran cantidad de bienes e insumos importados, además de que permitirá la libre concurrencia al mercado de divisas para traer repuestos, equipos e insumos con los cuales aumentar la oferta del aparato productivo doméstico, e importar los bienes de consumo que hagan falta.

El respaldo de los organismos financieros internacionales y el compromiso con políticas consistentes y creíbles de estabilización macroeconómica, en un marco de seguridades jurídicas a la propiedad y para la resolución de controversias, son clave para restablecer la confianza y detener los ataques contra la moneda local. Las experiencias exitosas de países como Perú y Brasil en derrotar la hiperinflación que padecieron a finales del siglo pasado ofrecen valiosas enseñanzas de cómo combinar la ejecución de políticas monetarias, fiscales y cambiarias para abatir rápidamente el alza de los precios.

A la vez, deben desmontarse los controles de precio --en absoluto han servido para contener la inflación- y las leyes punitivas, para promover la iniciativa privada en un mercado competido. La libre concurrencia al mercado cambiario estabilizado redundará en una baja de muchos precios. La reactivación económica, en un marco de seguridades, transparencia y estabilidad macroeconómica -incluyendo un tipo de cambio libre y competitivo-, generará la confianza necesaria para atraer inversiones extranjeras y permitir un incremento sostenido de las exportaciones no tradicionales, de mayor valor agregado, que fortalecerán la posición externa del país. Como resultado, habrá de aumentarse el empleo, con remuneraciones crecientes que superen perentoriamente los sueldos de miseria que hoy percibe el grueso de la población, para equilibrar su relación con los precios. Detrás de esto tiene que estar el incremento de la productividad alimentada por la competencia, el emprendimiento y el aprovechamiento del talento en la forma de innovaciones y adoptación / adaptación de nuevas tecnologías.

La presencia de un abanico amplio de bienes y servicios domésticos, la libertad de importar con un tipo de cambio estable y previsible, las garantías y seguridades económicas redundarán en una reanimación de la confianza en el bolívar como depositario de valor, frenando la velocidad de circulación del dinero, es decir, la rapidez con que el venezolano busca ahora desprenderse de sus bolívares8.

Desde luego, lo anterior son apenas lineamientos generales para un programa de reactivación que supone resolver innumerables detalles. No obstante, representa un consenso básico entre economistas sobre cómo superar la presente tragedia. En particular, la Academia Nacional de Ciencias Económicas viene señalando medidas como éstas en sucesivos pronunciamientos hechos al público9. Asimismo, en entrevistas, ponencias y declaraciones públicas, numerosos economistas calificados han reiterado la necesidad de rectificar las medidas de política actuales para abatir la inflación y reactivar la economía.

De manera que las soluciones a la hiperinflación no involucran procesos complicadísimos mantenidos en secreto por un reducido grupo de iluminados. Las experiencias exitosas de países que han derrotado la hiperinflación están, además, a la vista. Organismos financieros y de cooperación internacional acumulan una vasta fuente de enseñanzas sobre instrumentos de política y condiciones requeridas para derrotar la inflación, que están a la disposición de los gobiernos que desean servirse de ellas.

No tengo la menor duda de que en el alto gobierno se conocen estos remedios, por lo que no instrumentar las medidas pertinentes cuanto antes representa un terrible crimen que no tiene justificación alguna. Atajar el deterioro en el bienestar de los venezolanos y evitar la desnutrición y muerte de un contingente creciente de compatriotas pende de ello. Sobreponer intereses personales cobijados en una retórica política “revolucionaria” para no instrumentar las medidas requeridas no tendrá perdón.

Presidente Academia Nacional de Economía

Profesor UCV

humgarl@gmail.com

11 de noviembre, 2017.

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