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Opinión

Daniel Eskibel

“Si quieres llegar rápido, lo mejor es que viajes solo. Pero si quieres llegar lejos, entonces lo mejor es que viajes acompañado”.

— Antiguo proverbio africano

La política es un largo viaje lleno de obstáculos. Querer llegar rápido no es más que una vana ilusión. Una ilusión perseguida con asombroso empecinamiento por gran parte de los políticos.

Vivimos un tiempo donde la promesa de éxito rápido y fácil tiene gran predicamento. En política significa obsesionarse con el corto plazo y nada más que el corto plazo. Tiempos breves, entonces. Limitados a la próxima campaña electoral.

Así es que las emociones se disparan y los razonamientos apenas cubren las apariencias. Y en el partido político se dice que ahora sí, que en esta campaña sí que podemos ganar, que esta elección es la nuestra, que la gente ya no cree en nuestros rivales, que vamos a ganar.

Banderas, discursos, apariciones en el telediario, mucha presencia en redes, mitines para colocar el mensaje, unas buenas vallas, mucho ingenio y por sobre todo mucha pasión.

La noche de la elección es la noche del golpe contra la dura piedra de la realidad. La derrota duele y solo queda la resaca.

Es que la política no es cuestión de corto plazo.

Es un viaje para llegar lejos.

El viaje del héroe

El mito del viaje del héroe es un tema recurrente en todas las culturas humanas. Y su estructura básica es siempre la misma:

El protagonista vive una realidad ordinaria y común

Ese protagonista recibe algún tipo de llamado hacia una acción extraordinaria

Inicialmente rechaza ese llamado y se conforma con la realidad a la que está habituado

Aparece alguien o algo, un mentor o consejero que lo estimula y lo ayuda a emprender esa acción extraordinaria

Con esa ayuda, el héroe enfrenta obstáculos formidables y los va venciendo uno por uno

Finalmente el protagonista vuelve a su realidad ahora transformada por sus acciones extraordinarias

Así, largo y plagado de obstáculos, es el viaje que emprenden algunos candidatos y algunos partidos políticos.

El camino del partido

¿Cómo se ve el camino del partido político a la luz del viaje del héroe?

Pues bien: los partidos viven su propia realidad, su vida de siempre, sus hábitos más arraigados, sus mecanismos tradicionales, su cultura tan largamente construida.

En algún momento algunos de esos partidos sienten el llamado del cambio. Perciben que la realidad política, social y cultural ya ha cambiado. Esa realidad ahora es otra, distinta, cruzada por nuevas variables. Y esa nueva realidad los desafía a cambiar. Pero la primera reacción siempre es la resistencia al cambio. Una red de emociones y creencias que les empujan hacia la repetición de las mismas viejas y conocidas prácticas.

La mayoría suele conformarse con lo viejo conocido.

La mayoría, no todos.

Algunos no se conforman. Abren su mente. Buscan alternativas. Quieren cambiar. Y buscan ayuda porque quieren llegar lejos.

Entonces aparece el consultor político.

Porque el consultor es quien cumple el papel del mentor, del consejero, del especialista que ayuda al partido a salir de los caminos ya trillados.

Pero…

¡Un momento!

¿De verdad los partidos políticos necesitan un consultor externo?

¿Acaso no basta con las propias estructuras políticas partidarias? ¿Acaso no es suficiente contar con los asesores políticos que revistan en la propia plantilla del partido? ¿Acaso el gabinete de comunicaciones del partido no puede resolver más que bien las comunicaciones y lo mismo la dirección política respecto a la estrategia?

¿O será que el consultor político trae otra lógica a bordo?

Consultor político a bordo

Lo digo desde ya: el consultor político externo es una herramienta esencial en la profesionalización de la política.

Esencial.

Y no sustituye sino que complementa a la dirección política, al gabinete de comunicaciones, a los asesores políticos de plantilla y a las estructuras partidarias.

Les complementa y les ayuda a potenciarse en su máxima expresión.

Porque cuando el partido político cuenta para determinada etapa con un consultor político a bordo, lo que hace es incorporar algunos beneficios que antes no tenía. A saber:

Especialización

Experiencia

Frialdad

Incorporar a bordo a un consultor político externo es incorporar especialización en una o más de una zona de acción. Porque hay especialistas en estrategia, en trabajo territorial, en comunicación, en resolución de crisis, en imagen de marca, en psicología del votante, en liderazgo, en segmentación electoral, en campañas electorales, en comunicación de gobierno y en diversas áreas de trabajo.

Claro que se puede improvisar en dichas áreas, pero a cuenta y riesgo de cada uno. Se puede improvisar pero cada vez es más claro que esa decisión conduce hacia el abismo político.

En campañas políticas tan complejas como las de nuestro tiempo, o profesionalizas al máximo o mueres.

Y eso sin importar cuánta razón lleves o cuan elevados sean tus ideales.

Por otra parte incorporar a bordo a un consultor político externo es incorporar experiencia.

¿O acaso en tu formación política alguien ha participado en 50, 100 o 150 campañas electorales?

Pues los profesionales de la consultoría política sí lo han hecho.

Y ponen esa experiencia en tu propia nave.

Finalmente, incorporar a bordo a un consultor político externo es incorporar una mirada fría y desapasionada.

Casi escucho tu voz protestando:

— ¿Frialdad? ¿Desde cuándo en la política es un valor la frialdad?

Y casi te respondo en voz alta:

— Desde siempre, hombre. Desde siempre.

Las pasiones dentro de un partido político son intensas.

Está bien que así sea.

Además, ya sabes: es inevitable.

Las pasiones, tan buenas en muchos sentidos, terminan siendo una trampa mortal para los partidos.

Porque distorsionan los análisis, las estrategias y las tácticas.

Siempre lo hacen.

Subrayo: siempre.

Entonces necesitas una mirada externa, analítica y fría, que no se contamine del clima interno de tu organización. Que no forme parte de los conflictos entre dirigentes, que no se nuble por la emoción, que no aspire a ningún cargo político, que no tome partido por ningún bando ni corriente interna de opinión, y que solo se dedique a ayudar desde su profesión.

Sí.

Necesitas en tu partido un consultor político externo.

Porque necesitas ayuda. Una ayuda que traiga especialización profesional, experiencia en campañas y una mirada fría y objetiva.

El acercamiento entre partidos políticos y consultores es una realidad creciente en todo el mundo. A diversas velocidades dependiendo de la región, pero creciente.

Colaboran con ello los buenos resultados que suelen obtenerse, la mayor visibilidad de los consultores, la difusión de sus experiencias y saberes, la institucionalización de la alta formación universitaria en el sector y el ejemplo cada vez más valioso de la consultoría externa en el área empresarial.

Pero también hay obstáculos, claro está.

6 obstáculos entre el partido y el consultor

¿Cuándo es que el partido político mira hacia el consultor?

Cuando el partido está en su propio viaje y siente el llamado a cambiar la política. Cuando toma conciencia de que las campañas ya no son lo que eran. Cuando percibe que necesita ayuda profesional para llevar a cabo su misión.

Pero ese mismo partido político ve un conjunto de obstáculos que lo alejan del consultor. Algunos de los principales son los siguientes:

Escasez de recursos económicos. Los consultores políticos tienen fama de caros. Hay algo de verdad en ello: la alta especialización supone honorarios más elevados. Pero también podríamos decir que la moneda tiene otra cara. Porque esa misma alta especialización te permite optimizar tus recursos en función de una estrategia más precisa y una comunicación más efectiva. Hoy en día no se acerca más a la victoria quien tiene recursos más abundantes sino quien hace una campaña más profesional. Piensa en el consultor como una inversión, no como un gasto. Porque eso es lo que es: una inversión para lograr una mejor campaña con menos dinero y más votos.

Resistencia al cambio. Si siempre tu partido ha hecho las cosas sin ningún consultor político, pues entonces te preguntas para qué hacer algo nuevo que va contra los hábitos de la organización. Sin embargo, nunca podrás cambiar la política si sigues haciendo las cosas del mismo modo que las has hecho toda la vida. Algo tendrás que cambiar en tu partido para así poder cambiar algo en tu sociedad. Es una ley de hierro, por cierto.

Urgencias coyunturales. La vida política gira sin pausa. Cada día te trae nuevos hechos, nuevos desafíos, situaciones ante las que el partido tiene que responder. Poco a poco la coyuntura se va comiendo a la estrategia. Y lo urgente devora a lo importante. Entonces el consultor político va quedando allá a lo lejos, opacado frente a la urgencia de este nuevo escándalo político o de aquella noticia periodística. El problema es que cuando la coyuntura te arrastra no solo pierdes de vista al consultor sino también a la propia realidad y a tus posibilidades de incidir en ella. En el fondo es cuestión de prioridades y de liderazgo.

Limitaciones ideológicas. He escuchado a dirigentes políticos que afirman que la consultoría política es propia de las formaciones de derechas. Y también he escuchado a otros dirigentes políticos que afirman que la consultoría es propia de las formaciones de izquierdas. Ambos pre-conceptos son equivocados y su única función consiste en estrechar el cerco mental que conduce a la derrota. Porque la profesionalización de las campañas políticas no es ni de izquierdas ni de derechas. Es simplemente profesionalización. Que lo digan, en caso de duda, las muy profesionales campañas de Barack Obama y Donald Trump (candidatos ubicados en las antípodas ideológicas el uno del otro).

Localismo a ultranza. Muchos chocan contra el inmenso prejuicio de creer que el consultor jamás podrá comprender las peculiaridades locales. He trabajado en diversas regiones de 14 países. Y en todas partes me han dicho la misma frase: “mire que aquí las cosas son diferentes, el nuestro es un caso especial que tal vez usted no ha visto nunca en ningún otro lado”. A continuación me explican esa particularidad local tan pero tan diferente al resto del mundo. ¿Y sabes qué? No es ni por asomo tan diferente. Que por supuesto hay que atender las peculiaridades nacionales, regionales y locales. Pero la psicología del votante es la psicología del votante y tiene leyes generales en cualquier parte del mundo. Además siempre será de alto valor que los consultores externos se apoyen en su contraparte local.

Desconfianza. La confianza es un valor escaso en nuestro tiempo. Por eso muchas veces los partidos políticos desconfían de los consultores externos. Temen que no estarán suficientemente comprometidos con el proyecto político. Y que no aportarán un valor equivalente o superior a la inversión necesaria. Esto aleja a los partidos de los consultores en la medida que la desconfianza se cristalice. Pero en ocasiones simplemente afina la puntería para elegir bien. Porque no todo consultor es bueno para todo partido político ni para todo núcleo de dirigentes. En definitiva se trata de elegir no al improbable consultor ideal sino al más adecuado y confiable para esa formación política en ese preciso momento.

¿Tu partido irá rápido o irá lejos?

Si lo que buscas es velocidad, caminos cortos, atajos y rutas fáciles, pues seguramente irás solo como dice el proverbio africano. Harás declaraciones explosivas que te mantengan en la agenda comunicacional. Lograrás que hablen de ti.

Tú me comprendes: fuegos artificiales.

Y podrás ser, ¿qué duda cabe?, una luz brillante en el firmamento.

Y tan rápido como llegaste desaparecerás en la oscuridad.

Pero este artículo no es para los apresurados.

Tampoco para los conformistas.

Este artículo es para quienes aspiran a llegar lejos.

Llegar lejos implica una construcción política sólida.

Llegar lejos implica diseño estratégico, liderazgo y visión de largo plazo.

Llegar lejos implica campañas políticas profesionales y serias.

Llegar lejos implica capacitar y potenciar los recursos humanos y los equipos del partido político.

Para todo ello es necesaria la figura del consultor político externo.

Maquiavelo &Freud

https://maquiaveloyfreud.com/partido-consultor-politico-obstaculos/

 9 min


Lo más importante, aún más importante que la cantidad de mujeres, homos, lesbis, indígenas o negros que tendrán representación en la Cámara de Representantes de los EE UU, lo importante es que el electorado logró objetivamente restaurar el equilibrio de poderes, base fundamental de toda democracia y con mayor razón de la norteamericana.

No se trata por supuesto de que Trump hubiera estado a punto de convertirse en un dictador, ni siquiera en un autócrata. No, la arquitectura de la democracia estadounidense no estaba en peligro. Pero sí su forma de ser. Pues no es lo mismo que un presidente gracias al apoyo de una base parlamentaria gobierne de acuerdo a un programa, a que un político como Trump lo haga.

Para nadie es un misterio que las tendencias a la extralimitación y a la gesticulación autoritaria convertían a Trump en una figura disonante en el concierto mundial y en una excepción dentro de la propia tradición norteamericana.

Tal vez si hubiera triunfado en las dos instancias, Senado y Cámara Baja, habría sido ese el comienzo de “el trumpismo”, es decir: no de una administración, no de un gobierno, pero si de un líder gozando de facultades extraordinarias concedidas por el propio pueblo. Las condiciones, hay que reconocerlo, estaban dadas para que ello ocurriera.

Los números económicos eran ampliamente favorables a Trump. En materia internacional podía, además, mostrar indiscutibles éxitos. Ha logrado minimizar el peligro atómico de Corea del Norte y mantener una “amistosa enemistad” con Putin, lo que no es muy fácil.

Sin embargo, sus propósitos depredadores con respecto al medio ambiente, su eurofobia, sus contactos con ultraderechas de diferentes países, su insensibilidad frente a los problemas del Oriente Medio, y sobre todo su cruel postura frente a la miseria migratoria centroamericana, habrían hecho de él -si hubiera gobernado sin contrapesos- una figura altamente conflictiva en el escenario internacional.

En ese sentido la ciudadanía norteamericana demostró poseer una alta cuota de sabiduría política. Ni un presidente sin poder (eso puede ser muy peligroso para un país como los EE UU) ni un presidente con todo el poder (más peligroso aún).

El poder político está hoy partido. Electoral e institucionalmente partido. O mejor dicho, re-partido. Y bien: precisamente, en esa permanente re-partición del poder, reside el secreto de la democracia representativa.

Polis

8 de noviembre 2018

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 1 min


La muerte horrible de efectivos militares por parte de la guerrilla colombiana y otros grupos armados, DESNUDA y muestra la ausencia del Estado venezolano y su existencia como Estado Fallido. Estado fallido incapaz de emplear el elemento militar para garantizar y preservar la seguridad, la territorialidad, la paz y la tranquilidad de la sociedad venezolana. La muerte además de desnudar a un estado incapaz prueba igualmente la carencia de un Concepto Estratégico de Estado, la inexistencia de la Secretaría Permanente de Seguridad y Defensa, pero además, acusa al Ministro de la Defensa por su irresponsabilidad profesional para enfrentar al enemigo. Un enemigo: las guerrillas instaladas en territorio venezolano desde hace por lo menos 18 años, que operan, producen, almacenan y distribuyen en Venezuela la violencia, la criminalidad y la droga como una zona de Alivio.

La muerte horrible de oficiales y tropas venezolanas deja claro la falta de una Estrategia Militar por parte del Estado Nación y el desconocimiento de los mandos militares para planificar y realizar una acción militar conjunta. Acción militar conjunta para contener a esa expresión de las Nuevas Guerras, que solo los detiene la maniobra, el fuego y la decisión de un estamento militar, reforzada por una Estrategia con un razonamiento estratégico con suficiente soporte logístico que imponga la autonomía y la libertad de acción. O sea, un estamento militar con capacidad, entrenamiento y moral para destruir al enemigo y resguardar con el empleo del instrumento militar a la sociedad, sus bienes y la soberanía del Estado venezolano.

El enemigo, los grupos guerrilleros y los grupos mafiosos de las Nuevas Guerras han tomado en Amazonas y Bolívar, la delantera y la iniciativa. Así maniobran, enganchan y destruyen, atacan a las unidades venezolanas generando un gran impacto psicológico después se retiran se pierden, ya que Venezuela no tiene quien la defienda. Es la indefensión de Venezuela que Padrino López no atina como explicar las muertes horribles y dolorosas de oficiales y tropas. Queda claro que Venezuela hoy está invadida incapacitada para demostrar que es un Estado soberano, por cuanto su elemento armado que acciona como Partido Político en Armas, no posee adiestramiento ni capacitación, ni entrenamiento ni mística ni moral… acusando al alto mando de una grave irresponsabilidad histórica, geopolítica y estratégica.

La muerte horrible de oficiales y tropas venezolanas se registra por la incompetencia del Ministro de la Defensa y los Comandantes de Fuerzas, torpes para planificar el adiestramiento, la capacitación y el empleo de la táctica operacional más y el reforzamiento de la mística y la moral del individuo de la unidad básica, fundamental y de la gran unidad de combate. Todas estas unidades tienen que estar listas para operar en acciones conjuntas, capaces de enganchar, cercar y destruir a los grupos de bandoleros y de guerrilleros, que hoy se desplazan en la geografía de Venezuela como si fueran “pueblos libres” o “pueblos disponibles”. Por eso hay muertes horribles de oficiales y tropas venezolanas.

Esas muertes horribles de oficiales y tropas venezolanas ya tienen un registro histórico que acusa a un poder político inepto, que conjuntamente con los mandos superiores sin sentido de la estrategia y de la compleja situación que crean las Nuevas Guerras en América latina, desviaron de manera torpe e irresponsable la doctrina del empleo del componente de tierra, mar y aire, reduciéndola a una grotesca funciones de cuerpo armado de vigilancia. La historia de manera inmancable le reclamara ahora, mañana y siempre que por lerdos aun siendo Diplomado de Estado mayor no tuvieron el coraje y el profesionalismo para oponerse a una conducta sibilina de un gabinete comunistoide que no sabe lo que significa la Defensa de la Patria.

La muerte horrible de oficiales y tropas venezolanas muestra como la geopolítica está vigente, presente y acusa a la combinación infausta de militares y civiles ignaros, que no pueden entender que la Estrategia es una ciencia de estudio y dominio obligatorio, por cuanto su dialéctica permitirá ejercer las reacciones y acciones para potenciar la seguridad del territorio, de los bienes y sobre todo de la paz social venezolana. El razonamiento estratégico está ausente en Venezuela y no hay intuición, ni se consideran los factores psicológicos, no hay capacidad para el análisis y mucho menos para la síntesis, lo que sí hay es descuido, irresponsabilidad individual y colectiva, que son las causas para que generan la muerte horrible de oficiales y tropas venezolanas, por las cuales deberá responder el Ministro de la Defensa y los Comandantes de Fuerza ante Dios, ante la patria y ante la historia.

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 06 de octubre de 2018

 3 min


Klaus Schwab

Después de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional aunó esfuerzos para construir un futuro compartido. Hoy en día, debe hacer esto de nuevo. Debido a la lenta y desigual recuperación durante la década tras la crisis financiera mundial, una parte sustancial de la sociedad se ha visto atrapada por la insatisfacción y la amargura; y, no sólo con respecto a la política y los políticos, sino también con relación a la globalización y todo el sistema económico que esta sustenta. En una época de inseguridad y frustración generalizadas, el populismo, se ha tornado como una opción cada vez más atractiva, como una alternativa al status quo.

Sin embargo, el discurso populista elude – y a menudo confunde – las distinciones sustantivas entre dos conceptos: globalización y globalismo. La globalización es un fenómeno impulsado por la tecnología y el movimiento de ideas, personas y bienes. El globalismo es una ideología que prioriza el orden global neoliberal sobre los intereses nacionales. Nadie puede negar que estamos viviendo en un mundo globalizado. No obstante, afirmar que todas nuestras políticas deberían ser “globalistas” es muy discutible.

Al fin y al cabo, este momento de crisis ha planteado preguntas importantes sobre nuestra arquitectura de gobernanza global. Teniendo en cuenta que cada vez más y más votantes exigen “recuperar el control” de las manos de las “fuerzas globales”, el desafío que se enfrenta es la restauración de la soberanía en un mundo que necesita de la cooperación entre partes. En lugar de cerrar las economías a través del proteccionismo y la política nacionalista, debemos forjar un nuevo pacto social entre los ciudadanos y sus líderes, para que todos se sientan lo suficientemente seguros dentro de su propio país como parar permanecer abiertos al mundo en general. Si esto falla, la continua desintegración de nuestro tejido social podría, en última instancia, provocar el colapso de la democracia.

Además, los desafíos asociados con la Cuarta Revolución Industrial (4IR) coinciden con el rápido surgimiento de restricciones ecológicas, el advenimiento de un orden internacional cada vez más multipolar y una creciente desigualdad. Estos sucesos integrados están marcando el comienzo de una nueva era de globalización. Si esta nueva era va a mejorar la condición humana dependerá de si la gobernanza corporativa, local, nacional e internacional se puede adaptar a estos sucesos, a tiempo.

De manera paralela, un nuevo marco para la cooperación público-privada global ha ido tomando forma. La cooperación público-privada consiste en aprovechar el sector privado y los mercados abiertos para impulsar el crecimiento económico para el bien público, teniendo siempre en cuenta la sostenibilidad ambiental y la inclusión social. Sin embargo, para determinar lo que comprende el bien público, primero debemos identificar las causas de la desigualdad.

Por ejemplo, si bien los mercados abiertos y la mayor competencia ciertamente producen ganadores y perdedores en el ámbito internacional, también pueden tener un efecto aún más pronunciado sobre la desigualdad a nivel nacional. Es más, la creciente brecha entre quienes forman parte del precariado y los privilegiados se está reforzando con los modelos de negocios de la Cuarta Revolución Industrial (4IR), que a menudo hacen que las ganancias sean para quienes son dueños del capital o de la propiedad intelectual.

Cerrar esa brecha requiere que reconozcamos que estamos viviendo en un nuevo tipo de economía impulsada por la innovación, y que se necesitan nuevas normas, estándares, políticas y convenios globales para salvaguardar la confianza del público. La nueva economía ya ha perturbado y recombinado innumerables industrias, y ha desplazado a millones de trabajadores. Esta nueva economía desmaterializa la producción a medida que aumenta la intensidad del conocimiento en la creación de valor. A su vez, también aumenta la competencia dentro de los mercados nacionales de productos, capitales y trabajo, así como entre los países que adoptan diferentes estrategias de comercio e inversión. Y, aviva la desconfianza, en especial con relación a las empresas de tecnología y la forma como estas administran nuestros datos.

El ritmo sin precedentes del cambio tecnológico significa que nuestros sistemas de salud, transporte, comunicación, producción, distribución y energía – sólo para nombrar unos pocos – se transformarán completamente. Gestionar ese cambio requerirá no sólo de nuevos marcos para la cooperación nacional y multinacional, sino también de un nuevo modelo de educación, complementado con programas específicos para enseñar nuevas habilidades a los trabajadores. Recurriendo a avances en robótica e inteligencia artificial en el contexto del envejecimiento de las sociedades, tendremos que pasar de una narrativa de producción y consumo a una de compartir y cuidar a las personas.

La globalización apenas ha comenzado; pero, ya estamos muy poco preparados para ella. Aferrarse a una mentalidad obsoleta y llevar a cabo pequeños ajustes a nuestros procesos e instituciones existentes, no será para nada suficiente. En cambio, debemos rediseñar estos procesos e instituciones desde cero, con el propósito de poder aprovechar las nuevas oportunidades que nos esperan, mientras paralelamente evitamos el tipo de perturbaciones que presenciamos hoy.

A medida que desarrollamos un nuevo abordaje para dirigirnos hacia la nueva economía, debemos recordar que no estamos jugando un juego de suma cero. Este no es un tema de dicotomías: libre comercio o proteccionismo, tecnología o empleos, inmigración o protección de los ciudadanos, crecimiento o igualdad. Todas esas dicotomías son falsas, y las podemos evitar desarrollando políticas que favorezcan la palabra “y”, haciendo que prevalezca sobre la “o”, permitiendo que se pueda ir tras la consecución de la totalidad de los mencionados intereses, de manera paralela.

Sin duda, los pesimistas argumentarán que las condiciones políticas se interponen en el camino de un diálogo global productivo sobre la Globalización 4.0 y la nueva economía. Pero, los realistas utilizarán el momento actual para explorar las brechas en el sistema actual e identificar los requisitos para un futuro abordaje. Y, los optimistas se aferrarán a la esperanza de que las partes interesadas con visión de futuro crearán una comunidad de intereses compartidos y, en última instancia, un propósito compartido.

Los cambios que están en curso hoy en día no son cambios aislados que afectan a un país, una industria o un problema en particular. Son cambios universales; y, por lo tanto, requieren de una respuesta global. La no adopción de un nuevo abordaje cooperativo sería una tragedia para la humanidad. Con el propósito de elaborar un plan para una arquitectura de gobernanza global compartida, tenemos que evitar quedarnos atascados en el momento actual de gestión de crisis.

Específicamente, esta tarea requerirá dos cosas de la comunidad internacional: un compromiso más amplio y una mayor imaginación. El compromiso de todas las partes interesadas en un diálogo sostenido será crucial, al igual que la imaginación para pensar de manera sistémica, y más allá de las propias consideraciones institucionales y nacionales cortoplacistas.

Estos serán los dos principios organizativos de la próxima Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos-Klosters, que se reunirá para considerar el tema “Globalización 4.0: Configuración de una arquitectura global en la era de la Cuarta Revolución Industrial”. Estemos listos o no, un nuevo mundo se nos viene encima.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

5 de noviembre 2018

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/globalization-4-0-by-klaus-...

 5 min


A pesar de que una gran parte de las personas piensan que ubicar a Trump en el espectro político es fácil no estoy de acuerdo. No es un simple populista de derechas. Trump NO es liberal, ni el sentido que se le da a la palabra en Estados Unidos, ni en el sentido clásico que le dio Adam Smith, NO es un defensor del capitalismo liberal, le gusta jugar con ventaja. Trump es un mercantilista al estilo Colbert, quien proponía “una fuerte intervención del Estado en la economía, coincidente con el desarrollo del absolutismo monárquico.”, en este caso, una fuerte intervención del Estado con desarrollo del poder presidencialista. Es un proteccionista. Además, grosero, dado a gobernar por arrebatos y acostumbrado a que otros asuman la responsabilidad de sus actos. (Si les recuerda a alguien cercano NO es casualidad…).

Su estilo agresivo logró importantes concesiones de México y Canadá en la negociación de un nuevo Tratado de Libre Comercio. Su fuerte apoyo a las políticas de Israel le ganó el apoyo del lobby judío en los Estados Unidos. Sus enormes ventas de armas a Arabia Saudí le granjearon fuerte apoyo del poderoso complejo militar-industrial, y explican su estrecha alianza con el gobierno saudí, su tibia reacción ante el asesinato del periodista Jamal Khashoggi y la fuerte ofensiva contra Irán, sempiterno enemigo de Arabia Saudí y de Israel.

Su política anti inmigración se ve reforzada con la aparición de la caravana de migrantes hondureños, salvadores y guatemaltecos, que aspiran ser recibidos de grado o fuerza en los Estados Unidos. Esto fortalece los lazos emocionales del presidente con sus electores, relacionados el racismo, el miedo a los inmigrantes y cierto deseo de aislacionismo siempre presente en la psiquis norteamericana, no es casual que el slogan “América First” provenga de 1939, con el Comité formado para impedir la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

En el plano económico la reforma fiscal promulgada en diciembre pasado prevé la repatriación de capitales que podría ascender a 2,6 billones de dólares, lo que representaría un poderoso impulso a la inversión en la economía local; el paro baja al 3,9% y los salarios suben un 2,7%; no son malas cifras. No es fácil determinar cuánto de este progreso económico se debe a medidas tomadas por Obama y cuánto se debe a Trump, pero este último lo aprovechará.

No todo es bueno: la política migratoria tiene apoyos pero también grandes enemigos; los anunciados recortes en beneficios sociales, la colocación de conservadores en la Corte Suprema, la anunciada eliminación del programa de salud pública extendida. La desregulación medio ambiental también presenta un lado oscuro al progreso económico, la fuerte sospecha de la trama rusa en su elección sigue causando problemas.

La irracional Guerra de Aranceles con China, coherente con su pensamiento mercantilista, pero contraproducente para la economía mundial, creando un riesgo de una nueva crisis generalizada; resulta irónico ver al presidente de los Estados Unidos defendiendo el proteccionismo y al presidente de la República Popular China defendiendo el libre comercio capitalista.

Ante todo esto el ex presidente Barak Obama salió de su retiro para liderar la ofensiva demócrata destinada a recuperar el control de la Cámara de Diputados y si es posible el Senado.

Yo, en lo personal, lo veo poco probable. Trump ha cumplido con SUS electores, ha mejorado la economía, y el tradicional individualismo norteamericano le inquieta poco el medio ambiente, la economía mundial, los derechos humanos en el Medio Oriente, solo le interesa “América First”; por esos motivos pienso que Trump va a salir fortalecido de esta elección de medio término. Quizás me equivoque, esta noche lo sabremos.

martes 06 de noviembre de 2018

Plinio Press plinio_press@hotmail.com

 2 min


Los políticos, con algunas excepciones, nos engañaron. Basta comparar las promesas con los resultados de los mandatos de Luis Herrera, Carlos Andrés, Lusinchi y Caldera, para comprobar que nos pusieron los cuernos. Fueron respetuosos de la Constitución y obtuvieron logros importantes, pero no suficientes para satisfacer las expectativas de la población y dieron pie a que surgiera un populista. No se opusieron al sobreseimiento de Chávez. Cometieron mil torpezas antes de lanzar a Salas Romer. Le sirvieron la mesa al teniente coronel.

Gradualmente cedieron terreno a los rojos. Inicialmente los demócratas tenían mayoría en el Congreso y los otros Poderes del Estado no estaban en manos de malandros. Sin embargo, permitieron la convocatoria a la ilegal Asamblea Constituyente de 1999, aceptaron que se eligiera con un quino tramposo y que se disolviera el Congreso. Dieron la puntilla al apoyar al golpista Arias Cárdenas.

Una vez que nos pusieron los cuernos, se dedicaron a vilipendiar a la sociedad civil tildándola de generadora de la antipolítica, satanizando lo realizado en el 2002. La huelga de abril de ese año tuvo el efecto de obligar a Chávez a renunciar a raíz de la masacre que propició el día 11. Como tuvo éxito, todos aplaudieron. Cuando los militares lo regresaron a Miraflores, esos políticos le atribuyeron toda la culpa a Pedro Carmona. No se percataron que, al no darle apoyo al gobierno de facto, favorecieron el regreso del nefasto comandante. Desde luego también hubo otros factores.

Cuando un grupo de militares se pronunció cívicamente en Altamira, los políticos los visitaron y establecieron templetes. Como no tuvo éxito, esos mismos políticos tildaron el hecho como una locura. La huelga de diciembre del 2002, contó con el visto bueno de los políticos pero como no logró el principal objetivo, descalificaron a Carlos Ortega, a Carlos Fernándes, a los trabajadores petroleros y en general a la sociedad civil. Todos los partidos apoyaron la abstención en las parlamentarias del 2005, pero después la tildaron de antipolítica. Curiosamente, años después volvieron a la estrategia de la abstención.

Cuando en el 2014 y 2017, María Corina, Leopoldo López y Antonio Ledezma llamaron a protestar en las calles, muchos políticos criticaron esas gestas por los asesinados, los encarcelados y torturados, sin considerar el derecho a protestar y que la brutalidad de la represión fue responsabilidad de la dictadura.

He defendido a nuestros dirigentes, pero frecuentemente nos pusieron los cuernos y encima quieren apalearnos con descalificaciones. Lo más grave es que articulistas sensatos, académicos, gremios profesionales y ciudadanos en general han instado a los líderes de los partidos a que presenten un plan, que seleccionen el vocero principal, que no se descalifiquen, que no digan un día que hay que votar y al siguiente que es necesario abstenerse, que no tengan temor en apoyar las sanciones en contra del régimen, que entiendan que están llamados a ser parte de la solución, pero son percibidos como parte del problema. Ojalá se reivindiquen porque son necesarios y queremos seguir apoyándolos.

Como afirman los psicólogos Robert Baron y Donn Bryne, para que alguien decida ayudar a otros que están en dificultades se requiere percatarse de la emergencia, no eludir la responsabilidad de ayudar pensando que le corresponde a otros, conocer lo que es necesario realizar y tomar la decisión de ayudar. En este punto, “puede influir el miedo a las consecuencias de la ayuda ”. Creemos que han demostrado que no tienen miedo ¿Será por pensar que el régimen se cae solo o que alguien del exterior nos hará la tarea? No pensamos que sean tan ingenuos.

¿Será que cada uno percibe su debilidad y prefiere que la situación siga como está? Al respecto recuerdo lo que me narró Luis Pérez-Segnini, quien estuvo un tiempo en nuestra embajada en el Líbano durante la guerra civil: “no se lograba la paz a pesar de que todos habían perdido algo, pero temían que con el cese de la guerra podrían perder aún más”. Que cada quien identifique la causa, pero lo cierto es que todos estamos cansados de ser cornudos y encima apaleados, y no es un cuento como el de Boccaccio.

Como (había) en botica:

¿Hasta cuándo nuestra Fuerza Armada va a permitir que el apoyo y tolerancia del régimen a la guerrilla colombiana ocasione bajas en nuestros soldados? Mientras los medios aseguran fue el ELN, el alcahueta Padrino lo achaca a paramilitares.

Solidaridad con Andrés Velásquez y Américo De Grazia.

Teodoro Petkoff fue intelectualmente honesto. Reconoció sus errores. Valiente, no por haber tomado las armas, sino por enfrentar al monstruo que fue la Unión Soviética y el comunismo. Durante la huelga desencadenada por los petroleros en abril 2002, escribió: “Por primera vez en la historia del país se produce una movilización laboral en la que no solo no media ninguna reivindicación material, sino que se arriesgan estos en nombre de algo tan abstracto como los principios y valores. Esto, sin embargo, es lo que les da una tremenda fuerza moral”. Descanse en paz.

Igualmente lamentamos el fallecimiento del ingeniero agrónomo Pedro L. Urriola y de nuestro compañero el ingeniero Domingo Orta.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Ignacio Morgado Bernal

La expresión “inteligencia emocional” está incluida hoy en el léxico de muchos, tanto de la gente corriente como de los intelectuales o los famosos. Hasta los ministros la usan en sus comentarios y advertencias. Pero no todo el mundo se refiere a lo mismo cuando utiliza esa expresión. Para algunos la inteligencia emocional es algo así como una especie de inteligencia más avanzada que la clásica, es decir, que la inteligencia analítica, la que miden los test que acaban dando un resultado en forma de coeficiente numérico. Hay también quien se refieren a la inteligencia emocional en negativo, como una incapacidad para controlar las emociones: “Se comporta como si no tuviera inteligencia emocional”. No faltan tampoco quienes creen que es un nuevo tipo de inteligencia recientemente inventada, pues, a fin de cuentas, el concepto de inteligencia no es absoluto, como lo son la talla o el peso de una persona, pues siempre depende del criterio del observador. Otros, por fin, ni siquiera sabemos a qué se refieren cuando hablan de ese tipo de inteligencia. Quizá por todo ello vale la pena intentar aclarar el concepto.

Hace algunos años que la popular revista anglosajona Time convirtió la portada de uno de sus números en una pregunta escrita con grandes caracteres y dirigida al gran público “¿Cuál es su coeficiente de inteligencia emocional?”. Ella misma, en caracteres mucho menores respondía: “No es su coeficiente de inteligencia. Ni siquiera es un número. Pero la inteligencia emocional puede ser el mejor predictor de éxito en la vida, redefiniendo lo que significa ser listo”. Eran los tiempos en que el periodista Daniel Goleman había publicado su conocida y exitosa obra Inteligencia Emocional, haciendo creer a muchos que él había creado o descubierto ese (nuevo) tipo de inteligencia.

El concepto ha servido también para que muchos osaran desafiar a la evolución biológica del cerebro y las capacidades mentales anteponiendo la emoción a la razón, dándole primacía a la primera. Ciertamente, las emociones cambiaron el cerebro de los mamíferos hace ya más de 200 millones de años y perpetuaron una poderosa influencia de ellas que sigue viva en nuestra especie y nuestros días. Pero hace muchos menos años, aunque no pocos, unos 60 millones, el cerebro de los primates desarrolló el neocortex, la corteza cerebral moderna, un cúmulo de neuronas altamente organizadas y capaces de dominar al resto del cerebro. Ese desarrollo le confirió, aunque no siempre lo notemos, primacía a la razón, es decir, capacidad para dominar a los sentimientos.

Lo hizo de una manera muy especial, que tampoco solemos notar. Cual fabuloso y perspicaz sujeto, la razón se propuso dominar a la emoción utilizando sus propias armas: una emoción solo la quita otra emoción, otra emoción que sea más fuerte y poderosa y/o incompatible con la que se quiere eliminar. Cualquier persona que haya sufrido una crisis sentimental, como la de ser abandonada por su pareja, sabe muy bien que la mejor forma de superar esa crisis consiste no tanto en infravalorar la pérdida como en suscitar un nuevo romance. Y para eso, para suscitar emociones incompatibles con las indeseables, es para lo que sirve la razón. Bien utilizada, la razón siempre será más poderosa que las emociones. Ambas, razón y emoción, forman parte del sistema funcional que es la mente humana. Van juntas y se necesitan mutuamente. Inteligencia emocional es la capacidad de gestionar las emociones utilizando la razón. Las emociones son el imprescindible ejército que continuamente moviliza la razón.

Quien antes y mejor lo supo no fue el periodista Daniel Goleman, ni tampoco los psicólogos John Mayer y Peter Salovey, de la Universidad estadounidense de Yale, modernos estudiosos del concepto. Fue el emperador romano Marco Aurelio (121-180 dC), apodado el sabio y verdadero padre de la inteligencia emocional. En su imperecedera obra Meditaciones, excelente tratado de inteligencia emocional, incluye la frase que todas las facultades de Psicología deberían esculpir con martillo y cincel sobre el mármol de su fachada: “La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella”.

Nadie ha captado mejor que este genial filósofo de la antigua Roma la esencia evolutiva de la mente humana, la capacidad del razonamiento para modificar las emociones, el modo de ver la cosas, aunque las cosas mismas no podamos cambiarlas. Esa capacidad, insiste Marco Aurelio, siempre está a nuestro alcance para facilitarnos la vida. Utilizando la neocorteza podemos hacer que encajen entre ellos nuestros razonamientos, nuestras emociones y nuestro comportamiento. Ese encaje es la verdadera esencia de la inteligencia emocional, una capacidad mental tan antigua como el propio Homo sapiens sapiens.

Pero quien no desee retrotraerse a tan lejanos tiempos, aún le queda la posibilidad de educar su inteligencia emocional siguiendo los pasos del autor clásico español más leído y traducido después de Cervantes, el jesuita Baltasar Gracián (1601-1658). Su obra El arte de la prudencia, publicada en 1647 y traducida a múltiples lenguas, a veces en bellos formatos de papel biblia y cinta de referencia, es uno de los mejores tratados de inteligencia emocional que hoy día pueden leerse. Como explicó este mismo diario el 16 de diciembre de 1993, su autor nunca pudo imaginar que de una de sus traducciones en EE UU en 1992 se venderían más de 100.000 ejemplares. Asimismo, y respondiendo a una encuesta de The New York Times, la escritora Gail Godwin recomendó su lectura a los políticos aspirantes a las elecciones presidenciales de aquel país. Aquí, en nuestro país, tampoco nos vendría mal hoy el mismo consejo.

5 de noviembre de 2018

El País

https://elpais.com/elpais/2018/10/24/ciencia/1540372846_255478.htm

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