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Opinión

Luis Manuel Aguana

Tengo un querido amigo, extraordinario analista político, que está realmente convencido que Juan Guaidó es un fraude. Sí, un fraude que nos ha engañado a todos y que terminará siendo otra decepción para los venezolanos.

Le he contestado a esa afirmación que si eso es así y tiene la razón entonces el último que salga que apague la luz de Venezuela (ya al parecer algo de eso está pasando con el apagón del país del 7 y 8 de marzo). Pero si queremos ser objetivos, tengo que aceptar que Guaidó ha acompañado al G4 en la aprobación de la inconstitucional Estatuto para la Transición que secuestra las atribuciones constitucionales del Presidente de la República, ha aceptado de buena gana el nombramiento chimbo de Embajadores sin experiencia diplomática, ha acompañado la no aprobación del uso de misiones militares extranjeras en el país para el ingreso de la Ayuda Humanitaria, etc., etc., etc… Muchos errores que hacen dudar a cualquiera.

Pero hay algo muy en el fondo que me dice que mi amigo está equivocado. No sé si porque como venezolano siento que de todas las oportunidades que hemos tenido esta es la más cercana, y que puede tener éxito en deshacernos de esta plaga que se adueñó de Venezuela.

Quiero por necesidad creer que este muchacho de 35 años –y no lo digo despectivamente ya que puede ser mi hijo- debe tener por construcción el gen del cambio en su ADN, teniendo la grandiosa, la enorme oportunidad de introducirnos como sociedad al Siglo XXI como lo hizo Eleazar López Contreras con la sociedad venezolana en el año 1935 del Siglo XX.

Juan Guaidó era apenas un niño de 16 años cuando fue damnificado de Vargas en diciembre de 1999. Ni siquiera pudo haber votado por la Constitución vigente que se decidió debajo ese palo de agua. No pudo saber ni entender en ese momento qué significaron los últimos años del desastre político que trajo a Hugo Chávez, ni su insurgencia golpista del 4F 1992 cuando Guaidó contaba apenas con 9 años. No es de ninguna manera un puente entre el pasado cuarto-republicano y el presente madurista.

Él es una mezcla rara de una juventud que por contacto familiar sabe lo que pasó pero no vivió lo que vivimos muchos venezolanos del “ta’barato dame dos”, ni del Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho, porque eso había que vivirlo.

Esa juventud si desea salir de esto para algo nuevo pero no lo sabe a ciencia cierta porque eso hay que fabricarlo de cero, y lo mejorcito que tiene a la mano como experiencia lo representa esa especie opositora que sobrevive aun en la Asamblea Nacional, con especímenes como Henry Ramos Allup, Omar Barboza, Edgar Zambrano y el resto de “próceres de la cuarta” quienes tuvieron en su oportunidad el poder real para cambiar a Venezuela en los años de la democracia y no lo hicieron. Esa gente es como los insectos que sobrevivieron a una explosión atómica y ahora ven la oportunidad de volver. No podemos dejar que eso pase porque esos muchachos no tienen la experiencia debida y no vivieron lo que nosotros si vivimos de las decisiones que esa gente tomó y que trajeron la peste de Hugo Chávez.

Y yo sí puedo decirlo con propiedad, como muchos que fuimos testigos de esos años, que esa gente no es de ninguna manera ejemplo político para Guaidó ni para ningún otro muchacho de la política actual. Es como si López Contreras hubiera visualizado un país nuevo con el paradigma gomecista pero peor, porque no lo vivieron. López vivió como Ministro los años de Juan Vicente Gómez y sabía con mucha mejor certeza para dónde conducir al país.

Entonces la especie de que Juan Guaidó está “secuestrado” como muchos otros jóvenes por esa manada de viejos puede ser posible por esa inexperiencia, pero deposito mi mayor confianza en ellos porque a esa generación no le queda otra alternativa que acabar con esa claque so pena de que nos hundamos todos. No se acaba de morir el castro-chavismo-madurismo, pero tampoco acaba de nacer lo nuevo adonde llevar al país. La nefasta influencia en esa juventud de grupos como los de AD y UNT (que en el fondo son lo mismo), máximos exponentes de ese pasado y responsables directos de la aparición de Chávez, pone la mesa servida para una lucha por la definición de un nuevo panorama político para Venezuela. ¿Estará Juan Guaidó agavillado con eso para regresar a una Venezuela que no conoció, donde AD como factor regresivo de la política sea el principal actor por encima del resto? No me lo creo. Si eso es así, sería suicida para los venezolanos. Y la manera más expedita de retorno de los chavistas al poder después de la transición. ¡Cuidado con eso!

Por alguna razón intuitiva no veo a esa nueva juventud política ni a Guaidó en ese plan, a pesar de todos los indicios que indican lo contrario. Veo a unos jóvenes inexpertos cometiendo errores graves como los del 23F donde un grupo de “boys scouts” intentaron meter una ayuda humanitaria al país sin custodia militar extranjera, o pretender acabar con la usurpación sin aprobar expresamente la presencia de militares extranjeros en el país desde la Asamblea Nacional. Esa inexperiencia y tozudez pueden costarnos cientos de vidas en Venezuela. Ya está pasando.

Allí si veo la mano peluda de esa oposición oficial del G4 que desea el fracaso del joven Guaidó y lo deja equivocarse, incluso sugiriendo esas estrategias, porque no quiere por ningún concepto que éste pase de esos 30 días que indica el Estatuto de la Transición, yéndose directamente a una elecciones que no se pueden hacer en ese tiempo, sin pasar por un verdadero Gobierno de Transición, porque esa transición la quieren hacer ellos y con los candidatos que ya están cantados. Desean a Guaidó jugar un papel desechable para sus fines. Por ningún lado lo más rancio de esa claque política cuarto-republicana que está en la Asamblea Nacional desea que Guaidó ejerza ahora mismo plenamente sus competencias constitucionales como Presidente Encargado y menos aún por más de 30 días, así tengan que usar ese mismo CNE castro-chavista-madurista. Es por eso el acelerador de los Rectores del CNE.

Pero no tienen alternativa. Lo que ha pasado dentro y fuera de Venezuela desde el 23E ha sido determinante. Guaidó es un fenómeno político del que no se pueden desembarazar y están condenados a hacer esa transición con Guaidó a la cabeza porque es a Guaidó a quien la Comunidad Internacional ha reconocido y el pueblo de Venezuela quiere como Presidente Encargado para esa Transición. Guaidó se ha convertido en un fenómeno que difícilmente podrán apartar sin un costo difícil de asumir. La UNICA manera en que ese Gobierno de Transición tenga éxito es que Juan Guaidó lo ejerza plenamente después del “cese de la usurpación”. No es posible una nueva elección como la pretenden hacer sin un cambio institucional de envergadura del CNE, acelerando la designación de nuevos Rectores y sin cambiar estructuralmente el Poder Electoral, como ya lo explique en mi nota anterior.

Y eso es lo que creo que está esperando pacientemente el presidente encargado Juan Guaidó. Una vez realizada la primera fase de la trilogía, “cese de la usurpación”, Guaidó tendrá la libertad de arreglar con la gente apropiada todos los entuertos del comienzo producto del maridaje con los factores del G4. Sería un Guaidó versus oposición oficial de manera taimada y encubierta donde el que tenga más aguante gana. Si resiste y se mueve políticamente bien se podrá apartar inteligentemente de aquellos que desean su fracaso, y al neutralizarlos podrá marcar un nuevo comienzo. Pero debe escuchar fuera del círculo que lo rodea, y en especial a la gente que sabe, y decidir por él mismo y su intuición, no por lo que le dicen los dinosaurios. Todos queremos su éxito y sus peores enemigos los tiene a su lado.

Si Juan Guaidó tiene éxito en comenzar un nuevo Gobierno de Transición sin entregarlo a la influencia nefasta del cuarto-republicanismo, Venezuela podrá tener la oportunidad de oro de una transición como verdadera entrada al Siglo XXI, como la tuvieron los venezolanos en 1935, de las manos de Eleazar López Contreras, y no como una extensión de lo peor de finales del Siglo XX. ¿Será capaz Juan Guaidó, fiel exponente de esa juventud que murió en las calles por una mejor Venezuela, de traicionar eso a favor de lo peor de la política venezolana de los últimos 60 años, y que todavía anda vivita y coleando en esa Asamblea Nacional? Si es capaz de esa traición, habrá tenido razón mi querido amigo y yo me habré equivocado de nuevo –no es la primera vez- pero lo habré hecho creyendo en la juventud venezolana que tanta sangre ha derramado por Venezuela…

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Durante las últimas semanas, la noticia económica más relevante ha sido la guerra comercial entre Estados Unidos y China, un forcejeo duro, cuyo trasfondo pareciera ser, más bien, una tensión a propósito de las actuales transformaciones tecnológicas y, asociadas a ellas, los temas relativos a la protección de la propiedad intelectual. Allí reside la clave del problema: norteamericanos temen que los chinos tomen el liderazgo en la Cuarta Revolución Industrial.

La política “Made in China 2025”

En 2015 el Presidente Xi Jinping aprobó el plan estratégico “Made in China 2025”, una iniciativa orientada a modernizar su base manufacturera mediante el desarrollo de diez sectores de alta tecnología, entre los que figuran la robótica, los vehículos alimentados por nuevas energías, la aeronáutica espacial, la inteligencia artificial e incluso la genética. Pekín aspira, así, lograr una autosuficiencia del 70% en las áreas escogidas.

Y la cosa va en serio, como lo muestra el hecho de que en 2017 fue el país del mundo que registró más patentes (un 43,6% del total), más del doble que Estados Unidos, y que en 2106 su inversión en Investigación y Desarrollo (IyD) representó el 2,1% de su PIB frente al 1,4% de diez años atrás. En el mismo sentido vale la pena hacer notar que varias de sus empresas son líderes en el escenario internacional y ya figura como potencia en campos como la inteligencia artificial, el big data y la robótica.

Con relación a esto último cabe mencionar, aunque sea de pasada, que “China acelerará la construcción de tribunales inteligentes", según lo declaró el presidente del Tribunal Popular Supremo, Zhou Qiang, mediante la mayor utilización de la inteligencia artificial, el reconocimiento de voz, los datos masivos y otras tecnologías digitales para mejorar los juicios y la gobernación social, poniendo de manifiesto el uso político que se le da a la tecnología como instrumento para el control de los ciudadanos, bajo el propósito de “…castigar a aquellos que sean desleales y premiar a los buenos ciudadanos…”, como lo expresó el citado funcionario.

Cambio geopolítico

China tiene alrededor de 1.349 millones de habitantes, y en la India viven 1.220 millones. Ambos países representan el 35% de la población del planeta y llegarán al 40% en veinte años. La economía china es la segunda del mundo, con el 14,8% del producto, detrás de Estados Unidos, que genera el 24,3%, mientras la India, por su parte, es la séptima economía con el 2,8%. Las tendencias indican, creen los expertos, que China será la primera economía en el 2030 y la India la segunda, EE.UU. la tercera e Indonesia la cuarta, seguidos de otros países asiáticos. Este es un panorama radicalmente distinto al del último medio siglo, dibujado por el predominio de EE.UU. y Europa. El centro de gravedad de la economía pareciera, entonces, mudarse al otro lado del mundo, fundamentalmente por razones tecnológicas, abriendo el paso a una nueva lógica geopolítica.

Así las cosas, no está de más recordar que el desarrollo tecno científico, según lo recoge la historia, no ha expresado sus posibilidades de la misma manera en todos los lugares. Influyen en ello, y mucho, los esquemas que regulen la organización social y política de las sociedades.

El Bono Científico aprobado por Nicolás Maduro

Pensando en esta polémica entre chinos y americanos, que es testimonio de los códigos que tutelan la época en que vivimos, resulta imposible no hacer referencia a la creación del Consejo Presidencial de Ciencia, Tecnología e Innovación, anunciada hace poco por Nicolás Maduro y que, si mal no recuerdo, tiene al menos un antecedente que data del año 2015, sin ningún resultado que merezca recordarse. Me refiero a la Alta Comisión para la Independencia Científica, Tecnológica y Económica, instituida con ocasión del cumplimiento del décimo aniversario del Plan de Siembra Petrolera. Al momento de juramentar a sus integrantes, Nicolás Maduro expreso que “… se encargará de generar procesos de transformación tecnológicos y económicos en Venezuela para sustituir las importaciones, incrementar la capacidad productiva del país y solventar la dependencia de la renta petrolera”. Esta Comisión intentaría, así pues, el asalto final al modelo rentista. El tiempo reveló lo que ocurrió después: no se movió ni un centímetro la petro dependencia venezolana.

A propósito del anuncio de la Consejo que constituyó el Gobierno hace unos días, similar a la citada Comisión, los televidentes tuvimos la ocasión de escuchar en cadena nacional un discurso sonoro, repleto de consignas y con su dosis correspondiente de épica, que resultó desmentido en casi cada una de sus frases por la realidad, en cuanto a los logros de los que se presumía y a los objetivos que se planteaban – con marcado énfasis en la cuestión militar, por cierto -, dejando la impresión de no entender el sentido de por dónde gira el mundo y de no reconocer la gravísima situación por la que atraviesa el país en esta área cuanto a presupuesto, investigadores, equipos y paremos de contar.

La intervención televisiva incluyo la información genérica sobre un plan de asignación de dinero a través de la banca pública y privada a los científicos e innovadores, que da motivos para preguntarse por la suerte de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI), un instrumento financiero aprobado hace varios años, armado legalmente para recabar importantes recursos y del que últimamente se sabe tan poco en cuanto a su utilización e impacto, que más de uno debe pensar que fue derogado.

Maduro indicó, así mismo, que los investigadores contarán con un programa especial de estímulo que supone la venta de vehículos e, igualmente, la incorporación al plan de vivienda. Y, por último, aprobó el pago de un bono para todos los intelectuales, profesores y científicos, uno más de los que concede el gobierno de acuerdo a un menú que revela su concepto de política pública de cara a los grandes temas nacionales.

En fin, no se están entendiendo los signos de los tiempos.

El Nacional, 5 de marzo de 2019.

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Luis Ugalde

En septiembre de 1998, tres meses antes del triunfo electoral de Chávez, escribí un artículo de prensa titulado “El gobierno de Chávez”. Lo hice luego de acudir como observador a un mitin del populista en Mérida, donde me empapé del delirio multitudinario, hablé con muchos tratando de comprender su fervor y escuché el mitin del líder. El artículo empezaba así: “Según las encuestas y análisis sencillos, hay alta probabilidad de que Chávez gane las elecciones y poca de que pueda hacer un buen gobierno; lo que significa una especie de suicidio colectivo". Subrayaba una realidad obvia: “El país necesita un cambio serio y profundo y no puede perder una oportunidad más”, luego de la sordera ante el Caracazo, los intentos de golpe militar y las crecientes abstenciones electorales de protesta. “Pero los cambios han sido pocos, el deterioro avanza y la pobreza e incapacidad de enrumbar el país se profundiza”, afirmaba. Al clamor de cambio, Chávez respondía mesiánicamente con denuncias acertadas, pero con respuestas emotivas y sin madurez. Citaba yo las palabras que me dijo un taxista, hay que cambiar como sea, “porque esto no puede estar peor”. Yo reflexionaba que podíamos estar peor “sin una rápida recuperación de la sensatez” y rechazaba la ilusión de un nuevo nacimiento del país “libre de pecado original”, por virtud de una “constituyente fundamentalista”, llena de buenos deseos y promesas. Expresaba mi postura crítica a la democracia de los partidos reinantes, pero no veía “ninguna razón objetiva para pensar que el equipo chavista viene con mejor brújula, más capacidades y más honestidad”. Me parecía que la constituyente milagrosa prometida por el chavismo sería “un truco para establecer el autoritarismo”. Lamentablemente este régimen en 20 años ha batido todo récord de insensatez política, de incapacidad y de corrupción.

“No nos interesa –escribía– Chávez como candidato con sus vagas ideas bolivarianas, sus citas bíblicas, ni los espejismos de poderes morales imposibles y autoritarios. Nos interesa su eventual gobierno en los dos primeros meses y el clima que, chavistas y no chavistas, van a crear de hoy a febrero”. Concluía que “mirando el éxito del próximo gobierno, por ahora vamos muy mal”.

Hoy la realidad venezolana es mucho más desastrosa que la de 1998. Afortunadamente ya hay estudios, análisis y propuestas excelentes, pero conviene que la población sea consciente de que esta Venezuela gravemente enferma requiere una cirugía mayor y un esfuerzo sostenido para renacer a la vida, con democracia y oportunidades para todos. ¿En qué camino hay que estar dentro de 6 meses (en agosto próximo) y qué hay que hacer para no fallar? Sobre todo necesitamos que el variado liderazgo esté unido en el único y central reto de pasar a ser productores de lo que le falta al país: productores de ciudadanía responsable, productores de suficientes bienes y servicios de calidad, productores de valores personales y públicos que se contagian y extienden…Llevamos dos meses increíblemente positivos porque en la Asamblea Nacional legítima prevaleció la unión en la elección de la directiva presidida por Juan Guaidó, quien ha demostrado que su presidencia interina no es para privilegiar a un partido frente a los otros, sino para despertar y unir todas las fuerzas sociales, atraer los apoyos internacionales democráticos y juntos salir de este infierno. Urge la inmediata salida del usurpador y un pronto gobierno de transición muy definido y concreto en sus tareas, y muy amplio en la inclusión de personas honestas y competentes provenientes de diversas corrientes con el único propósito de salvar al país. Si luego de la salida de Maduro esto se convirtiera en una rebatiña de ambiciones personales o partidistas, la población escupiría a los traidores. Por el contrario, un gobierno de unidad y de renacer nacional con una inspiración moral capaz de activar en cada venezolano lo mejor de sí, atraerá el necesario apoyo internacional, la responsabilidad ciudadana, la inversión y el florecimiento productivo empresarial.

Develar y derrotar esta gran mentira: Somos un país riquísimo por nuestras grandes reservas petroleras por lo que nuestro problema no es producir riqueza, sino distribuirla. Chávez heredó esa mentira, no la inventó, pero se convirtió en el predicador más elocuente de la misma. Mi gobierno resolverá la contradicción de país rico y pueblo pobre porque acabará con los tres bandidos que roban al pueblo su renta petrolera: el imperio criminal, la explotadora empresa privada y los partidos políticos corruptos. Yo devolveré esa fabulosa riqueza a los venezolanos que se pongan mi franela y tiendan la mano para recibir, sin necesidad de producir, decía Hugo Chávez.

El desastre está a la vista y la sangre del sufrimiento corre por las venas de todos los venezolanos. Es el momento privilegiado para entender el error mortal y corregir: somos país pobre porque pobre es nuestra producción.​ El oro, los diamantes y el petróleo no son nuestra riqueza, sino que seremos un país digno y desarrollado cuando formemos a cada venezolano con capacidad y le demos la oportunidad de producir. Producir educación, producir personas y ciudadanos responsables y libres, producir bienes y servicios de calidad, producir instituciones solidarias. Producir República.

Ese es el norte para no caer en otro suicidio colectivo. En septiembre de 1998 concluíamos: “Hacen falta la sensatez y el realismo de la mayoría que crean el clima de diálogo, de negociación y de cambio concertado y para eso hay que trabajar desde ahora. Mañana será demasiado tarde”. Hoy el sufrimiento y la tragedia nos han hecho más conscientes: República de productores o muerte irremediable.

07/03/2019

Luis Ugalde's blog

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Edgar Benarroch

Expreso opinión sobre un tema que me parece ha pasado desapercibido y presumo debe tratarse: En días pasados el "señor" Maduro le formuló un reto al Diputado Juan Guaidó para medirse en unas elecciones y echarle un "revolcón", fue el término que utilizó (además de escaso y torpe también fantasioso). Lo planteó de manera altiva, prepotente y en forma gritona cual macho de gallera. Lo primero que le pediría, si es que lo hizo con convicción es que lo reitere en términos y compostura adecuadas para entender que efectivamente lo del desafío va en serio. De esto ocurrir y me imagino que el reto es para concretarse lo más cerca que los tiempos recomienden, me atrevo a plantear algunas consideraciones:

PRIMERA: Sostenemos y ratificamos que la vía de la consulta a la voluntad popular es lo democrático, procedente y adecuado en todo tiempo, más en éste tan dramático que confronta la nación. Por ello el reto no puede quedar sin fecha, es necesario, analizando todas las variables ponerle día y hora que debe ser lo más próximo posible. Dejarlo abierto sería una tomadura de pelo y falta de respeto al país.

SEGUNDA: Señor Maduro usted debe despojarse de inmediato de su condición de usurpador y Guaidó renunciar a su interinato presidencial para proceder entre todos a la designación de un gobierno de transición que le merezca confianza a la nación. Así el reto de efectuaría en igualdad de condiciones. Y

TERCERA: Se procedería también YA a designar nuevos magistrados del Tribunal Superior de Justicia (para evitar alcabalas que pudiesen desvirtuar la voluntad popular ) y del Consejo Nacional Electoral para depurar de tanta suciedad el registro de electores y organizar con gente confiable los comicios cuando así se acuerde. Que puedan sufragar todos los venezolanos con derecho ha hacerlo dentro o fuera del país es un derecho sagrado que se debe garantizar plenamente.

Si creemos en la primera y aceptamos la segunda y tercera, creo estaremos de acuerdo en asistir a elecciones. No solamente para elegir al Presidente de la Republica, también podemos sumar la elección de todas las autoridades ejecutivas y de representación nacional, regional y municipal, sería una mega elección. De ello ocurrir estaríamos actuando como gente decente y haciendo un infinito favor al país.

También aguardo a que no haya sido un desplante y una chabacanería más y sostenga el reto que le formuló a Guaidó. Nunca es tiempo para la mamadera de gallo, menos en estas horas tan críticas que padece la Republica.

La gravedad de la situación nos reclama una salida cuanto antes y si a usted, en un momento de sensatez le vino la idea de elecciones, la recibimos con beneplácito, siempre en el escenario que hemos esbozado. Si estamos de acuerdo vamos a elecciones.

Los grandes hombres se hacen más grandes en las grandes crisis y la nuestra es de proporciones descomunales que requiere de la voluntad de todos los de buena fe para superarla. Cuando se agota la diplomacia, que parece lo está, cuando se encrespan los espíritus y los atrincheramientos no permiten ver más allá, está el camino político siempre despejado para entendernos. Sé que el grado de radicalización y también lo ocurrido no ayuda mucho. Pero debemos hacer el esfuerzo más inmenso que podamos. La otra alternativa es la de hechos cumplidos con sus gravísimas, dolorosas e insuperables consecuencias que lamentaríamos por el resto de nuestros días, más aún si en esos hechos interviene Fuerza Armada extranjera.

Espero que estas líneas le lleguen o se la hagan llegar y motiven respuesta de usted o de quién usted indique, para empezar a ponernos de acuerdos sobre las condiciones del desafío que propuso y que el país con ansiedad espera.

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La participación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela en la reunión del Grupo de Lima, el 25 de febrero 2019 en Bogotá, fue un efectivo respaldo y reconocimiento a la representación legítima que ostenta. También fue un apoyo contundente de los gobiernos de la región a la restauración del orden constitucional y democrático en nuestro país.

En esa misma reunión, entre otros puntos, es oportuno destacar el respaldo que el Grupo de Lima expresó al Acuerdo para la promoción del Plan de Rescate del País, aprobado por la Asamblea Nacional el 29 de enero 2019. En ese acuerdo se creó una Comisión Especial de diputados de la Asamblea Nacional para el diseño y promoción del Plan de Rescate del País. Al ser designada, quedó integrada por los diputados Juan Andrés Mejías, quien la preside, acompañado por José Guerra, Luis Silva y Mariela Magallanes.

Según ese acuerdo, la Asamblea Nacional reconoce que el plan de rescate y desarrollo económico y social debe inspirarse, en primer lugar, en los valores y principios de la Constitución, y además, debe promover reformas económicas e institucionales orientadas a la expansión rápida y sostenida en la capacidad de producción y consumo de los venezolanos, para lo cual resulta fundamental detener rápidamente la hiperinflación, reactivar la economía, aplicar una nueva política petrolera y novedosos y eficaces programas sociales.

La Asamblea Nacional, en los considerandos del acuerdo, no solo expresó su compromiso a proponer un plan de rescate económico y social para Venezuela, sino que asumió el desafío de incluir en él las propuestas de la sociedad civil y organizaciones políticas del país.

Cuando el Grupo de Lima, el pasado 25 de febrero, formalmente se comprometió a promover el reconocimiento de los representantes legítimos de Venezuela en las organizaciones internacionales y en los mecanismos de coordinación multilateral; y a solicitar al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el acompañamiento a las autoridades legítimas de Venezuela en la implementación de las reformas institucionales y económicas que se estimen necesarias para reactivar la economía y ofrecer oportunidades de progreso social para todos los venezolanos, elevó la importancia que tiene la aprobación definitiva e institucional del Plan de Rescate del País que la Asamblea Nacional acordó.

Ese compromiso del Grupo de Lima, en particular, abre enormes expectativas y oportunidades para renovar la confianza de los organismos internacionales en Venezuela, pero será insuficiente si la Asamblea Nacional no aprueba de manera definitiva e institucional el Plan de Rescate del País.

Ese plan debe verse como un instrumento político, estratégico y técnico capaz de despertar el interés de la cooperación internacional y de mantener la confianza que hasta ahora el ciudadano ha depositado en la conducción de este proceso de cambio político.

Así como los cabildos abiertos lograron legitimar el camino hacia la definición de un liderazgo para la conducción del cambio político; y luego, el Estatuto que rige la Transición a la Democracia aportó confianza y mayor certidumbre a ese camino; la aprobación del Plan de Rescate del País tiene que asumirse como otro aporte más a la sostenibilidad del proceso de transición y a la reconstrucción de la cohesión social en el país.

Obviamente, el Plan de Rescate del País, no parece ser una prioridad en estos momentos, pero tan pronto cese la usurpación, será un instrumento necesario y esencial para avanzar en la sostenibilidad de la transición y, sin duda, reforzará la confianza en este proceso político.

A todas luces, cuando el Acuerdo habla del Plan de Rescate del País, pareciera por la práctica, que hace referencia al Plan País cuyo contenido fue presentado en diciembre 2018 por distintos actores de la sociedad civil, y luego, por segunda vez, en enero 2019, por el propio Presidente Interino.

Sobre ese Plan País es oportuno recordar que una primera parte ya fue presentada, y que la misma abordó lo siguientes temas:

1.-Políticas económicas cuyos lineamientos generales se proponen desarrollar a través de tres fases: fase I, la atención de la emergencia humanitaria compleja; fase II, la estabilización de la economía y fase III, las reformas estructurales.

2.-Políticas para empoderar a los ciudadanos y garantizar el acceso a los servicios públicos.

3.-Políticas de hidrocarburos que plantean una nueva relación entre el ciudadano, el petróleo y el Estado.

4.-Nueva política social que asuma la prioridad de enfrentar el desafío que supone la emergencia humanitaria compleja.

Pero quedó el compromiso de presentar una segunda parte que desarrollaría los siguientes temas:

Seguridad y soberanía.

Abastecimiento agroalimentario.

Servicios públicos.

Justicia, instituciones y democracia.

El 31 de enero de 2019, el presidente interino, Juan Guaidó, presentó el Plan País como la hoja de ruta a través de la cual se busca estabilizar la economía, atender la emergencia humanitaria, rescatar los servicios públicos y superar la pobreza[1], y lo califcó como un documento “bien pensado y estructurado”[2], a los fines de lograr:

Recuperar el Estado y ponerlo al servicio de la gente.

Empoderar al ciudadano.

Reinsertar a Venezuela en el mundo.

La tarea de cerrar el proceso del Plan País un día después debe ser cumplida, en respuesta al respaldo del Grupo de Lima y como parte de ese compromiso de ser transparentes y coherentes con los venezolanos.

La designación de Ricardo Hausmann como representante de Venezuela ante el BID, hace que la necesidad de tener un plan aprobado, público y respaldado por todos los sectores, sea cada vez más una necesidad urgente.

En estos momentos, la Asamblea Nacional se encuentra con la oportunidad histórica de convertirse en la instancia facilitadora de un proceso político de construcción de consensos entre los distintos actores y sectores de la sociedad civil, a los fines de asumir el contenido del Plan País o Plan de Rescate del País en un acuerdo nacional sobre los lineamientos programáticos para hacer sostenible de la transición política en Venezuela.

El autor es abogado (Universidad Católica del Táchira) con especialización en Derecho Administrativo. Excoordinador en la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado del área Políticas Institucionales. Presidente de la Fundación Estudios Municipales

[1]El Nacional. Asamblea Nacional presenta Plan País en la UCV. 31 de enero 2019. Recuperado online en: http://www.el-nacional.com/noticias/asamblea-nacional/asamblea-nacional-...

[2]La tercera. Guaidó presenta plan país para enfrentar la crisis humanitaria en Venezuela. 31 de enero 2019. Online en: https://www.latercera.com/mundo/noticia/guaido-presenta-plan-pais-enfren...

marzo 6, 2019

@carome31

carome31@gmail.com

Politika UCAB

https://politikaucab.net/2019/03/06/plan-de-rescate-del-pais/

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Susana Seleme

Sí, provenimos de todas las feministas que han recorrido y siguen recorriendo el arduo camino por la igualdad social, política, económica y de derechos entre hombres y mujeres. Cierto que la palabra feminismo está maltratada, malinterpretada y hasta se le adjudica un horrendo calificativo: feminazi’[1]

Es una forma de relacionar, de modo despectivo, feminismo con el nazismo. ¿Qué dirían, desde Hipatia de Alejandría, Sophie Germain, Emmy Noether, Flora Tristán, Madame de Staël, Alejandra Kollontai, Clara Zetkin, Mary Wollstonecraft, Simone de Beauavoir, George Sand, Clara Campoamor, Rosa Luxemburgo, Concepción Arenal, Adela Zamudio, Domitila Chungara, y tantas otras feministas de toda época?

Si de libertad de expresión se trata, entonces podemos hablar de machismo a secas, de machismo-leninismo, moneda corriente en casi todos los partidos de izquierda después de la Revolución Rusa; o de machismo encubierto, machos alfa, o ‘machocracia’, de la que habla María Galindo, de ‘Mujeres Creando’ en Bolivia. Como quiera que se los nombre, están insertos transversalmente en las sociedades patriarcales.

¿Qué es el sistema patriarcal? Cuando los hombres descubrieron que en la procreación de la especie ellos tenían un papel determinante, se acabó lo que algunos estudiosos calificaron como ‘matriarcado’, descubrimiento contemporáneo a la aparición de la propiedad privada, según otros. No obstante, como relata el “Sapiens” de Harari, “No hay justicia en la historia”. Y así el poder del hombre-padre se traslada a la sociedad, a la economía, a la política y a las Iglesias: todo el poder, el de los gobernantes y el poder de Dios, a los hombres. Las mujeres a la esfera doméstica. Sobre esa base se han construido los sistemas de género social estratificados, que regulan y organizan a la sociedad de modo que mujeres y hombres actúen de acuerdo a roles preestablecidos para cada uno. Se trata de un sistema que ha convertido la dicotomía sexual en dicotomía social a partir de oposiciones binarias que asocian a mujeres y hombres por el opuesto excluyente: naturaleza/cultura; ámbito doméstico/ámbito público; debilidad/fortaleza, por citar solo algunos ejemplos.

A las feministas les debemos el esfuerzo metodológico, intelectual, teórico y de lucha que ha llevado a distinguir biología de construcción social. Constataron que los ejes que distinguen lo masculino de lo femenino jerarquizan al hombre sobre la mujer, y que dichos ejes de valoración son culturales. A diferencia de las precursoras del siglo XIX, las feministas del siglo pasado tenían un bagaje ideológico y una militancia política que les permitió realizar un análisis profundo de la situación de la mujer desde todos los campos del conocimiento. A esa tarea contribuyeron también lúcidos intelectuales hombres.

También les debemos el uso de la ‘categoría género’. ¿Qué es? El género es una categoría analítica que designa las asimétricas relaciones sociales entre hombres y mujeres. Es una construcción simbólica de la cultura que expresa la diferenciación sexual y las relaciones sociales androcéntricas. Esas desigualdades desnudan los enfoques de género, y desentrañan las asimetrías en la distribución de bienes, servicios, prestigio, libertad y poder en detrimento de las mujeres, en todos los campos del quehacer sociopolítico, económico, cultural, étnico, medioambiental. Los estudios de género explican racional y científicamente el porqué de las desigualdades, cuya base es ideológica y cultural. Hacen hincapié en la visión ‘maternalista’ de la sociedad, en la que aborto y anticoncepción pasan a un primer plano, siendo una parte del todo, no la totalidad, que es “síntesis de múltiples determinaciones”, como dijo otro hombre.

La vigencia del sistema patriarcal es de tan larguísima data, que se lo asume como natural y normal, de ahí la reproducción sociocultural de carácter masculino de los sistemas de género social, a lo largo de la historia de la humanidad.

El Feminismo es un movimiento social y político. Es una revolución que se está produciendo de forma no cruenta, a pesar de que muchas de las precursoras sufrieron represión y cárceles. En principio, la agenda sufragista tomó partido por los derechos educativos, civiles y políticos, además del abolicionismo. La agenda contemporánea incluye la plenitud de los derechos individuales y la ‘paridad política’, de acuerdo a la presencia femenina en ámbitos de poder desde los años ‘80.

La jueza del Tribunal Supremo estadounidense, Ruth Bader Ginsburg, defensora de los derechos de la mujer, contó que en una ocasión le preguntaron cuántos jueces del Supremo deberían ser mujeres para que a ella le pareciese equitativo. Su respuesta fue “las nueve”. La gente se escandalizó. Eso “no es equitativo”, decían. Ella respondió que durante muchos años los nueve jueces fueron hombres y parecía normal, tan normal que la mayoría de los cargos de poder real en el mundo estén ocupados por hombres.

El género y la clase social son categorías distintas. “Los hombres pobres siguen disfrutando de los privilegios de ser hombres, por mucho que no disfruten de los privilegios de ser ricos” afirma la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie en su libro “Todos debiéramos ser feministas”. Serlo, señala, se puede aprender, “porque vivir en una sociedad que trata a cada ciudadano/a de manera justa e igual es una ventaja.”

Marzo 04, 2019

Polis

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Corina Yoris-Villasana

El legendario Ulises, protagonista de la Odisea, magistral obra de Homero (no entro en la discusión sobre si Homero existió o no), estuvo fuera de su terruño Ítaca por veinte años; diez de los cuales fueron en la Guerra de Troya y diez que tardó en regresar. Diez son los días que pasó Juan Guaidó, nuestro presidente (E), fuera del país y no tardó ni diez años ni diez días en regresar.

Y ese regreso, lleno de una simbología extraordinaria, es precedido por visitas a lugares también muy significativos en este momento histórico venezolano. Visita varios países de la región y reafirma su compromiso en devolver la ansiada democracia a Venezuela. Rescata la imagen de nuestra golpeada nación, se empieza a entender a esta Tierra de Gracia de otra manera. No es ya el país que, “dirigido” de manera tortuosa, compraba voluntades con los petrodólares; ya no hay una suerte de “diplomacia de maletín”. Privan ahora los valores de la diplomacia en toda la acepción del término. Se revalúan el protocolo, la etiqueta, las buenas maneras, el buen decir, en fin, se revalúa la buena educación.

Odiseo (en griego), o Ulises (en latín), era conocido por su astucia, su ingenio, se le apodaba “Odiseo, el de muchos senderos”. Aun cuando el tiempo y el viaje de Odiseo, así como sus características sean no solo lejanos, sino disparejos a los tiempos y los rasgos del carácter de Guaidó, hay algunas de estas peculiaridades que se pueden asemejar. Una de ellas es la astucia. Y con ella, los “muchos senderos” que le permitieron volver a Ítaca, a su Vargas, a su litoral. Pero, no entra disfrazado a su patria; Odiseo debió disfrazarse para entrar al palacio; Guaidó entró por la puerta internacional de Venezuela. Y allí, la diplomacia mundial, representada por países europeos, países latinoamericanos y de Estados Unidos, acudieron a darle su apoyo, a darle respaldo ante las amenazas en contra de su persona. Allí había ciudadanos que estallaron en aplausos cuando lo vieron ingresar. Sin disfraz y sin miedo. Al contrario, con una profunda sonrisa y un andar desenvuelto que transmite seguridad y aplomo.

Su voz no es estridente; su discurso no es amalgamado con falsas promesas y usos falaces de los argumentos; no divaga y se centra en los objetivos paso a paso. Sin prisa, sin interrupciones, con firme determinación en realizar cada propósito anunciado. Emplea un lenguaje comprensible, directo, educado y sin el uso de las voces soeces que han alimentado durante veinte años el espacio público venezolano.

Hoy, al ver su figura enarbolando la Bandera Nacional, entonando nuestro Himno Nacional, recordé que hace unos tres años yo estaba en un Congreso en la Universidad de Comillas, Madrid, y en un almuerzo con algunos profesores españoles, alguien me preguntó: "¿Por qué te quedas en Venezuela? ¿Por qué no te vas?”. Contesté muy unamunianamente "Porque me duele Venezuela". Hoy, completo la respuesta, ¡porque quería ver este momento, quería ver que mis alumnos han sido nombrados para altos cargos; que de nuestra aulas salió un hombre ejemplar, con sindéresis y es ahora el presidente encargado de liderar y conducir este etapa de reconstrucción de Venezuela; porque ver este momento me explica la razón que nos movió a miles de profesores universitarios a seguir en las aulas, a pesar de la miseria de sueldos; porque cuando vi a la ciudadanía pelear con sus manos en contra de los guardias nacionales y lograr abrirle paso a la caravana de los diputados el 23 de febrero, amigos míos, sentí y sigo sintiendo que ¡VALIÓ LA PENA quedarse en el país!

Nuestro presidente ha iniciado el rescate de valores como el de la familia. Eso lo valoro muchísimo. Maiquetía fue un lugar que significaba lágrimas, adiós y tristeza. Hoy, Maiquetía tuvo de nuevo lágrimas, pero lágrimas de esperanza y emoción. No hubo despedidas, sino bienvenidas y admiración ante el sereno coraje de don Juan Gerardo Guaidó Márquez.

¡Cómo me gusta el uso de “Amar y servir” tan cercano a mis afectos y lugar de formación y trabajo!

Dios lo siga guiando, señor presidente, y cuando las calamidades aparezcan, sepa que hay una ciudadanía que lo respalda. No decaiga. El camino es largo y tortuoso, pero usted ¡volvió a Ítaca!

@yorisvillasana

06 de marzo de 2019

El Nacional

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