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Opinión

En un escrito anterior (http://digaloahidigital.com/articulo/cuando-lo-que-se-enfrenta-es-un-gob...) señalaba que, en esta contienda entre la MUD y el régimen, no se comparte el mismo juego. No se coincide en el objetivo ni en las “reglas de juego” para alcanzar los fines propuestos. De ahí las dificultades que impone el diálogo a las fuerzas democráticas. Pareciera que no fuera así, pues a simple vista lo que está en disputa es quién debe ocupar el poder. Pero detrás de este elemento unificador se esconden fines radicalmente diferentes sobre qué hacer con el poder.

Para el fascismo el poder es un fin en sí mismo, por ser la única garantía de que se cumplan con los designios trascendentes reservados para el Pueblo (con mayúscula, sujeto histórico del cambio que responde como un solo hombre a los llamados del líder). El Pueblo cristaliza tales designios precisamente por estar en el poder o, mejor dicho, porque un líder esclarecido lo ejerce en su nombre para, desde ahí, darles forma. Puede ser asegurar la pureza y superioridad de la raza aria; restablecer en Italia la grandeza que disfrutó bajo el Imperio Romano; revivir las glorias de la gesta emancipadora para asegurar la independencia definitiva; y, en este orden, instaurar un “socialismo del siglo XXI”.

En todo caso, el poder es para quedarse con él y disfrutar de sus canonjías, pues es el Pueblo postergado que -¡al fin!- logra su usufructo. Éstas van desde viáticos, guardaespaldas, camionetas y otros “atributos del cargo”, hasta los “negocios” facilitados por las relaciones de poder, siempre que no trastornen la estructura de mando o comprometan el combate contra los enemigos.

La ideología juega un papel muy importante para los fascistas en todo esto, pues proporciona los raciocinios para asumir, desde el poder, que la Nación les pertenece o, mejor dicho, que ellos son la Nación. Quien no comparte este criterio y, más bien, quiera desplazar a los fascistas del poder, es enemigo del Pueblo y debe ser combatido; para él ni pan ni agua.

Nada mejor para ilustrar este punto que las declaraciones del Vice-presidente Istúriz en el sentido de que la marcha convocada por la oposición para llegar a Miraflores “tiene que pasar por encima del pueblo”. El pueblo mayoritario -piénsese en las multitudinarias concentraciones del 1º de setiembre o del 28 de octubre- ¿no son pueblo, Aristóbulo?

En democracia las fuerzas que compiten por el poder están obligadas a hacerlo rivalizando por los favores del pueblo (en minúscula; una asociación de personas y agrupaciones muy diversa, heterogénea y con pluralidad de intereses y gustos, muchas veces en conflicto). Se supone que el movimiento político que mejor interpreta las aspiraciones mayoritarias de quienes componen ese pueblo gana las elecciones y logra ejercer el poder.

En tal sentido, es el bienestar del pueblo lo que va a servir de referencia para la acción política en democracia. Esto no quiere decir que los políticos democráticos sean siempre servidores desinteresados o desconocer que muchos cínicamente acomodan sus “ofertas” para acceder al poder en busca de beneficios personales.

Pero bajo escrutinio de ese pueblo, directamente en asuntos concernientes a su localidad o gremio, o indirectamente a través de los órganos de representación y con el auxilio de medios de comunicación independientes y libres, las prácticas malsanas tienden a ser desenmascaradas y sufrir sus ejecutores el costo político que termina desalojándolos del poder. De ahí la importancia decisiva de contar con las instituciones de un Estado de Derecho y con las condiciones requeridas para que sus preceptos se cumplan.

De modo que para Maduro y la oposición democrática luchar por el poder no significa la misma cosa. Creer que ambos luchan por lo mismo, solo que desde perspectivas e intereses distintos, pudiera constituir uno de los mayores errores de la MUD a estas alturas de la contienda. Al no proseguir el mismo fin, tampoco el régimen va a coincidir con las razones ni con la lógica que debe guiar la solución de las diferencias. Para empezar, ni a Maduro ni a ninguno de sus acompañantes les importa un comino la suerte del pueblo, como lo atestigua de manera fehaciente y trágica los niveles de hambre y miseria a que lo ha sometido por negarse a rectificar sus políticas.

Su ineficacia y efectos perversos no van a influir para que el gobierno busque un acercamiento con la oposición, pues estas políticas han pasado a constituir la razón de ser de quienes hoy ocupan el poder. Los controles, regulaciones, precios regulados –entre ellos los del dólar y la gasolina-, la no rendición de cuentas ni el respeto por los procedimientos del Estado de Derecho, y la discrecionalidad con que son manejadas las compras, contratos y transacciones de todo tipo, les han proveído de inmensas fortunas; no importa que, en paralelo, hayan arruinado al país.

Más cuando los ampara una construcción ideológica que legitima sus desmanes. La nueva oligarquía constituida a partir de tal disfrute del poder en absoluto se va a sentir presionada para concertar el restablecimiento de la soberanía popular –a través del RR16 o de elecciones generales anticipadas- para abrir vías de solución a la actual tragedia.

Al respecto, temo que la MUD pudiese estar metiéndose un autogol si deja pasar definitivamente la activación del RR16 y reclamar, en reemplazo, unas elecciones generales para principios del próximo año. Porque éstas no están contempladas en la Constitución. Maduro acusó un importante costo político entre partidarios –incluyendo militares- y la opinión internacional al desenmascararse como dictador precisamente porque inhabilitó la Carta Magna.

Con elecciones generales fuera de lapso ese argumento ahora es de Maduro: no están contempladas en la Constitución. Y, por si no me hice entender con lo argumentado en los párrafos anteriores, confiar en que el gobierno “entre en razón” en interés de encontrarle salidas a los padecimientos del país, no pasa de una inocentada irresponsable.

Y he aquí por qué mantengo que la MUD no ha sabido ejercer la ventaja que significa representar una mayoría abrumadora a favor del cambio. Porque lo único que hará que ceda la posición del gobierno para que converja con la necesidad de restablecer el orden constitucional es la fuerte presión de esa mayoría.

Véanse las infelices admoniciones de Maduro de que la oposición no va a entrar, “ni por votos ni por balas”, en Miraflores, solo pocos días después de haberse comprometido ante el emisario del Papa en respetar los derechos del otro. Sin presión, vuelve a sus andanzas fascistas.

Esto significa movilizaciones de calle y apoyo internacional para que el régimen entienda que la única base aceptable del dialogo es el respeto al orden constitucional. De lo contrario, el diálogo será un “tente allá” para perder tiempo e inviabilizar los reclamos democráticos. No será la primera vez.

La búsqueda de acuerdos es perentorio por la desesperación de la gente, sus sufrimientos y el cronograma ya bastante comprometido para el RR16. Y estos acuerdos sólo serán factibles a partir de demostraciones de fuerza, democráticas y en ejercicio de nuestros derechos constitucionales.

Bajo un gobierno fascista, derecho que no se lucha por ejercer es un derecho que se pierde. Esto no significa provocar enfrentamientos violentos hasta que, por fin, Maduro y su gente se vean obligados a salir. Al contrario, el desafío del liderazgo democrático está en evitar este tipo de confrontaciones, que son las que busca el régimen para justificar la represión y deslegitimar a la oposición.

Los fascistas, por las buenas, no van a entregar el poder. Son demasiados los intereses acumulados, excesivo su fanatismo y blindaje ideológico, para comprometerse con un dialogo sincero. ¿Qué va a hacer la MUD para lograr que ello ocurra? ¿Cómo aprovechar nuestras fortalezas?

“Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo y librarás cien batallas victoriosas”.

Sun Tzu, filósofo de la antigua China.

Economista, profesor de la UCV.

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Con voz propia

Noviembre en un decir popular, es mes que entra con todos los Santos, media con San Eugenio y sale con San Andrés. Así se compendian en la Santa Sede las esperanzas para atenuar la agobiante crisis humanitaria a la cual nos mantiene sometido el autoritarismo inclemente.

Venezuela que una vez fue la más rica de América Latina, ahora se cae a pedazos y se está muriendo de hambre, comenta la revista estadounidense Time. Ha vivido del mito de la riqueza por tener las reservas de petróleo más grandes del planeta, pero en realidad es un pobre país, porque el petróleo es su única fuente de ingresos y su valor no depende de las fluctuaciones del mercado. Se calcula que este año recibirá unos $ 10 mil millones menos por reducción de precios.

La revolución la hace clasificar como el noveno país más corrupto del mundo, vicio contaminado con narcotráfico. Resonancia mundial tiene ya el juicio seguido en EEUU a dos sobrinos de la primera dama Cilia Flores procesados por intentar introducir allá 800 kilos de cocaína.

Es reconocida con el peor crecimiento económico del mundo, al igual que la inflación; con la novena tasa de desempleo más alta. También ostenta la segunda tasa de homicidios; la de mortalidad infantil empeorada 100 veces. Y su moneda, que pasa por las tasas del mercado negro, ha perdido el 99 por ciento de su valor. Afronta un colapso social y económico.

El chavismo, tal denominan al proceso, ha desaparecido $ 2 billones. “Si se arma una torre de billetes de $ 100 se alcanza la distancia entre la tierra y la luna 8 veces”, dice la investigación de Orlando Zamora quien laboró 26 años en el BCV.

Nicmer Evans, politólogo del movimiento Marea Socialista (MS), desprendimiento del partido oficial, denuncia que desde su inicio el régimen sólo en fuga de capitales y descuadre de Pdvsa, han desaparecido $475 mil millones.

El Papa Francisco sigue muy de cerca la compleja situación y está hondamente preocupado por tensiones existentes. Se pronuncia contra la violencia e invoca encontrar caminos que conduzcan a una paz segura y duradera.

Lo comprenden figuras del denominado chavismo, entre quienes aparecen los exministros Ana Elisa Osorio, Héctor Navarro, Oly Millán Campos, Gustavo Márquez, Ramón Rosales.

Se suman docente universitarios, constituyentes, líderes de MS, del portal Aporrea y militares como el Mayor General Clíver Alcalá.

Régimen correr la arruga, con provocación y engaño. De 108 presos políticos liberó a 5, algunos que tenían orden de excarcelar, pero apresó a 270. Otra burla la ejerció con el diputado Rosmit Mantilla. Fue sacado del hospital donde lo iban a operar por el Sebín que lo devolvió a prisión

NM rechaza plazo al diálogo para evitar el referendo revocatorio. “Ni con votos ni con balas llegarán a Miraflores” arenga. Olvida que golpistas liderados por su idolatrado comandante el 4 de febrero de 1992 irrumpieron al Palacio con tanques y cañones, al cual siguió la insurgencia del 27 de noviembre del mismo año. Olvidan que fueron favorecidos con una amnistía que hoy niegan para centenares de presos políticos y asilados.

Desafía al Vaticano que contundente condicionó emplazar ese diálogo a través de Pietro Cardenal Paroli, actual Secretario de Estado de Su Santidad. Lo hizo en Agosto, en respuesta a solicitud del aliado madurista Ernesto Samper, Secretario de Unasur,

Para los angustiados por el resultado del diálogo le decimos: si en noviembre oyes que truena, la siguiente cosecha será buena.

Al MARGEN: Reflexión a quienes abusan con medios de comunicación para poner y quitar gobiernos y alerta a regímenes narcotraficantes, es triunfo electoral de Donald Trump.

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El reciente proceso electoral para la elección presidencial de los Estados Unidos, como todo proceso político, nos deja lecciones que aprender. Sin duda pone en evidencia la creciente dificultad en poder anticipar, por los procedimientos tradicionales, los posibles resultados de una consulta popular.

Los analistas destacan la similitud con lo ocurrido en las consultas para el brexit y el acuerdo de paz en Colombia, con el resultado de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Tres casos que en breve tiempo y en diferentes situaciones y sociedades, ponen en duda la posibilidad, cada vez más disminuida de predecir tendencias y más aún, resultados, ante la inminencia de una consulta popular.

Desentrañar las razones de semejante disparidad entre la proyección y el resultado, amerita el análisis de especialistas en métodos de medición y más aún en análisis de comportamiento social en relación con el contexto específico de que se trate. Pero además, el entender la evolución de los procesos de comunicación social y la creciente influencia de las redes sociales y su poderosa capacidad de generar y transmitir opinión.

Ya no sólo de recibir el mensaje, sino la capacidad de asimilarlo, modificarlo y difundirlo de acuerdo con su propia visión y particulares intereses, generando matrices de opinión que se auto alimentan y evolucionan a través de las redes, sin control.

Pero además, es importante aceptar que la subestimación del adversario siempre juega a su favor. El creer que porque a nosotros no nos llega no le llegará a los demás es un grave error. Hay que aceptar que nuestra mirada no es objetiva. Está coloreada por nuestro punto de vista y por nuestros intereses, sin detenernos a explorar los múltiples puntos de vista y los variados intereses de quienes no coinciden con nosotros, pero que tendrán el poder de decidir.

Explorar esas diferencias es fundamental para la estructuración de un mensaje inclusivo y con capacidad de permear los diferentes sectores en función de sus puntos de vista y de sus necesidades. En todo caso, definir cuáles son los sectores a los que deseamos atraer y conocer a fondo sus carencias y aspiraciones es vital.

En los tres casos que mencionamos al inicio, se dio un resultado sorpresivo por cuanto se expresó una mayoría silenciosa que no se hizo evidente a lo largo del proceso. Probablemente no se exploró a profundidad la motivación de sectores numéricamente importantes. Y por supuesto, se ignoró la posibilidad de una respuesta que los visibilizó por la vía del voto. Sorprendiendo a quienes en base a los estudios de opinión tradicionales, vaticinaron otro resultado.

¿Nos resulta familiar este escenario? Algunas de las muchas lecturas que estas realidades nos obligan a explorar ante la inminencia de procesos de consulta popular.

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Trump ha ganado la presidencia de Estados Unidos para sorpresa y enorme desagrado del establishment político norteamericano. Ha triunfado yendo en contra de las normas establecidas en el sistema político de ese país. Ha ganado a pesar de la opinión de la mayoría de los grandes diarios de Estados Unidos, incluyendo el New York Times y el Washington Post, que se opusieron a él. . Ha dejado en el ridículo a las encuestadoras más prestigiosas y a los opinadores más reconocidos de ese país. Ha logrado conquistar estados del norte y del sur de Estados Unidos que en la elección anterior votaron mayoritariamente por Obama, el presidente negro. Incluso, obtuvo la presidencia en oposición a la mayoría de los líderes republicanos que habían rechazado su estilo insultante y descalificador. Y todo eso comenzó cuando, contra todo pronóstico, derrotó a 16 precandidatos republicanos en las primarias de ese partido. Ha sido una sorpresa también para los gobiernos de los países latinoamericanos, pero especialmente para Mexico y Centroamérica, de donde procede la mayoría de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

Ha triunfado Trump, el populista, el antisistema, el hombre que decía mentiras todos los días, que insultó y vejó a latinos, negros, a muchas mujeres, a musulmanes. El hombre que nunca tuvo una maquinaria electoral como Clinton y que generalmente aparecía rodeado de su familia y seguidores cercanos, porque los líderes del partido republicano no querían retratarse con él. El multimillonario que prometió construir un muro entre su país y Mexico y que ha jurado mano dura contra los inmigrantes ilegales. El personaje de shows mediáticos que se opone a los tratados de libre comercio, y es enemigo de la globalización por sus efectos sobre el empleo en Estados Unidos. Apoyado por la derecha alternativa, que es racista por propia definición, por los "supremacistas" blancos y por lo que queda del KluKluxKlan. Cuya campaña ha tenido un tinte antisemita, no muy pronunciado pero innegable. Y que pertenece a esa derecha antisistema, xenófoba, antiinmigrantes, nacionalista, opuesta a la Unión Europea, que ahora prospera en Europa: Marine Le Pen, los motivadores del Brexit en Inglaterra, el partido antirefugiados que trata de sacar a Merkel del poder, Victor Orban, el presidente autoritario de Hungría, los mandatarios de Polonia.

Pero ese personaje antisistema, con todos esos calificativos peyorativos, ha sido apoyado por la inmensa mayoría de los blancos de Estados Unidos, los blancos de las zonas rurales, los de clase media con poca formación universitaria, los blancos del norte, centro y sur de los Estados Unidos, los que son trabajadores manuales. Unos blancos que siguen siendo mayoría en el país del norte y que sienten que nunca más han tenido el status económico que tuvieron en la década de los 60 y 70, que se rebelan contra los inmigrantes, la globalización y el establishment político de Washington porque piensan que son los culpables de su situación económica y laboral. Este es un resultado electoral que va contra los latinos, los negros y los asiáticos que siempre han votado mayoritariamente por el partido demócrata.

Trump representa ese personaje adorado por los norteamericanos: el héroe solitario que se enfrenta a los peligros, arma en mano, el que hizo la famosa conquista del oeste, un personaje que desea que Estados Unidos vuelva a ser la potencia absolutamente dominante que fue después de la segunda guerra mundial, que aspira a que Estados Unidos vuelva a ser el policía del mundo. Además es un empresario de éxito por lo que suponen que va a ser también exitoso manejando el país como manejó sus propios negocios.

Los amigos y la familia me dicen: cómo es posible que elijan como presidente a ese hombre insultante, grosero, inculto. Quizás se podría concluir que votaron por él porque son como él. Trump los representa.

Termino con una nota personal: yo estuve varios meses de este año en la zona de Florida entre Orlando y Tampa. Cuando regresé a Venezuela me vine con la impresión de que Trump iba a ganar; se notaba un sentimiento agresivo contra el establishment .y contra los inmigrantes. Luego, influenciado por la inmensa mayoría de las encuestas y por las opiniones de los diarios más serios de Estados Unidos, comencé a pensar que Hillary podía ganar, aunque nunca sentí en ella esa fortaleza de ánimo y de cuerpo ni el carisma necesario para triunfar.

Muchos piensan que Trump será de presidente tal y como fue de candidato, porque esa es su manera de ser, su constitución sicológica inalterable. Yo pienso, a lo mejor con más esperanza que certeza, que una vez elegido presidente moderará sus instintos políticos divisivos e insultantes y ejercerá una presidencia menos temible de lo esperado. De todas maneras hay que recordar que el poder del presidente de Estados Unidos está muy limitado por las otras instituciones: el congreso, el tribunal supremo de justicia, los gobernadores de los estados, los jueces independientes, los poderes económicos y financieros y los grandes medios de comunicación.

De todas maneras, una cosa es ser candidato y otra ser presidente. Veremos cómo trata de llevar a cabo las promesas hechas en la campaña electoral y cuales dificultades encuentra para lograrlo. Una de las interrogantes que ya se está haciendo la gente común y los medios es cómo va a manejar el conflicto de intereses entre las decisiones económicas y políticas que tendrá que tomar como presidente y sus cadenas de hoteles, campos de golf y las varias licencias y negocios que posee.

Trump será el presidente de Estados Unidos a partir de enero de 2017 y el congreso estará totalmente en mano de los republicanos. Tendrán vía libre para aplicar sus políticas. Me imagino que los líderes republicanos harán las paces con Trump porque les conviene. Pronto veremos cómo será el futuro del famoso imperio.

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Visión Y Análisis

En el año 1.999 Venezuela vivió una elección presidencial dramática y con profundas consecuencias políticas, económicas y sociales que cambiaron la faz de nuestro país. Pienso que los Estados Unidos están viviendo una experiencia similar.

Para sustentar esa afirmación veamos los antecedentes.

En 1958 surgió una etapa política venezolana conocida como el período de Punto Fijo.

Tomo ese nombre por el pacto firmado por los principales partidos que iniciaron el proceso democrático en 1958. De este pacto y esos gobiernos surgieron una serie de gobiernos que dieron un fuerte impulso económico, político y fundamentalmente social a Venezuela; obras de infraestructura, escuelas, universidades, derechos políticos y sociales; Venezuela se convirtió en La Meca de los emigrantes de todo el mundo que venían a aprovechar las ventajas económicas y la democracia de nuestro país.

Sin embargo, a finales de la década de los 80, la crisis mundial afectó a los principales países industrializados, profundamente a China, originando una caída en los precios de las materias primas y por consiguiente una fuerte depresión económica y una gran deuda a Venezuela. Una gran parte de la población perdió sus empleos, se produjo descontento y la sociedad buscó nuevas opciones distintas a los partidos del Establishment.

Rafael Caldera, otro miembro del Pacto de Punto Fijo, y considerado centro derecha, dio una voltereta política y llegó a la presidencia alejándose de sus principios tradicionales y sostenido por un gran número de pequeños partidos de izquierda, prometiendo un gobierno de reformas y bienestar social. De alguna forma Caldera representó la última esperanza de la clase política surgida en 1958, pero el gobierno de Caldera no satisfizo las demandas de la sociedad, que volcó a elegir a un candidato distinto y ajeno al establishment venezolano.

Fue Hugo Chávez, auto definido como NO político, irreverente, no convencional, autoritario, decidido a romper tradiciones, reglas y leyes con tal de obtener y conservar el poder; así como generar una campaña de miedo y odio para aprovechar el resentimiento de la población desempleada y en la pobreza, así como aquellos con menor nivel cultural y más fácilmente manipulables con mensajes groseros, hasta obscenos, que le llevaron a dominar el escenario mediático.

El mismo escenario de hoy en los Estados Unidos. Las mismas crisis que afectaron a Venezuela afectaron a USA, Clinton logró alguna mejoría, pero los gobiernos de Bush enfrascaron a Estados Unidos en guerras en el Medio Oriente, que dejaron norteamericanos muertos y una sensación de haber sido engañados para participar en ellas. Además, la crisis del 2008 fue originada por fallas notables en las supervisión de las entidades financieras por parte del gobierno; crisis que tuvo que ser subsanada, en la medida de lo posible, con dinero de los contribuyentes para financiar a los bancos y produjo desempleo y crisis inmobiliaria, dejando a la población resentida contra el gobierno.

Llega Barak Obama, con promesas de reforma, es un afroamericano, eso motivó a los afroamericanos a tener una esperanza y votar por él en espera de mejoras en su calidad de vida, igual los latinos, prometió seguridad social, prometió derechos humanos, reforma migratoria, cerrar la cárcel de Guantánamo; en otras palabras, se convirtió en la esperanza de las minorías, de los liberales, de la gente de menores recursos, que veían en él alguien capaz de cambiar la situación existente (Si Podemos). Pero al final fue un presidente más “blanco” que Bush, no cerró la cárcel de Guantánamo, el Obamacare no solucionó los problemas hospitalarios, USA siguió en guerra en Afganistán y deportó miles de latinos indocumentados. Logró mejoría en la economía pero también dejó mucho desengañados.

Por estas razones el pueblo norteamericano ya no confía en los republicanos, por el desempeño de Bush, ni en los demócratas, por la desilusión con Obama, es decir, está lista para un outsider, un “no político”.

Se presenta Trump con el mismo estilo que Chávez, grosero, agresivo, con un mensaje de odio, resentimiento y miedo, emociones que en los actuales momentos dominan la sociedad norteamericana, dispuesto a romper tradiciones, quizás leyes para obtener el poder y mantenerse en él. Persona de ademanes y expresiones agresivas, se presenta como gran empresario, a pesar de que es la persona que más quiebras controladas ha realizado en los Estados Unidos en los últimos años, pero la realidad no importa, importa solo la percepción, y el domina la percepción, dice lo que la masa quiere oír, los norteamericanos adultos, blancos sin instrucción universitaria, fundamentalmente en los estados rurales, la gente más fácilmente manipulable.

El objetivo de este artículo NO ES predecir el resultado de las elecciones, sino explicar el fenómeno Trump, quien gane o no, ya es un fenómeno electoral, y sus enormes semejanzas con el proceso venezolano, con Hugo Chávez.

Tengo la esperanza de que si efectivamente Trump gana la presidencia, la clase política norteamericana logre poner freno a sus posibles decisiones arbitrarias e impida la destrucción de las instituciones políticas de los Estados Unidos, porque si eso ocurre sería irremisiblemente seguida por un deterioro de la situación social y económica de ese país.

Dejo a su disposición un artículo sobre este mismo tema publicado en diario El Aragüeño en noviembre del años 2011

https://visionyanalisis.blogspot.com/2011/11/un-chavez-para-usa.html?view=flipcard

Martes 08 de noviembre de 2016

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No fue un oráculo que me dio alguna sibila portentosa y trágica, tampoco la lectura concienzuda o azarosa de las runas, el tarot o de Henry David Thoreau. No acudieron a mí las luces más brillantes de la razón, la locura de los dioses o los filmes de Michael Moore. Sin embargo, mi olfato de apostador me dio pistas, rastros y certezas difíciles de evadir. Y es que el triunfo claro, contundente y arrollador de Donald John Trump en las presidenciales estadounidenses vino a confirmar, en la óptica de este habitante de las colonias de Hispania, la completa miopía política y cultural de la clase política tradicional de occidente (y nosotros también somos occidentales).

Esta ceguera auto inducida de estas sociedades americanas de la actualidad, que llevaron a un empresario polémico, xenófobo, machista y jetón a la cabeza del imperio, puede ser comprendida en estas 5 razones:

1.- La clase política, así como gran parte de la “intelectualidad” no ha asimilado aún que la cultura cambió, y este cambio es esencialmente un cambio de lenguaje.

Es comprensible, hay factores que la edad, la violencia de vértigo de las innovaciones tecnológicas, la transición de la forma cómo nos comunicamos, que somos radicalmente diferente los que fuimos crecidos y criados en la galaxia Gutenberg y los nacidos en la galaxia digital. El espejo que nos transformó para siempre: redes sociales. Trump aprovechó, no como simple plataforma informativa, sino como medio trascendental de exposición mediática, las redes sociales, tanto para atacar a los adversarios como para aprovechar la banalización de la cultura política. Más insultos en su contra, más trending topic en su exposición en las redes. Su posicionamiento en el mercado lo patrocinaron los demócratas, y gratis.

2.- La petulante y contraproducente “superioridad moral” de la socialdemocracia.

Llámela así o izquierda democrática, socialistas o adecos de la nueva ola. O democrats. El asunto es que la horizontalidad que en nuestras sociedades occidentales se viene gestando desde sus bases, “desde abajo”, ha formado una clase de habitantes, que no ciudadanos, que cuestiona, ignora y castiga, cada vez que tiene la oportunidad, a la clase dirigente, a las estructuras institucionales, al establishment político tradicional. Decía Manuel Caballero que la tragedia de la democracia era que contenía en sí misma el germen de su propia destrucción.

3.- El olvido deplorable de la Política con mayúscula.

Tómate tiempo para deliberar, pero cuando llegue la hora de la acción deja de pensar y actúa. Andrew Jackson

El común votante americano, mejor, el americano promedio, odia que le mientan. Una de las virtudes que admiramos de la Unión Americana es el apego a la ley, es decir, a la palabra empeñada, a la virtud del compromiso. Hillary Clinton mintió descaradamente, 2 veces, sobre los correos comprometedores. Investigaciones del FBI, escándalo mediático, credibilidad perdida. El partido demócrata, quizá ensoberbecido en 8 años de gobierno, desestimó los viejos códigos: el contacto con la gente, la proposición de ideas, la sinceridad, sí, la sinceridad, que protagonizó la clase política en otros viejos y no tan viejos tiempos. No imagino a Carter, Kennedy, o a Franklin D. Roosevelt haciendo una campaña tan pobre, tan mediana.

4.- La razón cultural.

Trump, sea por su olfato empresarial, especulador, feroz y salvaje y esplendoroso capitalista, o bien por la sabiduría plena y real que da el dirigir personas, encontró el pulso cultural de la periferia poblacional de los EEUU, formada de campesinos, blancos, anglosajones y protestantes, obreros, amas de casa, Homero y Marge Simpsons urbanos, conservadurismos radicales, extremas derechas armamentistas, así como del centro, del más importante de éstos: el gran poder económico-político, en sus dos más influyentes variantes: Judíos y Tea Party. Esa fue su fortaleza, unir a los extremos a través de las heridas abiertas, y aún no cicatrizadas y asimiladas por la mayoría: segregacionismo, xenofobia, violencia. Pareciera que la guerra de secesión aún no culmina.

5.- La civilización del espectáculo.

Mario Vargas Llosa, en su brillante ensayo, la civilización del espectáculo, comentando un escrito de George Steiner, nos dice que “Steiner traza un bosquejo bastante sombrío de lo que podría ser la evolución cultural, en la que la tradición, carente de vigencia, quedaría confinada en el conservatorio académico: “Ya una parte importante de la poesía, del pensamiento religioso, del arte ha desaparecido de la inmediatez personal para entrar en custodia de los especialistas” (p.138). Lo que antes era vida activa pasará a tener la vida artificial del archivo. Y, todavía más grave, la cultura será víctima – ya lo está siendo – de lo que Steiner llama “la retirada de la palabra”. En la tradición cultural “el discurso hablado, recordado y escrito fue la columna vertebral de la conciencia” (p. 138). Ahora, la palabra está cada vez más subordinada a la imagen.

Quizá, por formar parte de esa misma decadencia cultural, los partidos tradicionales, tanto republicano como demócrata, fueron superados por el fenómeno comunicacional, contracultural y mediático que Donald Trump representa y encarna. La campaña entera de ambos partidos fue la que él diseñó: la confrontación, el insulto; la trastienda mugrosa que toda contienda política tiene fue traída frente a las cámaras en su propio reality show. Cada ataque que envió fue devuelto con igual o mayor flatulencia por sus contendores, tanto en las primarias republicanas como en la carrera presidencial. Y como en buen reality que se respete, la figura del hombre fuerte que se sobrepone a las dificultades, a la cayapa, con ferocidad de héroe posmoderno, sin valores, sin moral, sin escrúpulos, gana el rating con facilidad. Y a la manera de Rocky Balboa, Trump fue la gran esperanza blanca en su última oportunidad, contra todo pronóstico, y como en Rocky II, Llegó a ser campeón mundial, ganándole a puñetazo limpio a un negro y a una mujer, en los Estados Unidos de Norteamérica. God bless América!!

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