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Opinión

Eddie A. Ramírez S.

En tiempos en que la situación económica afecta a los ciudadanos honestos, que los ánimos se exacerban por la escasez de empleo, de gasolina, de gas y de electricidad, que la salud está amenazada por la Covid19 y que el régimen aplasta los derechos políticos y civiles, lo procedente es que todos cerremos filas. Es decir, que nos apoyemos mutuamente, seamos más comprensivos y tolerantes con quienes de buena fe piensan diferente.

En las redes sociales es frecuente leer mensajes insultantes en contra de nuestro liderazgo político por no haber sido capaz de diseñar una estrategia para salir de la dictadura. Cabe preguntar si alguno de los críticos tiene la solución o si son maledicentes que utilizan el teclado para desahogarse, pero sin arriesgar. No imitemos a personajes vulgares, sin escrúpulos y que destilan odio como Maduro, Diosdado, Mario Silva o Iris Varela.

Hay otros que sí arriesgan y utilizan un lenguaje de altura, pero que predican ideas que no son compartidas por la mayoría. Ojalá que en esta Navidad dediquen un tiempo a reflexionar y entiendan que solo unidos podremos crear un frente que tenga probabilidad de lograr el fin de la usurpación.

Esto no es un llamado a callar ante posiciones que no se comparten, pero sí una sugerencia para que critiquemos con altura, sin descalificar, sin sentirnos dueños de la verdad, consciente de que nadie tiene suficiente arrastre para aglutinar al pueblo. Aportemos ideas que sumen y no resten.

Ante tanta angustia, algunos se desahogan con el primero que topan o aprovechan el anonimato para destilar veneno en los tuiters. Esta mala conducta se presenta en los diferentes estratos sociales, independientemente del nivel de educación. La virulencia que se observa en las redes sociales es señal de que parte de nuestra sociedad está enferma.

Si queremos avanzar, el entenderse tiene que ser no solo entre quienes adversamos al régimen, sino también con nuestros adversarios no corruptos. Entendemos que no es fácil, pero debe haber interlocutores de cierto nivel que entiendan que la posición de Maduro es insostenible. Los países que nos apoyan insisten en una negociación que permita desembocar en elecciones transparentes. Negar esa posibilidad es alejar la solución y nuestra población seguiría padeciendo, tanto en Venezuela como en el exterior.

Lo referido también es cierto en países desarrollados. Recientemente, un alcalde de una ciudad estadounidense tuvo que renunciar ante las amenazas por declarar que era conveniente el uso de máscaras para protegerse del coronavirus. También es inaudito que en ese país algunos delegados electos por el Partido de Biden hayan tenido que buscar protección. Mas inaudito es que muchos venezolanos se rasguen las vestiduras y crean todas las mentiras de Trump, un ciudadano muy parecido en su conducta a los que adversamos aquí. Esto evidencia que el fanatismo abunda tanto entre los extremistas de izquierda, como en los de derecha.

Nuestro cordial saludo navideño a todos los amigos en Venezuela y en el exterior, y nuestra solidaridad con los compatriotas de la diáspora, particularmente con quienes tuvieron que emigrar a pie por los caminos que una vez recorrió Bolívar para libertar pueblos hermanos, que hoy apoyan a quienes huyen en busca de fuentes de trabajo, de alimentos, medicinas y de seguridad personal que les niega la dictadura. Vendrán tiempos mejores. Feliz Navidad y a vacunarse, no valen las excusas.

Como (había) en botica:

El régimen persigue a quienes desinteresadamente ayudan a los más necesitados. Tal es el caso de la Fundación Convite y de su director Luis Francisco Cabeza.

Esta Navidad nos trajo la alegría de un video del conjunto navideño de la familia Marcano, con la que tenemos lazos de amistad desde que tuve el honor de trabajar bajo la guía del Dr. Luis Marcano Coello, fundador de Fusagri, Fundárbol y Fundacea. El conjunto lo dirige el colega ingeniero agrónomo Luis Marcano González y lo integran los miembros de la familia desperdigados por trece países.

Nos complace el éxito de compatriotas músicos que con gran esfuerzo se destacan en el exterior. Unos ya consagrados, otros, jóvenes promesas. Nuestra excelsa pianista y buena ciudadana Gabriela Montero sigue brillando, también el destacado director Gustavo Dudamel. Las violinistas Daniela Padrón y Carmen Zambrano, el tenor Aquiles Machado, los guitarristas Luis Zea y Aquiles Báez y las jóvenes directoras Glass Marcano y Gladysmarli Vadel, entre otros. De lejos es grato escuchar frecuentemente la bella voz de María Teresa Chacín.

Lamentamos el fallecimiento de German Urribarri, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


H.T. Goranson

El COVID-19 está golpeando duro a todos y, detrás de escena, los líderes de defensa y de gobierno están viendo a la pandemia como un ejemplo del tipo de golpe del cual las sociedades modernas tienen que poder recuperarse. Los responsables de las políticas están convocando a expertos de la industria y del mundo académico para descifrar cómo asegurarse de que este tipo de amenazas no vuelvan a tomar por sorpresa a las organizaciones críticas. Quieren saber cómo pueden ser más resilientes.

A pesar de toda su gravedad, el virus es una entidad irracional, regida en definitiva por las leyes de la física y de la biología. No tiene astucia y nos castiga sólo incidentalmente. Aunque es novedoso y ha demostrado ser más peligroso que los contagios más comunes, no es diferente de las plagas y las pandemias que los seres humanos hemos enfrentado a lo largo de la historia documentada.

La mayoría de los países han manejado la amenaza del COVID-19 apelando a la infraestructura de salud pública disponible según su diseño original, con apenas algunas adaptaciones. Los gobiernos también han respondido de manera predecible a las consecuencias económicas de la pandemia, siguiendo el mismo modelo establecido durante episodios similares en el pasado, sobre todo la crisis financiera de 2008. De hecho, esta crisis actual tiene pocas cosas que no se podrían haber planificado.

El problema es que las discusiones de trastienda de hoy no son realmente sobre resiliencia. Giran en torno de la recuperación: los líderes nacionales y globales están desesperados por regresar al status quo previo a la pandemia. Pero eso no basta, porque se avecinan golpes más duros.

No son difíciles de imaginar. A medida que el clima y la política del mundo se vuelvan más ingobernables, el conflicto armado se propagará a nuevas regiones. O consideremos una pandemia acompañada de una guerra informática capaz de noquear nuestra infraestructura crítica con un clic. Agreguemos la cacofonía desorientadora de las redes sociales. Estamos más cerca de un mundo irreconocible de lo que pensamos.

La amenaza de la que tenemos que preocuparnos no se puede entender en términos de un virus, del cambio climático o de las crisis económicas solamente. Más bien, el peligro es que las consecuencias de un desastre se combinarán con otras, produciendo efectos de retroalimentación negativos sin antecedentes –posiblemente acelerados por actores humanos malignos-. El resultado sería más que la suma de sus partes, y mucho peor de lo que haya imaginado cualquier gestor de crisis de hoy.

Para estar preparados para esas posibilidades, los países tendrán que hacer algo más que simplemente restablecer la infraestructura empobrecida y crear nuevas instituciones inoperantes después de la pandemia. La clave para la resiliencia futura reside en volverse intrínsecamente ágiles.

Un obstáculo para lograrlo son nuestras métricas estándar de contratación y producción. Los sistemas de apoyo para la toma de decisiones actuales dependen de estructuras formales o lógicas que organizan datos: con suficientes datos, podemos modelar escenarios basados en la física y diseñar respuestas, inclusive para algo tan complejo como un virus biológico o el clima. Pero cuando se trata de pronosticar actividades humanas o puntos de inflexión políticos, nuestros sistemas de modelado se desorientan, porque no podemos suponer que las crisis futuras impulsadas por el ser humano vayan a ser similares a las del pasado.

Podríamos abordar este problema dejándolo en manos del mercado, con la idea de que el establishment político no tiene ni la voluntad ni la capacidad de fortalecer la resiliencia de manera relevante. De hecho, ya existe una palanca efectiva para desplegar las fuerzas del mercado. La razón por la que tantas empresas privadas se centran en la “eficiencia” de la cadena de suministro es que las métricas se inclinan a recompensar ese tipo de pensamiento.

Pero el sesgo de eficiencia fue inducido artificialmente por la Oficina de Tecnología de Fabricación de la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa de Estados Unidos (DARPA) a fines de los años 1980, cuando Estados Unidos enfrentaba una crisis en su base industrial de defensa. Los responsables de las políticas, tras haber concluido que los mercados de capital no estaban recompensando suficientemente la innovación en la cadena de suministro, desarrollaron nuevos métodos para evaluar “el valor agregado económico” en este terreno. Ese proyecto de métricas del valor agregado luego se presentó a los inversores como una manera de entender el poder innovador de las empresas, y no como el actor primordial al final de la cadena.

La DARPA hizo una campaña exitosa para incluir estas métricas en los Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados. La consecuencia inesperada fue que las cadenas de suministro asumieron un grado excesivo de poder e importancia. Pero éste es un problema de nuestra propia manera de pensar, y por lo tanto podría corregirse moviendo de nuevo la palanca para favorecer la agilidad y la resiliencia por sobre la eficiencia.

Pero, por supuesto, la resiliencia de la cadena de suministro por sí sola tampoco es suficiente, porque tiene que ver exclusivamente con la industria. La agilidad intrínseca requiere que comunidades enteras adopten la mentalidad de un narrador, donde cada sorpresa provoca una nueva lectura de la situación, y una visión para el futuro.

El hecho de que nuestros científicos y líderes políticos más inteligentes estén avizorando un retorno a la “normalidad” refleja una falta colectiva de imaginación. Como sociedad, necesitamos empezar a pensar de manera más creativa sobre cómo los recursos existentes y las formas de intercambio social y económico se pueden volver a combinar para abordar nuevos problemas.

Los líderes políticos deberían establecer acuerdos de intercambio entre regiones vecinas, para que los sistemas que facilitan la colaboración hoy se puedan utilizar para organizar protección mañana. En los juegos populares de múltiples jugadores, la cooperación social es recompensada por una sensación de identidad compartida y la manifestación de elogio. Al mismo tiempo, deberían incorporarse valores como comunidad y bienestar ambiental a las métricas y modelos prevalecientes, para que sigan siendo una prioridad más allá de qué otras cosas estén sucediendo.

La ciencia y la ingeniería por sí solas no pueden salvarnos, porque sus resultados tendrán que respaldar la renovación de los compactos sociales. Las artes y las humanidades están llenas de las herramientas necesarias de reinvención, pero carecen del organismo técnico. Los aportes del resto de nosotros, en todos los ámbitos sociales, serán necesarios para alcanzar agilidad en la escala requerida. Nuestros diferentes talentos deben combinarse como se combinan los problemas a los que nos enfrentamos. Debemos empezar a diseñar, como comunidad, nuevos vocabularios de reinvención. Tenemos que querer imaginar.

11 de diciembre 2020

The Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/building-intrinsic-reslienc...

 5 min


Américo Martín

Lo que resulta de un choque de trenes es, por lo general, el descarrilamiento de uno o de los dos cuerpos que lo protagonizan, así se trate de trenes de juguete. El caso es que a estas alturas es difícil reducir a simple juego lo que podría estallar el 5 de enero de 2021, si la tensión y pugnacidad de las dos aceras en conflicto en nuestra escandalizada nación siguen tensando la cuerda, sin imaginar cómo introducir factores de tregua que permitan idear salidas negociadas en el marco de tres divinas personas: paz, democracia y elecciones; juntas, revueltas o en cualquier orden, pero que no falte ningun

Que el gobierno de Guaidó carezca de cuerpos armados que puedan servirle de soporte y el de Maduro sea víctima de un aislamiento mundial atroz —que no le ha permitido disolver o tan siquiera paralizar la Asamblea Nacional— da cuenta de que el equilibrio inestable sobre el que hemos estado bailando tal vez no pueda mantenerse mucho tiempo más.

En cualquier caso, el gobierno madurista ha puesto fecha de caducidad al del binomio Guaidó-AN. La fecha escogida es el próximo 5 de enero, basándose en el cuestionado argumento de que será ese el día de toma de posesión de la diputación electa el 6 de diciembre, decapitando de hecho a la presidida por Guaidó. Parece fácil, pero solo si se olvida que parte decisiva de la comunidad internacional y la amplia mayoría de la oposición venezolana no reconoció la legalidad de ese proceso y consideran írrita semejante elección.

Precisamente, el problema de fondo consiste en que, si bien el nombramiento y sustitución del Poder Legislativo —así como los de los restantes poderes— procede en la forma dispuesta en la Constitución y la ley de leyes dispone el camino electoral, la premisa inexcusable es que las indicadas elecciones sean válidas y reconocidas como tales. El punto es que ese extremo no está cubierto por los comicios del 6 de diciembre de 2020.

El choque de trenes supra mencionado estará, pues, dibujado en la pared si Maduro insiste en tomar el Capitolio por las buenas o por las malas y Guaidó pide defender la plaza a como dé lugar. No obstante, no debe excluirse la posibilidad de negociaciones salvadoras que no dejen que la sangre llegue al río.

Lo ideal es que Maduro y Guaidó se pusieran en la primera línea de fuego, pero para que el esfuerzo no resulte tiempo perdido o sangre derramada vale la pena refrescar ideas sobre paridad y equilibrio, y ejemplos históricos.

  1. El estilo libre de amenazas, promesas de venganza y descalificaciones. Voy de nuevo a ese tesoro de sabiduría que desplegó el liderazgo democrático y condujo el rescate de la libertad, la democracia y la prosperidad a partir del 23 de enero de 1958. Betancourt, Villalba, Caldera, y rápidamente todo el liderazgo clandestino, en prisión, en el destierro y la Junta Patriótica y el Frente Universitario borraron de su léxico el lenguaje infamante, retaliativo, amenazante que durante largo tiempo solo le sirvió a la consolidación de la dictadura. Recordemos que la Constitución de 1961 fue aprobada por el voto unánime de todos los diputados del Congreso de la República, a la propuesta presentada por la Comisión Bicameral. El espíritu unitario del 23 de enero se encarnó en esa Constitución, la más larga de nuestra historia.
  2. En lugar de excluir a quien ayer te agredió, buscar la forma de atraerlo a la lucha democrática, tenderle la mano, fomentar la coincidencia y elevar el rango del espíritu de unidad. El del 23 de enero llegó a animar la conciencia casi sin más que invocarlo.
  3. Aprovechar la experiencia de países hermanos. Betancourt supo aprovechar la vía peruana del general Odría, incluso para interesar al propio Pérez Jiménez y muchos oficiales de la reata oficialista, soltó sin ambages que la unidad democrática seguía con mucho interés una salida en Venezuela similar a la que propiciaba el general Odría, que en ese contexto venía siendo un retrato hablado de algún modo “alentador”. Véase si no: Odría derrocó a Bustamante, fundó el partido Unión Nacional Odriista y ganó las elecciones en las que no participó la oposición. Al igual que Pérez Jiménez, acumuló un llamativo prestigio y de nuevo pretendió volver a contarse en comicios. Con audacia sin par, Betancourt metió sus dados en el cubilete como diciéndole al dictador venezolano: ¡Tire sus dados que aquí van los nuestros!
  4. La presión para combatirse electoralmente fue creciendo al punto de perturbar la realidad militar interna, que había despertado creciente malestar porque el dictador impuso el plebiscito, prueba evidente de miedo a contarse.
  5. De hecho, acosado por los llamados a discutir una salida electoral libre y creíble, ayudaron a fomentar la unidad de la resistencia, el respeto recíproco y la aceptación sin miedo de figuras demonizadas como los dirigentes de los partidos democráticos. “El miedo al miedo” fue el primer gran derrotado por la osadía democrática de los venezolanos.

Twitter: @AmericoMartin

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Tomar conciencia de los fracasos, analizarlos, enmendarlos, actuar para redimirlos y reconvertirlos, es uno de los hallazgos clave de la cultura y de ahí nace el conocimiento, el autoconocimiento y el bienestar personal. El Salmo •32:3 dice que “Mientras guardé silencio, mis huesos se consumían por el dolor diario”. Agustín escribe la primera autobiografía conocida, precisamente Confesiones, libro que da relieve al sacramento. Allí reconoce descarnadamente sus pecados y fallas hasta encontrar la fe.

Obra de tonos inesperados, hasta con secuencias humorísticas, como cuando su padre lo ve bañándose y se asombra de las dotes de su hijo. Mil quinientos años después, Freud crea la terapia sicoanalítica a partir de la tesis de que encerrar en el cajón de la mente sucesos traumáticos, no ventilarlos, engendra golem interiores que hacen doloroso el oficio de vivir. Lenin, prototipo del pragmatismo y el materialismo, aplica la crítica y la autocrítica a la acción, el centralismo democrático.

El debate permite determinar donde se falló, enderezar la marcha, y así construye una brillante maquinaria de poder. Luego desnaturalizan esa práctica y la convertirán en un horror inquisitorial para conseguir autoinculpaciones. En aquel diamante de cinemateca, La misión (1986) de Roland Joffe, un asesino y cazador de esclavos indígenas en el Iguazú, el desalmado capitán Rodrigo Mendoza (De Niro), desgarrado de celos, asesina a su hermano menor porque le quitó su amante.

Desvertebrado por la depresión, yace en un cuartucho durante seis meses, hasta que un cura jesuita lo ayuda a que declare su dolor y se autoimponga penitencia. Ella consistió en arrastrar cerro arriba, atravesar ríos, hasta la misión, un pesado saco de armas. Vuelve con los indígenas, pero esta vez para trabajar con ellos y morir en su defensa cuando los reyes ibéricos y el Vaticano deciden aplastar la Orden.


Los nominados
En las grandes y no tanto, empresas de punta, las directivas discuten exhaustivamente las decisiones, evalúan el entorno con la asistencia de todo tipo de especialistas, los productos que lanzan están precedidos de investigaciones de mercado, publicitarias y los resultados se evalúan cuidadosamente. El liderazgo político moderno en todas las actividades sociales es colegiado, crítico e incluso descentralizado y desconcentrado.

Hay diversos niveles de dirección y competencia en las decisiones. Así los equipos especiales del Estado central se ocupan de las megapolíticas, internacional, seguridad y defensa, aspectos estratégicos, macroeconomía, seguridad social. Los diversos poderes sociales, regionales y locales asumen las decisiones a su escala. Se autogobiernan las comunidades, sin demagogia populista ni irrespetar el Estado de Derecho. Pero de pronto irrumpen los caudillos mesiánicos y egocéntricos.

Ellos son patologías que conducen al fracaso. La incapacidad para criticarse, evaluar, rectificar, ni siquiera en torno a una emergencia sanitaria como el Covid-19, hundió a Trump. En Venezuela el caudillo egocéntrico se hizo modelo a imitar en la política hace ya bastante tiempo y creó una distorsionada escuela que siguen casi en masa los prelíderes subsiguientes. La caída de los partidos tradicionales hizo que surgieran otros que en vez de maquinarias eran nóminas que dependían de esos caudillitos.

Nadie puede llevar la contraria a quien es su jefe político y también patrón. En vez de otros dirigentes a su alrededor, había fámulos, adulantes. Esos prelíderes inmaduros, no acostumbrados al debate, e inhábiles para las ideas, contaban con el ambiente propicio para asordinar sus traspiés. En 2014,16,17, 18, 19 y 20 su terquedad es desgracia que aniquila todo y luego dan bandazo tras bandazo, sin explicarle a sus hinchas que dejan siempre en ridículo hablando al vacío, “entendiéndose”.


“Cerrada la vía electoral”
Se apeló a la ruindad práctica de desacreditar a quienes señalaban fallas y proponían rectificaciones. Así convirtieron el brillante triunfo de 2015 en escombros. Asoman matices de rectificación, pero defectuosos, retorcidos. La autocrítica y pedir perdón son valiosísimos cuando hacemos daño a otros, pero deben ser raizales y verdaderos. Si se derrumba el edificio que he construido mal y arrojo la culpa al interlocutor sin asumir la mía, estoy desnaturalizándola.

Norman Mailer decía, a propósito de Marilyn Monroe, que algunos se acuestan con el Demonio y creen que no les pasará nada. Si pactas con él y por eso sales de la cárcel o te entrega presos políticos y luego te desentiendes, te pasará algo malo. Si sabes que pifiaste al promover violencia, abstención y sanciones económicas, reconoce tu error primero. Así actuarás con honradez y dignidad. Y es patético arrojar al volcán a quien siguió tu prédica, para que pague por los pecados del mundo y los tuyos.

Esos conatos de dirigentes que rodeaban al prelíder, lo llevaron al matadero llamado “está cerrada la vía electoral”. Con limitadas esperanzas espero que el año próximo haya un cambio de paradigma y se vuelva a la gradualidad. Alguien que se puede presumir quién es, se lo confió a Bachelet. Pero nadie puede vivir con los escaparates llenos de cadáveres, luego de haber asesinado las esperanzas. Hay que despejar el ambiente.

@CarlosRaulHer

 3 min


Tulio Hernández

No comen carnes rojas, aves, ni pescado. Mucho menos cerdo. Y cuando se les ofrece como alternativa una ensalada rusa que teníamos a mano se aseguran primero de que no tenga mayonesa, aunque sea hecha en casa. Le retiran luego la zanahoria por aquello del azúcar. Y van después a lavar la lechuga sobre la que está servida. Porque no confían en nuestra asepsia.

Al final, no se sabe si para incomodar, llamar la atención, diferenciarse porque sí del resto de los comensales, o porque en realidad no saben lo que quieren, sacan una gelatina transparente y una galleta integral de avena y se sientan a comer en posición de loto sobre un kilim turco mientras critican y desprecian –por impuros– los platos que los demás invitados consumen con placer sentados juntos en la mesa.

Así, palabras más, palabras menos, intento explicarle a mi vecino bogotano la manera cómo actúan dos tipologías de opositores que se han convertido en un lastre que poco aporta, pero mucho obstruye, a las iniciativas de las diversas fuerzas que intentan actuar juntas para poner fin al régimen militarista que ya destruyó la democracia y se prepara a terminar de hacerlo con el país.

No incluyo en estos grupos a los llamados “alacranes” que son otra cosa: una oposición pret-a-porter que se construyó el Gobierno rojo enhebrando los cadáveres insepultos de varios dirigentes en otro tiempo importantes de AD, Copei, el MAS y el “chiripero”. Dirigentes abandonados por la historia. Aquellos que, como no lograron hacerse escuchar por las nuevas generaciones, encontraron oxígeno en los respiraderos artificiales que el chavismo creó para políticos exitosos de la era democrática ahora en decadencia.

Incluyo sí a dos especies cuyo actuar público está marcada por ser la oposición de la oposición. Una oposición “parasitaria”. La que subsiste básicamente para deslindarse a como dé lugar, oponerse y descalificar las directrices de las que es vocero el presidente interino Juan Guaidó, a los partidos políticos agrupados en el G4 y ahora a las organizaciones de la sociedad civil que exitosamente convocaron la semana pasada la Consulta Popular.

Los divido en dos bandos. Primero, los “francotiradores”, aquellos que – como María Corina Machado, Antonio Ledezma y ahora Henrique Capriles– actúan cual ángeles caídos. No se retratan en grupo. Y andan como lobos solitarios por los tejados de la actividad política con un rifle telescópico disparando declaraciones venenosas, críticas en forma de dardos con curare, en contra de todo lo que haga la demás dirigencia política de la resistencia democrática. La que tiene más likes que ellos tres juntos.

En segundo lugar, están los “principistas”. Son aquellos –generalmente analistas políticos académicos a quienes acompañan desde el extranjero muchos periodistas subinformados– que siempre opinan en nombre de la fidelidad a la democracia. Y aunque cuestionan al régimen militarista y saben que las elecciones de Maduro son una farsa, exigen participar en cuanta consulta electoral se haga, no importa en qué condiciones, solo para ser fieles a un juego y una institucionalidad democrática que, es preciso recordárselos, solo existe en sus cabezas.

Son los que por razones de “vocación democrática” creen que es mejor sentarse a una partida de póker con un tahúr de cartas marcadas que negarse a hacerlos y exigir que se juegue limpiamente con otro mazo. Generalmente argumentan que “los espacios conquistados no se entregan”, que “es preferible salir derrotados que cederles el terreno sin pelear”, o que “hay que aprovechar las últimas rendijas del juego democrático”.

Actúan como aquellos generales de la primera guerra mundial a cuyas tropas estaban masacrando dentro de sus trincheras, pero ellos no se retiraban a tiempo por el principio de no ceder territorio. Y al final morían acribillados junto a los soldados. Como héroes. Pero, claro, héroes muertos.

“Francotiradores” y “principistas”, son por supuesto de una ética distinta a la de los llamados alacranes. Pero igual que ellos y que el gobierno militarista rojo, no son capaces de reconocer los éxitos estratégicos de la oposición reconocida como legítima por la comunidad democrática internacional. Y, en consecuencia, por estos días se han negado a darle valor a la Consulta Popular y a reconocer el éxito que ha significado su realización en medio de la impotencia en la que estamos sumidos ante el poder armado desde donde gobiernan los rojos.

No es solo un asunto cualitativo lo que hay que valorar: los casi siete millones de pronunciamientos ciudadanos y los tres millones que lo hicieron presencialmente, soportando muchos el hostigamiento de los grupos paramilitares oficialistas. Es también la capacidad demostrada por sus organizadores utilizando los propios archivos del Consejo Nacional Electoral y una plataforma digital que, si bien tuvo fallas, funcionó eficazmente haciéndonos recuperar por un instante la profunda satisfacción de emitir un voto. Aunque el gobierno de facto no lo reconozca.

Porque, y eso es lo más importante, nadie en su sano juicio cree que la operación es vinculante y mañana por la tarde Maduro, sus generales pretorianos narcos y los colectivos paramilitares saldrán huyendo por Maiquetía.

Lo que la consulta representa –no debemos olvidarlo– es una acción sustituta, compensatoria, de las elecciones libres que la cúpula oficialista se niega a convocar.

Es la opinión amordazada intentando hacerse escuchar. La posibilidad de que los millones de venezolanos que nos negamos a convalidar un acto ilegal, írrito, espurio, delictivo e inconstitucional pudiésemos ver nuestra opinión cuantificada y valorada como se hubiese hecho en condiciones realmente democráticas, más allá de la abstención.

Llámela usted como quiera, “acto simbólico”, “gesto sin consecuencias”, “decisión no vinculante”, pero esos siete millones de sí a las tres preguntas que nos llaman y llaman a la comunidad internacional a actuar contra el régimen, son la confirmación del talante democrático de una población que pese a todas las desventuras, el sufrimiento, las desgracias, los desencantos, las traiciones y los delirios egoístas de cierta dirigencia onanista, sigue manteniendo su capacidad de lucha y su voluntad de expresarse democráticamente. Lo demás es el vacío. O la guerra. Para la que no estamos preparados y la que nadie va a hacer por nosotros.

Pregúntele usted a los “francotiradores” cuál es el otro camino y se encontrará con las declaraciones madrugadoras, el lunes por la mañana, del exalcalde Antonio Ledezma. Un hombre valiente y comprometido, un dirigente con voz propia que, sin embargo, como tantos otros no ha logrado encontrar una perspectiva razonable en esta batalla.

El 14 de diciembre, El Nacional reseñó el balance de Ledezma: “Ni fraude, ni consulta popular: ¡Hay que salir de Maduro!” declaró. Entendido. Pero provoca decirle a Ledezma, con cierto cariño, desparpajo y un golpecito en el hombro: “Está bien amigo, pasemos por alto que nos irrespetes poniendo en el mismo nivel la acción fraudulenta del Gobierno con el esfuerzo honesto de los millones de opositores que participamos. Pero, ¿esa es la conclusión?, ¿es ese tu aporte? ¿tu máximo esfuerzo conceptual?, ¿tu hallazgo de imaginación política después de una larga noche de reflexión sobre el significado de la Consulta Popular?”. Terminaríamos despidiéndonos, ya casi con saludo de Navidad: “Apreciado Antonio, gracias por la iluminación, entendemos la profundidad y contundencia de tu mensaje: sí, hay que salir de Maduro, pero, ¿antes de que llegue el 2021 tendrías la cortesía de informarnos cómo?”.

@tulioehernandez

18 de diciembre 2020

aperturaven.blogspot.com/2020/12/la-oposicion-de-la-oposicion-sabe-algo.html

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Julio Dávila Cárdenas

Hoy, 17 de diciembre de 2020, cuando me siento a escribir este artículo, se están cumpliendo 190 años de la muerte de Simón Bolívar y esto me trae a la memoria algo, que en alguna oportunidad escribió Gabriel García Márquez sobre lo que El Libertador le había dicho a Luis Palacios: “Vámonos volando que aquí no nos quiere nadie”.

No sé si lo dijo cuando estaba en San Pedro Alejandrino, en su lecho de muerte, pero de no haber sido así, era algo que perfectamente lo habría podido haber dicho en esos momentos, porque allí hubiera podido cavilar sobre lo que había sido su vida llena de gloria y encontrarse ya en su despedida, solo, sin poder y abandonado por muchos de quienes le adulaban. Sin embargo, sabía que no había perdido la gloria y prefirió abandonar el poder a cambio de no ser recordado como un tirano.

Suele suceder con harta frecuencia que aquellos que se acostumbran a disfrutar del poder, se aferran a continuar ejerciéndolo cuando ya han perdido el afecto de sus gobernados y eso, casi siempre conduce a que su salida en lugar de ser honorable, puede ser violenta, sumamente violenta.

Pareciera que estos individuos pierden el sentido de la realidad y únicamente escuchan a los adulantes que le dicen lo que quieren escuchar. Los ejemplos de la historia son muchos y entre ellos cabe recordar a Mussolini, Ceacescu, Gadafi, Hussein y al propio Hitler.

Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco y luego lo ciegan para perderlo. Algo semejante reza un antiguo proverbio griego que mi buen y recordado amigo, Moisés Hirsch solía mencionar.

Los dioses tratan de perder a aquellos afectados por el síndrome de Hybris, que es el que sufren quienes en lugar de practicar la prudencia, actúan con desmesura. Por lo general es el de quienes creen que lo saben todo y proceden sin orden ni concierto, logrando con ello continuos desaciertos.

Lo peor es cuando lo sufren quienes detentan poder, ya que conduce a la ruina no solo de sus gobernados, sino de los servicios públicos, como salud, transporte, comunicaciones, educación, industrias y; si se trata de un país que cuenta con abundante petróleo, agua, hierro, oro y otros minerales, toman decisiones que terminan por acabar con quienes lo producen o distribuyen y logran su oscuro propósito de arruinar al país y a sus habitantes.

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María Antonia Sánchez-Vallejo

Especular con uno de los recursos más escasos del mundo, capaz de generar guerras, extrañas alianzas geoestratégicas o legiones de refugiados ambientales cuando falta, y también cuando llueve de más. O garantizar su buen uso mediante una adecuada gestión y la oportuna satisfacción de las necesidades de sectores tan dispares como la agricultura, la industria o el planeamiento urbanístico. Esta parece ser la disyuntiva que se abre ante la inclusión del agua, ese bien tan preciado —solo el 2,5% del planeta es agua dulce—, como nueva commodity (productos o bienes básicos) en el mercado de futuros, como el oro o el trigo. Es decir, el H₂O como nuevo valor bursátil. Factor vertebrador, por exceso o defecto, de numerosos episodios del calentamiento climático, como los pavorosos incendios de California, el agua se someterá desde ahora a una gestión regida por la lógica del mercado que para muchos es invitación a la especulación y para otros, la única garantía de preservación cuando escasea. El anuncio no ha dejado indiferente a nadie, de economistas a organizaciones medioambientales.

El líquido elemento comenzó a cotizar la semana pasada en el mercado de futuros de materias primas de Wall Street debido a su escasez, según el índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O), que se creó en 2018. Dicho indicador se basa en los precios de los futuros del agua en el Estado de California (oeste de EE UU), que el día 7 cotizaba a unos 486,53 dólares (cerca de 397 euros) por acre pie, una medida equivalente a 1.233 metros cúbicos. Es decir, 40 centavos, casi medio dólar, por metro cúbico, una cantidad desorbitada en comparación con los 0,02 céntimos de euro que pagan los regantes del valle del Ebro.

Más que el volumen del agua, el índice NQH2O regulará los derechos de uso. De hecho, está basado en los precios de las principales cuencas fluviales de California, donde la escasez ha aumentado hasta multiplicar el precio del metro cúbico por dos en el último año y donde se había ido avanzando en formas precursoras de un mercado formal que ahora da el definitivo paso hasta el parqué. A partir de la experiencia del oeste de Estados Unidos, este valor podrá ser usado como referente para el resto del mundo en los mercados del agua. El país norteamericano es el segundo consumidor mundial tras China; el crecimiento demográfico y el desarrollo económico acelerado explican también su escasez y su carestía.

El índice NQH2O se anuncia como una herramienta innovadora y pionera —es la primera de su tipo— para el suministro con fines agrícolas, comerciales o municipales. “Con cerca de dos tercios de la población mundial expuesta a escasez de agua en 2025, su falta representa un riesgo creciente para empresas y comunidades alrededor del mundo, y muy en especial para el mercado del agua de California, que supone unos 1.100 millones de dólares”, declaró Tim McCourt, responsable de CME, el mercado de derivados más diverso del mundo, cuando se presentó el índice. De hecho, el 75% del agua que se consume hoy en California, el Estado que más agua consume del país, se usa para irrigar los nueve millones de acres de cosechas existentes. El porcentaje es similar al de España.

CME impulsa, junto con Nasdaq, la iniciativa. “Desarrollar herramientas de gestión de riesgos que aborden las crecientes preocupaciones medioambientales es cada vez más importante para CME. Este nuevo e innovador contrato del agua se basa en la colaboración con Nasdaq, así como en nuestra probada experiencia de 175 años asesorando en la reducción de riesgos en commodities esenciales en mercados diversos, como la agricultura, la energía y los metales”, señaló McCourt. Para Nasdaq, la iniciativa obedece a “un intento de proporcionar mayor transparencia en la gestión de un importante recurso natural”, según Laurent Dillard, vicepresidenta ejecutiva de la compañía, citada por el portal MarketWatch.

Inquietud en organizaciones medioambientales

Si uno de los objetivos del mercado de futuros es minimizar en lo posible la volatilidad de materias primas expuestas a imponderables (una sequía, un incendio o cualquier catástrofe natural), y amarrar su precio a unos límites previsibles, el del agua se prevé que pueda contribuir a reducir los conflictos derivados de su distribución, pues supuestamente se habrá pactado un precio antes de cualquier contingencia negativa que pudiera encarecerla, de la sobreexplotación industrial o agrícola a cualquier incidencia climática.

Pero poner el acento en su escasez inquieta a organizaciones medioambientales. “La actividad de los hedge funds [fondos de alto riesgo] que apuestan por la escasez del agua es peligrosa. La especulación no tiene cabida en la gestión responsable del agua, un derecho humano básico y un recurso natural fundamental que debe ser un fideicomiso público para todos. Hemos visto en casos graves de contaminación cómo los mecanismos del mercado transfieren el daño a las áreas de bajos ingresos y las comunidades de color, y los beneficios, a las corporaciones y las zonas ricas”, explica Mary Grant, directora de la campaña Agua para Todos de la organización Food & Water Watch, con sede en Washington. En EE UU el precedente es claro: el escándalo del agua contaminada en Flint (Michigan), por el suministro de agua barata con altos niveles de plomo a una población mayoritariamente negra. “Cuando los inversores controlan el agua, la gente inevitablemente sufre. La financiarización del agua es una amenaza para este derecho humano fundamental”.

El relator especial de la ONU para el Agua, Pedro Arrojo, profesor emérito de Análisis Económico, sostiene que es importante no confundir valor y precio: no vale lo mismo el mínimo necesario para vivir con dignidad que la usada para llenar una piscina. “Desde mi punto de vista, y desde el punto de vista de la ONU, el agua no puede considerarse una simple mercancía y, por ello, en 2010 se reconoció el agua y el saneamiento como derechos humanos”, explica por correo electrónico. “Si fruto de maniobras especulativas subiera de forma desmedida el petróleo y tuviéramos dificultades para llenar el depósito, sería un problema, pero podremos desplazarnos a pie o en transporte público; pero si nos falta el agua, simplemente no podremos vivir. Por eso el petróleo no es un derecho humano y el agua sí. Lo importante del agua no es su materialidad, H₂O, sino para qué la usamos”.

La grave crisis alimentaria global de 2008, tras constituirse los mercados de futuros de productos alimentarios en un refugio seguro a raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, es un precedente a tener en cuenta en el caso del agua. “Se estima que los grandes bancos invirtieron unos 320.000 millones de dólares en tiempo récord en estos mercados, alimentando un desmedido crecimiento de precios, cuyo fin nada tenía que ver con mejorar la eficiencia en el sector ni desde luego mejorar la accesibilidad de los alimentos para sectores empobrecidos. En concreto, el trigo quintuplicó en pocos meses su precio. En apenas tres años el precio medio de la alimentación en el mundo se incrementó de media un 80% y del orden de 250 millones de personas engrosaron las filas del hambre”, recuerda Arrojo. ¿Podría pasar ahora con el agua? “La entrada del agua como simple materia prima en los mercados de futuros incrementa y cataliza los riesgos de que operen mecanismos especulativos a gran escala. Si queremos tener una referencia, no tenemos más que analizar lo que pasó en 2008 con los productos alimentarios”.

De la guerra del agua de Cochabamba (Bolivia) a los megalómanos proyectos de China o Turquía para embalsarla, pasando por su privatización en Chile (con una consecuencia directa: el 1% de los titulares posee el 80% de la destinada al consumo), hay cientos de ejemplos de contenciosos ligados al acceso al agua. Con el H₂O como nuevo valor bursátil, el campo de batalla se desplaza al parqué.

20 de diciembre 2020

El País

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