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Opinión

La “predicción política” es un arte adivinatorio que no se me da bien, pero a veces por mera reflexión política vale la pena hacerlo.

La dictadura no necesita tener buenos candidatos a gobernadores, los que vayan a votar por ellos, votarán por ellos como quiera que sean, igual que los opositores lo harán por los suyos. La polarizada situación política del país no deja alternativas, no vamos a una elección, sino a una medición. Muchos han olvidado este detalle.

El problema de la dictadura es que ese número: “los que vayan a votar por ellos”, cada vez se reduce más y ya no les alcanzará para ganar muchas gobernaciones. Tendrán la votación de sus “fieles” que se completará con las trampas que puedan hacer –en aquellas mesas remotas o peligrosas, donde la oposición no logre tener testigos u observadores– y tratando de disminuir la votación opositora. Con eso ganarán unas pocas gobernaciones, estimo que no más de siete, que no menciono por aquello de las profecías auto cumplidas.

Esto se debe a que la política pro abstencionista de la dictadura y de algunos opositores –frustrados, molestos o resentidos con la MUD porque no se logró el objetivo de sacar a Maduro tras cuatro meses de protestas en la calle– no ha tenido éxito o se ha “desinflado” y cada día pierde más adeptos. Falta ver sí ese aumento en la intención del voto le alcanza a la oposición para ganar 16 o más gobernaciones de las 23 –si 23– que lucían posibles a finales de 2016, de acuerdo con encuestas y algunos estudios históricos de resultados electorales. En todo caso, es seguro que la oposición ganará las gobernaciones más grandes, donde hay más población.

La dictadura tiene entonces dos opciones, el fraude y la suspensión del proceso. El fraude ya sabemos que es difícil si se logran testigos en el 90% de las mesas; la oposición lo sabe bien y en este proceso que es regional o local, donde hay 23 candidatos con sus propios intereses y maquinarias, este objetivo es más fácil de lograr. Lo de la suspensión del proceso, es un punto del que se ha hablado y yo lo he mencionado en un par de artículos anteriores. Sigue siendo un “peligro” real y siempre se creyó que era la mejor opción de la dictadura. Pero fíjense que pongo “peligro” entre comillas y digo “era”, pues ya no estoy tan seguro que ahora puedan suspender las elecciones, porque la comunidad internacional le está respirando en la nuca a la dictadura.

Lo que van a tratar es de minimizar pérdidas para que la derrota no sea tan estridente. Por lo tanto intensificarán su campaña de abstención, confusión y desmoralización de la oposición. Con el CNE exacerbando las arbitrariedades, como la de impedir la sustitución de candidatos, ahora “legalizada” por el TSJ, o hablando de poner más normas absurdas y desesperadas, como lo de la “juramentación” ante la ANC, buscando que sea la oposición la que se “retire” o se exacerben los ánimos de algunos opositores en contra de la MUD, que le haga perder votos. No obstante, si la situación se les vuelve más crítica, no creo que tengan mucho escrúpulo en darle la patada a la mesa y que sea la ANC, por ejemplo, la que suspenda las elecciones con cualquier pretexto. Pero reitero, aunque siempre es posible, la presión internacional hace que esto sea cada vez más difícil.

Veremos entonces en los próximos días, en el desarrollo de la campaña pro abstención de la dictadura, como intensifica también su campaña favorita: intimidación y demagogia populista. La intimidación abarca también a los suyos; a los más pobre les dirán: “cuidado, que te van a quitar lo que te dio el comandante” y a los “enchufados” ricos acosándolos con su Fiscal y asustándolos con lo que pueden perder, sobre todo ahora que se van reduciendo los “espacios de disfrute”, por las medidas que en contra de algunos seguidores de la dictadura se están adoptando internacionalmente.

Como para lo segundo –la demagogia populista– no hay recursos, el énfasis será en la intimidación y en la confusión.

@Ismael_Perez

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Elías Pino Iturrieta

No hay dudas sobre la existencia de una dictadura en Venezuela. La aplanadora autocrática se ha impuesto progresivamente, hasta dominar la mayoría de los espacios de la vida pública y muchos de la vida privada. Los poderes del dictador se han extendido a los terrenos que ha necesitado controlar para llegar a una dominación que no existía desde 1958, cuando sucedió el derrocamiento de Pérez Jiménez. Los aspectos que van desde el control político hasta la distribución de la riqueza se han convertido en el monopolio de una sola autoridad o están a punto de ser parte de una cabal hegemonía. La ley ha sido remplazada por la arbitrariedad en la mayoría de las vicisitudes que conciernen al ciudadano para que no existan garantías cuando se reclama justicia y se busca una forma más hospitalaria de vivir. Además, para que no queden dudas sobre su esencia despótica, en situaciones de apremio el régimen ha prodigado acciones de violencia, sangre, vejaciones y muertes que no se ha ocupado de ocultar. Pero estamos solo ante una de las caras de la moneda.

Hay una parte de la realidad que debemos retener y reconocer para que la imagen no se refleje en prisma deformado. Existe una tendencia democrática que se ha empeñado en permanecer en medio de terribles privaciones. En no pocas ocasiones la tendencia se ha convertido en movimiento arrollador para sobresalir en el centro de la escena. La dictadura no ha dejado de recibir respuestas, unas mejores que otras, unas más contundentes y otras menos satisfactorias, a través de las cuales se descubre una vigilia cuya influencia en la ciudadanía es fácil de probar. Es un fenómeno de vaivén, algo que camina sobre terreno resbaladizo, pero persiste en su evolución. Ha recibido golpes desde el ascenso de Chávez que la han puesto a dar tumbos y a caer en cama, pero ha levantado cabeza después de la decadencia que condujo al reinado de los “bolivarianos”, cuando la democracia representativa lucía exhausta caminando hacia el cementerio. Pero no hubo defunción. Lo que fue una ruina hace casi dos décadas ha levantado pilares y paredes. De la decrepitud se pasó al vigor. Una nueva generación la ha alimentado con su savia. No es un edificio sentado en bases firmes, pero su destrucción parece ardua o imposible. ¿Por qué? Debido a que no es obra de la actualidad. Responde a una historia susceptible de aguantar los empellones feroces del despotismo. De allí que no solo exista en el seno de los partidos políticos, sino también en el regazo de toda la sociedad. Sin esa fábrica no existe Venezuela.

El peso de ese ingrediente de la sensibilidad venezolana, de esa atadura con un conjunto de valores supremos, ha impedido el perfeccionamiento de la dictadura, la ha dejado a unas cuadras de su oscura meta. Al mostrarse en toda su dimensión, capaz de levantar los ánimos del entorno y de provocar la atención de los gobiernos extranjeros, la tendencia democrática ha limitado el apetito del mandón y lo ha obligado a unas licencias sin cuya concesión se mostraría excesivamente monstruoso ante propios y extraños. Ha sido de tal magnitud la respuesta frente a los apetitos del dictador que ha debido él, por fuerza, reducir las solicitudes de un estómago descomunal. De allí que se trague la píldora amarga del voto mientras piensa en un menú más acorde con su sustancia cesárea, en algo que lo lleve a la supervivencia sin la incomodidad de continuar batallas callejeras con los luchadores del contorno y diferencias ásperas con los mirones de afuera. Es así como se puede desvelar el enigma que significa votar en dictadura.

Pero las elecciones son en sí mismas un combate específico, un torneo producido por los sucesos del pasado próximo que se debe asumir como hecho singular. La dictadura las manejará según su conveniencia, propiciando situaciones que la favorezcan y caminando después de las ventajas y las patadas, sin llegar al extremo de convertir la jornada en parodia. Como no está sola en el patio, no le quedará más remedio. La tendencia democrática tendrá ocasión de bañarse en sus aguas lustrales, si deja de lado los desengaños y los desencuentros de la víspera y sabe que se juega la vida en una jornada que nadie le regaló. Para cuidar a su madre y a su hija predilecta debe ganar en lid comprometida.

epinoiturrieta@el-nacional.com

 3 min


Pedro Penzini preguntó cuántas gobernaciones podría ganar la oposición y mi respuesta inició con un dimensionamiento teórico: “Si las elecciones tuvieran participación plena y fueran transparentes y competitivas, la oposición podría ganar entre dieciocho y veintiún gobernaciones”.

¿Significa esto que esa es mi proyección para el domingo? Absolutamente no. La teoría y la práctica podrían ser dramáticamente distintas. La primera razón es que no se cumplen las condiciones para el dimensionamiento anterior. En las últimas encuestas, el nivel de abstención reportado es mucho más elevado que el usual y esa abstención potencial proviene fundamentalmente de personas que si votaran lo harían por la oposición. A medida que aumentan los índices de abstención, la oposición pierde fuerza electoral, se reduce su brecha de ventaja y aumentan las probabilidades de que el chavismo se cuele en zonas donde no representa la mayoría.

Los riesgos principales se van a presentar en dos tipos de estados. Los primeros son aquellos donde la diferencia entre las dos fuerzas políticas es pequeña y la abstención cruza la barrera de sensibilidad electoral, es decir, los opositores que no votan, cualquiera sea su argumento, aniquilan la ventaja numérica y entregan el triunfo a su adversario. El segundo grupo de riesgo es el de los estados donde la abstención reduce también la brecha, aunque no llega a voltearse naturalmente el resultado, pero la merma de ventaja, especialmente en estados pequeños, abre las oportunidades de que las acciones de la maquinaria chavista, condimentada por manipulaciones institucionales, termine por cerrar la brecha en votos y producir un triunfo chavista inducido.

Ninguna de estas dos variables se puede proyectar con certeza. En una campaña tan corta como esta, se producen movimientos extremos muy rápidos, como el observado en la campaña presidencial del 2013, en la que el candidato Maduro arrancó con veinte puntos de ventaja y termina fulminando toda la brecha en apenas un mes. Si bien nuestras últimas mediciones indican que cerca del 40% de los electores están absolutamente seguros de votar, es perfectamente predecible que en el último tramo de campaña, los opositores descontentos decidan ceder y votar, aunque sea con un pañuelo en la nariz, entendiendo que al no ir con una posición abstencionista unitaria en toda la oposición, su acción deja de tener sentido simbólico para convertirse en una guillotina que destruye el único mensaje que se puede enviar en este elección: la demostración de la mayoría opositora y el ejercicio del derecho que se defiende: el voto. Si esa abstención se reduce y la participación termina siendo elevada, las brechas a favor de la oposición se amplifican casi proporcionalmente, permitiendo mostrar mejor la fuerza real de la oposición y complicando enormemente cualquier intento de manipulación electoral, que no podría estar encubierta en la apatía, logrando un resultado más cercano al teórico.

En todo caso, no estamos hoy en capacidad de decir cuál de estos escenarios ocurrirá, pero sí podemos adelantar una primera proyección general. La incertidumbre no parece ser si la oposición ganará o no la mayoría de las gobernaciones. Eso es lo más probable. La pregunta es si su triunfo será contundente o veremos algo muy moderado, lejos de las expectativas de la población opositora y la comunidad internacional y con algunas sorpresas estrambóticas en estados que nadie pensaría que el chavismo podría ganar, volviendo a generar frustración y debilitamiento. Un típico caso donde el triunfo numérico podría no ser un triunfo político.

La conclusión es hiper simple. No votas, no ganas… y viceversa.

Luisvleon@gmail.com

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Carlos Ramírez López

Se ha programado la instalación en el exilio del Tribunal Supremo de Justicia para el próximo 13 de octubre 2017 en la sede de la Organización de Estados Americanos en Washington DC. Este es un paso de gran trascendencia jurídica, política y humanitaria para Venezuela y el mundo 1. Porque es un hecho inédito, primera vez que un tribunal de justicia, legalmente proclamado en su país, se constituye en el exilio debido a la persecución política desatada por el gobierno contra sus magistrados. 2. Porque al ser reconocido internacionalmente este tribunal podrá emitir decisiones con fuerza obligatoria cuya ejecución puede practicarse dentro de los mismos cánones de la jurisdicción universal, de la Convención de Palermo, es decir, de aplicación extraterritorial de sus decisiones dirigidas a combatir la impunidad en crímenes contra la humanidad, pero más que eso, también puede ejercer sus funciones en otras áreas de la justicia como la civil y la político-administrativa, todo con fuerza ejecutiva y posibilidad real de ejecución.

Esta instalación del más alto tribunal fuera de su territorio por razones de persecución política en el suyo es la más palpable de todas las pruebas de la existencia de un régimen tiránico en Venezuela, prácticamente es una sentencia internacional contra este que lo sindica y condena como autor de las más graves violaciones de los derechos humanos, pues impide el ejercicio de la legalidad que es precisamente el distintivo del sistema democrático. Ninguna otra denuncia se requiere para condenar a quienes mantienen en captura la democracia, la libertad en nuestro país y con lo cual han pretendido cometer toda clase de delitos individuales y colectivos sin preocupación por castigo.

Este TSJ en el exilio podrá, por ejemplo, juzgar a Nicolás Maduro mediante un antejuicio de mérito, también a Tareck el Aissami y a quienes ejercen como ministros, como procurador, como fiscal, como contralor, como defensor, como gobernadores, como oficiales generales y almirantes de la fuerza armada, también a los jefes de misiones diplomáticas del régimen, todo con apego al artículo 226 de la Constitución vigente. Y, según el trámite previsto, tales pronunciamientos corresponde hacerlos a Sala Plena de este TSJ en el exilio que, al declarar con lugar dicho antejuicio y previa autorización de la Asamblea Nacional, le corresponderá dictar sentencia final de destitución y castigo, también previa actuación de la fiscal general a quien corresponderá dar curso a la investigación penal.

Por solo poner algunas consecuencias prácticas de esta situación, podría ocurrir que cualquier avión del Estado, incluyendo el número 1, podrá ser inmovilizado en cualquier aeropuerto del mundo donde aterrice. Cualquier persona sobre la que recaiga orden de detención, incluyendo los agentes de la dictadura que usurpan cargos de representación diplomática, podrían ser arrestados en donde sea que estén; igual cualquier cuenta bancaria o activos de cualquier naturaleza; se podrá emitir una prohibición abierta a negociar con entes de Estado, etc.

La fiscal Ortega Díaz

El Ministerio Público representado por su legítima titular, también en el exilio, es la pieza que al engranar con ese mecanismo del TSJ constituirían el instrumento perfecto para una ofensiva mortal contra el régimen criminal y depredador que tiene secuestrado el poder político en Venezuela, y debería proceder igual: constituir sede en el mismo sitio, en la OEA, para así potenciar todos los esfuerzos que dentro y fuera se hacen para restituir un régimen de libertades y castigar a quienes lo han destruido. Y si existieran dificultades para que físicamente la fiscal se desplace a Estados Unidos podría designar un fiscal especial para actuar ante el TSJ, como lo dispone la ley, pues, en resumen, ella es la representante legítima del Ministerio Público, así reconocida dentro y fuera de Venezuela, condición que reafirmaría haciendo tal actuación.

En resumen

Este TSJ en el exilio pasaría a tener la poderosa fuerza de las leyes venezolanas y las internacionales que otorgan a la Corte Penal Internacional y a la Convención de Palermo unidas en el propósito de hacer justicia sobre la terrible catástrofe humanitaria que azota a nuestra patria por obra de la camarilla corrupta y narco-militar que la ahoga, y para esto se requiere que los magistrados entiendan que las circunstancias no son para ceñirse a actitudes escrupulosamente jurídicas, pues el solo hecho de estar constituidos en el exilio así se los deja ver, el ingrediente político ha de ser preponderantemente tomado en cuenta y deberán tener una intensa relación con las instituciones democráticas de todo el mundo y actuar con mucha audacia, con mucha imaginación, con mucha creatividad. Para situaciones especiales, soluciones especiales, esa es una máxima común que en las coincidencias del derecho y la política se producen para dar sosiego a una población atacada por abusos masivos de factores de poder.

No tengo dudas al afirmar que este Tribunal Supremo de Justicia y el Ministerio Público, ambos en el exilio, pasarán a ser el centro de gravedad de la situación política de Venezuela.

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Adolfo P. Salgueiro

En semanas anteriores hemos comentado los rutilantes éxitos obtenidos recientemente por la diplomacia venezolana en materia de política exterior. Parece que la racha sigue sin interrupción. Arreaza, un poco más educadito, sigue la línea trazada por su histórica antecesora en la Casa Amarilla.

En ocasiones –tanto en la IV como en la V– hemos criticado viajes presidenciales cuyos objetivos no lucían claros o no pasaban de ser un paseo de lujo con viáticos pagos para una privilegiada minoría ahora cercana al núcleo de Nicolás y su heroica esposa, la “primera combatiente”. Con relación al periplo de la semana que hoy finaliza podemos afirmar sin ironía alguna que se trató de una peregrinación indispensable para pedir “cacao” ante el nuevo zar de Rusia, que reviste la triple condición de acreedor importante de Venezuela, posible salvavidas financiero y por encima de ello manager de uno de los bandos en una disputa en la cual la patria de Bolívar es apenas un deudor moroso y simple peón en un juego de ajedrez global. A los chinos ya se les hizo el mismo show hace pocas semanas con resultados hasta ahora no explicados.

Así lo han entendido los próceres de Miraflores y alrededores que con renovado fervor venezolanista abordaron una vez más el avión de Cubana para presentarse en Moscú escupidera en mano para rogarle encarecidamente al “pana Vladimir” que refinancie, rebaje, mire para el otro lado o haga cualquier cosa para dar un poco de oxígeno a nuestra patria, “momentáneamente” carente de aire a causa de su indeclinable decisión de convertirse en la “Venezuela Potencia” que nos prometió el Eterno y –naturalmente– por la asfixia que el “imperio malvado“ ejerce sobre nuestra economía que, de no haber sido por eso, hubiera seguido su ejemplar camino de desarrollo y progreso .

Por lo que ha trascendido parece que el buen Nicolás utilizó su verbo más melifluo para halagar el oído y flexibilizar la billetera del catire (coincidencia que los dos protagonistas de la disputa por el cetro mundial sean rubios). Pareciera que en esta coyuntura de la historia los tropicales tenemos menos chance de montarnos en esos escenarios. Asimismo, la prensa y las redes de los apátridas han pasado videos con jaladas de mecate como las que ya no se constataban desde hace lustros de boca de jefes de Estado venezolanos. Sin duda que ser deudor moroso genera un discurso diferente que si uno fuera acreedor dadivoso.

Pero al menos podemos tener la tranquilidad de que lo que se le debe a Rusia ha sido utilizado para la compra de las armas que nos van a permitir defendernos con éxito de la aventura militar que tiene pensada Mr. Trump y al mismo tiempo garantizar nuestra integridad territorial y marítima ante un vecino como Guyana, hoy entregado a los arrullos de Exxon y dispuesto a impredecibles estrategias ante tribunales internacionales. De Colombia ni se diga, eso es tan pura pérdida que hasta su cripto-chavista canciller Mariángela Holguín se está poniendo dura, seguramente por órdenes que recibe desde Washington.

De paso, ya que estaba por el vecindario y tenía transporte disponible, el “hijo de Chávez” hizo escalas en Argelia (para un almuercito con el mil veces reelecto Bouteflika), además de sendas paradas en Bielorrusia y Turquía para cambiar impresiones con los “panas” de allá, Lukashenko y Erdogan, connotados militantes junto con Nicolás de un trío totalmente comprometido con las prácticas democráticas respetuosas de los derechos humanos, muy diferentes a el tal “Marianito” Rajoy que se atrevió a repartir algunos criticadísimos peinillazos en Cataluña, cosa que en Caracas jamás se hubiera permitido ni tolerado en revolución!

No podemos cerrar estas líneas sin comentar el hecho de que el Senado uruguayo, democrático de verdad, haya emitido una condena unánime (incluida la izquierda militante) en rechazo de las acciones del embajador de Venezuela ante ese país, que en violación flagrante y arrogante de las reglas de comportamiento internacional y de las normas que lo regulan (Convención de Viena) tuvo la original idea de presentarse como actor político en una actividad partidista, y luego transmitir uno o más programas de radio emitidos desde la propia sede de nuestra embajada en Montevideo. Seguro que el “camarada Chirinos” pensaría que se la estaba comiendo. Parece que los dueños de casa opinaron diferente. Deben ser “cachorros del imperio”.

Así pues, esperemos un poco más para seguir reseñando los éxitos que día tras día distinguen la acción internacional del gobierno revolucionario de Caracas antes de que las fuerzas del mal produzcan algún cortocircuito que pueda opacar el paso de vencedores, que desde hace ya lustros transita nuestra patria.

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Rafael del Naranco

Aún existiendo desiguales facetas nacionalistas, todas parten de un patriotismo exacerbado, retrógrado y fuera del contexto de una Europa unitaria, siendo el más aborregado el que ha imbuido hace una semana a la Generalitat de Cataluña.

Al relente de una organización nacida en 2015 con motivo de las elecciones parlamentarias, denominada “Juntos por el Sí” y formada de varios partidos nacionalistas con el único objetivo de conseguir la independencia de los “países catalanes”, se ha conseguido que los españoles estén viviendo uno de los momentos más difíciles de su historia a partir de la muerte del general Franco.

Lo que parecía quimérico, una alucinación desatinada, algo demencial, lo está consiguiendo una variopinta recua de mentes incendiarias que, aún siendo concisas en algunos planteamientos, vuelven a demostrarle a la realidad que el raciocinio enaltecido no es ninguna garantía de poseer un sentido proporcional de lógica.

En medio de ese pandemónium desatinado un conglomerado minoritario antídoto, denominado la CUP (Candidatura de Unidad Popular), consiguió, únicamente con 10 diputados, desalojar en enero 2016 al presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas, y llevar al cargo a Carles Puigdemont, un secundario político que comenzó a presentarse desde el primer día como el jefe de un Gobierno “rebelde” cuya meta estaba centrada en la independencia de Cataluña y de los Países Catalanes, concepto que abarca la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares bajo un slogan un poco largo y, aún así, reflejo inequívoco de lo que pretenden conseguir: “Una nación independiente, desligada de las formas de dominación patriarcales”.

No hay duda de que los sectarios políticos catalanes conceptuaron que la realidad gubernamental comenzó cuando apostaron sus asentaderas en el Salón de los Candelabros del palacio de la Generalidad, al relente de su venerable patrón San Jorge de Capadocia.

El patriotismo chauvinista es un nacionalismo atiborrado de complejos que siempre la izquierda emergente aprovecha a favor de su propia mitomanía sembrada de un concepto de nación que, si no falso, es cumplidamente engañoso. En él imperan los sentimientos sobre la razón y sirve de comodín para manejar ciegamente a las masas.

Hace unos meses, viendo ya venir el desbarajuste en que Cataluña está convirtiendo a España, recordaba en otra columna una frase manoseada y no por ello menos válida: “La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación”. Innegable verdad.

Cualquier exaltado de ton y lomo puede salir al remolino del irreverencia y crear con sus ínfulas mesiánicas un hatillo público, ya que siempre tendrá quien le siga cual piara en descampada.

El periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski recibió, en 2003, el “Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades”. Ese día nos hallábamos en Oviedo haciendo parada y fonda en una ciudad que ha ido congregando, desde hace más de 30 años, a destacadas personas e instituciones que han hecho invalorables aportes al conjunto de la humanidad.

Ahora aquella presencia literaria ha regresado al vislumbrar a esa Cataluña admirada y hoy tachonada de odios. Si hace unos meses, aún viendo la escalada de nacionalismo desatado, nos hubieran dicho lo que iba suceder hace unos pocos días en esa comunidad de tan inmenso valor histórico, lo hubiéramos negado con total firmeza.

Indudablemente los nacionalistas confesos no aprenderán nada de esas palabras de Kapuscinski al estar envueltos en la penumbra de la “caverna de Platón”.

Glosaba el autor de “Los viajes de Herodoto” la manera en que el nacionalismo se asienta en dos aspectos especialmente peligrosos y aborrecibles. El primero, una petulancia y soberbia que enclaustra la convicción de que la cultura propia es superior a la de otros. Lo segundo, presentar como enemigas a las comunidades y sociedades vecinas. El nacionalismo, para solidificarse con fuerza, “debe que disponer de la imagen amenazadora de un enemigo. Cuando el nacionalismo no dispone de un contrario real, lo inventa, porque lo necesita de manera inapelable”.

Y otra observación a los olvidadizos de la realidad: el nacionalismo se aprovecha al máximo de la propaganda en medios de comunicación como instrumento de manipulación. Recodemos “Técnica de un Golpe de Estado” del italiano Curzio Malaparte.

Alfonso Guerra, vicepresidente en el gobierno de Felipe González, comparó la secesión catalana con el nazismo de Adolf Hitler, recordando a su vez que “todos los fascismos habidos han nacido de un movimiento nacionalista”.

Y lo más demoníaco si aún cabe añadir algo más: Puigdemont y la CUP dieron un golpe de Estado y, aun con todo, de forma malévola, acusan de malhechores a la Policía Nacional española por intentar impedirlo.

rnaranco@hotmail.com

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Luis Ugalde

La frustración y la agonía del dominante régimen dictatorial son irreversibles. Cuanto más se prolongue, más doloroso será el final para todos, incluso para el propio partido de gobierno. Lo mejor que puede hacer Maduro es renunciar y abrir la puerta a la reconstrucción democrática con una transición pacífica y negociada.

Pero no solo el régimen está en agonía terminal, sino que una forma de hacer política durante décadas requiere de inmediata sepultura. No nos referimos al chavismo, sino al país entero que desde el siglo XIX ha hecho y tolerado (con honrosas excepciones) una “cultura política” muy negativa. Por ejemplo, en las recientes primarias de los demócratas podemos decir que 90% del comportamiento fue excelente, pero hubo un 10% que indignó al país y nos recordó lo peor del pasado prechavista. Hace falta un nuevo comportamiento político en los partidos, en la sociedad civil, en sus empresarios, organizaciones, universidades…

Erradicar la tolerancia con el cáncer de la corrupción. El desastre es tal que hay que arrancar de raíz la monstruosa corrupción de la cúpula chavista (la mitad del millón de millones de dólares se lo robaron entre la corrupción e ineptitud, con beneplácito de sus seguidores). Desde hace siglos prevalece la idea de que al llegar al poder es de inteligentes y vivos repartirse el botín, sin escrúpulos morales. Corrupción aceptada por los simpatizantes con tal de que repartan y dejen robar. El poder es para disfrutarlo; lo del poder como servicio queda para los mítines y los discursos patrios. Es absurdo –piensan– que el poder se deba someter a la Constitución y a la voluntad de los ciudadanos. Si además se tiene la fuerza de las armas, se rechaza toda forma de control institucional.

Combatir la ilusión de la riqueza rentista. Ha hecho un inmenso daño la falsa idea de que somos un país riquísimo y que nuestro problema no es producir más, sino que el gobierno reparta la abundancia existente. Ese fue el éxito inicial y la ruina del chavismo. Solo hay riqueza consistente cuando sale de la producción y talento de los venezolanos porque se dan la mano la educación formadora y la empresa productiva.

Eliminar el clientelismo que coloca en cargos a sus seguidores sin exigir capacidad; como lo vemos en incompetentes fracasados que en dos años han ocupado cuatro ministerios.

Los nuevos (y renovados) líderes políticos no se pueden quedar en protestar como opositores y repartir el botín al llegar al poder, poniendo los intereses del partido por encima del bien del conjunto del país.

Diálogo, negociación y democracia. Venezuela no puede rescatar la democracia sin diálogo entre todos los ciudadanos y sin negociar los puntos estratégicos imprescindibles para salir de la actual dictadura. Por eso los demócratas no pueden ir a la negociación como vergonzantes, de noche y a escondidas. El problema no está en participar, sino en saber qué exigir y qué defender como absolutamente irrenunciable. Sería una verdadera vergüenza que el diálogo para restablecer la democracia y la Constitución empezara reconociendo la constituyente creada por esta dictadura para matar la democracia y la Constitución vigente.

Evidentes y previas a toda negociación son algunas exigencias constitucionales:1) Pleno reconocimiento de la AN elegida y de sus responsabilidades constitucionales, la separación de los poderes públicos y su renovación constitucional. 2) Libertad de presos y exiliados políticos. 3) Estricto cumplimiento de la agenda electoral conforme a la Constitución. 4) Apertura a la ayuda humanitaria internacional en medicinas y alimentos por la grave emergencia nacional.

En estos puntos básicos tenemos pleno apoyo de medio centenar de países democráticos del mundo; y, si los difundimos y defendemos con claridad y coraje público, los convertiremos en la bandera movilizadora de todos los venezolanos demócratas.

Formación humana, dinámica empresarial y producción económica. Para que Venezuela sea reconstruida hay que cambiar el modelo económico y promover la iniciativa emprendedora, libre y ciudadana con cuantiosas inversiones nacionales e internacionales, con todas las garantías jurídicas. Pero el comportamiento empresarial no ha de ser lo que fue (y es) en muchos casos de seudoempresarios recostados en el rentismo estatal incompetente. Necesitamos un empresariado convencido de su responsabilidad e importancia estratégica en el combate de la pobreza, que es imposible sin generar oportunidades de buen trabajo productivo para 14 millones de venezolanos. Ello exige, por otro lado, una profunda transformación de todo el sistema educativo orientándolo hacia la creación de la riqueza con el talento y la formación humana honesta. La empresa no puede seguir entendiéndose como el campo de batalla que enfrenta como enemigos al capital y al trabajo, sino donde ambos se complementan y benefician en la lucha contra la pobreza, el atraso y la improductividad parasitaria.

¿Y los militares? Deben sacar las consecuencias de algo que está a la vista y repudiar esa política de reparto del botín que ha hundido a Venezuela y en la que algunos de ellos han sido los principales actores y beneficiarios. Eso sin mencionar el narcotráfico que ha envilecido todo.

La masiva votación del 15 de octubre será un paso adelante para obligar a la salida democrática del gobierno dictatorial.

05 de octubre de 2017

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