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Opinión

Isaías A. Márquez Díaz

Ante tal disyuntiva o dilema en relación con la permanencia de Venezuela en la OEA, tan cuestionada a causa de la reelección fraudulenta del ciudadano Nicolás Maduro Moros, conviene aclarar que una cosa es la suspensión y otra, la expulsión o exclusión.

Veamos: la suspensión que propone EEUU tendría efectos muy puntuales, como por ejemplo: imponerle sanciones que le inhabiliten para participar en cualquier evento regional; La expulsión o exclusión que el canciller Arreaza interpreta, erróneamente, le dejaría a sus anchas, con todo su autoritarismo, haciendo y deshaciendo a troche y moche. Mientras Venezuela permanezca en la OEA estaría sujeta a mecanismos de control, tales como aplicación de la Carta Democrática, igual que Maduro utiliza el hambre como arma de control.

En efecto, La sensatez y la prudencia son virtudes que deben ostentarse en diplomacia, no vayamos a caer en un aislamiento al estilo cubano, aún palpable. Las actitudes viscerales implican, aparte de error craso, pecado imperdonable y males irreversibles.

Recuérdese que la OEA, inspiración del Libertador Simón Bolívar en el Congreso Anfictiónico de Panamá y, una vez creada (4/1948), se propone: afianzar la paz y la seguridad del Continente; prevenir las posibles causas de dificultades y asegurar la solución pacífica de las controversias que surjan entre los Estados Miembros; organizar la acción solidaria de éstos en caso de agresión; procurar la solución de los problemas políticos, jurídicos y económicos que surjan entre ellos, y promover, por medio de la acción cooperativa, su desarrollo económico, social y cultural. A tales fines, la OEA actúa por medio de la Asamblea General, convocada formalmente, pero jamás en conciliábulo ni en perjuicio de Estado Miembro alguno.

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Susana Seleme

"No se puede ni se debe responsabilizar a Marx de los crímenes cometidos en su nombre”, dijo la comisaria Beatrix Bouvier, responsable del programa conmemorativo del 2º centenario del nacimiento de Carlos Marx.

Si alguna responsabilidad le cabe, es que su teoría, deformada por muchos de sus seguidores, diera lugar al 'socialismo real' luego de la Revolución de 1917 y a todos los que le siguieron, incluido el de Siglo XXI. La igualdad y la libertad quedaron subsumidas en manos de la casta política-militar-policial-burocrática a costa de la clase obrera, amén de haber anulado el pensamiento crítico y creado la ‘lumpen inteligencia’ oportunista. Como en Bolivia.

Cumplidos 200 años de su muerte el 5 de mayo pasado, sostengo, como muchas personas, que la clave para entender a Marx, sin satanizarlo ni condenarlo, es ubicarlo en el contexto de su época, el de la revolución industrial, que cambió profundamente la sociedad mundial, todavía no global.

Desde fines del siglo XIX el marxismo se había instalado en toda Europa “como doctrina de izquierda”. Sin embargo, el pensamiento de Marx ya había sido reducido a “un maniqueísmo simplista”, según Jacques Attali. Federico Engels inició la tarea con la primera edición de las “Tesis de Feuerbach”, en 1888, cinco años después de la muerte del filósofo, en 1883. El cambio no fue menor, porque la idea original que Marx llamó la ‘dialéctica materialista’, Engels la convirtió en “materialismo dialéctico”, sin importarle que la dialéctica es un método y el materialismo una filosofía. Con el cambio, la filosofía se volvió dialéctica para admitir todas las contradicciones internas, si permitían reconciliar la utopía con la práctica arbitraria, represiva e ilegítima, pues servía a la revolución.

Quienes contribuyeron a deformar su teoría, fueron, según Attali, “Engels que inventará el concepto de ‘partido de vanguardia; Kautsky que caricaturizará la teoría económica de Marx; Lenin que importará el marxismo a Rusia como estrategia de occidentalización de un país atrasado; Stalin que hará de la dictadura del proletariado una dictadura ejercida sobre el proletariado, tras la liquidación de las otras clases.”

La teoría social era para Marx “una ciencia abierta, un movimiento” que no negaba el diálogo con los “otros”, ‘la otredad’ de Octavio Paz. O la alteridad, “otherness”, de Hannah Arendt. Es decir, la pluralidad política. Los marxistólogos convirtieron esa ciencia abierta en un dogma.

El dogma le ganó a la dialéctica y el socialismo real se impuso a la utopía social”.

Ruber Carvalho

La importancia de Marx radica en haber expuesto y explicado las causas de la injusticia, sufrimiento y enfrentamiento en la sociedad de su época. Un ideólogo marxista de la importancia de Eric Hobsbwan(+) afirmó que “Marx se equivocó en muchas cosas, pero hay que reconocerle que acertó en su vaticinio de hacia dónde nos llevaba la usura del capital.”

Para Marx, la burguesía representaba un papel revolucionario que transformaba el potencial humano, que rompía el aislamiento de las naciones y favorecía a la población de las ciudades, en comparación con la del campo. Para él, el capitalismo fue “absolutamente indispensable porque sin él se volvería a generar la escasez, y con la necesidad se volvería a empezar la lucha por lo necesario, y fatalmente se volvería a caer en el viejo barro”. Y eso que Marx no vio las hambrunas en la época de Lenin producto de la lucha a muerte contra los propietaritos de los medios de producción.

A la burguesía le cabe el mérito de haber liberado a la sociedad de la servidumbre y convertido al hombre en un ser jurídicamente libre para vender su fuerza de trabajo en el mercado, aunque quedase sujeto al poder del capitalista. Lo que Marx no tomó en cuenta, como apunta Arendt, fue la cuestión política del poder y haber tomado al proletariado como único sujeto revolucionario de su análisis.

Era su tiempo, no el nuestro, hoy colmado de otros sujetos históricos: mujeres, negros, sectores informales, trabajo precario, lesbianas, gais, inmigrantes, herederos de los movimientos contra el orden burgués de los sesenta, y los que vendrían luego como la preservación de la naturaleza y el cambio climático, el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción.

¿Lo sucedido en Rusia entre febrero y octubre de 1917 fue una revolución social o un golpe de Estado, como ya lo había calificado Rosa Luxemburgo, pues impuso un partido y un pensamiento únicos? No es gratuito que la revista de Filosofía, PERCONTARI, en su número sobre la Revolución, hubiera insertado un trabajo de Fernando Mires acerca de “La contra-revolución anti-parlamentaria y anti-soviética de Vladimir Ilich Lenin”. Para Marx la política parlamentaria permitiría desarrollar la conciencia política del proletariado para defender sus intereses frente a la burguesía, y debía contribuir a la creación de la conciencia de la clase obrera.

A 200 años siempre podremos rescatar sus aun no superadas frases de que “Lo concreto es concreto, porque es la síntesis de múltiples determinaciones, es decir, unidad de lo diverso”. O que “No es la conciencia de los hombres la que determina su ser; por el contrario, su ser social determina su conciencia”.

30 de mayo 2018

https://polisfmires.blogspot.com/2018/05/susana-seleme-de-marx-marx.html...(POLIS)

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El 24 de febrero de 2016, mediante decreto presidencial, se crea la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco. Ubicada al sur del río Orinoco, con una superficie de casi 112.000 km2, ocupa poco más del 12% de todo el territorio nacional. Cuenta con grandes reservas de oro (7 mil tm), aluminio (200 millones tm de bauxita), hierro (3,6 millones tm), diamante (33,8 millones de quilates), cobre, coltán, caolín, dolomita, “tierras raras” y otros minerales. Las prospecciones realizadas estiman un potencial económico de unos 2 trillones de dólares; que el gobierno empieza a manejar prácticamente sin control institucional. Esta es la razón por la cual ha puesto sus esperanzas en la explotación, a como dé lugar, de esta enorme riqueza, en una búsqueda desesperada de divisas para sobreponerse a los efectos negativos sobre la economía por la reducción de la renta petrolera, debido a la caída del precio del petróleo y la disminución de la producción nacional.

El área del arco minero está incluida dentro de la selva húmeda tropical del bosque amazónico, que constituye un gran ecosistema de delicado equilibrio y muy vulnerable, de extraordinaria biodiversidad y de enorme importancia en el mantenimiento del equilibrio climático del planeta. La misma abarca parte de las cuencas hidrográficas de los ríos Orinoco y Caroní (lo que representa el 80% de las reservas de agua dulce del país) y en ella se produce más del 70% de nuestra energía eléctrica; además, 85% de su superficie corresponde a regiones legalmente protegidas. proyecto de explotación se presenta con una falsa promesa de consideración ambientalista; pero la realidad es otra, no es más que una maliciosa impostura política que pone en riesgo el futuro de sectores sensibles del país, medioambiental, ecológicos y sociales.

El arco minero representa para el gobierno una nueva oportunidad para echarle mano a una inmensa riqueza. El régimen, supuestamente anticapitalista, decidió negociar y entregar la explotación de sus recursos minerales, por conveniencia y codicia, a cambio del capital necesario para apuntalar su permanencia en el poder. La idea es obtener productos de fácil colocación en el mercado internacional y rápidamente convertible en dinero, así se evitarían medidas internacionales restrictivas; por otra parte, se evade el control institucional a lo interno del país. Con visión inmediatista, lo que se hace no es sino reafirmarse en el error histórico de vivir del rentismo extractivo y no de la actividad económica productiva. El paradigma del rentismo petrolero continuaría así reformulado a conveniencia.

Se han dado contratos a 150 grandes compañías capitalistas de 35 países, que no están tan interesadas en proteger los recursos ambientales y humanos, como en la obtención de beneficios económicos. Además, las empresas transnacionales gozan de excelentes ventajas; pueden exportar sus ganancias, pero los daños y costos ambientales y sociales quedan en el país. Por su parte, el gobierno ha demostrado no estar en capacidad para manejar adecuadamente este tipo de operaciones con un mínimo de eficiencia, ni con honradez. Así lo demuestra su estruendoso fracaso económico y la quiebra de empresas nacionales de primordial importancia.

A la Fuerza Armada Bolivariana se le ha dado mucha participación y poder en la explotación del arco minero. Se ha creado la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas, junto con una Zona Económica Militar. Como parte de la estrategia de involucrar a la Fuerza Armada en actividades económicas, para fortalecer su apoyo al régimen. Pero, por otra parte, en la zona se han realizado múltiples denuncias por la participación de miembros de la Fuerza Armada en actividades delictivas y de abuso de poder.

Según la afirmación del ministro para Desarrollo Minero Ecológico, existe el “compromiso de avanzar a un modelo de minería responsable con el ambiente y con la gente”. Dada la realidad y el comportamiento del gobierno, este compromiso genera muchas dudas, no parece creíble. Es relevante recordar que diferentes y destacados profesionales de campos relacionados con la materia aseguran que el decreto no garantiza una evaluación ambiental convincente, ni tampoco sociocultural. Al parecer, lo de “ecológico” no deja de ser una pantalla para disfrazar el verdadero expolio. Se pueden hacer esfuerzos para disminuir el impacto negativo de la minería a gran escala, pero no existe tal cosa como la minería ecológica.

El impacto que causa la minería a gran escala en el medio ambiente es inmenso y devastador. Para la extracción y procesamiento de los minerales son necesarias enormes cantidades de agua, también se deforestan indiscriminadamente grandes áreas de bosque y se remueve y destruye la capa vegetal del suelo. Para colmo, se contaminan las aguas y el suelo con tóxicos muy potentes, como el mercurio y el cianuro, que terminan envenenando y degradando el medio ambiente; al llegar a los grandes ríos se concentran en los peces de los que se alimentan las comunidades de la región, afectando gravemente sobre todo a mujeres en gestación y a niños pequeños.

Se puede afirmar, con toda propiedad, que lo que está pasando en la zona del arco minero es un verdadero crimen ecológico. No se trata de que, simplemente, se le diga no a la explotación minera, sino de que se sinceren las conductas , que se garanticen al máximo las medidas de protección del medio ambiente, en los aspectos técnico, social y político, y se cumplan las disposiciones legales previamente establecidas; lo cual incluye, particularmente, la consideración debida a las diferentes etnias indígenas que habitan la zona, que se verán seriamente afectadas; unas 200 comunidades se han desplazado o han modificado sus formas de vida debido directamente a las actividades de explotación del arco minero. El fin último es que se preserven los intereses sociales, ambientales y económicos de la nación.

Profesor UCV
felipeedmundo@gmail.com

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Con la información al alcance de los ciudadanos políticamente interesados, el comienzo de junio de 2018 pareciese estas signado por la continuidad del régimen, siendo la única incógnita cuan larga será la temporalidad de dicha continuidad.

En este momento, ni de derecho ni de hecho se puede presumir que el gobierno de Maduro tenga garantizada su permanencia en el poder por mucho tiempo más ni que esa garantía pueda extenderse al período 2019 – 2025.

Lo anterior se apoya en una crisis económica insoluble que de seguir en práctica como es aparente las políticas equivocadas del régimen, se agudizará en sus expresiones hiperinflación, escasez de alimentos, medicinas y otros insumos básicos, fallas graves en los servicios públicos y la agudización de la inseguridad pública.

Ante ello es indispensable plantearse escenarios que permita definir en cuál o cuáles de ellos puede participar la sociedad civil políticamente organizada, ya bien sea en partidos o en asociaciones no partidistas, pero eso sí y siendo coherentes, actuando de una manera coordinada a la que se llegue mediante mecanismos de consulta y acuerdo que se establezcan con el consenso de todos.

En primer lugar y para facilitar el análisis debemos mencionar aquellos escenarios en los que la sociedad civil no tendría ninguna participación colectiva directa y que por lo tanto, su ocurrencia queda fuera del alcance de la misma.

Entre ellas aparece el difícil de siquiera imaginar cambio en las políticas económicas del gobierno que acompañadas de un relativo “relajamiento” del control político pudiesen devolverle al régimen una gobernabilidad cuya falta cada vez es más evidente. Este escenario conduciría a la tan mal mentada “cohabitación” aparentemente buscada por una parte de la dirigencia y no menos rechazada por la otra, y ante la que se abre la incógnita sobre cuál sería la reacción del común de la gente.

Otro escenario, también ajeno al accionar de la sociedad civil, sería que el régimen ante la evidencia de su propia incapacidad para enfrentar la crisis generada por sus actuaciones erradas, decidiera presentar la dimisión del presidente y abrirle el paso al proceso constitucional establecido para afrontar tal eventualidad. Esta posibilidad luce improbable pues representaría en términos prácticos una “rendición incondicional” que dejaría a sus personeros en manos de la providencia y no precisamente la divina.

En este mismo ámbito se insertan las asonadas militares internas y las improbables intervenciones armadas extranjeras; ante la eventual concreción de alguna de ellas los demócratas, más allá de la diversidad de interpretaciones ideológicas, tendríamos la obligación de exigirle públicamente a los perpetradores de las mismas el inmediato retorno a la legalidad establecida en nuestro marco constitucional.

Intentando acercarnos a lo que luce más probable y basados en indicios provenientes del oficialismo, el escenario previsible es el que el régimen intentará mantenerse en el poder el mayor tiempo posible en la búsqueda de una salida que pueda satisfacer, en el mayor grado posible, los diversos y encontrados intereses que hacen vida en su seno.

Para que la búsqueda de una salida “honorable” tenga que procurarse en el menor tiempo posible es indispensable que el régimen en primer lugar sienta que las presiones internacionales no van a relajarse, al menos en lo inmediato y que el descontento interno, ya no solo por motivaciones políticas, sino por las más apremiantes, es decir las económicas con sus consecuencias sociales se intensifican, acercando el momento de la explosión popular y aumentando consecuentemente la necesidad de aumentar la represión para mantener un poder cada vez menos productivo en términos políticos y por supuesto, en beneficios económicos para los ejecutores de las negociaciones gubernamentales.

Adicionalmente, para que esa salida se pueda vislumbrar, es obligante que una parte de la oposición venezolana, significativa en número y representativa en cualidad, entienda que tienen que facilitarla acompañando el descontento interno de las mayoría con acciones concretas de denuncia, protesta y propuestas para los problemas más apremiantes, mientras que a la par entienda y explique al país, que la política, al igual que el resto de las actividades humanas, se ejerce exitosamente a través de la negociación entre los que son diferentes.

¿Qué negociar? He allí el gran escollo. Para la inmensa mayoría de los que nos oponemos al régimen, la salida del mismo es la meta inmediata de todo proceso de negociación y hacia su consecución tienen que estar dedicados todos los esfuerzos.

Aceptando lo anterior como premisa, no deja de ser menos importante el internalizar que toda negociación para merecer el calificativo implica beneficios parar las partes y si bien estos no siempre son equitativos, los acuerdos dependerán de que ellos existan para todos los involucrados.

Partiendo de ello y por ser lo más fácil, intentaremos explicitar algunos de los beneficios a los que pudiese aspirar la representación de la oposición democrática, siendo oportuno enfatizar que esta no solo incluye a los que sentimos políticamente, sino que más del 80% de la población venezolana rechaza el régimen de Maduro y apoyaría todo lo que conduzca a su sustitución.

En consecuencia, el reemplazo del actual gobierno por uno de transición es un objetivo innegociable, dejando claro que al decir transición no decimos necesariamente ni obligatoriamente que el mismo tiene que ser de coalición.

Gobierno de transición significa precisamente un equipo de personas honorables y capacitadas capaz de acometer las medidas de corte económico, social y ambiental que son indispensables en lo inmediato, medidas cuyo contenido, por obvio, cuenta con una aceptación muy amplia producto de la dolorosa experiencia que hemos vivido al menos en los últimos 40 años. Escapa a la intención de este escrito el enumerarlas detalladamente, pero es indudable que las mismas deben estar claramente explicitadas en un eventual memorándum de acuerdo.

La composición, la duración de su ejercicio y los compromisos que tendrán que asumir los que puedan llegar a constituir ese gobierno es algo que ya debería estarse estableciendo, dejando claro que al final lo que se pretende es comenzar la ruta hacia la recuperación del país y el restablecimiento de una institucionalidad hoy totalmente ausente.

Para que esto pueda ser aceptable para el régimen actual es necesario que el gobierno de transición les brinde algunas seguridades y allí nuevamente afloran los escollos, no porque no lo entendamos, sino porque el temor a los “francotiradores” de lado y lado coartaría la franqueza necesaria.

Establecer que transición no es “cacería de brujas” es fundamental, pero hasta ahí. En lo internacional las decisiones le competen a otros y poco, si algo, podrá hacer un nuevo gobierno ya que eso depende de razones y penas que en ningún caso le correspondería aplicar a la justicia venezolana.

Igualmente, nadie puede dar garantía de que aquellos que hayan vulnerado derechos individuales o colectivos, una vez restablecido el estado de derecho, puedan estar exentos de acción judiciales de parte de los que consideren haber sido perjudicados. La impunidad no es parte del sistema de justicia al que aspiramos y así debe quedar postulado.

Puestos en el lugar de algunos personeros del régimen, el cómo y quienes constituirían el gobierno de transición no deja de ser motivo de preocupación. Si no fuese posible el acuerdo, que siempre es la mejor vía para resolver conflictos, constitucionalmente existe una forma que aunque retardaría un poco más el cambio, indudablemente le daría más sustentabilidad a la transición y a la vez permitiría sobre la marcha la reinstitucionalización deseada.

Obviamente esta forma sería la de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, con unas bases comiciales acordadas y refrendadas por la gente, la cual de inmediato designaría el gobierno de transición y daría inicia al proceso de reconformación de todos los poderes públicos.

Para que esta propuesta pudiese generar la confianza de todos, no solo de los políticos, se requeriría la designación de un órgano electoral ad hoc que a través de la reglamentación garantizaría la presencia de todos en dicha asamblea como resultado de la voluntad libérrima de los electores, rescatando los principios de equidad en la representación territorial así como en el de la proporcionalidad de dicha representación, hoy seriamente vulnerados.

Por supuesto y de tanta importancia como la designación de los responsables de la transición y del comienzo de la reinstitucionalización operativa de los poderes, la asamblea tendría que ajustar la constitución actual en todos aquellos aspectos en los que se ha demostrado insuficiente, imprecisa e inconveniente, mediante un proyecto que tendría que ser aprobado por la gente como el nuevo y verdaderamente democrático contrato social que regirá la Venezuela que queremos todos.

Nada de lo escrito es nuevo, ha venido siendo planteado por diversas organizaciones e individualidades y lo rescatamos en aras de la coherencia, cambiando la pregunta a ¿por qué no lo hacemos?

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La psicopatología es la ciencia que estudia las características, signos, síntomas, causas y la evolución de la conducta humana anormal, utilizando el método científico. En Psiquiatría y Psicología hay mayor limitación que en la Medicina para hacer un diagnóstico, al no contar con la amplia variedad de recursos tecnológicos que tiene esta, por lo que el clínico debe afinar sus sentidos para precisar la patología.

En Psicopatología, una alucinación es un trastorno de la percepción que no corresponde a ningún estímulo físico externo, por ejemplo, donde el enfermo ve o escucha algo que nadie percibe. Sin embargo, el enfermo lo siente como real. Es distinta a la ilusión, que es una percepción distorsionada de un estímulo externo real.

Toda esta introducción es para señalar que la vieja dificultad para hacer un diagnóstico de un trastorno mental, se ha acentuado con la “revolución” disfrazada de bolivariana. Por ejemplo, mientras todos vemos a miles de venezolanos saliendo cada día por las fronteras, diáspora comparada con la guerra en Siria, Nicolás Maduro comentaba en una de tantas alocuciones que realmente entraban miles de colombianos al país, no salían, caminando en sentido contrario a la visión mayoritaria. Sin duda, hay un trastorno perceptivo, ¿pero cuál?; ¿eso es una alucinación porque van, mientras Maduro los ve venir, o es una ilusión, porque si hay personas, aunque moviéndose en sentido contrario?

El lío es mayor porque muchos de sus compañeros en el gobierno no han visto a nadie salir por la frontera, al negarlo muchas veces. Entonces, los que no ven nada, ¿tienen una patología orgánica ocular masiva, o es una alucinación que tiene un objeto, pero lo borra, o es una ilusión al revés?

Hay que aclarar que el trastorno no está relacionado únicamente con la migración. Pocos jerarcas ven a los pacientes muriendo de mengua en los hospitales, ni el aumento de la desnutrición en niños, ni la pérdida de peso masiva, tampoco a compatriotas comiendo de la basura, o la escasez de medicinas para todo tipo de patologías, por solo mencionar algo que está a la vista de todos. No solo niegan lo anterior, sino que afirman lo contrario.

Es menester señalar un hecho curioso: le pasa lo mismo a algunos extranjeros amigos del gobierno, pero solo si vienen al país; los observadores internacionales en las elecciones pasadas, amigos del CNE, no vieron puntos rojos, y el nuevo Presidente de Cuba, Díaz Canel, afirmó que en Venezuela no hay pobres.

Pero no son solo trastornos de la percepción, siendo el problema es más complejo. Pareciera que la afectación abarca la afectividad, la memoria, la atención, orientación, el juicio, el pensamiento y la voluntad de los gobernantes. Como no podemos entrar en cada una de esas funciones mentales, por razones de espacio, señalamos solo uno más: la falta de sintonía afectiva de los poderosos criollos con los venezolanos que padecen las penurias consecuencia de las políticas gubernamentales. Hablamos de cierto aplanamiento o indiferencia afectiva, ausencia de empatía con los demás, y remordimientos reducidos, al verlos celebrar y bailar, creyendo que “se la están comiendo”, mientras que los ciudadanos sufren como nunca en la historia nacional.

Para finalizar, como la narrativa oficial se caracteriza por negar las responsabilidades que tienen en la génesis de la tragedia que padecemos, es posible que al final del cuento los que tengamos algún trastorno seamos los venezolanos porque tenemos medicinas y comida en abundancia, pero una rara enfermedad impide que la veamos; o que los alucinados fuimos todos quienes vimos los toldos colorados el día electoral, porque realmente no estaban; o que estamos alucinando al ver nuestras carteras y cuentas bancarias vacías, cuando en realidad estamos full de billetes; o que queremos ocultar que los cerros de Caracas y muchas ciudades están repletos de quintas y mansiones, y que nosotros los negamos como parte de la “guerra económica”.

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En el mundo político y en cualquier otro ambiente, las decisiones están siempre sujetas a críticas positivas o negativas. Lo que hoy pareciera acertado, mañana puede ser un fracaso, y viceversa. El tiempo es el que evalúa los resultados. Muchos pensaron que Petain tenía razones para capitular y que Churchill desvariaba con su llamado a resistir. Al final, Petain fue condenado y Churchill ensalzado.

En el 480 AC, el espartano Leonidas decidió resistir en las Termópilas, pero 400 tebanos de su tropa se entregaron sin pelear. Algunos pueblos deciden resistir, otros prefieren doblegarse. Igual sucede con los dirigentes frente a un régimen dictatorial. Desde que impusieron que la política es “el arte de lo posible”, siempre alguien encuentra una excusa para bajar la cabeza y no actuar. Napoleón afirmó que “una retirada a tiempo es una victoria”, lo cual puede ser cierto en determinado momento, pero si la retirada es en desbandada ya no lo es. Tampoco si es a costa de sacrificar principios y valores. La política debería ser el arte de hacer posible lo deseable.

Nuestra dirigencia ha tenido aciertos pero, con las excepciones del caso, ha sido inconsistente. Desde que se violó la Constitución en el 2001, unos tildaron al régimen de dictadura, pero otros sólo de déficit de democracia. Todos los dirigentes declararon que apoyaban el paro cívico del 2002 y lo de ¡Ni un paso atrás! , pero después muchos lo criticaron. Unánimemente aprobaron la abstención del 2005, porque estaban seguros de que no hubiésemos obtenido más de una docena de diputados, pero a posteriori algunos manifestaron que fue un error. Inicialmente solo Ledezma y algún otro se atrevió a mencionar la existencia de presos políticos. Unos apoyaron las protestas de calle del 2014 y 2017, avaladas por María Corina, Leopoldo y Ledezma, pero otros las rechazaron. Igualmente hubo división sobre la abstención del mes pasado. Algunos son partidarios de las sanciones internacionales, pero a otros les da piquiña. Unos consideran imprescindible la participación de los militares, pero otros la rechazan. Por si fuese poco, no logran ponerse de acuerdo alrededor de una unidad de propósito, la cual debe ser la salida del régimen lo antes posible. ¿Esto es política, antipolítica, inconsistencia o qué?

Falcón pecó de oportunista y está rodeado de algunos bates quebrados brincatalanqueras pero, tanto él como Eduardo Fernández, tienen razón cuando acusan al resto de la oposición de no haber hecho la tarea de seleccionar a un candidato único y de no ofrecer un plan de gobierno, se acuda o no a una elección. Hay que reconocer que tuvo la iniciativa de esbozar un plan y de presentar sus candidatos a los principales ministerios. Ojalá pise tierra y se incorpore a una unidad reformulada.

Reconocemos que los dirigentes corren riesgos y trabajan para salir del régimen pero, salvo en determinadas ocasiones, cada quien por su lado. Es inaceptable que ante la terrible situación evidenciada por el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y por el Informe para la Corte Penal Internacional elaborado por los expertos en derechos humanos, nuestra dirigencia esté dividida en varios grupos: Frente Amplio Venezuela Libre integrado por los partidos Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, Copei, otros partidos e independientes; Soy Venezuela que incluye a Vente Venezuela y Alianza Bravo Pueblo; Plataforma Unitaria en las que están Avanzada Progresista, el minúsculo MAS y el Copei espurio; además están los disidentes del chavismo de Marea Roja y otros. Recordando a Cicerón podemos exclamar ¡Hasta cuando abusan de la paciencia nuestra!

¿Acaso no perciben que ninguno, por más luchador y méritos que tenga, cuenta con suficiente respaldo popular y que la fortaleza es la unidad? En el Frente Amplio y en Soy Venezuela hay una mayoría de políticos respetables y tienen más puntos en común que desacuerdos, por lo que con voluntad pueden dirimir las diferencias. Ojalá el resto clarifique su posición. Los hemos apoyado, pero el vaso se está rebozando. Tienen que ser más responsables.

Mientras tanto Maduro sigue haciendo lo que se propuso. Ahora intenta evitar más sanciones liberando unos pocos presos políticos ilegalmente detenidos, pero también a sus malandros rojos. El enfermo general retirado Ángel Vivas demostró lo que es el pundonor militar, para bochorno del General Padrino, quien avala las torturas en el Sebin, entre ellas las que sufren sus compañeros de armas. Este régimen llegará a su fin el día que la oposición se una, convoque a huelgas, marchas de protestas y deje de tenerle miedo a una intervención de militares constitucionalistas. O se unen o serán juzgados severamente por la historia.

Como (había) en botica:

Según Armando. Info y Milagros Socorro, las bolsas que distribuyen los CLAP contienen leche mala. Quienes la negociaron son corruptos, o sea son de mala leche.

En Nicaragua el dictador Ortega asesina a quienes protestan.

España iba rumbo a la recuperación. Ojalá no retroceda

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Manuel Sutherland

Para pocas personas es un secreto que Venezuela sufre la crisis más profunda de su historia. Por cuarto año consecutivo, el país presentará la inflación más alta del mundo (estimada en cerca de 2.616% para 20171). En enero de 2018, la inflación alcanzó el 95% y la inflación anualizada fue de 4.520% (5.605% en alimentos, según la firma Econométrica)2. De este modo, el país ha entrado de lleno en la hiperinflación y ve con estupor cómo los precios suben a diario.

Venezuela posee además un déficit fiscal de dos dígitos (al menos por sexto año consecutivo), el riesgo país más alto del mundo, las reservas internacionales más bajas de los últimos 20 años (menos de 9.300 millones de dólares) y una tremebunda escasez de bienes y servicios esenciales (alimentos y medicinas). El valor del dólar paralelo (que sirve para fijar casi todos los precios de la economía) se ha incrementado en más de 2.500% en 2017, lo cual ha desintegrado por completo el poder adquisitivo de la población3. En ese infausto panorama, Venezuela constituye el mejor «argumento» para las derechas más retrógradas. En cualquier ámbito mediático, aprovechan la situación para asustar a sus compatriotas con preguntas como: «¿Quieren socialismo? ¡Vayan a Venezuela y miren la miseria!». «¿Anhelan un cambio? ¡Miren cómo otra revolución destruye un país próspero!». Sesudos analistas aseveran que las políticas socialistas arruinaron el país y que la solución es una reversión ultraliberal de la revolución.

En estas líneas, quisiéramos mostrar que la política económica bolivariana dista mucho de ser «socialista» e incluso «desarrollista». Lo que a las claras se observa es un proceso de desindustrialización severo en favor de una casta importadora-financiera que, con un discurso enardecido y un clientelismo popular vigoroso, ha acelerado de manera drástica la fase depresiva del ciclo económico capitalista de un proceso nacional de acumulación de capital basado en la apropiación de la renta hidrocarburífera.

El ciclo económico y el auge de las materias primas

El ciclo económico en Venezuela se puede observar en su manifestación más inmediata: las variaciones interanuales del pib. En el gráfico 1 se observan fuertes alteraciones en el ritmo de crecimiento de la economía, con enérgicos ciclos de auge y caída que determinan la volatilidad extrema de la producción, que a su vez refleja la fuerte variabilidad de los precios del petróleo. El «oro negro» constituye alrededor de 95% de las exportaciones en los años de auge de los precios (2012) y cerca de 65% en los años en que el precio del petróleo es «bajo» (1998)4, es decir, cuando la renta es exigua y los hidrocarburos ofrecen una ganancia similar a la de una producción industrial «normal».

En el gráfico 1 también puede verse que los ciclos recesivos en la economía empiezan a sucederse a partir de la década de 1980. Los primeros años de ese periodo mostraron la vigorosa influencia de la llamada «crisis de la deuda», que ahogó a muchos países y se manifestó con una intensa caída en los índices de precios de los commodities. En el primer año del periodo bolivariano, el pib exhibió una fuerte caída atribuida al bajo precio del petróleo (alrededor de 9 dólares por barril) y, quizás, la incertidumbre explicada por el advenimiento de un gobierno nuevo que prometía grandes cambios. Posteriormente, los moderados precios del petróleo se entretejen con un golpe de Estado que derroca por casi dos días al entonces presidente Hugo Chávez el 11 de abril de 2002. El coup d’État fue acompañado por un macizo paro patronal al que adhirió casi todo el empresariado local. Lo excepcionalmente bajo del pib del año 2003 obedece más a factores extraeconómicos (diríase políticos) que a razones de índole económica. Lo anterior condujo a un enorme salto en el crecimiento del año 2004 (18%), que pareció más bien un rebote de la economía.

El gráfico 1 revela también que la economía en 2005-2008 creció a tasas elevadísimas (alrededor de 8% interanual), impulsada por un fabuloso auge de la renta petrolera que multiplicó el ingreso por exportaciones más de tres veces. La «edad de oro»económica coincide con los momentos en que el movimiento político bolivariano se muestra más agresivo, empieza a hablar del «socialismo del siglo xxi» (2005), lanza planes de integración comercial (la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, alba) y emprende un proceso de estatizaciones de algunas grandes empresas industriales y de servicios, en rubros como cemento, acero, telecomunicaciones, banca y minería. Pero la abrupta caída de los precios del petróleo a finales de 2008 y a lo largo de 2009, que reflejó los embates de la crisis mundial de 2007-2008, frenó en seco ambiciones políticas más elevadas. En 2011 se observa una recuperación de la senda de crecimiento económico derivada de un nuevo incremento en los precios del petróleo, que pasan de 35 dólares por barril (2009) a 120 dólares entre 2011-2013. Pero en 2014-2015 el precio del petróleo empieza a caer. Solo el ritmo anualmente incrementado de gastos del gobierno y la hipertrofia en las importaciones hace que precios del petróleo cinco o seis veces más altos que los observados a inicios de la década de 2000 luzcan ahora como «bajos». En esos últimos años empieza la contracción de las importaciones y la caída en la oferta de bienes y servicios, y se hacen visibles los resultados de un proceso de desindustrialización que, en favor de un fervor importador, llegó a subsidiar (con la sobrevaluación del tipo de cambio) 99,9% de las importaciones de productos como leche líquida, cemento o gasolina, además de obreros (chinos) para construir viviendas.

La expansión rentística duró un tiempo excepcionalmente largo y en ella se profundizaron los males que traen aparejados los estallidos repentinos en el ingreso petrolero. La industria y el agro se redujeron con la hoz de un tipo de cambio groseramente sobrevaluado5. Lo importado resultó extremadamente barato y se desincentivó cualquier esfuerzo productivo industrial o agrícola. Esta política nada tiene que ver con el «socialismo real» ni tampoco con el desarrollo de fuerzas productivas pregonado por Karl Marx. Estado y empresarios se volcaron a la faena de exportar la renta petrolera sobre la base de importaciones recrecidas y fuertemente subsidiadas, la fuga de capitales se disparó y se expandió un endeudamiento externo a onerosas tasas de interés (para exportar la renta futura).

Cómo se licuó la renta petrolera en importaciones

La carestía de bienes básicos también fue consecuencia de una vigorosa exportación de capitales que restó capacidad de inversión productiva, gracias a una enorme sobrevaluación de la moneda. Esta política monetaria no es más que una inconcebible transferencia de renta petrolera desde el Estado «socialista» hacia los importadores, quienes reciben muchos más dólares de los que deberían absorber por los bolívares que desembolsan. Eso significa que cada vez que el gobierno vendía 10 dólares les estaba regalando (al menos) 9,5 dólares. Esta lucrativa transferencia de renta al sector privado es el negocio más oneroso y lesivo a la nación que se pueda imaginar. Pero peor aún ha sido que las supuestas mercancías compradas con ese dólar de «regalo» han sido en gran parte fraudes masivos, ya que la mayoría de ellas nunca entró en el país.

En el gráfico 2, se ve con más detalle que el enorme auge exportador de Venezuela, facilitado por la multiplicación del precio del petróleo por más de diez, se ha visto acompañado por un voraz auge importador. Las importaciones, que en 2003 apenas rozaban los 14.000 millones de dólares (valor cif), alcanzaron en 2012 los 80.000 millones6 y aunque 70% de estas importaciones está supuestamente orientado a la inversión productiva, esto no se vio reflejado en un aumento correlativo de la producción. El aumento de 457% en las importaciones (valor cif) para el periodo 2003-2012 refleja que el ritmo en la importación fue a todas luces exagerado y sin ninguna perspectiva de ahorro ante una posible declinación del ciclo económico derivado de una esperada caída en los precios del petróleo. De hecho, el aumento de las exportaciones para ese mismo periodo fue de 257%, mucho menor al aumento de las importaciones.

Si se observan los términos de intercambio aplicados a las exportaciones no petroleras venezolanas, se puede apreciar que el precio pagado por cada kilogramo exportado de mercancías ha subido en apenas 11% (1998-2014), lo cual no justifica un aumento tan fuerte en los precios de las importaciones7. Lejos de favorecer a la industria nacional –estatal o privada–, el gobierno se ha volcado a resolver necesidades diversas a fuerza de importaciones masivas. Por ejemplo, el sector público ha aumentado en 1.033% las importaciones entre 2003 y 2013, con incrementos interanuales que llegaron a alcanzar el 51% (2007), en lugar de invertir en la creación de empresas propias.

El fraude en la importación

Las importaciones fraudulentas son una parte importante de la exportación de la renta petrolera. En otro trabajo hemos explicado ese mecanismo8, aquí solo haremos una sinopsis enfocada en un rubro esencial: la carne. El aumento de la importación (valor fob) de carnes para el periodo que va entre 2003 (inicio del control de cambio) y 2013 fue de 17.810%. Sí, más de 17.000%. Lo «asombroso» es que el consumo nacional promedio de carne disminuyó 22% para ese mismo periodo, como ya lo explicamos en un trabajo que dedicamos exclusivamente a la importación de productos cárnicos9. De solo importar 10 millones de dólares anuales, se pasó a importar más de 1.700 millones de dólares. Ni hablar de que hace meses que no se halla carne de manera regular en los supermercados10. Como complemento de ello, se puede ver que entre 1998 y 2013 el incremento en la importación (valor fob) de animales vivos fue de 2.280%. Para ese mismo año, el valor fob de la exportación de animales vivos descendió 99,78% (solo 4.300 dólares)11.Son famosas las denuncias de importaciones de «fabulosas» máquinas de cortar césped de 12.000 dólares y de armatostes para procesar pollos de 2 millones de dólares: cuando la gendarmería aduanal revisó el contenedor, solo encontró herramientas oxidadas12. La reconocida empresa de consultoría Ecoanalítica calculó que de 2003 a 2012 se robaron 69.500 millones de dólares mediante importaciones fraudulentas. Exportadores de la zona de libre comercio de Panamá «facturaron» 1.400 millones de dólares en envíos a Venezuela; sin embargo, funcionarios panameños aseguran que, de esa cantidad, 937 millones fueron fraudulentos: las compañías facturaban productos inexistentes. En otro de los casos documentados, una compañía que importaba equipos agrícolas declaró el costo de una máquina para desgranar mazorcas en 477.750 dólares, cuando su verdadero precio es 2.900 dólares13.

Para sintetizar (aún más) las políticas económicas lejanas al socialismo

De forma muy breve, se podría aseverar que:

1. Las estatizaciones han sido, por lo general, provechosos negocios para la burguesía local. En la gran mayoría de ellas se ha pagado mucho por empresas técnicamente obsoletas. Un ejemplo significativo es la nacionalización del Banco de Venezuela: por el 51% de las acciones que compró, el Estado pagó 1.050 millones de dólares, a pesar de que el banco había sido adquirido por el Grupo Santander (93% del paquete accionario) en menos de 300 millones de dólares.

2. La muy necesaria «reforma tributaria» sigue pendiente. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), los países que mostraron los mayores incrementos desde 1990 en sus promedios de ingresos fiscales sobre el pibfueron Bolivia (20,6 puntos porcentuales) y Argentina (18,8), mientras que Venezuela registró un descenso de 4,5 puntos porcentuales14.

3. Menos «socialista» ha sido la fragmentación del capital en decenas de instituciones financieras de escaso capital y notable ineficiencia. El fraccionamiento de la banca estatal ha sido acompañado por una política de créditos baratos, que choca con la delirante idea de la «guerra económica». Decimos esto porque si el gobierno asevera que los empresarios sabotean la economía produciendo menos, vendiendo caro y escondiendo sus productos, es absurdo y contradictorio que el gobierno financie a esos empresarios con millonarios créditos a tasa de interés negativa. ¿Cómo justificar la dádiva munificente a quienes supuestamente llevan adelante la «guerra económica»?

Ejemplos de esos «obsequios» (además del tipo de cambio preferencial) hay muchos. Recientemente, el vicepresidente Tareck El Aissami detalló: «La meta es inyectarle en el primer semestre de 2018 al sector privado 10 billones de bolívares en créditos, lo que representará casi un tercio del presupuesto nacional»15. También le prestan dólares a la burguesía: por ejemplo, la empresa Nestlé recibió un crédito de 9 millones de dólares y Ron Santa Teresa, 4 millones de dólares16. Hace poco, Maduro aprobó en el cierre de la Expo Venezuela Potencia otro crédito por 25 millones de dólares a distintas empresas venezolanas.

4. El pib industrial registró un notable incremento (2004-2008), para luego decrecer a niveles por debajo del de 1997, situación preocupante y que se podría considerar paradójica a simple vista, ya que en los años de crecimiento elevado (2004-2008) la importación de maquinaria y equipos industriales (formación bruta de capital fijo) se quintuplicó. Un proceso de industrialización estatal masivo y a gran escala es la base de todo gobierno que se precie como desarrollista o socialista, pero en Venezuela se hizo lo contrario.

Muchas de las series de datos oficiales de producción industrial física disponibles (a febrero de 2018) terminan en 2011. Si se analiza con cifras recientes la producción de automóviles, se ve que el retroceso ha sido extraordinario. Entre 2007 y 2015, esta producción se ha desplomado en un impresionante 89%; el guarismo de 2015 es casi tan bajo como el registro de 1962, cuando nació formalmente la industria automotriz y se ensamblaron 10.000 vehículos. Desde 2007, año en que se ensamblaron 172.418 unidades, la industria automotriz ha caído en picada: en 2015 se contrajo a su peor nivel en 53 años y ensambló apenas 18.300 unidades17. Según datos de la Cámara Automotriz de Venezuela y de la Federación Venezolana de Autopartes, el ensamblaje de vehículos cayó hasta 2.694 unidades, 83% menos que en los mismos 11 meses de 201518.

Salarios, depauperación y perspectivas

En apretado sumario, se ha visto que no se trata del fracaso de medidas económicas que emanan de los textos de Marx o de la Revolución Rusa. En algunos elementos puntuales, se ha observado que la política económica bolivariana no tiene nada que ver con un cambio revolucionario anticapitalista ni con una metamorfosis de las relaciones sociales de producción. El proceso bolivariano ha sido más bien una variante de las políticas económicas que derivan del llamado «rentismo petrolero», que ya se habían experimentado en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979). El componente ideológico y algunos discursos de talante antiimperialista y antiempresarial confunden a la mayoría de los analistas que estudian las alocuciones de los presidentes y no sus políticas concretas.

Aunque el gobierno bolivariano expandió el gasto social, estatizó empresas, desarrolló políticas de transferencias directas a los más pobres y otorgó subsidios enormes en los servicios públicos, la centralidad de su política económica no fue más que la continuación de la apropiación radicícola de la renta petrolera y de su derroche, con el agravamiento de la consolidación de políticas de «control» que solo aceleraron los procesos de destrucción del agro, la industria y el comercio en favor del enriquecimiento del capital importador-financiero y el engorde de una casta militar-burocrática hipercorrupta que saquea a manos llenas a la nación, hasta empobrecerla a niveles nunca antes vistos en estas latitudes.

El último gráfico que se presenta revela el resultado directo de la política de expolio de la renta a través de la sobrevaluación de la moneda, la emisión de dinero inorgánico (el gobierno incrementó la base monetaria en más de 2.500.000% entre 1999 y 2018) como política útil para sostener un gasto público utilizado de manera clientelar y anarquizada. El gráfico 3 refleja la caída en 83%, entre 2006-2017, de la remuneración mínima mensual (salario más bono de alimentación) que recibe la clase trabajadora.La izquierda mundial no tiene por qué acallar sus críticas ni forzar defensas estrafalarias y atávicas en aras de «no mimetizarse con la derecha» en un análisis riguroso del proceso nacional de acumulación de capital en Venezuela. La izquierda debe criticar a los «progresismos» con la misma sagacidad y agudeza que aplica a regímenes abiertamente antiobreros y derechistas. No tiene por qué ignorar la centralidad de los problemas que acaecen en esos países, sino que debe colaborar con ágiles propuestas sin hesitar, y ello pasa por analizarlos objetivamente y criticarlos con conocimiento dialéctico, no con catilinarias. Si se hundió el Titanic, no hay que negar el hecho concreto del naufragio en aras de ser solidarios y antiimperialistas.

1. «AN: Inflación acumulada de 2017 cerró en 2.616%» en El Nacional, 8/1/2018.

2. Andreína Vargas: «Econométrica: la inflación de enero alcanzó el 95,3%» en El Tiempo, 1/2/2018.

3. M. Sutherland: «El desastre monetario en Venezuela, billetes de Bs. 100, inflación y una alternativa» en Alemcifo, 22/2/2017.

4. Información estadística, Banco Central de Venezuela (bcv), disponible en www.bcv.org.ve/c2/indicadores.asp.

5. Juan Kornblihtt: «El creciente peso del Estado en el comercio exterior venezolano como expresión de la contracción de la renta petrolera y la agudización de la disputa por la misma», ceics, 2015, inédito; M. Sutherland: «Venezuela sin fondo… y sin alternativas» en Nueva Sociedad edición digital, 2/2017, disponible en www.nuso.org.

6. Comercio exterior, Instituto Nacional de Estadísticas (INE), 2014.

7. Ibíd.

8. M. Sutherland: «La enorme escasez de medicinas y la gran estafa en su importación: Farmafraude» en Aporrea, 11/3/2015.

9. M. Sutherland: «Aumento del 21.693,21% en la importación de carne, caída del consumo y escasez de la misma» en Aporrea, 28/8/2014.

10. Martha Mejías: «Advierten escasez de carne consecuencia de los bajos precios que fijó la Sundde» en El Venezolano News, 22/2/2015.

11. M. Sutherland: «Aumento del 21.693,21% en la importación de carne, caída del consumo y escasez de la misma», CIT.

12. William Newman y Patricia Torres: «Importadores malversan millones en Venezuela y hunden la economía» en The New York Times, 6/5/2015.

13. Ibíd.

14. Rocío Montes: «La presión fiscal en América Latina sigue lejos de la media de la ocde» en El País, 10/3/2015.

15. «(Video) Empresarios reciben hoy de manos del gobierno 3,7 billones de bolívares en crédito» en Punto de Corte, http://puntodecorte.com/empresarios-reciben-37-billones-en-credito/.

16. «Estas son las nuevas empresas que recibieron millonarios créditos del Gobierno» en Notitotal, 23/3/2017.

17. Kon Zapata y Roberto Deniz: «La industria automotriz de Venezuela retrocede a cotas de 1962» en América Económica, 26/1/2016.

18. Favenpa: «Boletín Estadístico No 57/2016. Resumen de ventas de vehículos. Octubre 2016», 8/11/2016.

Revista Nueva Sociedad. Marzo - Abril 2018

http://nuso.org/articulo/la-ruina-de-venezuela-no-se-debe-al-socialismo-...

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