Pasar al contenido principal

Opinión

Nada como el Ministro Reverol cerrando la jornada de ayer y diciéndonos que, gracias a la acción oportuna de la Guardia Nacional y de la Policía Nacional Bolivariana, las terribles agresiones de la “derecha” no habían tenido consecuencias graves. Al verlo en la pantalla, casi sentí que pequeños chorros de gas morado salían disparados de sus oídos. Ahí estaba él, garantizando la seguridad y la tranquilidad de la nación. Menos mal que tenemos un General cerca para que nos explique lo que ocurre, para que nos cuente cómo es nuestra realidad. Dice Reverol que aquí hay un “golpe a la paz”. Y yo creo que tiene razón.

El oficialismo se ha empeñado en pregonar que toda manifestación o protesta ciudadana en su contra es, por definición, un acto subversivo cuyo único objetivo es derrocar al gobierno. Sin embargo, por primera vez en esta larga historia, un miembro del poder moral señaló públicamente que quien realmente había subvertido el orden Constitucional había sido el TSJ. La Fiscal no solo denunció un acto concreto sino que, además, tal vez sin proponérselo deliberadamente, desenmascaró un discurso. Dejó en ridículo al Defensor del Pueblo. Lo mostró tal cual es. Desinfló toda la retórica fraudulenta de quienes –desde las alturas– habían justificado, legitimado y defendido, la sentencia. Todas esas palabras ni siquiera pudieron flotar. Se derrumbaron, se hicieron añicos. Al denunciar la ruptura del hilo constitucional, la Fiscal también develó las costuras de los hilos discursivos del poder.

Porque son estos mismos farsantes quienes, dos días después, como si nada, arremeten en contra de la ciudadanía, tratando de impedir que haya protestas. Son ellos mismos los que se rasgan los liqui liquis y hablan de un “golpe parlamentario”. Son ellos quienes denuncian nuevos intentos terroristas, con nombres francamente inverosímiles, y terminan organizando la represión feroz en contra de los venezolanos. Este sábado, el exceso de bombas y de gas no fue solo un problema de violación a la Constitución y a los Derechos Humanos. También fue un asunto de malversación de fondos. Lanzaron bombas lacrimógenas vencidas. Hasta en el ejercicio de la violencia, aquí se ve la corrupción.

El chavismo se maneja con esquemas rígidos. Casi siempre trabaja con dos estrategias. La más común es el contra ataque. Era la acción preferida de Hugo Chávez. Su naturaleza militar contaminó con todas estas ideas su desempeño político. En cada movimiento de la oposición, el chavismo solo ve una oportunidad para contra atacar y profundizar su proyecto. Desde esta perspectiva, la democracia es impensable. Es una hipótesis que no cabe en una mentalidad basada en el “contexto de guerra”. Ante el intento de influir o de mover de alguna manera el Poder Moral, el oficialismo reacciona demostrando su control, en una jugada de contra ofensiva: inhabilita a Henrique Capriles. Toda la historia de estos años puede también contarse desde este permanente vaivén. Es un proyecto invasivo. Para ellos, la idea de alternancia aquí no tiene ningún sentido.

La otra estrategia consiste en la negación. Es también de uso frecuente. Cuenta, además, con el apoyo, de eso que –con exceso de decencia– llamamos “hegemonía comunicacional”. Se trata de las diversas maneras de decir “aquí no está pasando nada”, mientras en la calle hay miles de venezolano alzando su voz, su indignación, y siendo reprimidos. Desde la censura directa hasta la discreta auto censura, pasando por la vulgar propaganda del sistema de medios públicos, la lengua del poder pretende tapar cualquier otra imagen, cualquier otro sonido. El día de ayer, por ejemplo, hubo bailoterapia en la avenida Bolívar. Y los medios públicos se concentraron en los participantes de esa actividad, como si no estuviera ocurriendo nada más en la ciudad, en el resto del país. No te confundas. No te dejes confundir. La realidad no existe. La vida es un baile.

Dice el Ministro Reverol que podemos confiar en él y en sus soldados. Todavía tienen mucho gas rojo. El año pasado se incrementó 156% el presupuesto de la Defensa. Dice el General Reverol que hay un golpe en contra de la paz. Tiene razón. La violencia en Venezuela no es un imprevisto: es una decisión del gobierno. Es el camino que ha elegido el chavismo para imponerse, para sobrevivir. La bailoterapia es lo que intenta hacer Nicolás Maduro. Las bombas y los gases son para el pueblo.

http://prodavinci.com/blogs/bombas-gases-y-bailoterapia-por-alberto-barr...

 3 min


Frente Institucional Militar

COMUNICADO
Nosotros, los abajo firmantes, militares integrantes del Frente Institucional Militar (FIM), nos dirigimos respetuosamente a nuestros compañeros activos de la Guardia Nacional de Venezuela en la ocasión de las graves violaciones de Derechos Humanos ocurridas en las recientes protestas y movilizaciones en Caracas y en algunas ciudades del interior.

A comienzos de agosto del remoto año de 1937, el General en Jefe Eleazar López Contreras creó y fundó la Guardia Nacional de Venezuela para llenar un gran vacío en lo referente a la Seguridad Integral de la República. La Institución demostró con el andar del tiempo, su recia capacidad de lucha y sacrificio para realizar con éxito su complejo y arduo trabajo cotidiano, como valiosa e importante cuota de contribución amplia y devota, dinámica y constante al bien común de todos los venezolanos.

En el trajinar de sus hombres y mujeres por las diferentes unidades de la Guardia Nacional, fue constante y reconocida su proverbial lealtad a la institucionalidad republicana, su alta moral y su tradicional mística al servicio de la patria. El honor, que fue, es y será su Divisa, es un gran símbolo en la conciencia de sus efectivos.

La colectividad venezolana por su parte hizo suya la Guardia Nacional como identidad inseparable de su patrimonio espiritual y humano. Dispersa a todo lo largo y ancho de nuestra geografía, en cada puesto, por más lejano e inhóspito que se encontrara, al amanecer de cada 4 de agosto se recordaba el sagrado deber de nuestra institución para con Venezuela, sus instituciones y su pueblo.

Hoy la patria atraviesa una severa crisis de democracia, de libertades y de gobernabilidad, con todas las graves y profundas consecuencias que ello implica. Como lo ha señalado la Doctora Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, se ha roto el hilo constitucional y por consiguiente hay un precario Estado de derecho. Ante este complejo panorama el pueblo, único poseedor legítimo de la soberanía popular ha actuado en el marco de la norma constitucional para restablecer el orden y la vigencia de la misma, tal como lo pauta el artículo 5, en concordancia con los artículos 19, 57, 63,130 y muy especialmente los artículos 333 y 350 de la Carta Magna.

Por tradición, la Guardia Nacional ha sido siempre respetuosa de la Constitución Nacional y de nuestro pueblo. De allí que pensemos que nuestra Institución debe conducirse dentro del más exigente respeto de los derechos humanos, y no puede continuar siendo el sostén pretoriano de parcialidades políticas que actúan al margen de la justicia. La Guardia Nacional no puede seguir por el camino espinoso y equivocado que la lleve al desprestigio y hasta el odio de la población, que solo clama y lucha por la paz verdadera, su bienestar, calidad de vida y libertades.

Es el momento de oír a nuestro pueblo: cada día tiene que enfrentar el hambre y la muerte como consecuencia de la ineficiencia de un régimen que, en medio de la corrupción y el despilfarro, dilapidaron miles de millones de dólares provenientes de los altos precios del petróleo. Ésta verdad debe hacerlos a ustedes rectificar. Es el momento oportuno para hacerlo. Recuerden su juramento de servir a la patria y a sus instituciones hasta perder la vida. La Guardia Nacional debe cesar, de una vez por todas y para siempre, esa triste y vergonzosa tarea de reprimir a nuestros hombres y mujeres, que solo exigen pacíficamente la atención de las autoridades y el restablecimiento de la democracia y del Estado de derecho. Recuerden de manera especial a la juventud venezolana, que ha sido atropellada, vejada y lesionada por cumplir con un sagrado deber ciudadano, el de defender las instituciones, la democracia y tener derecho a un mejor futuro.

Esta es una reflexión cordial y respetuosa, pero categórica para todos y cada uno de los Guardias Nacionales, especialmente dirigida al alto mando y a todo el cuerpo de generales, para que recapaciten y actúen de manera irreprochable, correcta y justa, sin atender a intereses bastardos ajenos a nuestra historia de sacrificio y servicio a Venezuela y a nuestro pueblo.

Apreciados compañeros de la Guardia Nacional:

Venezuela espera de ustedes una reacción pronta y favorable, apegada a sus responsabilidades y deberes constitucionales e institucionales para bien de la patria, y de nuestra Guardia Nacional

Caracas, 13 de abril de 2017

Por el Frente Institucional Militar, firman:
Vicealmirante Rafael Huizi Clavier.(Presidente del FIM)
General de Brigada (Ej.) Teodoro Díaz Zavala. (Vice-presidente del FIM)
Coronel (Ej.) Rubén Darío Bustillos Rávago. (Secretario de Organización)
Coronel (Ej.) Luis Enrique Sucre (Representante del Ejército)
General de Brigada (GN) Simón Figuera Pérez. (Representante GN)
Capitán de Navío Pedro Rafael Betancourt. (Representante de la Armada)
Coronel (Av.) Ángel Rodríguez Campos. (Representante de la Aviación)

 3 min


David Uzcátegui

En mucho se ha comparado desde hace rato la situación de Venezuela con una olla de presión, en cuanto al hecho de toda la tensión que se viene acumulando sin válvula de escape alguna. Y ese símil parece que está encontrando su plena justificación en estos días, cuando la ciudadanía se ha volcado a protestar en contra de las incontables penurias que padece. Sin embargo, la reacción de quienes hoy gobiernan, muy lejos de ser la de escuchar las demandas de la gente, ha sido exactamente la contraria: reprimir a los manifestantes. Nos preguntamos: ¿hacia dónde vamos si seguimos viviendo esta situación?

Porque los venezolanos efectivamente, vivimos literalmente en una olla de presión desde hace tiempo: la presión inflacionaria, la de la cada vez menor oferta de alimentos, la de los insólitos precios que alcanzan los que se consiguen, el viacrucis de recorrer infructuosamente farmacias buscando el medicamento para algún familiar, el acecho del hampa sin castigo que se lleva numerosas vidas casa día.

Y sí, había una válvula de escape a toda esta presión, como en las ya mencionadas ollas: contarnos. Recordemos que el año pasado nos tocaba el derecho a un referendo revocatorio, para cuya cita se movilizaron las fuerzas democráticas nacionales; pero que fue negado por las autoridades competentes, a fuerza de excusas endebles que a nadie convencieron.

Regionales

También tenemos pendientes las correspondientes elecciones regionales, las cuales se han postergado con el insólito pretexto de la crisis. Una crisis que provocaron ellos mismos con su nefasta administración y que solamente se puede resolver permitiendo a los venezolanos reemplazar mediante el voto popular a las autoridades que no han sabido hacer su trabajo.

Pero, tras la avasallante victoria de la democracia en las más recientes elecciones parlamentarias, el miedo ha cundido en el oficialismo y han venido las excusas para no volver a medirse.

Mucho más allá de eso, factores afines a la ideología roja, están buscando la manera de confiscar las funciones legítimas del Parlamento nacional, con el fin de anular el contrapeso que este debe ser por derecho y por mandato de la ciudadanía.

Y es allí donde la gente levantó su voz. No es ya solamente que el dinero no alcance, que no haya insumos para atender la salud o que la delincuencia sea un azote. No es simplemente el hecho de correr la arruga electoral: es pretender anular la única voz legítimamente electa con la que contamos los venezolanos.

Lo menos que se podía esperar era que la gente se lanzara a las calles. Y se lanzara indignada. Con la ira de las frustraciones acumuladas, de las necesidades postergadas, de los derechos atropellados y confiscados.

Pero ni siquiera esa expresión legítima es permitida. La represión por parte de las fuerzas del orden público ha sido tan desproporcionada como condenable.

Los ojos del mundo pueden verlo a través del valiente trabajo reporteril, ahora asistido por los dispositivos móviles y las plataformas sociales de todos los ciudadanos, que han documentado en fotos y videos numerosos excesos policiales que no pueden ser casualidad.

A través del voto

Olvidan quienes hoy administran a Venezuela, que esa gente que está siendo atropellada por gritar su descontento, es la misma a quien le deben cuentas. Parecen no tener idea de qué es la democracia y parecen también creer que el poder es su propiedad y no una encomienda entregada por los venezolanos a través del voto, sobre cuya administración tenemos derecho a exigir cuentas.

La realidad es que lo han hecho muy mal y que como empleadores de tan malos funcionarios tenemos derecho a despedirlos por las vías democráticas. Pero ellos no lo quieren aceptar. Aumenta la presión. Y la represión.

La gente se sigue citando en las calles. Los gobiernos del mundo se siguen pronunciando ante la alarmante situación nacional. Y la razón cada vez está menos del lado de la tolda gobiernera.

No se extinguirá la protesta ni con miedo, ni con represión, ni con gritos ni con órdenes. Todo esto la alimenta, porque lejos de ser un capricho, es la legítima expresión de las necesidades no satisfechas y de los derechos negados. Los poderosos juegan hoy en su propia contra, porque no saben qué más hacer.

El brutal y documentado trato a los manifestantes agrega más presión a la olla que no tiene válvula. Que no tiene ni referendo, ni elecciones y ya ni siquiera protesta. ¿A qué están jugando quienes gobiernan? ¿Miden, aunque sea remotamente, el tamaño de la tragedia nacional que están provocando? ¿Hasta dónde puede llegar la irresponsabilidad de estos empleados del pueblo?

El gobierno ha enviado un mensaje muy claro: no está dispuesto a escuchar ni a dialogar. Creen que siempre tienen la razón y si no logran imponerla, avasallan a quien pretenda reclamar.

duzcategui06@gmail.com

 3 min


Soledad Morillo Belloso

Si se está suficientemente cerca, se escucha el accionar del arma de "fumigación". Lo próximo es la bomba que llega. Y el humo. Y el olor. Y empieza como una picazón. Luego arde como toque de demonios. Y uno empieza además a asfixiarse, a sentir el pecho comprimido, la taquicardia.

Sobre otros manifestantes los uniformados riegan balas, ojalá de goma. Que duelen y que pueden generar mucho daño corporal. La gente cae por el impacto o corre. Se arma una confusión -reacción natural- y entonces hay heridos por caídas y pisotones.

Cuando se activan la ballena y el rinoceronte, el "riego" cae con fuerza de pedradas. Algunos tienen el tupé de decir que son instrumentos leves de control. A esos les propongo pararse frente al chorro de agua y después me cuentan.

Dejemos de lado las violaciones constitucionales que suponen el ataque del gobierno y las fuerzas de seguridad del Estado a la población que ejerce su legítimo derecho a protestar. Usemos la lógica. Hagamos preguntas elementales. ¿Qué pasaría si simplemente el régimen dejará a los ciudadanos ejercer su protesta en libertad? Los paranoicos del régimen dicen que la multitud destrozaría todo lo que fuera hallando a su paso. Pero no hay evidencia que compruebe tal presunción. La verdad más presumible es otra. La gente pasaría por enfrente de todas las oficinas institucionales, obsequiaría insultos a la autoridad, rompería algunos potes de basura, quemaría uno que otro caucho, dibujaría pintas en las paredes. Y ya. Nada del otro mundo.

Pero no. El régimen no entiende la lógica de una protesta. No comprende que aquí o en cualquier parte del mundo la gente agredida por la autoridad se enfurece. Más de lo que ya estaba, aunque la furia sea un vocablo superlativo. Y el régimen reprime salvajemente generando un innecesario desasosiego y encono, en especial entre la categoría de jóvenes manifestantes a quienes la agresión les activa la producción de endorfinas.

Esta represión barbárica no es política nueva en este régimen. Llevamos años tragando bombas lacrimógenas, comiendo piedras y balas, agarrando paliza de ese instrumento que tienen los cuerpos de seguridad y que recuerda a los látigos de tiempos de la antigüedad. A eso sumamos la acción protegida por el gobierno de esos cuerpos fascistas llamados con el romántico mote de "colectivos", que no son sino fuerzas paramilitares financiadas y apañadas por el régimen. Pero, ¿logra acaso el gobierno recuperar algo del apoyo popular y electoral que otrora tuvo? Los resultados luego de cada elección revelan anorexia de apoyos al régimen.

Y en medio de este rifirrafe, hay que hacer mención al silencio (cobarde o cómplice) de los medios, en especial de la televisión venezolana, que se hace la vista gorda y en medio de las protestas transmite novelas, comiquitas, películas, programas de cocina, conciertos y noticias sin la menor importancia. Ya ni siquiera disimulan. Callan pecaminosamente. Y entonces los venezolanos terminamos en estado de dependencia de lo que logremos ver a través de las redes (imposibles de conectar en muchos casos dada la ranchificación del sistema de telecomunicaciones en Venezuela) y lo que reporten canales internacionales como TN de Argentina, El Tiempo y Caracol de Colombia, BBC del Reino Unido, CNN en inglés de Estados Unidos, CNN Chile y un brevísimo etcétera. Porque en Venezuela los canales venezolanos se han rendido y dejado domesticar, a cambio de un "perdonarles la vida" y la pauta de campañas de empresas de enchufados.

Las protestas continuarán porque las razones para ellas no hacen sino tener cría. Una Defensoría del Pueblo que no defiende al pueblo, un TSJ que prostituye cada día a la justicia, una Contraloría que le garantiza la impunidad a los corruptos, un presidente que no es más que un dictadorzuelo con sobrepeso, unas empresas estatales en estado de pudrición dirigidas por incompetentes y absoluta falta de principios. Un país no puede subyugarse ante el fascismo de un gobierno que acumula pecados capitales y delitos horrorosos.

La protesta continuará, le guste o no al gobierno. Ya pueden poner mil sentencias con sello claramente tiránico. Y la protesta no es sólo en las calles de ciudades y pueblos. Hay varios otros escenarios, nacionales e internacionales, en los que el régimen no tiene ya cómo batir el cobre. Sobre el asfalto y las pieles de los ciudadanos lloverá bomba y bala. Pero la consigna está intacta y en mayúsculas: Constitución, República, Libertad, Elecciones.

soledadmorillobelloso@gmail.com

@solmorillob

 3 min


Luis Ugalde, SJ.

Mensaje claro y valiente de espiritualidad encarnada. Nuestros obispos vuelven a decir que esta realidad es inaceptable y graves las recientes decisiones inmorales del Ejecutivo y el Poder Judicial, combinados para eliminar la Asamblea Nacional. Se ha puesto en evidencia que vivimos en un Estado con Constitución democrática pero secuestrado y violado por un Gobierno dictatorial. La anulación de la Asamblea no se produjo el 30-3-17con las decisiones 155 y 156 de la Sala Constitucional del TSJ, pues desde el día mismo (6D) del triunfo arrollador de la oposición, el régimen buscó anularla: eliminaron sin nuevas elecciones a los diputados del Amazonas, cancelaron el Referéndum Revocatorio, suprimieron las elecciones de gobernadores de 2016, anularon toda legislación de la Asamblea con cincuenta decisiones del TSJ, aumentaron los perseguidos, exiliados y presos políticos y el anticonstitucional empeño de mantener el “Plan de la Patria” con su economía destructiva y sembradora de miseria, inflación y escasez. Todo ya era dictadura antes del 30 de marzo, pero ahora el Ejecutivo nos ha hecho el gran favor de ponerlo más en evidencia nacional e internacional.

La Fiscal rápida y claramente denunció la ruptura del orden constitucional. Las reacciones de gobiernos, ex-presidentes, organismos internacionales como Mercosur Y OEA, asustaron al gobierno y este quiso esconder el rostro dictatorial ordenando a la sumisa TSJ maquillar con “aclaratorias”, para Maduro decir que se había “superado el impasse”. Afortunadamente la Asamblea Nacional, con la valiente y acertada conducción de su presidente Julio Borges y el conjunto de dirigentes, no cayó en la trampa y la OEA tampoco: mientras no se restituyan plenamente los poderes constitucionales de la AN, hay dictadura. El país y el mundo ahora están más claros: la democracia ha sido violada con un golpe mortal contra la soberanía del pueblo cuyos votos han sido quemados en la hoguera de los usurpadores... Este grave delito tiene delincuentes que deben ser sancionados “y los funcionarios y funcionarias públicas que lo ordenan o ejecutan incurren en responsabilidad penal” (Const. Art. 25) ¿Qué espera el Defensor del Pueblo para cumplir con sus deberes constitucionales (Const. art. 281)? No hacerlo es complicidad con el golpe y una burla seguir diciendo que este es un régimen de soberanía popular cuando el régimen, con sus desacertadas y empecinadas políticas, le ha quitado al pueblo la comida, las medicinas vitales, las libertades, la seguridad y la Constitución…

La Presidencia de la Conferencia Episcopal el mismo día 31 dio a conocer su rotundo rechazo de este atropello dictatorial señalando que este poder trata de perpetuarse manipulando al pueblo y “olvidando que las necesidades reales de la gente reclaman otra visión de poder” (n.3) La autoridad es para servir al pueblo y no para oprimirlo. Los obispos rechazan estas decisiones “que desconocen e inhabilitan al órgano público (AN) que representa la soberanía popular”. “Desconocer la existencia del otro y sus derechos, sencillamente es destruir toda posibilidad de convivencia democrática y plural” (n. 5) y burlarse de todo diálogo.

No estamos ante una disputa de poderes y una diferencia interpretativa de juristas, sino ante un golpe que despoja al pueblo de su soberanía. Por eso los obispos recalcan que el golpe es contra la gente y afecta más gravemente a los más necesitados: “Más allá de las consideraciones jurídicas y constitucionales, la eliminación de la Asamblea Nacional, suplantándola por una representación de los poderes judicial y ejecutivo, es un desconocimiento absoluto de que la soberanía reside en el pueblo y de que a el le toca, en todo caso, dar su veredicto. Una nación sin parlamento es como un cuerpo sin alma. Está muerto y desaparece toda posibilidad de opinión divergente o contraria a quienes están en el poder. Se abre la puerta a la arbitrariedad, la corrupción y la persecución, un despeñadero hacia la dictadura siendo, como siempre, los más débiles y pobres de la sociedad los más perjudicados. Por estas razones, repetimos, esta distorsión es moralmente inaceptable” (n.4). La “democracia participativa y protagónica” está muerta y si el Poder Moral si calla será cómplice inmoral. Afortunadamente la AN enfrenta el golpe, así como los dirigentes políticos democráticos, las asociaciones y las mil formas de la sociedad civil, las universidades, las academias, los países.... ¿Dónde está la Fuerza Armada democrática? Es un deber de conciencia rechazar el golpe y la Constitución llama al pueblo de Venezuela a desconocer cualquier decisión que la viole (art. 350). Los obispos hacen un “urgente llamado a tomar conciencia y a actuar de manera pacífica pero contundente ante la arremetida del poder. No se puede permanecer pasivos, acobardados ni desesperanzados. Tenemos que defender nuestros derechos y los derechos de los demás. Es hora de preguntarse muy seria y responsablemente si no son válidas y oportunas, por ejemplo, la desobediencia civil, las manifestaciones pacíficas, los justos reclamos a los poderes públicos nacionales y/o internacionales y las protestas cívicas.”(n.6) Nos invitan a vivir los actos religiosos de la Semana Santa, conmemoración de la pasión y resurrección de Cristo, “con un contenido social que nos ayude a mantener la esperanza, la alegría y la solidaridad…”

http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/moralmente-inaceptable_647819

 4 min


Estamos en Semana Santa, ningún otro tiempo como este -dedicado al arrepentimiento- para hablar acerca de la maldad. El término viene del latín “malitas” que alude a la calidad de malo. “Doblada es la maldad que es so celo de amistad”, reza el castizo refrán para significar que doble se torna la maldad usada en contra de una persona cuando quien la produce, finge, además, amistad. Sí doble es en contra de una persona, cuánto más no lo será cuando alguien hace mal a un pueblo entero, fingiendo amistad con él.

Tradicionalmente se distinguen tres tipos de males: el mal físico, que incluye el sufrimiento, la enfermedad o las catástrofes naturales; el mal moral, que es el que un sujeto causa a otro y el mal metafísico o imperfección de las cosas eternas. Nuestro gobierno es malo en todas las posibilidades y acepciones del término: es malo metafísicamente porque su maldad es infinita. Es malo moralmente: hace daño premeditada y alevosamente. Abusa de la ignorancia de la gente para inducirla a practicar el mal como si fuese el bien y -como si lo dicho fuese poco- es causante directo del mal físico del pueblo, del sufrimiento que le produce con las múltiples formas que ha diseñado para torturarle. Le hace sufrir con el uso desproporcionado de la fuerza en contra de gente desarmada, con la corrupción e incapacidad que ha dejado la salud de los venezolanos en la peor calamidad que se conozca en este siglo. Este gobierno produce el sufrimiento del hambre, el de la inseguridad. Este gobierno ha colocado a una nación en los límites de la supervivencia. Este gobierno es malo no solo en términos de la manera como practica la maldad, sino además en el sentido en que lo malo es sinónimo de incapacidad, es decir, en términos de ignorancia, incompetencia, ineficacia, ineptitud, inutilidad, nulidad y torpeza. Nuestro gobierno es una catástrofe elegida por nosotros, por nuestro voto debe salir.

El sentimiento que mueve al mal -contrariamente al amor que es el que mueve al bien- es el odio. Este es un régimen que surge de la animadversión, del resentimiento de quienes llegaron al poder no para gobernar y edificar, sino para estimular la hostilidad y la aversión, sentimiento que por su naturaleza básica y primitiva, se siembra con facilidad y rapidez en el corazón de la gente, pero se requiere mucho tiempo y paciencia curar las heridas que produce. Quítele usted a este régimen las limosnas repartidas caídas del festín petrolero del que se embriagaron y encontrará a la Venezuela que nos legan: una nación empobrecida, destruido su aparato productivo, su sistema educativo y sanitario. Venezuela es hoy país más peligroso e inseguro del globo terráqueo, porque la delincuencia ha sido la aliada de gran destructor en la aniquilación de los venezolanos. Y lo peor: una nación con sus fundamentos morales en ruinas.

A Venezuela le llegó la hora de sacudirse la maldad. Por eso hay que ser particularmente asertivos en este tiempo, porque no hay otro y tener claro el rumbo tanto como el destino. Descendimos a los infiernos y menester es resucitar. No está de más convertir en lema de este tiempo esta frase Nietzsche: “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”.

Tiempo de exorcismo es, pues, esta Semana Santa.

 2 min


Mibelis Acevedo Donís

En país donde el poder nos ha sitiado durante tanto tiempo con su patológico desdén por la regla, su vocación por suprimir el saber del adversario, el afán por subvertir las claves de la normalidad y tachar todo límite entre bien y mal, toda distancia entre lo público y lo íntimo, a la oposición le pasó un poco como a ciertos personajes de la literatura y el cine: esos que al convertirse en amenazas para el sistema son de pronto tildados de locos, internados en celdas, tratados como conspiradores perturbados… ¿y cómo creerles, si están “mal de la cabeza”? Confinada a esa “casa de lunáticos” donde mandan los respingos de quienes fingían sanidad política ante el mundo, esa parte del país negada a la sujeción, a dejarse abatir por la aplanadora del autoritarismo, fue desacreditada nacional e internacionalmente por la estructura hegemónica de un régimen dispuesto a eternizarse en el poder. Con camisas de fuerza, amarrados al diván que para el caso dispuso el psiquiatra, los opositores fueron diagnósticos ad nauseam como “disociados”, seres llevados por “conductas alejadas de la realidad”, empeñados en “creer y avalar sólo las elecciones que ganan”; eso, aunque lo factual una y otra vez llevase a sospechar que la verdadera disociación vivía entre los administradores del manicomio.

El mundo no es sino un gran Bedlam, donde aquellos que están más locos encierran a quienes no lo están tanto”, decía Thomas Tryon en 1689 (aludía al Bethlem Royal Hospital, célebre mad-house fundada en Londinium en 1247; suerte de vista secular del infierno, decir “bedlam” se volvió sinónimo de caos, locura). Así, como perdidos en nuestro propio Bedlam, los venezolanos hemos visto cómo equilibrio y chifladura se alternan de manera tan consistente, tenaz y amplificada, que hasta hace poco ese transtorno fue la única verdad que reconocieron los ojos extranjeros. Pero la inocultable crisis, atizada recientemente por la temeraria inhabilitación de la Asamblea Nacional urdida desde el TSJ, contra toda razón democrática -algo que incluso la misma Fiscal General Luisa Ortega Díaz calificó como “ruptura del hilo constitucional”- ha disparado todas las alarmas. Luego de haber tenido que sufrir reportes como los del periodista Mark Weisbrot –quien tras visitarnos en 2014 concluía en The Guardian que acá sólo había una “revuelta de acomodados”, pues “no hay señales de que Venezuela esté atrapada por una “crisis” que requiera la intervención de la OEA, sin importar lo que John Kerry diga”- finalmente esa amplia mayoría que se reveló tras el triunfo electoral de 2015 no sólo puede ofrecer su versión de los hechos, sino contar con la escucha empática de otras naciones.

(La oposición está “envalentonada”, dispara la canciller Delcy Rodríguez… ¿será?)

Admitamos que recobrar la credibilidad usurpada por los amos del asylum, ser reconocidos tras una larga noche de silencio e invisibilidad a juro, no es poca cosa. “Existo en un sentido vital y humano sólo en relación (…) a mi mundo de otros “yo”, nos recuerda Josiah Royce. Nuestro ser “significa” a partir del reconocimiento del otro, uno que a su vez se arma a partir de nosotros. Una psiquis castigada por la anulación que aplica ese “gran Otro”, por ende, es barrida en su identidad, expropiada en su sentido. Es lo que ha pretendido el chavismo: despojarnos de autoestima, destruir ese espejo interno que permite encontrar referentes externos avalando la legitimidad de nuestras necesidades, deseos y acciones; empujarnos fuera de nuestros límites, llevarnos a creer que aunque hablemos, nadie mirará, nadie escuchará el canto solitario del orate.

Se trata, pues, de sepultarnos bajo la lógica del “mundo al revés”, la tiranía de lo anómalo, un laberinto regido por leyes que omiten cualquier mandato de la realidad. La gesta, sin duda, ha cosechado cierto éxito -el apego por la autodestrucción no deja de arrear malamente a nuestras huestes- pero toca reconocer que la sana vocación democrática del pueblo venezolano parece más terca que la locura inoculada. Sí: esa larga tradición de resistencia frente a la mascarada obliga a reorganizarse para “aprovechar el día”, ahora que la mirada del mundo se alinea con la nuestra, ahora que nos ampara un nuevo “Ardid de la razón”. Carpe díem.

En Venezuela no hay normalidad”, advertía Julio Borges desde la Asamblea Nacional. No son normales los desafueros por parte de cuerpos de seguridad del Estado al reprimir opositores, ni la deriva dictatorial, ni la imagen del feroz tajo en la frente del diputado Juan Requesens, agredido cuando manifestaba –vaya sangrante ironía- frente a la Defensoría del Pueblo. La obsesión por vender un país donde, de acuerdo a Samuel Moncada, “las calles están tranquilas”, hoy sólo remite a una “apariencia de verdad”, una burbuja distorsionada, esa oscura posverdad según la cual los manifestantes desarmados atacan a la Guardia Nacional y los sabuesos son destazados por las liebres. Mundo al revés, manicomio regentado por el desvarío, cuyo absurdo y toxicidad no sólo los venezolanos estamos percibiendo como intolerables.

@Mibelis

 3 min