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Opinión

Equipo B de la Cátedra Simón Bolívar

El inicio de la campaña electoral para seleccionar a los Gobernadores de la República de Venezuela nos alerta a los demócratas, y en especial a los Operadores y Líderes Políticos Emergentes, para comprender y masificar la importancia del voto como el mayor instrumento democrático con el objeto de lograr cambios en un régimen autocrático-militarista cobarde, que desvió el Referéndum Revocatorio del 20 de octubre de 2016. Conducta cobarde y fraudulenta para instaurar una tiranía en Venezuela que terminó en la Guerra Civil de Venezuela en el siglo XXI. Los demócratas acudimos a la Resistencia Civil de manera heroica, fuimos capaces de entender a la Resistencia Civil como el método de lucha política colectiva basado en la desobediencia, para reinstalar la democracia. Y eso lo haremos con el voto del 15 de octubre.

El inicio de la campaña electoral nos llama a participar activamente y a colocar al ciudadano en el centro de la realidad política venezolana, para estimular su confianza en el voto. Reflotar el voto es priorizar la ciudadanía, reflotar el voto es fortalecer la Democracia, y reflotar el voto es apuntar hacia el Cambio Político que han negado bastardos politiqueros que sueñan todavía con instaurar en Venezuela un Estado comunal. Reflotar el voto es entonces la tarea de líderes y la masa ciudadana, que reconoce a la política como arte y ciencia, y con ello permitirá — con el voto — pasar de un Ambiente Político Electoral a un Ambiente Político Real Democrático.

Reflotar el voto — señores Líderes Políticos Emergentes y Operadores Políticos Regionales — es el más trascendental mensaje que enviará la mayoría como demócratas en Venezuela al continente y al mundo. Venezuela y sus demócratas mostrarán con ello la civilidad y la decisión política en la cual queda claro que es el ciudadano quien decide, y nunca más la cooptación y los partidos políticos. Reflotar el voto es entonces entender la política requerida de instrumentos analíticos, de líderes conscientes y de Operadores activos que nos muestren como hoy la mayoría somos demócratas y actuaremos en consecuencia en la reinstalación de la Democracia.

Reflotar el voto es lograr todas o casi todas las gobernaciones, hacer crecer la Participación Política Contendiente y reavivar la fe en la Democracia, con lo cual el 23 de Septiembre es el punto inicial para la gran tarea política de quienes creemos que los venezolanos nos merecemos un destino mejor. Un destino que anclado en el gentilicio venezolano, en la decencia, en la extraordinaria juventud de la Venezuela del siglo XXI ize las banderas de la virtud política para que se cimbre la voluntad de la mayoría. De la mayoría que además sepultará la perversión golpista del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992 generadores de la actual regresión política que de manera brutal y por la vía de la verticalidad y del mandato ha querido instaurar el Socialismo a juro. Reflotar el voto será en definitiva la voluntad democrática para la construcción de una patria decente que está dispuesta a vivir la democracia, a sentir la democracia y, como un virtuoso ciudadano, entenderse por encima de la Comunidad y del Estado

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Moises Naim

Una de las sorpresas que los historiadores estudiarán durante muchos años es la decisión de Estados Unidos de renunciar a su liderazgo mundial. Más aun, tendrán que explicar por qué lo hizo unilateralmente y sin que nadie le arrebatara el inmenso poder que acumuló durante el siglo pasado.

Esta abdicación no fue el resultado de una decisión específica, sino de un complejo y largo proceso. Y si bien la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca aceleró las cosas, la cesión de poder ya venía dándose desde hace un tiempo.

¿Qué tienen en común un agricultor de Iowa, un diseñador gráfico de Chile, un jubilado de Reino Unido y un trabajador en una cadena de montaje de China? Dos cosas: son miembros de la clase media de su país y están furiosos con sus gobernantes. Sus desilusiones están transformando la política y provocando acontecimientos sorprendentes, como la elección de Donald Trump, el Brexit, la defenestración de presidentes y una oleada mundial de protestas callejeras.

En muchos países del mundo desarrollado, la clase media está rebelándose contra el estancamiento o incluso el empeoramiento de su nivel de vida. La globalización, la inmigración, la automatización, las desigualdades, los nacionalismos y el racismo abren oportunidades para aventureros de la política que venden malas ideas como si fueran buenas.

Por supuesto que también hubo ricos y pobres que votaron por Trump en Estados Unidos y por el Brexit en Reino Unido, y que muchas personas de clase media votaron en contra en ambos casos. Sin embargo, no cabe duda de que, en los países ricos, y especialmente en EE UU, quienes tienen rentas medias forman el segmento que más perjuicios económicos está sufriendo.

Pero estas convulsiones no solo suceden en los países ricos. La clase media de Brasil, Turquía, China o Chile comparte las angustias que acosan a sus pares de Norteamérica y Europa occidental. La paradoja es que en las últimas tres décadas, cientos de millones de personas en Asia, Latinoamérica y África han salido de la pobreza y hoy forman parte de la clase media más numerosa de la historia. Pero esas personas tampoco están satisfechas y están protestando en las urnas y en las calles. Investigadores y diversas instituciones como el Banco Mundial definen la clase media como una franja con unos límites de ingresos muy amplios por arriba y por abajo, que pueden ir de 11 a 110 dólares diarios. Y las convulsiones en este segmento de población no son nuevas. En 2011 escribí que “la principal causa de los conflictos que se avecinan no será el choque entre civilizaciones, sino la indignación generada por las expectativas frustradas de una clase media que está en declive en los países ricos, y en ascenso en los pobres”. “Es inevitable”, escribí, “que algunos políticos de los países desarrollados achaquen el declive económico de su clase media al despegue de otros países”. Y advertía de que la prosperidad no siempre significa más estabilidad política.

La dimensión y la velocidad de la expansión de las clases medias en el planeta han sido verdaderamente espectaculares. El economista Homi Kharas, experto en la clase media mundial, calcula en un reciente estudio que hoy pertenecen a ella 3.200 millones de personas, es decir, el 42% de la población total. Cada año se incorporan 160 millones más.

Al ritmo actual de crecimiento, de aquí a unos años, la mayor parte de la humanidad vivirá, por primera vez en la historia, en hogares de clase media o superior.

Esa expansión ha tenido distinto alcance en diferentes países. Mientras que en EE UU, Europa, Japón y otras economías avanzadas la clase media crece a un mero 0,5% anual, en China e India ese mercado aumenta a un ritmo anual del 6%. Si bien ha alcanzado una dimensión sin precedentes en países como Nigeria, Senegal, Perú y Chile, la expansión de la clase media es un fenómeno especialmente llamativo en Asia. Según Kharas, los 1.000 millones de personas que se van a incorporar a la clase media en los próximos años vivirán, en su inmensa mayoría (¡un 88%!), en Asia.

Las consecuencias económicas son tremendas. En los países en vías de desarrollo, el consumo está creciendo entre un 6% y un 10% anual, y ya constituye un tercio de la economía mundial.

Las consecuencias políticas pueden ser igual de importantes. En Europa y en Estados Unidos son ya visibles en elecciones y referendos —Francia, Holanda, Reino Unido, Hungría, Polonia—, con la proliferación de candidatos y programas que antes eran impensables. Como escribióhace poco Bill Emmott, antiguo director de The Economist: “Vivimos en una era llena de turbulencias políticas. Sendos partidos con apenas un año de antigüedad se han hecho con el poder en Francia y en la enorme área metropolitana de Tokio. Un partido con menos de cinco años encabeza los sondeos en Italia. La Casa Blanca está ocupada por un neófito político, algo que causa un tremendo malestar entre los republicanos y los demócratas de toda la vida”.

Las turbulencias políticas también se hacen notar en países de rentas bajas y medias que están creciendo muy rápidamente. Cada vez que la clase media aumenta, sus expectativas y demandas lo hacen también. Unos actores sociales que están más conectados, que tienen más poder adquisitivo, tienen más educación e información, y son más conscientes de sus derechos, ejercen unas presiones inmensas sobre sus Gobiernos, que a menudo no tienen los recursos ni la capacidad institucional necesarios para responder a esas demandas.

Dichos países están empezando a mostrar fisuras similares a las de EE UU y Europa. En Chile —cuyos éxitos económicos lo han convertido hace tiempo en modelo para otras naciones y cuenta con una de las sociedades más estables de Latinoamérica— ha habido protestas violentas, abstención masiva en las urnas e incluso un asalto al Congreso porque los ciudadanos quieren expresar su decepción con un Gobierno que sienten que les ha fallado.

En China, los investigadores han observado que entre 2002 y 2011 se produjo una drástica caída de la confianza de la clase media en las instituciones legales, el Gobierno y la policía, a pesar de que fue un periodo de fuerte crecimiento y mejora de los programas sociales. El Gobierno chino está preocupado, sin duda. De hecho, muchos piensan que el vertiginoso crecimiento del país es un pilar fundamental de la estrategia de Pekín para aplacar a la clase media: ya que el Gobierno no te va a ofrecer una democracia constitucional, libertad de expresión y derechos humanos universales, al menos hará que tengas un mejor salario, o incluso que puedas enriquecerte. El riesgo es que una contracción económica prolongada podría desatar la agitación política que las autoridades tanto temen.

Los motivos del descontento en el mundo en desarrollo —a pesar de la mejora de los niveles de vida— son numerosos, pero sin duda el acceso a la información es un factor crucial. Las personas educadas e informadas son más difíciles de controlar. Es más, cuando miles de millones puede ver en su teléfono móvil cómo viven los demás, hay muchas más probabilidades de que se sientan insatisfechos con su situación. Seguramente piensan: “Trabajo tanto como ellos, así que también me lo merezco”. Ese “lo” pueden ser salarios más altos, sanidad más asequible, mejor educación para sus hijos, igualdad, mejores servicios públicos o libertad de expresión. Ahora bien, la “conectividad” barata y generalizada y la revolución de la información no son los dos únicos factores. También cuentan la urbanización, las migraciones, el aumento de las desigualdades, e incluso el nuevo entorno cultural y las expectativas sobre la corrupción, la autoridad y las jerarquías.

¿Qué va a pasar? El rechazo al “más de lo mismo” y los reacomodos políticos están siendo inevitables: Donald Trump y el Brexit no son más que dos manifestaciones, espoleadas en parte por la revuelta de las clases medias en los países ricos. La furia de la clase media en los países pobres y de rentas medias también está en ebullición. Sus consecuencias son imprevisibles.

El País

Septiembre 23, 2017

https://elpais.com/internacional/2017/09/22/actualidad/1506099055_571906...

Traducción de M. Luisa Rodríguez Tapia.

@moisesnaim

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Alberto Hernández

Crónicas del Olvido

1.-

Venezuela es un mapa arrugado sobre un charco de sangre. El país de los viejos caudillos retorna, gira como un carrusel, siempre regresa y se instala en el imaginario recurrente de quienes se encargan de trazarla, de revelar sus límites, de deshacerse del olvido para acomodar la tarima donde el populismo es la base de la demagogia.

Con ese espíritu ha sido escrita la novela “El reino de arena”, de Andrés Volpe, publicada por Oscar Todtmann Editores, Caracas, 2017.

El largo relato de Volpe deriva en una suerte de ensayo en el que la ficción roza la realidad, la del pasado y la del presente actual, porque siempre habrá un presente ataviado con el mal olor del pasado y con ciertos rasgos triunfalistas reservados al futuro. En el caso de Venezuela, todo lo que se afirme acerca del poder, fraguado por caudillos cuyos desenfrenos concluyen en la muerte, se asimila a los escrúpulos que podrían ser parte también de una añoranza: soñamos con el paraíso perdido, con el que siempre hemos fantaseado. Con el que solemos tener frente a nosotros como una vieja película muda.

Venezuela siempre será un regreso a la ilusión. A un reino que jamás ha sido liberado, a los feudos que nunca han sido desterrados del inventario colonial. Las páginas de Volpe nos llevan a sabernos protagonistas o testigos de aquella Venezuela en la que las guerras, desde las de Independencia, pasando por las del siglo XIX, nos trajeron a ésta en la que Bolívar continúa montado en su caballo blanco dando órdenes y gritando sobre las cabezas de un grupo de soldados y mercenarios.

Novela que refleja la Venezuela de la Guerra Federal, las de los liberales amarillos, la de Zamora, los Monagas, Crespo o Castro y la última de Juan Vicente Gómez, y tocada por la asignación de los nombres que hoy creen cabalgar en ese caballo que mira hacia otro lado. Esta borrosa capitanía general fue y es una rueda sin fortuna.

2.-

Venezuela es un mapa cuyos trazos borrosos animan a pensar que aún no ha consolidado su presencia en el concierto de las naciones, como suelen decir los diplomáticos e historiadores. Venezuela, desde estas páginas, es la imagen de una gran torta de la cual cada quien toma un pedazo. El federalismo fue un zumbido en el cerebro. Los andinos, los llaneros, los capitalinos, los zulianos, todos ellos, funcionarios del pasado remoto y del presente instalado en nuestras grietas, conforman el rompecabezas de una nación a punto de extinguirse o de refundarse como república. La ficción suele estar más cerca de la realidad que la realidad de la ficción.

Hoy, queda revisar los viejos cuadernos, los antiguos apuntes para poder entender que este país es la novela que el joven novelista Andrés Volpe ha puesto ante nuestros ojos.

Es el relato de una permanente confrontación. La narrativa de un cuestionamiento inacabable, porque la vida y la muerte siempre han encarado sus diferencias y las han usado como epitafio.

Los nombres de los vivos y los muertos en esta novela son los mismos nombres de los vivos y los muertos que nos han tocado conocer y enterrar. Desde la muerte de Bolívar hasta la agonía política de Nicolás Maduro. Desde la mitológica batalla de Santa Inés de Ezequiel Zamora hasta la canonización de Hugo Chávez. Desde el epiléptico Páez hasta el retaco Marcos Pérez Jiménez. Desde el brujo Guardajumo hasta aquel invento llamado el Negro Antonio. Desde el loco Funes hasta cualquier otro sociópata que se nos atraviese en el camino, Venezuela sigue siendo tierra de caudillos y engendros populistas. Parcelas de dictadores y delincuentes comunes. Ayer a caballo, hoy en motos. Ayer en barcos, hoy en aviones privados o arrancados del erario público.

Los años de democracia sirvieron de semillero para que estos sombríos personajes decidieran dividirse el país en caseríos, hatos, fincas, reinos, fundos, cuarteles, comandos, prostíbulos, regimientos y otros sustantivos que tocan la costumbre militar y la de sus aduladores.

3.-

Un reino en la costa cuyo jefe “revolucionario” enfrenta a los republicanos, a quienes acusa de caníbales. Cada región tiene un jefe caudillo. Cada caudillo tiene un ejército. Cada ejército está formado por asesinos, locos y desmirriados que delatan, traicionan o dan la vida por el analfabeta que los oprime. Medina, el “mocho” Medina, heredero de un tal Pinto, gobierna el reino de la costa. Caracas y las ciudades más cercanas han sido destruidas por las locuras de los revolucionarios bolivarianos. En los Andes andan otros que se reparten botines y alijos. Ciudades que ahora están en manos de los republicanos. Los enemigos externos, calificados de caníbales, suerte de metáfora del Imperio o de otros enemigos de la revolución, son sólo parte del discurso de quien se dice el mandamás de la libertad.

Esta es una novela que permite en el lector dos viajes: uno hacia el pasado y otro hacia el presente que vive en nosotros, sin descontar la posibilidad de que el futuro asome su hocico como una alternativa de salvación.

Es una novela apocalíptica en la que tanto distopía como utopía se pelean sus espacios. Un relato donde la desesperanza tiene asidero en el terror, en las torturas, cárceles y abusos de quien se dice el hijo heredero de un legado. Un país hiperbolizado, un país forjado por la exageración; un símil le ofrece a la realidad el sostén de su existencia.

Una novela que destaca un referente en unas mariposas amarillas que representan la muerte. El realismo mágico tiene sello en tres o cuatro momentos en el que las mariposas aparecen y podrían sortear sus vuelos en un homenaje a quien las creó en el trópico colombiano, ese Mauricio Babilonia que encarnó en García Márquez.

Una novela que nos exprime. Podrían sobrarle algunos relatos, pero que también sirven para sostener la posibilidad de un nuevo intento para que el lector imagine su destino personal. La realidad, como la lectura, es un experimento. La ficción es su sostén.

Y así como “Los desconsolados iban a la playa y le agregaban lágrimas al mar”, también –como cierre- tener en cuenta que “Este reino de arena sería despertado entre fuego y alarmas una vez que yo irrumpiera entre el silencio de la noche para dar comienzo a la misión”.

Y la misión es la libertad. Salir de un régimen de oprobio acompañado de todos los personajes, los vivos y los muertos, que respiran o se pudren en el imaginario de una historia que se prevé interminable.

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El 18 de agosto de 2014 la Asociación de Alcaldes de Venezuela advirtió que la salud financiera de la gran mayoría de las alcaldías en Venezuela estaba seriamente comprometida con una inflación que para entonces se proyectaba en un 70%.[1]

Las dificultades financieras que habían denunciado los alcaldes se fue agravando. El 4 de mayo de 2016 fue el tema de una reunión entre la Asociación de Alcaldes de Venezuela y la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, en donde se valoró el impacto de la inflación y de las decisiones laborales inconsultas del Ejecutivo Nacional, que trasladó incrementos de sueldos sin el respectivo dinero para afrontar esos nuevos compromisos.[2]

La situación económica del país se fue agravando y la salud financiera de las alcaldías fue complicándose cada vez más y ello llevó a la Asociación de Alcaldes de Venezuela a declararse en emergencia por falta de presupuesto el 13 de enero de 2017[3].

Un reportaje publicado por El Nacional, en agosto 2017[4], señaló que la crisis financiera que afecta las gestiones públicas municipales tiene como principales causas para ese momento:

El aumento del 30% decretado en mayo 2017.

El retraso en la entrega de dozavo por situado constitucional.

El rezago en la entrega de los recursos del Fondo de Compensación Interterritorial.

La inflación.

Esa crisis financiera que afecta a los gobiernos municipales encuentra una expresión concreta del impacto generado, a través de un Decreto aprobado el 11 de septiembre 2017 por el alcalde del Municipio El Hatillo, identificado como el No. 055/2017, mediante el cual expone con fundamento en los artículos 88 numeral 2 de la Ley Orgánica del Poder Público Municipal y artículo 19 del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de Administración Pública, lo siguiente:

Existencia de una situación que calificó de emergencia económica y financiera del Municipio.

Denunció como una de las causas del punto anterior, el incumplimiento del Poder Público Nacional de transferir los recursos para cubrir las obligaciones laborales que ha asumido la Alcaldía en razón de los incrementos salariales otorgados por el Ejecutivo Nacional.

Autorizó al Síndico para que procediera a llevar ante la jurisdicción contencioso administrativa al Estado Venezolano por no cumplir con sus obligaciones.

Ordenó a su equipo revisar la realidad laboral y priorizar el tema de obras y servicios públicos que están pendientes en la agenda municipal.

La causa que motiva el Decreto del alcalde de El Hatillo está claramente descrita en uno de sus considerandos, que expresamente señala:

Que la crítica situación derivada de la imposibilidad material y jurídica del Municipio de poder pagarle un salario suficiente, que es un derecho consagrado en el artículo 91 de la Constitución, se agrava aún más por el alto nivel de inflación que impide que la Alcaldía pueda cumplir la ejecución de las metas fijadas, sobre todo en el área de las obras públicas, pues con las partidas previstas en el presupuesto es materialmente imposible lograr dichas metas.

En este mismo sentido, el 15 de septiembre 2017 el presidente de la Asociación de Alcaldes en Nueva Esparta, José Ramón Díaz, denunció que las municipalidades dirigidas por la oposición no cuentan con recursos para pagar el nuevo aumento de salario integral[5].

Esa misma situación fue denunciada por el Alcalde de Mérida, quien calificó de irresponsable el aumento salarial decretado por el presidente Maduro a partir de septiembre 2017, pues esa decisión inconsulta llevó a su municipio a tener un déficit que supera los 4 mil millones de bolívares.

En el caso de Mérida, el alcalde alertó que la deuda existente equivale al 100% del presupuesto de la alcaldía, por lo tanto, afirmó que aun cuando el presupuesto municipal solo sea para pagar a los empleados, éste no hubiese alcanzado[6].

Esa crisis financiera provocada por el Ejecutivo Nacional, aniquila cualquier posible expresión de autonomía municipal, principio constitucionalmente reconocido al Poder Público Municipal y arrebata la capacidad profesional de cualquier alcaldía de lograr una gestión pública que satisfaga de manera efectiva las expectativas de sus vecinos.

Es importante señalar que esa realidad financiera que impacta negativamente a los gobiernos locales, también afecta a los gobiernos regionales; en tal sentido, un reportaje publicado en Tal Cual en el año 2016 denunció precisamente las dificultades que tenían entonces las gobernaciones para responder a las nuevas realidades laborales impuestas por el Ejecutivo Nacional.[7]

El tema laboral y el control centralizado de los recursos públicos arrebata el modelo federal y violenta el artículo 158 de la Constitución que asume expresamente la descentralización como política nacional.

Resulta oportuno destacar que el próximo 3 de octubre se celebra el Día del Vecino, fecha muy oportuna para que los propios vecinos asuman la responsabilidad de informarse, reflexionar y debatir sobre la realidad financiera del gobierno municipal, y con base en la información que puedan construir, valorar la importancia del Poder Público Municipal en los asuntos vecinales y de la descentralización como principio rector.

Pero también, es importante recordar que las autoridades municipales están llamadas a informar a sus vecinos sobre la realidad financiera del gobierno municipal, no sólo para intentar reorientar las expectativas de sus vecinos frente a la capacidad de respuesta de cada gestión local, sino también, para facilitar un proceso de comprensión de la crisis política, económica y social que pretende arrebatarnos el único espacio donde efectivamente podemos aprender a valorar lo que realmente significa la democracia y la importancia de las instituciones.

El 3 de octubre es sin duda alguna una oportunidad simbólica para reivindicar el significado de “vecinos” y principalmente valorar la existencia y el rol de las instituciones políticas municipales en el desarrollo, activación y fortalecimiento del espíritu y sentimiento vecinal.

Esa fecha resulta muy oportuna para que se eleve un reclamo contundente contra el abuso de poder, contra el centralismo impuesto por el régimen, y además para defender al Municipio como forma de organización del territorio nacional; pero también es una fecha apropiada para exigir la definición de un calendario electoral que permita elegir de manera conjunta a los alcaldes y concejales, reconociéndolos como actores claves en el fortalecimiento de lo vecinal.

Como vecino, ¿crees que es importante informarse y conocer la realidad de la crisis financiera de su municipio?

Si los gobiernos locales parecieran estar asfixiados financieramente por lo ya expresado, ¿nos unimos como vecinos en su defensa, o por el contrario, ignoramos esa crisis y seguimos avanzando, asumiendo la consecuencia de su sustitución en un momento determinado en el futuro?

¿Crees tú que los vecinos tienen algo que decir en esta materia?

PolitiKa UCAB, septiembre 22, 2017

https://politikaucab.net/2017/09/22/los-vecinos-y-la-crisis-financiera-q...

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El Observatorio Venezolano de la Justicia

La Constitución en su artículo 49 establece que toda persona debe ser juzgada por su juez natural y no por tribunales de excepción o comisiones creadas para tal efecto. Sin embargo, la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) creó el 8 de agosto, mediante Gaceta Oficial Extraordinaria n.° 6.323 la Comisión para la Verdad, la Justicia y la Tranquilidad Pública; una especie de tribunal con poderes de investigación.

El objetivo de la instancia, en efecto, es investigar los “hechos de violencia por motivos políticos e intolerancia, así como las dinámicas colectivas conexas” ocurridos desde 1999 en adelante, para determinar las responsabilidades legales correspondientes e incluso las morales y políticas (artículos 3 y 11.9 de la Ley Constitucional de la Comisión para la Verdad, la Justicia y la Tranquilidad Pública).

Para cumplir con esta labor, la ley que la crea establece en su artículo 7 que la Comisión de la Verdad estará integrada por catorce personas: tres miembros de la ANC; tres de las organizaciones de víctimas de la violencia política 1999-2017; el Fiscal General; el Defensor del Pueblo; un miembro de una organización venezolana de Derechos Humanos; dos personas designadas por su competencia profesional, integridad y ética, y tres diputados de la Asamblea Nacional nombrados por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Como estos últimos no han sido designados por la MUD, por desconocer la constitucionalidad y legitimidad de la ANC, y por tanto de sus actos, la Constituyente procedió a nombrar a los restantes 11 miembros de la Comisión, todos los cuales tienen vinculación con el partido de gobierno o su ideología política, y asignó su presidencia a la misma titular de la ANC, Delcy Rodríguez.

Los informes de la Comisión de la Verdad, según el artículo 18 de su ley de creación son vinculantes (obligatorios), así como sus actuaciones en cuanto a investigaciones o solicitudes de información a funcionarios que en caso de que no sean atendidas pueden ser causal de destitución (artículo 13). Sin embargo, sus decisiones definitivas deben ser aprobadas por la ANC. También puede dirigir a la Constituyente todo tipo de recomendaciones: que dicte medidas cautelares o de cualquier otro tipo, que decrete amnistías o indultos, que tome medidas para garantizar la paz, entre otras (artículo 11).

Por otro lado, las actuaciones de la Comisión son confidenciales (artículo 14) y cualquier persona que sea llamada por esta debe atender la solicitud; en caso de negarse sin causa justificada puede ser obligada por la fuerza pública (artículo 15).

Como bien indica la ONG Transparencia Venezuela esta Comisión más que de la verdad parece ser de la venganza, ya que su objetivo verdadero es perseguir a la oposición política e incluso la diversidad de pensamiento. En este sentido, el propio Presidente ha expresado al respecto que “Por la vía de la comisión de la verdad se destape todo lo que ha sucedido y se investiguen los crímenes que se han conocido uno por uno, y los que no se han conocido y se abra un gran proceso de la búsqueda de la verdad y la reparación de la herida que la derecha le ha creado a Venezuela”. Las líneas de acción de la comisión también demuestran cuál es su verdadero objetivo.

Por si fuera poco, el artículo 4 de la ley de creación de la mencionada instancia de la ANC se refiere a la investigación de los hechos en los que se hayan violado derechos humanos que impliquen afectaciones a la vida, la libertad personal, la paz, el ambiente y el patrimonio público, pero no los relacionados con la libertad de expresión o el derecho de manifestación, a pesar de su importancia para que haya una verdadera democracia, tal como lo establece el artículo 4 de la Carta Democrática Interamericana.

Vale aclarar que el marco legal completo bajo el cual actuará la comisión aún no tiene vigencia, ya que está pendiente la aprobación de la Ley para la Convivencia Pacífica y Contra la Intolerancia (conocida en los medios como la “ley del odio”), que contendrá la mayoría de los hechos a los que se refiere su ley de creación. Se ha advertido que el llamado proyecto de ley contra el odio prevé sanciones a personas que manifiesten en las calles "de manera intolerante" o a quienes graben insultos o críticas hacia funcionarios del gobierno, lo que demuestra que esta comisión no sólo no protege derechos humanos relacionados con la libertad de expresión, sino que los convierte en delito, lo que es propio de un régimen autocrático.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

Transformar derechos constitucionales como la libertad de expresión en delitos y además seguir promoviendo una política de persecución y represión no nos lleva a nada, es más, conduce a mayor división y odio. Como bien dijo Gandhi: “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”; así nos estamos quedando en Venezuela, cada vez más enredados en la dinámica política, sin ver dónde está la salida a una crisis cada vez más agobiante.

Enlace a la nota:https://goo.gl/xruri4

Enlace a la infografía: https://goo.gl/ W7XYnU

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David Uzcátegui

El hecho de que la problemática venezolana se haya situado literalmente en el ojo del huracán en el foro mundial de las Naciones Unidas, nos habla de las dimensiones del trance que actualmente atraviesa nuestro país.

Más allá de las consideraciones particulares que merezca de parte de cada quien esta destacada noticia, el hecho mismo de que haya sucedido nos habla de que ya es innegable la repercusión mundial de lo que sucede en estas tierras.

Que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, haya dedicado varios minutos a nuestra patria en su primera intervención ante la ONU, ha sido una noticia que ha dado la vuelta al mundo, colocándonos una vez más entre las informaciones más destacadas de la jornada, no solamente debido al hecho de que estemos pasando por un trance tan complejo, sino también a los niveles a los cuales ha llegado la inquietud por lo que sucede.

Trump realizó una afirmación que ha sido particularmente recogida por quienes reseñaron su intervención, y es aquella de que “El problema de Venezuela no es que hayan implementado mal el socialismo, es que lo implementaron al pie de la letra”.

Una sentencia de muchas aristas, que tiene demasiada tela para cortar. Tanta, que queremos localizar el foco sobre un matiz particular, y no para afirmar, sino para reflexionar y que cada quien saque sus conclusiones.

Según lo expresado por el mandatario estadounidense, podríamos concluir que nuestra patria no habría llegado a este estado de cosas por impericia de los gobernantes, sino –muy por el contrario– como parte de la ejecutoria de un plan que buscaría desmantelar la estructura del país para así poder dominarlo y someterlo.

Estamos, como dije líneas antes, literalmente en el ojo del huracán y por encontrarnos justamente en el momento más álgido, nos hallamos muy lejos de poder sacar conclusiones sobre lo que nos sucede.

Un diagnóstico al respecto solamente se podrá hacer con la distancia que brinde el tiempo, cuando quizá tengamos acceso a elementos que sin duda hoy permanecen solapados por el calor de los acontecimientos.

Otra intervención presidencial que mereció ser destacada, fue la de nuestro vecino de Colombia, Juan Manuel Santos. El accionar de este jefe de Estado ha sido cuestionado por unos y otros en el marco del devenir de los asuntos venezolanos.

Desde nuestro punto de vista, Santos opera políticamente y con pragmatismo. Unas veces nos gusta y otras no, esa es la realidad del ejercicio del poder. En esta oportunidad, su voz como el máximo representante del país más hermano del nuestro, suma a las alarmas que se encienden respecto a nosotros en el mundo.

Otras voces que se han sumado en el coro internacional son las de los mandatarios de Brasil, Michael Temer y de Argentina, Mauricio Macri; amén del mandatario peruano Pedro Pablo Kuczynski, quien convocó una reunión de las naciones que conforman el Grupo de Lima y cuya posición sobre lo que vivimos es por demás conocida.

Trump también trató el caso venezolano en una cena en Nueva York con Macri, Temer y el dignatario panameño, Juan Carlos Varela.

Lamentablemente, desde el gobierno venezolano, la lectura de este acontecimiento es simplista, preconcebida y anacrónica.

Desempolvar el superado episodio de la guerra fría para afirmar que se está editando nuevamente y además creer que la autodenominada revolución es el ombligo de esta supuesta reedición, nos explica por qué no hay manera de que las cosas caminen hacia adelante en el país.

El liderazgo oficialista insiste en crear una épica ficticia para negar la realidad, y sin duda el primer paso para modificar a ésta, es reconocerla. Seguimos presenciando justificaciones y la construcción de elucubraciones de diversa índole para otorgarle una fachada y un barniz al fracaso de un proyecto político.

Fracaso que se mide directamente por la confiscación del bienestar de la gente que todos vemos en la calle, porque todos lo padecemos por igual.

En conclusión, el feedback que nos da la comunidad internacional, subraya la urgencia de encontrar una salida al punto muerto en el cual se halla nuestra situación. Y no se trata de una intervención internacional, ni mucho menos. Evidentemente, lo que pasa aquí se resuelve aquí y entre nosotros.

Lo que sí es cierto es que todo lo que nos acontece actualmente está cargado de tal intensidad, que rebota a la comunidad internacional. Y que, en tiempos de la odiada globalización se entiende con mucha más claridad cómo somos un planeta entretejido de relaciones sumamente complejas.

El ejercicio de ser reactivos, de responder con justificaciones y acusaciones sacadas del baúl de los recuerdos, ni soluciona ni suma. ¿Buscamos salidas o seguimos apegados a ficciones? Mientras no se tomen decisiones, el tiempo avanza en contra.

duzcategui06@gmail.com

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Luis Xavier Grisanti

En nuestro artículo anterior (La bendición de los recursos, El Universal, 08.09.17) explicamos que hoy existen herramientas comprobadas para evitar los efectos negativos de una súbita riqueza natural sobre la economía de una nación, que no existían, por ejemplo, en los años 70 del siglo XX, cuando muchos de los países exportadores de petróleo, incluyendo a Venezuela, cayó en la Maldición de los Recursos y la Enfermedad Holandesa, dolencias de las cuales no hemos salido, sino más bien acentuado, en razón del arraigo atávico a nuestra mentalidad rentística.

Está más que demostrado que los países con un recurso natural abundante tienden a crecer menos que los países sin recursos naturales (y a veces mucho menos). En su conocido estudio La abundancia de recursos naturales y el crecimiento económico, Jeffrey Sachs y Andrew Warner (1995) demuestran la relación inversa entre la abundancia de un recurso natural y el crecimiento económico de un país a largo plazo, en comparación con aquellos que carecen de dichos recursos.

Nosotros vamos más allá y hemos sostenido que las naciones con mentalidad rentística que no se inserten en la sociedad del conocimiento, ni asimilen los avances tecnológicos evidenciados por la inteligencia artificial, el Internet de las cosas, la impresión en 3D, etc., quedarán rezagadas y la brecha del desarrollo se ensanchará (La brecha se ensancha, El Universal, 07.10.16).

Una de las medidas más sabias tomadas por Noruega para evitar la Maldición de los Recursos (bajo o negativo crecimiento después de una bonanza de precios) y la Enfermedad Holandesa (sobrevaluación de la moneda local, abaratamiento de la divisa, desindustrialización y economía de puertos), fue la constitución en 1990 del Fondo Petrolero noruego, hoy Fondo de Pensiones.

El fondo de inversiones más grande del mundo fue creado para ahorrar los excedentes de ingresos petroleros para las futuras generaciones y evitar los perjuicios a la economía derivados de la inyección desordenada de liquidez monetaria y gasto público improductivo. El activo del Fondo asciende a US$ 958 mil millones, invertido en acciones y bonos que rinden más de US$ 50 mil millones al año. Por ello, cuando los precios del petróleo bajan, los noruegos duermen tranquilos.

@lxgrisanti

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