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Opinión

Para las elecciones presidenciales de Venezuela, el domingo 20 de mayo, se espera un gran porcentaje de abstencionismo. Un grafiti en Caracas, el 20 de abril, pide no votar. Credit Fernando Llano/Associated Press

Durante todos estos años, siempre pensé que la única salida al conflicto de mi país era el voto. Sigo pensando así. Y justo por esa razón, creo que el próximo 20 de mayo los venezolanos debemos abstenernos.

Para la mayoría de la población, dentro y fuera del país, la situación es alarmante. Hemos llegado a un límite casi inimaginable en términos de hiperinflación, de deterioro en la calidad de vida, de violación de los derechos humanos y de control y represión oficial. El país frívolo que exportaba reinas de concursos de belleza se ha convertido en el país trágico que exporta pobres desesperados. Todo esto, bajo la mirada de un gobierno que sigue empeñado en negar la realidad, que prefiere destruir la nación que negociar.

En un artículo indignante, publicado hace pocos días en El País, Nicolás Maduro ofreció una muestra de cómo continuamente intenta legitimarse. “Nuestra democracia es distinta a todas”, afirma al comienzo del texto. “Porque todas las demás —en prácticamente todos los países del mundo— son democracias formadas por y para las élites. Son democracias donde lo justo es lo que le conviene a unos pocos”.

En realidad, su gobierno es un espejo perfecto de lo que denuncia. El chavismo se ha convertido en una élite que lleva veinte años concentrando poder. Controla el petróleo y la moneda, maneja a su antojo las instituciones y los tribunales, ha transformado a las Fuerzas Armadas en su ejército privado. Detiene, encarcela, tortura y hasta ejecuta adversarios sin respetar las leyes, sin dar explicaciones. Ha privatizado casi todos los espacios de la vida pública, ha organizado el hambre como un negocio político rentable. Una élite que necesita y desea, el próximo 20 de mayo, ganar algún tipo de legitimidad.

A medida que se acerca el día de las elecciones, aumentan la tensión y el debate sobre votar o no votar en el país. Quienes promueven la teoría de que es necesario votar dan por descontado que la abstención es una resignación inútil, un abandono de la lucha o una manera algo espuria de resistir. Uno de los éxitos del chavismo ha sido distribuir en la sociedad venezolana la idea de que el disentimiento es sospechoso, que siempre puede acercarse peligrosamente a la ilegalidad. La ambigua conjetura de que el llamado a no votar esconde en el fondo un ánimo conspirador le resulta muy conveniente al gobierno.

Dos supuestos sostienen la propuesta de participar en las elecciones: creer, primero, que de manera repentina una indetenible marea de votos le dará un triunfo incuestionable al candidato de la oposición, Henri Falcón, y, después, en segundo término, confiar que el gobierno y sus instituciones aceptarán y reconocerán esa victoria. No hay, sin embargo, ninguna garantía de que alguna de estas dos cosas pueda ocurrir.

La candidatura Falcón no depende de la política, sino de la fe. No es un problema que tenga que ver, ni siquiera, con el candidato. No hay que discutir sus cualidades o deficiencias. El problema está en el sistema. No es nueva la ilusión de un sorpresivo tsunami electoral, más aun en un contexto de crisis total como el que vive el país. Por eso mismo, la campaña oficial se ha centrado en obtener ganancias del clientelismo a través del llamado Carnet de la Patria, que permite al gobierno canjear votos por comida. La élite chavista ha diseñado una arquitectura electoral que carnetiza la pobreza y transforma la elección en un chantaje.

Supongamos, de todos modos, que la hipótesis se transforma en realidad y que una avalancha de votos hace irremediable un triunfo de la oposición. Supongamos, también, que el gobierno reconoce su derrota: ¿qué sigue? Henri Falcón debe esperar hasta enero de 2019 para que el presidente entregue el gobierno.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no hay otra alternativa, es absurdo. Estamos denunciando que las elecciones son un artificio, que la democracia en Venezuela es una trampa.

Las enseñanzas de lo ocurrido el 2015 deberían ser útiles. Tras la victoria de la oposición, los parlamentarios salientes aprovecharon los pocos días que les quedaban para dar un golpe de Estado y asegurar su control absoluto del Tribunal Supremo de Justicia. A esto, además, hay que sumarle la existencia de una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), a la que todavía le queda por lo menos un año de ejercicio, constituida como un poder absoluto, capaz de —por ejemplo— redefinir y limitar a su antojo el papel y las funciones de la presidencia.

Esto implica que aun perdiendo las elecciones, la élite chavista retendrá el poder en su sentido amplio, incluyendo la posibilidad de despojar de facultades a la presidencia. En el supuesto negado de que Henri Falcón ganara, solo obtendría una silla hueca, un adorno y no un cargo, una representación del vacío. Todo esto hace que la elección del 20 de mayo sea un fraude anunciado.

La dirección política de la oposición tiene muchas debilidades y ha cometido bastantes errores. Sin embargo, en este momento tanto la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como el Frente Amplio están siendo leales con la mayoría que, de distintas maneras, intenta resistir ante el gobierno.

El llamado a la abstención es coherente con lo ocurrido tras las elecciones de octubre del año pasado, cuando Juan Pablo Guanipa ganó la gobernatura en el estado de Zulia y Andrés Velásquez en Bolívar. ¿Qué pasó? Al primero, trataron de someterlo a través de la ANC. La élite canceló el triunfo de los votantes e impuso nuevas elecciones. Al segundo, todavía hoy, el Consejo Nacional Electoral no le ofrece respuestas ante sus contundentes denuncias de fraude. Estos son ejemplos recientes y brutales.

Las elecciones en Venezuela están diseñadas como una estafa perfecta. El gobierno elige a todos los candidatos, establece las reglas de juego, no permite auditorías ni ningún tipo de observación independiente, extorsiona a los votantes con comida y medicinas, mientras la población menos necesitada se debate moralmente entre votar o no votar.

Es una maniobra que apuesta, además, a enfrentar a la crítica internacional. El gobierno necesita una alta participación electoral para poder descalificar a todos los países que se han sumado al desconocimiento de los resultados electorales. Basta recordar una reciente entrevista con Jorge Rodríguez. El ministro de Comunicación y jefe de campaña de Maduro descartó la existencia de la crisis humanitaria usando como argumento el resultado de las últimas elecciones. Para eso necesita el gobierno que los venezolanos participen en las presidenciales.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no hay otra alternativa, es absurdo. No estamos decidiendo entre votar o tomar las armas. Eso es parte de la trampa. Es lo que también ha propuesto Maduro. No estamos decidiendo entre votar o apoyar una invasión. Estamos denunciando que las elecciones son un artificio, que la democracia en Venezuela es una trampa.

Pero es necesario que la dirigencia política de la oposición llene de sentido —simbólico y práctico— la abstención, que la convierta en un verdadero acto político. Hay muchas posibilidades e iniciativas de inventar acciones de todo tipo, dentro y fuera del país, para el 20 de mayo. No se trata de una resignación pasiva. La abstención no tiene por qué ser una renuncia. También puede ser un gran acto de rebeldía.

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Adolfo P. Salgueiro

En la semana que termina la Organización de Estados Americanos convocó y llevó a cabo la enésima sesión de su Consejo Permanente en la que el tema de la agenda era, una vez más, la situación de Venezuela pese a la cantinela de la soberanía, la injerencia, etc. del gobierno “bolivariano” y los escasos aliados que aún le quedan.

No se trataba de votar ninguna resolución ni acordar sanciones, sino tan solo de escuchar unos informes técnicos en los que se daba cuenta de las deplorables condiciones en las que está sumida Venezuela y su pueblo. La reunión había sido convocada por el presidente de turno del Consejo Permanente, a la sazón el representante de Colombia, y la convocatoria respondía al pedido de doce países que llevan tiempo preocupados por el deterioro y virtual desaparición de la democracia en Venezuela (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú), que más o menos coinciden con quienes componen el Grupo de Lima, que ha venido siendo muy crítico de la gestión de Maduro.

Cierto es que esos doce dan cuenta de 90% de la población del continente, de su superficie y de su producto territorial bruto. Sin embargo, en la OEA los miembros se cuentan “un país un voto”, basado en el principio de la igualdad jurídica de los Estados. Como la organización se compone de 34 miembros, vemos que a pesar del peso específico de los convocantes distan mucho de ser una mayoría estatutaria. Eso ha pasado una y otra vez en la OEA, de tal suerte que no se ha podido nunca pasar una resolución condenatoria toda vez que casi todos los Estados del Caribe, en dependencia y sumisión clientelar de Caracas, votan en contra o no acuden para formar quórum o Uruguay, que se cuadra según sople el viento. Agréguese la solidaridad ideológica comunistoide de Cuba, Nicaragua y Bolivia, más la evolucionante postura de Ecuador, más la solidaridad entre delincuentes representada por Surinam (el hijo del presidente Bouterse está preso en Estados Unidos por tráfico de drogas), para entender que la “diplomacia” chavista (pese a que la expresión es una contradictio in terminis) rinde sus dividendos al conseguir neutralizar cualquier posible sanción que pudiera aplicar la organización regional tal como lo hizo antaño expulsando a Cuba a petición de la misma Venezuela, que hoy se comporta como peón subordinado a los intereses de La Habana.

Lo anterior es justamente el panorama que hace que el prestigio de la organización continental –y por tanto su influencia– haya descendido de tal forma que todo el sistema sea percibido como inútil o superfluo.

Agréguese la actitud de malandro de barrio que suele exhibir el representante venezolano (en este caso el también embajador ante la ONU, Samuel Moncada, cuyo verbo avergüenza) para concluir que un foro que debe ser de respeto y jerarquía se ha convertido en una gallera en la que el excremento se reparte en forma onmidireccional, ensuciando de manera indiscriminada según como lo percibe el público en general.

En el interín los venezolanos venimos viendo reacciones diferentes provenientes de los países que acogen a nuestros compatriotas, que al llegar en números exorbitantes naturalmente causan desequilibrios en las latitudes fronterizas, en cuyas jurisdicciones locales se vive con dramatismo una situación que no se perciben líneas o que hasta colide con la política exterior general de esos países. Así, por ejemplo, en Cúcuta hay fricciones y tensiones mientras que desde Bogotá se promueve una actitud tolerante y comprensiva. En Boa Vista también se viven momentos difíciles y desde Brasilia se procura ser amplio y tolerante. Quien se ha portado cochinamente es el gobierno de Trinidad, que en forma sumaria y sin recurso alguno ha devuelto a los refugiados indefensos. Lo contrario es el caso de Perú, Chile o Argentina y en menor medida Ecuador, que han asumido la emergencia con genuino espíritu de solidaridad. No podía ser menos siendo que Venezuela en su momento acogió a todos cuantos en épocas críticas golpeamos a sus puertas, incluyendo a quien esto escribe.

En todo caso es evidente que el expediente se va construyendo paso a paso. A menor velocidad que la que los demócratas desearíamos, pero sin pausa. Veamos cómo nos percibían y trataban hace cinco o tres años y cómo el mundo entero nos apoya hoy. El dicho español afirma que “en palacio las cosas marchan despacio”, lo que equivale a aconsejar paciencia aunque ello luzca egoísta o ilusorio.

Por último, es necesario situarnos en la perspectiva del clima político y los conflictos globales. Estados Unidos enfrenta serios diferendos con potencias nucleares que le son adversas (Corea del Norte e Irán), el tema de los refugiados es central en todas las elecciones europeas y de otras latitudes. Europa necesita acomodarse ante un gigante poco amistoso que lo presiona por el oriente (Rusia), que además alberga los depósitos de gas que calientan los inviernos europeos y los usa de manera extorsiva. China acumula reservas en bonos del Tesoro de Estados Unidos en magnitud suficiente como para constituirse en árbitro del valor del dólar, Rusia enfrenta tensiones internas con minorías disconformes y pare usted de contar. Por eso, debemos ser conscientes de que nuestro duro y lamentable drama no es la preocupación mayor del planeta y, por tanto, debemos plantear soluciones entre nosotros mismos. Ello requiere grandeza. Por el momento no se ve en nuestro panorama político nacional

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¿Quién no ha oído hablar de las famosas discusiones bizantinas? La anécdota nos llega del Imperio Bizantino, heredero del antiguo Imperio Romano que traza su historia a la fundación misma de Roma en el año 753 a.C. (antes de Cristo). La capital del Imperio Bizantino remonta sus orígenes a la fundación de Bizancio por los griegos en el año 667 a.C., conquistada por los romanos en el año 196 d.C., y convertida en capital del Imperio Romano de Oriente por el Emperador Constantino I en el año 330 d.C. La antigua Bizancio, luego transformada en Constantinopla, sirvió de punto de continuidad para una civilización que duró más de 2.000 años: la civilización con la historia más larga del mundo occidental.

A finales de la Edad Media, sin embargo, el Imperio Bizantino había degenerado enormemente y se había “dormido en los laureles”. Mientras que las realidades del mundo cambiaban rápidamente, los dirigentes bizantinos eran conocidos por su frivolidad e indiferencia. Por dentro, el imperio se resquebrajaba desde el interior: la capital y las provincias no se ponían de acuerdo, los líderes ambiciosos querían más privilegios, las órdenes religiosas se peleaban entre ellas, el Estado y la Iglesia eran rivales por más poder. Por fuera, las fronteras del imperio eran atacadas constantemente por varios enemigos. Aunque la supervivencia misma del imperio estaba en juego, los políticos bizantinos no pensaban en los verdaderos y gravísimos problemas que enfrentaban.

Se cuenta que los regentes bizantinos aún estaban en sus palacios discutiendo sobre el sexo de los ángeles cuando las puertas de Constantinopla eran sitiadas por los turcos. En el año 1453 d.C. Constantinopla, el gran puente ente Europa y Asia, cayó en manos de los conquistadores musulmanes terminando, así, con más de veinte siglos de civilización greco-romana.

En Venezuela también pareciera que nuestros políticos se preocupan del sexo de los ángeles mientras se intenta destruir la democracia más vieja de Sudamérica.

www.cordeiro.org

jose_cordeiro@yahoo.com

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​José E. Rodríguez Rojas

En los últimos años la capacidad de compra de los venezolanos se ha contraído por la inflación desbordada. Como consecuencia de ello el consumo per cápita se ha reducido. La agenda social del gobierno se ha concentrado en las bolsas CLAP las cuales llegan a los beneficiarios sin una periodización definida. Este programa no ha evitado el deterioro de la situación alimentaria de la población y la caída del consumo de alimentos. El consumo de carne de pollo cayó hasta representar, a finales del 2017, un 31% del consumo per cápita del 2014. El descenso de su consumo revela una fuerte caída en el consumo proteico, por el rol que desempeñaba en la provisión de proteínas. El consumo calórico también ha caído sustantivamente, abiertamente por debajo de los requerimientos mínimos.

En los últimos años la capacidad de compra de la población se ha contraído como consecuencia de la inflación desbordada. Debido a ello el consumo per cápita se ha reducido en un 31% según Humberto Larralde presidente de la Academia de Ciencias Económicas. A finales del año 2017 la inflación se convirtió en hiperinflación, estimándose que la misma llegará este año al 13.000%, según el Fondo Monetario Internacional. Expertos estiman que los niveles serán mayores, en todo caso, este año se profundizarán tanto la contracción de la capacidad de compra como la caída del consumo.

El ex presidente Chávez instrumentó una agenda social que involucró a los programas de asistencia alimentaria como Mercal y las llamadas misiones. Esta agenda ha sido sustituida, en los años recientes, por las Bolsas CLAP. La Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) del año 2017 reveló que en la mayoría de los hogares y del territorio nacional las bolsas CLAP no son recibidas de forma periódica y no han tenido un impacto sustantivo a fin de evitar el deterioro de la situación alimentaria. La gran mayoría de los entrevistados manifestaron que el ingreso era insuficiente para la adquisición de alimentos. Debido a la carestía de la comida y la insuficiencia de los ingresos, dos terceras partes de la población manifestaron que han recortado sus comidas o se han visto obligados a saltarse una de las tres comidas diarias.

Diversas fuentes han reportado cifras actualizadas que permiten realizar algunas inferencias sobre el comportamiento del consumo de algunos alimentos en el periodo reciente. En relación a los alimentos proteicos como la carne bovina el presidente de la Federación de Ganaderos reportó que el consumo de carne disminuyó de 24 kilogramos en el año 2012 a 9 kilogramos en el año 2017, lo cual revela una aguda diminución en el consumo de este alimento y permite inferir una fuerte caída en el consumo de proteínas.

Sin embargo el mejor indicador del comportamiento del consumo proteico es la carne de pollo ya que este alimento se posicionó, para el año 2004, como el principal proveedor de proteínas en la dieta del venezolano, según información publicada por especialistas del Centro de Investigaciones Agroalimentarias (CIAAL) de la Universidad de los Andes (ULA). Este posicionamiento se debió a su menor precio en relación a los otros tipos de carne como la bovina. Este alimento es generado por la industria avícola que es un sector importador, su disminución revela que la contracción en la asignación de divisas preferenciales al sector agroalimentario es uno de los factores que está pesando en el deterioro de la situación alimentaria. Como vemos en el cuadro 1 el consumo per cápita de carne de pollo creció hasta el año 2014, sin embargo después de este año se contrajo abruptamente. En el año 2017 el consumo representó 31% de los niveles que se alcanzaron en el año 2014. Por el rol de esta carne en la provisión de proteínas ello debe haber implicado una sustantiva contracción en el consumo de proteínas de la población.

Cuadro 1. Evolución del consumo de carne de pollo en el periodo 2009-2017 (Kgs/persona/día)

Años

2009

2010

2011

2012

2013

2014

2015

2016

2017

Kgs/persona

38

38

39

41

44

45

33

18

14

Índice: (2014=100)

84

84

87

91

98

100

73

40

31

Fuente: FENAVI; cálculos propios

La harina de maíz precocida ha sido el principal aportador de calorías en la dieta. La Encovi 2017 reveló que la harina de maíz enriquecida perdió su rol en la dieta y ha sido sustituida por otros alimentos de menor calidad nutricional. El consumo per cápita de arroz también ha caído según declaraciones recientes de directivos de FEDAGRO. Adicionalmente a ello, la reorientación de las escasas divisas que provee el petróleo al pago de deuda ha tenido un efecto traumático en los sectores importadores, fuertemente proveedores de calorías, como el de trigo y grasas y aceites. Ello se ha reflejado en un descenso pronunciado del consumo de calorías en los últimos años. En el cuadro 2 podemos observar que el consumo calórico se mantuvo en niveles cercanos a las 2700 calorías por día hasta el año 2014, para luego disminuir y llegar en el 2017 a representar el 26% del nivel alcanzado en el año 2010.

Cuadro n° 2. Evolución del consumo per cápita de calorías en el periodo 2009-2017 (calorías /persona/ día

Años

2009

2010

2011

2012

2013

2014

2015

2016

2017

Cal/persona/dia

2729

2866

2802

2693

2715

2649

2397

2001

733

Índice (2010=100)

95

100

98

94

95

92

84

70

26

Gutierez, Alejandro.2018.

La suficiencia calórica mide la relación entre los requerimientos calóricos mínimos y la disponibilidad diaria de calorías. Los especialistas señalan que este índice debe estar por encima de 110 a fin de considerar que los requerimientos calóricos de los grupos de menores ingresos estén cubiertos, lo que se define como suficiencia plena. En el cuadro 3 podemos observar que hasta el año 2014 este índice se ubicó en el rango de suficiencia plena, luego en el 2015 se ubicó en lo que se denomina suficiencia precaria (100-110) y a partir del 2016 se ubicó en el rango de insuficiencia crítica abiertamente por debajo de los requerimientos calóricos mínimos.

Cuadro 3. Evolución de la suficiencia calórica en el periodo 2009-2017.

Años

2009

2010

2011

2012

2013

2014

2015

2016

2017

.saber

118,7

124,6

121,8

117

118

115,2

104,2

87

75,3

Fuente: Gutiérrez, A.2018.

Referencias bibliográficas:

Gutiérrez, Alejandro. 2018. Políticas económicas y sociales: impactos sobre la seguridad alimentaria y nutricional (Disponible en: www.saber.ula.ve>ciaal)

Profesor UCV

josenri2@gmail.com

 4 min


Trino Márquez

Descalificar a Henri Falcón -llamarlo Caballo de Troya, traidor, agente de Maduro, colaboracionista, legitimador de la dictadura y una cadena interminable de epítetos parecidos-, se ha convertido en uno de las prácticas favoritas de un sector opositor extremista, obnubilado por el rencor, la frustración ante la incertidumbre y la inopia.

Creo que fue un error de Falcón haberse desprendido de la MUD en un momento en el cual dentro de esa plataforma, se debatía qué hacer frente al naufragio de las conversaciones en República Dominica. Su primera batalla tenía que librarse en el frente interno. Tratar de convencer a los demás líderes opositores de la necesidad de acudir a la cita electoral convocada con apremio por la dictadura con el único fin de desconcertar a la oposición, agudizar sus diferencias y propagar la confusión. Falcón, considero, estaba obligado a proponerse persuadir al resto de las fuerzas de la alianza de las bondades de encarar al régimen autocrático en el plano electoral, a pesar de que el gobierno había rechazado la proposición de los cancilleres que acompañaron al grupo negociador, tanto opositores como oficialistas, de que habían sido inhabilitados los partidos cuyas figuras más importantes fueron inhabilitados, estaban presos o exiliados. Falcón, si aspira a gobernar un país tan encolerizado y dividido como Venezuela, tenía que afrontar el enorme desafío intentar liderizar su base natural de apoyo: la oposición. No lo hizo, al menos con la intensidad requerida.

Por supuesto, no había ninguna garantía de que su punto de vista triunfara. Las heridas dejadas por el ensayo de Quisquella eran demasiado hondas. El gobierno jugó duro de forma premeditada con el único fin de proponer unas elecciones en las que tuviera un alto chance de alzarse con la victoria. Lo logró. No otorgó ninguna concesión importante y comprometedora. Sacó de la manga una fecha intempestiva y caprichosa, que no daba tiempo para convocar primarias, ni ningún tipo de consulta popular amplia. Sólo dejó espacio para realizar unas encuestas o para el consenso. De las primeras, todo el mundo desconfía por la cantidad de veces que se han equivocado, empezando por las últimas elecciones de gobernadores. El consenso era difícil alcanzarlo porque Capriles estaba inhabilitado, López preso y Falcón venía de una derrota humillante en Lara. El gobierno apostó por la fractura de la oposición y ganó, con la complicidad de los dirigentes que habrían podido impedir que la escisión se consumara. Hasta aquí llega la responsabilidad de Falcón en ese descalabro.

No tenía por qué plegarse a la decisión de la mayoría, si esa mayoría no estaba dispuesta a ir a unos comicios que consideraba viciados, ventajistas y no competitivos. En política, como dice Fernando Mires, muchas veces los dirigentes se ven obligados, por sus propias convicciones, a actuar en un camino distinto al propuesto por la mayor parte de sus compañeros de facción. Rómulo Betancourt en varias oportunidades contravino las posturas de Acción Democrático, partido que había fundado. Nadie llamó a esos dirigentes traidores o colaboracionistas.

Resulta un grave error, por lo tanto, descalificar a Falcón por haber optado por la participación electoral. Puede haber cometido un error de evaluación del momento y el contexto político, una sobreestimación de su capacidad de convocatoria y la de los grupos que lo respaldan, y una subestimación de la inmensa capacidad de chantaje y extorsión que puede desatar el gobierno con la maquinaria montada con el fin de utilizar las elecciones para barnizar la neodictadura madurista. De lo que estoy seguro es de qué su decisión no entraña una traición alevosa a la democracia y a los venezolanos. Nada que ver.

Evaluar la postura de Falcón a partir de ese parámetro solo puede conducir a agrietar aún más la ya fracturada oposición. Independientemente de lo que ocurra el 20 de mayo, Henri Falcón jugará un papel importante en el destino de la oposición a partir de esa fecha. La relación de la MUD, el Frente Nacional, Vente Venezuela y el chavismo disidente con Falcón, tendrá que estrecharse. La alianza para evitar que Maduro continúe indefinidamente destruyendo al país, tendrá que contar con todos los factores que consideran al régimen el principal enemigo de los venezolanos. Ninguna fuerza, ninguna personalidad, ningún sector, debe ser excluido, menos si representa a un segmento de los venezolanos. En este caso, los venezolanos que en ejercicio soberano de su libertad decidieron, como lo haré yo, ir a depositar su voto en las urnas electorales.

La democracia, la diversidad y la tolerancia no deben usarse solo en conversaciones de salón y para mostrar las virtudes de un alma piadosa, sino en ambientes intrincados, complejos y escindidos como el que vive Venezuela, donde nadie puede arrogarse la propiedad de la verdad.

Moderar el lenguaje y pensar con el cerebro, no con el hígado, debe ser uno de los retos de la oposición en lo que queda antes del 20-M. Insultar a Falcón representa una señal de cuál será el comportamiento con esos compatriotas que por alguna insondable razón decidieron apoyar el proyecto bolivariano. En sentido contrario, el razonamiento también vale: algunos colaboradores del candidato deberían hacer un voto de humildad y cordura.

@trinomarquezc

Mayo 04, 2018

https://polisfmires.blogspot.com/2018/05/trino-marquez-agredir-falcon-es...(POLIS)

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No votar se debe entender como un proceso de participación política contendiente en defensa de la democracia, por cuanto el gobierno tirano de la revolución ha privilegiado desde el 23 de octubre de 2016 la polemología construyendo el Estado Cuartel en contra de la democracia. Estado Cuartel o gobierno polémico convencido de la necesidad de la guerra y el desprecio por la política. La política, que es en la que creemos los demócratas como una actividad que concilia los intereses, respetando la Constitución y las leyes además del gentílico democrático venezolano. No votar la falsa del 20M es lo político, por cuanto el régimen pretende con esa maniobra desconocer al ciudadano, a la ciudadanía, sus intereses y su talante democrático.

No votar la falsa del 20M es lo político y correcto por cuanto la tiranía anuncia en su primer acto de campaña que ya tiene diez millones de votos, es así como los comunistas natos les encanta el Estado Cuartel, el diálogo, la rebelión permanente, la destrucción del Estado y al final una negociación encubierta de espalda a la ciudadanía y de acuerdo con los politiqueros corruptos. Esos politiqueros corruptos son reales enemigos de la política, son representantes de la anti-política porque odian la política, que es una expresión civilizada, y la política requiere de un gobierno político que cumpla con la Constitución, que respete la Ley Orgánica de Procesos Electoral que se ha ido violando desde el primer momento en el que una fraudulenta e írrita ANC decretó la falsa electoral.

¡No votar, señores demócratas! significa hacer política y ser político, es decir, presupone la existencia del Estado venezolano, la validez de la Constitución y la vigencia de las leyes. Todos los venezolanos reconocemos el origen golpista del bestiario militarista que hoy propone el 20M, y todos sabemos que esa falsa electoral está fuera y en contra de la Constitución. Quienes allí acudan lo harán por intereses subalternos y/ o anti políticos. La falsa electoral del 20M es una expresión del amañamiento politiquero y de la corrupción grotesca y primitiva que cunde en Venezuela.

No votar frente a la falsa electoral significa que los venezolanos reclamamos por la vía de una elección real, justa y correcta una nueva realidad, pero esa realidad tiene un valor moral, un valor jurídico, un valor social y un valor histórico, en el cual se reclama el reemplazo de una revolución fracasada, comunista y contraria al sentir de la mayoría de los venezolanos. No votar significa defender la Constitución y oponerse a la tiranía, no votar es creer y defender la política como ciencia que concilia, que refuerza un concepto de República, que niega el tolitarismo del bestiario militarista y demanda redefinir el nuevo gobierno político cercano a la democracia. No votar es un acto político, un acto valiente y acto histórico para la recomposición de Venezuela en el siglo XXI.

Es original,

Director de CEPPRO

CARTA POLITOLÓGICA N° 02

27 de abril de 2018

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Conocí a ese hombre. La última vez que lo vi fui a dejarlo a las puertas de su Macondo sagrado. Periodista, conversador y hasta conspirador de los buenos.

“Como está el hombre, que hay de Martin, como anda el Curraco”. Era su entrada para hacerme referencia a su primo Duglas Bravo, por el cual sentía una especial admiración y un respeto casi reverencial.

Todos sabíamos de su conexión con la fuente militar, nadie como el para adentrase en ese mundo infranqueable de charreteras y murmullos cuartelarios; del cual, como quien tenía un tesoro escondido, informaba a cuenta gotas, solo a las más seguros de mantenerlo en silencio sepulcral.

Las dos veces que fue a mi programa radial lo hizo acompañado de su primo. Siempre quise sacarle unas palabras al aire y como Maestro de Maestros del periodismo venezolano y, dueño de una humildad infinita decía: “hablen ustedes, hablen ustedes”.

Conocí a este hombre en mis andanzas de diputado al Congreso de la Republica y en las lides que desde el MAS protagonizábamos con Luis Homez, siempre iba a conversar y también a conspirar.

En los días duro de las protestas estudiantiles y “La Salida”, un domingo en la mañana recibí su llamada: “Ponte en la esquina de 5 de Julio con Milagro, alguien te va a buscar”. Mi asombro al llegar al sitio con el Poeta Tito Núñez Silva, allí estaban casi todos los muchachos protagonistas de las batallas, que en esos días se daban en la ciudad contra el gobierno. Argenis acompañaba a su primo el legendario Duglas Bravo, quien promovía un gran conversatorio sobre la historia de las luchas estudiantiles en Venezuela.

Ese día vi a un Argenis, más que un periodista, a un hombre de riesgo y combate por la democracia. En esos momentos casi todos esos carajitos, como suele decir Duglas, eran buscados por los esbirros del gobierno, y Argenis, como un carajito más estaba allí, compartiendo sus vivencias y escuchando las historias, memorias de su primo y compañero de secretos militares.

Conocí a este hombre, amigo de los amigos, amigo del Zulia, ejemplo de generaciones futuras, quien como guardando otro de sus secretos mágicos, de vez en cuando le decía a uno: “Yo soy de la Cruz de Taratara, de allá, de la Sierra de Falcon”.

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