Pasar al contenido principal

Opinión

Human Rights Watch

En noviembre de 2021, el fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Karim Khan, abrió una investigación sobre posibles crímenes de lesa humanidad en Venezuela. Desde 2020, la Misión de Determinación de los Hechos de las Naciones Unidas ha identificado motivos suficientes para creer que se han cometido crímenes de lesa humanidad como parte de una política estatal de represión de opositores.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), que cuenta con presencia en Venezuela, en 2022 dejó de tener acceso a los centros de detención donde hay presos políticos.

Las autoridades judiciales han sido partícipes o cómplices en abusos, sirviendo como mecanismo de represión.

Venezuela atraviesa una emergencia humanitaria compleja, con millones de personas sin acceso a atención básica de la salud ni a una nutrición adecuada.

Las autoridades persiguen y procesan penalmente a periodistas, defensores de derechos humanos y organizaciones de la sociedad civil. Entre los problemas que persisten se incluyen brutalidad policial, falta de protección para las comunidades indígenas y condiciones penitenciarias deficientes.

El éxodo de cerca de 7,1 millones de venezolanos representa una de las mayores crisis migratorias del mundo.

Un informe elaborado en 2022 por una misión de observación electoral de la Unión Europea planteó recomendaciones concretas orientadas a generar las condiciones para que haya elecciones libres y justas. Las negociaciones, que estaban suspendidas desde octubre de 2021, se reanudaron en noviembre.

El informe relativo a Venezuela, que puede ser revisado en el archivo adjunto, presenta observaciones particulares sobre los siguientes puntos:

Persecución, detención y tortura de opositores políticos

Presuntas ejecuciones extrajudiciales

Grupos armados

Independencia judicial e impunidad de los abusos

Derechos indígenas y minería

Derechos de las personas con discapacidad

Orientación sexual e identidad de género

Derechos de la mujer

Derecho de voto

Emergencia humanitaria

La crisis de refugiados

Libertad de expresión

Defensores de derechos humanos

Condiciones en centros de detención

Actores internacionales clave

 1 min


Maxim Ross

Quienes tengan el interés y la oportunidad de leer este ensayo se preguntarán porque escogimos estos nombres para titularlo y la razón es muy simple: Por un lado, Venezuela es petróleo y petróleo es Venezuela. Nuestros últimos 100 años de historia están signados por el descubrimiento y explotación de ese recurso natural, con todas las implicaciones y consecuencias que conocemos.

De otro lado, PETROLIA estaría representando una era que estaría por terminar y abre una oportunidad para construir una Nueva Venezuela, donde el petróleo no tenga el mismo protagonismo y cambiemos la manera de organizarla.

Cuando lo afirmamos de esta forma no estamos diciendo que el petróleo se esté acabando o que no siga siendo explotado.

El fin de PETROLIA no es este. Lo que queremos puntualizar es que esa era tuvo un determinado enfoque y es a eso a lo que nos referimos cuando decimos que ese “modelo” está mostrando su agonía, en lo económico, lo político, lo institucional y lo social.

En este ensayo nos concentramos en refutar las ideas y la ideología que orientaron a Venezuela en esos 100 años, cuyos resultados están a la vista.

Invitamos a acompañarnos en esta interpretación y esta apuesta por Una Nueva Venezuela.

Interesados pueden adquirir el libro en:

https://www.amazon.com/-/es/Maxim-Ross/dp/B09JDXNW9Y

Número de páginas: 280

Fecha de publicación: 13 Octubre 2021

ISBN-13: 979-8496006651

 1 min


José Urrejola

Las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela parecen haber experimentado una leve mejoría en 2022. Debido a que la guerra en Ucrania se alarga, el país norteamericano buscó nuevas alternativas energéticas y se fijó en el petróleo venezolano.

Además de discutir un posible relajamiento de sanciones económicas e intercambio de prisioneros, el Gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, le otorgó una licencia a la empresa energética Chevron para operar por seis meses en Venezuela.

EE. UU. celebra también que la oposición y el régimen de Nicolás Maduro hayan retomado el diálogo recientemente, aunque exige elecciones libres y democráticas de cara a las primarias de este año y a las presidenciales de 2024.

¿Mejorarán las relaciones en 2023?

"Venezuela está totalmente lista para normalizar las relaciones con EE. UU.", declaró Maduro a principios de año. Washington, al día siguiente, respondió que Maduro "no es el líder legítimo de Venezuela" y que reconoce a la Asamblea Nacional de 2015 como la última institución democrática del país.

"La probabilidad real de mejorar las relaciones es muy baja", afirma a DW Evan Ellis, experto en Estudios Latinoamericanos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), de EE. UU.

"No veo que el Gobierno de Maduro tenga la intención de seguir las exigencias del Gobierno de Biden. Sus insinuaciones de negociar seriamente son realmente escasas. Aunque EE. UU. siga buscando formas de mejorar las relaciones, no creo que Maduro coopere", agrega.

Para Carlos Romero, politólogo y analista internacional venezolano, se trata de "una situación difícil de pronosticar. No hay a la luz una oportunidad de consenso. Yo creo que es una situación que está en el limbo, porque todavía no hay ideas o fundamentos claros de que la relación va a mejorar", dice a DW.

Víctor Mijares, profesor de la Universidad de Los Andes en Colombia, tiene algo de esperanza: "Hay posibilidades de avanzar, sobre todo si prevalece el enfoque pragmático del Gobierno de Biden", expresa a DW. Sin embargo, advierte que Washington tendría que ser "aún más pragmático" si quiere lograr un mayor acercamiento a Caracas.

El rol de Washington, a pesar de su "doble estándar"

Al Gobierno de Biden se le critica por su "doble estándar". Mientras califica de "ilegítimo" a Maduro, hace negocios con él por el petróleo venezolano: "Cada vez más Gobiernos están haciendo políticas por intereses, y no políticas por moral", señala a DW Daniel Varnagy, doctor en Ciencia Política y profesor de la Universidad Simón Bolívar, en Venezuela, y califica esta práctica como habitual en el siglo XXI.

Por su parte, Mijares, sostiene que "puede parecer incoherente políticamente, sobre todo de cara a la imagen exterior estadounidense. Pero cuando se toma en cuenta como criterio la seguridad energética, cobra sentido".

En tanto, Sabine Kurtenbach, investigadora del Instituto GIGA, de Hamburgo, insiste en que EE. UU. se acercó a Venezuela "por mera necesidad" y considera que el país norteamericano debe "seguir presionando para que el Gobierno dialogue con la oposición. Pero, desde el exterior, mucho más no se puede hacer", subraya la especialista consultada por DW.

¿Qué pasa con la oposición venezolana?

El Gobierno interino de la Asamblea Nacional de 2015, liderado por un mermado Juan Guaidó, fue recientemente disuelto. La oposición deberá reorganizarse: "Son los venezolanos y las venezolanas quienes tienen que ponerse de acuerdo sobre cuál es el país que quieren. La oposición tiene el apoyo internacional, pero no tiene muchas oportunidades de mover cosas", enfatiza Kurtenbach.

Ellis, del CSIS, indica que es importante que la oposición se comprometa a "presentar una plataforma coordinada y un candidato de unidad para las elecciones" y, luego, "intentar impulsar un proceso de mayor transparencia, con observadores internacionales y reformas del proceso, para tratar de que sea más difícil que Maduro se robe las elecciones".

El politólogo Romero cree que el gran bloqueo de las relaciones diplomáticas, comerciales y consulares podría reducirse "si la oposición presta una mayor colaboración con EE. UU. y con el Gobierno de Maduro, para conseguir un modus vivendis que se perdió en 2019". (rml)

10 de enero 2023

DW

https://www.dw.com/es/qué-esperar-de-las-relaciones-entre-estados-unidos-y-venezuela-para-2023/a-64337213

 3 min


Fernando Carrillo Flórez

Existe una generación de estómagos vacíos y corazones rotos que reclama soluciones inmediatas para derrotar el hambre, más allá de los discursos, promesas y documentos voluminosos de tecnócratas que asesoran a gobiernos obsesionados con ganar elecciones, malgastar los presupuestos y enriquecerse, con cero compromiso con el bienestar de la gente. Es tiempo de patear la mesa, preparar un menú de soluciones a la crisis alimentaria con pactos globales que obliguen a una acción inmediata de los Estados, para ganar la guerra contra la peor pandemia que azota al mundo y amenaza la sobrevivencia de la especie: el hambre. Un enemigo invisible para los insensibles, letal para los más débiles y vergonzoso para la humanidad.

Una de las vértebras centrales del discurso de posesión del presidente Lula, el pasado primero de enero, fue rescatar a 33 millones de brasileños del hambre y a 100 millones de la pobreza, después del desastroso gobierno de “destrucción nacional” que dejó Bolsonaro. El hambre es el problema más urgente que afecta la salud, la educación, el empleo; amenaza y deslegitima la democracia, genera violencia y es el legado más letal de la pandemia del covid-19.

Vivimos una época de graves retrocesos, de estómagos vacíos y corazones rotos. De ilusiones perdidas por millones de ciudadanos que ven la comida por televisión y pocas veces saborean la carta de derechos. Padecemos una “cascada de crisis” simultáneas, como bien lo señala el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, o la “permacrisis” reseñada por The Economist, que hoy afecta al mundo; todas ellas ―la económica, geopolítica, social, climática, energética― que terminan ahondando el drama de la inseguridad alimentaria y la desnutrición. Es una calamidad que se haya querido ignorar el carácter de derecho fundamental de la alimentación, tanto como su impacto en el paquete de derechos sociales y económicos, que golpean el crecimiento y el desarrollo y aumentan la desigualdad. Y no es culpa de las cifras desalentadoras de la FAO, UNICEF o del PNUD sino de la indiferencia, la indolencia, la falta de solidaridad y en no pocos caso de la aporofobia que bien ha explicado Adela Cortina en estas páginas editoriales. El problema del hambre es, sin duda, un problema de derechos y los tribunales constitucionales toman cada vez más cartas en el asunto.

No se trata de una crisis más. Su solución debe estar en el centro de la política social como prioridad de la agenda pública, y como eje de grandes acuerdos nacionales contra el hambre, partiendo del reconocimiento de la incapacidad del Estado para resolver solo esta megacrisis, y la sumatoria del sector privado, la academia y la sociedad civil en la construcción de escenarios que reconozcan que algunos políticos viven enamorados de sus errores. Alianzas, diálogo social, concertación incluyente, sinergias, asociaciones público-privadas son alternativas que comienzan a explorarse. Los bancos de alimentos, por ejemplo, han mostrado una eficacia mayor a la del Estado en la focalización de entrega de ayudas a los más necesitados.

A lo largo y ancho de América Latina, la pregunta es cuál va a ser la segunda generación de políticas sociales de los gobiernos que desde la izquierda se enfrentan a la madre de todas las crisis. Las ya clásicas transferencias monetarias hoy por hoy reclaman un replanteamiento y la renta básica universal no acaba de inventarse como herramienta de política social. Allí hay de todo como en un supermercado: desde pragmatismo con impactos incuestionables en reducción de la desigualdad y el hambre, hasta clientelismo, corrupción y falta de transparencia en programas de renta condicionados que se convirtieron en pagos de favores políticos o captura de nuevos electores.

Aún más, la gran pregunta es cuál sería un plan de choque efectivo que sepa diferenciar entre lo coyuntural y lo estructural, reconozca la centralidad del sector rural, vaya más allá del asistencialismo, con la soberanía alimentaria como premisa mayor, sin populismo ni imposición unilateral, con los derechos de los campesinos y pequeños agricultores marcando el ritmo de esta reforma tan postergada. Para no hablar por ejemplo de los programas de alimentación escolar que se han convertido en el plato más apetecido por los corruptos en algunos de nuestros países.

El sector agrícola, agroalimentario y campesino está desfinanciado, politizado desde lo público y debilitado desde lo privado, afectado por todos los males presentes ―recesión, devaluación, inflación, inmigración, cambio climático, centralización del poder― y marginalizado en los presupuestos públicos. En los organismos internacionales, tanto las políticas públicas como los expertos en economía agrícola fueron jubilados prematuramente en el marco de la fiesta neoliberal de los noventas y hoy se buscan con lupa por todas partes. Hoy se formulan de nuevo temas como el microcrédito campesino, la rentabilidad del campo en el ámbito de la reforma rural, el rol de la mujer rural, el hambre urbana y el hambre oculta, la brecha digital en el campo, la inversión en investigación y desarrollo, la sostenibilidad de los planes de acción contra el hambre, la reglamentación de los desperdicios de alimentos que llegan a niveles inaceptables del 34% que terminan en la basura, etc.

Y en la misma forma, como decía Tip O’Neill que la política es toda local, la política pública del agro y contra el hambre es más local y territorial que ninguna otra, y por ello gobernadores, alcaldes y mandatarios regionales son los primeros llamados a hacer parte de esos acuerdos por la seguridad alimentaria. Los denominados “mapas del hambre” son herramientas esenciales que deben llevar a priorizar y focalizar acciones concretas en los territorios con dimensión local articulada con lo nacional. Máxime cuando el karma del alza de los precios de los alimentos llegó para quedarse y la desnutrición infantil sigue causando retrasos en el desarrollo cognitivo, baja capacidad de aprendizaje y, lo que es una vergüenza, cobrando vidas.

Producir más alimentos y saberlos distribuir es sin duda una prelación inmediata del desarrollo, como lo ha señalado el nuevo presidente del Banco Interamericano de desarrollo, Ilan Goldfajn. Se trata en últimas de una exigencia ética que reclama prioridad absoluta en las agendas sociales de los gobiernos en un 2023 que comienza con el pie izquierdo para el mundo.

9 de enero 2023

El País

https://elpais.com/america-colombia/2023-01-10/el-hambre-un-virus-letal-...

 4 min


Eddie A. Ramírez S.

Coroneles y generales abundan en demasía en relación con el tamaño de nuestra Fuerza Armada y de los cargos disponibles. Chávez y Maduro, para comprar sumisión, han ascendido a oficiales por antigüedad y no por méritos, con la falsa premisa de que los ascensos son un derecho. Algo así como se promueven los niños del maternal al kindergarten. Solo queda uno que otro rezagado por no estar totalmente identificado con el régimen.

Muchos han ocupado u ocupan importantes posiciones. Ninguno ha realizado una buena labor, aunque tampoco los civiles. Igual sucede en todos los ámbitos.

Tenemos buenos profesionales y la mayoría de nuestra población es trabajadora, pero tenemos escasez de buenos ciudadanos. Gustavo Coronel es uno de ellos. Estos son los Coroneles que debemos formar.

Su reciente libro, Una fábrica de ciudadanos: Bases para la reconstrucción de Venezuela, nos

proporciona la pauta.

Gustavo, el incansable geólogo luchador por la democracia y en contra de la corrupción, asevera que “Venezuela ha experimentado durante casi toda su historia una tragedia que puede definirse como la carencia de una masa crítica de buenos ciudadanos activos”.

Acertadamente, predica que hay que ir más allá de ser un ciudadano que cumple las leyes y respeta las buenas costumbres, sino que es imprescindible que sea activo que contribuya al bien común. Recalca nuestra tendencia a exigir derechos, obviando los deberes. El bien del planeta debe prevalecer sobre el bien nacional, este sobre el local y el bien colectivo sobre el bien individual.

Nos recuerda que en nuestra historia varios compatriotas insistieron sobre la educación ciudadana. Entre ellos Cecilio Acosta y, recientemente, Antonio Luis Cárdenas y la Asamblea de Educación.

Menciona que hay virtudes cívicas, como ser activos y responsables, contribuir al bien común, civilidad, buen vecino, solidaridad social, espíritu de servicio, voluntariado, generosidad y disposición para compartir. También virtudes morales como compasión, gratitud, humildad, integridad, deseo de justicia, respeto al derecho ajeno, coraje para defender principios y honestidad. Sentencia que nuestra educación ha sido un fraude, que privilegia la instrucción sobre la educación ciudadana y que nuestra sociedad se ha edificado sobre el primer piso, el petrolero, sin las bases que garanticen la estabilidad.

Recalca que hemos tenido campañas excelentes, como las de Renny Ottolina, Marta Rodríguez Miranda, Guillermo Aristimuño, la del Metro de Caracas y la de la Pdvsa meritocrática. Sin embargo, dice nuestro amigo, se requiere un esfuerzo mucho mayor. Tiene que ser un compromiso nacional, con rango de política de Estado, con un equipo permanente, a largo plazo y dirigido a todos los venezolanos.

Coronel relata su experiencia y señala los pasos que hay que dar, entre ellos la formación de educadores, para establecer la fábrica de ciudadanos. Desde luego, nuestros educadores deben ser mejor remunerados.

El libro, de lectura obligada, lo publicó la editorial Dahbar y también se consigue en Amazon. Por cierto, este distinguido Coronel cumple este año nueve décadas de vida rica en experiencias, en las que renunció a cargos importantes, unas veces por defender principios, otras por querer contribuir a una mejor Venezuela y, hasta hace poco, era voluntario como camillero en un hospital en Estados Unidos. Es decir, que predica, practica y defiende los principios y valores de nuestra civilización.

Hay analfabetas que son buenos ciudadanos. Tener méritos académicos no es garantía de serlo. Un ejemplo es el diputado de Primero Justicia Juan Miguel Matheus, con buena formación profesional, pero que se expresa como un energúmeno al intentar descalificar a distinguidos juristas del Bloque Constitucional, tildándolos de “mentirosos y corruptos que manipulan la opinión pública para proteger intereses políticos”. Se puso al nivel de Mario Saliva. Gustavo Tarre y Carlos Vecchio, dos buenos ciudadanos, presentaron sus informes de gestión, como representantes en la OEA y en la embajada en Washington.

Este libro trajo a mi memoria el de Arnoldo Gabaldón, La enfermedad latinoamericana de la educación superior, quien predicó que, por privilegiar la educación superior, hemos sacrificado los recursos para la educación preescolar y primaria. Es interesante que, en países como Canadá, la educación universitaria no es gratis. Varios países consideran que la responsabilidad del Estado de dar educación gratuita llegahasta el bachillerato. En Costa Rica, los estudiantes universitarios pagan de acuerdo con el ingreso familiar. Sin duda es un tema polémico, pero que habrá que abordar. El Estado no tendrá suficientes recursos para atender todas las necesidades.

Cabe mencionar que en el pasado hubo mucha tendencia al derroche de los recursos naturales, que son un bien común, como el agua y la electricidad. También, muchos pretendieron vivir por encima de sus posibilidades solo para presumir, pensando que no vendrían tiempos de vacas flacas. Hoy sufren las consecuencias. Ojalá hayamos aprendido y, cuando recuperemos la libertad, practiquemos lo que aconseja Gustavo Coronel y apoyemos su iniciativa para formar una masa crítica de buenos ciudadanos.

Como (había) en botica:

Ojalá no terminen de poner la torta haciendo cambios indebidos en la directiva ad hoc de Pdvsa. Venezuela perdió la semana pasada un gran ciudadano. El Dr. Pablo Reimpell fue un buen ciudadano y baluarte en la Pdvsa meritocrática. Trabajador como el que más, honesto,

capaz, de trato afable, conocedor de varios idiomas.

La orden de captura de las tres integrantes de la directiva de la Asamblea Nacional, todas en el exilio, es otro atropello del régimen. Las declaraciones imprudentes de Marianela Fernández, vicepresidenta de la Asamblea, evidencian que no es la persona para ese cargo.

Mike López fue un compañero petrolero que recién falleció. Trabajó en la refinería de

Amuay. Fue despedido y junto con su familia desalojado ilegalmente de su vivienda. Lo sustituyó un amigo que no estaba preparado para el cargo. López consideró un deber apoyar al amigo a pesar de sus diferencias, por lo que lo ayudó a superar su falta de preparación. Eso es ser un buen ciudadano.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@Hotmail.com

10/01/23

 4 min


Benjamín Tripier

A medida que pasan los días de este nuevo año, el panorama político se va aclarando, dejando como ganador al chavismo en general y a Maduro en particular. La dirigencia de oposición hecha trizas, y las diferencias internas del chavismo, controladas… por ahora.

O sea que el chavismo comienza el año 2023 con pie firme, y sin competidores a la vista, teniendo como problema interno a resolver el perfil anti revolucionario de “dólar-Chevron-mercado” de este neo chavismo que aún no encuentra centro. Porque este triunfo arrollador que le dio la oposición al chavismo pudiera darles más fuerza a los grupos radicales para regresar al Plan de la Patria y a los controles.

Porque la piedra en el zapato que significaba Juan Guaidó ya no está, y difícilmente la dirigencia opositora podrá armar algo tan fuerte como lo fue el interinato… de hecho, es difícil que pueda armar algo… punto.

El “autosuicidio” de la oposición dejó al chavismo en una posición inmejorable como para comenzar a recuperar lo que el interinato le había arrebatado, que era el poder fronteras afuera. Porque hasta hace unos pocos días la ecuación era clara: el chavismo dominaba fronteras adentro y la oposición, liderada por Guaidó, lo hacía fronteras afuera.

Ahora con el campo exterior despejado, solo les queda comenzar a maniobrar como ellos saben hacerlo, apoyándose en los gobiernos de izquierda de la región que, si bien ya no son rojos, sino rosados, aún son solidarios y ayudarán a Maduro. Claro que ya no pueden contar ni con China, Irán o Rusia por lo de la guerra; pero si con Lula, Petro y Kirchner… porque con México es otra historia, y AMLO no es garantía abierta como los mencionados.

Se rompió el equilibrio de fuerzas que proporcionaba el interinato, que tenía entre sus capacidades, por diseño, lo de las sanciones; por lo que el peso del poder y de la iniciativa ahora pasa al chavismo, que estará libre de negociar —sin intermediarios— con el ala izquierda del gobierno de Biden, encarnada por Juan González. Sigue siendo la conquista de Venezuela que intentó Trump, pero ahora por otros métodos, que prescinden de la oposición y actúan directamente con su enemigo, como ocurre con Irán y China, donde no cuentan con “oposiciones” … enemigo es enemigo.

Porque para colmo, al haberse mudado al exterior el núcleo de la AN2015, ya no quedan actores formales en Venezuela, dejándole el campo libre al chavismo; que ya está en condiciones de adelantar las elecciones, con Maduro como candidato, y ganarlas en buena lid; porque la dirigencia de oposición está en desbandada, y la abstención será la respuesta por parte de la gran masa de opositores de base que hay en el país.

Con sus acciones, la oposición institucional se desarticula y tiene que mover el horizonte de cambio, del 2024 al 2030. Porque por ahora, las elecciones del 2024 (o antes, cuando el chavismo lo decida) las ganará Maduro.

Político

La carta de juego que está poniendo sobre la mesa la dirigencia de oposición post interinato es la de las primarias, como si fuera parte de un plan articulado que tiene como meta desplazar al chavismo. Porque tenía sentido de potencial cambio solo con las piezas de poder con que contaban; pero ahora ya no las tienen, y, entre tantas cosas que perdieron con la decisión, perdieron la confianza de las bases.

Pero no todos perdieron la confianza; según la calle, los únicos que se fortalecieron fueron Guaidó y María Corina. El primero porque aguantó los insultos y presiones de “compañeros” y adversarios, sin perder la compostura, sin insultos, y con el mismo estilo, completó y entregó la tarea encomendada. Y la segunda porque mantuvo la consistencia conceptual contra vientos y mareas; y eso no se ve con frecuencia entre los políticos venezolanos… al menos no entre los que cuentan y son relevantes… entre los que tienen algo que perder.

Si lo del interinato fue una mala idea, o no lo fue, ya es historia antigua; lo cierto es que fue la acción opositora más fuerte y contundente desde que comenzó el chavismo. El mundo supo de Venezuela, se interesó en la oposición y presionó de tal manera que hasta obligó al chavismo a abrirse al dólar y al mercado.

Llevamos unos pocos días desde el desmantelamiento del interinato, y EE UU hizo solo dos menciones: sigue considerando que Maduro no es legítimo y que la AN2015 es el último vestigio de legalidad institucional; y que Guaidó (y otros como él) iban a ser parte de las relaciones futuras. Y digo “solo dos”, porque aún van a aparecer muchas declaraciones más, a medida que entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado comiencen a caer en cuenta de los vacíos y cabos que quedan sueltos, y del desbarajuste institucional; especialmente en cuanto al manejo de activos y fondos en el exterior.

Lo que no va a cambiar es la posición de estado de EE UU con respecto a Venezuela mientras esté bajo un gobierno que se autoproclame antimperialista (anti EE UU); porque la posición es bipartidista y bicameral. Y en cuanto a que pueda aparecer una oportunidad favorable por la lucha interna entre republicanos, lo cierto es que, si Biden va a tomar ventaja de la situación, seguramente no será por el tema Venezuela; tiene muchos más frentes internos y externos en los cuales “gastarse” la oportunidad.

Por el contrario, con la desaparición del interinato es posible que la relación entre los dos países se deteriore aún más, porque quedará “en directo”, al desaparecer el buffer de descompresión que esa institucionalidad paralela proveía. Porque la estrategia de los “escorpiones” (grupo que disolvió el interinato) es tratar de hacerse con la administración de fondos y activos para utilizarlos de común acuerdo con el gobierno, lo cual pareciera difícil que ocurra, porque por más izquierdistas que haya en la Casa Blanca, difícilmente le permitirán al gobierno de Venezuela una recuperación económica que luego puedan usar en contra de EE UU.

Regresando al esquema político interno, la gigantesca masa opositora de base, queda sin referente formal; porque ante la pregunta sobre “¿quién es el líder de la oposición?”, antes, la respuesta —gustara o no gustara— era Guaidó. Ahora no hay cabeza formal, y los líderes tendrán que hacerse desde las bases. En estos dos o tres días, ante esa misma pregunta realizada en diferentes ámbitos, la respuesta se dividía entre Guaidó y María Corina… eso ya es un principio.

O es el final de una tanda de políticos sin credibilidad ni reconocimiento, y cada vez con más rechazo público o popular, que terminarán profundizando la abstención en el campo opositor, y asegurando la victoria del chavismo en la figura de Maduro. Cualquier estrategia democrática electoral de la oposición deberá ser postergada al 2030… porque para el 2024 ya se ocuparon de darle la victoria al chavismo.

Lo que aún no queda claro es si la AN2015 tiene la facultad para hacer lo que hizo. Habrá que ver hasta dónde llega todo esto, porque aún lo siento como prendido con alfileres. Aunque en la práctica, pase lo que pase después, ya el daño reputacional que se auto infligió la oposición no tiene retorno.

Social

En ninguno de los análisis de estos primeros días del año se le da un peso importante al tema social en general, y al de la pobreza en particular. Es posible que la gran diferencia con el pasado pre chavista, donde hemos tenido niveles altos de pobreza, es que, a la vista de hoy, realmente eran clase media baja. Porque tenían posibilidades de empleo, alimentación, salud y educación. Y había un esquema de valores que permitía la evolución social ascendente.

En los últimos tiempos de Chávez, él mismo reconoció que los indigentes, en números absolutos, eran 2,5 millones, lo cual, para la población de entonces, de 32 millones de habitantes, representaban menos del 8% de la población. Hoy, según Encovi, la indigencia está en el orden del 64% sobre una población del orden de los 26 millones de habitantes, para un total de 16 millones de personas. Y eso es mucha gente sin posibilidades de acceder a un trabajo, y sin acceso a ayudas estatales porque los ingresos públicos han disminuido sensiblemente… y ya no alcanzan como antes.

De allí la opción de la emigración que se reconoce, en cifras de la ONU, en un millón de personas solo en 2022, que forman parte de los 7,1 millones que emigraron desde 2015.

Económico

Siendo realista, no hay que tener muchas expectativas sobre el negocio petrolero en este 2023; es posible que la burbuja Chevron se convierta en una “tacita de plata” que pudiera llegar a los 200 mil barriles de producción a partir del 2024. Pero eso es hasta ahí. No se ve que otras empresas puedan entrar porque el espacio jurídico institucional creado a la medida de Chevron no alcanza para que entre alguien más.

Porque las expectativas de faltantes de petróleo que hicieran mirar hacia Venezuela como una alternativa, no se cumplieron; los precios no se dispararon y los inventarios siguen siendo altos. De hecho, estos dos envíos de petróleo de Chevron a EEUU, son de inventarios y no de producción nueva. Durante un tiempo no habrá producción fresca en Venezuela, por lo que los 650.000 barriles de promedio se quedarán ahí.

Si no se puede contar con ingresos petroleros extra en este año, entonces no habrá posibilidades de aumentar la inyección de dólares al sistema cambiario, por lo que el dólar oficial aumentará su brecha con el dólar de mercado. Es tratar de defender lo indefendible. Y así como al dolarizar y bajar los controles de precios la escasez desapareció y los precios se estabilizaron, habría que hacer algo similar con el sistema cambiario, unificando los mercados y dejándolos al juego de la oferta y la demanda. Porque, en definitiva, el dólar es un bien más al que deberían levantarle el control de precios.

Nosotros salimos de la hiperinflación al anclar (o semi anclar) nuestra moneda al dólar, levantar los controles de precios, y abrir las fronteras a la importación. Y lo de semi es porque el otro semi, el que no está anclado al dólar, es el que produce la inflación de demanda, estimulada por la emisión monetaria y el gasto público, que no han conseguido disciplinar. Pero la dura, la que no se puede bajar con o sin dólar, es la inflación de oferta, la inflación estructural resultante del proceso recesivo que no ha podido ser revertido, por razones de confianza (o de su falta) y por las restricciones de energía que mantienen anclada nuestra economía. Hoy no podemos enchufar al sistema eléctrico una nueva unidad de producción, sin desenchufar otra. Hoy lo máximo que podemos lograr es reacomodar nuestro sistema empresarial y de producción, sacándole la máxima productividad posible a cada Mw disponible, asociado a la producción.

Por eso mi reiterada insistencia en que hay que privatizar el negocio eléctrico, de forma tal que el estado mantenga su rol contralor y de políticas públicas, y deje de fungir como empresario, porque no lo es… de eso no sabe. No hay ni una sola de las empresas manejadas directa o indirectamente por el estado que no esté en serios problemas.

Ya liberamos, ya dolarizamos… ahora privaticemos.

Debo aclarar que lo de “dolarizamos y liberamos” no es del todo cierto porque el dólar aún no es de curso legal, y los controles están allí, como esperando a que los suelten a la calle nuevamente, y echen todo para atrás. Que, por cierto, es algo que perfectamente podría ocurrir si el gobierno se siente políticamente fuerte, y si la línea del chavismo radical termina de imponerse.

Este año va a haber que fortalecer el sistema empresario privado, reacomodando y optimizando primero lo que hay, y luego buscando la manera de dotarnos de la energía adicional para cada nueva unidad de producción.

El otro tema que funciona como una restricción rígida que inhibe las posibilidades de crecer es el de los RR HH. Hay que sacar gente de la pobreza e incorporarlos al mercado de trabajo.

En vez de ver con ojos negativos los Avantis y los Ferraris, habría que verlos como generadores privados de riqueza que siempre permea a las diferentes capas socioeconómicas de la sociedad; desde contadores e ingenieros, hasta limpieza, jardinería y mantenimiento. Desde tecnología hasta administración de inventarios. Necesitamos más de esas inversiones, las cuales están destinadas a no más de 400 mil venezolanos. Pero desde esos 400 mil saldrán de 2 a 3 millones de empleos, que a su vez gastarán en otros 2 a 3 millones de personas, que son los que componen el grupo activo que mueve la economía del país. Y así, poco a poco, los 20 millones pobres, incluidos los 16 millones de indigentes, podrían poco a poco ir incorporándose a la economía del país.

Este es el año para cuidarnos de la inflación y para ayudar a los que nos necesitan.

Internacional

El país más influyente en nuestra vida diaria en Venezuela es EE UU. Por lo que hace, por lo que no hace, por lo que nos deja hacer y por lo que nos prohíbe. Bien visto, prácticamente no tenemos capacidad de maniobra internacional, y solo nos dedicamos a administrar nuestra burbujita, más pequeña que Guatemala, y un poco más grande que Haití. Claro que la comparación es injusta porque tenemos una infraestructura, apagada, sin uso y mal mantenida, equivalente al tercer país más grande de la región, detrás de Brasil y Argentina. Porque la Venezuela que fuimos y que la ideología apagó, sigue estando allí, esperando para servir de base para volver a crecer. Pero en números de PBI, tristemente, sí entramos entre las cotas de Guatemala y Haití.

Decía lo de EE UU, porque es un país que se está preparando para entrar en guerra. Porque el tamaño de sus ejércitos estaba destinado a amedrentar y evitar tener que entrar en guerra. Ese delicado equilibrio que mantuvo con la URSS y que, a fuerza de armar ejércitos equivalentes, fue lo que hizo que la guerra fuera “fría” y que no llegara a calentarse.

Pero lo que está ocurriendo ahora, más se parece a los prolegómenos de la WWII, que a la guerra fría, que era más información, espionaje, inteligencia y contra inteligencia, más alguna que otra escaramuza militar. Esto que está pasando, los gigantescos presupuestos para teatros de operaciones y despliegue de armamentos cada vez mássofisticados en Ucrania (que es la puerta de entrada a la guerra) nos anticipa que una vez más, EE UU irá a la guerra muy lejos de sus fronteras, y considerará un enemigo a todo aquel que pueda atentar su homeland security. Y nosotros, mucho antes de que comience esa guerra, ya estamos en esa lista de enemigos.

EE UU necesita tener en orden su área de influencia geográfica. Nosotros somos los únicos díscolos de la región y debemos prepararnos para sentir de alguna manera adicional a la actual, la presión para alinearnos. Ya Trump probó de una forma, y este presidente está probando con otra, que aún no llegamos a descifrar. Es difícil pensar que se queden tan tranquilos con nosotros y nos esperan hasta el 2030.

Como les decía, EE UU se está preparando para la guerra, y las relaciones cambian en tiempos de guerra… y el más grande, casi siempre termina imponiéndose.

Recomendación

  • Al gobierno: que permita y oficialice al dólar como moneda de uso legal, sin que sea la moneda oficial. Y que de esa manera puedan dolarizarse los flujos bancarios, el mercado de valores, los encajes, y en general toda la economía. Deberíamos llegar a una economía formalmente bi monetaria
  • A la dirigencia opositora: que el vacío de información que ha generado la decisión de desarmar el interinato está siendo llenado por el gobierno, por María Corina y por Guaidó. Hoy no se sabe a quién dirigirse como oposición. Porque los 80 votos entre los 72 a favor y las 8 abstenciones ya pasaron a engrosar el grupo de los escorpiones, que se suma a los alacranes y a la mesita. Alguien debe asumir la conducción de las bases con un discurso claro y sin ambigüedades. Un discurso que la gente entienda, y que se sienta representada. Que quede claro que todo se trata del país y su bienestar, y no de ventajas personales
  • A la dirigencia empresarial: que el tema más importante que debe enfrentar una empresa en este 2023 será la inflación, con una estrategia que proteja activos, evitando pasarlos por el segmento financiero del proceso. Bienes contra bienes… lo que está pasando, cada vez se parece más al trueque. Porque hasta en el mercado de valores se comienza a redimir en especies. Atentos a las nuevas emisiones

Mail: btripier@ntn-consultores.com Instagram: @benjamintripier Twitter: @btripier

 13 min


Humberto García Larralde

El año que comienza encierra un formidable desafío para los venezolanos demócratas: construir una fuerza política lo suficientemente amplia, incluyente y enraizada en las aspiraciones de las amplias mayorías que asegure su confianza, requisito para forjar una victoria electoral en 2024, y poner así fin a lo que ha sido, sin duda, el peor gobierno de Venezuela desde que los proventos del petróleo permitieron la consolidación del Estado nacional.

Elemento importante habrá de ser, desde luego, la culminación exitosa del proceso de primarias entre las fuerzas opositoras para escoger un candidato unitario que pueda encarnar las esperanzas de esas mayorías. Habrá de resultar, necesariamente, de una conducción certera del liderazgo político, capaz de capitalizar las ventajas inherentes a la propuesta de cambio y reducir las vulnerabilidades que ha permitido a la dictadura prolongar su poder.

Lamentablemente, el año arranca con mal pie. Una representación mayoritaria de la Asamblea Nacional electa en 2015, conformada por los partidos AD, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo, acordó cesar la Presidencia Interina (PI), obviando la importancia de conservar la legitimidad constitucional frente al régimen de facto. Al violentar el ordenamiento de nuestra Carta Magna, éste se convirtió en dictadura.

Recuperar la democracia implica, por tanto, apelar a la Constitución para rescatar las instituciones que fundamentan los derechos que le dan contenido. Dado el fraude electoral de 2018, la fórmula residió, como sabemos, en su artículo 233. Establece el nombramiento provisional del presidente de la Asamblea Nacional en ese cargo ante la inexistencia de un presidente (legítimo).

Por tanto, como han reiterado meritorios juristas, el interinato que recayó en Juan Guaidó no deriva de las atribuciones de la Asamblea Nacional, sino de la Constitución. No corresponde a aquella cesarlo si aún persisten las condiciones que le dieron origen. Es inconsistente, además, que una Asamblea que argumenta legitimidad en términos similares al de la PI –alegando que la elección de la Asamblea madurista no fue válida (constitucionalmente)— ignore tal fundamentación cuando se trata de deshacerse de la PI. Peor aún, en su decisión crea un Consejo de Administración y Protección de Activos que pretende arrogarse potestades de resguardo y ejecución de activos nacionales mantenidos en el extranjero, propias del poder Ejecutivo. Al quebrantar el precepto básico de la división y autonomía de poderes, viola de nuevo la Constitución. ¿Ante quién rendirá cuentas este consejo, quién lo controlará?

Para superar de manera expedita el problema del deterioro percibido en la legitimidad política de Guaidó en la PI, los tres partidos deciden acabar con uno de los elementos decisivos que deben distinguir la opción opositora ante el gobierno de facto de Maduro: su legitimidad constitucional. No pretenden estas líneas hacer un balance del interinato. Coincido, con muchos, en que se cometieron graves errores que terminaron atrincherando más a Maduro. En retrospectiva, es relativamente fácil señalarlos.

Está el caso del pretendido alzamiento del 30 de abril de 2019 sin contar con las condiciones que asegurasen su éxito. Se entiende que una acción de esta naturaleza no puede someterse a la consulta democrática, ¿Pero fue una decisión exclusivamente personal? Porque es también fácil olvidarse, interesadamente, del entusiasmo y apoyo que, en sus comienzos, suscitaron muchas de las posturas asumidas desde la PI. Al asumirse como poder legislativo legítimo, la Asamblea electa en 2015 debía haber evaluado y controlado la acción de la PI para reducir su vulnerabilidad ante el asedio antidemocrático. Por ejemplo, los señalamientos en torno a la gestión de Monómeros –nunca bien aclarados–, no dio lugar a medidas. Se evidencia, por ende, que la pérdida de legitimidad política se extiende a la oposición en general.

Repito, es fácil, en retrospectiva, señalar yerros, más cuando se comenta desde la distancia. Pero ello no impide exigir un mínimo de consistencia cuando se tome una decisión de trascendencia política, como la tomada por los tres partidos en cuestión, en vez de echarle todo el muerto a Juan Guaidó.

Si la Asamblea electa en 2015 se considera legítima, es porque reclama el derecho a asumir las responsabilidades que conciernen al poder legislativo, a pesar del desconocimiento del gobierno de facto. Entre éstas estaría designar un nuevo presidente (de la Asamblea) y, por tanto, a quien le toca ejercer la PI, o fijar límites claros a su gestión, sujetos a la rendición adecuada de cuentas. La caída en la aceptación popular de todas las fuerzas opositoras, no obstante, el hecho de que la inmensa mayoría sigue rechazando al gobierno de facto, es señal clara de que comparten la pérdida de legitimidad política. Se perciben incapaces de conectarse con las aspiraciones y problemas reales de la gente. Inspiran poca confianza. Y menos ahora cuando su incapacidad de procesar diferencias políticas en su seno sin desestimar el orden constitucional, dejan entrever la prevalencia de intereses subalternos.

Las fuerzas democráticas enfrentan a un régimen que abdicó de su legitimidad al conculcar, con la complicidad de un tsj írrito, las potestades del Poder Legislativo electo en 2015 y al pretender perpetuarse con procesos electorales amañados que niegan la alternabilidad. Este atropello a la institucionalidad democrática fue acompañado de un despliegue de acciones represivas ante la protesta ciudadana, con saldo de muertes, torturas y persecuciones. Este irrespeto abierto a los derechos humanos ahondó aún más su ilegitimidad, ahora también en términos éticos y de justicia.

Finalmente, la ausencia de contrapesos y la anuencia de un poder judicial cómplice les allanó el camino a muchos «revolucionarios» para entrarle a saco a las arcas públicas, destruyendo los servicios básicos a la población y condenando a las mayorías a niveles de miseria impensadas en un país con los recursos petroleros de Venezuela. La «tapa del frasco» dictatorial ha sido al atropello o cierre de medios de comunicación independientes, más de 100 radiodifusoras en los últimos meses.

La violación abierta del orden constitucional por parte del régimen de facto de Maduro ha provocado su rechazo por parte de gobiernos democráticos de Europa y América. Ello se ha concretado, entre otras cosas, en sanciones a quienes han sido señalados como violadores de derechos humanos y de atentar contra la democracia, o de estar incursos en lavados de dinero o tráfico de drogas. Pero también en negarle a la actual gestión de Maduro, en atención a su ilegitimidad, el manejo de recursos de la nación ubicados en algunos de esos países. La legitimidad constitucional de una representación nacional alterna, la de la PI, ha sido factor tomado en cuenta para esta determinación.

Es obvio que los países desarrollados tienen sus propios intereses, pero también –al menos entre las democracias más importantes—que la defensa de valores y principios liberales de convivencia y respeto a los derechos humanos constituyen un activo que aprecian, pues aumenta su ascendencia (softpower) ante aquellas naciones que buscan, de ellas, liderazgo e inspiración. No siempre logran conciliar ambos aspectos, pero en el caso venezolano, el apego a la Constitución por parte de las fuerzas democráticas les facilitó asumir una postura consistente con la defensa de los activos de nuestra nación en el exterior ante la voracidad de los apetitos expoliadores de quienes controlan el poder. Limó en algo el alcance de la acusación de injerencia parcializada proferida por parte de regímenes dictatoriales amigos de Maduro.

Ahora que las circunstancias internacionales se han alterado por la invasión rusa a Ucrania y por la amenaza percibida por algunos en el empoderamiento de China, cabe preguntarse si, ante los avatares de la lucha democrática en un país de menor importancia, seguirán prevaleciendo decisiones que amparen los bienes nacionales de la voracidad chavo-madurista o se impondrán cambios en razón de otros intereses estratégicos en EE.UU. y la UE. Estamos hablando de Citgo, del oro de las reservas venezolanas custodiado por el Banco de Inglaterra y de otros activos.

No ayuda en nada reclamar soberanía sobre estos activos a partir de un ente que consume la violación del ordenamiento constitucional, como es el Consejo de Administración y Protección de Activos. Tampoco la pretensión de superar las incomodidades e insuficiencias de una PI poco presta a una gestión consensuada, recurriendo a procedimientos reminiscentes de la politiquería que tanto daño causó a nuestra democracia en el pasado. ¿Así se construye la unidad que desplazará al fascismo?

Mail: humgarl@gmail.com

Humberto García Larralde es economista, Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Profesor (j) de la Universidad Central de Venezuela.

 6 min