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Opinión

En Venezuela la democracia fue dada de baja. De esa palabra sólo quedan escombros. Ha sido un exterminio en cámara lenta. Aunque en los últimos meses la demolición ha alcanzado velocidad de vértigo. No es una noticia nueva, dirán algunos. Pero hay que repetirlo, insistir en ello. Y sobre todo, asumir la épica necesaria para recuperarla.

El gran duelo que se ha establecido entre el régimen y la oposición ha llegado a su punto máximo de tensión. Para Nicolás Maduro y su camarilla ni siquiera se trata de demostrarnos que pudieran sacar al país de la crisis en la que ellos mismos lo sumergieron. Los pocos intentos han sido fallidos, más aún, nefastos. Muecas de sanación que han resultado ser cuchilladas en las arterias de nuestra economía. Lo único que les quita el sueño, a estas alturas de la asfixia nacional, es salvar su propio pellejo, evitar el desplome final del chavismo, aferrarse desesperadamente a las hebras del poder. Mientras tanto, el resto del país, esa vastedad que hoy es oposición, pero sobre todo indignación, bracea con todas sus fuerzas para salir del remolino que amenaza con tragarse el resto que queda de nosotros. Un remolino trágico que ya se ha llevado nuestros alimentos, medicinas, sueldos y miles y miles de vidas.

En este acuciante panorama, la oposición propone una iniciativa para darle la vuelta al desmadre general: el Referendo Revocatorio. Un procedimiento de participación civil que el propio Hugo Chávez incorporó a la Constitución, queriendo alardear de demócrata, y ahora se le devuelve a sus discípulos como un letal búmeran.

Ya lo sabemos. El régimen ha colocado obstáculos de toda calaña en el camino. Ha diseñado sus propias güarimbas contra el deseo de buena parte de los venezolanos. Sin mayores escrúpulos ni pudor. Con muy tibios disimulos. Jugando a que son institucionales, mientras todo lo demoran, distorsionan y alteran a su antojo. Han sido tan sediciosos en su afrenta que la reacción del enorme universo opositor ha sido variopinta. Algunos, efervescentes y hastiados, proponen calle y artículo 350, calle y turba, calle y desobediencia civil. Habría que ver cuántos venezolanos, sobrevivientes a duras penas, abandonarían las colas para ni siquiera tener esa noche un íngrimo paquete de arroz, cuántos cerrarían sus negocios o desertarían a sus trabajos para agudizar aún más su propia crisis, cuantos tomarían la calle sin regreso y se expondrían a la hora loca de los colectivos armados o a la represión ya usual y cada vez más cruenta de los uniformados del régimen. Otros gritan, estentóreos, que la solución es más simple y expedita: acorralar a Maduro contra una pared de Miraflores y exigirle su partida de nacimiento. Convencidos de que es colombiano, piensan que ante el pedimento unánime, Nicolás, el cucuteño, terminará confesando la patraña, empapado en lágrimas de arrepentimiento. Como si fuera tan difícil urdir un documento apócrifo, o dos, o tres, los que sean necesarios para sostener la mentira que tengan que sostener.

Se entiende la desesperación. Se entiende que nos debatimos contra personajes aviesos e inescrupulosos que no respetan las reglas de juego. Se entiende la cólera ante cada día que pasa, ante cada venezolano asesinado, cada familia que huye al exilio, cada nuevo preso político, cada neonato muerto en los hospitales, cada bolsa de basura que se abre para buscar restos de lo que sea. Estamos bajo el signo de la urgencia, sí. Pero justamente por eso debemos ser más sensatos en cada decisión que tomemos. Si un malandro nos dispara, la constitución no frenará las balas, es cierto. Pero si la arrojamos al cesto de la basura, si no la interpretamos con lucidez, le estamos dando la bienvenida a la locura colectiva.

Por eso vale la pena detenerse y evaluar la propuesta que la MUD, ese conglomerado de partidos políticos, coloca ante el país. Su primera invitación es a mantener la unidad. Suena casi de Perogrullo, pero es crucial. Si le lanzamos una granada a la unidad que hoy debemos ser, perdemos la oportunidad histórica de recuperar la democracia. Luego, propone más. Jugar este trance decisivo con las herramientas de la política. Insistir en el revocatorio es insistir en la constitución. Y agrega un punto de inflexión clave: hacernos todos corresponsables de conseguir el 20% de las firmas para el revocatorio. Por primera vez, la MUD canceló el olor a cenáculo y decidió convocar a distintos gremios de la sociedad civil, les preguntó, indagó, quiso oír opiniones de gente cuyo principal carnet es el de ciudadano venezolano. Aceptó dimensionarse, abrir sus puertas y ventanas, ampliar su propio espectro, convertirse en país múltiple. Y así han terminado proponiendo convertir los tres días de recolección de firmas en un nuevo episodio de contundencia civil. Sin cauchos quemados, sin calles cerradas, sin atajos estériles. Quizás a algunos no les convence, porque su indignación es más grande, o su impaciencia, o su sabiduría. Pero las propias encuestas que dicen que el 70% del país desea despedir a Nicolás Maduro de su cargo, señalan que lo quieren hacer de una forma coherente, civilizada y definitiva, sin anarquía ni sangre en las consignas.

Es cierto, dados los antecedentes no podemos ser ingenuos. Los voceros del régimen lo han dicho en distintas versiones que se resumen en una frase: “Nosotros vamos a hacer todo lo posible para que el revocatorio no ocurra”. Maduro no quiere ser un desempleado más. Diosdado Cabello no quiere perder su show de televisión y su asombroso poder. Jorge Rodríguez todavía tiene cuotas de resentimiento que saldar. Pedro Carreño necesita seguir vistiendo fluxes de marca. Eso lo sabemos. Y sabemos que el TSJ y el CNE son solo siglas diseñadas para perpetuarlos en el dominio de las pocas riquezas que nos quedan. Por eso nos toca, en esta hora crítica, convertir nuestra indignación en muchedumbre democrática, en avalancha de firmas, en ríos de colas que duren tres días con sus noches, en una larga, kilométrica, millonaria cola de demócratas que presionen, insistan y se acumulen en las calles exigiendo —no otro verbo hay— exigiendo el derecho a salvarnos entre todos.

Hugo Chávez transformó una Constitución “moribunda” en un país enfermo. Nicolás Maduro ha perfeccionado el legado de su padre político. Y por eso ya la analogía es redonda: somos también un país moribundo. La única forma de evitar la extinción total de la democracia, con sus ciudadanos incluidos, es justamente con una sobredosis de democracia y ciudadanía. Toca marcar en el calendario con una equis los tres días de la manifestación civil que se avecina. Toca hacerlo entre todos. Sin próceres, ni mesías. Contra la intoxicación militar y autoritaria que hoy nos saquea, toca la movilización de una inolvidable, gigantesca, histórica multitud de personas que rebase el 20% de cualquier ámbito, sea parroquial, regional o nacional. Lo hicimos el 1 de septiembre y sería una tontería inexcusable no multiplicar el gesto el 26, 27 y 28 de octubre. Está en juego nuestra supervivencia como nación. Hoy conquistar el revocatorio es conquistar la comida de los próximos años para los nuestros. Y si toca convertir el 12 de octubre en antesala magnífica, en día de calle nacional, lo debemos hacer. Sin más crítica que la de no permitirnos la inacción. Sin dibujarle grietas a la compleja unidad de toda diversidad. De ahora en adelante, todo debe ser movimiento, avance, contundencia. Que la calle y la constitución vayan de la mano. Que no volvamos a aceptar ni una sola burla convertida en norma. Que el sonido multitudinario de la democracia calle los ladridos de la dictadura. Que los paralice tanta civilidad desbordada. Que no tengan más remedio que aceptar la decisión de la mayoría. Que se les agrieten los ojos de tanto contar firmas. Se acabó el irrespeto. Imposible aceptar una humillación más. Toca detener en seco a la jauría que ha hecho de nuestra vida una calamidad insoportable. Es el momento de todos. Es el instante de los millones de ciudadanos de bien. Contra el oprobio debe ocurrir la épica necesaria. La imprescindible. Para, de una bendita y democrática vez, lograr la redención final como país.

| http://prodavinci.com/blogs/la-epica-necesaria-por-leonardo-padron/ 3 de octubre, 2016

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Los miembros de la OPEP, reunidos en Argelia, acaban de anunciar un “preacuerdo”, para prevenir una caída libre de los precios petroleros. Se trata de algo tentativo, que dista mucho del pacto que nos venía anticipando el Presidente. Cualquier decisión final surgiría de la reunión de la OPEP en Viena el 30 de noviembre de este año.

Después de haberse alcanzado en el Siglo XXI precios del petróleo nunca antes soñados, ocurrió lo que tenía que ocurrir: se desmoronaron, tal como se desmoronaron posterior a las abruptas alzas que experimentaron en 1974 a raíz del embargo petrolero árabe y en 1979 después de la caída del Shah de Irán. Esa es la lógica del mercado. A cada aumento excepcional sigue una caída. Es una lección que no entendió el presidente Chávez quien creyó que el petróleo seguiría aumentando para siempre.

Hace años me comentó que hacia el 2015 el petróleo habría superado los 200 dólares por barril. Nunca se imaginó la debacle que vendría.

“Après moi le déluge” (después de mí el diluvio) solía decir decir Luis XV, monarca absoluto de Francia muerto en 1774. Y efectivamente el diluvio se le vino encima a su sucesor -Luis XVI- quien terminó guillotinado por la Revolución Francesa en 1789, pocos años después de heredar la corona.
El diluvio
Ese mismo diluvio es el que se le está viniendo encima al sucesor de Chávez. La caída del precio del petróleo, sumada a la destrucción de Venezuela y de Pdvsa consumadas en los últimos tres lustros y que se manifiesta hoy entre otras cosas en un derrumbe de la producción petrolera, ponen en evidencia la imprevisión de un régimen a quien la diosa de la fortuna brindó todas las oportunidades.

Ese régimen cree que podrá frenar el diluvio con un nuevo acuerdo de recorte de producción petrolera de países OPEP y no OPEP que devuelva los precios a niveles que salven su revolución. Todo indica que se va a quedar con los crespos hechos.

Veamos: ¿qué fue lo que se convino en la reunión preliminar de Argelia?

Se llegó a un “preacuerdo” para estudiar un eventual recorte de hasta 700.000 barriles diarios que se propondría en la reunión de la OPEP que tendrá lugar en Viena el 30 de noviembre de este año.

¿Cómo se distribuiría ese recorte entre los países miembros? Ahí comienzan las dificultades. Irán, cuya producción petrolera ha caído bruscamente debido a las sanciones internacionales de que fue objeto (porque se temía que estuviera desarrollando armas nucleares) ya le está restando relevancia a los anuncios de Argelia. Levantadas las sanciones, sigue pregonando que elevará su producción hasta 4 millones de barriles diarios. Arabia Saudita, enemigo mortal de Irán desde hace más de 1.336 años por razones religiosas -recordemos que uno es sunita y el otro shiita- no está dispuesta a mover un dedo que ayude a su adversario. Si Irán no recorta producción, Arabia Saudita tampoco lo hará. Iguales dificultades para recortar confrontan Nigeria, Libia e Irak.

Si en noviembre la OPEP no decide recortar, Rusia -no OPEP-, no está dispuesta a congelar su producción. De hecho, los tímidos aumentos de precios que resultaron de los anuncios de Argelia, ya comenzaron a revertirse y el petróleo nuevamente está bajando.

¿Subirán los precios?
Ahora bien, suponiendo que todo salga bien y se recorte la producción en 700.000 b/d, ¿alcanza eso para que suban los precios? La realidad es que no. Serviría, sí, para impedir una guerra de precios. Y eso es todo lo que quiere Arabia Saudita, que teme que una manipulación más audaz de la oferta que haga subir los precios sirva para estimular nuevamente la producción de petróleo de lutitas vía fracking en EEUU.

Y ¿cómo queda Venezuela en todo esto? Pues bien, nuestra producción ya ha caído en más de 230.000 b/d en los primeros 7 meses del año. No le basta al país que los precios se mantengan; necesitaría fuertes aumentos. Recordemos que el ingreso petrolero es una combinación de cuánto petróleo se produce y a qué precio se vende. Si el precio llegase a aumentar tímidamente a costa de una disminución de la producción, el efecto neto sería nulo.

No pareciera pues que en Venezuela se pueda impedir el diluvio vía un aumento de los precios petroleros a través de un recorte de producción que quizá pueda aprobar la OPEP el 30 de noviembre. El diluvio ya llegó en forma de difteria, malaria, escasez de alimentos y medicinas, inflación, caída del PIB, cierre de empresas, aislamiento internacional, delincuencia, inseguridad jurídica, desconocimiento de las instituciones y de la Constitución y de las demás siete plagas bíblicas que este régimen le ha traído a Venezuela. Al revisar las lecciones que nos depara la Revolución Francesa, el mayor interesado en una salida pacífica vía Referendo debería ser el régimen.

petoha@gmail.com
@josetorohardy

http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/opep-revolucion-francesa_600442

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Como en los tiempos de Romerías y piticos aupando candidatos presidenciales, apareció Henry Ramos Allup, por estas tierras calientes de puja refrendaría, acompañado por sus militantes cargados de canas y arrugas históricas.

¡Fui perecista y de los más íntimos!

Fue la primera fusilería a descargar de su verbo hiriente, mordaz, pero oportuno, para recordarle a los presentes, cómo en una ocasión le recomendó a Carlos Andrés Pérez, que jamás volviera a repetir aquella lapidaria frase del gocho, cuando anunció que esa era la última oportunidad que tenía la democracia venezolana.

Quizás con la intención de remachacarles a los miembros de la MUD del Zulia, que ha llegado el momento de otra oportunidad, para quienes después de haber sido amenazados con freírlos en aceite y convertirlos en polvo cósmico, hoy andan orgullosos, recordándole a tanta oveja descarriada en tiempos quintos republicanos, que adeco es adeco hasta que se muera.

Ante la pregunta deseada y puesta de bombita por la aguda periodista Madelyn Palmar: “Diputado ¿usted está en campaña?”. No la dejó terminar y como influenciado por el relámpago del Catatumbo, de inmediato serpenteó. Claro que estoy en campaña, siempre he estado en campaña y voy a seguir en campaña por el Revocatorio … ¿y por qué no? por la candidatura presidencial.

Deslizando con esta confesión, que la puja interna en el liderazgo opositor, no sólo está presente, sino que él, es uno de sus protagonistas principales, junto a Capriles, el otro Henri y quien todavía desde Ramo Verde, sigue punteando en todas las encuestas, como el candidato con mayor opción a alzarse con la presea candidatural, si las comadres del CNE lo permiten este año.

Desde los tiempos de Rómulo Gallegos, muchos han sido los candidatos surgidos del partido con su otrora emblemático Juan Bimba y su esplendoroso hombre que, si caminaba y daba la cara, y del cual, a toda la pléyade variada y opositora, asistente en la reunión privada, le confesó su condición carlosandrecista.

Este adeco de uña en el rabo, ante la “jauría” de periodistas, no se hubo con resguardo de epítetos, hacia un gobierno cada vez más aislado y falto de apoyo popular, pero virulento y renuente a marcharse en sana paz, una vez revocado en los tiempos deseados. Y he aquí la segunda pregunta lanzada por la morena periodista, y agarrada al filo, por quien cual el otro Rómulo, prometiendo el we will come back, respondió: aquí no hay plan “B”. Este año habrá revocatorio y Maduro se irá. Quizás para sus adentro se respondería: Y nosotros volveremos como dijo Betancourt.

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Una vez más, como señal de franco retroceso y en abierta contradicción con la Constitución de 1999, jóvenes activistas políticos, civiles, se ven sometidos a los tribunales militares, bajo cargos de pretendidas ofensas a las Fuerzas Armadas, al decoro militar o supuesto uso de insignias militares.

El Art. 261 de la carta magna, en forma clara y terminante, a diferencia de la de 1961, silente al respecto, señala que la “competencia de los tribunales militares se limita a delitos de naturaleza militar”.

Lo previsto en este artículo no se presta a ninguna duda o confusión y, evidentemente, delitos de naturaleza militar no son otros –como lo dejó establecido la jurisprudencia reiterada de la Sala Penal hasta 2005, acogida por la Sala Constitucional– que “aquellas infracciones que atenten contra los deberes militares”, los cuales se concretan en la obediencia, subordinación y disciplina. Por supuesto, consecuencia lógica de esta previsión constitucional es la exclusión de los civiles de la jurisdicción militar, ya que no están sujetos a los deberes militares.

Ya en el pasado, en el año 1981, sin contar con la norma constitucional de 1999, la Sala Penal, en ponencia del Dr. Ezequiel Monsalve Casado, en el caso de la periodista María Eugenia Díaz, procesada por presunta revelación de secretos militares, sentó el precedente de la primacía de la jurisdicción penal ordinaria y de la exigencia de que fuera juzgada la comunicadora por sus jueces naturales.

Lamentablemente, en decisiones más recientes, en 2005, como en el caso del general Usón, en situación de retiro, apartando la consideración fundamental de que los hechos no revestían carácter penal, la misma Sala dictaminó que un civil sí puede cometer delitos militares, criterio –sin duda– de manifiesto sesgo político y de franca regresión a etapas que deberíamos considerar superadas en las cuales se utilizó la justicia militar como instrumento para reprimir a la guerrilla armada.

La doctrina y la jurisprudencia en materia de derechos humanos ha sido clara sobre este tema y, a título de ejemplo, como lo ha resaltado Héctor Faúndez, en este diario (7-3-2009), Argentina, siguiendo la recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en 2009, derogó el Código de Justicia Militar, reafirmando el criterio de que los militares, al igual que los civiles, si cometen delitos, deben ser juzgados por la justicia ordinaria, siendo así que debe existir un solo catálogo de delitos para todos los ciudadanos, gozando todos de la misma dignidad y conforme al principio de igualdad de todos ante la ley.

El Código de Justicia Militar, con 78 años de vida, está constituido por una normativa arcaica, inconstitucional que, entre otras cosas, impone la obediencia ciega, el castigo por conductas que considera contrarias a la dignidad y decoro de los militares, como los actos “contra natura” “ o perversiones sexuales” y, a la letra de su texto, impone la preeminencia de lo militar sobre lo civil, pretendiendo sancionar cualquier delito cometido en instalaciones militares, sea cual sea la naturaleza del hecho y sus autores.

En el pasado y en el presente, se ha pretendido recurrir a la jurisdicción militar como instrumento para sancionar, por la vía rápida, a militares y civiles, con la nota común de ser adversarios del gobierno.

Las recientes detenciones de jóvenes dirigentes políticos y su sometimiento a la jurisdicción militar, como en el caso de Andrés Moreno Febres Cordero, por el delito de disentir, expresar su pensamiento, criticar o ejercer el derecho a la libertad de expresión, sin ánimo alguno de dañar a la institución armada, sino de crítica y de toma de conciencia, es, sencillamente, un atropello a la Constitución que debe ser reparado con su inmediata libertad, imponiéndose retomar, además, el mandato constitucional del no sometimiento de los civiles a la justicia militar y el propósito firme de una reforma de toda la legislación castrense.

Abogado y Profesor de Derecho penal

aas@arteagasanchez.com

El Nacional, 3 de octubre 2016

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación # 81

La terca realidad, poco a poco, nos va indicando que independientemente del tema del revocatorio y su desenlace, las elecciones para gobernadores y diputados regionales serán las que definitivamente consolidarán los cambios necesarios que esperan los venezolanos en el futuro cercano. Y son importantes, porque en el ambiente de un gobierno de transición democrática como el que se espera, el apoyo político de 23 gobernadores a ese eventual gobierno será fundamental, por lo que las campañas electorales regionales, incluyendo un proceso de primarias no admite mayores dilaciones, aunque el proceso revocatorio aún luzca complicado.

Simplemente no se puede, y no se debe, atar un proceso al resultado del otro. Convencer a la gran masa electoral de la oposición democrática, que hoy es franca mayoría, que el proceso electoral regional es tan importante como el revocatorio mismo, es una responsabilidad de la dirigencia opositora que actualmente parece estar enfocada exclusivamente en el referendo revocatorio.

Iniciar una campaña electoral para las gobernaciones de estados con la consigna de que todos los gobernadores oficialistas deben ser revocados también debe servir de aliciente para que el electorado se involucre más y mejor en el necesario proceso de cambio que requiere el país. “Yo revoco a Maduro, pero también al califa de Aragua”, por ejemplo, parece un eslogan pertinente en los tiempos que se viven.

Pero también luce pertinente que los aspirantes a las gobernaciones comiencen sus campañas precisando claramente cuáles son los cambios necesarios para que estos ciertamente se cumplan sin incurrir en los tradicionales y pocos convincentes discursos populistas y demagógicos que han caracterizado la oferta electoral de las últimas décadas.

Muchos candidatos a la gobernación hacen promesas diciendo que van a mejorar el sistema de salud, la educación, el deporte, que impulsaran el turismo, sin percatarse que esas no son atribuciones previstas en la actual Constitución para las gobernaciones, para eso deben solicitar, previa demostración de que están en capacidad de realizar el trabajo, la competencia ante el ejecutivo nacional para poder asumirla, cuestión que con el actual régimen presidencialista y centralista difícilmente se obtendría.

Diseñar la campaña electoral con las ofertas que realmente puede cumplir el gobernador y las competencias que puede solicitar, sería un buen comienzo para alejarse del discurso populista y demagógico. Como planteó otro analista en días pasados: “Comenzar a decir la verdad en política, puede traer buenos resultados en estos tiempos.”

2 de octubre de 2016

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Estimados soldados venezolanos, hombres y mujeres todos. Quisiera tener una conversación larga y sincera con ustedes.

Primero que todo me quiero presentar como un soldado más. Soy el inventor del término “Comandante Supremo”. Como saben, el Presidente Chávez me pidió que lo ayudara en el Ministerio de Planificación, en Mayo del 2002. Luego de que aceptara trabajar con él, le dije “Hugo (lo tuteaba en privado), tú eres el Comandante en Jefe; pero yo tengo un Comandante Supremo”. Él captó inmediatamente lo que esto significaba, por tener una formación militar: cuando sus órdenes estuvieran en contra de mis principios, yo no iba a seguirlas, sino que me iba a guiar por esos principios, que eran los que iban a orientar mi trabajo en el gobierno. Alguien podría pensar que Chávez se enojó, pues eso implicaba decirle que yo tenía otro jefe, en realidad, al que iba a obedecer por encima de él, y que si estaba trabajando con él, era porque mi Comandante Supremo me lo había ordenado, no por otras razones. Pero no. Él soltó una sonora carcajada, y me dijo: “no te preocupes, Felipe, que ese es el Comandante de todos nosotros!”. Al otro día lo vi en televisión con un crucifijo azul (cuya copia nos dio a muchos de nosotros), mostrándolo, y repitiendo exactamente la misma frase que me había dicho a mí en privado: “Este es el Comandante de todos nosotros!”

Me imagino que él con alguna frecuencia decía entre sus íntimos que el Comandante Supremo le estaba ordenando esto o aquello. En especial, cuando estaba ya de salida de este mundo terrenal, cuando seguramente diría que “el Comandante Supremo me está llamando”. Si bien es cierto que la soberbia lo fue envolviendo y cegando con el tiempo, él jamás hubiera estado de acuerdo en ser llamado de esa manera, por la sencilla razón de que sabía que nunca podía tomar el sitio que le correspondía a Dios, de quien era realmente devoto. Pero como ustedes saben, seguro que la caterva de aduladores que siempre lo rodearon, en algún momento empezaron a llamarlo así, aún en vida, y sobre todo después de su muerte. Con fines utilitarios, estoy seguro, para usar su imagen en favor propio.

El cuento es que me considero un soldado, como ustedes. Y en ese sentido estamos hermanados, de hecho, con todos los hombres y mujeres venezolanos. Seguimos una misión aquí. Cada quien en su posición concreta, sirviendo un propósito. En el caso de ustedes, defensa de la soberanía de la nación por la vía de las armas físicas, sabiendo que esa soberanía se extiende, y depende de, la soberanía política, económica y social. En el caso mío, que estoy seguro es el caso de ustedes también, mi función es la defensa del país, y de la humanidad y la naturaleza toda, con las armas de la Verdad, la Justicia, la Paz interior, la tolerancia, la democracia. Y los enemigos son, es bueno dejarlo explícito, la mentira, la manipulación, la injusticia, la explotación, la segregación, la exclusión y la esclavización humana y de la naturaleza. En el caso de ustedes y el mío, somos también seguidores de Simón Bolívar, quien vino a liberar y defender naciones y pueblos, no a someterlos, esclavizarlos, a conquistarlos y usufructuar su trabajo y su territorio; todo mediante la prédica de principios de moral y de luces en todos sus discursos, y sobre todo con sus acciones. Está claro que usó las armas, físicas y éticas, para servir al pueblo, no para servirse de él y usarlas para oprimirlo.

Situación económica actual y sus remedios

Para ver qué país, y qué gente es a la que defendemos con nuestras armas, veamos muy brevemente, en un lenguaje llano y resumido, cuáles son los problemas económicos y cómo se resuelven. No hace falta entrar en el detalle de todas las cifras para darse cuenta de que el diagnóstico es de un país cercano a la muerte, en un sentido muy real: escasez de comida y medicinas, insumos, repuestos, etc, con una contracción económica que puede rondar del 15% al 20% a finales del año. Inflación galopante, que puede llegar entre 700% y 1000%. Altísimos niveles de inseguridad y caos, saqueos frecuentes, protestas espontáneas por comida y falta de servicios públicos, con una semilla en erupción de violencia generalizada, sometido al hambre, a enfermedades, a muertes perfectamente evitables, con una pobreza de ingresos llegando al 80% de la población, todo lo cual hace pensar en una posible africanización de nuestro país.

Paradójicamente, la solución económica es técnicamente sencilla. Y para eso, veamos las cosas más importantes del asunto: el déficit fiscal ha estado por seis años en más de 10% del PIB, llegando a cifras de 18%. Algo inaudito, realmente. Normalmente cierras esa brecha entre gastos e ingresos bajando los gastos, subiendo los impuestos, o incrementando la deuda. Como la posibilidad de deuda externa está bloqueada, y el gobierno no ha bajado los gastos, la brecha, en términos reales, se ha cerrado con una subida de los impuestos. Se trata del impuesto inflacionario. Más del 80% de esa brecha se ha estado monetizando. El gobierno ha estado imprimiendo dinero, que es básicamente papel. Lo ha dado a la población en contraprestación de bienes y servicios, y eso ha generado inflación. En otras palabras, el gobierno ha tomado de la gente su producción y su trabajo, a cambio de papeles con cada vez menos valor. Y la gente se ha quedado con esos papeles que compran cada vez menos bienes (pues los vendedores de productos y servicios a los que hay que inducir a aceptar esos papeles a cambio, quieren conservar el valor real de su riqueza, por lo que piden más papeles devaluados por ellos; y en eso consiste la inflación).

Pero ¿por qué el gobierno ha puesto a pagar ese tremendo sacrificio a la gente? Veamos. Si quisiéramos tener solvencia fiscal (cuentas fiscales balanceadas en el largo plazo, sostenibles), podríamos hacer varias cosas. Imaginémonos que eliminamos el control de cambios, subimos el precio de la gasolina para evitar el contrabando a Colombia y demás países fronterizos, dejamos de regalar petróleo a algunos países, incluyendo Cuba, dejamos de hacer importaciones públicas y repartir la comida a través de las redes de distribución pública (Mercal, Pdval, CLAP). Con esto, y con el ajuste de precios de electricidad, agua, teléfono, el fisco obtiene alrededor de 14% puntos del PIB. Ahora, dada una contracción brutal del gasto real del gobierno en la primera mitad del año, el déficit se ha reducido a niveles de alrededor de 6% a 8% del PIB.

¿Qué pasaría entonces? ¡Tendríamos un superávit de alrededor de 7% del PIB! Pero antes de seguir (no es cierto que esto sería neoliberal, y que los pobres quedarían peor, sino exactamente al revés, como diré en breve), veamos a quién perjudica un ajuste de este tipo. El gobierno ha estado regalando sus dólares a los corruptos, públicos y privados, a través de Cadivi; ha estado regalando su gasolina a los contrabandistas (los que hacen ese negocio en grande, por tierra, mar y hasta por aire, como ustedes saben, incluso desde PDVSA misma, con participación de algunos soldados también); ha estado importando directamente con sus dólares, y repartiendo esa comida, de manera que los corruptos se quedan en el camino con más de la mitad de eso cuando realmente importan, pues se quedan con una buena tajada de los dólares al importar mucho menos de lo que reportan por sobre-facturación y otras prácticas; ha estado regalando su petróleo a países del Caribe y Cuba; ha estado regalando irresponsablemente la electricidad, el agua y los servidos telefónicos.

¿Y quién paga esos regalos a los corruptos e irresponsables? El pueblo, con su impuesto inflacionario. Sabemos de las cifras gigantescas de dinero que se ha ido en corrupción por todas estas vías, sin un solo culpable, que yo sepa. Y ustedes son soldados, pero se enteran de estas cosas por muchas vías. De hecho, algunos soldados indignos han estado metidos en ese robo agravado a la nación de Bolívar, y a sus habitantes más vulnerables, los que necesitan más ayuda. En resumen, este gobierno que se dice del pueblo, de los pobres, ha estado financiando el enriquecimiento de los corruptos con impuesto inflacionario de los pobres y la clase media. Una transferencia directa, redistributiva, pues, “de izquierda”, según los apologetas ideológicos del gobierno.

Un programa de estabilización requiere liberar precios también, además de lo dicho. Pero algo es claro: una sinceración cambiaria no sería inflacionaria (porque el ajuste, la devaluación, ya ocurrió, y algunos precios bajarían al bajar el tipo de cambio de los niveles del dólar paralelo). Los precios de los bienes hasta ahora regulados se colocarían a un precio muy por debajo del precio de bachaqueros, y habría la disponibilidad que uno quiera comprar. Y además, los pobres y la clase media serían compensados con ingresos reales directos. No solo se usaría para eso el superávit comentado, de unos 9% del PIB, sino parte de un posible déficit, perfectamente válido en estas circunstancias, financiado con préstamos reales, sean internos, o externos, que no es inflacionario, como sabemos. El nuevo endeudamiento externo necesario, sobre todo para importaciones, para capear el temporal, es de unos 40 millardos de dólares. Es un préstamo perfectamente financiable, pues en un entorno de medias de estabilización, y un equipo creíble, es interpretado por el mercado como atractivo a precios internacionales, pues lo que hemos sufrido consiste, en términos económicos, en un shock negativo temporal.

Mi propuesta es que haya una transferencia bancaria, para cada venezolano, de alrededor de unos $25 mensuales por adulto (BsF12.500) y $10 por niño (BsF 5.000) calculados a la tasa de equilibrio del mercado (que hoy sería de alrededor de 500 BsF por $) por un año. Es mejor que la transferencia sea a todos no solo a los más necesitados, por dos razones: la gran mayoría de los venezolanos son realmente necesitados en este momento. La otra, se necesita actuar rápido. Y si se da a unos y no a otros, se mete la corrupción inmediatamente. Además, a los ricos se les puede pedir que donen ese dinero, voluntariamente. Muchos de ellos lo harían con todo gusto, para como están las cosas con sus conciudadanos, y sabiendo que vamos a salir de este marasmo todos, y a todos nos va a beneficiar, en particular a los emprendedores, que van a ser el motor determinante de la recuperación, y una transferencia voluntaria a los más pobres es en realidad una inversión en su país, y en su futuro. Se calcula en dólares, para resguardar el valor real de ese ingreso.

Una cosa lógica que se deriva de este análisis es que la inflación se pararía en seco, como ha ocurrido en procesos con muchas similitudes al nuestro, con hiperinflaciones. Si no hay brecha fiscal, ¡no hay que monetizarla! Se elimina así la fuente de la inflación. El ajuste inicial de precios de gasolina, electricidad, etc, podría perfectamente pagarse con los subsidios directos mencionados, que en una familia de dos adultos y tres niños, sería de unos 80 dólares mensuales, unos 40.000 Bs, a esa tasa (un aumento del precio de gasolina como el que proponemos significaría un gasto por automóvil de unos 12.000 Bs mensuales). Un esfuerzo gigantesco, pero que vale la pena, y que rendiría frutos inmediatos de estímulo a la producción por la vía de la demanda real, no inflacionaria. El bienestar de la clase media y los pobres debe ser la primera prioridad de este programa de estabilización y recuperación de la economía y la sociedad, por supuesto. En eso, de hecho, hay consenso total entre los economistas que hemos venido haciendo propuestas: no es un ajuste neoliberal, pues, para nada.

Lo que se necesita para salir de la crisis coyuntural, resumiendo, son tres cosas: liquidez en dólares, solvencia, y confianza. Los dólares van a servir en parte para importaciones de bienes e insumos, pero hechas por el sector privado, y a la tasa competitiva de mercado, sin subsidios cambiarios. Con esto y con lo comentado en materia fiscal se resuelve la solvencia, básicamente. Es bueno recalcar que ese dinero, unos $40 millardos, no lo va a manejar el gobierno: va a ser ofertado desde el BCV, que debe centralizar todos los dólares del estado, para que los importadores los compren en las subastas respectivas.

Pero el componente más importante del remedio es la confianza. Tiene que ver con el clima necesario para la recuperación productiva liderizada por los emprendedores privados. Se requieren leyes apropiadas acordadas con empresarios y trabajadores, cambios institucionales, acuerdo político de gobernabilidad, y Pacto Republicano para salir del rentismo.

Como vemos, a pesar de lo increíblemente grave, la crisis es enteramente artificial. No fundamental como en otros países, donde que es prácticamente imposible cerrar la brecha fiscal sin bajar draconianamente los gastos, o subir contractivamente los impuestos. La solución en nuestro caso consiste, de nuevo, solo en dejar de regalar los ingresos petroleros a los corruptos, y dejar de financiar los gastos del estado con transferencias a través del señoreaje inflacionario, con los ingresos y el trabajo honesto de la clase media y los pobres. Lo demás lo hace el mercado, con un estado que debe ser regulador, y no estalinista. Y con justicia social, claro. Eso es parte clave de la confianza, en realidad, pues una ciudadanía maltratada y resentida no puede contribuir a la confianza necesaria político-social, y económica. Cambios más estructurales, como los relacionados con la calidad del gasto, vienen para luego, mejorando la eficiencia del estado, sin desmejorar a los trabajadores.

Para finalizar esta parte, es claro que la “guerra económica” no es tal: los empresarios no pueden incrementar los precios “especulativamente” a voluntad. Ni siquiera los monopolios, que son los que tienen más poder de mercado. Por eso no hay inflación en Bolivia y Nicaragua, por ejemplo. Solo que en un ambiente inflacionario, generado por la política fiscal y monetaria como la descrita, reaccionan adaptativamente, e incrementan los precios para cubrir costos. Responsabilidad del gobierno, pues, a pesar de los inventos de los apologetas ideológicos, como Serrano Mancilla, que no tienen la más mínima idea de estas materias. Así que en la “guerra” en la que los han puesto a ustedes a luchar somo soldados, el enemigo es un falso fantasma, creado por el propio gobierno, justificando al fin y al cabo sus objetivos de beneficio de los caza-renta, como detallaremos ahora.

En realidad lo que proponemos es un cambio de modelo, desde el estalinismo, hacia la “vía solidaria”, que privilegia la justicia social, valora el mercado como mecanismo de intercambio, no de explotación, y el estado para regular las fallas del mercado. El estalinismo, basado en producción y distribución desde el estado, está plagado de fallas, entre ellas la inherente corrupción de quienes distribuyen los productos, y la necesidad de controladores, y sus controladores, en una cadena de oportunidades de arbitraje, y por tanto de corrupción. Modelo que no ha servido en ningún lado, y ya ha fracasado estrepitosamente aquí.

Pacto republicano contra el rentismo

No basta salir de la crisis coyuntural, del sótano diez. Hay que aprovechar para lanzarnos de una vez por todas hacia el piso 20, hacia la modernidad en materia económica, social y político-institucional. Nuestro peor problema en este sentido es la maldición del excremento del diablo. Pero esa maldición no es eterna. Tiene su remedio. Fue un venezolano, Juan Pablo Pérez Alfonso, quien descubrió la cura, que se aplica en otras partes del mundo, como en Noruega, y ahora estamos en una coyuntura propicia para aplicarla en nuestro país. Los síntomas de la enfermedad, documentados en todos los países que la han sufrido, son tres: la enfermedad holandesa, la inestabilidad macroeconómica, y la captura del estado por los “caza-renta”. Este último síntoma tiene varias características para esos países: falta de democracia, centralismo territorial e institucional, corrupción público-privada, y militarismo.

El primer síntoma ocurre porque los dólares de la renta entran al país, y compran la moneda local, sobrevaluándola. Eso hace que sea barato importar, lo cual subdesarrolla la industria y la agricultura. Tampoco se exportan esos bienes, pues si alguien de fuera quiere comprar caraotas, por ejemplo, tiene que comprar bolívares, que son caros, por lo que las caraotas le salen caras en Venezuela, y por eso la persona de fuera las compra en Dominicana, digamos, donde le salen más baratas. Las políticas de Chávez, dirigidas por Giordani, Armando León, y Merentes, empeoraron esa sobrevaluación “natural”, con el control de cambios: recibieron un enfermo, y le aplicaron un remedio que empeoró la enfermedad.

El segundo síntoma ocurre porque los precios de las comodities de esos países rentistas, como el petróleo en el caso nuestro, son muy volátiles, y exógenos. La volatilidad inducida en los ingresos de renta pasan así a la economía sin anestesia, por lo que cuando los precios están altos, la economía va bien; cuando están bajos, la economía va mal. La gestión económica de Chávez, y de Maduro, empeoraron también al paciente con sus “remedios” en este sentido. En particular, Chávez gastó absolutamente todo el inmenso ingreso petrolero extraordinario que le entró a Venezuela en sus años de gobierno. Y no solo eso, ¡se endeudó afuera para gastar más! No ahorró en tiempos de vacas gordas, y estamos donde estamos cuando los precios del petróleo bajaron.

El tercer síntoma es lógico: los “cazadores de renta” se organizan con el objeto de hacerse de esa renta para ellos solos. Forman mafias, lo más silentes posibles, y capturan esa renta desde el gobierno, y desde el sector privado. No les conviene la democracia, pues es un mecanismo de control de gestión del ingreso, de la renta pública. No les conviene la descentralización territorial, pues tendrían que compartir la renta con gobernaciones y alcaldías. Tampoco la independencia institucional, pues tendrían que rendir cuentas. Y son militaristas porque los soldados se convierten, en ese clima corrupto, en los garantes de la seguridad de los caza-renta, en vez de dedicarse a defender la seguridad nacional. Como es evidente, todas estas características de este tercer síntoma de la captura del país por los caza-renta también empeoraron con Chávez y Maduro.

Este último no es un síntoma (¡ni los anteriores!) exclusivo de la quinta república. Viene de la cuarta. Y pasará a la sexta si no llegamos a un pacto económico, político, social y militar. De hecho, quienes querían quitar a Chávez, mediante el golpe del 2002, o por el paro petrolero, fueron los cazadores de renta de la cuarta, que liderizaron al país por un sendero diabólico, sin muchos saberlo. Quienes capturaron al gobierno de Chávez y de Maduro son los caza-renta de la quinta. Y muchos militares, hay que decirlo, son los líderes hoy por hoy del cartel de mafias caza-renta de la quinta república. Esos soldados corruptos están relacionados con las importaciones del gobierno y la distribución de alimentos y medicinas a la población (los CLAP incluidos); al otorgamiento de dólares al sector privado; al contrabando en grande de gasolina; a los créditos que otorga la banca pública; a las redes de usufructo de los bienes del estado en sus empresas.

Cuando Chávez sufrió el paro petrolero, por ejemplo, y ganó la batalla contra la dirigencia empresarial, la oposición, y el imperialismo en ese momento (que sí que participaron en el golpe y en el paro), lo que debió haber hecho fue identificar el problema del rentismo adecuadamente, y corregirlo de raíz. No tratar de exterminar a los buscadores de renta y sus mafias, formando nuevas mafias, usando a la fuerza armada como su partido político en esta guerra, con el liderazgo político de Fidel Castro. La solución correcta hubiera sido la de Pérez Alfonso aplicada en Noruega, el Fondo Petrolero. Eso implicaría que la renta se queda afuera, y se invierte afuera. Resuelve el tercer síntoma de un solo trancazo, pues si no hay carne, no hay zamuros. Y el gobierno debe vivir de los impuestos, como en cualquier país (aquí los impuestos no petroleros son 14% del PIB, cuando en Perú y Chile son de unos 23% del PIB). Así florece naturalmente la democracia (pues quienes pagan impuestos quieren saber para qué se usan): se incentiva la independencia de poderes y descentralización territorial, lo cual mejora la gestión pública. Se desmontan las mafias alrededor de la renta, porque no hay renta, y los soldados pasan a hacer sus funciones, y no a ser usados como el cuerpo de seguridad de los corruptos.

Error estratégico de Chávez, repito, quien tuvo la buena intención de usar la renta para los pobres, y eso fue lo que le trajo problemas con los caza-renta de la cuarta. Pero no contaba con que las mafias caza renta mutan de piel, se adaptan, son extremadamente hábiles en todo, en particular en corromper actores claves, y buscar apologetas ideológicos que engañan a la población, a ministros y hasta el presidente, diciéndoles que este gobierno es para el pueblo y por el pueblo, y no para sus intereses, como vimos arriba. La solución no es cambiar de gente para administrar esa renta. Se trata de diseño institucional, no de moral individual, pues las oportunidades de arbitraje muy grandes corrompen hasta gente honesta. Hasta a mí, que era el ministro anti-corrupción por excelencia, ya que presidía la Comisión de Transformación del Estado, y estaba trabajando arduamente en eso, trataron de corromperme, un banco de la cuarta república (con unas “princesitas”) con complicidad de altos funcionarios que armaron la emboscada. Y eso que era en el principio del gobierno de Chávez, cuando ni siquiera había habido la avalancha de ingresos petroleros que vimos luego. No es de extrañarse que tengan a la gran mayoría de ministros comprados, atados, impedidos de salir de sus garras, como ocurre normalmente en las organizaciones mafiosas: una vez que entras a ellas, no puedes salir, sino muerto, y con familia asesinada. Por eso Chávez desaprovechó una gran oportunidad, que debemos aprovechar ahora si queremos realmente deslastrarnos de esa maldición.

El segundo síntoma, el de la inestabilidad macroeconómica, se resuelve directamente también, pues la volatilidad de los precios petroleros, y sus shocks de ingreso, no los experimenta el país, sino el Fondo, que se transforma en colchón estabilizador. El primer síntoma también se cura ipso facto, pues al no entrar los petrodólares, no sobrevalúan la moneda local, y los productos internos transables se vuelven competitivos, interna, y externamente. Claro que para administrar el remedio al paciente en nuestro caso, hay que hacerlo progresivamente, pues una terapia de shock aquí puede ser mortal en muchos sentidos (por ejemplo, pasar de unos impuestos de 14% del PIB a 23% de un solo trancazo, es mortal para la reactivación productiva, un shock extremadamente contractivo).

Por todo esto es que hace falta un pacto político, económico, militar y laboral. Déjenme decirles, de paso, que si viene un nuevo gobierno, no rojo sino azul, y no se amarra al mástil (como Ulises, para no echarse al mar cuando oyera el canto de las sirenas), caerá en el rentismo, con todos sus males. Es un problema de diseño institucional, no de moral individual o color político, repito. Lo mismo con el sector privado, que casi no paga impuestos (los que llegan realmente al fisco) con el cuento de la renta. Y los militares, y los trabajadores del sector público. Cada uno de esos “jugadores” debe participar en el pacto, que es, desde el punto de vista estratégico, un “equilibrio cooperativo” en un juego repetido. El secreto es que ninguno pierda, pues hay que partir del peor de los escenarios: que son egoístas (¡aunque un poco de altruismo en estas élites, por el país, no haría nada mal, claro!), tomando en cuenta también de que si no hay un futuro que valga la pena, les conviene seguir usufructuando la renta como hasta ahora.

Pero con el pacto van a ver claramente que les conviene más lo que van a ganar en el largo plazo con un país próspero, que depende crucialmente de dicho acuerdo, con buenos sueldos y satisfacción de cumplir su verdadera misión para los militares y trabajadores; con excelentes oportunidades para la inversión y ganancias competitivas para el sector privado; con un país en que se pueda hacer política como Dios manda, con liderazgos genuinos, transparentes, y llenos de vocación de servicio público, para los políticos que realmente añoran ejercer su verdadero sueño ocupacional. Todos orgullosos de una Venezuela como la querían nuestros padres fundadores, y como la necesitan nuestros hijos y nuestros nietos. Las ganancias serían inmensas, que es lo que garantiza las posibilidades de triunfo del pacto. Un círculo virtuoso, pues, para salir del círculo vicioso en el que estamos entrampados todos.

Recapitulemos algo: Luego del golpe de 2002, liderizado por los cazadores de renta de la cuarta república, por EEUU, Gran Bretaña y España, Chávez mostró flexibilidad, apertura. Me nombró a mí jefe del gabinete económico, y yo propuse un pacto en lo económico y político llamado “Plan de Consenso Nacional” basado en el mercado, con estado regulador y justicia social. Básicamente el mismo que estamos proponiendo hoy. Pero esos buscadores de renta traicionaron las buenas intenciones de Chávez, y mi liderazgo, y empezaron una guerra económico-política para tumbarlo definitivamente: el paro petrolero-sindical-patronal. Esa guerra la ganó Chávez, como sabemos. El problema es que a partir de ahí, Chávez comenzó una guerra de contra-ofensiva para rematar al contrario ya caído, con el liderazgo político de Fidel Castro, y con la asesoría económica de Giordani y Armando León (la parte cambiario-monetaria este último). El haber iniciado una guerra contra el sector privado y la oposición, una vez derrotados, fue un error grave, y prolongó la idea de que había una guerra desde ahí en adelante, que se extiende a nuestros días, con el fantasma de la guerra económica. La idea correcta hubiera sido aplicar el remedio contra el rentismo, y acoger a los empresarios, la oposición y el sistema democrático, con sus diversidades naturales, como aliados fundamentales en la construcción del país, cada quien renovándose desde dentro en el nuevo contexto que impedía la corrupción caza-rentística.

Esa “guerra”, pues, que no ha debido realizarse, ha conducido a la más absoluta derrota del país como un todo (¡y del gobierno!). Por lo cual lo que está planteado es reconocer errores, cada cual desde su situación, y recuperar al país sobre la base de un diagnóstico acertado, y una acción generosa de cada jugador implicado en la nueva batalla por recuperar nuestro país. He sido testigo del reconocimiento de errores de parte de la nueva dirigencia empresarial, en particular en las más recientes gestiones de la presidencia de Fedecámaras, quienes han dicho que lo del golpe y el paro fueron errores muy graves. Además, están haciendo propuestas de medidas económicas en función del país, y no por intereses mezquinos. Eso hay que alabarlo, reconocerlo, y ponerlo como ejemplo para los otros jugadores. El único enemigo aquí es el rentismo y nuestra miopía. Todos saldríamos ganando, pues, incluso como egoístas (no en sentido peyorativo, sino normal, de quien persigue su propio interés). Mucho más si somos altruistas y queremos dar la vida por nuestro país y nuestra gente, como soldados que somos en esta guerra contra la indefensión, el subdesarrollo, la opresión, la injusticia, la pobreza, la africanización, y la pérdida de nuestro país. La guerra no es contra los venezolanos, que somos inocentes, aunque algunos podamos haber estado equivocados, como lo querría Bolívar en este momento también.

Situación política actual y sus remedios

Es claro que vivimos una situación que es no solo insostenible económicamente, socialmente, y políticamente, sino insoportable en cada uno de esos ámbitos. Tenemos unos pocos sátrapas secuestrando el gobierno y el país, sin ningún tipo de legitimidad política, destruyendo a la república, que se está africanizando, somalizando, a marchas forzadas, solo para mantenerse en el poder. Y saben cuál es su principal sustento? La fuerza armada (Por ahora…!).

Por supuesto, la mayoría de ustedes, soldados honestos, no tienen responsabilidad directa en lo que está pasando. El grupo de soldados corruptos es relativamente pequeño. Claro que hay mucha corrupción en pequeña escala, como los guardias nacionales que cobran vacuna, que martillean en cada alcabala del país. Si su ingreso real fuera decente, no andarían en eso, de hecho, y se pueden diseñar mecanismos anti-corrupción con buenos sueldos y en un entorno económico e institucional adecuado, también. No es cuestión de eliminar físicamente a los corruptos, repito, sino de impedir que la corrupción ocurra, por diseño. Y hacer una suerte de amnistía en la que todos reconozcamos nuestro errores, y empecemos una vida nueva sobre nuevas bases. Así, debemos ir hacia una sociedad en que se viva del trabajo, de la producción, del esfuerzo, y no del robo, de las dádivas del gobierno. Lo correcto es que tengamos condiciones para la producción, igualdad de oportunidades, y a partir cada quien use su creatividad, y su responsabilidad para sustentarse, y con eso aportar al país. No es difícil hacerlo, para nada. Requiere el programa de estabilización que esbozamos arriba, y el Pacto Republicano de que hemos hablado.

Pero mientras tanto ¿qué está pasando? El país se está hundiendo. Literalmente. La gente está siendo esclavizada por este grupito de sátrapas, por la banda de los siete títeres genocidas, que pretenden seguir chupándoles la sangre, financiando sus desmanes corruptos improductivos. Y ustedes, soldados, están siendo usados como los capataces armados de esa esclavización. De hecho, esos sátrapas están matando de mengua a los esclavos, que son también hermanos, y herederos de los mismos padres y de la misma tierra. Están matando la gallina de los huevos de oro. Claro que el gobierno ha tratado bien a los capataces armados para hacer eso. Les dan prebendas, los ponen en una situación privilegiada en muchos sentidos. Por ejemplo les dan sus bolsas de comida del CLAP, mientras la gran mayoría de la población no recibe eso. Han llegado al colmo de fundarles una empresa petrolero-minera. Para utilizarlos como perros guardianes de sus corruptelas y expoliación de la patria de Bolívar y sus ciudadanos.

¿Están ustedes, hermanos soldados, dispuestos a seguir jugando ese papel? ¿Se sienten bien con eso? La fuerza armada como un todo tiene los niveles de aceptación más bajas en su historia, según ustedes lo saben. Y a hora con las funciones de dirección económica, son directamente responsables de la situación. Un grupito de sus dirigentes está haciendo que todos ustedes, los soldados honestos de la república que son la gran mayoría, estén pagando el muerto de Maduro y sus secuaces.

¿Se hicieron ustedes soldados para esclavizar al pueblo venezolano? Al contrario, entraron con grandes ideales bolivarianos, libertadores. Y como tales, saben que Simón Bolívar abolió la esclavitud aquí y en muchos países. Saben que Bolívar fundó su ejército para liberar pueblos, y no para oprimirlos. Saben que Bolívar privilegió el gobierno civil, aún a costa de los deseos del pueblo porque él gobernara directamente. ¿Por qué algunos de ustedes se creen superiores a los civiles? No saben que quien se cree superior, como en el nazismo, es de hecho inferior, además de fascista? ¿Por qué creen algunos de ustedes que son capaces de manejar la economía cuando no han estudiado estas materias? Chávez, bajo la influencia del nefasto Giordani, y bajo el liderazgo político de Fidel, inculcó esa idea de que los economistas no servíamos. Para justificar que quien no sabía, como el mencionado ministro y su grupo, sí que podían conducir la economía. Sin darse cuenta de que para arreglar las cosas ahora no hay, prácticamente, ningún desacuerdo entre quienes ejercemos esta profesión, pues lo que hay que hacer es muy básico, de consenso total, que ellos, en su soberbia ignorancia, ni siquiera sabían, y a estas alturas tampoco saben. Corregir los tremendos entuertos con cosas muy básicas, que ustedes tampoco conocen, sencillamente porque no son especialistas. No se puede poner a conducir un Sukhoi a un experto en submarinos, por muy sofisticados que sean estos últimos. El resultado es que se estrella y muere el soldado piloto, y se pierde el aparato y la guerra, como en nuestro caso.

Finalmente: ¿por qué ustedes permiten que algunos de ustedes están en la fuerza armada que fundó Bolívar y son corruptos? ¿No saben que en tiempos de Bolívar, sabiendo su talante en estas circunstancias, ya hubieran sido pasados por las armas? ¿Fusilados sin misericordia por ser ladrones y traidores a la patria? Estoy seguro que ustedes, que saben de compañeros corruptos, no están contentos con esta situación, pues la acción de estos corruptos mancha el nombre de toda la institución armada. Y seguro quieren actuar en consecuencia, para depurar la institución. De hecho, debería instituirse una medalla al soldado bolivariano, para que se la gane cada quien con su acción y su moral. No llamar a toda la fuerza armada “bolivariana”, pues muchos manchan el nombre de Bolívar con su manera de actuar y de pensar. Ustedes saben muy bien, como lo sabemos todos, que pertenecer a la fuerza armada no hace automáticamente bolivariano a todos los soldados, sobre todo en las circunstancias que estamos viviendo, en las que el gobierno y su entorno se han encargado, en la práctica, de corromper a muchos de esos soldados directamente, para que participen del cartel de mafias caza-renta, y garantizar seguir en el poder.

Perspectivas políticas para el futuro inmediato

Y les digo algo. Si Maduro y la banda de los siete no salen este año, porque siguen irrespetando la Constitución y las leyes, como la han irrespetado hasta ahora, la fuerza armada va a ser tildada, y con razón, como la principal responsable de la situación. Por el sencillo hecho de que el único apoyo real que tienen es esa fuerza armada. Y también les digo algo: Si no hay revocatorio o renuncia este año, y Maduro y sale en el 2017, y ponen de presidente a Diosdado, o a Rodríguez Torres, para dar solo dos ejemplos, la situación no se va a resolver, sino que se va a agravar aún más, con pronóstico reservado en materia de generación de violencia incontrolable, y somalización completa. Incluso si ponen al ministro de la defensa de presidente. Por dos razones básicas. La principal, que la confianza es el ingrediente clave de la solución, como hemos dicho. Y esto implica un acuerdo político, además de arreglos institucionales fuertes, que impliquen poner en los poderes del CNE y el TSJ, además de la Contraloría, la Defensoría, la Fiscalía, a árbitros mutuamente confiables. Así como cuando se nombra un jurado, y tanto el abogado defensor, como el fiscal acusador, aprueban a sus miembros. Eso de poner militantes de partido en esas instituciones no puede ser parte de la solución, claramente. Como está pasando ahora con el CNE y el TSJ, por ejemplo.

Y ¿por qué no habría un acuerdo político con la oposición? Porque si el nuevo gobierno (o Maduro, si sigue) tiene éxito con ese apoyo, la oposición no va a ser alternativa electoral en el 2019. No los van a apoyar, por la dinámica política predecible, en un ambiente de revancha creado por la negativa este año a realizar el referéndum, y la conflictividad política, con árbitros vendidos a uno de los equipos en juego. Y por tanto ese gobierno, con un 80% o más de la población y su dirigencia en su contra, no va a tener éxito, incluso si hicieran las reformas económicas que hacen falta pero que no producen, por sí mismas, la confianza necesaria. Por tanto, el país se seguiría deteriorando, y ustedes serían cómplices de la matanza de la gallina de los huevos de oro. Del asesinato de los esclavos, los venezolanos, que son los que trabajan para alimentar a esas mafias que ustedes protegen, aún sin darse cuenta, por órdenes de sus superiores.

¿Estarían ustedes contentos hoy con una situación como esa? Su prestigio como institución bajaría no al piso, sino que llegaría al sótano diez. Y saldrían del poder, sin lugar a dudas, indignamente, pues las armas de violencia física, hoy por hoy, no son las que determinan el destino de los pueblos. Son las armas de la la verdad, el progreso, la justicia, con una fuerza armada que acompañe, no que se oponga, a este proceso. ¿Recuerdan la batalla entre David y Goliat? Mucha gente incluso se está planteando abolir la fuerza armada. Porque no se dedica a sus trabajo, sino que es un instrumento de opresión del pueblo que Bolívar liberó. Son tenidos por muchos, injustamente porque la mayoría de ustedes no son directamente responsables, como traidores a la patria, perros guardianes de quienes matan a su propio pueblo de hambre y enfermedad, para llenarse ellos de riquezas y de poder ilegítimo. Es claro que la mayoría de ustedes mismos estarían de acuerdo en desbandar una fuerza armada con esas características. Para dedicarse a un trabajo más digno, aún si ganan menos dinero y tienen menos prebendas.

Lista parcial de responsables personales e institucionales directos

Antes de terminar mi carta a todos los soldados venezolanos, me dirigiré a una lista parcial de ellos que son directamente responsables de lo que está pasando.

1- Presidente Nicolás Maduro: Usted ha estado siendo un soldado que ejecuta las órdenes de Fidel y Raúl Castro, y de los caza-renta de nuestro país. Esto último, sabiéndolo o sin saberlo, con un ropaje ideológico falso. Su gestión ha sido de derecha corrupta, pues ha beneficiado a los poderosos y conectados, que han hecho sus fortunas a partir de la renta petrolera. Todo esto a costa del bienestar de los pobres, la clase media y de los empresarios honestos de nuestro país. Muchas veces se le han hecho las recomendaciones para resolver esto, pero Usted, con una testarudez inaudita, se ha negado a cambiar en favor del pueblo para mantener el favor de los corruptos y de quienes tienen intereses geopolíticos sin importar lo que pase con el pueblo venezolano. En este sentido, obedeciendo esas órdenes, ha sido un indigno soldado que se ha convertido en enemigo de nuestro pueblo. Todavía está a tiempo de hacer algo útil por la patria: renunciar, pedir perdón por sus errores, y facilitar una transición de consenso con la oposición, que incluya al chavismo para salvar el legado de Chávez: su genuina preocupación por los pobres y los excluidos.

2- Diosdado Cabello: Usted ha jugado un papel nefasto para nuestro país. No por casualidad es uno de los líderes con más rechazo en las encuestas, tanto en la oposición, como en el chavismo. Su presente campaña electoral para ser la alternativa del chavismo no tiene futuro, y va en contra no solo del interés nacional, sino también del propio chavismo. Como soldado, ha mancillado el nombre de Bolívar. Póngase de lado y deje de estar amenazando y tratando de amedrentar a sus contrincantes políticos, incitando a la violencia, y usando los recursos del estado para beneficio político-partidista. Déjenos ya tranquilos y dedíquese a su vida privada, para que recapacite sobre sus errores, y pueda reivindicarse ante el Comandante Supremo, pues el pueblo va a durar mucho tiempo para perdonarlo.

3- General Reverol: Usted ha jugado el papel de abusador y acosador de los opositores de manera indigna y cobarde, impropia de un soldado de la República, hijo de Simón Bolívar. Cese en su acción de represión, de intimidación, de vejación de los derechos humanos de los venezolanos, a quienes el mismo Bolívar declaró inocentes aún siendo culpables. Mucho más si son incriminados de manera fraudulenta, como en su indigno caso. Respete a los venezolanos, que pueden encausarlo directamente usando las leyes pasado este momento coyuntural. Ponga de su parte, y renuncie, asumiendo las responsabilidades por sus crímenes a la ética y a la humanidad, y al buen nombre de un soldado bolivariano, tanto nacional, como internacionalmente.

4- Jorge Rodríguez: Usted ha actuado y sigue actuando para tratar de eternizar el poder de un régimen violador de los derechos humanos, en particular, del de los opositores políticos. Usted está avergonzando la memoria de su padre, de quien fuimos y somos admiradores, pues él pasó por una situación similar de persecución política. Usted además ha recurrido a la más burda manipulación de las leyes y la Constitución, para hacer trampa en el juego electoral-democrático. Debería darle vergüenza. Será tenido como un personaje muy problemático, sobre todo en lo ético, poniendo nuestro país al borde de la violencia política generalizada, de la guerra entre hermanos. Deje de darle órdenes a las cuatro rectoras del CNE, que usted no es su jefe o comandante. Póngase de lado, pida perdón, y busque consejo espiritual para enmendar sus aberrantes estilos de vida y de acción. No crea que nos va a llevar al abismo. Su tiempo ya se acabó, pues el pueblo ya lo ha decretado, y el Comandante Supremo está harto de su carácter de tramposo, aunque todavía lo llama a recapacitar.

5- Tibisay Lucena, y las tres rectoras restantes del CNE: ustedes son soldadas personales de Nicolás Maduro y de Jorge Rodríguez, en vez de obedecer la Constitución y las reglas electorales que ustedes mismas instituyeron. ¿No les da vergüenza? Mientras Colombia está escogiendo usar los votos como la única forma de dirimir los conflictos políticos, ustedes, que tienen como función precisamente la de promover el voto con ese objetivo, están escogiendo la violencia como la forma de decidir los destinos del país, y están apoyando a quien tiene las armas físicas en esta contienda violenta, el gobierno y su apoyo militar, que es usado como perro guardián del régimen corrupto, que el pueblo está harto de soportar. Actúen para corregir sus errores, pues en sus manos está la paz o la guerra, ya que el pueblo no está dispuesto a convertirse en un esclavo domesticado y amedrentado por las armas. Venezuela se los agradecería. Pero sepan que a pesar de sus actuales intentos, nuestro país saldrá airoso de esta contienda vergonzosa en la que ustedes la han estado metiendo por falta de entereza ética y humana. Están a tiempo de enmendar sus acciones.

6- Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia: ustedes no siguen la justicia, sino que son soldados obedientes de quienes tienen oprimido injustamente a nuestro país. Son la vergüenza de la patria. Enmienden sus caminos y renuncien, para que se llegue a acuerdos de institucionalidad en nuestro país. Dejen esos caminos, y faciliten una transición hacia una nueva Venezuela para todos, y para todos nuestros hijos. De otra manera pasarán a la historia como quienes intentaron, infructuosamente, justificar legalmente los crímenes más atroces contra la democracia y contra el imperio de la justicia. Dense cuenta de que no van a tener éxito en esto, y pónganse del lado del rescate de nuestro país, que viene con una fuerza imparable.

7- José Vicente Rangel: Usted es uno de los políticos más nefastos de toda la historia de nuestro país. Trató de corromperme personalmente varias veces en el gobierno, causando una gran desilusión por la imagen de dirigente de izquierda que tenía de Usted como defensor de los derechos humanos de los perseguidos políticos. Cuando ha habido “necesidad” de grandes compras militares innecesarias, Usted ha salido como periodista anunciando una “inminente invasión”, manchando el nombre de su profesión. Ha sido un soldado de sus propias ansias de riqueza y de poder, sin importarle si sus acciones mancha el nombre de la izquierda, el verdadero socialismo, el democrático y progresista; sin importarle la situación de hambre y enfermedad que sufre la gran mayoría del pueblo venezolano. Ahora pretende, usando un lenguaje engañoso, liderizar el pesimismo, y garantizar la permanencia política de un régimen absolutamente nefasto contra nuestro país. Sus días de torcido liderazgo han pasado ya. Haga algo útil, y retírese, para dedicarse a la vida privada, y reflexionar sobre sus errores.

Exhortación final

Por este medio, pues, hago un llamado como soldado hermano a todos los soldados honestos de la fuerza armada, que son la gran mayoría, y a todos los venezolanos, que al fin y al cabo también son soldados en sus propios ámbitos. Se requiere que ustedes se dediquen a su función: garantizar la soberanía nacional en materia de defensa, colaborando en todas las otras áreas de soberanía, la productiva y alimentaria, cambiaria, monetaria, la social, la de seguridad ciudadana, la política y la geopolítica, sabiendo que debemos trabajar en equipo, cada quien en su especialidad. Como están las cosas, la fuerza armada ha sido tan mal utilizada, que ni siquiera ha podido desempeñar el papel que le corresponde directamente, de la soberanía territorial y geopolítica-militar. La solución no es, pues, un gobierno militar o militarizado. Un gobierno efectivo requiere salir del secuestro en que nos tienen metidos los actuales caza-renta y sus títeres. Y promover un acuerdo nacional político-económico y social, en que participemos todos, incluyendo a los soldados de la fuerza armada, como dije, para retomar el camino liberador de Simón Bolívar.

Quiero motivar mi exhortación final con otra historia personal. Cuando salí del gobierno, Chávez me mandó a decir con José Vicente Rangel (mi archienemigo en el gobierno luego de que no acepté sus corruptelas y se encompinchó con Tobías Nóbrega en mi contra) que “había decidido mandarme a otro destino”, o la embajada de Argentina, o la representación ante el Banco Mundial. Yo le dije a José Vicente que no aceptaba. Pero a la semana, estando yo ya fuera del gobierno, me llamó Chávez en persona por teléfono, y me preguntó qué había decidido sobre lo que me mandó a decir. Yo respondí “No te preocupes, amigo Hugo. Yo soy un soldado del Reino de Dios”. Para quienes no lo saben, a los soldados sus comandantes les asignan unas funciones, unas tareas, y deben obedecerlas sin chistar. No a todos se les dan opciones para escoger, y Chávez, el Comandante en Jefe, me estaba permitiendo escoger entre dos alternativas. Pero yo le contesté que no le obedecía a él en materia del destino al que debería ir, sino a mi Comandante Supremo. Es claro que mi destino era este, el de hacer la labor que estoy haciendo para contribuir a salvar nuestro país desde mi posición actual, como nos toca a todos nosotros, hermanándonos de nuevo en esta misión sagrada. Actué así, pues, como soldado, poniendo en práctica lo que dije a mi entrada al gobierno, obedeciendo mi conciencia, a pesar de que la orden del Comandante en Jefe implicaba estar bien económica y políticamente.

No me quiero poner como ejemplo, sino poner mi historia para que sirva de evocación de lo que todos, como soldados, debemos recordar: nuestro objetivo no es el bienestar económico y político pasajero aún a costa de nuestros principios, y las enseñanzas de Simón Bolívar. Si nos dan el mando de seguir de perros guardianes de un régimen que oprime, reprime, esclaviza a nuestro pueblo para usufructuar sus riquezas y sus derechos políticos; de un régimen que no tiene legitimidad política ni moral, no podemos seguir, en buena conciencia, ese mando. Tenemos un mandato del Comandante Supremo: seguir los principios de verdad, de justicia, de paz de conciencia, de la democracia. Y en eso tenemos el apoyo directo, y el mandato, de nuestra Constitución:

Artículo 350: El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

Cordialmente y pendientes, que ahora es que viene lo bueno, como consecuencia de nuestra acción para liberar y restaurar a Venezuela, cada uno como soldado de la República en su propio ámbito, y mediante métodos pacíficos, legales, constitucionales, su amigo, hermano y compañero de lucha, sinceramente,

http://www.lapatilla.com/site/2016/09/25/felipe-perez-marti-a-los-soldad...

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Carlos Raúl Hernández

Cuando un gángster hábil, sin escrúpulos y con coraje confronta las instituciones dispuesto a asaltarlas, la columna vertebral y las piernas del liderazgo tiemblan y con demasiada frecuencia ceden. Ocurrió en muchas partes desde la Rusia de Kerensky -derrocado por Lenin sin disparar un tiro-, hasta Evo Morales, pasando por Hitler que recibió la Cancillería de Von Hindenburg, encarnación de la aristocracia junker. En esos episodios hay elementos comunes: la antipolítica que multiplica los resentimientos, injustificados o no, de parte de “las masas”, y la alevosía de grupos de las clases medias, -siempre decisivas en esos lances-, que añoran un hombre fuerte que desaparezca los odiados partidos políticos y sus “privilegios”. Las elites traicionan y le sobreseen a la Bestia Apocalíptica sus ruindades, crímenes, amenazas, la complacen en los tribunales y van a besarle la cola para ganar su clemencia. Hoy es Donald Trump.

Tales grupos quieren acomodarse al cambio, tal como lo vivimos no hace mucho. Hasta ese momento democráticos, transgreden por sentirse más identificados con la Bestia en lenguaradas de fuego que con los políticos convencionales, administradores aburridos de las instituciones. Es un espectáculo ver las patanerías Trump, conocer su vida marrullera, su historia de triquiñuelas, y como degrada a “los políticos”, precisamente él, que emerge de lodazales financieros. Pero lo reta una dura y ojalá no la traicionen como ocurrió aquí. Nadie comprendió mejor la postración frente al hombre fuerte que el filósofo letonio-británico Isaiah Berlin en su tratado El sentido de la realidad, que debían leerse todos los aspirantes a líderes. Berlin apenas escribió de corrido dos libros, uno sobre el Romanticismo y otro sobre Marx.
El tarado intemporal
Su extensa bibliografía existe porque nos hicieron el favor de grabar sus clases y publicarlas. Su pensamiento es excepcional, porque además de ser un académico erudito, era un hombre de acción, nada menos que espía británico en la Unión Soviética de Stalin. No era un hablador de p… ¿Estamos a un paso o dos de que la maldición del hombre fuerte se concrete en EEUU? ¿Habrá medido la sociedad norteamericana el problema planetario de un eventual triunfo de Trump? Está cabeza a cabeza con Hillary, dato que alarma porque evidencia un arquetipo de apoyante medio que podría llamarse el tarado intemporal universal, cuyas críticas a Hillary son redomadamente insólitas. Como Orlando, el personaje de Virginia Woolf, es el mismo tarado que se ilusionó con Getulio Vargas, con Sandino, con Perón, con Fidel, con Allende, con Velasco, con el comandante, con Podemos, para luego llorar arrepentido lágrimas inútiles. Ahora su esperanza con Trump.

Para el intemporal Hillary miente -los emails-, es inexpresiva, “aburrida” por su condición burocrática, por política. Poco confiable porque mantuvo el autocontrol y no lloró desconsolada ante los medios cuando su marido divertía a Mónica Lewinsky. Muchos hubieran querido verla despechada y desgarrar su amargura en televisión. En el debate presidencial del lunes 26 de julio (2016) Trump exhibe la falsedad compulsiva que lo embarga al atacar al gobierno de Bill Clinton con argumentos de los 80 y 90, hoy denegados por la Historia, al mejor Presidente de EEUU durante el siglo XX, que superó al insuperable Ronald Reagan. Impulsó la revolución informática y se fomentó 20 millones de empleos, con lo que la desocupación que se arrastraba desde Carter desapareció.
Llena eres de gracia
Para ello tuvo que enfrentarse al nacionalismo económico antiglobalización de derecha e izquierda y abrir la economía a la competencia, obturada desde el populismo de Roosevelt. Demostró que una sociedad sana y de crecimiento estable en el tiempo solo es posible con la apertura y la competencia. Hasta en Venezuela ya eso se entendió, pero este magnate que se hizo con quiebras ficticias y el apoyo del gobierno, miente y hace bullying. Hillary responde y unge a la maravillosa Alicia Machado –otra dura, a la que sus compatriotas ridiculizaban– como imagen de la campaña, y apoya la democracia venezolana frontalmente. Una self-made-woman hispana, que venía en transporte colectivo desde Maracay a Caracas para los entrenamientos del Miss Venezuela, que superó obstáculos, zancadillas –entre ellas las del propio copetón–, crisis personales, y al final conquista su destino, un gran emblema para exhibirlo a los norteamericanos y al mundo.

Sobrevivió a Trump, a un marido de conducta “miserable” y a un doble cáncer de mama. Es de gran importancia por la situación de Venezuela en lucha agónica de muchos años para frenar un régimen marxista, y en este momento para que no ruede por el desbarrancadero de los Estados fallidos. Nuestra querida y admirada Alicia, bella y voluntariosa, extraordinaria, es modelo en diversos sentidos de la palabra. Hoy es el emblema de los latinos en la primera nación del mundo, y cercana a la potencial primera mujer Presidente de EEUU. Símbolo de la feminidad, la belleza y la sangre mestiza, protagonista en un momento en que en el Norte se juega una carta peligrosa. Alicia se enfrenta a la maldición del hombre fuerte, que aparece hasta en las mejores familias. Ahora es mejor no burlarse mucho de ella.
@CarlosRaulHer

http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/alicia-machado-contra-los-va...

02 de octubre de 2016 05:02 AM

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