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Opinión

Pedro Vicente Castro Guillen

Esta frase la solía repetir Teodoro Petkof que la tomó de Franklin Delano Roosevelt y, creemos que esta frase retrata buena parte de la experiencia vital de este gran venezolano. Hombre inquieto que se incorporó a la política en 1949 en las filas del Partido Comunista de Venezuela (PCV), siendo uno de sus dirigentes jóvenes en la lucha contra la Dictadura de Pérez Jiménez. Esta insignia significante lo representa como una persona de gran agilidad intelectual, firme en la lucha, pero crítico y alerta, lo que siempre lo llevo a rechazar los dogmatismos mineralizados propios de la época que le toco vivir.

Durante la lucha guerrillera que comenzó en los años sesenta se incorporó a esa lucha, pero no tardó mucho en entender que ese era un camino a la nada y se convirtió en un crítico de este proceso entre otras cosas porque el PCV, aunque estalinista no le fue incondicional a Fidel Castro. Lo que abrió un espacio para la disidencia que se convirtió muy pronto en 1968 con la invasión soviética a Checoslovaquia en una rajadura por donde fluiría una crítica de corte. Teodoro expandió su pensamiento crítico que buscó la formulación de una vía emancipadora por la vía democrática y la construcción un nuevo instrumento que fundo en 1971 el Movimiento al Socialismo (MAS); que llego a representar una innovación de alta consideración al legitimar la lucha de tendencias en el seno de la organización. Una ruptura con el centralismo democrático que había sido lo normal en muchos partidos de origen marxista y que fue adoptado por AD.

Su libro “Checoeslovaquia el socialismo como problema” le proporciono un reconocimiento de autenticidad como pensador y político cuando fue calificado como traidor por Leónidas Brezhnev el Secretario General del PCUS. No se podían ostentar mayores credenciales de anti-dogmatismo y capacidad para cambiar que este galardón proporcionado por una de las figuras más poderosas del mundo. Teodoro mostró un inmenso valor en un momento en que abandonar el comunismo traía inmensos costos personales y políticos y los corrió sin titubeos.

Este talante personal que lo llevo siempre de la crítica a la acción lo convirtió en el inaugurador de una nueva tendencia política mundial, la del socialismo democrático, la que luego se haría una tendencia intelectual y política asumida por políticos que rompían con el comunismo en España e Italia donde se cuentan hombres de la talla de Santiago Carrillo y que se popularizó como el Euro-comunismo. Teodoro fue un anticipador y un teórico de esta nueva tendencia que no rompía con el marxismo sino con el estalinismo que fue el extravío protervo de la izquierda mundial.

Teodoro fue el inspirador en nuestro país de un potente movimiento cultural, intelectual, político que tuvo un impacto más allá de su propia organización y que se proyectó sobre las universidades, el teatro, el periodismo entre otros espacios. Él mismo fue un gran polemista, escritor, editor y articulista de fina y cortante pluma donde no hizo concesiones al oportunismo de ocasión.

Fue una de las figuras que se opuso a Hugo Chávez Frías y se retiró del MAS cuando su dirigencia de turno decidió apoyar al golpista, su frase en ese momento fue: “los espero en la bajadita”. Fue una figura que orientó con gran vigor la lucha contra lo que se veía iba a terminar en dictadura. Ayudo a encaminar a la oposición por el camino de la lucha democrática cuando en 2006 declina su candidatura para darle paso a que Manuel Rosales enfrentará en las elecciones a Chávez después del desastroso revés autoinflingido en la abstención opositora en las elecciones legislativas del 2005. El camino democrático desde ese momento hasta ahora permitió amasar un potente capital político que ha permitido enfrentar a la dictadura chavo-madurista.

Vaya para sus familiares y amigos mi más profundo reconocimiento a este gran venezolano QEPD.

@pedrovcastrog

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Edgar Benarroch

El gobierno es un ente suficientemente bien informado, él está enterado perfectamente sobre la situación nacional y lo que la gente siente y piensa, por ello sabe del inmenso rechazó que su gestión tiene, que en muchos casos se transforma en aborrecimiento y repulsión. La sala situacional informa al régimen que su techo electoral oscila entre el 15 y 20% en el mejor de los casos. En ese porcentaje están quienes extrañamente creen en el modelo y quienes ceden ante amenazas, coacción y son constreñidos, siempre controlados con mecanismos deplorables y también se suman los llamados "enchufados" que les interesa solo su ego sin contemplar para nada el Bien Común y el quehacer colectivo. Sintiéndose pues en la dificultad o imposibilidad de crecer por vías ortodoxas (así lo informa la matriz de opinión), sin calor popular y sin respaldo, optaron por afectar negativamente la alternativa (divide y vencerás), fracturar, dividir, confundir y penetrar la mente con mecanismos psicológicamente bien estudiados, de la oposición. En ese proceso de afección a la vista y hasta ahora parece han sido eficaces.

Me alarmo cuando escucho gente de oposición, tanto los más enterados como los menos, creyendo y siendo transmisores de las consejas del gobierno: Nos descalificamos entre nosotros dando por buenas opiniones salidas del macabro laboratorio gubernamental, afirmamos que el voto no solamente es controlable si no que es susceptible de cambio, creemos que al gobierno no es posible sustituirlo en comicios democráticos y en el peor de los casos encontramos a quienes sostienen que este régimen no es derrotable por nosotros y necesitamos la intervención extranjera para quitárnoslo de encima. Todo ello son elaboraciones del laboratorio multidisciplinario y de variadas nacionalidades que trabaja las 24 horas de todos los días para maltratar nuestra estima y perder entusiasmo, para dividirnos.

El régimen pretende ser gigante en un país de enanos, así lo piensan y por ello luchan, con toda la carga ofensiva que ello conlleva a nuestro pueblo. El gigantismo del enano, el que desea estar arriba sin crecer él y su trabajo es hacer enanos a los demás.

He sostenido reiteradamente que el voto no es controlable, menos cambiable, por muy comprometidos que estén con el régimen la mayoría de los rectores del CNE. Si estamos presente en la totalidad del acto de votación, desde su inicio hasta su conclusión definitiva no es posible que nos acuñen votos indebidos. Por ello nuestros representantes en ese acto deben ser gente probada, de mucha convicción y entrega, con el convencimiento que en su representación se está jugando el destino de la Patria, el de su familia y el suyo propio.

Recordemos que quienes manejan el gobierno lo entienden como un fin. Lo han alcanzado y nunca piensan dejarlo y para ello se valen de cualquier medio. Como por las buenas no es posible recurren a las peores atrocidades. Estamos en presencia de gente de muy poco o ningún escrúpulo y como de la obscuridad no se sale con más obscuridad, debemos enfrentarla con luz y mientras mayor sea la luz más rápido se extinguen las tinieblas. No debemos descender al fango enchiquerado donde quiere el gobierno plantear la lucha. Ante la precaria o ausencia ética de régimen debemos combatir con principios y valores, por eso somos diferentes. Si nos ponemos de acuerdo, la oposición, la montaña de votos que sacaremos no podrá ser desconocida por ninguna instancia ni por nadie.

Ante la funesta pretensión del régimen de empequeñecernos, debemos inflar cuanto más nuestro espíritu y voluntad. Llegó la hora de apostar el resto, de entregarnos completo a la lucha por el cambio, negarnos, ser indiferentes o privilegiar causas subalternas sería estar de espalda a la historia y a la Patria, las generaciones venideras jamás lo perdonarían.

Además de nuestras incomprensibles diferencias creo que las consejas del gobierno han surtido efecto en la mente de algunos. A ellos debemos llegarle para sacarlos de su obnubilación y convencerlos que con UNIDAD Y ORGANIZACIÓN le daremos a la Patria un presente y destino mejor.

UNIDAD Y ORGANIZACIÓN para salir de este gobierno y UNIDAD Y ORGANIZACIÓN para la ardua pero apasionante tarea de la recuperación y reconstrucción nacional. Tenemos el insoslayable deber de entregarle a nuestros hijos y nietos una Venezuela distinta donde puedan desenvolverse en libertad, justicia, progreso, convivencia y ciudadanía.

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Alrededor de los libros

A Teodoro Petkoff, In Memoriam

Tratamos, pero no siempre podemos entender. Nos vamos de este mundo sin saber muchas cosas y así debe ser porque estamos hechos a la medida humana y no a la divina. Ese es el profundo sentido teológico del llamado pecado original: “la falta”, la ausencia de Dios con la que llegamos al mundo. Pero a la vez, si Dios es la Verdad, la vida encierra la posibilidad de acercarnos a su presencia a través del pensamiento, aún sabiendo que nunca la encontraremos. Hundidos en la oscura noche de la incertidumbre, vivir supone buscar la luz, en el más exacto sentido del cavernícola platónico. Fue ese el impulso que, después de muchos años me llevó a sacar del estante la gran novela escrita por Louis - Ferdinand Céline, Viaje Hacia el Fondo de la Noche (1932). Quería entender algo durante esa noche.

No a la novela, esta se deja leer de modo fácil, aún sin conocer la jerga del bajo pueblo francés a la que recurre con frecuencia Céline. El argumento, el sentido y hasta la lógica del libro se entienden sin necesidad de leer nada dos veces. Lo que no he podido entender es lo que no ha entendido nadie de los que se ocuparon alguna vez de Céline. ¿Cómo un hombre tan brillante, uno que escribía de un modo tan intenso, pudo descender hasta llegar al último escalón de la abyección que es el racismo (antisemitismo) razón que lo llevó incluso a ser un colaborador francés de los nazis?

Con toda justicia Ferdinand Céline fue condenado a muerte por lo que había sido: un criminal de guerra. Logró escapar a Dinamarca y después, acogido a la ley de amnistía general de 1950, pudo volver a Francia a ejercer su profesión de médico en los barrios pobres de París.

Ciertamente, Céline siempre sintió atracción por conocer la vida de la gente pobre. Su Viaje está llena de pobres y pobreza. Pero ese interés no tiene nada que ver con el espíritu denunciador de un Emile Zola, por ejemplo. Los pobres son para Céline la materia literaria que le permite acceder al corazón egoísta del ser. Uno de los tantos medios que le sirven para viajar a lo largo de su noche, ya sea en la guerra del catorce, en tugurios africanos, en las calles pobres de New York, en los barrios marginales de Rancy. La pobreza material solo le interesaba como una condición para conocer a los pobres de espíritu, a los que no tienen medios para ocultarse detrás de vestidos, modales y morales. O como el mismo dictaminó: “El ser humano no es noble. Nadie lo debe tomar a mal”. Y a eso vamos: la fascinación que ha ejercido y sigue ejerciendo la obra de Céline, tiene que ver con la miseria del alma humana. Entendemos entonces por qué casi no existe un autor de nuestro tiempo que no haya rendido pleitesía a la literatura de Céline.

Seguramente no es el mejor escritor de los últimos dos mil años como dijo el pantagruélico Charles Bukowski, pero sí un escritor salvaje – así lo definió Thomas Mann- vale decir, uno que escribe sin contemplaciones moralistas ni estéticas. Incluso, un gran escritor judío, lleno de nobleza, Philip Roth, no pudo menos que rendirse frente al talento literario de Ferdinand Céline. Escribió Roth: “Mi Proust en Francia es Céline. El es verdaderamente un gran escritor. Aún cuando su anti-semitismo hace de él una persona repugnante e insoportable. Para leerlo hube de desconectarme de mi conciencia judía. Lo pude hacer: el antisemitismo no está en el centro de su novela. Céline es un gran liberador”.

¿Céline, un gran liberador como escritor y un detestable antisemita como ciudadano? Roth solo lo constata. No intentó, quizás tampoco pudo o quiso hacerlo. Al fin y al cabo la historia del arte está colmada de genios que fuera de su arte son unos desalmados. El problema es que Céline no fue músico ni pintor, ni siquiera poeta. Céline fue un escritor que trabajaba sus novelas con argumentos, ideas, e incluso -como todos los grandes novelistas- con tesis filosóficas envueltas en papel literario. Y en todas las líneas de el Viaje no encontramos un atisbo de antisemitismo. Hay dos respuestas posibles: Una: Céline perseguía el éxito y como tal no le convenía aparecer como antisemita en su gran novela. Respuesta muy débil pues todo el mundo conocía a Céline más como antisemita que como escritor. Otra: Céline, cuando escribía el Viaje, no “necesitaba” ser antisemita. ¿El antisemitismo como necesidad extra-literaria? Parece absurdo, pero puede que no lo sea tanto. Pensemos:

Nadie llega al mundo como racista o fascista. Ni como ateo o religioso. Ni como nada. Nos vamos haciendo en las circunstancias que atraviesa cada vida donde realizando “adquisiciones” nos definimos frente a los demás y en nosotros. Idea que comenzó a aparecer releyendo algunas líneas por mí subrayadas, hace ya muchos años, en el Viaje. Un párrafo dice: “La verdad de esta vida es la muerte. Uno debe decidir entre morir y mentir. Yo nunca me he podido suicidar”. Y al margen yo mismo había escrito “Camus”.

Evidentemente: el párrafo parecía ser la anunciación de una famosa tesis de Albert Camus: “el problema de la filosofía es por qué no nos suicidamos”. Eso significa, el personaje de Celine, Ferdinand Bardamur, vive la vida desde la perspectiva de su finitud. O desde su propia agonía espiritual. Ahí precisamente yace el concepto de “lo absurdo” en Camus: en ese afán de conferir un valor absoluto a una vida radicalmente efímera. Ferdinand Bardamur, héroe negativo de Ferdinand Céline, era plenamente consciente de ese absurdo. Por eso, justo cuando releía las frases por mí subrayadas, me di cuenta de algo que antes no había percibido: El Viaje de Céline es en cierto modo una suerte de reproducción ampliada de El Extranjero de Camus. Como el héroe camusiano, vive la vida desde una dimensión agónica. Ahí reside quizás el secreto que explica la atracción que todavía ejerce el Viaje hacia el Fondo de la Noche.

Bardamur es un ser que va voluntariamente a la guerra sin sentir odio por el enemigo ni amor por su patria. Bardamur tiene contactos personales, amigos y amores, pero a sus amigos no los estima y a sus amores no los ama. El está ahí, viviendo, pero como simple observador, como si todo lo que acontece a su alrededor no le importara, lejano y ajeno frente a lo que sucede. Bardamur no ama ni odia a nadie ni a nada. Mientras Ferdinand escribe sobre Ferdinand, ambos comparten una agonía que sostiene sus vidas. ¿Y que tiene que ver todo eso con el racismo antisemita y el desprecio a su propia patria invadida por los nazis? -se preguntará el estimado lector-.

Gracias a Freud sabemos -siempre hay que recurrir a Freud- que en cada ser anidan dos pulsiones: la de la vida y la de la muerte, la de Eros y la de Thanatos (Más allá del Principio del Placer) Ambas se encuentran en lucha permanente al interior de nuestras almas. A veces vence una, a veces otra. Cada una espera su turno. Hay casos, sim embargo, en los cuales, en determinados seres, el principio de la muerte logra establecer su hegemonía por sobre el de la vida, o para decirlo en términos que parecen ser más heideggerianos que freudianos, el no-ser subordina al ser dentro del propio ser. En esos seres la muerte se instala en el alma (Sartre). Pero la pulsión de la muerte no lleva a la muerte sino a un vacío de ser (Ratzinger nos hablaba de un “vacío de Dios”). Y ese vacío de ser -volvamos a Freud– nos produce miedo, horror, terror: Es lo “Unheimlich”, lo siniestro, la nada, la oscuridad total; es el fin de la noche: es nuestra propia muerte.

Para protegernos del miedo a la nada, a esa náusea provocada por nuestro propio vacío, nos apoyamos en determinados objetos. Según Freud esos objetos pueden ser de amor u odio. Cuando nos odiamos buscamos nuestra salvación en un odio re-objetivizado. En la prueba fóbica clínicamente certificada que da el analista al paciente. Pues no hay fobias sin un odio preliminar y no hay odio sin ese terror infinito que de pronto nos embarga frente a la presencia implacable de la muerte, muerte que no solo nos espera sino, además, “vive” dentro de cada uno de nosotros. Como en los dos Ferdinand: Céline y Bardamur, la muerte es un “fantasma hegemónico” (Reiner Schurmann) No por casualidad ambos fueron médicos. Un médico es un observador de la muerte.

¿Y el antisemitismo? El antisemitismo es la fobia personal que ofreció la época de Céline a Céline. Pues, aunque solo lo enunció levemente Freud en su El Malestar en la Cultura, cada tiempo produce sus propios miedos-odios-fobias. En ese sentido, el término “mal de época” dista de ser errado. Las culturas, en tanto están formadas por seres humanos, cultivan, amplían y reproducen sus fobias. Podríamos hablar de patologías históricas.

El racismo, vale decir el odio a los otros, es sin duda una patología histórica que logra establecer cada cierto tiempo su hegemonía. Eso quiere decir que sin un mínimo de conocimientos psicológicos jamás podremos entender al espíritu que reina en cada tiempo. Y de acuerdo al mercado de las fobias de su tiempo, Céline adquirió la enfermedad del racismo en una de sus formas más deleznables: el antisemitismo. Nunca lo abandonó. Su correspondencia privada, publicada en 2009, prueba que en Céline el antisemitismo era su enfermedad y al mismo tiempo su droga. En nuestros días Céline habría sido xenófobo, homofóbico, misógino. Y quien sabe cuanto más.

Queda por responder a la pregunta: ¿Y por qué en su novela magna Céline no aparece como antisemita? Quizás hay una explicación: cuando Céline la escribía, enfrentaba directamente a la muerte, la miraba a sus ojos. No necesitaba por lo tanto de objetos sustitutivos. En cierto modo, esa es mi impresión, como en tantos escritores, escribir era la terapia de Céline. Por lo demás, no pocos grandes escritores lo han dicho: “Si yo no hubiera escrito, me habría vuelto loco”. Y así sucedía con Céline: dejaba de escribir y volvía a su locura, es decir, a sus miedos, a sus fobias, a entregarse por completo a la potestad de la muerte. O de su noche. Pocas veces una novela ha llevado consigo un título tan apropiado como Viaje hacia el Fondo de la Noche. Trata, efectivamente, del viaje de Ferdinad Bardamur y de la noche de Ferdinand Céline.

Puede entonces que no haya sido casualidad cuando entre tantos libros decidí hojear Viaje hacia el fondo de la Noche. ¿Será porque en estos momentos yo también veo avanzar la noche? Creo que así es. Veo a esa noche en movimientos que proclaman el odio al prójimo, la veo en gobernantes y presidentes que sin pudor emiten expresiones homofóbicas, la veo en la ostentación pública de la brutalidad, de la ignorancia y del odio. Y sobre todo la veo en esas muchedumbres que con gritos destemplados aclaman nuevamente a ídolos con pies de barro, tal como sucedió durante la vida y época de Louis-Ferdinand Céline. Quisiera equivocarme.

1 de noviembre 2018

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2018/11/fernando-mires-viaje-hacia-el-f...

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Carlos Raúl Hernández

Cada vez que triunfa una de esas pesadillas como Jair Bolsonaro, queda la esperanza de que finalmente se imponga la racionalidad y las instituciones frenen esas bestias apocalípticas con la manía de destruir una parte de la sociedad para “adecentarla” o favorecer a otra. Este stand-by sicológico es humano, comprensible y a veces resulta. Con Chávez quienes confiaban que tuviera su epifanía, vivieron la realidad. Pepe Mujica, al contrario, pese a haber sido jefe tupamaro y preso político víctima de torturas, hizo un gobierno democrático y de apertura económica, cuyos beneficios aun no terminan. El caso de Lula es contrario.

Realizó una gestión correcta desde los puntos de vista democrático y de política económica, mientras edificaba un Estado paralelo de corrupción como pocos, cosa que, por cierto, nada influyó en los resultados del domingo pasado. Era previsible, sin embargo, que la destitución de Rousseff se tradujera en algún cisne negro. Con el apoyo de notorios exponentes de la cultura, generalmente ciegos en política, López Obrador es una tensa expectativa, pero quienes sí ven piensan que es una amenaza.

Escribió Isaiah Berlin que cuando un pistolero poderoso y decidido se planta frente a las instituciones democráticas, a éstas les tiemblan las piernas y tienden a incumplir su misión de bloquearlo, reducirlo y defenderlas. A Chávez lo coronaron entre el Presidente de la República que lo precedió, la presidenta de la Corte de Justicia y los jefes de las instituciones y organizaciones sociales encargadas de neutralizarlo. El triunfo de Bolsonaro revela las taras del análisis político de peluquería que, casi sin excepción, lo atribuye a la reacción contra las taras del sistema, la crisis de los partidos, las fallas del liderazgo y bla bla.

Lugar común, lugar de todos

Enumeran la corrupción, la ineficacia, la miseria y demás lugares comunes que sirven para todo. Pero contra esta retahíla de naderías políticamente correctas, como se sabe, casi todos los estudios de opinión decían que Lula, el fundador de la corrupción sistémica en Brasil, patriarca de Odebrecht, líder de un partido tradicional, barrería con apoyo masivo si no lo impedía el Poder Judicial. A las mayorías esos pecados no les molestaban demasiado y deseaban votar específicamente por ellos, lo que deberían reflexionar los análisis tapa amarilla en los que el pueblo es el verdugo republicano par excellance a nombre de la moral pública.

Las posibilidades de Fernando Haddad no eran brillantes. Para adular a su jefe, dijo que con el apoyo de Lula ganaría “hasta un poste”, lo que ayuda a comprender por qué su gestión en la alcaldía de Río de Janeiro fue gris. Sin embargo, el PT obtuvo la altísima votación de 45%. Parte del país quería votar por el gran corrupto carismático y benefactor. Como no lo tuvo sino a una especie de nulidad, escogen el punisher que suena como potencial nuevo repartidor, el antisistema que demostró repetidamente su carisma electo muchas veces como diputado y que en 2014, fue el candidato que recibió en Río la mayor votación al Parlamento.

Un underdog como Haddad no tenía vida entre las figuras tan fuertes de Lula y Bolsonaro, quien como López Obrador, tiene por delante ejecutar o no los programas con los que ganaron. Ambos son amenazas populistas, de izquierda o de derecha lo mismo da, que pueden o no materializarse. Que dos países gigantes de Latinoamérica estén a un paso de lo que vivió Venezuela, tiene que mantenernos en ascuas. Si Bolsonaro intenta llevar adelante sus prejuicios racistas y sus políticas del siglo XIX contra las mujeres, los homosexuales y otras minorías, iniciará la desestabilización.

El otro es López Obrador Igual que si López Obrador pretende avanzar con sus odios contra las clases medias proyankis, los blancos, el Acuerdo de Libre Comercio con EEUU, la modernización, los riquitos, las empresas privadas y todo lo que ha construido la prosperidad de México. Estamos en la era Trump y por lo tanto la extravagancia, la irracionalidad, la inmoderación, tienen papeles de identidad en el mundo. Vargas Llosa dijo recientemente que era el problema de tener un presidente tercermundista en Estados Unidos.

Hillary le dio una paliza electoral, con casi tres millones de votos por arriba, pero por razones técnicas él está en la presidencia. El único estadista europeo occidental es la señora Merkel, mientras los líderes en España se debaten entre quién es el más fiel plagiario o el mejor agente de una amenaza revolucionaria. Rajoy se sumergió en el anonimato y Felipe mejor si hiciera lo mismo. Un grupo de países latinoamericanos se involucró en Venezuela con el fin de ayudarla a recuperar la democracia y sacar a Maduro, asesorados por algunos dementes, y su efecto fue contrario.

Contribuyeron a desvalorizar el voto ante la ciudadanía y sumergieron a Venezuela en una laguna Estigia, sin esperanza democrática visible, con una oposición malherida. No existe ni vale la pena que exista unidad ni niño muerto, ni puente ni túnel, que pasen por otro lugar que no sea la estrategia democrática, constitucional, pacífica, negociada, cuyo centro sea la recuperación del voto y reconstruir los partidos políticos. Hablar de unidad fuera de eso, nos tiende a ubicar entre los parámetros conceptuales de esa categoría analítica divulgada por Norkys Batista.

@CarlosRaulHer

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Gerardo Lissardy

Acertijo: ¿qué exparacaidista del Ejército fue electo presidente de un país sudamericano, en medio de una ira generalizada con la clase política, la corrupción, la postración económica y el crimen?

Respuesta correcta: Jair Bolsonaro en Brasil, 2018.

Respuesta también correcta: Hugo Chávez en Venezuela, 1998.

Pese a todas las diferencias entre Bolsonaro y Chávez, a menudo ubicados en las antípodas ideológicas, el ascenso de ambos al poder guarda llamativas semejanzas.

Bolsonaro ganó el balotaje del domingo con un discurso de extrema derecha que incluyó fuertes críticas a la Venezuela socialista del fallecido Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro,

Pero en el pasado Bolsonaro llegó a elogiar a Chávez y, al igual que él, aprovechó en su campaña la animosidad con el establishment, con llamados a salvar la nación y exaltaciones de un patriotismo militarista.

"La coalición de Bolsonaro tiene muchos parecidos con la coalición de Chávez en el '98", compara Javier Corrales, un profesor de Ciencia Política en el Amherst College de Estados Unidos y coautor del libro "Un dragón en el trópico" (2011) sobre el legado de Chávez en Venezuela.

"Hay un desencanto muy grande con la clase política, un sentimiento de que (los partidos en el gobierno) no resolvieron los problemas principales de criminalidad e ineficiencia de la economía, y crearon una corrupción descomunal", agrega.

"En ambos países surge una persona con un trasfondo militar, abiertamente admiradora del militarismo", dice Corrales a BBC Mundo.

Chávez triunfó en las elecciones venezolanas en 1998 más de seis años después de haber protagonizado un intento fallido de golpe de Estado, con la promesa de refundar el país, limpiar la corrupción y acabar con la pobreza.

"Bolsonaro es más comparable a Hugo Chávez y Rafael Correa que a populistas de derecha"

Además dijo que creía que Chávez iba a hacer en Venezuela lo que los militares hicieron en Brasil en 1964 —cuando dieron un golpe de Estado para instalar hasta 1985 un régimen de facto que mató y torturó opositores—, y negó que fuera "anticomunista".

Cuando esas declaraciones comenzaron a circular en las redes sociales al inicio de la reciente campaña brasileña, Bolsonaro sostuvo que se trataba de un "juego sucio" y dijo que Chávez, fallecido en 2013, debería preparar "el infierno para recibir a los líderes comunistas de nuestro Brasil".

Así como Bolsonaro capitalizó el rencor de parte del electorado brasileño con el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que gobernó entre 2003 y 2016, Chávez se fortaleció con el desgaste de Acción Democrática (AD) y Copei, las fuerzas que se alternaron en el poder de Venezuela por décadas.

El expresidente Carlos Andrés Pérez, de AD, había sido destituido por el Congreso en 1993 y luego encarcelado temporalmente por orden de la Corte Suprema de Justicia, en el marco de un proceso por malversación de fondos.

En Brasil, el expresidente y líder del PT, Luiz Inácio Lula da Silva, está preso tras ser condenado por corrupción y su sucesora y correligionaria, Dilma Rousseff, fue destituida en un juicio político por manipulación ilegal del presupuesto en 2016.

Brasil celebró esta elección tras su peor recesión histórica, luego de su boom económico de la década previa, mientras que el PIB de Venezuela en 1998 estaba en pleno declive tras una expansión promedio de 3,8% en los siete años previos.

En 2016, Brasil superó por primera vez en su historia los 30 homicidios cada 100 mil habitantes.

Chávez llegó al poder con una tasa de 19 homicidios cada 100.000 habitantes en Venezuela, lo que ya suponía una "epidemia de violencia" según la Organización Mundial de la Salud, y el problema de la violencia se agravó significativamente en su gobierno.

Bolsonaro venció en las urnas con la bandera de aplicar mano dura contra el crimen en un Brasil que en 2016 superó por primera vez en su historia los 30 homicidios por cada 100 mil habitantes.

En ambos países hubo sectores de la población que comenzaron a añorar sus regímenes militares del pasado, bajo la idea —falaz o infundada, según analistas— de que antes había menos corrupción, la economía funcionaba mejor y había más seguridad.

Chávez fue electo presidente de Venezuela con 56% de los votos. Bolsonaro ganó en Brasil con 55%.

"Ellos tienen muchos puntos en común", dice Mauricio Santoro, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Estatal de Río de Janeiro, a BBC Mundo.

¿Diferencias en el gobierno?

Claro que hay diferencias importantes entre Chávez y Bolsonaro, más allá de las definiciones ideológicas.

Una de ellas, señalada por Corrales, es que si bien el venezolano movilizó a votantes evangélicos, nunca buscó convertirse en líder de sus causas sociales como hace el brasileño, por ejemplo, con su rechazo abierto a la diversidad sexual.

En materia de seguridad pública, Chávez buscó mejoras con políticas sociales y un plan para desarmar a la población (que tuvo dudoso impacto), mientras que Bolsonaro promete liberalizar la tenencia de armas restringida por ley desde 2003.

El presidente electo de Brasil nunca ha encabezado un intento de golpe de Estado como Chávez, aunque ha expresado más nostalgia que éste por el régimen militar en su país, incluso elogiando a uno de los torturadores.

No obstante, en la campaña de 1998 Chávez visitó y obtuvo el apoyo del expresidente de facto de Venezuela, el ya fallecido general Marcos Pérez Jiménez, que presidió el país en los años 1950.

Tras ser electos, Chávez y Bolsonaro prometieron respetar las reglas de la democracia liberal, ante temores de que las violaran. El venezolano murió en 2013, acusado por críticos de imponer el autoritarismo en su país.

El líder bolivariano eligió a militares para cargos clave del gabinete, algo que el brasileño también ha dicho que piensa hacer.

Pero si sus gobiernos se parecerán en la práctica es una pregunta de respuesta aún incierta.

Bolsonaro ha indicado que en materia económica tendrá una orientación liberal y para ello designó como "superministro" a Paulo Guedes, un economista que defiende la reducción del Estado y agrada a los mercados, al contrario de la llamada revolución socialista del chavismo.

Sin embargo, en el entorno de Bolsonaro ya asoman diferencias entre esa orientación liberal y el enfoque más nacionalista y desarrollista de la economía que impulsó el régimen militar en el pasado.

El propio presidente electo ya ha expresado su falta de entusiasmo con la idea de privatizar áreas estratégicas, como la compañía petrolera Petrobras o la eléctrica Eletrobras.

Y muchos recuerdan que, como diputado en la década del '90, Bolsonaro se opuso a privatizaciones y al fin del monopolio del petróleo o las telecomunicaciones.

La historia de votación de Bolsonaro en el Congreso es de nacionalismo económico, incluso mucho más parecido con el voto de la izquierda tradicional en Brasil de lo que la gente imagina", señala Santoro.

"Bolsonaro cambió su discurso hace algunos años", agrega. "Fue la manera que encontró de volverse aceptable para la élite económica brasileña, pero su compromiso con esos temas es muy frágil: realmente no sabemos si va a mantener eso".

Entonces, además de los antecedentes en común, tal vez Bolsonaro termine presidiendo un gobierno más parecido al de Chávez de lo que muchos podrían esperar.

BBC News Mundo

1 noviembre 2018

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-46052751

 5 min


Elizabeth Drew

En cercanías de la elección intermedia de este año en Estados Unidos, el panorama político comienza a estar dominado por el terrorismo interno. Primero, dos semanas antes de la elección, un enfurecido simpatizante de Donald Trump empezó a enviar bombas (hasta un total de catorce) a importantes figuras demócratas y otros blancos de los ataques frecuentes del presidente (ninguna estalló). Después las cosas se pusieron mucho peor, con el asesinato, un sábado, de once judíos en una sinagoga en Pittsburgh. Hoy una opinión pública estadounidense polarizada y temerosa se encuentra con un presidente totalmente incapaz para consolar a la nación (y no muy interesado en hacerlo), y ni hablar de tratar de alejarla del odio y del sectarismo mortal que atizó.

Si las catorce bombas caseras (que el FBI calificó como “dispositivos con capacidad destructiva”) hubieran funcionado según las intenciones de su creador, podían matar o lesionar gravemente a algunos de los más destacados adversarios de Trump, de una lista que incluye a dos expresidentes (Bill Clinton y Barack Obama); a Hillary Clinton; al ex fiscal general Eric Holder; a un exdirector de la CIA; a un exdirector de la Inteligencia Nacional; a dos probables candidatos presidenciales demócratas para 2020; a una congresista negra a la que Trump suele describir como dotada de “bajo coeficiente intelectual” (acusación típicamente racista); a dos importantes multimillonarios y filántropos judíos, uno de los cuales, George Soros, es blanco frecuente de Trump y personaje de diversas fantasías conspirativas de la derecha; y al actor Robert De Niro (que este año comenzó su discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Tony con un “fuck Trump”).

Aunque muchos de los objetivos del terrorista son blanco frecuente de críticas de Trump en sus mitines (por ejemplo, no dejó de atacar a Hillary Clinton, su adversaria en la elección de 2016, y sonríe cuando los presentes se ponen a corear “enciérrenla”), los defensores del presidente trataron de desviar la atención, declarando que las bombas postales fueron una operación encubierta de la izquierda, y que algunos demócratas incluso se enviaron bombas a sí mismos para echarle la culpa a Trump.

Así que para los acólitos fue muy incómodo cuando se descubrió que el terrorista frustrado era un fanático de Trump, residente en Florida, que andaba en una camioneta blanca tapada de autoadhesivos con imágenes despectivas de sus atacados. Las fuerzas de seguridad estadounidenses (otro blanco frecuente de Trump) son extremadamente buenas para rastrear malhechores; al sospechoso lo arrestaron cuatro días después de que se encontró la primera bomba en la casilla de correo de Soros.

El aspecto más desalentador de todo el episodio fue la total incapacidad de Trump para actuar como un líder nacional. Pero era previsible. ¿Cómo puede un presidente que basó su triunfo político en dividir al pueblo estadounidense, acostumbrado en sus mitines a escupir odio, sembrar resentimiento y a veces incluso alentar violencia, convertirse de pronto en un reparador de heridas (o al menos fingirse tal)? De hecho, la pauta de provocaciones y de denuncias rutinarias de Trump a los medios como “enemigos del pueblo” ya había convencido a muchos de que algunos de sus seguidores podían cometer actos violentos contra miembros de la prensa.

El día después de que se descubrieron las bombas enviadas a casa de Clinton y Obama, entre otros, un sosegado Trump leyó una declaración preparada, en una ceremonia que ya estaba programada en la Casa Blanca, donde condenó los “actos o amenazas de violencia política” y llamó a la nación a unirse.

Pero duró poco. Esa misma noche, en un mitín en Wisconsin, ya bromeaba acerca de sus intentos de “ser amable” y culpó a los medios por la violencia. Acto seguido, volvió a atizar el miedo a una caravana de refugiados procedente de Honduras. Aunque todavía está a unas mil millas de la frontera de Estados Unidos, Trump describió a los refugiados como una amenaza inminente a la seguridad nacional, y denunció (sin prueba alguna) la presencia de “personas de Medio Oriente” en la caravana.

Trump ya tiene mitines casi todos los días, y miente incluso más que antes. El 6 de noviembre se elige toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, y para muchos la próxima elección intermedia es la más trascendente que se recuerde, tal vez en toda la historia. La elección puede poner fin a dos años de control total republicano del gobierno estadounidense (ambas cámaras del congreso, la presidencia y, con el reciente agregado del juez Brett Kavanaugh, la Suprema Corte).

La primera elección intermedia después de un cambio de presidente suele verse como un veredicto sobre el gobernante en funciones, y es común que su partido pierda fuerza, sobre todo en la Cámara de Representantes. Pero Trump convirtió más que nunca la elección intermedia en un plebiscito de sí mismo, y proclama que aunque él no esté en la nómina de candidatos, hay que votar como si estuviera (pese a que sus índices de aprobación andan no muy arriba del cuarenta por ciento).

Hace tiempo se cree más probable que los demócratas ganen la Cámara de Representantes antes que el Senado, porque varias de las senadurías en juego están en poder de demócratas de estados tradicionalmente conservadores. La determinación (o acaso inquietud) con que Trump desea que los republicanos mantengan el control de ambas cámaras es comprensible. Una victoria de los demócratas en la Cámara empoderaría a los presidentes de las comisiones, que armados con citaciones, podrían empezar a investigar una amplia variedad de acciones y agencias del gobierno sospechadas de corrupción.

Pero el temor real, casi palpable, de Trump es que una Cámara de Representantes controlada por los demócratas concentre en su persona toda una serie de investigaciones: de su aceptación de “emolumentos” de países extranjeros, prohibidos por la Constitución; de su insuficiente separación de los negocios familiares; de sus declaraciones de impuestos; de sus guerras no autorizadas en Yemen y Siria; y por supuesto, de sus tratos oficiales y privados con Rusia. Al menos la Cámara tendría en cuenta las conclusiones del fiscal especial Robert Mueller. Es decir, se acabaría el Congreso obsecuente.

Pero si los republicanos conservan el control del Senado, los demócratas estarán limitados. Aunque la cámara baja iniciara juicio político a Trump (cosa improbable), conseguir su condena en el Senado sería extremadamente difícil; incluso la posibilidad de dar pasos en esa dirección (suponiendo una victoria demócrata en la Cámara de Representantes) es tema de debate intrapartidario.

El peor resultado posible para los demócratas es que los republicanos sigan controlando las dos cámaras. En ese caso, Trump se sentirá reivindicado y más liberado que nunca. Es posible que a continuación despida a un montón de funcionarios, que trate a los inmigrantes con mayor dureza, y que intente silenciar la investigación de Mueller sobre la posible colusión de su equipo de campaña con el Kremlin y su probable obstrucción personal de la justicia.

Puede que al final sea como todos suponen, y que los demócratas ganen la Cámara pero no el Senado. Sin embargo, las encuestas vienen fluctuando. Y desde la sorprendente victoria electoral de Trump en 2016, los observadores en general se han vuelto más cautos a la hora de predecir resultados.

Traducción: Esteban Flamini

Oct 29, 2018

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/america-midterm-elections-p...

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Jesús Elorza G.

En la campaña presidencial de 1988, el Colegio de Entrenadores Deportivos de Venezuela (CEDV) organizó un foro con los candidatos para conocer sus propuestas sobre el deporte. En ese escenario, Teodoro Petkoff analizó el deporte nacional con la óptica de alguien vinculado a la actividad, como aficionado y en consecuencia, preocupado por el tema. Las ideas centrales de su exposición estuvieron basadas en los siguientes aspectos:

-La práctica deportiva debe ser concebida como uno de los ejes centrales en la formación de los ciudadanos. La educación debe ser desarrollada de una manera integral, combinando armónicamente lo que se aprende en el aula y lo que se saca de la cancha.

Es una concepción tremendamente equivocada pretender que la práctica deportiva es una especie de ocio, que es un aspecto secundario de la formación ciudadana. Eso no es verdad, porque los valores que la práctica deportiva desarrolla en el individuo (competencia sana, espíritu de cooperación, y solidaridad) obligan a ver esta actividad como esencial para el ser humano. Es tremendamente cierta la máxima romana “mente sana en cuerpo sano”.

-La organización deportiva, debe ser comparada con una pirámide. Una base muy amplia, formada por todo el pueblo joven, que está naturalmente organizado en las escuelas primarias, liceos, universidades, fabricas, cuarteles …, es decir que la sociedad está vertebrada y por tanto la instauración del modelo no debe resultar difícil porque lo esencial, la gente organizada para ello, existe. Pero esto supone tener una concepción filosófica acerca de la importancia de la práctica deportiva y en consecuencia hacer que esa anchísima base ciudadana o poblacional haga deporte.

Creo más importante que tener superatletas es la existencia de un deporte organizado de amplia participación y de allí se produciría, por la natural decantación, la élite dorada.

-Sobre el problema de las instalaciones deportivas, quiero ejemplificarte mi posición haciendo referencia a un caso concreto: conozco solo un liceo en todo el país que tiene piscina y es fácil imaginarse la cantidad de nadadores que habría si la mayoría de los planteles de educación secundaria pudieran contar con una instalación para la práctica de la natación. La decantación de cerca de un millón de nadadores ofrecería una importante cantidad de individuos para la alta competencia, es decir, podría contar con decenas de jóvenes como Rafael Vidal y ese ejemplo podríamos trasladarlo a otros deportes como el atletismo, gimnasia y tantos otros.

Además, el deporte a nivel escolar, debe estar vinculado con una valoración desde el punto de vista académico, es decir, que la participación deportiva de los alumnos le sea compensada con créditos educativos. En consecuencia, el Instituto Nacional de Deporte (IND) debe estar vinculado al Ministerio de Educación, porque es fundamental el concepto de la formación integral de los estudiantes.

-Todos los sectores poblacionales deben ser tomados en cuenta. Por ejemplo, debemos organizar el deporte en las principales industrias del país. Debemos recordar que la elite del atletismo de hace algunos años surgió de los Juegos Shell de la industria petrolera, que parece que luego de nacionalizada, dejo de producir deportistas de localidad de antes.

-La iniciativa privada es muy importante para la práctica deportiva, pero cuando estamos hablando de millones de personas del país entero, el Estado tiene la mayor parte de la responsabilidad de educar a los muchachos y por tanto también es suya la responsabilidad de organizar el deporte en escuelas, liceos y universidades, porque de lo contrario seguirá todo como hasta ahora, con una actividad deportiva espasmódica y desarticulada.

-El problema que rodea a la actividad deportiva, es la carencia de una Filosofía de Estado en cuanto al deporte. Hasta ahora, han demostrado que para ellos el deporte es algo de segunda importancia, que puede ser abandonado a la buena de Dios, por eso más importantes son la docena de guardaespaldas de cualquier capo político de la jefatura de gobierno que la actividad deportiva de los liceos, y por eso a la hora de cualquier recorte presupuestario escogen lo que consideran de menor importancia y así, entre otras atrocidades desaparecieron la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos (ENED).

-También resulta contradictorio que en vista de lo costoso que resulta importar artículos deportivos, en Venezuela no se haya iniciado una industria para cubrir ese frente, lo cual además de ahorrar divisas al país, resultaría altamente rentable. Por ley de mercado deben aparecer, pero sería saludable que el Estado ofrezca incentivos con créditos u otra forma, porque realmente corre el peligro de paralizarse por falta de implementos que, por su carácter de artículos importados cuestan el ojo de una cara.

Teodoro desde su posición como político, diputado, director de medios de comunicación siempre fue un hombre solidario con los atletas, entrenadores y dirigentes en su permanente lucha por “Un Deporte Mejor en una Sociedad Mejor”. Apoyó a los entrenadores en la huelga de hambre de 1975, denunció el arbitrario cierre de la Escuela de Entrenadores, en el Congreso Nacional fue un permanente defensor de un presupuesto justo para el deporte, respaldo las denuncias de los atletas por una atención integral, se hizo eco de las denuncias de corrupción en el sector deportivo y estuvo al lado de los deportistas cuando el 22 de junio de1999 le dieron un parao al presidente Chávez, cuando este pretendió convertir el acto conmemorativo del Día del Deporte, realizado en la Academia Militar, en un circo proselitista de presentación de “sus milicianos” candidatos a la constituyente.

Hoy, un sentimiento de dolor está presente en el deporte por la muerte del amigo Teodoro. Su recuerdo es permanente y su ejemplo como luchador social frente a los regímenes autoritarios y dictatoriales seguirá siendo una guía para la reconstrucción de la Democracia y la Libertad en Venezuela.

PAZ A SUS RESTOS

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