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Opinión

El comentario de la semana

El tema de la ayuda humanitaria he estado en estos días sobre el tapete informativo y en las conversaciones de todos los venezolanos. No obstante que repetidamente diversas fuentes han tratado de dejar claro el significado y fin práctico de la misma, en el inconsciente colectivo, a ella se le ha atribuido un significado casí mítico ligado al deseo de libertad y seguridad que compartimos la mayoría.

A pesar de que la ayuda humanitaria no resuelve todo, es indispensable que el esfuerzo de muchos logre introducirla para alivio de los que sufren terribles enfermedades y que los desposeídos de toda oportunidad para saciar el hambre puedan, mediante operativos especialmente dirigidos a ellos, lograr un respiro momentáneo en su agónico vivir.

Para la mayoría de los que compartimos este increíble país, la solución a nuestras necesidades no podrá ser alcanzada mientras el régimen usurpador se mantenga en el poder físico. Por ello, la muletilla “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” refleja fielmente el camino que tenemos que apoyar políticamente.

Alcanzada la etapa “gobierno de transición” es indispensable entender que el mismo estará imposibilitado económicamente para enfrentar el reto de volver a llenar los anaqueles de supermercados, abastos, bodegas y farmacias, debiendo concentrar sus esfuerzos en empezar a recuperar la atención pública en salud y el programa social indispensable para atender a los venezolanos en pobreza crítica.

La responsabilidad de revertir la escasez tiene que recaer, como corresponde, sobre el sector privado que contando con el respaldo y la seguridad jurídica que le brindará el que tengamos un gobierno legítimo, podrá invertir en actividades de importación, producción, transporte, almacenamiento y expendio de todo aquello que hoy notamos en falta crítica.

La concertación entre gobierno y sector productivo privado bajo la vigilancia de la sociedad civil que ha aprendido que no puede ceder su papel fiscal, será la garantía de que tendremos un sistema comercial libre y equitativo en lo económico pero consciente de su responsabilidad social que en definitiva es lo que nos importa a todos.

Al final, para que el negocio sea bueno para todos, partiendo de que no ser así podrá llamarse de cualquier otra manera menos negocio, es indispensable la disminución al mínimo de las desigualdades y que esto solo se logra con el acceso verdadero de nuestra población a oportunidades de salud, educación trabajo y esparcimiento de calidad, en un ambiente amigable que hay que preservar para que lo siga siendo para el disfrute de las generaciones por venir.

Este futuro es posible, nadie no los va a regalar y mucho menos lo conseguiremos por la gracia de un líder providencial, por lo que no queda otra que trabajar arduamente para hacerlo realidad. Entre nosotros hay diferencias y la conciliación de las mismas sin que nadie tenga que renegar de lo que piensa, es el camino que en libertad ha permitido el desarrollo de la humanidad.

 2 min


Pedro García Otero

En algún momento, el régimen de Nicolás Maduro iba a tener que intentar retomar la iniciativa política. La historia de estos 20 años lo ha demostrado. Y además, ha resistido el primer y más fuerte envión de la coalición internacional que lo adversa sin sufrir fracturas militares

Hasta ahora, y a diferencia de 2017, el régimen ha evitado ofrecer una foto que sirva como símbolo mundial sobre la represión en Venezuela, y aunque ha reprimido, y muy duro (40 muertos) lo ha favorecido, desde el punto de vista de las relaciones públicas mundiales, el hecho de que estos no hayan caído en Altamira, sino en el barrio José Félix Ribas. E incluso luego de la reacción represiva inicial, el régimen, incluso, ha tratado de bajarle dos a su imagen. Ha permitido las manifestaciones opositoras, y cuando ha detenido civiles por ellas, los ha liberado rápidamente.

“A quien le queda un solo instante de vida, no tiene nada que disimular”
Edgar Allan Poe, Manuscrito hallado en una botella

Esa tendencia al disimulo se rompió en el día 24 de la crisis. En la medida en que arrecia la campaña opositora para la entrada de la ayuda humanitaria, la represión, aunque selectiva, empieza a mostrar otros dientes: en Valencia se detiene al presidente de una ONG, con lo que se le manda un mensaje a todas las ONG; en Táchira se cierra la frontera y se detiene a dos maestras, con lo que se le manda un mensaje a los gremios que ayer se reunieron con Guaidó.

En Caracas, en tanto, la Dgcim toma el Ministerio Público, mandan a los empleados a su casa y prenden y analizan todas las PC: no puede uno concebir un mensaje mayor de sumisión de lo civil a lo militar, ni un temor mayor en un cuerpo colegiado (el de la Fiscalía) que, por el contrario, tendría que sentir mucha seguridad de que su información sensible no va a ser violada.

Se dirá que en comparación con 2017, esto es casi una anécdota, una vez que se retira el número de víctimas de la ecuación. Pero el régimen comienza a mandar mensajes, porque, por supuesto, tiene absolutamente limitados los demás campos.

Las decisiones cuidadosamente medidas del Tribunal Supremo, los retruécanos dramáticos de un Tarek Saab aparentando una legitimidad, incluso ética, de la que carece, son inefectivos en tanto y en cuanto Guaidó sigue en la calle, y cada vez con más poder y reconocimiento.

Dispuesto a todo

En todo caso, si el Gobierno apuesta al camino de la represión, tiene un largo camino por recorrer aún. Pero en ese terreno encuentra reacción, encuentra respuesta a sus dudas existenciales. En ese y en el de llevar a los límites su intromisión en la vida privada de los ciudadanos.

Las mismas técnicas fraudulentas que llevan a cabo los que clonan claves de bancos la ha llevado adelante el régimen, y no solo a la página voluntariosxvenezuela.com, sino a Twitter, Facebook, Gmail…

Es la respuesta a cómo se le han venido dando las cosas desde que esta crisis comenzó. Porque desde el 5 de enero, el régimen ha venido perdiendo terreno. Primero en lo simbólico y ahora en lo fáctico. La fecha límite del 23 de febrero comienza a preocupar enormemente al régimen. Le reduce las opciones y la violencia siempre es un terreno en el que se ha sentido cómodo.

A la oposición, en cambio, le preocupa el 24 de febrero. Cómo administrar las inmensas expectativas que se han colocado en la fecha. Cómo presentar tres posibles resultados (la ayuda entra, no entra o se la roban), ante una parte de su público que no se imaginaba que la ayuda humanitaria entraría con un concierto, sino con algo como la Operación Overlord.

La crisis entra en territorios desconocidos, en paridades de fuerzas, en “terreno de muerte”, como diría Sun Tzu. El terreno donde hay que “pelear enérgicamente”. Y no se está hablando necesariamente en sentido literal, pero también; ¿qué está dispuesto a hacer Maduro para frenar la ayuda humanitaria? ¿Qué están dispuestos a hacer la coalición y la oposición venezolana para introducirla al país y hacerle entender a los pocos que aún creen en el madurismo que el balance de fuerzas cambió?

En el fondo, entre esas dos resoluciones se dirimirá todo en los próximos días. Si la coalición está más resuelta, prevalecerá; si Maduro y los que están alrededor son los más dispuestos a inmolarse, vendrán tiempos muy oscuros. Mucho más que los actuales. Esto es una alarma de tsunami ante la que la comunidad internacional reaccionó. Y ese tsunami son 7-8 millones de personas saliendo de Venezuela en los próximos meses.

Pelea de lodo

Mientras esto sucede, la comunidad internacional, que ha guardado evidencias durante más de diez años, empieza a sacarlas, a mostrar barajas. A la embajadora venezolana en Inglaterra, Rocío Maneiro, le “encuentran” 4 millones de dólares en Andorra; a la exembajadora en Alemania, le “encuentran” en una casa que ocupó (aunque no es diplomática desde 2017, se advirtió) 686 plantas de marihuana.

Estamos hablando de una hermana de Alfredo Maneiro, referente histórico del chavismo, y una hija de Alí Rodríguez, Laura Medina. El mismo día, un tribunal obliga a pagar a Rafael Ramírez 1.400 millones de dólares, como si eso fuera cosa que se pudiera cancelar con una tarjeta de crédito.

Este es el tipo de noticias que van a comenzar a proliferar, porque el madurismo-chavismo ha dejado demasiadas evidencias del gigantesco latrocinio que ha cometido, de cómo ha violado todas las reglas, aunque arme un “Grupo de Derecho Internacional” con países violadores del derecho doméstico (e internacional) y en ese grupo de las dictaduras del mundo, ha pasado de aspirante a miembro destacado. Cada día, al régimen le tocará atender cuatro o cinco incendios.

Mientras tanto, Estados Unidos asoma, además, que sí, que es cierto, que sus unidades militares andan merodeando por la región. Y agrega sanciones. Y CNN dice que el Gobierno de EEUU, en efecto, quiere sentarse con Maduro… para negociar su salida. Lo llama “expresidente” en una declaración oficial.

Todo parece un acomodo de posiciones para dar un ultimátum muy pronto.

Y el régimen, en tanto, se atrinchera, ahora sí, de verdad.

Y el 23 empieza a parecer, de verdad, una fecha límite.

Aunque después venga el 24.

Análisis Noticiero Digital

 5 min


Joseph S. Nye

Las posturas políticas disfuncionales relativas a Brexit en el Reino Unido y la reacción contra el presidente Donald Trump durante las elecciones de mitad de período en Estados Unidos están generando dudas sobre la marea populista que se ha venido expandiendo a lo largo de las democracias del mundo durante los últimos años. De hecho, ya era hora que dichas dudas salgan a la luz.

Populismo es un término ambiguo que se aplica a muchos tipos distintos de partidos y movimientos políticos, pero su común denominador es el resentimiento dirigido contra las élites poderosas. En las elecciones presidenciales de 2016, los dos principales partidos políticos de Estados Unidos experimentaron reacciones populistas a la globalización y los acuerdos comerciales. Algunos observadores incluso atribuyeron la elección de Trump a una reacción populista contra el orden internacional liberal de las últimas siete décadas. Sin embargo, ese análisis es demasiado simple. El resultado fue determinado de sobremanera por muchos factores, y la política exterior no fue el principal.

El populismo no es nada nuevo y, es tan estadounidense como el pastel de manzana. Algunas reacciones populistas – por ejemplo, la presidencia de Andrew Jackson en la década de 1830 o la Era Progresiva a principios del siglo XX – llevaron a reformas que fortalecieron la democracia. Otras, como el partido ‘Know-Nothing’, un partido anti-inmigrante y anti-católico en la década de 1850, o el senador Joe McCarthy y el gobernador George Wallace en las décadas de 1950 y 1960, han hecho que se enfatice la xenofobia y la exclusión. La reciente ola de populismo estadounidense incluye ambas vertientes.

Las raíces de las reacciones populistas son económicas y culturales, y son objeto de importantes investigaciones en el ámbito de las ciencias sociales. Pippa Norris, académica de Harvard, y Ronald Inglehart, de la Universidad de Michigan, hallaron que fueron importantes factores culturales que se originaron mucho tiempo antes a las elecciones de 2016. Los votantes que perdieron sus empleos por la presencia de competidores extranjeros tendieron a apoyar a Trump; pero, también lo hicieron otros grupos, como los hombres blancos mayores que perdieron su estatus en las guerras culturales que se remontan a la década de 1970 e involucraron cambios en los valores relacionados con la raza, el género y las preferencias sexuales. Alan Abramowitz de la Universidad de Emory ha demostrado que el resentimiento racial fue el único y más fuerte vaticinador a favor de Trump entre los votantes republicanos durante las elecciones primarias.

Sin embargo, las explicaciones económicas y culturales no son mutuamente excluyentes. Trump conectó explícitamente estos temas al argumentar que los inmigrantes ilegales quitaban empleos a los ciudadanos estadounidenses. El simbolismo de construir un muro a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos fue un eslogan útil para unificar a su base electoral en torno a estos temas. Es por eso que a Trump le resulta difícil renunciar a esta idea.

Incluso si no hubiera existido la globalización económica o un orden internacional liberal, e incluso si no hubiera habido una gran recesión después del año 2008, los cambios demográficos y culturales nacionales dentro de Estados Unidos habrían generado cierto grado de populismo. Estados Unidos atravesó por esto en las décadas de 1920 y 1930. Quince millones de inmigrantes llegaron a Estados Unidos en los primeros 20 años del siglo, lo que dejó a muchos estadounidenses con un incómodo temor acerca de que ellos podrían llegar a verse rebasados. A principios de la década de 1920, el Ku Klux Klan tuvo un resurgimiento y presionó por la aprobación de Ley de Orígenes Nacionales de 1924 con el propósito de “evitar que la raza nórdica sea sumergida en el pantano” y para “preservar al Estados Unidos más antiguo y homogéneo que veneraban”.

De manera similar, la elección de Donald Trump en el año 2016 fue el reflejo, en lugar de ser la causa, de profundos cismas raciales, ideológicos y culturales, mismos que se habían desarrollado en reacción a los movimientos a favor de los derechos civiles y de liberación de las mujeres en las décadas de 1960 y 1970. Es probable que el populismo continúe estando presente en Estados Unidos, a medida que se pierdan empleos a causa de la robótica, así como debido al comercio; asimismo, el cambio cultural continúa generando divisiones.

La lección para las elites formuladoras de políticas que apoyan la globalización y la economía abierta es que ellas tendrán que prestar más atención a los problemas de desigualdad económica, así como también tendrán que prestar asistencia a aquellos afectados por los cambios, tanto a nivel nacional como en el extranjero, para que se ajusten a dichos cambios perturbadores. Las actitudes hacia la inmigración mejoran a medida que la economía mejora, pero sigue siendo un problema cultural y emocional. A mediados de 2010, cuando los efectos de la Gran Recesión estaban en su punto máximo, una encuesta de Pew reveló que el 39% de los adultos estadounidenses creían que los inmigrantes estaban fortaleciendo el país y el 50% los consideraba una carga. Ya en el año 2015, el 51% indicó que los inmigrantes fortalecen el país, mientras que el 41% dijo que eran una carga. La inmigración es una fuente de la ventaja comparativa para Estados Unidos, pero los líderes políticos deberán demostrar que pueden manejar las fronteras nacionales, tanto físicas como culturales, si quieren defenderse de los ataques de los nativistas, especialmente durante períodos y lugares donde se presentan situaciones de estrés económico.

Incluso así, uno no debe tratar de pronosticar las tendencias de opinión pública estadounidense a largo plazo a partir de la acalorada retórica de las elecciones de 2016 o, de lo que se muestra tras el uso brillante de las redes sociales por parte de Trump con el propósito de manipular la agenda de noticias e introducir temas controversiales de tinte cultural. Si bien Trump ganó el Colegio Electoral, le faltaron tres millones de votos para declararse ganador de la votación popular. Según una encuesta de septiembre de 2016, el 65% de los estadounidenses pensaba que la globalización es buena para Estados Unidos, a pesar de sus preocupaciones relativas al empleo. A pesar de que las encuestas siempre son susceptibles de verse afectadas por un sesgo cognitivo, en inglés “framing”, cuando se altera la redacción y el orden de las preguntas, la etiqueta “aislacionismo” no es una descripción precisa de las actitudes estadounidenses actuales.

Desde el año 1974, el Chicago Council on Global Affairs ha preguntado anualmente a los estadounidenses si Estados Unidos debería participar activamente o mantenerse al margen de los asuntos mundiales. Durante ese período, aproximadamente un tercio del público ha sido sistemáticamente aislacionista, lo que se remonta a una tradición del siglo XIX. Esa cifra alcanzó el 41% en 2014, pero, contrariamente a lo que dice el mito popular, el año 2016 no fue un punto alto en cuanto al aislacionismo posterior a 1945. En el momento de la elección, el 64% de los encuestados dijo que estaba a favor de la participación activa estadounidense en los asuntos mundiales, y esa cifra se elevó al 70% en la encuesta de 2018: el nivel más alto registrado desde 2002 (mismo que fue alcanzado tras los ataques terroristas del 11 de septiembre).

El firme apoyo a la inmigración y la globalización en Estados Unidos no condice con la visión que considera que el “populismo” es un problema. El término sigue siendo vago y explica muy poco, especialmente ahora, cuando el apoyo a las fuerzas políticas que intentan describirlo parece estar menguando.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

4 de febrero 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/populist-wave-in-retreat-by...

 5 min


Mientras Jorge Arreaza[1], actuando como canciller de un gobierno que usufructúa las funciones del Poder Ejecutivo, negó en la ONU que en Venezuela hubiera una crisis humanitaria y responsabilizó al bloqueo de Estados Unidos por la escasez de alimentos y medicinas en Venezuela. Las calles nuevamente se llenaron de ciudadanos el Día de la Juventud, como mecanismo de presión popular a los fines de exigir el desbloqueo de la entrada al país de la ayuda humanitaria, que se anunció se realizará el día 23 de febrero 2019[2].

En este sentido, es necesario destacar que el 15 de enero 2019 la Asamblea Nacional aprobó el acuerdo mediante el cual, como lo dice su título, autorizó la ayuda humanitaria para atender la crisis social que sufre el pueblo venezolano.

En ese acuerdo se identifica a Nicolás Maduro como el único responsable de la peor crisis humanitaria de la historia de Venezuela, pues ha permitido que el hambre, la hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, entre otras penurias, hayan destruido la calidad de vida de la sociedad en general.

La crisis humanitaria en Venezuela fue reconocida por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a través de una Resolución con siete votos en contra y 17 abstenciones. Con ella también se invitó al gobierno de Nicolás Maduro a reconocer la existencia de la ayuda humanitaria para paliar la escasez de alimentos, medicinas y suministros médicos en el país.

Así como lo hizo el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, también el Parlamento Europeo, a través de varias resoluciones, ha reconocido de manera sistemática la existencia de una crisis humanitaria en Venezuela.

El 8 de febrero de 2018 en la Resolución sobre la situación en Venezuela (2018/2559(RSP), el Parlamento Europeo reconoció que Venezuela vive una crisis política, social, económica y humanitaria sin precedentes, “caracterizada por la inseguridad, la violencia, las violaciones de los derechos humanos, el deterioro del Estado de Derecho, falta de medicamentos y de servicios sociales, pérdida de ingresos y unos crecientes índices de pobreza, que está provocando un número creciente de muertes, refugiados y migrantes”.

En esa resolución, el Parlamento Europeo además de expresar su solidaridad y apoyo a las personas que en Venezuela sufren las consecuencias de una grave crisis humanitaria, también invitó a las autoridades venezolanas a permitir con carácter de urgencia la entrada sin trabas de la ayuda humanitaria y, además, facilitar los permisos correspondientes a las organizaciones internacionales dispuestas a prestar asistencia a la población y también, hizo un llamado para que a corto plazo se asumiera el combate contra la desnutrición principalmente de los niños.

Por su parte, el 5 de julio de 2018, el Parlamento Europeo aprobó la Resolución sobre la crisis migratoria y la situación humanitaria en Venezuela y sus fronteras terrestres con Colombia y Brasil (2018/2770 RSP), en cuyo contenido lamentó expresamente que las autoridades venezolanas se nieguen de manera “obstinada” a reconocer el problema y se rehúsen a recibir abiertamente la ayuda humanitaria internacional.

En esa resolución el Parlamento europeo calificó como “desoladora situación humanitaria” la realidad que experimenta Venezuela, que además, destacó, se ha expresado en numerosas muertes, una afluencia sin precedentes de refugiados y migrantes a los países vecinos y a países más alejados.

En esa resolución, el Parlamento europeo alertó que la crisis ha obligado a los venezolanos a huir de su país, por carecer de las más elementales condiciones materiales para la vida, como el acceso a alimentos, servicios sanitarios y medicamentos.

Nuevamente el Parlamento europeo, a través de una resolución, reiteró la invitación a las autoridades venezolanas a reconocer la existencia de la crisis humanitaria y a buscar soluciones políticas y económicas que frenen su avance, procurando garantizar la seguridad de todos los civiles y la estabilidad del país, así como de la región.

Pero además, en esa resolución se hizo un nuevo llamado para que las autoridades venezolanas permitieran, con carácter de urgencia, el acceso sin restricciones de la ayuda humanitaria al país, así como también se solicitó se concediera el acceso sin restricciones a las organizaciones internacionales dispuestas a prestar asistencia a sectores afectados de la sociedad.

Esa crisis humanitaria sobre la cual se han pronunciado el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y el Parlamento Europeo, ha sido responsable y oportunamente denunciada por la Asamblea Nacional desde el año 2016. Desde entonces, la Asamblea Nacional a través de dos acuerdos declaró, en primer lugar, la crisis humanitaria en el área de la seguridad alimentaria, denunciado que tal situación es consecuencia directa de la inexistencia de un Estado que no cumple con el mandato constitucional de asegurar alimentación suficiente, en cantidad y variedad a su propia población.

Y en segundo lugar, declaró la crisis humanitaria en materia de salud, como consecuencia de la escasez de medicamentos, insumos médicos y deterioro de la infraestructura sanitaria en todo el país.

Posteriormente, en el año 2018, la Asamblea Nacional declaró, mediante otro acuerdo, la crisis humanitaria en el área de la educación, denunciando que tal situación es consecuencia de la inexistencia del denominado Estado Docente, lo cual produce un evidente quiebre de la educación como un derecho humano en Venezuela.

En esos acuerdos, la Asamblea Nacional formuló recomendaciones y/o exhortaciones concretas al Gobierno nacional en cada una de las áreas mencionadas, pero las mismas no lograron tener eco y, menos aun, respuesta efectiva por parte del Gobierno nacional.

El agravamiento de la crisis humanitaria llevó a la Asamblea Nacional a aprobar un nuevo acuerdo en enero 2018, declarando la emergencia humanitaria en las fronteras de la República Bolivariana de Venezuela, y solicitando a través del mismo y de manera formal, la creación de un corredor humanitario a los fines de prestar la asistencia debida a través de los protocolos establecidos para tal fin, todo ello como consecuencia del desplazamiento forzoso de miles de ciudadanos venezolanos que viene a ser una forma muy evidente de advertir la existencia de una crisis humanitaria que solo el régimen de Maduro insiste en desconocer.

Todo lo anteriormente señalado permite reconocer que la Asamblea Nacional desde el 2016 ha ejercido de manera efectiva el control sobre la gestión del Gobierno y, como consecuencia de ello, ha denunciado de manera responsable y oportuna las distintas dimensiones en las que se evidencian la crisis humanitaria en Venezuela.

Por lo pronto, el 23 de febrero se anuncia como la fecha para la entrada de esa ayuda humanitaria y la Asamblea Nacional tiene mucho que ver en ese proceso. Sobre ese evento, crecen las expectativas en lo interno y externo de Venezuela. Sin duda será un hecho inédito que nadie pensó jamás podría ocurrir en un país que siempre fue reconocido por sus ingresos petroleros.

@carome31

[1] El Comercio. Venezuela niega ante la ONU que exista crisis humanitaria en su país. 12 de febrero 2019. Online en: https://elcomercio.pe/mundo/venezuela/venezuela-niega-onu-exista-crisis-...

[2] El Pais. En vivo. Las últimas noticas sobre la crisis de Venezuela. 13 de febrero 2019. Online en: https://elpais.com/internacional/2019/02/12/actualidad/1550004758_244666...

14 de febrero de 2019

Politika UCAB

https://politikaucab.net/2019/02/14/asamblea-nacional-y-crisis-humanitar...

 5 min


Esther Sánchez

Los insectos están amenazados en todo el mundo y su desaparición puede provocar un "colapso catastrófico" en los ecosistemas naturales, asegura una investigación de la Universidad de Sidney (Australia) publicada en la revista científica Biological Conservation. Sus conclusiones apuntan a que más de la mitad de las especies están disminuyendo rápidamente y una tercera parte está amenazada por la extinción. Unos datos que hacen temer que más del 40% de las especies de insectos se extingan en las próximas décadas. Las mariposas y las polillas están dentro de las más afectadas.

Los datos son tan preocupantes que los autores de la investigación -Francisco Sánchez-Bayo y Kris A.G. Wyckhuys- interpretan que dado que los insectos comprenden alrededor de dos tercios de todas las especies terrestres, nos encontramos al comienzo de la "sexta extinción masiva", que está afectando "profundamente" a la vida en nuestro planeta. Estos animales son esenciales dado que son alimento para otros, además de ser polinizadores.

La investigación reúne por primera vez los resultados de 73 estudios parciales realizados en diferentes partes del mundo, sobre todo en países desarrollados de Europa y América del Norte donde se encuentran los registros históricos más completos. Los datos concluyen que los cambios que se están produciendo en el hábitat y la contaminación son los principales culpables de la tendencia a la baja de los insectos. Y se señala a la intensificación de la agricultura en las últimas seis décadas como la causa "fundamental del problema al uso de pesticidas sintéticos". Un comportamiento que se repite a lo largo y ancho del mundo. Por este motivo, concluyen: "A menos que cambiemos nuestras formas de producir alimentos, los insectos en su conjunto van camino de la extinción en unas pocas décadas". Las repercusiones que esto tendrá para "los ecosistemas del planeta son, como mínimo, catastróficas, ya que los insectos se encuentran en la base estructural y funcional de muchos de ellos desde su aparición al final del período Devónico, hace casi 400 millones de años".

En 2017, un estudio de 27 años en varias áreas protegidas de Alemania determinó una "impactante disminución del 76% en la biomasa de insectos voladores". Unas cifras que representan un promedio de 2,8% de pérdida en biomasa de insectos por año en áreas con bajos niveles de perturbación humana. Es preocupante, advierten los científicos, que la bajada sea constante a lo largo de tres décadas. Un estudio más reciente en las selvas tropicales de Puerto Rico muestra pérdidas de biomasa de entre un 98% y 78% para artrópodos.

Ambos estudios están en línea con informes anteriores sobre disminución de mariposas, escarabajos, mariquitas, libélulas, moscas de piedra y abejas silvestres en Europa y América del Norte en las últimas décadas. Parece que la pérdida de insectos es sustancialmente mayor que las que han sufrido aves o plantas durante los mismos periodos, lo que podría "desencadenar efectos en cascada dentro de los ecosistemas del mundo".

Algunas de las mejoras que se proponen para paliar la situación son aumentar las franjas de setos de flores en los bordes del campo que aumentan la abundancia de polinizadores silvestres y la rotación de cultivos que potencien la presencia de abejorros. Esta "ingeniería ecológica" también conserva a los insectos naturales "que son esenciales para mantener a raya a las plagas de muchos cultivos", concretan. Para los insectos acuáticos se apunta a la "rehabilitación de las marismas y a la mejora de la calidad del agua".

11 de febrero

El País

https://elpais.com/sociedad/2019/02/11/actualidad/1549901477_788077.html...

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José Luis Mogollón

El imaginario popular venezolano y latinoamericano en general, siempre le ha atribuido a Estados Unidos (EEUU), no sin razón, un apetito voraz por los inmensos recursos petroleros de la región. En este momento decisivo en el que el Venezuela trata de deshacerse de N. Maduro y sus acólitos, en las redes sociales vuelan memes refiriéndose jocosamente al interés estadounidense por el petróleo, y de chinos y rusos por las cachapas y el cochino frito. Del interés por las cachapas y el cochino frito, a parte del mío, muy intenso, por cierto, no haré comentarios. Acerca del interés estadounidense por el petróleo opino que ha venido disminuyendo y aun siendo importante ya no tiene el mismo peso estratégico que tenía hace algunos años, veamos por qué.

EEUU aspira a convertirse en país exportador de petróleo en pocos años. Según la EIA (U.S. Energy Information Administration), su consumo en el 2019 se ubica en unos 19 millones de barriles de petróleo al día, de los cuales produce aproximadamente once millones. De Venezuela se estima que importa sólo entre quinientos y setecientos cincuenta mil barriles por día.

Numéricamente, el petróleo venezolano tiene mucha menos importancia que en un pasado no muy lejano. Ahora bien, el detalle es que algunas de las refinerías en Estados Unidos necesitan de una dieta de petróleo pesado que es suministrado desde Venezuela y que de cesar las exportaciones habría que sustituir. Ello es factible dados los recursos de petróleo pesado en Canadá y México. Las negociaciones podrían terminar en concesiones para esos dos países y mayores precios del barril, al menos en un periodo corto. Pero, ello desvincularía a los EEUU del incierto suministro venezolano. Suministro que podría ser usado eventualmente como arma, inclusive por adversarios del hemisferio oriental a través de una Venezuela que se les ha entregado.

La situación entonces es mucho más compleja que una dependencia de suministro de petróleo, el cual en realidad puede ser sustituido. Venezuela convertida en un narco-estado se constituyó en un elemento desestabilizador de la región, extremadamente inconveniente para la mayoría de los países del continente, a excepción de aquellos que reciben las dadivas petroleras con la que los gobiernos chavista y madurista han comprado amistades. Las prebendas y créditos obtenidos de China y Rusia a cambio de petróleo a futuro terminan de complicar profundamente el panorama a nivel mundial.

Mucho se ha argumentado, particularmente en medios sociales, acerca de la invasión que ha sufrido Venezuela; es difícil tener números exactos, pero se cree que podría haber decenas de miles de cubanos enviados por el régimen de La Habana a infiltrar el ejército y otros ámbitos de la vida nacional; otros tantos miembros de la FARC y ELN colombiano en los llanos venezolanos que no pueden volver a Colombia sin fuertes enfrentamientos bélicos; en el Oriente del país pululan miembros del Hezbollah y muchos venezolanos siguen uniéndose a los tres – cinco millones que ya han emigrado creando una crisis humanitaria sin precedente en Latinoamérica.

El poder concertado del narco tráfico, del Estado, la guerrilla y el terrorismo explica por una parte los fallidos intentos por terminar con el deleznable régimen de Maduro. Por otra parte, indica las poderosísimas razones por las cuales se coordinan esfuerzos nacionales e internacionales en un intento por desmantelar semejante gobierno.

Febrero 2019

Asesor internacional (todo el continente americano, Medio Oriente, Asia y Europa) en temas de producción petrolera. Profesor Titular de la Universidad Central de Venezuela con Post-Doctorado en el Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Yale, USA y Doctorado en Geoquímica de la Universidad Central de Venezuela. Desde hace 6 años reside en Houston.

Ha publicado 3 capítulos de libros y más de 70 artículos, tanto en revistas científicas arbitradas, como en revistas de divulgación, por ejemplo: University World News. Los temas abarcan desde políticas de educación universitaria, problemas y soluciones ambientales, hasta tecnología de producción de petróleo. Ahora está incursionando en política petrolera mundial, con interés especial en Latinoamérica y en sus relaciones con los Estados Unidos.

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Orlando Viera-Blanco

Venezuela entra en una espiral resolutoria sumamente interesante. Discúlpenme por adjudicarle un epíteto cientista [interesante] al delicado momento que vivimos. Pero lo que quiero significar es que nunca habíamos experimentado desde la conquista un proceso de restitución grupal, ciudadana, social y de convivencia como el que se está gestando en Venezuela. Los escenarios…

Lo bueno se hace esperar

No ocultemos el sol con un dedo. Existen estilos de diplomacia que distan diametralmente unos de otros pero al final, el camino, la misión y los objetivos son los mismos. Por un lado es notoria la agenda frontal, catalítica, suma cero, determinada a lograr los fines propuestos, mediando o no una negociación. En este escenario se concederán oportunidades de salidas y soluciones pre-establecidas, pero sin “hacer sombra”. Es una ruta no necesariamente larga pero supone el agotamiento de una serie de sucesos persuasivos, acciones de impacto y alertas que deben agotarse. Sin duda es la estrategia que está experimentando la diplomacia americana acompañada del Grupo de Lima, desde lo cual hay que saber comprender que no es necesariamente Panamá, Grenada o Kosovo. Es un plan restitutivo, bien pensado, institucional, enmarcado en el Derecho Internacional Público y en el principio de la Responsabilidad Proteger; gradual y acompañado de una coalición internacional.

Establecer una estrategia de desgaste, consumo y salida permite que todos remen hacia una misma dirección. La buena noticia de estas estrategias meta-gol, una vez agotadas las fases programadas conducen a un éxito final. Lo que sabemos-no resulta alentador-es que este esquema no se ejecuta de un día para otro. Vale decir: lo bueno [agregaría lo justo], se hace esperar. ¡Pero llega!

Una chispa en la pradera

Un segundo escenario es que durante el proceso de ejecución del denominado plan de desgaste y salida surja súbitamente una chispa que le dé combustible a la elevada carga de penurias e impaciencias que desbordan al pueblo venezolano. Las movilizaciones ahora no son de un estilo únicamente libertario o lírico. La gente que ahora vuelve a la calle está invadida de un inquebrantable sentimiento de cambio, donde la voluntad va a ritmo de vencer o morir. La gente está dispuesta a darlo todo. No hay mañana. El pueblo ya no tiene a donde irse. Ha visto la muerte muy de cerca y ha visitado a muchos [la muerte], que ni lograron nacer y seguir en este mundo. Nuestras madres que han perdido a sus vástagos, son también esposas, hermanas, hijas, parientes, vecinas de jóvenes soldados o milicias.

La miseria no sólo llegó a la conciencia y al alma fatigada de los civiles, sino también ha minado la conciencia y el estómago de nuestras FFAA. Hoy en Venezuela ¡hasta el hampa quiere ser libre!. Y este factor de encendida ansiedad por acabar con un Estado miserable y un modelo de poder tiránico, puede convertirse en el chispazo que ruede como pólvora y catalice desenlaces. Es un secreto “en voz baja”, sotto voce, que Maduro perdió el mando en los cuerpos medios de las Fuerzas Armadas…Y ese quiebre sigue en pleno avance.

Un final feliz

El tercer escenario -como sucede en toda situación binaria- es el ecléctico. A la par del proceso de fatiga y desgaste de un régimen deslegitimado -externa e internamente- la desobediencia sistémica de las fuerzas represivas propicia un desplome de lealtades tanto de las FFAA, como de las estructuras de anillamiento y seguridad del régimen de Caracas.

La ayuda humanitaria es un clamor de un pueblo depauperado que no puede esperar. Quizás no tengamos un chispazo súbito porque tampoco es fácil movilizar la desgracia humana cuando está atada al chantaje, el hambre y el miedo… Pero quiero insistir en que los tiempos obran a favor de este interesante proceso restaurador y salvador que vive Venezuela.

Todo apunta que un final sin violencia y sin desbordado sufrimiento, viene. Un proceso transicional bizarro, sin diálogo pero sin balas; sin intervención forzosa pero con quiebre de mando e insubordinación humanitaria y republicana; sin bombardeo ni guerra pero con desbordamientos y masa crítica…por cierto, cada vez menos reprimida por las fuerzas del “orden” del régimen. En fin: una dinámica caótica pero determinada, asistida de un nuevo liderazgo político con capacidad de inspirar bases populares, que encontrará y dará con el objetivo, esto es, salir de esta locura devastadora, que es tanto más elocuente describirlo así que llamarla simplemente dictadura…

Calma y cordura. Cesión de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Los tiempos son nuestros. Los factores sociales, políticos, militares, psico-grupales, internacionales e incluso espirituales (creer), están alineados. Un liderazgo joven, indetenible e intocable está al frente. Y una voluntad colectiva que volvió a levantarse y volvió a creer, está resteada. No le quedará más a los hombres el fusil que levantar su rodilla en tierra, y ponerse firme del lado de la historia. El mundo y la agenda internacional dijeron no más. La coalición interna y externa sigue hasta llegar punto ideal. El cese. La partida. Ya no es sólo un punto retorno. Es el punto de encuentro, de llegada. ¡Vamos extraordinaria e indeclinablemente bien!

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